Francisco Moreno Guzmán, actual subsecretario de Hacienda, tenía 15 años en 1991. El 1 de abril, venía llegando del colegio. Su madre Isabel acababa de recibir una llamada comunicándole que su hermano, el senador Jaime Guzmán, había sufrido un atentado y que una bala le había rozado el brazo.

-Yo había estado con él el día anterior. Nos habíamos encontrado en un almuerzo familiar en la casa de mis viejos. Cuando te cuentan una noticia así, uno inmediatamente se aferra a la esperanza de que, efectivamente, haya sido leve-, relata en entrevista con The Clinic.

Su madre le dio el encargo de quedarse junto al teléfono, mientras ella iba al Hospital Militar. Los celulares no se habían masificado y el adolescente no podía alejarse del aparato que sonaba sin parar.

Mi abuela, Carmen Errázuriz, estaba en Alemania, en un pueblo donde se celebraba la semana de Bach. Ella es una persona muy especial. Trabajó desde el día en que se separó, en una época en que nadie se separaba. Era guía turística. Tenía un gran conocimiento de la historia del Arte, de la historia política de cada uno de los países que visitaba y era fanática de la música clásica. No veía por un ojo y por el otro, apenas un poquito, pero se paseaba por el mundo con gran ímpetu. Cuando se iba, era bastante desaprensiva, y no decía dónde iba a estar. Pero esta vez, cuenta mi mamá, por primera vez dejó un detalle de su itinerario y el número de teléfono de casa hotel. Esa fue una señal de que presentía lo que iba a pasar.

El presagio, dice Moreno, tenía un sustento racional. A fines de marzo del 91 se discutía en el Congreso un proyecto de Ley que presentó el gobierno de Aylwin para indultar a presos políticos. El único partido que se opuso fue la UDI.

-Y cuando estaban discutiendo sobre quién iba a argumentar, Andrés Chadwick se ofreció, pero Jaime le dijo: “Andrés, ese discurso lo voy a dar yo en el Congreso Pleno, porque tú tienes familia y yo no. Y esto puede tener un costo personal altísimo”.

SEÑALES Y MENSAJE

¿Tu abuela estaba preocupada por eso?

-Mi tío le leyó el discurso que había redactado antes de que ella partiera a este viaje. Ella le dijo: “Jaime ¿tú sabes que al pronunciar este discurso estás firmando tu sentencia de muerte?” Y él le respondió: “Sí mamá, es una posibilidad, pero esto hay que hacerlo por las convicciones y principios que tenemos”. Entonces, vuelvo a lo que fue el primero de abril. Poco a poco iba pasando la tarde y me acuerdo, como si fuera hoy, que como a las 9 de la noche, en un extra de canal 7 (TVN), aparece el médico diciendo: “Tenemos la triste noticia de comunicar que el senador Jaime Guzmán ha muerto, producto de las heridas del ataque que sufrió esta tarde”. La muerte, en general, es un fenómeno íntimo. Cuando a uno se le muere alguien, sufre el dolor en privado y al día siguiente te levantas y el mundo sigue funcionando igual, pero, para mí, fue de mucho impacto llevar este sentimiento de profunda tristeza y ver el quiosco de la esquina tapizado con los diarios que titulaban con el asesinato. En ese momento, el duelo de mi abuela, mi mamá, mis hermanos y mío, como su sobrino y ahijado suyo, se hizo público. Es muy difícil expresar la dimensión que adquiere por ese hecho.

Carmen Errázuriz recibió la noticia de boca del embajador de Chile en Alemania, Carlos Huneeus, quien la esperó a la salida de un concierto, en un hotel. Luego relató a la familia que cuando uno de los conserjes le dijo: “Señora, la están esperando de la embajada de Chile”, inmediatamente, pensó: “Mataron a Jaime”.

-Me acuerdo también de esa misa en la Iglesia de la Gratitud Nacional. Fue bien impresionante. El mundo político de una transición a la democracia tan incipiente, tenía que resistir. Si hay algo que me impacta, por parte del Frente Manuel Rodríguez y del prófugo (Ricardo) Palma Salamanca, es que, a través de este acto terrorista y sangriento, quisieron poner en jaque la transición. A diferencia de lo que ha pasado en otros países con grupos subversivos, como el IRA, la misma FARC, que intentan, de alguna manera, reintegrarse a la sociedad en período democrático, el Frente no solo no se quiso integrar, sino que continuó con su lucha armada.

Esta era una escisión del Frente. La parte principal, que seguía los lineamentos del PC, dejó la lucha armada.

