En el tercer capítulo de “Misión Encubierta” el reportero misterioso se infiltrará en el mundo de las trabajadoras sexuales trans en el barrio Madrid y 10 de julio, con el objetivo de investigar graves actos de agresión entre ellas.

El programa de Mega, que se encuentra en su segunda temporada ahora bajo la edición general de Pilar Rodríguez, ha liderado el rating las noches de domingo. ¿Las razones? Junto al infiltrado tratamos de resolver qué elementos hacen tan exitoso el formato.

Tuvimos la oportunidad de ver en exclusiva el capítulo en donde te adentras en el mundo trans. ¿Qué fue lo más complejo de transformarte en mujer?

-Conseguir ropa sexy de mi talla y zapatos número 44 de mujer, fue lo más complicado. ¡Tuve que usar tres números menos y encima empinarme en tacos de 10 cms de altura! Te encargo el dolor de pies y lo incómodo. Además, sin tener práctica… La barba fue otro tema. Tenía que cortármela al ras y maquillarme cada día de nuevo, porque la barba crece igual. Eran horas cada sesión. Un suplicio chino.

¿Cuánto tiempo duró la investigación realmente?

-En total, fueron tres meses de investigación. Lo que derivó en muchas horas de maquillaje, e incomodidades. En lo que dice respecto a las caracterizaciones fue de lejos la más incómoda que me tocó de todos los capítulos que hemos hecho hasta el momento. A tal punto que cuando me decían que debía volver a “travestirme”, me dolía la guata.
Maquillarme era engorroso, pero sacarme el maquillaje al final de las grabaciones, después de horas andando en tacos y acabando a la madrugada no se lo deseo a nadie. Las chicas de mi equipo que me ayudaban, las pobres se merecen todos mis cariños, ya que había una en particular que cuando me sacaba el maquillaje de la cara con la barba que había comenzado crecer y le raspaba la toallita se erizaba toda.

¿Qué fue lo que te dio más miedo al involucrarte en ese mundo?

-Me habían advertido que ese era un mundo extremadamente violento. En nuestra investigación habíamos grabado escenas donde algunas prostitutas trans atacaban con sables y cadenas en la calle. Estábamos investigando la muerte de una joven de Rancagua, poco después de haber recibido una paliza. Estuve con otra que le habían partido la mandíbula en 3 partes. Por todo esto, no te miento que iba nervioso rumbo a la esquina donde me iba a encontrar con las “dueñas” de la calle. Cuando encontré por primera vez a una de las dueñas de las esquinas, estaba bastante nervioso de que podía ocurrir. Pero fue más fácil de lo que pensaba, y solo después me vine a dar cuenta de que era porque no les hacía competencia. Todas jóvenes y operadas, y yo era una especie de monstruo gigante. De igual manera me cobraron mi parada, la Kira (una de las dueñas del barrio) me pidió un perfume, “un perfume caro si”, me dijo , y me autorizó a pararme unos metros más allá de ellas.

¿Paró algún auto durante el tiempo que estuviste ahí?

-Si, pararon varios. Lo que no me dejo de llamar la atención, ya que yo intentaba ponerme en la penumbra de la calle. Y era menos atractiva, por decirlo de una manera autocomplaciente, que el resto de las otras chicas de la calle.

¿Qué habrías hecho si te hubiera tocado subirte a uno de los autos de clientes? ¿Cuál era el protocolo en ese caso?

-Tenía clarísimo los precios que se pagan por tener todos los tipos de sexo que se practican en el barrio. Mi estrategia siempre fue sobrevenderme, y dar precios muy por encima del mercado. Con eso mantenía alejados a mis posibles clientes.

Además de usar tacos, maquillarte y ponerte la ropa, ¿tuviste que preparar tu transformación con alguien que te ayudara con los movimientos, tono de voz, etc?

-Un grupo de trans ecuatorianas, habían trabajado en ese lugar del barrio Madrid, me asesoraron en detalle, cómo debía caminar, qué decir, cuál era el tono adecuado de la voz, de quienes tenía que cuidarme, en fin, un curso express de cómo actuar como prostituta trans sin despertar sospechas. Incluso como acercarse al auto cuando aparecía un cliente.

