Por Alejandra Matus

El excarabinero Gerhard Schrandt Ferrada declaró la semana pasada ante el fiscal regional de Iquique, Raúl Arancibia, sobre la denuncia que hizo a The Clinic respecto del hallazgo, en 2001, de osamentas que corresponderían a detenidos desaparecidos, por parte de oficiales de la institución que decidieron ocultar el hecho. La denuncia del expolicía, presentada inicialmente ante del Programa de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia, también suscitó el interés del magistrado Vicente Hormazábal, quien indaga las causas por violaciones a los derechos humanos ocurridas en el norte de Chile y quien, según fuentes de esa secretaría de Estado, también solicitó que se le remitan los antecedentes.

Puesto que la denuncia contiene dos grupos de potenciales delitos: por un lado, el crimen y entierro, hasta ahora, de desconocidos en el pique minero de Alto Hospicio, y por otro, el hallazgo y decisión de ocultar la información, en que habrían incurrido los oficiales de Carabineros y del cual es testigo Schrandt-, los magistrados tendrán que resolver en algún momento a qué juez compete la investigación. Por el momento, las indagatorias previas corren en paralelo.

Los hechos se hicieron públicos el 27 de julio, cuando The Clinic publicó la denuncia del excarabinero, tras viajar con él a Alto Hospicio e identificar el pique en que se encontrarían los cuerpos hallados en 2001.

Este medio ahondó en la denuncia, con las publicaciones del 28 y 29 de julio, sobre los entretelones del caso Alto Hospicio y sobre la forma en que el capitán Julio Reyes Ponce le confirmó, en 2009, que efectivamente se habían encontrado con cuerpos, que por sus características, corresponderían a víctimas de la dictadura, mientras buscaban cuerpos de las jóvenes asesinadas por Julio López Silva, en el caso conocido como “Alto Hospicio”.

En esta tercera parte, el excarabinero cuenta las medidas que, inmediatamente después, tomó Carabineros en su contra y que interpreta como resultado directo de haber confrontado al comandante Reyes Ponce con ese hallazgo, ante un grupo de 17 aspirantes a integrar el GOPE.

Este hecho ocurrió en 2009. Schrandt estuvo entre los mejores evaluados de los aspirantes que habían sido seleccionados ese año, de entre 500 postulantes. En octubre, la mayoría de los iniciados habían desistido y quedaban apenas 17 que soportaban la intensa “campaña del desierto”. Habían pasado frío y hambre y habían tenido que demostrar sus habilidades para sobrevivir rastrojeando alimentos en basureros y disputando comida a los perros. En una de las últimas actividades de campaña, se daban ánimo y calor en torno a una fogata. Entonces, según el relato de Schrandt, salió de una de las tiendas en que descansaban los oficiales, el comandante Julio Reyes Ponce. Schrandt aprovechó de hacerle la pregunta que venía mascullando desde 2001, cuando lo vio al borde de un pique minero en Alto Hospicio, junto al capitán Francisco González Carvallo, debatir qué hacer con el sorpresivo hallazgo de cuerpos, que probablemente podrían corresponder a detenidos desaparecidos. Envuelto en el espíritu de camaradería y confianza que se dio en ese momento, el instructor del GOPE les confesó que creía que los cuerpos correspondían a “víctimas del ‘73”, por la forma en que estaban amarrados y porque estaban cubiertos con sacos de arena, y que no denunció los hechos a la justicia para no “complicar” a la institución, ya severamente criticada por su actuar en el caso Alto Hospicio.

Desde ese momento, asegura el expolicía, sus compañeros de generación comenzaron a notar que el entrenamiento, que continuó en Santiago, era especialmente severo con él. Pero Schrandt resistió “la mano” y estaba a una prueba de graduarse: el salto en paracaídas, cuando fue notificado de que había sido descalificado.

