El mundo de los baños es más que variado. Mal que mal, su universo va desde la humilde letrina de madera en medio de un potrero hasta los inodoros climatizados y que hasta te limpian el traste con agüita y aire caliente luego de que uno tira la cadena. Entre medio hay literalmente de todo. Sin embargo, hay un “desde”, una infraestructura mínima que no puede ser pasada por alto -en la medida de lo posible- a la hora de analizar y usar un baño. Porque, aunque resulte obvio hay que decirlo, sin usar con todas las de la ley un baño es imposible reseñarlo y criticarlo. Porque no hay mirada tan aguda en el mundo que pueda superar el siempre terrenal y natural acto de usar un servicio sanitario. Así de simple.

Pero volvamos al “desde”. Lo primero que un baño debe tener es buena iluminación. Natural o artificial según la hora del día, pero es imprescindible. Claro, porque el uso de un water y -sobre todo- de un urinario, requiere ciertas dosis de puntería, la cual mejora ostensiblemente si podemos ver bien dónde tenemos que depositar nuestros desechos naturales. Además, resulta muy poco higiénico andar a tientas por una sala de baño, tocando todo tipo de artefactos para poder guiarnos. Otro aspecto mínimo que debe tener un espacio como este es que debe estar seco. Completamente seco. Me explico. Piso, murallas y artefactos deben estar secos, sin líquidos a la vista. ¿La razón? Simple. Por mera observación es imposible saber si una poza -o algunas gotas- en un baño corresponden a agua, cloro o algún efluvio corporal. Y claro, nadie estará dispuesto a efectuar alguna maniobra olfativa -la gustativa la descartamos totalmente- para calificar el origen de la humedad encontrada. Además, salvo que el líquido fuese agua, las consecuencias de entrar en contacto con cualquiera de las otras alternativas es totalmente nefasta.

Sigamos. Otro indispensable es, aunque suene obvio, el papel higiénico. Y ojalá que sea abundante, porque no hay nada peor que quedarse corto de papel después de una faena. Además, siempre es penoso sacrificar algún papel que uno ha guardado con cariño en la billetera o incluso unos calzoncillos regalones para salir de tan amargo e incómodo impás. Y sería ideal que también hubiese papel para secarse las manos, pero la verdad es que con abundante papel higiénico estamos bien. Así, además de su uso obvio podremos usarlo, de ser necesario, para secar el lavatorio o incluso hacer un improvisado cobertor para el asiento del inodoro (algo que se suele ver bastante en los baños públicos). Otra cosa que para muchos puede resultar obvia pero que nunca está de más apuntar es que un baño (salvo el caso de la letrina del campo) necesita agua para funcionar. Es decir, se necesita agua para descargar el estanque de buena forma y se necesita también agua en el lavamanos para asearnos post uso del baño. Porque una regla sine qua non del uso del baño es que después es obligatorio lavarse las manos. Lamentablemente, al menos en los baños masculinos, se suele ver a gente que se olvida de esta importante máxima. Y otra cosa: es necesaria la existencia de jabón con algún sistema higiénico que evite que su uso se comparta. Es decir, debe ser líquido o en espuma. El jabón tipo Camay juntando pelos encima del lavatorio o el Le Sancy gigante enchufado a un soporte de fierro no califican. No son vintage, ni trendy ni nada. Son sencillamente un asco. Y por último y no por eso menos importante es que, en general, el baño esté limpio. Y ojo, para mantener un baño limpio es clave que se asee en una frecuencia acorde con el uso que tenga. Porque no es lo mismo mantener limpio el baño de una casa que el de un restaurante o una oficina.

En resumen, el “desde” de un baño comprende buena luz, suficiente papel, superficies secas, sistema de agua funcionando, jabón y limpieza general. ¿Se cumple? Por lo general, a medias, porque muchas veces cuando uno se encuentra con un baño con buena cantidad de papel resulta que es oscuro. O algunos tienen agua pero nunca jabón. Ahora bien, lo de las superficies mojadas -sobre todo pisos- es una falta que se repite hasta en distinguidos baños de la ciudad. Y si no me cree, tengo pantalones salpicados con cloro en el baño del lobby de un hotel cinco estrellas para respaldar mi afirmación. Así las cosas, hay que andarse con cuidado para usar y criticar baños, porque en muchos casos se pasan malos ratos. El problema es que cuando la naturaleza llama muchas veces no hay malos olores, suciedad o humedad que a uno lo detengan; porque lo único que uno quiere es apoyar sus glúteos en el inodoro y ser feliz por un par de minutos. Por lo mismo nunca he entendido cómo lo hace esa gente que se vanagloria de sólo usar el baño de su casa. Pero bueno, eso ya es tema para otro tipo de columnas.