“Cuando la revolución es ley, la tiranía es orden”.

Daniel “El Tirano” López.

Creo representar la voz del pueblo cuando digo que me tienen hasta las verijas con la zalagarda que se ha hecho con el famoso Bolsonaro. Que si es un Trumpiño, o un Pinochetiño, que Kast fue a regalarle un póster de mi General tomando sol en traje de baño, etc etc.

Señores de izquierda, déjenme iluminar sus oscurecidas mentes: Respecto de Brasil lo único que le preocupa al proletariado es saber si van a tener ofertas para irse de vacaciones, ya que desde hace años que es más barato ir a Salvador de Bahía que a Bahía Inglesa. Si el presidentiño es blanco, negro, fascista o exintegrante de Axé Bahía les importa un pepiño.

La semana recién pasada (que yo bauticé con el nombre de “semana zurda” ya que trabajaron tres días y descansaron cuatro), estaba yo en la sala de espera de mi terapeuta, la reconocida psiquiatra PilArjonaRowsky Sorde, cuando me fijé en una pirámide de Maslow que tenía pintada en una pared ¿Y eso qué es? se preguntará usted, so ignorante. Tranquilo, no se agite que yo le ahorro la búsqueda en Gugul.

La pirámide de Maslow es una teoría psicológica que plantea que existen jerarquías en las necesidades humanas, y cuyos niveles van en orden, desde las más básicas a las más elevadas.

Acabo de explicarle esto mismo a Moreira y lo entendió, así que espero que usted lo entienda también.

“Para la izquierda las propuestas no parten de cómo el hombre es, sino de cómo debería ser”. No estoy parafraseando a ningún filósofo alemán de apellido impronunciable, sino que a la comentarista y abnegada madre chilena que escribe columnas mientras le da cucharadas de lentejas a sus niños, doña Teresa Marinovic (Columna “Mamá, qué es ser de derecha. Segunda parte”).

Y aquí me permito discrepar con mi colega; y no es es que su tesis sea incorrecta, sino más bien incompleta (seguro estaba preocupada de qué iba a servirles de once a los niños). Tere, además de que la ideología de la izquierda es una bazofia, los representantes de ese sector se han equivocado en una cosa tan evidente como sencilla: La sociedad chilena es individualista, ergo, es muy fácil mantenerla en el segundo nivel de la pirámide, entiéndase por esta la seguridad física, de salud, de recursos, de vivienda, etc.

El chileno medio tiene claro que su calidad de vida es frágil. Sabe que depende de que al jefe le vaya bien para que en una de esas le chorree un poquito, o en último caso para mantener la peguita. Señores de oposición, entiendan que el proletariado quiere “el derecho de vivir en paz”, y no estoy hablando de la canción que escribió ese artista mediocre y comunista pa más remate del que viven hablando los zurdos, hablo de poder vivir tranquilo, de que no lo jodan, de que no se le llene el barrio de gente con una cultura diferente a la de él, gente que los amenaza con hacer mejor la pega y por menos plata. El chileno quiere tener las dos P: “pega y plata”, y no quiere pensar más allá.

Sincerémonos: Mi General lo hizo demasiado bien, sobrinos, esta sociedad no anhela avanzar en la pirámide de Maslow; si así fuera a Verónica Bachelet no la habrían sacado de la Moneda por la puerta de servicio, habrían elegido al masón barbón para seguir su funesto “legado”, en lugar de nuestro actual General Manager. Y aquí la Teruca tiene razón, el zurderío espera que el pueblo sea solidario sin que esté Don Francis animando la cosa, y es sabido de que sin los jingles de Mario el papito no se levanta.

Señores de izquierda, como dicen los millennials, “bájense del pony”. Déjense de pensar en que las luchas de las minorías los van a llevar de vuelta al poder. Sean más Vivaldis y menos Pavarottis, vean como la derecha también defiende los intereses de una minoría (los grandes empresarios), pero no lo usa como bandera de lucha, mensos.

Y Tere, te voy a dar un consejo: mejor quédate en la casa cuidando a tus hijos ¿Qué porqué? Porque Dios así lo quiso, porque Dios también es hombre.