En el matinal de Chilevisión, una periodista de nombre Teresa, que prefiere mantener su apellido en reserva, cuenta cómo fue acosada por Fernando Villegas el año 2010. Esto, tras el reportaje de The Clinic “La lascivia de Fernando Villegas”.

“Muchas veces uno como periodista tiene que ir a preparar al entrevistado, antes de ingresar al set. Uno le comenta, más o menos, de qué se va a tratar lo que se viene, para que no se encuentren con sorpresas. A mí me corresponde en esa ocasión ir a, digamos, recibir a Villegas en el canal. En maquillaje yo me acerco, justamente, a saludarlo y claro, ahí uno, vuelvo a revivir lo mismo a partir de los relatos que uno escucha. Esa actitud en la que yo en su minuto me sentí como cuando alguien te mira en menos, o te hace sentir que ellos son mucho más sabios que tú y tú vení a explicarles algo y te dicen, poco menos, como ‘de qué me estai hablando, niñita, sal de aquí, si yo ya sé’. Pero el episodio en sí, ya de otro nivel, ocurre a los segundos después, cuando él me dice quiero al baño, ¿dónde hay un baño acá? Yo me paro, me adelanto como para que me siga por detrás. Hay un pequeño pasillo afuera de este baño, en este canal, y me adelanto a abrir la puerta, porque hay dos puertas. Abro la puerta del baño para decirle ‘por aquí’. Y este señor entra a este pasillo que tiene como un metro de ancho y, hasta que yo me doy vuelta, quedo aprisionada finalmente con la pared, mi espalda hacia la pared, y con él encima mío. Yo creo que mi cabeza llega a su hombro (…) no recuerdo qué me dijo, sí recuerdo lo que ahora relatan muchos de respiraciones y cosas así, un instante bastante como en shock por así decirlo, y lo que más recuerdo de ese minuto es que era tal la presión que yo tenía de él hacia mí, cómo me tenía apretada hacia la pared, que yo como que tuve que zafarme de él. Como cuando tú tratas de soltarte de la mano de otra persona, yo así tuve que soltarme de esa presión que había entre su cuerpo y la pared. Yo salí de ahí, me fui a refugiar, me escondí, no quise verlo más, no terminé de explicarle a él la dinámica del programa y en ese minuto me acuerdo que le conté a mi jefe, le dije qué onda, yo sé que era mi pega, era mi tarea, pero yo no puedo volver a conversar con él después de esto. De hecho, a mí ahora contarlo es raro. Son ocho años ya y aun así como que me pongo nerviosa. Uno, la verdad que se siente como cuando te afectan tu metro cuadrado, cuando una persona se siente con el derecho a traspasar esa barrera que tenemos todos como derecho. Entonces como que te vuelve nuevamente a afectar. Te sentís como vulnerada. Entonces, ahora escucharlo a él, las declaraciones, que trata, dentro de sus herramientas también, de cambiar el foco, es como desviar un poco la atención, pero lo que aquí tiene que ocurrir es que él entienda que está mal lo que hace, que su comportamiento, y que lamentablemente se repite en muchas otras personas hoy en día, no es normal y no está bien. No corresponde”.

Consultada por la actitud de Villegas cuando ella se suelta y se arranca del incómodo momento, dice que “ni siquiera recuerdo, no lo miré, no me mi vuelta a mirar. Yo sólo sé que en ese momento ni siquiera podía ver su cara, porque él es mucho más alto que yo, y yo traté de salirme. Y recuerdo esa sensación de cuando tú quedai atrapado en un lugar, lograi zafar y me fui. Esto tal vez no es nada, y muchos dirán ‘ya, pero qué exagerada, de qué me estás hablando’. Pero sí lo es, hasta el momento que tú lo vives”.