-Sí. Por lo que entiendo, en un consejo que hubo en enero o febrero del 91, en Chillán, este grupo decide el plan de ajusticiamiento. En esa decisión están Mauricio Hernández Norambuena, hoy preso en Brasil; Juan Gutiérrez Fischmann, El Chele; Ricardo Palma Salamanca; Raúl Escobar Poblete. Y uno ve el efecto que produjo, el dolor, en este caso, de una familia. Yo creo que hay dos conclusiones: una, que nuestra incipiente democracia fue capaz de resistir un embate así.

¿Podrían haber pasado otras cosas?

-Pudieron desatarse ajusticiamientos en manos de sectores del Ejército… Esa transición también fue capaz de sobrevivir a situaciones como el Ejercicio de Enlace y el “Boinazo” (en 1990 y 1993, respectivamente). La otra conclusión es que han pasado 27 años de ese día y la gran pregunta que vale la pena hacerse es: ¿Qué hemos aprendido como sociedad? Efectivamente, hemos avanzado, desde el punto de vista que no hay ninguna violación a los derechos humanos que pueda ser justificada; que el contexto en que se den las cosas, puede ser un elemento ilustrativo para un análisis histórico, pero, que en ningún caso justifica una acción así.

A propósito del nombramiento y posterior renuncia del ministro Mauricio Rojas, no pocas personas en tu sector dijeron lo contrario.

-Yo visité el Museo de la Memoria hace unos años. Obviamente, uno se conmueve con el relato de los casos. Yo no eché de menos el contexto, que es obvio: había una polarización de la sociedad, una confrontación de proyectos totalitarios, de gente queriendo llegar al poder a través de las armas o de la resistencia a eso. Extrañé un llamado a la reconciliación. Si hay una deuda pendiente, creo yo, es intentar que exista un consenso unánime, a nivel nacional, sobre los excesos cometidos tanto en la dictadura, como este caso específico, en democracia. Estos crímenes tienen que ser condenados por igual. Por eso, es duro encontrarse con un sector de la izquierda que justifica un asesinato en democracia. Fue, también, bastante sorprendente ver que los diputados Gabriel Boric y Maite Orsini tuvieran un encuentro privado con el prófugo Palma Salamanca.

¿Qué visión tenías de Boric antes de ese encuentro?

-Lo sentí como una acción muy poco reflexiva y que se parece más a un comportamiento de grupies de una banda de rock, que al de dos diputados de la República que están, a través del mundo de las ideas, dando testimonio de sus causas. No solamente me sorprende por el elemento de la solidaridad que esperaría de ellos, sino que porque su acto refleja ignorancia sobre la información que existe sobre el prófugo Palma Salamanca. Él no fue un encubridor, un autor intelectual que mandató a terceros, sino que él mismo disparó el gatillo esa tarde del primero de abril; él, también, estuvo involucrado en el secuestro de Cristián Edwards; él se fugó de la cárcel de Alta Seguridad, el 30 de diciembre de 1996, en un helicóptero que recibe un par de balazos desde gendarmería -algo, realmente, insólito e increíble-; y es el mismo que sigue delinquiendo en México y que, junto a su grupo, le cortan un dedo a la ciudadana franco-americana, Nancy Michelle Kendal, que tenían secuestrada, para efectos de presionar por un rescate. Entonces, hay un sector de la izquierda que pretende poner en un sitial de héroe al prófugo Palma Salamanca y eso es inaceptable para todos aquellos que creemos en la democracia.

¿Qué fue para ti como un niño de 15 años vivir de cerca el asesinato de tu tío y padrino?

-Por las características de mi familia, me tocó estar en contacto con la política desde niño. Ya me impresionaba, a los diez años, cuando estaba en Quinto Básico, el nivel de polarización que existía en Chile. Me llamaba la atención lo radical de las posturas, la imposibilidad de llegar a un acuerdo. Cuando ocurre esto, sentí que llegaba a mi casa la violencia que ya había visto reflejada en aquellos sectores de la sociedad. Uno nunca está preparado. Fue difícil, me costó procesarlo. Creo, sí, que a él le hubiese importado que su sangre no fuera derramada en vano y es ahí donde, nosotros como familia, tenemos una visión muy particular, muy propia, y que dice relación con el perdón. Nunca se me va a olvidar que a los años, mi abuela, redactó una declaración, llamó a la prensa, y dijo que había perdonado a los asesinos, pero que, sin perjuicio de ello, creía que era sano y necesario para Chile buscar justicia. Y eso es lo que hemos tratado de hacer desde ese momento, pero ella se murió sin ver justicia.

