A casi 30 años de recuperada nuestra cuestionada democracia, se publica el libro Hora cero de la democracia en Chile. Fotografía de principios de los 90, un ensayo fotográfico que forma parte de una investigación que pretende ordenar el acervo fotográfico de los noventa de la reportera gráfica Kena Lorenzini y levantar una mirada sobre los primeros años de democracia luego de la dictadura militar. El diálogo de las autoras intenta configurar el contradictorio salto que significó abrirse paso entremedio de la vigilancia militar, un escenario atravesado por la impunidad y una de expresividad social que buscaba reubicarse en el espacio público, resistiendo a los cercos impuestos por este nuevo orden.

De este modo, las fotografías que conforman este libro fueron cambiando de forma con el paso del tiempo. Primero estuvieron en latas de negativos, dentro de los sobres celestes de la Secretaria General de Gobierno o en bolsas de papel de cuaderno, con una fecha, un evento, un nombre escrito, borroneado y vuelto a escribir, agrupadas en una bolsa con una nota que decía “90”. Un orden precario sostenido solo por dos dígitos. Sin embargo, pese a la fragilidad material, su presencia permitirá desenterrar pasajes que incluso la autora de las fotografías había olvidado: la excesiva presencia militar, principalmente la del dictador Augusto Pinochet, en todos los espacios y congregaciones públicas.

A punta de conversaciones, este lío de imágenes fue tomando forma, poniendo a prueba un tipo de dinámica de pensamiento común permitió visualizar cada matiz de las fotografías, cada fuera de foco, cada zona gris. Desde un principio las autoras propusieron un sistema de fuerzas, una estrategia política en función de revisar y contraponer dos miradas: por un lado el posicionamiento del gobierno desde la lógica de la reconciliación versus el ímpetu por levantar una mirada a contrapelo que ponga en crisis la cuestionada democracia de los acuerdos. Tal como lo señala la escritora Diamela Eltit en su prólogo, la contundencia de las imágenes fotográficas que organizan el relato permite leer, a partir de los cuerpos, un escenario que podría parecer, en cierto modo, dislocado. Esta dislocación se percibe en cada imagen cuando vemos a una ciudadanía contenida y controlada detrás de los cercos de vigilancia y vallas papales mientras que los genocidas, perpetradores y cómplices, disfrutan abierta e impunemente de su libertad.

 

Hora cero de la democracia en Chile llega para mostrar que ese tiempo, ese pasado recientísimo, fue a lo menos trágico, y que hasta cierto punto, no deja de seguir pasando en el presente. Una excesiva militarización, abuso de poder y una conveniente forma de abordar el olvido en democracia.