El 7 de mayo del 2016, según los querellantes, Francisco Arzola habría cometido la primera tortura que le valió una denuncia al Ministerio Público, y que lo dejaría en prisión preventiva casi un año después. La víctima fue Wilson Romero:

Wilson Romero, 53 años, comerciante ambulante.

¿No te molesta que fume, cierto? Al suboficial Arzola lo vine a conocer por ahí por el 2013. Yo encuentro que ese gallo no es una persona normal, lo encuentro como medio psicópata. Si lo que me hizo a mí no tiene ni pies ni cabeza, po… a mí me torturó.

Esto fue el 2016. Yo ya estaba aburrido de que el compadre me llevara y de ser caballero con él. Porque, mal que mal, yo soy comerciante ambulante, pero siempre he sido respetuoso. Entonces, ese día me tomó detenido y yo me arranqué.

Después, volví a trabajar y me estaba esperando. Me agarró y me llevó arrastrando al piquete. Ahí había otros dos carabineros. Lo primero que hizo fue pegarme dos palos en el pecho, y se sacó la pistola y mientras me apuntaba y me pegó en la cara. Me dejó el ojo en tinta y dos costillas fracturadas. Después yo le tomé la mano y me puso la pistola en el cuello. Me tiró al suelo, me puso un bastón en el pecho y se subió arriba mío y me estranguló. Después me puso de nuevo la pistola y me dijo yo soy El Nazi, conchetumadre, arráncate de nuevo, porque ahora te voy a matar. Y disparó, pero el revólver no tenía balas.

Posteriormente a eso yo traté de liberarme y me pesca el otro carabinero. Ahí El Nazi se calmó y se fue para el volante del vehículo. Yo busqué al teniente, y le dije, teniente, ¿usted por qué, estando a cargo, no paró a este gallo? Me dijo tú sabís que este huevón es loco, si seguís hueviando te va a matar.

Yo he tratado de olvidarme de todo esto, amigo. Porque fue un cambio en mi vida muy grande.

En resumidas cuentas, el huevón casi me masacró, ¿cachái?, yo ahora no me junto con nadie, ni siquiera voy a ver a mi familia, lo único que hago es trabajar, irme pa’ la casa y comprarme mis cervezas, ahora soy alcohólico, pero en las noches tomo, nomás, porque en el día ando normal, es que me da miedo quedarme dormido, casi siempre sueño con los pacos. Porque cuando el gallo me puso la pistola en la cabeza y me disparó sin balas, fue como recibir un balazo.

Francisco Arzola, 51 años, Suboficial Mayor de Carabineros.

Nací el 67, mi infancia fue sacrificada, pero bonita dentro de las limitaciones y los años. Yo era feliz jugando con un neumático y un palito. Fui criado hasta los dieciocho años en el campo, cerca de Fresia.

Mi familia es humilde, pero con el sacrificio de los años mis viejos han logrado crecer. Mi viejo es agricultor y mi viejita es dueña de casa.

Somos seis hermanos, yo soy el quinto. Viajábamos kilómetros, a veces caminando y a veces en caballo, que era el medio de movilización que teníamos. Nuestro colegio estaba a siete kilómetros y había un caballo para cuatro hermanos.

Estaba haciendo el cuarto medio en Puerto Varas cuando postulé para entrar a Carabineros. Ppoco tiempo después, me llamaron.

Principalmente me metí a Carabineros porque no había recursos para que todos estudiáramos, y ya tenía a algunos hermanos estudiando. La poca posibilidad de que mi papá costeara los estudios de todos sus hijos me hizo tomar la responsabilidad de fijar mi propio rumbo.

Yo veía bonita la institución, el hecho de que usaran uniforme, que hicieran cosas por la gente, me dijeron que iba a jubilar joven, que iba a tener un sueldo seguro y que sólo tenía que cumplir con esto y esto. Ser carabinero fue lo que encontré más a mano para independizarme y ser un apoyo y no una carga.

Ahí postulé a hacer el curso en Puerto Montt, pero quedé en Temuco. Así que me fui para allá a ser carabinero.

Ser carabinero

Francisco Arzola tuvo una ejemplar carrera en Carabineros- Fueron 31 años de servicio con el número 1 de mérito y sin ninguna sanción institucional hasta el momento en que se realizaron las denuncias por tortura. Fue trasladado por varias ciudades y pueblos del sur, incluyendo Chiloé y Puerto Montt, hasta que el 2010 llegó a Santiago para entrar a la Escuela de Suboficiales. Terminó sus estudios y después de un tiempo fue designado a la 21 Comisaría de Estación Central. El 7 de mayo del 2017, según los querellantes Cristina Cabezas y Giovanni Zúñiga, habría realizado dos torturas dentro del bus institucional que manejaba, y habría ordenado al cabo Rodrigo Muñoz que también lo hiciera. Muñoz fue el segundo del grupo en ser formalizado.

