“El número 18 es una membrana. Se llama el umbral de la noche oscura del alma, y refleja la suma de 6+6+6. O sea, es un número heavy. Cada una de las cifras que está ahí simboliza lo imperfecto, lo atemporal.

Cómo esos tres 6 suman 18, eso refleja al ser humano en su estado de angustia, en su estado de dolor, en su estado de cómo el ser humano tiene que enfrentar su miseria para ser feliz. Todos para ser felices necesitamos cruzar el umbral del dolor. La felicidad es imposible sin el dolor.

Por eso es que el número 18 también simboliza el momento del parto. Cuando nace uno provoca dolor, hace una ruptura, genera una incomodidad, provoca un desgarro. Entonces el número 18 es el simbolismo de la madre que sufre por el momento de parir.

Esto se refleja en que hemos visto durante este año a madres que han tenido que asumir el costo de que sus hijos desaparezcan, mueran, sean violados, supliquen por la libertad de su hijo cuando fue injustamente detenido, en fin.

Entonces el número 18 simboliza eso: el dolor que es parte del proceso de lo inevitable. Separarse de algo implica movimiento. Si tú para ser feliz necesitas viajar, ese momento de tránsito provoca una separación y la separación para algo nuevo es un nacimiento que provoca un desgarro.

En sí, el simbolismo del número está reflejado por ese proceso de dolor, angustia, desgarro e incluso de pena. El desafío está en cómo lograr avanzar en medio de todos nuestros miedos. Tiene que ver con el atrevimiento, también: enfrentar la vida entendiendo que no es lo que te pasa lo que te tiene mal, sino cómo enfrentas eso que te pasa.

Por lo general enfrentamos todo de mala forma. Por eso al ser humano por naturaleza le cuesta dar el paso para ser feliz, porque el costo de enfrentar ese proceso es identificar cómo precisamente lo hago. O sea, si logro dar el paso para atreverme a enfrentar lo que me pasa y lo enfrento como corresponde, seguro voy a lograr mi objetivo.


Chile, Kurt Cobain, Amy Winehouse y Jim Morrison

Que la celebración de Chile sea un día 18 es justamente porque el país ha tenido que enfrentar su vida e historia a partir de sus dolores, de sus desgarros, del proceso natural de tener que crecer.

El número de Chile es el 27: está en el mes 9 y uno tiene que ir sumando los otros 18, y eso da 27. Ese número en sí es la sumatoria de tres 9. Este número, que extrañamente representa a Chile, es el número de la muerte intoxicada: Kurt Cobain, Amy Winehouse, Jim Morrison, todos murieron a esa edad así.

Es donde el ser humano llega a tener que dar el paso para cruzar a la adultez. De ahí en adelante viene la madurez. Por eso la gente se equivoca cuando le pide al otro que sea maduro, sin que haya crecido primero. Primero hay que crecer, después hay que madurar. El umbral del crecimiento está a los 27, y ahí viene el colapso. Todos viven ese colapso.

Que Chile esté en ese período habla también de que es un país que ha sabido enfrentar sus dolores, que se ha forjado en virtud de sus dolores y tragedias, de sus angustias. Que ha sabido salir adelante. Y se cumple: un día hay terremoto y al otro ya están todos trabajando. Hubo períodos muy dolorosos en Chile, una resistencia, una guerra por años. Chile siempre ha sabido salir adelante en virtud de esos desafíos.

El 20, que es el otro número de 2018 es la liberación del karma, entonces hoy día se están liberando todos los procesos karmáticos de este país y en el mundo entero.

Por eso salió toda esta cuestión de los abusos, el movimiento feminista y todo eso, porque había una necesidad de expresarse. Ahí vienen corrientes también que son demasiado radicales.

Ya viene el número 19, que es el despertar a un nuevo amanecer y eso implica que viene la cosa más sana, más saludable. Implica, en simple, que la comida está más sabrosa.

Hoy estamos cruzando la noche, en donde cada uno ve cómo la enfrenta: con miedo, con angustia, inseguridad. Y eso implica todo lo que pasa a oscuras, todo lo que pasa en medio de la noche. Hoy todos andan angustiados, con miedo, alterados, es parte de la sensibilidad del número. El número 18 es también muy sensible.

Ser independiente no es el objetivo del ser humano, el objetivo es convertirse en individuo. Es decir, hacerse cargo de todo su proceso para poder ser feliz. En este proceso está viendo cómo deja de ser “hijo” para convertirse en individuo. ¿Cuándo una persona es hijo? Cuando el jefe lo llama y va camino de la misma manera que fuera el papá o la mamá, con ese mismo miedo: “¿Y si me reta?”, “¿Y si me encuentra malo el trabajo?”. Lo mismo pasa con la pareja: “Si le digo esto, se va a enojar…” y no, no es tu papá como para que tengas ese miedo.

Cuando te dejas consumir por el miedo, es que no has crecido o desarrollado lo suficiente. En este período estamos en esa etapa. Hay que crecer, hay que madurar, y hay que desarrollarse. Y en la medida que crucemos esas etapas, vamos a estar en la cúspide.