Yohan Robledo Rodríguez-Chadwick, maestro soldador al arco, 27 años:

“Yo solía estar muy triste, me sentía un donadie. No es que sea burro, pero uno sabe que es limitado. Por ejemplo, nunca voy a entender bien cómo poder reconocer las composiciones de las estrellas en base al sonido que generan en un espectógrafo. Sin embargo, el otro día fui al registro civil y en el mesón me avisaron que tenía algo especial. Me llevaron a una sala contigua y ahí el Intendente me comunicó que yo era Chadwick. Ahora soy gerente de una empresa pública. Pero no por mucho tiempo: la próxima semana la vendemos. De todos modos, estoy agradecido de la oportunidad”

Manuel José Luis Amadeo Pérez Chadwick de Liechenstein. Licenciado en Derecho, 32 años.

“Soy hijo de una lavandera de Curimón y un descendiente heredero al trono de Islandia. Por supuesto que yo no reclamo título alguno ni dinero al ducado donde debería tener, por derecho divino y dinástico, aptitud para el trono, pero en cambio, siento que la sangre que llevo en las venas alguna cuestión hace. Es que siento una vocación de servicio que se vuelca en la filantropía compulsiva. Voy todos los viernes a La Vega y repartimos con los otros muchachos pancitos con mortadela y café a la gente que vive en la calle. Siento que gracias a eso estoy armando un mundo mejor. Por mi actividad filantrópica, no por ser Chadwick, es que estoy en una subsecretaría en el Ministerio de Desarrollo Social, ese que ve el tema de los pobres y reparte canastas familiares. Las canastas familiares son la política pública más exitosas de los últimos 50 años en Chile”.

Yahaira Chadwick, estudiante, 23 años

“Cuando entré a la universidad me dio vergüenza mi nombre. Cuando decidí ir a cambiarlo, a última hora pensé en aprovechar de abrirme más puertas y mejorar mi futuro. Por eso aproveché también de cambiarme el apellido. Pero se me olvidó cambiarme el nombre”

Chadwick Valenzuela, estudiante secundario, 15 años

“A mí me cagaron. No me apellido Chadwick, me llamo Chadwick”

Mariana Romilia Espelunca Jofré Alcayaga Chadwick, 77 años, licenciada en cables telefónicos:

“Desde que tengo 8 años que trabajo en el cablecismo telefónico. Pero en la década de 1980, luego que me enredara en unos cables, la compañía de teléfonos pasó a usar discado electrónico directo. En ese entonces me quedé sin trabajo. Sin embargo la empresa me otorgó unas acciones en la AFP que rinden siete veces lo que rinde una pensión normal. No es mucho, tampoco, igual me jubilé por el INP. Ahora me están ofreciendo un puesto en un directorio. No sé si aceptar aún”

Orozimbo Radovic Chadwick, médium, 43 años:

“Me llaman continuamente a la casa de gobierno para consultar a un ex presidente, buscan consejo sobre cómo controlar las cosas. Es un caballero algo de modales finos, homoerótico, con una bufanda y un gorro. ¿Alessandri Rodríguez? No, cómo se le ocurre. Obvio que a Pinochet”

Romualda Camila Nazarena Chadwick, 29 años, abogada:

“Me estaba duchando, y de pronto tuve una epifanía: tenía una marca de nacimiento que siempre me había causado curiosidad. Significaba que era perteneciente a un linaje con historia, que se reparte generación en generación. Ni siquiera me vestí, partí en bata y toalla a la Intendencia, y me hicieron Intendenta subrrogante. Los que tenemos la marca sabemos de qué se trata”

Luis Jara Chadwick:

“Yo llegué donde estoy gracias a mi talento, no por mis contactos”

Marcelo Gutiérrez Chadwick:

“Yo tenía un grupo de botargas bailarinas con las que hacíamos shows benéficos. Los monos bailan, yo canto, las chiquillas bailan, los niños bailaron, un automóvil saltó con su rasho láser, me encanta todo esto. Me gané una licitación directa con el gobierno por doscientos millones de pesos. No sé cómo lo hice, supongo que es la magia de la amistad”

Sebastián Dávalos Bachelet Chadwick:

“Supongo que todos tenemos una segunda oportunidad, y si es posible llegar a un consenso, todavía mejor”