-Todo ese año estuve adscrito a la Unidad del GOPE, en Santiago, mientras pasaba las distintas etapas del entrenamiento. Un día había pedido permiso para regresar a Iquique a resolver un problema y cuando me presenté a la unidad a las 12:10, el comandante a cargo, me dijo que tendría que darme un día de arresto, porque la hora de regreso era a las 12:00. Yo le repliqué que no era así, porque yo tenía entendido que la hora de regreso era otra, y que yo nunca había tenido un día de arresto. Él me dijo que era un asunto sin importancia, que allí había gente con muchos días de arresto y que no pasaba nada, que no me iba a perjudicar. Por eso acepté la sanción y, aunque me parecía improcedente, no apelé. No quería hacer problemas. Pero resulta que cuando me convocaron justo antes del salto en paracaídas, después de que yo había firmado la declaración que a todos les hacen firmar haciéndonos responsables de cualquier cosa que pudiera pasar, me informan que por causa de ese día de arresto no me podría graduar. Que era una normativa nueva que regía justo a partir de ese año.

Schrandt quedó atónito. Había soportado las más duras pruebas (varias de las cuales califican como torturas, dice) y a apenas días de completar la última etapa, fue descartado. En su mente, no pudo menos que relacionarlo con las impertinentes preguntas que le hizo al comandante Reyes Ponce y que pusieron en evidencia el hallazgo de osamentas en 2001 que Carabineros no puso en conocimiento de la justicia, a pesar de tener la obligación legal de hacerlo.

El ánimo de Schrandt decayó y no tenía ánimos de volver a su unidad, en Puente Alto. “No quería volver a trabajar. No quería ir al GOPE a buscar mis cosas. Estaba achacado. Tenía pena también, si me había sacado la mugre un año, y había pasado todas las pruebas, a duras penas”.

Se atendió con una sicóloga particular que le diagnosticó “depresión mayor severa” y sugirió que fuera internado en el Hospital Institucional, en noviembre de 2009. Así fue ingresado en el área siquiátrica del Hospital de Carabineros.

“Me daban medicamentos como para sedar a un caballo. Muchas veces yo me sacaba los remedios de la boca y no me los tomaba, pero me descrubrieron, me subieron la dosis y me controlaban que los ingiriera”, relata.

Así, con la mirada extraviada y sin voluntad, lo encontró su madre. Entonces, según el testimonio del expolicía y documentos que exhibe a The Clinic, los médicos tratantes le sugirieron una terapia “electroconvulsionante” para que fuera “restituido” como carabinero. Su madre se opuso y lo sacó de la clínica, bajo su propia cuenta y riesgo, a pesar de que se le advirtió que esa decisión le costaría la carrera a su hijo.

“Mi madre trabaja en el Poder Judicial y sabía que el electroshock es una terapia de eficacia cuestionable, que se usa en casos extremos, y con efectos secundarios severos, que incluyen pérdida de memoria y daño cerebral”, relata el expolicía.

Una vez de alta, Schrandt volvió al trabajo en la Comisaría de Puente Alto y acumuló otras varias anotaciones positivas. Mientras, a sus espaldas, avanzaba un sumario para removerlo del servicio.

-Después me citan a la Comisión Médica. Me hacen pasar por un nuevo examen psicológico de la institución y me dicen que no estoy habilitado para trabajar como carabinero pero sí fuera de la institución, en trabajo remunerado. Hasta entonces, había pasado tres exámenes sicológicos, incluyendo el más exigente para integrarme al curso del GOPE, y siempre estuve calificado en lista 1. Pero ahora los médicos decían que sufría un síndrome de base, que no se debía a los hechos vividos en la institución, y que esa enfermedad me inhabilitaba para seguir.

El diagnóstico de la profesional que lo atendió en forma particular decía, sin embargo, que el cuadro depresivo y angustioso que había enfrentado era “situacional” y tenía su origen en los “graves” conflictos con la institución y su crisis vocacional.

Schrandt empezó a decir a quien quisiera escucharlo que el proceso de destitución que se inició por recomendación de la Comisión Médica era una represalia por haber dejado en evidencia el ocultamiento del hallazgo en Alto Hospicio. E incluso hizo la denuncia formal ante la Fiscalía Administrativa de Carabineros.