Pero en este caso hubo una investigación judicial, un ministro especial que procesó y dictó condenas.

-Lo cierto es que nos hemos encontrado ante una sistemática denegación de justicia y ha sido sistemática porque han sucedido demasiados hechos, aislados o vinculados entre sí, que han conducido a ese resultado: primero, que se acusó a Sergio Olea Gahona, quien al final no tenía ninguna relación con el asesinato, pasando por todos los vericuetos de La Oficina, para terminar con la fuga desde la Cárcel de Alta Seguridad, en una acción coordinada con el IRA irlandés, con la protección de países como Cuba y ver hoy, en el escenario internacional que Mauricio Hernández Norambuena está detenido en Brasil por el secuestro de Washington Olivetto; que el autor intelectual, jefe del Frente en aquella época, Galvarino Apablaza está en Argentina, y que en la época de Cristina Kirchner se le concede asilo político. Nos pasa que cuando se le solicitó la extradición a Cuba de Palma Salamanca, luego de que la PDI rastreara sus llamadas y con certeza absoluta de que se encontraba ahí, recibimos el oficio de la Corte Suprema cubana diciendo que no estaba. Y que aparecen, después, en México, burlando la justicia, y son vinculados a este caso de la ciudadana franco-americana y que Palma Salamanca logra huir a Francia, donde, gracias a una red internacional de apoyo -que incluye a parlamentarios chilenos- consigue, finalmente, instalar una sensación de lástima hacia su persona, y uno se pregunta, legítimamente: ¿No habíamos quedado, después de tanto sufrimiento, de tanto dolor, que los derechos humanos eran para todos? ¿Para los de izquierda, los de centro, los de derecha, para quienes no tienen ninguna filiación política?

JUSTICIA Y DERECHOS HUMANOS

Los familiares de víctimas de violaciones a los derechos humanos y sobrevivientes de la dictadura te dirán que ellos han tenido aún menos justicia.

-Cuando la justicia sea para todos por igual voy a sentir, realmente, que hemos aprendido la lección de lo que vivimos en los últimos años. Chile no ha sido capaz de procesar ese dolor, que tiene que transformarse en esperanza. Yo estoy a favor de que los tribunales de justicia investiguen todas y cada uno de las violaciones a los derechos humanos y, estoy a favor, profundamente, porque lo he vivido en carne propia, como familiar de Jaime Guzmán y sé lo que significa la necesidad de tener una esperanza en la Justicia. Creo que es el único camino: que haya verdad y justicia para todos, pero estamos tan lejos de la reconciliación.

La defensa de Palma Salamanca ha dicho que fue torturado y que fue condenado sobre la base de una declaración extrajudicial que no firmó; que hubo una fuga y que, según las reglas penales, después de un tiempo la posibilidad de insistir en que regrese a cumplir la pena, expira. Como abogado, ¿crees que en su caso se han dado las condiciones para un juicio justo?

-Primero, hay que recordar que cuando se produce el asesinato de una persona, quien debe hablar, en cualquier Estado de Derecho, es la Justicia y esa Justicia tiene instancias que le permiten a cualquier persona enfrentar un juicio justo, la posibilidad de que interactúen los abogados, tanto de la víctima como del victimario. Y hay que recordar que hubo una sentencia definitiva condenatoria contra Ricardo Palma Salamanca. Por lo demás, él mismo relata el crimen en su libro “El gran escape” publicado por Editorial LOM a fines de los 90. Tengo la convicción, en virtud de lo que él ha señalado y las pruebas irrefutables que existen, de que él fue el autor material del asesinato de Jaime Guzmán, junto con Raúl Escobar Poblete. Cuestionar el juicio, arguyendo que fue torturado para obtener esa declaración, me parece un argumento un poquito vil a estas alturas.

Respecto al concepto de violación a los derechos humanos: la doctrina sostiene que para dar esa calificación a un crimen, debe ser cometido por agentes del Estado. Los civiles pueden cometer delitos graves, terroristas, pero, por su entidad, no se les califica de esa forma…

-Yo puedo entender que, efectivamente, hay una diferenciación si la víctima ha sido objeto de violencia por parte de agentes del Estado, o de particulares que reciben la misión de cometer un crimen político. Obviamente, el primer caso tiene una gravedad incuestionable. Ahora, en este caso concreto, tratándose de un grupo organizado -a mi juicio, criminal-, que actúa una vez recuperada la democracia para llevar a cabo un ajusticiamiento, a base de una caricaturización propia de la extrema izquierda sobre quien fue Jaime Guzmán y cuál fue su papel en la dictadura, creo que las diferencias doctrinarias se vuelven irrelevantes.