¿Qué reflexiones personales pudiste sacar de esta investigación?

-Yo creo que una, que refleja todas las demás reflexiones que fueron surgiendo en los diferentes días que me tocó pararme en las esquinas. La prostitución trans es una realidad que está instalada, que tiene su lugar, que tiene su clientela. No hay por donde intentar negarla o esconderla, por lo que es urgente hacerse cargo y ver cómo regularizarla, por el bien de las que las practican y de los vecinos que se sienten invadidos.

MISIÓN ENCUBIERTA

¿Las investigaciones infiltradas siempre las haces tú? ¿o tienes otros infiltrados en el equipo?

-La mayoría de las infiltraciones las asumo yo, pero muchas veces hemos tenido que recurrir a colaboradores del mismo equipo que me acompañan y me apoyan en las diferentes misiones. Un programa como este, es bastante más complejo de lo que se ve en la tele, y sin un equipo súper comprometido es imposible realizarlo.

¿Cuál ha sido la experiencia más dura que te tocó en Misión Encubierta?

-Una de las más complejas, se verá en uno de los próximos reportajes, donde tuve literalmente que arrancar de una situación, porque estaba seguro de que me habían descubierto y quedarme un minuto más podría haber terminado muerto o herido.

¿Cómo lidias con el miedo?

-El miedo es necesario, y el día que pierda el miedo a meterme en estos mundos, ese mismo día dejaré de hacer lo que hago. Ya que por mi propia experiencia te puedo decir que el miedo me ha salvado más de una vez. La cuota necesaria de prudencia para salir airoso en situaciones difíciles en la gente temeraria solo se consigue gracias al miedo.

¿Se te hace adictivo el vértigo del peligro?

-Un poco. Y al responderte esta pregunta, me sale naturalmente una risa nerviosa. Quién sabe algún día investigo un poco más qué significa en mi esa adicción.

¿Qué te impulsa a hacer este tipo de investigaciones y prestarte para estas misiones?

-El periodismo de investigación tiene algo muy entretenido, ya que te permite entrar en mundos que si uno se dedicara a otro tipo de periodismo es imposible conocer. Me encanta lo que hago, me apasiona mi trabajo. Y que rico es trabajar en aquello que te gusta.

¿Hasta qué punto llega el silencio? ¿sabe tu pareja, familia o amigos?

-Simplemente no se cuenta. Hay como un código implícito entre mis amigos y familiares, nadie pregunta en que estoy, o que estas investigando, las conversaciones vienen después que salen los programas al aire. Y ahí, uno se mide a quién le cuenta que cosa.

¿Cuáles son tus límites en este tipo de investigaciones? ¿Hasta dónde llegas tú?

-La mayoría de las veces los límites te los pone el terreno, uno como periodista quiere siempre conseguir lo máximo de la historia que va a contar, pero no siempre se puede. Y ahí, hay mucho de lo que te enseña el reporteo y la observación de la calle. Los límites no se aprenden en los libros de texto, ni en las universidades.

¿No sientes que este tipo de periodismo se riñe un poco con la ética? Qué reflexión tienes sobre eso.

-Esa pregunta la planteamos cuando con la periodista Carola Fuentes, empezamos a idear el formato de Misión Encubierta. Y se respondió sola cuando analizando la falta de credibilidad que estaba pasado el periodismo a nivel mundial. Un periodismo alejado de las personas y contando historias desde un escritorio. Nuestra apuesta fue, volver a la calle a escuchar las historias en primera persona, pero infelizmente por ese descredito no vimos prudente llegar como periodistas. O llegaríamos a lo mismo de siempre, este formato nos ha permitido llegar a lo más profundo de las historias que les contamos. Ahora la idea y para ahí vamos, es poder hacer este mismo tipo de periodismo ganando las confianzas para que se nos permita entrar a estos mundos como periodistas.

¿En algún momento piensas involucrarte en casos con peces gordos? Hasta ahora solo hemos visto marginalidad.

