Los deportes cambian al ritmo de la sociedad y la entrada del “break dance” en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018, un campo de pruebas para este baile surgido en el Bronx neoyorquino en los años 1970, es una señal más de que el programa olímpico se abre a la cultura del hip-hop.

El pinchadiscos suelta una base y cuatro bailarines entran en la pista de baile mientras una muchedumbre hace vibrar las gradas con gritos de ánimo y aplausos. Más tarde, se taparán los ojos ante la dificultad de sus acrobacias improvisadas, mientras el jurado valora la batalla de chicos de 15 a 18 años que prometen ser el futuro de este movimiento.

Interpretación, musicalidad, personalidad, creatividad, variedad y técnica son los aspectos que tienen en cuenta los cinco jueces a la hora de puntuar las actuaciones de participantes como Ram, Srta. Carlota, Yell, B4, X-Rain, Reflow, Shigekix y Broly.

Aunque no sea lo habitual en unos Juegos Olímpicos, una de las señas de identidad del breaking es que sus competidores se llamen por su apodo, una tradición que se mantiene incluso en un ambiente tan formal como el que rige en el Comité Olímpico Internacional, que todavía lo debe analizar como posible futura prueba olímpica absoluta.

“La participación en las siguientes ediciones aún no está confirmada, pero de seguro que este deporte seguirá dando que hablar, el crecimiento sigue siendo exponencial”, dice a Efe Julián de Mare, uno de los organizadores de esta modalidad.

Él está a la cabeza del equipo que organiza la prueba de breaking en la cita porteña, con modalidades masculina, femenina y mixta, y siempre con butacas y gente sin poder entrar. Toda una revelación que atrae las miradas de todos en el Parque Urbano de Buenos Aires 2018, donde se convierte en la disciplina reinante junto al baloncesto 3×3, frente al remo, el piragüismo y la escalada deportiva.

“La respuesta de la gente fue increíble tanto para los espectadores como para la comunidad deportiva en general”, afirma De Mare sobre un evento en el que hasta las voluntarias se ponen a bailar break dance mientras bajan las escaleras.

Durante las clasificatorias participaron 24 deportistas, 12 chicos y 12 chicas provenientes de diferentes países, que se ganaron su acceso a los JJ.OO. de la Juventud tras participar en Japón en el Campeonato Mundial Joven de Breaking 2018 en mayo de 2018.

Uno de ellos es el argentino Mariano Carvajal, más conocido como Broly, un nombre que empezó a utilizar cuando comenzó en el breaking, hace 7 años, a los 11, en honor a un personaje de Dragon Ball Z. Ahora, con 18, acaba de ganar la medalla de plata en la prueba mixta junto a la italiana Lexy y es uno de los primeros medallistas olímpicos de la historia de su especialidad.

“Siempre tuve fe en mí, de que iba a llegar lejos, pero no sabía que iba a competir en unos JJ.OO”, confiesa Broly, natural de la provincia argentina de Río Negro (sur).

Al ganar la medalla durante las finales no pudo poner palabras a su emoción y su alegría pero, una semana más tarde, no duda cuando afirma que “el breaking ahora es furor”.

“Al espectador le gusta el breaking porque sorprende demasiado. Son acrobacias, a la vez vas siguiendo la música y podés meterle tu onda, tu estilo… A la gente le gusta ver eso más que nada porque es improvisación”, valora al ser preguntado por la cantidad de gente a la que lograron convocar.

Los bailes son rápidos y rozan la agresividad en algunos momentos. Sin embargo, nadie pierde el respeto: “Todos nos llevamos rebien, nos la pasamos saliendo en grupo al centro, por eso me encanta la cultura del hip-hop”, cuenta Broly, que ha encontrado amigos en los Juegos, que mantuvieron a la capital argentina activa del 6 al 18 de octubre.

Durante las batallas, los deportistas utilizan elementos técnicos del break dance, como el “top rock”, el “down rock” y los “freezes”, que ejecutan al ritmo de una base musical que no conocen, sin saber lo que el pinchadiscos va a poner y siempre con el riesgo de lesionarse, “pero como en cualquier deporte”, según Broly.

Todavía es muy pronto y los Juegos Olímpicos de la Juventud donde debutó el breaking se clausuran hoy, pero, casi medio siglo después de nacer como contracultura en los lugares más humildes de Nueva York, este arte callejero llama a la puerta del olimpismo.

“Confío en que va a llegar a los Juegos Olímpicos de mayores”, dice Broly, que deja un aviso: “cuando esté, yo voy a estar ahí para seguir manteniéndome arriba”.

De Mare es más prudente y no anuncia novedades sobre el futuro del breaking por el momento. “Si con esto logramos que los chicos se acerquen a esta disciplina y disfruten del deporte, lo nuestro ya es una victoria ganada”, asegura.