“La salud mental es un problema de Chile, no de un ministerio ni de un gobierno. No ha habido un acuerdo social amplio del mundo político para aceptar que es un tema relevante, porque la definición de las políticas públicas de nuestro país los últimos 20 años han sido bastante buenas desde el punto de vista técnico, pero no hemos sabido abordarlas integralmente y tomar en serio la batalla que hay que dar por la salud mental”, dice enfático el psiquiatra Álvaro Jeria, quien señala que no se necesita de grandes hospitales siquiátricos sino de muy buenas unidades de siquiatría, que cuenten con una red de apoyo del estilo que ha implementado el Hogar de Cristo, a través de la fundación Rostros Nuevos.

“Uno de nuestros principales derivadores de pacientes en el servicio de salud oriente es la residencia protegida de Rostros Nuevos y nosotros, como trabajadores de un hospital público, sentimos de su parte un gran apoyo, pero lamentablemente no hay muchas instituciones que unan el mundo privado, público y de organizaciones no gubernamentales, como hace el Hogar de Cristo, que es la forma en que están trabajando en los países desarrollados”.

En nuestro país, la principal causa de licencias médicas son las patologías mentales y se estima que uno de cada cinco chilenos verá afectada de alguna manera su salud mental en el futuro. Según el especialista, no sólo existe un gran estigma social por esta enfermedad sino que además se sufre de una discriminación estructural.

“Es un concepto que refiere a cómo los sistemas de salud discriminan a los pacientes con estas enfermedades. En Chile la primera discriminación que observas afecta a entre un 15 a 20 por ciento de la población beneficiaria de isapres, aquí la salud mental prácticamente no tiene cobertura, salvo aquellas enfermedades que son parte del AUGE.

Es una discriminación estructural que la salud mental no tenga cobertura en los seguros de salud privados”, precisa.

-¿Hay mejor cobertura en la salud pública?
-“Si tienes una enfermedad mental, es mejor estar en Fonasa que en isapres. Pero claramente tenemos una brecha también en el mundo público, la salud mental recibe menos del 3% del presupuesto, siendo que la meta que el país se puso en el Plan Nacional de Salud Mental del año 2001 era llegar a un 10%. Para qué hablar del mundo laboral, que castiga severamente a las personas con estas patologías, y a nivel institucional no estamos otorgando como país la cantidad de recursos que necesitamos para enfrentar el problema de la salud mental en Chile”.

-La Encuesta Nacional de Salud de 2017 arrojó por primera vez resultados en cuanto a la salud mental, incorporando 30 preguntas sobre síntomas depresivos. La prevalencia de depresión en Chile es de un 6,2% a nivel nacional, ¿qué le parece?
-Es una barbaridad. En general, la estadística mundial refiere entre un 1 y un 2% y en países con más carga la cifra figura en torno a un 5%. Nosotros estamos sobre ese porcentaje. Es muy preocupante. Hay mucha dificultad en el acceso a atenciones de salud. En el mundo público no es que no tengamos la posibilidad de acceso sino que las personas no consultan o no son derivadas. Los más vulnerables de los vulnerables, como es la gente que está en situación de calle, sufre doble exclusión, porque no está visibilizada para el sistema sanitario, ahí tenemos un tremendo desafío”.

El doctor Jeria cuenta que existen experiencias interesantes en países como Inglaterra y Canadá, que han logrado mejorar los estándares gracias a un enfoque interministerial, donde existen consejos nacionales de salud mental formados por varios ministerios: salud, justicia, vivienda, educación, trabajo y desarrollo social. Esto ha logrado ir disminuyendo el estigma y la discriminación.

“Sabemos que los problemas de salud mental se relacionan con la pobreza, con la falta de vivienda, con el trabajo, con la educación. Pretender que esto se arregle con más médicos y más remedios, es una falacia. Es imposible, se requiere de una estrategia interministerial e integral. También, mayor conciencia social. Por ejemplo, en Inglaterra se trabaja codo a codo con las hospederías buscando integrar a la gente más marginada de la sociedad. Hacen un gran esfuerzo por rescatarlos y traerlos al sistema”.

LA INFANCIA ES EL PRIMER PREDICTOR

Álvaro Jeria señala que uno de los principales predictores del desarrollo de enfermedades siquiátricas a lo largo de la vida es la salud mental en la primera infancia. Influyen en esta etapa la salud de la madre, a quien a través de programas debería pesquisársele a tiempo si sufre de angustia, depresión o ansiedad para lograr intervenir en ella y generar un impacto favorable.

“La segunda es lo que denominamos como experiencias vitales adversas en la infancia, donde el abuso sexual y la violencia física son lejos lo más terrible. Los estudios señalan que estos niños tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedad siquiátrica en la vida adulta, pero no sólo eso, tienen más riesgos de infartos, de obesidad, de tener una difícil calidad de vida. Cuidar entonces a los niños es una tarea clave”.

-¿Por qué han aumentado en nuestro país las enfermedades mentales?
-Chile está viviendo una transición epidemiológica, lo que significa que estamos pasando de tener los problemas propios de un país subdesarrollado a tener los de un país desarrollado, con más carga de enfermedades como el cáncer, los infartos y las enfermedades mentales. A medida que nuestra población envejece, vamos a tener más de estas enfermedades que tienden a debutar entre la segunda y tercera década de la vida. No es ninguna sorpresa, hace 20 años que sabíamos que esto iba a pasar y como país no hemos hecho nada para prepararnos aunque todavía estamos a tiempo de tomar esto en serio: aumentar la inversión y el gasto público. La salud mental es responsabilidad de todos”.

Agrega que todas las personas que padecen enfermedades mentales graves, sólo un 20% accede a tratamiento. “Esta cifra es peor en el mundo de la salud privada. En Chile tenemos un Plan Nacional de Prevención del Suicidio sin presupuesto; sencillamente el programa depende de la buena voluntad de las subsecretarías de salud de las distintas regiones”.

Finalmente, el especialista hace una autocrítica. “¿Sabes por qué tengo twitter? Porque los psiquiatras hemos sido cómplices pasivos respecto a la ignorancia que existe sobre la salud mental, hemos sido muy temerosos para hablar estos temas. Los psiquiatras, psicólogos, terapeutas ocupacionales y todos los que trabajamos en equipo tenemos la responsabilidad de comunicar y de educar. Sueño con un país en que tengamos módulos o espacios de salud mental en los colegios, no sólo para hablarles de las enfermedades sino también de prevención: enseñarles a cuidarse del estrés, por ejemplo. La solución, a mi juicio, parte por crear una institucionalidad bien fuerte en este aspecto, con participación del mundo privado y público y ojalá un acuerdo social amplio. Además, se necesitan estrategias eficientes para educar a la población general”.