Tu tía Rosario ha afirmado que Pinochet y Manuel Contreras, estaban, de alguna forma, detrás de este crimen ¿Compartes esa apreciación?

-Yo creo que elucubrar teorías sin sustento, lo único que hace es dañar la posición de aquellos que esperamos justicia. Puede ser que mi tía Rosario no crea que algún día va a haber justicia, que vale la pena elucubrar una tesis bastante poco real. A diferencia de ella, yo creo que sí se puede lograr y creo que la justicia no se basa en teorías, sino que en realidades y acá la realidad, es que el Frente Manuel Rodríguez reconoció el hecho. Después de unos meses de investigación se supo, fehacientemente, quienes habían participado y me costaría creer que en el año 1991, con la poca relevancia que a esas alturas tenía Manuel Contreras, haya sido capaz de infiltrar a los principales cabecillas de una fracción del Frente que decide continuar la lucha armada. Por lo tanto, para mí esa versión es fantasiosa y no le asigno ninguna credibilidad.

Se sabía que Manuel Contreras era un acérrimo adversario de Guzmán. Y un año después del atentado, en 1992, la Dirección Nacional de Inteligencia del Ejército (DINE), con hombres que pertenecieron a la DINA, mató en Uruguay al químico Eugenio Berríos. Capacidad operativa no faltaba.

-Si hubiese habido una infiltración, significa que terceras personas fueron capaces de convencer a cabecillas tales como Juan Gutiérrez Fischmann, que estuvo casado con una hija de Raúl Castro; como Mauricio Hernández Norambuena, el comandante Ramiro ¿Ellos iban a recibir instrucciones de personas que no conocían? ¿Significa que aquellos dos que dispararon fueron empujados a hacerlo? Estamos hablando de personas con un compromiso político subversivo irrefutable ¡Es, técnicamente, imposible que haya habido una infiltración en el Frente Manuel Rodríguez!

¿Estaba equivocada tu tía?

-La tesis que en algún momento hizo pública mi tía Rosario no tiene otro efecto que retrasar la llegada de la justicia en la causa de mi tío asesinado.

LA UDI Y PIÑERA

Los mismos imputados participaron en el secuestro de Cristián Edwards ¿Por qué crees que su familia no ha pedido con la misma fuerza que ustedes la extradición de Palma Salamanca?

-Cada familia, en función de su propia identidad y su historia, vive el duelo de una determinada manera. Así como mi familia lo ha asumido distinto del duelo de las familias de los detenidos desaparecidos, al menos en los casos más emblemáticos. Respeto de la forma más profunda el accionar de una familia tras un hecho delictivo de sangre. Nosotros hemos asumido una búsqueda de justicia, pero esa es una decisión personal no exigible a otras familias.

¿Cuál es tu visión, respecto de la forma en que tu partido, la UDI, ha abordado este caso? ¿Te parece que ha habido utilización política o actuaciones por conveniencia, en ciertos momentos?

-La UDI tiene un rol importante y una tarea en la búsqueda de justicia, sin duda. Este partido es la obra política de mi tío, él lo fundó con otras personas en 1983 y me extrañaría mucho si no tuviera una participación activa. Lo hizo durante los primeros años y lo ha seguido haciendo durante 27 años. Obviamente, los actores han ido cambiando, pero los compromisos se mantienen. Nosotros valoramos la tarea que han asumido, específicamente, algunos parlamentarios en representación de toda la UDI, porque, así como el Partido Socialista lo ha hecho por sus víctimas, la UDI tiene el deber de hacerlo, tanto por Jaime Guzmán como por Simón Yévenes, el poblador asesinado en 1986. Tener ese apoyo ha sido especialmente reconfortante para la familia.

Y en este momento, en particular, el hecho de que no haya habido embajador en Francia ¿Te pareció revelador de cierta apatía del gobierno hacia el caso?

-No, para nada. Valoro el compromiso tanto del presidente Piñera, como del Canciller (Roberto) Ampuero, para plantear el tema en las reuniones bilaterales que tuvo el Presidente con el Presidente Emmanuel Macron, en los foros internacionales y en todas las instancias correspondientes.

¿No crees que se pudo haber hecho más?

-Siempre vamos a esperar que haya un espacio para seguir en la búsqueda de justicia, pero valoro mucho que el gobierno haya tomado como suya esta causa.