-La declaración me la tomó una capitana, Claudia Enock, y me pregunta: “¿Pero tú estás seguro?”. Yo le respondí: “No, mi capitán. No es que esté seguro. Yo estuve en el lugar. A mí no me lo contaron. Yo viví todo el proceso y lo corroboré años después (de boca del propio Reyes Ponce)”. Y ella me dijo: “Bueno, entonces acá hay que investigar”.

The Clinic tuvo acceso al resultado de esa indagatoria. La Fiscalía rechazó las acusaciones de Schrandt, tras interrogar a Reyes Ponce y a otros dos aspirantes a GOPE que le habrían hecho preguntas en la campaña de montaña, según el relato del expolicía. Los tres negaron que la conversación sobre el hallazgo de cuerpos hubiera existido. Schrandt retruca: “Habíamos allí 17 hombres y no le preguntaron a nadie más. Esa no fue una investigación. Fue un intento por ponerle una lápida. El reglamento interno de Carabineros, que te muestran en libros muy bonitos y decorados, se dice que cuando un funcionario hace una denuncia, se le brindará  total cobertura, apoyo a su seguridad, a su integridad, a su familia, por el honor de su palabra, pero en mi caso ocurrió todo lo contrario. ¿Por qué no mandaron mi denuncia a la justicia ordinaria?”.

“Tení corta vida”

Schrandt cuenta que a fines de 2009, por haber pasado casi todo el año en el curso del GOPE, sus calificaciones se redactaron en esa repartición, pero lo habitual, dice, hubiera sido que se las hicieran llegar a su unidad en Puente Alto, para que firmara la conformidad.

-El jefe de la unidad de la 38º Comisaría me dice: “Gerhard, como fuiste GOPE tienes que ir para allá a firmar las calificaciones. ¿Puedes ir hoy a la tarde?” Me dijo que nuevamente había quedado en lista 1  y me preguntó a qué hora quería ir, que cuanto antes hiciera el trámite mejor. “¿Sabes qué?2, me dice, “te llamé un carro para que te acompañe. Te van a ir a dejar, te van a esperar y te van a regresar”. Era un carro civil. Me pareció raro, pero de todos modos agradecí el gesto. Recuerdo que le dije a un compañero: “Compadre, si me llega a pasar algo, yo tengo información de detenidos desaparecidos. Por favor, viejo, habla con mi familia, ellos saben algo de mi historia y deja que esto se active, te lo pido como amigo”.

El vehículo que lo esperaba esa tarde era un Nissan V-16 de color azul. En el interior, tres funcionarios que se presentaron como un sargento y dos carabineros, quienes lo acompañarían. En un bolsillo, el expolicía se echó una grabadora que dejó corriendo en el trayecto. Por las dudas.

-El que se presentó como sargento, empezó a meterme conversa, muy amable: “¿Así es que eres GOPE tú, ah?”. Y yo le dije, bien serio: “no, no soy GOPE” y él insistió en que aunque no me hubiera graduado, igual llevaba lo del honor del GOPE y todo eso. Y me dice: “¿Te puedo hacer una pregunta? Sabes, llevo 25 años de servicio y es primera vez en mi vida que me mandan a traer a un funcionario ¿Qué grado tienes tú?” Y le dije: ‘Debería ser cabo segundo, pero no me han reconocido el grado”. Y continuó: “Primera vez que veo a un grado de carabineros que le ponen un vehículo y tres oficiales de escolta para que lo vayan a dejar para firmar la calificación al GOPE y lo traigan de vuelta ¿Tú eres amigo de algún general? ¿Alguien del alto mando, un palo blanco, algún tío? ¿O eres de inteligencia?”. Y yo: “No, no conozco a nadie mi suboficial, a nadie del alto mando. No tengo amigos generales”. Y él insiste: “Yo estoy seguro, seguro, que tú conoces a alguien o  que eres familiar de alguien, porque no se explica. Es súper raro esto, ¿no cierto cabros? Cuéntanos la dura:¿Eres de inteligencia o tienes alguna formación de algo? Bueno no te vamos a hacer más preguntas, hay que cumplir la orden no más poh ¿Y andas armado o no?” Y le respondí: “Sí, siempre ando con mis cosas, por si acaso”.