Cristina Cabezas, 53 años, comerciante ambulante.

Él se decía así: yo soy El Nazi, concha de tu madre, porque así de vulgar es. Yo creo que le decían así por su actitud hacia la gente, el odio hacia el comerciante. Lacras, inservibles, así nos decía, siempre era humillar a la gente y tratarla horrible.

Todo el mundo le tenía miedo, gritaban ¡El Nazi!, y todos arrancaban. Le tenían terror.

Ese día yo estaba trabajando al frente del McDonald’s cuando se formó la trifulca. Ahí me sorprendió el cabo Muñoz, quise arrancar, pero no alcancé a tomar mi bolso. Y hice algo que todos los comerciantes hacemos: te quitan la mercadería y nosotros la luchamos hasta romper el bolso para que caigan las cosas al suelo, porque ellos no las recogen. Y cuando yo rompí el bolso, él llamó a los polis.

Cuando te llevan, todos están acostumbrados a un charchazo o a que te traten mal, pero nadie vio que él venía manejando el bus, nadie se imaginó que me iban a pegar.

Me subieron y él se pasó del asiento del chofer para atrás y me dijo, con estas palabras: hasta acá llegaste, maraca conchetumadre, ándate pa’l fondo. Él cerró la puerta y quedamos nosotros dos solos en el piquete. Ahí me pescó y me lanzó con una fuerza bárbara al fondo del bus, me tiró al asiento y empezó a ahorcarme, me tomó del pelo y me arrastró, me pegó combos. Todos en la cabeza. No sé cuánto habrá durado. Para mí fue una eternidad. Sólo paró porque afuera estaban tocando la puerta, que se abre sólo por dentro.

En ese momento subieron otros carabineros, yo estaba toda golpeada y nadie dijo nada. Si con él nadie se metía. Ahí también subieron a Giovanni con su señora y él me dijo qué te pasó, porque él me vio con todos los pelos desordenados. Yo le conté que me había pegado, y él lo único que le dijo: ¿por qué le pega, si es mujer? Y ahí mandó al cabo Muñoz a que le pegara a Giovanni. Nosotros dos lo denunciamos al día siguiente.

Yo igual he tratado de olvidar todo porque es fuerte, po, si yo en un momento pensé que me iba a matar. Se me vino a la mente mi hijo, mi hija, pensé que nunca más los iba a ver.

Francisco Arzola, 51 años, Suboficial Mayor de Carabineros.

Mis papás me decían Javier y algunas personas me dicen Francisco, pero en la institución te llaman por tu apellido. Ahí me llaman Arzola.

Estuve seis meses en el curso y cuando salí me asignaron en Temuco. Los primeros años en la institución fueron difíciles, había mucho trabajo, la exigencia, las jornadas agotadoras y el riesgo que significaba salir a la calle me marcó.

Después volví a Puerto Montt. Estaba de servicio ahí el 2008 cuando pasó el accidente [la erupción del volcán] de Chaitén. Dentro de todo lo malo, tuve la difícil misión de rescatar gente en un bus institucional.

En enero del 2010 llegué a Santiago para entrar a la Escuela de Suboficiales. Cuando uno llega a Santiago de provincias, se dice que es súper complicado, pero yo lo considero una comuna grande, nada extraordinario.

Después, en el 2010 me tocó ayudar en el rescate de los mineros. Tenía que transportar carabineros y hacer servicio, por la cantidad de gente que llegó a la comuna. Vi el rescate, fue tremendo, emocionante. Fue una experiencia totalmente diferente a lo que hace normalmente carabineros.

Para el terremoto [de 2010] nos mandaron a Constitución, eso fue caótico, llegamos a la ciudad y empezamos a sacar escombros y cuerpos, fue traumático. Yo creo que anduvimos como 72 horas transportando carabineros.

Un par de años después, yo estaba trabajando en Cerrillos cuando me fueron a buscar de Estación Central para conformar lo que se llamaban piquetes, o las ECO como se llaman hoy. Como la 21° (comisaría) no tenía choferes de vehículos pesados, me trasladaron para allá. Y ahí me desarrollé como conductor desde el 2012 hasta mayo del año pasado, cuando entré a prisión.

