El material con que trabajas puede resultar complicado de digerir… Es inevitable que uno termine afectado emocionalmente por la crudeza del relato. Si para el lector es así, para el autor debe ser peor.
Los tres primeros libros son durísimos en cuanto a los crímenes. Siento que ese tipo de trabajo yo ya no lo puedo hacer. Lo miro, puedo admirarme por lo hecho, pero plantearme una empresa similar, nunca más. Ya envejecí y perdí ciertas facultades o capacidades que yo tenía. Ahora tengo otras. Si te fijas, el Camaleón o Los hijos del frío son libros distintos, que tratan la temática de las violaciones a los derechos humanos, pero no son explícitos al narrarlas. Esta es una historia más pop, si tú quieres, y pude hacer una historia más reflexiva en torno a cómo considerábamos la sociedad, sobre cuánto estábamos dispuestos a dar y recibir por nuestros ideales.

Me cuesta darme un poco cuenta de los coletazos que deja para la gente que está al lado mío, llámese pareja, o amigos o familia. Pero es así. Me absorbe, porque es tan dura esta temática, que la única forma de resolverlo y no caer en depresión o lo que tú quieras, es resolverlo pronto. Por eso necesito obsesionarme y escribirlo rápido, para salir de eso, porque lo que quiero es soltarlo. No puedo estar dos años en eso. Tengo que hacerlo en un año, aunque se trate de preguntas filosóficas complejas, como las que se planteaban en Los hijos del frío. Es toda una temática sobre qué creemos, cómo estructuramos el mundo, las cosas que creíamos, qué valor tenía la vida, cuáles eran los límites, qué significaba ser héroe, o ser villano; cuestiones muy difíciles de digerir para mí, porque yo no las tenía resueltas. Preferí hacer el esfuerzo de intentar resolverlas, aunque estuviera hasta las cinco de la mañana pensándolo. Sí, tiene un costo alto.

La Trilogía de los Cuervos es intrínsecamente oscura y esta nueva Trilogía de los Camaleones, que está tomando forma, si bien es cierto sigue tratando tiempos grises, tiene esta cosa festiva de celebrar las figuras de aquellos que pudieron pasearse desapercibidos por debajo de la nariz de la bestia…
Sobre todo el Camaleón. El Camaleón, aunque lo hayan detenido, aunque lo hayan metido preso, era un tipo que lograba burlarse en sus caras a algunos de los tipos más brutales del régimen. En Hijos del Frío viene el testimonio de Claudio Reyes Barrientos, que es actualmente el Superintendente de Seguridad Social, que también se infiltró en las profundidades del poder en la dictadura y logró burlar todos los controles. Y así hasta hoy. Pero además, para mí es importante ir profundizando en algunos temas; por qué pasó lo que pasó. Era necesario y cayó así con la historia de Daniel Palma quien personifica la historia de la Guerra Fría en Chile.

Es la crónica de una tragedia, de una muerte anunciada. Para mí fue una buena forma de entender todo lo que ocurrió, para mí son cosas horrorosas. Los hijos del frío se encarna en la resistencia y todo su contexto previo; desde los años cuarenta o cincuenta, donde comienza la narración, hasta el año 70; en definitiva, treinta años antes que sucedieran los hechos traumáticos que llevaron a la dictadura.

Tanto en Camaleón como en Los Hijos del Frío se deslizan varias críticas al Partido Comunista. ¿Cómo te ubicas tanto en pensamiento como emocionalmente frente a su actuar y sus postulados?
En lo que tiene que ver con Daniel Palma, diferencio dos partidos comunistas, tal como diferencio dos derechas o dos izquierdas. Todos los partidos marxistas de esa época estaban por la lucha armada, por una confrontación violenta, cuestión que hoy no se afirma. Es un mito de otro tiempo, si tú quieres. Ahí hay una crítica, una crítica al estalinismo, al no hacerse cargo de su historia, a no hacer crítica de esos crímenes horrendos, que se subsana justamente con la visión de algún tipo valiente, como es el caso de David Canales, que lo confronté en ese momento y me dice: “Sí, es verdad, no la hemos hecho”. En general, el marxismo internacional no la ha hecho, pero si tú me lo preguntas ahora, yo digo bueno, yo la hago y te digo por qué creo que esto estuvo mal, y es una de las cuestiones que trae inéditas el libro, el hacerse cargo de esa parte. En ese sentido, el Partido Comunista es otro Partido Comunista de hoy día, que tiene otros valores, quizás, muchos principios en común y valores en común, pero también, desde otras lógicas.

Ahora, respecto a lo que me decías con esta crítica que se hace al PC, es un partido que funciona con la lógica del poder, que entiende, y tiene una historia y una tradición muy larga que para poder generar el cambio a futuro, hacia donde va, tiene que ir de a poco. Como la persona que va poniendo un granito de arroz a granito de arroz.
¿Se los puede ver como reaccionarios? Sí, pero no lo son. En general son gente estudiosa de la teoría política. Yo lo veo bajo esa lógica. Ahora, ¿cuán efectivo eso es? No lo sé. Yo creo que actualmente me encuentro en una postura más a la izquierda que el PC.

