Este próximo sábado 6 de octubre, Don Carter llevará al Teatro Oriente su nuevo show solitario “De motel en motel”, un espectáculo que aborda parte de la historia del personaje mezclado con lo mejor de sus chistes sin censura.

“¿Quién no ha ido a un motel? Esta idea se combina con los chistes. Y los chistes por supuesto, de alto calibre, porque Don Carter es cochinon”, cuenta Juan Alcayaga sobre su show en solitario.

Tu personaje es un emblema del humor sin censura. ¿En el algún punto te ha afectado el movimiento feminista?
-Sí, porque de un tiempo a esta parte las epidermis se pusieron demasiado delicadas. Por eso al inicio de un show parto dando una explicación diciendo que aquí nos vamos a reír todos porque somos adultos. Evito que mis shows sean para niños. Siempre consulto muy bien eso. Y lo otro: no hago chistes ni políticos, ni me río de la gente, sino que con la gente. Eso lo tengo bien claro. Ahora bien, la mayoría de mis chistes son machistas: tengo chistes repencas, entonces trato de, cuando son demasiado machistas, equilibrarlos un poco. O sea, siempre hablo de que los hombres salen perjudicados. No es solamente una mina rica o utilitaria, o situaciones de matrimonio.

¿Crees que la gente se puso más grave?
-En los show privados que tengo la gente que asiste sabe a lo que va, conoce mi humor. Me va a ver a mí, por lo tanto sabe, acepta y sobre todo, espera lo que hago. En cambio cuando voy a un festival, ahí hay todo tipo de gente, en esos lugares hay que tener mucho ojo, mucho cuidado.

Aunque honestamente yo no he tenido tantos problemas con las feministas. Donde me he preocupado y trato de no referirme a eso en mi humor, es el tema de la homosexualidad, que antes era tan festinada y malamente manoseada. Ahí yo también estoy de acuerdo con que eso es muy denigrante. Evito esos chistes y solamente dejo los que son simpáticos. Los que no destruyen. La homosexualidad es el tema más cototo en este minuto.

¿Haces un mea culpa con los chistes de ese calibre?
-Chistes siempre han habido: o sea en un lugar yo puedo decir que “era alguien muy delicado”, en otro “muy fino”, en otro “maricón”, en otro “maraco”, en otro “gay”. Depende cómo lo digas también. Hay chistes muy buenos y eso también se lo explico al público. También hay chistes de negros: pero ahora los dices y te tildan de xenófobo, de racista, pero hay chistes de negros rebuenos. Ahí, si me permiten, tiro uno. Pero tampoco abuso del recurso. Trato de no caer en eso de buscar la risa fácil. Por ejemplo en Viña, yo me di cuenta que durante los últimos festivales el aplauso fácil era con el hijo de Bachelet, el guatón Dávalos, todos le disparaban a él. Y fue mucho. Eso yo no lo hago. No indico al público a quién hay que darle.

Entonces, ¿cuáles son tus límites en el humor?
-Mis límites son no ofender a nadie, no abusar tanto del garabato. Es que los chilenos somos garabateros, es cosa que te subas al metro y escuches cualquier conversación de hombres o mujeres. Ahora las mujeres son tan garabateras como los hombres, ellas mismas se tratan de minas. Entonces el concepto de mina que tenía yo antes era la media putita, la que tenían los argentinos. Ahora no, una mina es una mujer más. En los garabatos, voy viendo. Evalúo de acuerdo al show.

Recién me decías que los chistes de Don Carter son bien machistas. Llevando el machismo a la vida real, ¿cómo funcionan los roles dentro de tu casa?
-Don Carter es una caricatura, un personaje y desde ahí, yo que lo interpreto, Juan Alcayaga, me he valido. Pero yo no tengo nada que ver con él. Don Carter tiene una historia distinta a la mía: está casado, es el único personaje realista de El Mundo del Profesor Rossa, siempre andaba siempre al tres y al cuatro, le gustan las minas, los cafés con pierna, le pasa viagra al profesor Rossa. Este es un mundo machista que no es llevado al extremo, porque igual Don Carter es cariñoso con la Conchita. Es ella la que lo manda a la cresta.

