Voy a partir contando que a la Diamela la conocí personalmente, por obra y mérito del artista Pancho Casas, amigo nuestro, que no requiere presentaciones. Aunque siempre puede haber alguien que no haya tenido la suerte de conocerlo y a ellos les recomiendo partir por lo obvio, googleenlo y entrarán a un mundo de creación artística indispensable y a una constelación de expresiones de su exuberante personalidad.

Él, que en ese entonces oficiaba en su calidad de dueño de casa en Las Cruces, donde todos somos vecinos, nos presentó a la Diamela Eltit y a Jorge Arrate, su encantador marido.

No es fácil presentar a personas que se supone que uno conoce, o que uno debería conocer, porque sus obras y su gran personalidad los antecede. Más difícil aún si esas personas son tan conocidas, tan talentosas, tan relevantes. Pancho Casas es un maestro en ello, pero de igual forma pude sentir ese vértigo similar al que se siente jugando al
cordel, donde obviamente la exigencia fue entrar al ruedo, ponerse a tono, casi haciendo el loco, sin perder el equilibrio y seguir adelante saltando naturalmente, al ritmo propuesto por Pancho y seguido de manera tan natural y enriquecedora por la Diamela y Jorge.

Puedo decir que no sólo salí ilesa de esa experiencia, sino que rápidamente me inundó un cariño y admiración por ellos, que desplegaron frente a mí una capacidad de gozo digna de personas, auténticas, inteligentes, y con un sorprendente sentido del humor, amén de generosidad y paciencia para compartir con nosotros, simples mortales, mostrando curiosidad, interés y entusiasmo.

Años después de nuestra primera vez oficial y con nosotros viviendo en Nueva York, supimos que Jorge y la Diamela, vivían ahí por un semestre cada año.

Nuevamente de vecinos, nos fuimos a comer los cuatro. No sé cómo llegamos a la conversación, pero para el final de la comida, la Diamela me estaba convenciendo generosamente, ya que yo estaba matriculada y era alumna regular de la NYU en el programa para aprender Inglés, de que me metiera como alumna invitada a su taller. Yo miré atónita a Bianchi y a Jorge, los que se rieron. Felipe agregó que era una oportunidad única, que no la podía dejar pasar, que la tomara. Y así me trasformé en una muy afortunada alumna invitada de un taller de escritura creativa, en el único programa de post grado de escritura en castellano de Estados Unidos, en la NYU, invitada por la Diamela.

Mi experiencia de alumna de ella fue muy gratificante, y me sirvió en muchos sentidos, entre los que destaco que fue clave para entender su obra. De alguna manera muy simple su dimensión pedagógica me explicó mucho sus textos. Me propongo compartir con ustedes mi experiencia de leerla, ya que encuentro relevante conocer las virtudes de nuestra candidata al premio nacional de Literatura.

A la Diamela como a todos los autores relevantes, su agenda política, ética, estética y artística, la permea. Es dueña de un lenguaje completo y urgente que se despliega en cada oportunidad que tiene para expresarse. Escuchar sus conferencias, verla lanzar un libro ajeno, leerle una carta en un diario, un ensayo o una novela, son todas diferentes expresiones de una misma autora. Una inteligente y generosa que pone todo de sí para
ampliar nuestro entendimiento.

Diamela Eltit es una intelectual sorprendente. Es capaz de mirar, entender, describir y expresar, la más compleja o simple de las ideas, de las más variadas formas, hasta hacerla entendible para todos. No escatima en ejemplos, en perspectivas, en formas y en capas para hacer visibles cosas que para ella se revelan con la fuerza de un destello o con la claridad de una iluminación natural.

En el caso de su literatura, va mostrando sus cartas una a una, dejando que sus personajes sean los que se pregunten y observen y nos muestren el mundo de cuestionamientos en el que viven, de tantas maneras diferentes, como sea necesario para que ellos se comprendan a sí mismos y para que nosotros los entendamos y les creamos.
En cada una de sus frases deja ver lo que entiende, su entendimiento y las múltiples formas o perspectivas en la que logra entender las cosas.

Otra de sus características es que enriquece cada observación reconociéndole paternidad o hermandad a quien sea que esté en la retaguardia creativa de una expresión o que contenga algún saber que venga a ser relevante para entender el texto. Puede ser algún texto griego, un buen dicho popular escuchado en una micro o su vasta cultura literaria.
Su capacidad de construir puentes entre los textos es tan creativa y poco obvia, que ofrece múltiples posibilidades de lecturas logrando con su repertorio ilustrar cuán importante es para todos, entender que la literatura no es ni
jamás será huérfana, por muy vanguardista u original que se nos presente un texto. Como dice el gran Calle 13, Los
de atrás vienen conmigo. O dicho en otra forma, la literatura de la Diamela o la buena literatura punto, no viene sola. No aparece espontáneamente por arte de magia, es un diálogo fructífico con la literatura de todos los tiempos. No es que la Diamela en sus novelas esté nombrando autores, o citando de manera obvia sus referentes, es que entiende que cada texto tiene otros con los que conversa y que lo anteceden, entiende que con las referencias no conviene hacerse los lesos.

Lo que logra, es ofrecernos diferentes capas de lectura en un mismo texto, dándonos a todos alguna puerta de entrada a su mundo literario. Si uno como lector conoce esos antecedentes que están contenidos implícitamente, más rica es la lectura y si es el caso que uno enfrenta el texto de manera totalmente virgen, en forma y fondo, bueno, tiene la suerte de encontrarse con una revelación generosa que buscará por muchos medios describir ese mundo fascinante y particular en el que se desenvuelven sus historias.

