¡Viva Chile!
¡Viva el pueblo! (de los Dominicos)
¡Vivan los empresarios!

Sebastián Piñera Gossens.

Quisiera partir agradeciendo a todo el proletariado que ha comentado positivamente mis columnas anteriores en redes sociales, y también aprovechar de avisarle a todos quienes han hecho críticas negativas que los tengo identificados señores (léase con la voz gruesa y varonil de Augusto) y que ya averigüé la vida de cada uno de ustedes. Con lujo de detalles.

Prosigo.

Si hay una cosa en la que estamos todos de acuerdo, desde ese movimiento de ultraderecha con logo de pasta de dientes hasta los come guagua de hoz y martillo, es que la sociedad chilena está profundamente polarizada, y eso se traduce en que la gente anda a la defensiva. La segunda cosa que creo que debiéramos estar de acuerdo todos es que el embargo del que está siendo víctima Doña Lucía es de una injusticia feroz.

Para graficar la situación quiero contarles algo que me pasó el viernes de la semana pasada: Estaba yo sentado en el bidet revisando mis redes sociales (como probablemente lo estuvo haciendo usted esta mañana) cuando me llega un aviso de que @Manena, la hija del primer mandatario, me está siguiendo en twitter, esa red social de izquierda fascista. Fue en ese momento que tuve una revelación: La horizontalidad de relaciones entre compatriotas sí es posible; es posible que Madgalena Piñera, una persona que está muy pero muy a la izquierda de mi pensamiento político, pueda sentirse con la libertad de debatir ideas con una persona como yo: ultra conservador en lo político (y sentimental), y liberal en lo económico y social.

Fue tanta mi alegría que partí raudo a su “timeline” y vi que había publicado el siguiente tuit: “Terminé `La amiga estupenda` ¿Qué libro recomiendan?”. Sin pensarlo dos veces le sugerí uno de mis libros de cabecera: “Hijo de ladrón” del extraordinario colega y tocayo Manuel Rojas. Desafortunadamente tanto ella como muchos tuiteros tomaron esta recomendación como una ironía respecto de los innumerables casos de robo, corrupción, colusión (y todos los “ión” negativos que se nos ocurran) de los que ha sido acusado su padre; de todos los cuales cabe recalcar ha salido siempre libre de polvo y paja (excepto uno en el cual tuve una pequeña participación) guichipirichi diputado Gutiérrez.

Cuento corto, Manena me dejó de seguir :(

Esta situación en su conjunto me llevó a una reflexión profunda que se tradujo no sólo en esta columna, sino que también en el adormecimiento de mi pierna derecha (no olviden que continuaba en el bidet) y es que, como dije hace un par de párrafos, nuestro pueblo se encuentra en una crisis de confianza brutal, fruto del exceso de información al que somos sometidos los chilenos de a pie.

Sincerémonos: el problema real no radica en que durante este año ya hayan muerto más de veinte niños en el Sename, o que se hayan hecho leyes que le quiten derechos laborales al proletariado, o que el índice de cesantía sea el más alto de los últimos diez años, o que el antes intachable SII haya aumentado en 33% la condonación de impuestos a las grandes empresas respecto del año anterior, o que Netflix, Spotify, Amazon y otros productos de primera necesidad hayan sido gravados con mayores impuestos. No, ese no es el problema. El problema es que las élites aún no han encontrado la solución para controlar los medios de comunicación y poder hacer sus chanchullos escabulléndose del ojo público.

Quizá esté demás decirlo, pero con mi General esas cosas no pasaban. Y si pasaban no se sabían.

El cambiar el eslogan “La alegría ya viene” por el “Se vienen tiempos mejores” no produjo ningún efecto positivo, muy por el contrario, se ha transformado en una de las frases más vilipendiadas del último tiempo. “Tiempos hueones” la rebautizó un actor comunista al que cada cierto tiempo le cierro su cuenta de twitter, de aburrido no más.

Lo que si continúa funcionando es el aquietamiento de las masas perpetrado por el Régimen Militar, que mantiene a la clase trabajadora por más de tres aletargadas décadas esperando a que su situación cambie.

Si usted se define como un “Chileno medio” probablemente no se rio con la última parte de esta columna, pero si es usted parte del grupo que se educa allá arriba, en el cerro donde están las tres universidades de pijes, por Dios que lo pasó bien leyendo esto. Y yo sigo con mi pierna dormida.