Schrandt recuerda que el vehículo avanzó lento al salir de la Comisaría, mientras en el interior continuaba el peculiar interrogatorio:

-El sargento me dijo: “Nos tienes súper intrigados ¿Tienes alguna información de algo?, porque si no conoces a nadie, lo único que me cabe en la cabeza es que tú algo sabes”. Yo le respondí: “Ya sé a dónde quieren llegar, pero ¿sabe qué? Si yo le cuento lo voy a hacer responsable del tema, porque se trata de un delito y si usted si no hace la denuncia, va a ser responsable también”.  “Ah, no, mejor no nos cuentes, quédate callado no más cabro”, me dijo. Yo les dije que les iba a contar igual y que iba a pretender que nunca había hablado con ellos. “En resumen”, les dije, “yo tengo información de detenidos desaparecidos” y les conté la historia. Se quedaron para adentro todos, pero yo no sabía si era teatro o no. Entonces el sargento me dijo: “Chuta cabro. Cuídate, porque tú tienes corta vida. Tú sabes cómo son acá. Yo he visto cada cosa. Yo sé que tú me entiendes con pocas palabras, pero cuídate”. Yo no supe cómo interpretar sus palabras. Tal vez era preocupación sincera, pero con el tiempo me parece que tal vez el propósito era amenazarme.

En abril de 2010, Schrandt fue notificado de su destitución, tras recibir el informe de la Comisión Médica. No sólo se le consideró inhabilitado para continuar en el servicio por “trastorno distímico”. La norma se interpretó de tal manera que no se le dio derecho a jubilación y Schrandt fue destituido, solo con el pago de seis meses de indemnización.

Schrndt presentó un escrito ante Contraloría que señaló 11 vicios en su proceso de destitución, que el organismo rechazó por estar fuera de plazo. Ese escrito incluía su denuncia por el hallazgo en Alto Hospicio, pero la entidad ni siquiera lo mencionó en su respuesta. Luego, Schrandt le pidió a una abogada ligada a la defensa de los Derechos Humanos que lo representada, pero la profesional rechazó el caso por miedo.

-Ella me dijo: “Podemos ganar, el caso, pero ¿sabes qué? Yo conocí a un amigo que hizo algo parecido y apareció muerto. Un supuesto suicidio. Yo tengo dos hijos. No sé cómo decírtelo, pero es demasiado el riesgo y yo tengo miedo. Miro las fotos de mis hijos y no me atrevo. Por favor, entiéndeme. Me siento pésimo, pero no puedo”.

En ese momento, Schrandt sintió que no le quedaban más puertas que tocar.

– Sentí una impotencia terrible. Fue un mundo difícil encontrarme después afuera y más encima que te dijeran que no estabas apto para trabajar después de que recibí muchas felicitaciones por mis actos e incluso participé en el programa 133 que salió en Mega. Yo perdí todo. Hasta ese honor tuyo, de poder ser incluso algún día un buen papá proveedor. Yo era un hombre que se levantaba súper temprano con todas las pilas puestas y que ponía mi pecho por los demás. Metí mucha gente mala a la cárcel. Me dispararon, me cortaron, me accidenté, me caí en moto, me lesioné. En mis hojas de vida, están las felicitaciones, mis excelentes calificaciones. Y después la institución te trata de aplastar y no te reconocen ni los grados ni la caídas de servicio, nada. Tuve que reinventarme desde cero, explicarle a tu familia que esto no se debía a faltas mías. Hasta que vi el llamado de Alejandro Goic (al recibir el premio Caleuche, en 2017) y se inició este camino que termina con la entrevista a ustedes.

Schrandt dice que ahora que ha podido presentar su denuncia ante la justicia, siente que comienza a liberarse del peso que acarreaba.

-Yo voy a llegar hasta el final con esto, porque creo que esas personas que están en el pique merecen ser encontradas por sus familiares. No sólo fueron eliminadas ellas de esta Tierra. También mataron a los hijos que no tuvieron y no vieron crecer; los talentos que no pudieron desarrollar. No son solo los 6 o 16 cuerpos que pueden estar ahí.