El célebre guionista de cómics belga Jean van Hamme vuelve a las viñetas con “Kivu”, una historia sobre la violencia sexual en la República Democrática del Congo (RDC) en la que subyace un relato de generosidad y resiliencia a través de la vida de dos médicos que combaten la brutalidad a golpe de bisturí.

Conocido por títulos como “Thorgal” o “Largo Winch”, Van Hamme construye una ficción de aventuras para narrar la historia de dos testigos directos del conflicto derivado de la explotación de minerales como el coltán en RDC.

El argumento, que se apoya en el realismo gráfico del ilustrador Christophe Simon, narra las vivencias dos doctores especializados en víctimas de violaciones en grupo por bandas armadas: el cirujano belga Guy-Bernard Cadière y el ginecólogo y activista congoleño Denis Mukwege, fundador en 1992 del célebre hospital de Panzi y galardonado con el Premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2014.

Gracias a la información de periodistas en el terreno, Van Hamme y Simon ofrecen una nueva aportación al noveno arte belga a través del joven personaje de ficción François Daans, trabajador de una metalúrgica que lo envía a la región congoleña de Kivu para encontrar a un sustituto al anterior director de producción, muerto “durante el ejercicio de sus funciones”.

No obstante, una vez allí descubre que a quien necesita es a un intermediario entre la multinacional y las bandas armadas que aterrorizan a la población.

“Es un mensaje de violencia destinado a contar lo que pasa en Kivu, las violaciones, las mutilaciones y las matanzas”, sobre “una situación terrorífica que el Gobierno no hace nada para frenar” , asegura Van Hamme en una entrevista con Efe.

El motivo responde a transmitir “la angustia y el sufrimiento” de la población, pero “también la indignación y la furia, con el objetivo de que el lector tome conciencia de todo lo que ocurre allí”, sentencia Simon, quien viajó al terreno con el doctor Cadière para tener acceso a las salas de operación de Panzi.

“Acabé totalmente traumatizado, pero me permitió trasladar la situación a la viñeta. Como había muchísima violencia que claramente no podíamos representar, me vi forzado a narrar ese padecimiento a través de la expresión de los rostros y los personajes”.

“Fue realmente descorazonador cruzar miradas con aquellas mujeres, ver a los niños resultado de violaciones abandonados, la angustia permanente de estar siempre escoltados por la Monusco, escuchar los disparos de los Kalashnikov… Y ver al mismo tiempo, el sufrimiento extremo de esas mujeres cuando llegan al hospital, y cómo vuelven a la vida”, relata.

La labor en el hospital es ardua, larga y compleja, y Cadière puede llegar a operar a unas 60 mujeres a lo largo de cada misión, en un lugar donde “las violaciones, de una violencia extrema, son utilizadas como estrategia de guerra”.

Tampoco ayuda la inseguridad que rodea a Panzi, donde Mukwege vive prácticamente atrincherado tras varios ataques que buscan amedrentarle para que cese su actividad en Kivu, que asistió a la llegada masiva de militares hutus tras el genocidio de Ruanda de 1994, ahora reconstituidos como bandas armadas.

“Una vez que se encuentra un yacimiento, hay empresas que pagan a un intermediario que se encarga de que milicias locales arrasen las aldeas adyacentes para echar o esclavizar a la población, para así extraer y huir con los minerales a países como Uganda o Sudáfrica”, resume Cadière.

El doctor, cuya familia al completo trabaja con él en el hospital, denuncia que esas bandas son “sólo un instrumento”.

“En el otro lado de la cadena de mando están multinacionales como Apple”, que incorporan el coltán en sus aparatos electrónicos, y “a nadie le interesa cambiar esta situación, todos se quedan con un trozo del pastel”, señala.

Para Cadière, “Kivu” consigue reflejar un cuadro de una situación “que roza el surrealismo, porque no hay ninguna justicia, ninguna organización, sólo impunidad”, por lo que espera que dé visibilidad al conflicto y contribuya a la protección del doctor Mukwege.

“Para mí es normal ir a Panzi, soy humano, no puedo ignorar una situación semejante, especialmente teniendo la habilidad de reparar a estas mujeres. Este es mi trabajo, y es mi decisión de vida”, concluye el doctor.