Jorge Tarud y 20 mil huevones en Sydney

Para mí el 18 más emocionante que he vivido fue Sidney, Australia ,como embajador de Chile. Fui a una fonda invitado por la comunidad chilena en donde participaron 12 mil personas. Hicieron bailar a unos niñitos de 6, 7 y 8 años vestidos de huasos que habían nacido en Sidney, y francamente me emocioné hueón.

Además ese día inauguramos con una pantalla gigante la emisión directa desde Chile de Televisión Nacional. Yo trabajé dos años pa’ eso po. Trabajé, conseguí la cuestión y llegó la señal e inauguramos la fonda con una pantalla gigante. ¡Los chilenos vueltos locos po hueón! Eso fue en 1998, hace 20 años y no se me va a olvidar nunca porque te digo, ¿cuándo has visto tanto chileno en una sola fonda? Ni en Chile se recuerda haber visto tanta gente en un solo techo.

Gustavo Sanhueza (diputado) le teme a la cueca

Todos los años me toca bailar cueca en alguna actividad. Casi siempre me sacan primero, y siempre es alguien de un conjunto folklórico, y pa’ mí eso bien complicado. Clases he tomado todos los años pero hay cosas que Dios no nos dio no más po’, porque la cueca no es solamente saberse los pasos, sino que también tiene que tener una coordinación. La gente que tiene buen oído tiene facilidad pa’ bailar pero los que tenemos mal oído musical nos cuesta más.

Javier Macaya y el juez pasado a mierda

Yo me crié en una zona huasa, en Colchagua, ahí los 18 son los más memorables del sector central al menos de Chile. En mi casa hacíamos espacio pa’ todos los amigos de la universidad, unas 30 personas, para ir a la fonda de Santa Cruz.

A pesar de que la entrada costaba muy barata, tratábamos siempre de pasar medios colados a la fiesta. La fiesta se hacía alrededor de una media luna, entonces en uno de estos años nos metimos, nos colgamos en la gradería hacia abajo, el lugar estaba oscuro y uno de mis amigos, que hoy día es juez de la República -voy a omitir su nombre por razones obvias- cayó a un pozo profundo de guano y estiércol de caballo. Lo tuvimos que rescatar y como la fiesta era tan buena se quedó igual durante toda la fiesta, pasado a mierda. Fue una buena experiencia.

La fiesta costaba luca.

Pepe Auth y sus organilleros

Mira, mi mejor 18 no fue en Chile, sino en Estocolmo, donde yo era embajador. Mis primeras fiestas patrias como embajador fueron el 2001, yo decidí hacer una invitación abierta a los chilenos, al que quisiera ir, a los chilenos de las radios comunitarias y todo. Recuerdo que los secretarios de la embajada me decían, “pero embajador lo pueden insultar”. “Bueno y qué pasa si me insultan”, les dije.

Arrendé el local donde en el pasado se hacía la entrega del Nobel, que era un local antiguo muy bonito y tuvimos la extraordinaria suerte de que andaba por Europa un organillero. Estaba con su hijo y lo trajimos pa’ Estocolmo y lo hicimos debutar. Apagué la luz y todo, y de repente apareció el organillero. Hueón, la gente llorando porque en el exilio de Suecia la mayoría eran porteños, y no hay nada más chileno que esa cosa de dos tipos bailando y haciendo sonar sus tremendos tambores. Entre paréntesis, esos organilleros después se hicieron “la América” en Suecia, se ponían en cualquier esquina y agarraron fortuna hueón, la gente les daba plata como locos.

Nunca comí tanta empanada viejo ni bailé tanta cueca como en Suecia.

Karol Cariola y sus 100 cuecas

En mi primera campaña, el año 2013, pasé un 18 de septiembre que nunca voy a olvidar, porque tuve que bailar más de 100 cuecas. En todos lados tenía que bailar. ¡Terminé chata de bailar cueca! En cada inauguración de actos vecinales, en cada comuna, en cada lugar donde iba bailaba cueca, como todo el mundo me sacaba a bailar, llegué a pensar que era algo contra mí. ¿Habrá sido una tortura irónica? Incluso el Daniel Jadue tuvo que hacer un curso express de cueca para bailar conmigo, porque además hicimos esquinazos en varios lugares de la comuna.

Al año siguiente le hice el quite, pero he vuelto a tomarle cariño poco a poco. ¿Si este 18 andaré con la cueca? Sí, pero nunca más bailo 100.

Maite Orsini

Siempre me dio mucha risa la cueca de Lagos Weber.O al menos hasta que en campaña me sacaron a bailar y descubrí que, en cuanto a cueca, él y yo éramos del mismo equipo. Ahora que me lo topo en el Congreso me cae mejor, porque la cueca no es fácil, y siempre será mucho más fácil bailar como Lagos Weber que como Michelle Bachelet, por ejemplo. De todos modos este año quiero liberarme de la maldición, así que estoy estudiando a la Presidenta Bachelet y a Giorgio que dominan la cueca de manera impresionante.