Cuando fue el gobierno de Allende, siendo un partido marxista, dependiente en muchos aspectos de la Unión Soviética, el PC estuvo más cerca y le fue más fiel a Allende que el propio PS, de la cual una parte criticaba y trataba de traidor a Salvador Allende, y que fue una de las principales causas por las cuales Allende se fue quedando solo y fue perdiendo peso político. En eso la izquierda no se ha hecho cargo.

Al mismo tiempo, ¿no te han comentado militantes del PC o gente de izquierda que ha dicho que esta clase de críticas no se deberían hacer?
Sí, lo he sentido. Lo he sentido con el Camaleón, bien fuerte. También te diría que respecto de esta cosa que me pasó con la querella es que ha sido la gente más fiel, los que han estado allí, acompañándome. Te lo digo sinceramente. Han estado todos allí, al pie del cañón. Yo entiendo su forma de pensar, que es una forma de pensar un poco más estructurada, en el fondo, donde la ropa sucia se lava en casa; y como yo no soy militante, y soy periodista, tengo una forma de pensar completamente distinta; en el fondo, puedo compartir valores, respecto de muchas cosas, pero hay otras que a mí me alejan de cualquier tipo de militancia y me hacen denunciar todo tipo de cosas, caiga quien caiga, como dicen. Y eso, a cualquier partido político en que yo estuviera, le haría daño, porque no es la lógica de los partidos políticos, de ninguno.

¿No hay un peligro tácito en estos libros de mostrarle a la derecha que la izquierda no estaba del todo débil, indefensa y derrotada y, por tanto, de darles argumentos para sus intentos de torcer los relatos sobre la dictadura?
Yo creo que hay que perder la vergüenza de hacer resistencia. Es decir, en esta cuestión no hay dos posturas. Había una lucha ideológica, había una porción de la sociedad que quería hacer cambios de forma radical en este país. Pero eso es producto de la vida que vivió Daniel Palma cuando niño; imagínate un minero cuya mamá tuvo 13 embarazos y sobrevivieron 4 hermanos; su papá había sido explotado y su abuelo había sido explotado. Todo ese estalinismo, toda esa polarización que se generó, es producto de una historia de violencia de este país, y una historia de violencia que venía de la gente de derecha, la gente que tenía más. Hoy, para mí, no hay que derramar ni una gota de sangre para hacer un cambio, porque lo que genera es más sangre. Pero eso es un mito de otro tiempo, una estructura de otro tiempo, con gente que fue criada de una forma distinta; tus abuelos fueron criados de manera distinta a tus papás, tus padres fueron criados de forma distinta a ti. Si así fue hace dos generaciones atrás; imagínate cuatro, cinco, siete generaciones.

Primero, en dictadura, quienes violaron los derechos humanos fueron los del Gobierno y la derecha que estaba en el gobierno. Cómplices son las personas que trabajaron para ellos, muchos de los cuales están ahora en el gobierno. Resistencia, esté de acuerdo yo con lo que esa resistencia iba a hacer o no, la hizo la gente de la izquierda, y para mí eso está validado moral y éticamente. Es por eso que para mí es importante contar esta historia. Ellos fueron lo importante: la Resistencia. Quizás no en los términos en los cuales se pueden haber dado acá, porque es otro sistema, y quizás no con el mismo pensamiento, pero hay algo que tienen las resistencias que es el espíritu, la fuerza de llevarla a cabo. Eso es lo que rescato de esos mitos de otro tiempo, con ideas de otro tiempo. Por gente como Mariano Jara, por Daniel Palma, que dio su vida, por Claudio Reyes Barrientos, que arriesgando su vida estuvo allí, hasta el final.

Y si eso significa que ahora sepan cómo funcionaron en el pasado y les hicimos la guerra, bueno, que sepan que antes había una guerra subterránea y hubo gente que les dio pelea. En el fondo, estas peleas son más largas y tienen más rounds de las que ellos creen, y las peleas se siguen dando, y una de las peleas es la lucha por la memoria.

Me quedó dando vuelta otra cosa; que también hay una reflexión en el libro, y que me parece útil: el último capítulo en torno a cómo la historia construye héroes y villanos. De cómo los poderes fácticos utilizan a las personas, a los seres humanos de a pie, atribuyéndoles características sobrenaturales, cuando en realidad somos personas, primero que todo. Estamos llenos de falencias, y creo que nuestra identidad debe construirse sobre una identidad compleja, porque somos seres complejos.

