Directamente desde Estados Unidos llegó la idea de generar espacios de conversación entre Carabineros y los ciudadanos. Protegidos en la tranquilidad de un Starbucks, podrían debatir sobre las compleijdades del tráfico de drogas mientras degustan un latte descafeinado y se conectan a la wifi gratuita para posiblemente ver los mapas del delito. Carabineros tiene razón, la vinculación entre la ciudadanía y la policía está pasando por un periodo de deterioro evidente. Según la Fundación Paz Ciudadana en septiembre del 2017 el 48% de los ciudadanos calificaba como bajo el desempeño policial. Probablemente impactados por los hechos de corrupción conocidos durante el año pasado así como las complejidades de la ya famosa “operación huracán”, la evaluación del trabajo policial llegó a 4,4. No estamos frente a un hecho aislado sino a una tendencia de deterioro preocupante.

El promedio nos engaña. Por muchos años hemos reconocido que las policías son bien evaluadas, que la ciudadanía confía en sus capacidades y que eso es una cualidad prácticamente única en todo América Latina. Pero la distribución de la confianza ciudadana sobre la policía está directamente relacionada con los niveles socioeconómicos de los territorios en los que habitan. Es decir, mientras más pobres los territorios peor la evaluación sobre el trabajo policial.

Los resultados de las encuestas comunales del 2016 muestran una situación especialmente grave. El porcentaje de población que evaluó mal y muy mal la capacidad para controlar el tráfico de drogas en la Región Metropolitana llegó al 53%, en las comunas de Estación Central 55%, en La Pintana 71%, en Las Condes 13% y en Lo Espejo 75%. La segregación es más que evidente.

El problema no solo es eficiencia sino trato. El porcentaje de población que evaluó mal y muy mal el trato y respeto por parte de la policía llegó al 26% en La Pintana y, en el otro extremo, al 5% en Las Condes. El problema es grave, ahí donde más se necesita una buena vinculación entre los ciudadanos y las policías, la percepción de mal trato es más grande.

La presencia policial es todavía un enigma. Debido a múltiples barreras es aún difícil conocer la dotación policial en cada territorio; sin embargo, la encuesta evidencia que mientras el 48% de los habitantes de Lo Espejo y el 59% de La Pintana consideran que la frecuencia de patrullaje en las calles es mala o muy mala; en Las Condes este grupo representa el 15%.

La información es clara, el problema de la vinculación policial con la ciudadanía tiene un claro rasgo de segregación socioterritorial. Situación que puede fortalecer un circulo vicioso marcado por percepción de inseguridad e impunidad. Posiblemente uno de los principales desafíos institucionales, especialmente de Carabineros por su trabajo preventivo, es enfrentar esta tendencia hacia la mala evaluación. Claro que la respuesta correcta se ubica en los lugares equivocados, pensar que tomando café en Starbucks solucionará algo es de una ingenuidad enorme. Tal vez se pensó únicamente en términos comunicacionales, pero tampoco la bienvenida al latte fue mayoritaria. Aprovechemos la necesidad de buena prensa y solicitemos una propuesta de trabajo policial con énfasis en los lugares más vulnerables del país. Reclamemos por un mejor trato y trabajo policial, pero empecemos por donde se requiere. Lo otro es una campaña de medios que poco y nada traerá de positivo más que reforzar la sensación que tenemos una policía de clase más que una institución preocupada por la seguridad de todos.