La escritora y periodista Elizabeth Subercaseaux publicó un texto a través de su cuenta de Facebook que tituló “Las viejas feministas”, una opinión que interpela al movimiento feminista universitario.

“Nosotras, las mujeres de mi generación, las que dimos el gran salto de la cocina al mundo laboral dominado casi enteramente por hombres, también tenemos algo que decir a la hora del movimiento feminista de las universitarias”, comienza diciendo.

“En el campo del patriarcado lo hemos visto todo: los acosos sexuales, la violencia masculina, los salarios más bajos, los padres machistas, los jefes machistas, los maridos machistas, los ex maridos machistas, los amantes machistas… y el machismo en prácticamente cada una de las instancias de nuestras vidas”, escribe.

Además agrega que la lucha forjada por las mujeres de su generación fue en el día a día: “Nosotras dimos la lucha en la vida cotidiana. No salimos a la calle a pecho desnudo porque en nuestra juventud las urgencias eran otras, salimos a la calle con carteles preguntando ‘dónde están’, y nos tocó dar la pelea a diario en nuestros lugares de trabajo, de vuelta en la casa de noche, a la hora de las separaciones matrimoniales, de los ascensos en las oficinas, de las dificultades para educar a los hijos y de emparejarse con hombres más evolucionados”.

Aunque abraza la pelea que viven hoy las mujeres, aclara que teme que esta lucha sea tomada a la ligera. “A una feminista vieja, como yo misma, que aplaude cualquier iniciativa en contra del machismo y a favor de la justicia y la equidad, lo que puede preocuparle es que este renacer del movimiento feminista, a nivel universitario, acabe convertido en caricatura”, dice y agrega:”Asuntos como el lenguaje inclusivo, o las bibliografías de los textos, no son de ninguna manera prioritarios”.

“Antes que exigir que se diga “nosotres”, o que se revisen las bibliografías de los textos, deberíamos marchar, presionar y exigir con fuerza los cambios en las estructuras legales. Presionar a los legisladores. Presionar a los gobiernos. Y para hacerlo deberíamos marchar todas, las jóvenes, las madres, las abuelas, las ricas y las pobres. Y no olvidar a las principales: las mujeres que no tienen tribuna”, continúa.

Por último, Subercaseax dice que “todo lo que se haga para terminar con la discriminación, en cualquiera de sus aspectos, de una u otra forma, sirve. Sin embargo, pondría el acento en las mujeres que no tienen ni tribuna, ni medios, ni posibilidad alguna de enfrentar las estructuras patriarcales en las cuales se encuentran entrampadas”, y sentencia: “En el idioma castellano hay una gran palabra que no es masculina ni femenina y no requiere de ningún cambio para ser inclusiva: solidaridad”.

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