En las afueras del Buenos Aires autónomo, a cuadras del Estadio Monumental se ubica el Espacio Memoria y Derechos Humanos, lugar que hasta el 2004 era la ex Escuela Mecánica de la Armada. Dirigido por la curadora Alejandra Naftal, las paredes de este sitio están plagadas de historia y de dolor, porque precisamente en los sótanos de esa casona blanca de dos pisos fueron torturadas y asesinadas cerca de 5.000 personas durante la dictadura militar argentina (1976-1983).

Inaugurado el 2004 por decreto durante el gobierno de Néstor Kirchner, este espacio es administrado, tal como el Museo de la Memoria chileno, por un ente público compartido entre la gobernación de la ciudad y el Estado. Su directorio es conformado por distintas organizaciones de derechos humanos, entre ellas las Abuelas de Plaza de Mayo, reconocidas en el mundo por la lucha contra el régimen militar y las desapariciones.

Desde su oficina en Buenos Aires y antes de iniciar sus extensos recorridos diarios, Alejandra Naftal comenta el revuelo que hace unas semanas causaron las palabras del ministro de las Culturas, Mauricio Rojas, quien en su libro “Diálogo de conversos”, de 2015, se refirió así sobre el Museo de la Memoria chileno, que aglutina las atrocidades cometidas durante la dictadura militar de Augusto Pinochet: “Más que un museo (…) se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, dejarlo atónito, impedirle razonar (…) Es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que a tantos nos tocó tan dura y directamente”.

-Alejandra, falleció María Isabel Chorobik, fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo, sin encontrar a su nieta. ¿Cuál es la sensación en Argentina sobre estos temas que aún no se saldan?

-No se saldan y no se van a saldar en términos de reparación, porque nunca va a haber una reparación para toda la tragedia que fue tanto en la historia argentina como chilena. Sí hay políticas de Estado que deberían conducir a esas micro reparaciones, tanto individuales como colectivas. La sensación de su muerte es de gran tristeza, porque ella fue un ejemplo, una luz, un faro en la lucha por los procesos de memoria, verdad y justicia en Argentina, y sin saber nada de su nieta Anahí, por la que tanto luchó. Estamos seguros que Miguel Etchecolatz (jefe de la policía en dictadura condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad) debe saber dónde está esta criatura que hoy es una mujer de 43 años. Y bueno, en Argentina hubo tanto avances como retrocesos desde el gobierno democrático. Hemos tenido gobiernos que toman la bandera por los derechos humanos y del movimiento de organizaciones, y en ese intercalado democrático, otros gobiernos que no tienen este tema en su agenda e intentan provocar contradicciones. Depende de cada sociedad cómo reacciona. A mí me pareció que el comentario del Ministro de Cultura de Chile sobre el Museo de la Memoria fue una provocación, donde la sociedad reaccionó.

-¿Qué le parece?

-Me parece que es una provocación, justamente porque todo tipo de museo y de relato es una construcción. Creo que tanto el museo de Chile como el que a mí me toca dirigir son resultados de procesos y búsqueda de consensos, de disputa de memoria. Aquí también hubo un ministro que dijo que no eran 30 mil los desaparecidos, y tal como allá, por un proceso de la sociedad, tuvo que renunciar. Una cosa es que lo diga un particular, que tiene derecho a decir lo que se le antoja, pero otra es un funcionario del Estado. Uno tendrá sus posiciones, te gustará más, te gustará menos, estarás más de acuerdo con una visión de la historia, pero no se puede decir que es una mentira, un montaje de la izquierda. Es un museo que da cuenta de un momento histórico y un proceso histórico que tendrá que ir mutando con las demandas de la sociedad. La memoria se construye desde el presente.

-Cuando se polarizan las posiciones entre izquierda y derecha, se pasa a llevar la importancia de la memoria. Desde la derecha en Chile aseguran que el museo es sesgado.

