“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

De estos últimos hombres y seres humanos imprescindibles ha sido don Andres Aylwin Azocar.

Tuve el honor y el orgullo de compartir muchas veces con el hermano, amigo, compañero y camarada. La última vez, fue hace un par de años, lo visité en su departamento, tomamos once junto a su compañera y recordamos muchos momentos, el que más recuerdo fueron dos.

Primero, en julio de 1990 cuando aparecieron los restos de mi padre y yo estaba en huelga de hambre en la Ex Penitenciaría, llevaba cuatro días en huelga seca y siendo un día domingo, llegó junto a Carmen Hertz a visitarme y pedirme que pusiera término a Huelga de Hambre, ya que el personalmente me acompañaría al funeral de mi padre.

El día que salí en libertad en julio de 1991, desde la ex Cárcel Pública me fui a la población La Legua, en donde amigos, amigas y compañer@s, tenían organizado un asado, para celebrar mi libertad, llegando al hogar de la Legua, llamé a mi madre, que estaba en Ucrania y lo llame a él, lo primero que me dijo “Donde está amigo”, yo le respondí, en La Legua. “Deme la dirección, voy para allá” dijo, pasaron unos 30 minutos y llegó. Coincidió con la llegada de TVN, en ese momento le dije o pregunté “Don Andrés espere y que no lo vean de la televisión, esto le puede complicar pública y políticamente”. Él me dijo “no se preocupe, no me preocupa para nada” y dio la entrevista junto a mí, en donde expresó su alegría por mi libertad, situación que le significó una crítica en la editorial de El Mercurio o de La Tercera, pero ello yo no quedó ahí.

Él respondió con mucha consecuencia y DIGNIDAD, del porqué esa alegría y del porqué el compromiso con la libertad de todos los Presos Políticos. Después de responder me llamó y me invitó al Congreso en Valparaíso. Acepté su invitación y estando en el edificio parlamentario, me invitó a almorzar con él, en el comedor de los diputados. Él con mucho orgullo me presentaba a todos los diputados como su amigo.

Don Andrés es junto a mi padre, junto a hermanos y compañeros, como Raúl Pellegrin, Tamara y tantos más que han marcado mi vida y por ello me sumo al pesar en estos momentos y al sentimiento ante su estado de gravedad, al parecer nos dejará el hombre, el hermano, el amigo, el compañero, el camarada, que al margen de nuestras diferencias políticas e ideológicas, nos ha entregado tremendas enseñanzas en lo humano, en lo ético y en lo político social, cosa que tanto les falta a los políticos de hoy, por ello tengo claro, que es uno de los IMPRESCINDIBLES.

MUCHAS GRACIAS HERMANO, AMIGO, COMPAÑERO Y CAMARADA.