Tiene fama de difícil, porque a las personas nos da miedo enfrentarnos a nuestra propia flojera e ignorancia y porque claramente ella tiene una capacidad de lectura quesobrepasa la capacidad de comprensión de la mayoría de los mortales. Pero eso jamás se transforma en impedimento para que ella nos lleve al nivel más alto de nuestro intelecto y nos muestre mundos simples con la complejidad que efectivamente los mundos tienen.

Otro rasgo que la caracteriza es que no ningunea, ni discrimina, ni se prejuicia con sus lectores y personajes. ¿A qué me refiero?

Diamela Eltit describe sus mundos literarios con todas las complejidades que ella logra ver en ellos, no ahorrándose detalles, ni simplificando para nuestra flojera, la cantidad alucinante de capas que a ella se le revelan.

Uno de los rasgos más notables de esto es que tampoco ningunea a sus personajes, ni la capacidad de análisis que estos mismos tiene, sobre su realidad, en sus textos. Los deja hablar y les da tiempo para exponer todas sus teorías, todas sus fantasías, mostrando todas sus herramientas analíticas a través de ellos mismos.

Sería muy difícil de hacer lo anterior si ella no contara con el buen oído literario que tiene.

Sus diálogos y la voz de sus personajes son inconfundibles, naturales, auténticos, rebosantes de verdad.

Eso es especialmente revelador para el lector, que seguramente se pillará a sí mismo más de alguna vez juzgando si es verosímil o no, que un vendedor ambulante tenga los conceptos de vida, que los personajes de Eltit tienen.
Les adelanto que el único razonamiento que me dejó más o menos convencida frente a esa perplejidad en la que me dejaban las observaciones de sus personajes, fue la pregunta: ¿Qué me creo?, que creo que un vendedor ambulante no
pude tener la sofisticación analítica sobre su realidad, que Eltit nos ofrece.

Una vez que me dejé de discutir conmigo misma y mi clasismo, y mi ceguera y mis prejuicios, entré en un mundo sorprendente, sutil, profundo, enloquecido, frenético, urgente, delirante y al mismo tiempo coherente y verdadero, que sólo me permitió enriquecer mi visión de la literatura, tal como los grandes escritores de todos los tiempos,
como los noveles , como los Kafka, los Shakespeare (en donde, dicho sea de paso, nadie le discute el mérito a un patipelao mendigo, para ser el consejero filosófico y político de un rey al borde del abismo), los Mark Twain, los Kennedy Tools, por nombrar sólo algunos, logran.

Esta Literatura con mayúscula, sobre mundos marginales, muchas veces mundos cerrados en sí mismos, sobre temas casi invisibles, sobre reflexiones urgentes y trascendentales, son los que nos hacen llegar a la conclusión de que el arte es la herramienta más poderosa y bella con la que se cambia el mundo y que Diamela Eltit es una de las exponentes de la literatura más sorprendentes y originales con las que contamos.

Su literatura es única, gracias a su talento conversa sencillamente con la mejor literatura de todos los tiempos, siendo al mismo tiempo totalmente original y sorprendente.

En vez de temerle, les sugiero que no se subestimen ustedes mismos como lectores y entren al mundo trascendente y creativo que Diamela Eltil le propone a sus lectores y a través de nosotros a la literatura universal.

Esa esquina desde la que Eltit observa y comunica, nos contiene a todos y su riqueza narrativa se da maña para explicarnos verdades que, como madejas, se van desenredando página a página, para que salgamos de la experiencia de la lectura transformados.

Ella que es brillante, nos lleva a través de sus palabras y nos permite a todos ejercitar un poco nuestra mente, para sentirnos casi sin darnos cuenta dignos, sensibles, ingeniosos, creativos, inteligentes tal como ella misma lo es. Nivela para arriba, mientras nosotros nos impresionamos, nos reímos, sufrimos y comprendemos ese increíble mundo como ella lo ve, sumando.

Esta última novela “Sumar” es una extraordinaria oportunidad para empezar a leerla, si es que aún no han tenido la suerte. En esta entrega nos invita a ser testigos de un movimiento, una marcha hacia la Moneda del gremio de los vendedores ambulantes , o seudogremio por el carácter informal de su actividad económica. Ellos parten integrándose a la gran marcha de las demandas sociales concsientes que, en ese flujo, ellos van últimos, casi invisibles, dentro de un movimiento que pretende reivindicar las demandas sociales.

La novela es un diálogo entre cinco actores protagónicos de esta marcha, que se ven a si mismos como unos verdaderos emprendedores de la marginalidad que han descubierto que pueden explotarse por cuenta propia, en función de una libertad que les va comiendo todos los espacios y quitando cada una de sus conquistas. Son los que a falta de patrón, se autoexplotan para ser la versión más económica y sin garantías del milagro económico del capitalismo. Son el último paño donde se abraza el consumidor con la más barata de las ofertas.

Cinco personas que enfrentan paso a paso, todo los costos de este sistema, sin ver prácticamente ningún beneficio. El conflicto no está establecido en los centímetros vereda de su lucha, o en el valor político de las reivindicaciones que buscan. El dilema los traslada siempre a la dimensión existencial de sus demandas, a sus sueños, al tiempo que esos sueños les toman. Esa letanía como de rosario, con cada una de sus estaciones invitando a resolver encrucijadas, a cuestionar creencias y amores, en un recorrido aparentemente directo hacia esa Moneda que no llega. Esa ruta donde se nos visibiliza la precariedad del pacto social en el que estamos cohabitando.

Los cinco personajes, pero especialmente Aurora Rojas, son una revelación de humanidad, complejidad, ingenio, teorías, sentido del humor y coraje. Esta novela nos arrastra igual que el dicho, “para adelante, que para atrás no cunde”.