Aparentemente, la única salida posible del inexpugnable castillo de la aristócrata húngara Isabel Bathory era la muerte. La legendaria “Condesa Sangrienta” novelada por la poeta y traductora argentina Alejandra Pizarnik, es también atmósfera en la obra “La Torre”, donde 6 doncellas esperan su turno de servir a la ama famosa por asesinar a cerca de 600 mujeres para la realización de grotescos ritos para perpetuar su belleza y juventud. El montaje, escrito y dirigido por Stephie Bastías, se reestrena este mes en el Teatro de Bolsillo como una oportunidad de escudriñar en los temas opresivos que siguen vigentes desde el siglo XVI.

El cruce del relato clásico de “La Torre” con las tecnologías del mapping (proyección de imágenes y textos sobre el relieve), se suma a la que propone a otras composiciones que desde el lenguaje provocan nuevas reflexiones. Las protagonistas se comunican a través de un idioma abstracto y desconocido que puede ser el de cualquier sirviente del mundo, cree la directora.

Hasta la fecha, la obra ha tenido una singular itinerancia con numerosas funciones y conversatorios con el elenco para estudiantes de enseñanza de Santiago. Profesores y alumnos, destacaron temáticas relevantes como la violencia de género, la lucha de clases, la sororidad y el poder, entre otros recuerda Bastías. Incluso algunos que habían pasado bajo el radar para ella, dice la autora formada en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

“Hasta entonces no pensamos que la obra podía resonar tanto en un adolescente, pero al final nos dimos cuenta de que como ellos viven rodeados de preguntas y bombardeados por imágenes, tienen otro tipo de percepción frente a la teatralidad. Hubo un grupo que se detuvo en el abuso laboral como fenómeno. Al menos, nosotros como elenco no habíamos reparado en que esto era algo que circulaba tan fuertemente”, señala Bastías, quien cree que este enfoque se relaciona con la expectación que le genera a los estudiantes salir del colegio (su propia torre) al mundo real.

Nuevas voces, nuevos ámbitos

Pensar la obra como un relato barnizado por las relaciones laborales y el abuso patronal, le entrega voz a las empleadas de la condesa que recurre a brutales ritos y torturas para mantener su juventud a costa de la sangre de sus trabajadoras. “A través de la dramaturgia se fantasea con la muerte de esta figura femenina que representa el poder. Es algo radical, pero reconocible por cualquiera porque es algo que apela a la potencia del desgarro que te genera pensar algo como esto. Desgraciadamente una sensación que aguarda a la vuelta de la esquina”, agrega la directora de la Compañía de Teatro La Trama. Destaca que no es algo tan distinto de lo que se pregunta un adolescente o una persona más madura.

“Es algo fantástico que tiene que ver, quizás, con un espíritu de época que te permite ver más factores que forman un mismo tema. A la vez esto pone en tu radio de acción otras preguntas que no son sólo ámbito del arte y que sustentan sindicatos, marchas, demandas sociales, ambientales y otros fenómenos de los que se está hablando. Lo bueno es que este tipo de acciones y discursos nacen de la misma ciudadanía y no de las élites. ¡Basta ya de escuchar las mismas historias escritas desde el poder! Hay que retomar y rescatar las voces que no tienen cabida en los medios de estas cúpulas.

-Al ver la cartelera, en general o la cobertura de asuntos como el estatuto laboral juvenil, ¿te da una impresión de que el tema del abuso laboral es una veta contingente también en el teatro?
-Una de las cosas más interesantes del arte es que sus creaciones identifican y lo extreman las tensiones de la vida real que lo sustentan. En ese sentido, una apreciación sobre la precarización laboral se vuelve algo muchas veces más intenso que lo que cualquier persona experimenta día a día. Y no hablamos de poca cosa, sino de personas que en Chile se desplazan por horas para llegar a un trabajo que no les deja tiempo para la vida familiar, de precariedades contractuales, de bajos sueldos o leyes que desprotegen a las personas entre otras vulnerabilidades.

La realidad es desbordante y hay que hacerse cargo de eso desde cada disciplina. Lo que quiero decir es que sean lo que sean los temas que el teatro adopte, siguen siendo los mismos asuntos transversales de la sociedad, pero bajo distintos nombres para declarar la misma opresión: ya sea el ejercicio del poder, el abuso desmedido, el ejercicio de lo femenino, del deseo, la muerte o los límites del cuerpo. Eso siempre ha sido igual y no es algo propio del 2018. Que la gente pueda leerlo de diferentes maneras y en distintas épocas, es lo precioso de todo esto.

-Respecto a esas lecturas de las que hablas, la obra “La Torre” se desarrolla a través del diálogo y de un idioma que no existe. ¿Cómo crees que esta decisión de estilo afecta el relato?
-Roland Barthes decía que el poder siempre ha estado inscrito en el lenguaje. Justo esa es una cita con la que me encontré después de haber pensado en este recurso del idioma dentro del mundo de la obra. Me parece interesante que, incluso desde fuera de la teatralidad, esto genere una distancia de lo que se está escuchando para incluso involucrarse más en lo que está pasando con estas sirvientas. El idioma que inventan estas sirvientas es algo que sólo ellas pueden hacer desde un propio lugar físico y mental que es su cocina, su encierro en este cadalso. En este matadero al que están sujetas y que el lenguaje es lo único que puede romper.

* “La Torre”, protagonizada por Karina Ramírez, Catalina Carvacho, Justine Rojas, Juanita Lara, Leyla Ponce y Carolina Carrasco, reestrena con una breve temporada en el Teatro de Bolsillo, ubicado en Erasmo Escala 2185, Santiago (Metro República), desde el jueves 11 al sábado 27 de octubre con funciones de jueves, viernes y sábados a las 20:30 Hrs. Entrada general de $3.000.