“Había una vez un calcetín. Un día salió a la calle y se lo pusieron”.
Escuchado en la quinta de recreo “El negro bueno”.

Que el humor es un asunto muy serio es el cliché que usan los humoristas cada vez que tienen que hablar sobre su oficio. Yo no soy humorista, pero sí soy un tipo serio y correcto.

Se dice que los seres humanos tenemos un ángel bueno y un ángel malo. Yo sostengo que en el caso de los chilenos tenemos un tercer espíritu celeste: El ángel del hueveo (dispénseme el francés) ¿O acaso conoce usted algún chileno que no sea bueno pa la talla? Ahora, si usted sabe de alguno no se haga problema: Cómprele una caja de vino y verá cómo lo hace reír a carcajadas. Ventajas de ser un país productor de mostos.

El humor ofensivo viene desde tiempos inmemoriales (así es que no le echen la culpa de esto al Gobierno Militar de transición, zurdos imberbes), y a duras penas ha seguido hasta hoy. Programas con un humor inteligente y sesudo como Morandé con Compañía se mantienen como un baluarte de este género, con personajes tan memorables como Tony Esbelt, Che Copete, Willy Sabor y el infaltable ramillete de “Chicas Morandé” ataviadas siempre de manera tan sofisticada. También cabe mencionar el espacio “Viernes sin censura” del programa Mentiras Verdaderas, una especie de versión pobre del programa del Kike, pero con mucho talento (¿Viste Larry Moe? con un puro párrafo te saco a pasear).

En síntesis, digamos que el “humor de la cintura para abajo” está más cerca de morir que la señora Lucía (ese chiste me lo sopló la Ale Matus), y por lo tanto se hace preciso darle cristiana sepultura; y es bueno que se haga precisamente aquí, desde este diario, el cual desde sus orígenes ha sido un medio de comunicación anti-machista y contrario a las burlas de la mujer, según me enteré en una conversación con la diputada Daniela Ricardini, perdón, Cicardini.

Estimados sobrinos: jubilemos el chiste de los bigotes de la suegra, no más reírse de que la vecina es más fea que mongolito chupando limón, que el hijo del dueño de la botillería es más tonto que un gallego o que tenemos un primo colipato. Ya basta de burlarse del tío churejon, la tía casquivana o el sobrino espinilludo. Ni pensar en decirle “Parece que el finao era más flaco” a un guatón con ropa ajustada que viene saliendo de una sanguchería. El humor ofensivo está en franca retirada porque Chile cambió. Y Chile cambió porque los colipatos se pusieron densos.
(Como anécdota, venía reflexionando sobre estas cosas con la mirada perdida por las calles de Providencia cuando de repente me tropecé con un cieguito: “Discúlpeme, no lo vi” le dije sin mala intención, lo juro. Menos mal no me miró feo).

Hoy por hoy Hermógenes con Hache es menos gracioso que Hermógenes Perez de Arce, Daniel Farcas hace mejor el ridículo que Daniel Vilches. Fernando Villegas da más risa que Felo y el Primer Mandatario resulta ser más Malo que el icónico personaje del actor Juan Herrera.

¿Y de qué nos podemos reír ahora? se pregunta el chileno de a pie con bajo coeficiente intelectual. Pues, muy sencillo: Volvamos al humor político, por ejemplo: riámonos de las pymes que inventó el ministro Larraín para agenciarse 20 palitos verdes, o de que el primer mandatario Piñera le muestra a Trump el meme donde salen las dos banderas (¿ya salieron los zurdos amargados diciendo que hasta eso se roba Piñera?), hasta nos podemos reír de esos hombres que piropean las fotos de la Daniella Chavez y cuya biografía de su red social dice “Lo doy todo por mis hijas y mi familia”. Pero no nos burlemos más de la Luli por favor ¡Siiii Yerko, a ti te hablo..!

Y es que los tontos graves no se acaban nunca, al igual que los tontos vivarachos que están en el poder. De esos pendejos hay que preocuparse, no de los pendejos de la Javiera Blanco ¿Se acuerdan que una vez un diario publicó una portada burlándose de esa pobre mujer? Menos mal que Chile cambió y esa ofensa le fue resarcida con un más que merecido puesto en el Consejo de Defensa del Estado.

Espero que esta columna haya sido de vuestro agrado (en realidad con que hayan tenido la capacidad de leer hasta acá me conformo), ahora me voy caminando a tomar la micro al paradero, confiando en Dios que esté el “Cirilo”, un haitiano que vende Super 8.