Giovanni Zúñiga, 33 años, comerciante ambulante.

He trabajado en la calle desde los 12 años, pero nunca había tenido problemas con carabineros como esta vez. Si yo quiero que todo esto se acabe ya. He visto pasar a muchos carabineros, pero el que era más complicado era el Suboficial Mayor Francisco Arzola, El Nazi.

Ya no me acuerdo específicamente el día [fue el 7 de mayo del 2017], yo estaba con mi señora mirando una pelea entre comerciantes, cuando vi que venía el piquete, guardamos nuestra mercadería, y El Nazi mandó a un carabinero para que me hiciera un control de identidad. Nos agarraron y nos metieron al piquete. Y ahí El Nazi estaba pegándole en el fondo a la Cristina. El gallo estaba colorado, estaba agitado, y ella lloraba con los pelos desordenados.

Ahí yo llegué y le dije oye, ¿por qué le pegai si es una mujer?, y qué te metís. voh, chancho culiao, me dijo. Y él le dio la orden al cabo Muñoz de que me pegara. Él obedeció inmediatamente. Muñoz empezó a pegarme, yo me caí al suelo, y de repente llega El Nazi y me pega una patada aquí, en el estómago. Ahí le ordena al cabo Muñoz de que me pegara con la luma en la cabeza, yo le gritaba ¿por qué me pegái?

En el piquete había dos carabineras, tenían agarradas a la Cristina y a mi señora, que gritaban ¡por qué le pegái a él!

Gente que le tenía miedo no lo denunció y todo quedó impune, pero yo no le tengo miedo, porque la justicia se encargará. Mire, si esas víctimas [Wilson, Cristina y Esteban], son unas, pero hay harta gente que no ha denunciado por miedo.

Yo hartas veces fui a la municipalidad, donde el [alcalde] señor Rodrigo Delgado a pedir el permiso, y nada; hasta fuimos a la CUT, hicimos un sindicato, y nada. Si uno puede pagar un permiso, pero ellos no lo dan.

Las normativas y los códigos

La 21° Comisaría de Estación Central ha llamado la atención mediática por tener a carabineros involucrados en un robo a una multitienda La Polar en julio del año pasado. Cuando se realizaron las denuncias a Arzola, la fiscalía volvió a poner el ojo ahí y comenzó a investigar a todo el piquete del ECO 21. Esta división controlaba el comercio ambulante afuera de la Estación Central, en la Plaza Argentina, entre las calles San Borja y Exposición. Entre el barrio Meiggs y el persa San Borja.

En ese lugar, Arzola era ampliamente conocido como El Nazi. Él afirma que ese apodo se debe a su tez clara, ojos azules y calvicie, causada por las drogas que tomó el 2003 para tratar el virus de Ramsay Hunt, que le paralizó el 60% de la cara y que lo tuvo en tratamiento por meses.

El cuarto querellante, Esteban Godoy, afirma que estaba, como otras miles de personas al día, comprando en el comercio ambulante cuando fue detenido y torturado en el bus, fuera de la vista de todos quienes caminaban alrededor.

Francisco Arzola, 51 años, Suboficial Mayor de Carabineros.

A conciencia mía, nada se hizo ilegal. Siempre ha sido una zona complicada, ¡pero ahora no es nada, po! Antes del 2012 era tierra de nadie.

Era difícil por la gran población flotante del sector. Eso conlleva que haya muchas personas que sean presa fácil tanto para los lanzas como para los grupos informales que se formaban de comerciantes ambulantes apoyados por lanzas.

Yo creo que si algo nos marcó en el sector de la Plaza Argentina, fue la probidad y la transparencia con la que actuamos. Cuando la gente ve que tú haces un trabajo honesto y sacrificado, lo valora. Nos debíamos a la gente.

¿El Nazi? Yo creo que ese sobrenombre obedece a mis rasgos físicos, a mi color de ojos, de piel. Y, no es por look, para mí no es ninguna gracia ser calvo, pero se me cayó el pelo producto de los medicamentos que tomé para tratar mi enfermedad y también por genética. Y porque era intransigente en mi forma de trabajar, quizá tengo un carácter fuerte.

Toda la dotación estaba bajo mi mando en la ECO 21, pero yo tengo un mando superior, hay oficiales que están a cargo de la labor y servicio que cumplíamos nosotros y sobre ellos hay estamentos institucionales que ordenan y fiscalizan. La comisaría completa está bajo investigación pero, mientras esté abierto el proceso, estamos todos en esto. Aún hay una infinidad de carabineros que todavía no han sido citados ni mencionados en la investigación.

