a habilidad del cerebro humano para interpretar rostros y otras figuras en cualquier parte es evidencia de buena salud mental y un normal tránsito evolutivo como especie, creen los expertos. Pareidolia se llama este fenómeno mental que acompaña al hombre desde que ve siluetas amenazantes acechando desde el ropero cuando niño y hasta viejo, con la mirada perdida en el papel mural. Así que a no preocuparse cuando percibas rostros de perros atrapados en las paredes o la figura de Cristo apareciendo en los lugares más improbables.

Este estímulo vago y azaroso que la mente interpreta anticipándo una forma reconocible, también es el que da vida a experiencias religiosas y míticas como las que explican “el origen” de montañas, rocas, paisajes en las nubes y otras topografías desde que el hombre vaga por el escenario terrestre. Según teorías darwinianas y aspectos de la selección natural o de la adaptación como fenómeno de supervivencia, es bastante probable que esta habilidad de identificar figuras en el entorno tenga que ver con la persistencia de la especie, cree el psicólogo Esteban Muñoz.

“Dado que desde que nacemos tenemos que tener la capacidad de poder interpretar rostros, esta característica, aun cuando no se tenga la visión de otros seres vivos, permite que el bebé pueda distinguir a otras personas. Probablemente la pareidolia sea una característica evolutiva poderosa equivalente a otros instintos relevantes como la succión, el llanto”, estima.

“Además para que ocurra este tipo de fenómenos, nuestro cerebro debe estar diseñado con cruces neurológicos que permitan tener un radar de rostros, lo que ya es una característica evolutiva y de adaptación única”, agrega.

De ella derivan otras complejidades del ser humano como la empatía y la percepción del lenguaje no verbal que remontan el fenómeno al de la psicología de la Gestalt que estudia la “forma” y representa proceso por el que construimos marcos de percepción de la realidad, explica el analista de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. “Todas las personas interpretamos la realidad y tomamos decisiones sobre ellas en base a las formas o figuras. En este caso, si la pareidolia nos permite ver e interpretar rostros, además de darles significancia, se le puede otorgar un contenido emocional. Por ejemplo si logramos interpretar una cara sonriente, probablemente será más fácil el poder diferenciar a personas no hostiles. Desde este punto de vista, si la personas tienen la capacidad de reconocer emociones en otro con la simple observación, estamos ante un factor que favorece la socialización ante la falta de otras señales”, cree el Magíster en Educación Emocional.

Además de ver imágenes de nubes en el cielo, grandes animales recostados en la cordillera o rostros en la carrocería de los autos del camino, para Muñoz, fortalecer esta característica periódicamente en los niños puede ser útil para ir escalando en la interpretación de emociones o rostros. En el caso de niños víctimas de fobia social, por ejemplo, con algún tipo de espectro autista y otras terapias. “Todas las figuras, van estimulando la creatividad en los niños, lo que es de suma importancia para su desarrollo psicológico y social”, reitera el psicólogo.

-Hay personas que se preocupan por “no poder ver” estas caras a la primera. ¿Crees que esto sea síntoma de algo mayor?

-No lo creo. Pero probablemente alguien que no tiene la capacidad de reconocer emociones, rostros, figuras, puede que esté incubando algún desorden en el ámbito de la creatividad o al menos estemos ante una persona muy estructurada. Por otro lado existen test proyectivos que se pueden explicar desde este fenómeno, por ejemplo el test de Rorschach. El típico de las manchas de tinta, que busca que la persona pueda llevar al lenguaje conceptos de figuras y formas, respecto a ciertas manchas. Desde este punto de vista, la psicología saca mucho del concepto de pareidolia para comprender el vínculo entre un ser humano y su entorno inmediato.

RECUADRO

Al respecto, “Pareidolia, juegos para activar la imaginación”, obra de la Compañía La Llave Maestra que se mantiene en cartelera hasta el domingo 26 de agosto, resulta un provocador universo compartido en Matucana 100 donde bolsas de papel, viejas prendas de ropa y otros accesorios se transforman en rostros, nuevas criaturas y mares de plástico.

La obra para mayores de 8 años plantea un ejercicio de imaginación y observación en el que monstruos gigantes y cuerpos imposibles conviven con cantantes de ópera y un oleaje de poesía física.

La obra de la compañía hispanochilena se plantea como un espectáculo visual y sensorial, donde la fuerza expresiva radica en la creatividad y el constante juego de transformación de los elementos escénicos en analogías y metáforas visuales.