Mientras miles de turistas buscan reposo en las paradisiacas playas de Zarzis, a menos de dos millas de la costa, los 14 tripulantes del “Sarost 5” esperan el cumplimiento de la promesa del primer ministro tunecino que hace tres días anunció la acogida de su barco con 40 migrantes rescatados a bordo tras dos semanas de bloqueo.

En esta ciudad de 75.000 habitantes casi todas las conversaciones giran en torno a la “buena” temporada que vive el turismo después de varios años de desplome en el sector.

Sin embargo, pocos conocen la suerte de sus compatriotas en alta mar condenados a esperar el permiso de las autoridades para desembarcar.

Tarek, consejero en un sucursal bancaria, asegura no haber oído hablar del “Sarost 5” mientras lee durante su tiempo libre las noticias a través de las redes sociales.

“¿Un barco? ¿Con migrantes que quieren ir a Europa? Es lógico que quieran ir allí. Todos los tunecinos queremos ir a Europa pero nos toca quedarnos aquí”, responde irónico.

“Todos los días recibo en mi oficina una docena de personas que vienen a pedirnos ayuda pero no podemos hacer nada”, se indigna ante las prioridades de un gobierno que, según este joven de unos treinta años, ha abandonado a sus generaciones más jóvenes para entregarse a una lucha de poder.

En la zona hotelera, Kamel, copropietario de un nuevo restaurante, tampoco está al corriente de lo que ocurre al otro lado de la playa.

“La mayoría de las familias de Zarzis tienen varios miembros que viven en Francia y deberían saber lo que significa emigrar”, relata este francés de adopción que regresa a su ciudad natal por primera vez después de varios años para trabajar en el negocio familiar.

“También los europeos olvidan que no hace tanto la historia se contaba al revés, eran ellos quienes llegaban a las costas del norte de África”, opina en un tono crítico.

Entretanto, el capitán Ali Hajji se resigna a “esperar” por 15 días consecutivos desde que el pasado 14 de julio recibiera la orden de las autoridades tunecinas para realizar el rescate de una embarcación averiada en medio del mar y llevar a sus malogrados pasajeros a tierra tras cinco días a la deriva.

“Cada día digo que hoy será el día, pero nada”, se lamenta antes de añadir “siempre la misma respuesta: esperamos instrucciones de la Marina y la Marina espera instrucciones del Ministerio”.

“No necesitamos asistencia, la única solución es llegar a puerto”, insiste después de que las autoridades tunecinas rechazaran la intervención del barco español “Open Arms”, que había solicitado la evacuación urgente de las dos mujeres embarazadas a bordo, de dos y cinco meses, por riesgo de aborto.

Sin embargo, desde que el pasado sábado el jefe del Ejecutivo, Youssef Chahed, se pronunciara por primera vez públicamente sobre el tema, comprometiéndose frente al Parlamento a acoger el barco “por razones humanitarias”, el silencio se ha vuelto a imponer.

Pese a ello, en el céntrico local de la Media Luna Roja todo está listo: equipo médico y raciones de comida, y su personal con teléfono en mano preparado para recibir en cualquier momento la señal de salida hacia el puerto.

En el albergue que dispone la organización, situado en la ciudad de Médedine, a 60 kilómetros de distancia, las habitaciones han sido acomodadas para la llegada de los nuevos huéspedes que compartirán “hogar” provisional durante los dos próximos meses junto a otros 80 migrantes alojados actualmente.

Para el doctor Mongi Slim, presidente de la ONG en la región, la demora sólo puede explicarse por la “lentitud administrativa” en el país.

“¡No hay otra explicación!”, sentencia.

A pesar de todo, Slim se muestra más optimista que nunca “el primer ministro no puede anunciar una decisión así delante del Parlamento y luego echarse atrás. El único escenario posible ahora mismo es dejarles llegar”, sostiene.

“Es inminente”, repite a modo de mantra, aunque hasta ahora ninguna autoridad se ha puesto en contacto con su tripulación para comunicarle el ansiado desembarco que no llega.