En los últimos días se ha levantado un debate sobre la necesidad de democratizar el sistema de elección de alcaldes, incorporando la segunda vuelta como mecanismo de definición cuando ningún candidato logra superar el umbral del 50% de los votos válidamente emitidos. Lamentablemente, se ha evitado el fondo del debate y se ha llevado a un plano donde prima la lectura del interés propio de cada uno, más que el objetivo colectivo de mejorar nuestra democracia. El extremo ha sido Mario Desbordes, Presidente de Renovación Nacional, que planteó que este debate “es un tema de estrategia, no de principios”.

A pesar de que desde el comienzo de la transición ha existido una crítica importante hacia el sistema binominal de elección de parlamentarios como factor clave en mantener una democracia restringida, recién el año 2015 se logró modificar, reemplazandolo por el sistema proporcional aplicado en la última elección. El nuevo sistema fue una bocanada de aire fresco a la democracia, permitiendo la expresión parlamentaria de nuevas fuerzas políticas, como el Frente Amplio, Evopoli y el Frente Regionalista Verde, que están contribuyendo a representar de manera más fidedigna la diversidad de nuestra sociedad.

Sin embargo, la lógica binominal de nuestro sistema político no se circunscribe exclusivamente al sistema electoral utilizado para elegir a nuestros parlamentarios, sino que diversos campos de la política fueron diseñados para neutralizar la posibilidad del surgimiento de nuevas fuerzas políticas. Uno de esos espacios es la elección de alcaldes vía sistema de mayoría simple, en donde la competencia democrática de proyectos políticos diversos abre la posibilidad a la elección de autoridades comunales con bajos niveles de apoyo. Actualmente hay 146 alcaldes en ejercicio que fueron electos con menos del 50% de los votos de su comuna y tenemos casos extremos en donde hay alcaldes ejerciendo funciones habiendo recibido menos del 30% de los votos. Si uno cruza estos datos con las tasas de participación electoral, las cifras son aún más alarmantes. Hoy, el 40% de los alcaldes en ejercicio cuentan con el respaldo electoral de menos del 25% de los electores de su comuna.

De esta manera, con el actual sistema electoral en los gobiernos locales, se limita el potencial de fuerzas nuevas, beneficiando la elección de los actores políticos tradicionales, aunque estos representen a sectores cada vez más reducidos de la sociedad. Con ello, las fuerzas emergentes enfrentan el dilema de incorporarse a un pacto político con las fuerzas de la transición, o sostener una apuesta propia con menores condiciones de ser electas. Desde el Frente Amplio no debemos negar la posibilidad de llegar a acuerdos amplios, pero nuestro compromiso con la democracia exige que estos se construyan en el marco de compromisos políticos y programáticos, y no producto de las limitaciones del sistema electoral.

Esto puede no parecer problemático en la democracia restringida que ha imperado en nuestro país desde 1990, donde las instituciones políticas se reparten entre dos bloques y la participación de la sociedad en la toma de decisiones se reduce vertiginosamente. Pero la emergencia de nuevos actores políticos al calor de la movilización social durante los últimos años abre la posibilidad de recomponer el vínculo de la política con la sociedad. Para ello, es imperativo que las fuerzas nuevas no renunciemos a la lucha por mayor democratización política y social y ofrezcamos al país la posibilidad de elegir entre proyectos políticos diversos en el próximo ciclo electoral. Los mecanismos que hay hoy disponibles en nuestro sistema electoral para construir mayorías -como las primarias y los pactos por omisión- son insuficientes para expresar dicha diversidad.

Para superar esta dificultad, en el programa electoral de Beatriz Sánchez propusimos -entre otras medidas democratizadoras, como el límite a la reelección- fortalecer las autoridades municipales estableciendo que los alcaldes deben ser electos con la mayoría absoluta de los votos, instaurando el mecanismo de la segunda vuelta para los casos en que ningún candidato alcance más del 50% de los votos. La experiencia comparada en municipios de Alemania, Reino Unido, EEUU y Noruega, entre otros, demuestran que sí se puede hacer. Esperamos que los partidos chilenos estemos a la altura y legislemos por principios y convicciones democráticas, y no mero cálculo electoral.

Rodrigo Echecopar
Presidente Revolución Democrática

Javiera Toro
Encargada Política Izquierda Autónoma