Hay gente que ha criticado mi innovadora, sofisticada, compleja, excéntrica y exquisita forma de escribir columnas. Esto es porque mi estilo sólo lo entienden algunas mentes privilegiadas o que consumen alguna sustancia ilegal (si no lo ha hecho aún, hágalo, es la raja. Mi primo la tiene a 5 lukas, paso el dato).

Gran parte de la gallá no valora a los nuevos talentos que surgen y fluyen desde las redes sociales porque han caído en el triste letargo en el que lo han sumergido los columnistas de siempre. Opinantes con plumas nacidas y/o adiestradas en dictadura; mansas, obedientes y al servicio de sus castas. Usando las mismas fórmulas de siempre, lo anestesian para que no sienta las “cosas” que el Gobierno le mete en el ojo.

Y para que entienda el punto he tomado algunas muestras de este variopinto conjunto de especímenes de los cuales pasaré a contarles lo que opino de ellos:

Carlos Peña:

El columnista ícono, el más influyente de este terruño. Nadie le discute a Peña. Cada semana todos le prenden velas a sus argumentos empapados de tecnicismos filosóficos, citas a maestros del pensamiento, reflexiones que mide con barómetro y con las que hace gárgaras pelando a la élite a la cual también pertenece. Cuando se le pone pesada la pista ocupa la vieja técnica de “si no puedes convencerlos, confúndelos” y los marea usando su vasta base de conocimientos. Como todo profe, el tipo piensa que todos son giles y que tiene que explicar con manzanitas sus opiniones. Pero ponga a vivir a Peña con 350 lukas mensuales, le aseguro que se olvidará de Kant, Sloterdijk, Heidegger y comenzará a citar a Pablo de Rokha, Silvio Rodríguez y al Divino Anticristo.

Héctor Soto:

Sus columnas son un panfleto piñufla de derecha, extensión de las conversaciones de su programa radial “Terapia  ̶F̶a̶c̶h̶e̶n̶s̶i̶s̶ Chilensis” en donde generalmente no habla de los temas peludos, salvo que éstos le otorguen algún beneficio político al gobierno o le permita darle en el suelo a la oposición (sobre todo ahora que está más cagada que palo de gallinero). Cero mención a los cagazos de Piñera, cero autocrítica; y si alguna vez critica a su sector termina su intervención con una respectiva justificacion. Como columnista es un muy buen crítico de cine.

Daniel Matamala:

Matamala es lo que Matías del Río siempre quiso ser. Es seco pero no es un columnista, es un poeta frustrado que creo, ni siquiera está enterado de que lo es. Puede escribir de cualquier cosa, pero a todo lo que escribe le dá un sentido épico, espiritual, trascendente y poético. Es un iluminado que pierde su tiempo escribiendo columnas para la élite efectista que valora poco o nada el arte de la palabra. Me gustaría más que mis hijos lo recordaran en un parnaso que leyendo lo que escribe para los pelmazos.

Alberto Mayol:

Es el Sheldon Cooper criollo de la sociología. Este máster, cuya meta es nada más ni nada menos que “crear un modelo teórico para analizar transformaciones de gran alcance” no se anda con chicas y naturalmente eso se desliza en sus columnas. Como sabe que su verdad es irrebatible y que son pocos los que están a su altura intelectual, no se desgasta escribiendo para sus lectores porque sabe que no lo entenderán. El se escribe a sí mismo, luego se lee y se reescribe hasta que alcanza el nirvana. El resultado es algo que solo él y algunos eruditos pueden entender, para el resto de los pergüetanos que con suerte alcanzamos el CI promedio solo leemos a un dogmático panfletario. El cable a tierra de Mayol es Patricio Navia, cuando Navia le critica algún libro él le responde con columnas escritas como un humano común y corriente.

Tere Marinovic:

Ella comienza con buenos argumentos pero por una extraña razón siempre termina con los enanitos escapados pa’l bosque. Le gusta la polémica, dejar la cuña ácida para que la plebe se enfurezca, le tire chuchadas y se entretenga acordándose de su madre. Entre puchos y destilados disfruta del papel de antiheroína y esa es precisamente la motivación que tiene para seguir su maquiavélica provocación en las redes sociales. Escribe columnas para poder expresarse con libertad y explorar su más ocultos instintos sin desperfilar en su rol de esposa sumisa, creyente devota y madre abnegada.     

Hermógenes Pérez de Arce:

Hermógenes tiene que ir a cambiarse de pantalones cada vez que escribe “Pinochet” o “pronunciamiento militar”. Para él ojalá “El Tata” estuviera vivo, ya que no permitiría esta orgía de pensamientos que han pervertido las mentes que con tanto esmero se forjaron por 17 años en el Gobierno Militar. La otrora masa crítica que aprobó su glorioso Golpe de Estado se ha vuelto traicionera y servil al poder económico; cual Judas ni se arrugan para negar a su salvador y su magnánima obra a cambio de una boletita falsa o alguna coimita.

Axel Kaiser:

Se me han humedecido los ojos leyendo a Kaiser, no porque me enternezca sino por empatía. Debe ser un infierno vivir en un mundo sin matices, en donde no existen los consensos ni las soluciones intermedias. El tipo separa el universo en dos partes: Marxismo y Neo Liberalismo. Este binarismo extremo debe ser asfixiante; y no me sorprendería que esté sufriendo de TOCs, pesadillas y crisis de pánico, existenciales y sexuales.

El Tío Mamo:

Este espécimen es lo peor de lo nuevo: Ha construido su fama denostando los valores por los que hemos luchado desde que volvió la democracia. No se arruga al tratarnos de flojos, ignorantes y pasados de rollo. Utiliza palabras rebuscadas, (seguramente sacadas de un diccionario online), para opacar y minimizar a sus lectores al punto que muchos creen que es ironía y terminan alabando sus columnas por que creen que lo dice en broma. Nada más lejos de su real intención que es validar los métodos de la dictadura, encumbrar la figura de Pinoshé, prender su parrilla, tomar copete gratis y comerse a la vieja.

Con estas muestras usted se hace una idea de las pomadas que le han estado vendiendo. Es por eso que he venido a salvar el arte del columnismo, a sacarlo de esta larga agonía con una propuesta nueva, diferente y real.

O pensándolo bien tal vez yo venga a ser su “epicrisis”; y el que tenga este espacio para escribirles da señas de que este género se está yendo al puto carajo.