El Frente Amplio se encuentra ante el desafío de consolidarse como una alternativa política para superar el neoliberalismo en Chile y esa tarea no la tiene fácil. La articulación programática que tenemos y el carácter político asumido durante nuestro proceso de irrupción es un cimiento necesario pero no suficiente. La construcción de una estrategia de conducción política desde la izquierda ante el complejo escenario actual sigue en deuda, y se vuelve cada vez más urgente ante el constante riesgo de las izquierdas de optar por las salidas conocidas (progresistas o sigloveinteañeras) frente al vacío de una política nueva.

Tenemos un escenario global y latinoamericano complejo para los pueblos de la región y para los proyectos de transformación. A la situación de crisis del modelo neoliberal se suma a la crisis de representación de la política en general, acentuándose la precarización de la vida, al tiempo que no hay herramienta ni articulación suficiente para ofrecer una salida firme al modelo. En este escenario, las derechas y fundamentalismos han ganado espacio, la represión y persecución de movimientos sociales es una realidad en algunos países, las instituciones pierden capacidad de conducción y la caída de los progresismos tradicionales le pesan aún a las fuerzas nuevas.

En el contexto nacional, el Frente Amplio ha sido clave en terminar con el pacto transicional, emergiendo como un nuevo actor que en el presente es una referencia política clave, también a nivel internacional. La tesis de irrupción y el diseño político-electoral 2017 cumplió su función. Ahora enfrentamos un momento político donde el triunfo de la derecha plantea desafíos nuevos y más complejos. Por un lado, constituirnos como principal oposición al gobierno, a una derecha con destellos de astucia que desde el relato de una “segunda transición” pretende cerrar las grietas al régimen que las luchas sociales han abierto durante la última década; por otro lado, evitar la recomposición de la centroizquierda y sus esfuerzos de aceleración de alianzas electorales y de indiferenciación con nuestro proyecto; finalmente, ser capaces de acelerar la constitución de un proyecto político que, desde el Frente Amplio, se de a la tarea de refundar una izquierda para el Chile del siglo XXI y de una estrategia de acción que, con definiciones de corto y largo alcance, nos permitan dar pasos certeros hacia ello.

Nuestro camino no ha estado exento de dificultades, pero creemos que no es factible enfrentar, desde la división entre organizaciones políticas hermanas, el desafío de construir una apuesta política transformadora, que mire críticamente la herencia que porta, que tenga vocación de mayoría y que busque transformar de raíz las bases de la sociedad neoliberal que habitamos. Disputar la política en su sentido amplio, es decir con vocación transformadora, exige hoy fortalecer nuestro anclaje institucional y a los actores sociales que hoy impulsan agenda de cambios, entre ellos fundamentalmente la actoría feminista, que ha demostrado una capacidad de movilización y articulación relevante en este contexto. Por ello, desde ya, es necesario construir una estrategia de disputa de los gobiernos locales, instalando la necesidad de otorgar protagonismo a los pueblos y las comunidades, reconquistar lo público y transformar las condiciones de vidas existentes, al tiempo que avanzamos en un diseño de constitución de una herramienta legal y vamos articulando plataformas de trabajo político social más amplios.

Si compartimos diagnósticos y objetivos, entonces la conclusión es clara: comencemos el proceso de aceleración de constitución de esta nueva alternativa. No hacerlo, a estas alturas, es una irresponsabilidad histórica. Las fuerzas que nos paramos desde la vereda revolucionaria nos proponemos bajar las banderas, mas no las convicciones, para comenzar desde ya un proceso de articulación que nazca desde un debate político sustantivo y no meramente electoral, que se constituya como punto de inicio de un proceso de constitución y consolidación conjunta durante los próximos desafíos y que dé pie a la refundación de una izquierda socialista, feminista, ecologista y decolonial, que sea capaz de construir una estrategia que aborde, más allá de las instituciones, el problema del poder real.

La construcción de unidad política no se decreta en plazos ni breves ni largos, ni tampoco se logra con perspectivas cortoplacistas o adelantando acuerdos instrumentales, ni existe un momento clave en el que se está suficientemente listo para ello. El momento político exige de las organizaciones políticas que asumimos este desafío con una gran dosis de audacia política. La unidad política es sustantiva y duradera cuando se construye desde la militancia conjunta, la articulación en luchas sociales y la intervención política. Por ello, nos proponemos, con altura de miras, comenzar el proceso desde ya, poner lo mejor de cada organización, para abordar los desafíos futuros en conjunto, colocando en el centro la necesidad de fortalecer una apuesta de conducción del Frente Amplio y a éste como alternativa de conducción para Chile.

Tenemos el convencimiento de que un proceso de convergencia sustantivo, flexible en su diseño, con una convocatoria amplia y con suficiente generosidad por parte de todas quienes concurrimos a este esfuerzo, permitirá responder al desafío histórico que comporta refundar la izquierda de cara al ya avanzado siglo XXI.

Dirección Nacional Movimiento Autonomista