Yo respondo por lo que yo hacía y las cosas se han hecho bajo las normas legales vigentes. Todos tienen derecho a sentirse afectados por determinadas situaciones y a hacer la denuncia, pero eso no quiere decir que se haya hecho mal la pega. Se hizo lo mejor que se pudo hacer.

Todo procedimiento trae complicaciones. Muchas veces hay que usar la fuerza racional y necesaria, pero no usamos violencia desmedida, y tenemos normativas internas y cartillas de procedimientos de actuaciones policiales universales que fueron aprobadas por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, y los controles se hacen de acuerdo con ello.

Niego todos los hechos violentos de los que se me acusa, y los otros [robo y falsificación de instrumento público] también. Nunca me autodenominé El Nazi. Nunca se me ha pasado por la cabeza hacer daño a alguien que, por misión, me toca defender. Me sorprendió caer en prisión. Fueron los peores días de mi vida.

Esteban Godoy, 24 años, guardia de seguridad.

Fue el 25 de mayo del 2017. Yo acababa de salir de la pega y iba pasando por Estación Central, ese día había recibido un finiquito de 90 lucas, y vi cómo se arrancaron cerca mío dos vendedores ambulantes de unos carabineros, cuando de repente se acercaron a mí dos cabos para hacerme un control de identidad. Lo que querían era llevarme al piquete, y yo me negué rotundamente, si me quieren hacer un control me lo pueden hacer perfectamente en la calle. Así que pidieron apoyo, y llegó el famoso Nazi.

Él me tomó, me agarró del pelo, me tiraron al piso, me llegó una patada en la cara, por la que perdí una muela, me hicieron tira la ropa y me subieron arrastrando al piquete.

Adentro me hicieron sentarme, y Arzola me dijo que era un maricón y un concha de su madre por resistirme a un control de identidad. Y ahí es cuando me llegó el primer palo en la cabeza. Yo trataba de verle el apellido y él se lo sacaba, y me lo ponía en la cara. Cualquier cosa, yo soy Francisco Arzola Ruiz, El Nazi, decía.

Después de todos los golpes, me llegó el segundo palo en la cabeza, con el que yo quedé inconsciente. No tengo idea cuánto tiempo estuve así. Cuando abrí los ojos, él se puso arriba mío y empezó a ahorcarme. Como broma, él le decía a los demás que ahora me iba a tener que matar porque se le había pasado la mano y yo lo iba a acusar. Yo estaba que me meaba en los pantalones del miedo.

Después, El Nazi bajó del bus y una carabinero me pasó mi billetera y me dijo ahora ándate, aprovechando que está abajo. Yo iba bajando y justo me lo pillé de frente en la salida. Abrí mi billetera y me di cuenta de que no estaban las 90 lucas del finiquito que me habían pagado ese día.

Ahí le dije que dónde estaba mi plata, y él se reía diciéndome que fueron los comerciantes, que yo iba caminando y me llegó un piedrazo y ellos me tuvieron que subir al piquete para protegerme. Y más encima, ahora me tratái de loco, le dije, mira cómo me sacaste la cresta y ahora te reís de mí. Yo estaba en shock, lloraba, estaba asustado.

Después me dijo que me iba a dejar ir, pero que si yo lo acusaba iba a tener que matarme. Yo le dije que lo iba a acusar igual. Ahí él sacó el revólver y me lo puso en la cabeza. Eso me dejó helado, casi no me salía el habla. Me dijo: vuelve a decir que me vas a acusar y yo aprieto el gatillo. No lo podía creer.

Después de que me soltó fui a la PDI a realizar la denuncia. Ahí se comunicaron con la fiscal y supe que Arzola tenía más denuncias por lo mismo. Lo que pasa es que la gente de Estación Central no sigue las denuncias porque son comerciantes, les pegan y vuelven a trabajar al día siguiente.

Francisco Arzola, 51 años, Suboficial Mayor de Carabineros.

Estuve cinco meses preso [desde finales de mayo a octubre del 2017]. La libertad es lo más sagrado, de repente uno toma la vida a la ligera, pero hay cosas que se pierden y nunca más se recuperan, como la dignidad.

En mis cincuenta años de vida nunca pensé estar en ese punto. Y ahí uno se cuestiona todo lo que ha hecho. ¿Valió la pena? ¿Valió la pena cumplir con las autoridades que te rigen, que te ordenan y que imponen un sistema con normativas legales y que después te dejan a la deriva, como quien dice: sálvate si puedes?