-Los museos o cualquier relato comunicacional toma una postura, no son neutrales. Pero hay que tener claro sobre qué postura se toma. En el caso del museo en el que estoy yo, sí tenemos una postura muy clara, que es denunciar el terrorismo de Estado y contribuir a desinstalar en la sociedad argentina la teoría de los dos demonios. Por mucho tiempo predominó una mirada de que durante la dictadura cívico militar acá hubo dos bandos, uno de izquierda, uno de derecha y al medio una sociedad inocente, y no es así. Aquí hubo un estado que desarrolló un plan sistemático de exterminio a todo tipo de oposición del régimen. Entonces, las visiones de estos lugares obviamente que están cargadas de ideología. Acá viene gente de derecha y pregunta si aquí se muestran las acciones de las guerrillas, y les digo no, aquí se muestra la historia del lugar, y aquí nunca un guerrillero mató un militar, aquí funcionó un centro de torturas clandestino. Yo te diría que en Argentina existe un acuerdo básico social en base al Nunca Más. Los espacios de memoria fueron confirmados por la actual gestión, que no tiene en su agenda el tema, pero hay mucho consenso social respecto de derechos humanos y justicia.

-Estas declaraciones permean en los tejidos sociales y se toman como una bandera para que se siga cuestionando la historia.

-Por eso hubo una reacción tan rápida de la sociedad chilena frente a lo que hizo este ministro. Me parece que lo importante es la reacción social frente a eso.

-¿Qué le parece la propuesta del Presidente Sebastián Piñera de hacer un museo de la democracia?

-No conozco bien desde qué lugar lo está planteando Piñera. Si lo extrapolo a la Argentina, pienso que un museo de la democracia sería un museo de historia contemporánea, algo con ese valor.

-Acusan que, con el museo, Piñera busca el equilibrio, mostrar la historia pasando por el gobierno de Allende hasta el retorno a la democracia. Contar la historia completa.

-El concepto de historia completa me da urticaria. Es una mirada dicotómica, polarizada, desde el binomio. Blanco y negro. Todos estos sitios son construidos desde el poder, desde un relato que es el predominante. Insisto, mutará de acuerdo a las disputas de poder que existan en cada momento por país. Lo ideal, me parece, que en vez de construir el ‘contra Museo de la Memoria’, sería buenísimo construir un acuerdo social de los chilenos acerca del pasado reciente, donde estén expresadas todas las miradas, todas las voces, pero me parece que lo básico es denunciar el horror, el terror y lo fuera de la ley. Eso es algo básico. Me parece que eso los chilenos no lo tienen resuelto en términos políticos. Hay gente que piensa que el gobierno de Pinochet estuvo bien. En Argentina creo que nadie, salvo sectores muy retrógrados, cree que el gobierno de Videla estuvo bien.

-Aquí sigue existiendo el pinochetismo, en cambio allá no hay videlismo.

-Claro, no hay un apoyo concreto al partido militar, está destruido el partido militar. De hecho, hace poco se discutió mucho un decreto del Presidente Macri por darle participación a las Fuerzas Armadas en algunas acciones de seguridad interior. Evidentemente estas discusiones dan un giro a la revisión de nuestro pasado reciente, de la historia de Chile, Argentina, Uruguay y el Cono Sur. Son las batallas que hay que dar, no solo en términos del pasado, sino que del presente.

-¿Cuál es el siguiente paso en memoria y reparación tanto en Chile como en Argentina?

-Desde mi lugar, sostener, lo más inclusivamente, lo hecho. Sostener este paso, las políticas de memoria, verdad y justicia para que los gobiernos que pasan no puedan inhibirlas. Las políticas de Estado se mantienen de arriba para abajo y viceversa, entonces mantener las redes, conexiones, convicciones y espacios, es de abajo para arriba.

-Apenas sucedió lo del Ministro, hubo una respuesta social muy grande en Chile, incluido un concierto plagado de artistas.

-Hermoso, vi los videos, me impresionó. Yo he ido varias veces a Chile y, por ejemplo, en el Museo de la Memoria, tuve la sensación de que ese espacio era más de negociación que de acción o apropiación, y sin embargo me parece que esta es una reacción de la sociedad chilena muy importante.