Hace unos días, fue publicada en un conocido medio de comunicación una columna llamada: Segunda vuelta municipal para superar los resabios del binominal, en que Javiera Toro y Rodrigo Echecopar intentan explicar los beneficios de un proyecto de ley que busca establecer el ballotage en las elecciones de alcaldes en Chile. De acuerdo a ellos, sería una catástrofe que los alcaldes salieran electos con mayorías relativas, cercanas al 30% de los votos. Asimismo, el artículo alude a que este sistema sería una especie de resabio del binominal, por lo que habría que propiciar una segunda vuelta urgente, pues se trataría de temas de “principios”, los cuales serían insoslayables para una nueva coalición como el Frente Amplio. Se puede deducir entonces, que un pacto con la centroizquierda sería impensado ya que estarían corriendo por carriles totalmente distintos.

Llama la atención que se le atribuya a la dictadura la instalación de un sistema uninominal en las elecciones municipales, siendo que la reforma a esta ley fue puesta en marcha el año 2004. En dicha elección debutó la separación entre candidatos/as a alcalde/as y concejales/as, instalándose el sistema electoral proporcional (D`Hondt), para estos últimos.

En un segundo orden, es preciso aclarar que el sistema electoral binominal y el sistema electoral mayoritario no son comparables, ya que aún cuando el binominal haya tenido efectos mayoritarios y sea muy mezquino, es un sistema electoral proporcional. Sí, rigió la competencia política durante 26 años, por cierto. Fue diseñado por una decisión, esta vez sí de la dictadura. Procuraron generar distritos y circunscripciones basados precisamente en los resultados del plebiscito del 88, que propiciaron un empate constante entre dos grandes fuerzas ¡claro!; que con un 30% de los votos se obtenía el 50% de los escaños a disputar (magnitud distrital 2), efectivamente, pero ¿hubo volatilidad en ese período? La verdad es que no, sólo casos aislados de personajes que lograron soslayar el sistema electoral y ganar la elección como independientes. Pero, fue modificado el año 2015, y gracias a que ahora existe un sistema proporcional moderado, para escoger a las/os representantes del Congreso Nacional, el solo resultado obtenido en el mes de noviembre de 2017, resulta prueba suficiente para demostrar que la binominalización del sistema de partidos chilenos, se acabó. Prueba de ello, es el desorden actual en que se encuentra la ex coalición oficialista, tratando de levantar un proyecto político, y que ha conversado incluso con sectores del propio Frente Amplio, para levantar un acuerdo más allá de lo electoral, sin resultados efectivos.

Sobre la volatilidad, el año 2011 Juan Pablo Luna y David Altman escribieron un artículo llamado: estable, pero sin raíces, los partidos políticos chilenos y el concepto de institucionalización del sistema de partidos. Allí plantean la estabilidad política (pero sin raíces) de los partidos políticos chilenos, pero también plantea que la mayor alternancia en el poder (se observan mayores niveles de volatilidad), justamente en las elecciones municipales, en que han podido cambiar con mayor frecuencia partidos y liderazgos, versus el poder legislativo. Por lo que resabio del binominal el sistema mayoritario, no es.

En este último punto, es preciso detenerse, si se pone atención sobre los “principios” ¿Qué efectos genera una segunda vuelta, luego de una competencia radical entre las fuerzas políticas? Serios problemas y relaciones que se fracturan de manera irreconciliables. Es más, el tiempo entre una primera y segunda vuelta es tan corto, que las asperezas no se liman, por el contrario se agudizan. Para qué recordar lo que costó el año 2010 sumar a Marco Enríquez-Ominami a la candidatura de Eduardo Frei, quién perdió estrepitosamente frente a Sebastián Piñera, o en su efecto la reciente elección presidencial, en que en la Segunda Vuelta, el propio Frente Amplio como coalición, decidió no apoyar formalmente a Guillier y se propició una derrota contundente para los sectores progresistas en Chile.

Hilando un poco más fino, en materia electoral, siempre en las segundas vueltas, la participación electoral disminuye, salvo en la última elección, en que la derecha logró movilizar muchos más electores que la Nueva Mayoría. El resultado está a disponible vía Servel, por si caben algunas dudas. No obstante, aquí va una gráfica comparada de la participación electoral en las elecciones 2013 y 2017.

Sobre la estrategia. Llama profundamente la atención que el propio Frente Amplio intente cerrar las puertas a un acuerdo preelectoral que decante en una elección primaria ¿Por qué no?

De acuerdo al politólogo israelí Gideon Rahat, las primarias pueden ser muy efectivas, ya que las candidaturas que provienen de ellas reciben a lo menos un 10% de premio por provenir de procesos democráticos de selección de candidaturas. No obstante se podría producir un trade-off en dicho proceso, ya que las relaciones políticas podrían quebrarse, por lo que también existiría un efecto de penalidad primaria, que merme el resultado del candidato. Existen ambos ejemplos, por una parte las primarias competitivas del propio Frente Amplio en Valparaíso, o en su efecto las que determinaron la candidatura de Beatriz Sánchez como única abanderada de la coalición. En Valparaíso en cambio, también hubo una penalización a la candidatura de DJ Méndez, que por cierto, dejó bastantes heridos en el camino quiénes no se sumaron a su candidatura. Como resultado, nunca la Concertación tuvo un peor desempeño en dicha comuna como con él. Pero sin ir más lejos, una de las causas también de la derrota de Guillier, fue justamente su candidatura designada, que se vio muy mal a los ojos de la ciudadanía. Por lo que valdría la pena arriesgarse.

Es posible seguir enumerando efectos de las primarias, ya que también los grupos desaventajados como las mujeres, sucumben a este tipo de competencia, ya que sostener una campaña electoral por más de ocho meses, acaba por debilitar las opciones de éstas.

Es de esperar que este análisis permita entregar más antecedentes, ya que si se quiere apostar por mayor descentralización, hay proyectos más urgentes como el fortalecimiento del municipio como un efectivo gobierno local, con mayores atribuciones y con independencia de recursos. Desde ese punto de vista, hay temas más urgentes que tratar que un aspecto tan poco relevante en materia de ingeniería electoral como sería un ballotage municipal.

**Cientista Política. Editora del libro El Estado y las Mujeres, el complejo camino hacia la transformación de las instituciones (RIL).