Me quedo decepcionado de la sociedad y de las autoridades, al punto de cuestionarme si fue bueno lo que elegí a los 20 años. No así de Carabineros, yo creo que la institución es súper buena, pero lamentablemente la componen hombres, y no todos tienen la honestidad y la hombría para hablar las cosas como son.

No me arrepiento de nada de lo que hice como carabinero. Lo que sí me cuestiono es el hecho de haber tomado muy a pecho lo que dicen las normativas cuando los altos mandos no predican de la misma forma, y a la hora de prestar apoyo al trabajo que uno hace, no están con uno. Me voy con un mal sabor de Carabineros [con 31 años de servicio optará por el retiro].

Tengo fe en el proceso. Creo que se actuó con malos intereses en esto. Para mí todos los seres humanos son iguales y todos tienen derechos pero, lamentablemente, en esta sociedad todos exigen derechos y no miran que también tienen deberes.

Más que a la ética, siempre me mantuve apegado a las normativas y a los códigos. No somos nosotros los llamados sólo a solucionar todas las problemáticas sociales de la comunidad, hay otros actores que son parte de esta cadena y son meros espectadores.

Sólo quiero que pase rápido esto, cerrar el capítulo, que la investigación sea objetiva y se esclarezca la verdad. Nada más que eso. Eso es lo que tengo que decir.

Los abogados de los derechos humanos

En el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), Pablo Rivera, 37, coordinador de litigios, y Daniel Cárdenas, 37, abogado de la dirección regional metropolitana, responden preguntas sobre el caso de Arzola, en el cual están involucrados representando al instituto. Según su análisis del caso, hay pruebas suficientes que dan por verídicos los relatos de tortura. La más importante de todas es el Protocolo de Estambul, que son normas internacionales adoptadas por las Naciones Unidas para documentar la tortura. Contiene exhaustivos exámenes físicos y psicológicos. Los cuatro querellantes fueron sometidos a este protocolo.

El caso de Arzola es uno de los 1.376 que, en 2017, bajo la tipificación de delito de tortura, malos tratos, genocidio y lesa humanidad, fueron denunciados al Ministerio Público.

Luego de salir de la cárcel, Arzola cumplió servicio en la 1° Comisaría de Santiago y actualmente está en la 49° de Quilicura.

Pablo Rivera, 37 años, y Daniel Cárdenas, 37 años, abogados.

Pablo Rivera: Yo creo que este es un caso para nosotros especial y por eso hemos hecho tanto hincapié en él. A raíz de esto la fiscalía empezó a investigar la 21° comisaría y a darse cuenta de que había muchos comerciantes ambulantes que también denunciaban a esta tropa de Arzola por las mismas conductas.

Daniel Cárdenas: De la 21 [comisaría] hay como siete carabineros investigados, el piquete completo. Gran parte era parte del equipo de Arzola. Porque ellos derechamente se abocaban a, entre comillas, perseguir el comercio ambulante. Y en ese contexto es que ellos cometían estas arbitrariedades que exceden por mucho las facultades que tienen con efecto de llevar a cabo esa misión. No es que se esté cuestionando la misión que se les encomienda, sino los métodos y las formas de cómo lo llevan a cabo.

Arzola ahora está con reclusión nocturna en su domicilio como medida cautelar y sigue estando activo en Carabineros.

Desde la óptica del INDH, sí hay pruebas suficientes que avalan veracidad de los testimonios. Las cuatro denuncias tienen un modus operandi similar en cada una de esas versiones. Además, están los informes de lesiones de cada una de las víctimas, está el Protocolo de Estambul. Entonces hay una serie de elementos que sí autorizan a tener por acreditada la existencia del hecho punible y además de la participación en él por parte de los funcionarios como el señor Arzola.

P.R: Todos los intervinientes, acusadores principalmente, sean fiscales, querellantes o víctimas, si son citados como testigos, están obligados a rendir pruebas de testigos. Y se estableció el delito de obstrucción a la investigación, que señala que cualquier persona que dé antecedentes falsos o erróneos, respecto de un juicio, tiene una pena de cárcel. En cambio, la defensa tiene derecho a guardar silencio, pero también tiene derecho a declarar sin estar bajo juramento, lo que quiere decir que el imputado está exento del eventual delito de obstrucción a la investigación, o declaración falsa en un juicio. [O sea, tiene permitido mentir].