-Misión Encubierta es una etapa más de mis 16 años como periodista en Chile, antes trabajé en otros programas e incluso en periodismo escrito, si pudiera revelarte mi identidad te darías cuenta que en mi historial, me he metido con peces gordos y BIEN GORDOS! Y surgiendo la oportunidad, no te quepa duda que esas historias también van aparecer en este programa.

¿Qué posturas tienes frente al periodismo encubierto?

-El periodismo encubierto no lo inventamos nosotros en este programa, es más viejo “que el hilo negro” , el tema es cómo se usa. Y mi postura es que cuando se usa para denunciar abusos, Injusticias, atropellos ilegalidades, es tan o más válido que el periodista que se planta ante una autoridad o un delincuente y los cuestiona.

¿Eres el sucesor del tío Emilio?

-Ja ja ja , soy un gran amigo de Emilio Sutherland y me gusta mucho lo que él logró con el programa En su propia Trampa, dando de su propia medicina a los pillos y delincuentes. Pero Misión Encubierta tiene otro estilo periodístico, más investigativo, y eso es lo que nos diferencia.

¿Logras empatizar con los malos en algún minuto? ¿Cómo llevas la relación con los personajes a los que conoces?

-Es imposible no empatizar incluso “con los malos” para usar tú mismo término. Este formato te permite muchas veces ponerte en los zapatos de aquellos que no están haciendo lo correcto, y “entender” de por qué hacen lo que hacen. Es una reflexión que hacemos todas las veces con el equipo de trabajo, a la hora de sentarnos a escribir los reportajes. Y ahí contar las historias con todos los matices y puntos de vista posibles, ya que nada es totalmente blanco o negro.

¿Mientras te estás infiltrando, también estás involucrando en otros casos? ¿Cómo lidias con esas múltiples versiones?

-En la primera temporada cuando estábamos improvisando en el formato, llegó un momento que nos dio mucho susto. Ya que no habíamos calculado muy bien esto de las”múltiples infiltraciones” y estuvimos a punto de tirar la toalla. Pero lo resolvimos de una manera salomónica, con un hashtag #todossomoselinfiltrado. En este formato, de verdad , todos los periodistas, camarógrafos , sonidistas , choferes somos infiltrados. Y se investiga grabando, ya que el reporteo previo, en la mayoría de las veces es parte de la historia que vamos a contar.

¿Qué pasa con las situaciones peligrosas? ¿cuál es el resguardo?

-Un gran equipo de periodistas que trabajan codo a codo, muchos años de trabajar juntos , donde un gesto una mirada una palabra clave es suficiente para que te saquen de la situación más compleja. Trabajo con periodistas, camarógrafos, choferes que nos conocemos hace más de 10 años!

¿Cuál es la relevancia que le ves a este tipo de investigaciones?

-Lo nuevo, es contar historias que solo viviendo las puedes transmitir con tal realismo, que la audiencia las hace propias. Y después te encuentras con gente que ve el programa y te comenta: “Tremendo lo que hacían en Bellavista con la droga de sumisión, me daban unas ganas de hacer esto o aquello…” Eso te dice que, esa persona no vio el programa detrás de la pantalla, estuvo dentro, acompañándote en las calles de Bellavista , infiltrado junto a ti.

¿Qué es lo que más te cuesta de involucrarte en cada situación?

-Lo decimos en las presentaciones de los programas, lo más difícil de infiltrarse no es entrar a estos mundos, lo más difícil es salir sin dejar rastro. Y eso es lo que más cuesta, ya que uno debe seguir con su vida, la vida cotidiana fuera del trabajo. Y pasa más de una vez que esos personajes que salen delinquiendo, abusando, burlando leyes, te los puedes encontrar de frente, como me ha pasado, en el súper mercado, o paseando tranquilamente por las calles.

Están nominados al Copihue de Oro. ¿Qué harán si lo ganan?

-Seguir buscando e investigando esas historias que hicieron que la gente nos prefiriera, y que hiciera de Misión Encubierta su programa de periodismo de investigación preferido.

*El tercer capítulo se emite este domingo después de “Ahora noticias”.