Daniel Palma era un ser complejo. Era un marido que tenía mil características, tenía mil historias, quería ser el hombre nuevo comunista, trataba de serlo, y en muchos aspectos no lo podía ser. Estas estructuras rígidas para definir al ser humano y a la persona, lo único que hacen es hacer daño. Cuando tú tratas de caer dentro de un molde que te exija -ya sean los héroes del Ejército norteamericano, que creen que hay que matar a todos los talibanes, que se sienten héroes y creen que hay que matar a todos los villanos-, lo único que generan es lavados de cabeza, pérdida de identidad personal y, finalmente, sufrimiento. Esa es una reflexión que intenté hacer a través de este periodo de bloques muy duros de pensamiento donde tienes que tener un color. No podías, en el fondo, tener una disensión respecto del pueblo que tú representabas. Un periodo muy, muy duro.

Hay una parte que me llamó mucho la atención, a propósito de las delaciones por conducta homosexual, donde los viejos militantes reafirman como válidas las sanciones impuestas.
Él mantenía el mito de ese tiempo y es consecuente con esa especie de monumento viviente a esa forma de pensar. No cambió con el tiempo, porque se crió y sigue creyendo en esa fórmula. Fue muy terrible la entrevista con Jorgelino, revisitar y darte cuenta que sí existen esas culpas, que existen esos demonios y que son ineludibles. Desde el punto de vista ético, me parece que es bueno que sucedan, que esté, aunque no haya participado directamente, pero que esté ese costo, aunque no comparto que lo sufra, pero desde el punto de vista humanista, habla bien de su humanidad, que sí está eso que se sienta mal, que sienta esos dolores, aunque sean inconscientes. Aunque le lleguen por sueños, por imágenes en su mente. Fue muy gratificante entrevistar esta familia valiente, que se ha expuesto a ser criticados por mí, a funcionar como espejos, sus ideas, sus dolores. Me metí en sus aspectos más íntimos, y estuvieron dispuestos a hacerlo. Los encuentro muy valientes. Debieron haber sentido mucho amor, de verdad, por su papá, y eso también lo encuentro esperanzador.

Estaba pensando en un poema o un texto atribuido a Bertolt Brecht, “A los hombres futuros”. Pedía que no se los juzgara con dureza por haber sido como fueron.
Si te fijas, todos los mitos a los que el ser humano puede adscribir en un determinado momento, van cambiando. Se va corriendo el tejo. Ahora, Evópoli, está cambiando parte de su mito y pensamiento y ya no es la UDI y RN, y tienen una diferencia con los derechos humanos. En ese sentido, parte de la derecha institucionalizada ya se cargó al centro, lamentablemente para ellos. Pero va cambiando, y para mí el mundo se va un poco izquierdizando. Si comparas la derecha cavernaria de hace años y años atrás, hoy sería como centro.

Pienso en Tomás Moro. Dio su vida porque creía que el matrimonio fuera soluble por un acto de autoridad, por oponerse a Enrique VIII, que andaba cortándole la cabeza a su señora con tal de quedar soltero. No iba a prestar ropa a esos actos porque creía que no era correcto. El valor de lo que hizo Tomás Moro fue creer en sus ideas y llegar hasta el final por ellas. Y eso tiene un valor dentro de su propio mito, tal como Daniel tiene un valor dentro de su mito. Si hoy día juzgaras a Tomás Moro con los valores de hoy, diríamos ¡es un Jaime Guzmán!, un fanático religioso; lejos de mí, lo más lejos de mí posible. Como decía Brecht; fuimos forjados por un contexto, y no podríamos juzgarnos con el mismo baremo de hoy. Yo no soy la misma persona que era cuando tenía 15 años, en ese tiempo donde era aceptado el matonaje, el molestar a los homosexuales. Todo eso va cambiando y lo vamos aprendiendo como no aceptable.

Este libro, Hijos del frío, valora el esfuerzo de los que fueron consecuentes a sus ideales, pero también plantea el problema que representan aquellos que asumen posiciones radicalizadas. El hombre temeroso de la seguridad, de los asaltos, se transforma en un sheriff, un hombre autoritario que sabe lo que hay que hacer y está dispuesto a pegar balazos. Viene de ahí, de su miedo. En qué momento una mujer que ha sido violentada y llega a la conclusión necesaria, el feminismo; pero que desde allí puede derivar al fundamentalismo. O un derechista, en fanático religioso, o un musulmán en un talibán. Está en el poder, siento yo. Cuando comienzas a cosificar al otro; cuando te sientes tan alto, tan fanático en tu postura que todos los demás que están a tu lado están mal. Lo cosificas al punto que puedes decir “eso que está ahí, no es un comunista: es un animal que yo tengo que matar”. Es lo que hicieron los nazis. Es lo que le pasó en cierta medida a Stalin. Es lo que le pasa a todos los movimientos que se fanatizan. Mejor momento para lanzar el libro no hay, y si los movimientos de pensamiento extremo me quieren criticar, pues que critiquen.

“Los hijos del frío”
Javier Rebolledo, 2018.
354 paginas, Editorial Planeta.
El lanzamiento será en el Museo de la Memoria, hoy jueves 23 de agosto, a las 19 hr