Ya, pero llevado a la vida y obra de Juan Alcayaga
-Juan Alcayaga es un hombre tremendamente pro femenino, que ayuda mucho en la casa. Yo no tengo ningún problema con lavar, planchar, hacer almuerzo, cocinar. Si hay que pasear a los niños, mudar guaguas, soy tremendamente colaborador y eso me encanta de los cabros de ahora. Yo cuando era chico no veía a papás que anduvieran con la guagua o llevándola al jardín, eso era tarea de la mamá. Ahora veo cabros jóvenes, con bolsos caminando, con mamaderas, cosa que yo también viví. A mí me gusta que sea así. No creo ser machista, al contrario. Ese catálogo de dueño de casa mandón, medio violento como se tilda a los hombres, está muy mal puesto. Uno, en el fondo, siempre hace lo que quiere la mujer.

¿Pero cómo observas este movimiento?
-Mira yo creo que en Chile somos como temporeros. En este minuto les dio con los abusos. Quizás aparezcan un par de casos más, y estoy en absoluto acuerdo que las mujeres que han sido violentadas o han sido atropelladas en sus derechos hagan las denuncias. Lamentablemente se están haciendo tarde y por lo tanto muchas prescriben algunos delitos. Encuentro que nadie merece ese tipo de vejámenes. Pero, como decía, Chile es un país de modas. ¿Te acuerdas del axé? Todo era axé y ahora nadie se acuerda del axé. Después vino el ‘Despacito’, puro sonaba ‘Despacito’ y ahora nadie la toca. Lo mismo el reggaetón y así pasan los temas también. Yo creo que de aquí a fin de año nadie va a hablar de los escándalos de los curas. Ya va a ser tan normal, que va a pasar a ser uno más. Antes, se daban los resultados del Loto y uno esperaba los resultados en las noticias. Ahora nadie se preocupa de darlas. Es así es como hemos ido cambiando. Así son las modas que traemos de afuera. Ahora, en el caso de las denuncias, estoy de acuerdo.

¿Sientes que es algo pasajero o algo que va a transformar a la sociedad?
-Sí, fijate. Esto va a dejar de ser noticia y va ser normalizado: tu sabes que no puedes pasar una luz roja, pero todavía hay gente que la pasa. El gallo que la pasa es condenable, pero todo el mundo sabe las reglas del juego. El tipo que quiera violentar a un niño o una mujer ahora, lo tiene que pensar muy requeterecontra bien.

POLÍTICOS DE FUSTE

Hay varios colegas tuyos que han visto en la política un camino ya sea como concejales, alcaldes o candidatos a diputados. ¿Tienes alguna aspiración política?
-No, para nada. Yo estudié teatro en la Chile en el año 70′ y picaba la jaiba en esa época. Me pilló el golpe en la escuela, fue bien trágico para nosotros. En ese tiempo me interesó mucho la política y la política republicana que había hasta ese minuto. Después vino el NO y me entusiasmé un poco de nuevo. Pero con el tiempo me he decepcionado tanto, tanto, que sacarse la cresta por gente que no se lo merece, no me interesa. Me interesan los temas, tengo mi punto de vista, pero no me involucraría. Me llamaron para concejal y me querían por los votos. No acepté eso.

Chuta, ¿y qué partido te llamó?
-No, no te quiero decir. Pero no tiene ninguna trascendencia ahora. Y después en ese partido aparecieron muchos artistas y futbolistas. Parece que andaban buscando votos más que gente que valiera la pena. Y no es mi caso, para mí la política tampoco es eso.

¿Hay algún político que hoy te convoque, independiente de su partido?
-Hay un personaje que yo encuentro genial, como para hacer una imitación de él. Es muy simpático y absolutamente contrario a mis ideas, ese es Carlos Larraín. Esa forma ahuasada que tiene, me cago de la risa con el tipo. El otro gallo que me gusta por lo mismo, es el Manuel José Ossandón. Me recuerda un poco al Fra Fra. Está listo siempre para pegar el cabezazo. Tira mierda para todos lados. Pero no hay alguien que me convoque como los políticos de antaño que tu veías que improvisaban un discurso y te dejaban para adentro.

¿Cómo cuáles?
-Cualquier discurso de Radomiro Tomic, discursos de Salvador Allende, de la Negra Lazo. Gente peleadora, políticos de fuste, realmente inspiradores. Hasta el año 70 la política era de otra calaña. Nada que ver con los de ahora. Menos pensar la corrupción a la que se ha llegado.