Tú me decías que has visitado el Museo de la Memoria ¿Este dolor te ha acercado al de los familiares de víctimas de los derechos humanos?

-Sí, sin lugar a dudas. Es algo que uno tiene presente, que te hace reflexionar, que te convoca a no tomar posiciones intransigentes. El hecho de experimentar la violencia, el daño y el dolor que eso provoca, lo injusto e incomprensible que es que nos matemos unos a otros por causas políticas, es algo que, a mí, en lo personal, me conmueve y es una de las razones por las cuales estoy en política. Me parece que como sociedad debemos ser capaces de tener una postura más avanzada en lo que significa la violencia política y tener un mayor compromiso con la posibilidad de tener un país reconciliado. El dolor de las familias que sufrieron violación a los derechos humanos durante la dictadura, es algo por lo cual siento un especial respeto. Entiendo, comprendo y acojo que haya una demanda tan fuerte por justicia de aquellos que durante la época de la dictadura no la tuvieron.

¿Crees que esta comprensión se ha plasmado en la política o todavía cada cual llora a sus muertos y aplaude los muertos del otro?

-Cuando recibimos la noticia de la visita de Gabriel Boric y de Maite Orsini, yo tenía la esperanza de que ellos pudieran enfocar el tema con un discurso nuevo, pero tengo la sensación de que se impusieron las caricaturas, las posiciones extremas, la incapacidad voluntarista de no reconocer, finalmente, que se trató de un asesinato y que la víctima debe ser tratada con el mismo respeto que otras, independiente de quien sea el asesinado o el asesino. Todavía nos falta para eso. Yo le pido a la clase política chilena que tenga un especial compromiso con este tema, así como hoy día en la centroderecha reconocemos los excesos del gobierno militar, de la dictadura…

No todos

-Obviamente, siempre habrá sectores que no lo hacen, pero tampoco quiero creer que hay un sector mayoritario que transforme al prófugo Palma Salamanca en un héroe.

GUZMÁN Y GLADYS MARÍN

¿Qué te pareció la película de tu primo (Juan Ignacio Santa Cruz) sobre Jaime Guzmán?

-Me gustaría ir un paso más atrás. Es muy fácil la simplificación sobre Jaime Guzmán, en cuanto a que jugó un papel muy importante en la dictadura, porque, inmediatamente, te lleva a pensar de que tuvo participación directa en hechos criminales. Esa simplificación es la que ha transformado la política, muchas veces, en una política de trincheras que no conduce a nada.

¿Cómo lo retratarías tú?

-Jaime Guzmán fue un civil que participó de manera bastante comprometida con la oposición a la Unidad Popular, porque sentía que era un gobierno totalitario, que con 36% de los votos impuso un sistema ajeno a la historia republicana y democrática de Chile. Luego de eso, obviamente, apoyó el golpe de Estado, pero, en mi visión, su mayor aporte -y el de los civiles que fue capaz de convocar para que participaran en el gobierno de Pinochet-, fue fijar un itinerario constitucional de retorno a la democracia. Eso significaba tener una nueva Constitución, porque la Constitución del 1925 se acabó desde el mismo momento en que los Hawker Hunter tiraron el primer bombazo sobre La Moneda. Es ingenuo suponer que íbamos a ser capaces de retormarla después del quiebre democrático más traumático que ha tenido Chile, más que, incluso, la guerra civil del año 1891, por los efectos que ha tenido y por cómo ha reconfigurado el escenario político.

¿Por qué?

Pensar que bastaba con desempolvar la Constitución del 25 y a los dos o tres años de dictadura, de gobierno militar, decir: volvamos a tener elecciones libres, es ingenuo porque esa era una democracia enferma. Finalmente, el valor de la participación de Guzmán, de haber intentado por todos los medios de que recuperáramos el itinerario constitucional, es algo que no es evidente ni obvio. No se considera que había un sector militar dentro de la dictadura, bastante importante, que no creía necesario volver a la democracia, que no creía, incluso, en la democracia misma y eran sectores influyentes. Esa lucha interna le costó a Jaime Guzmán enemigos de la talla de Manuel Contreras. El propio Federico Willoughby descubrió en 1975 un plan de Contreras para asesinarlo en España, durante el funeral de Franco.

¿Crees que sin Guzmán la dictadura hubiera durado más?

-Con todos sus defectos y limitaciones, en un periodo especialmente complejo de la historia nacional, su aporte fue hacer viable la recuperación del itinerario institucional y democrático. Yo no aseguro que sin la participación de los civiles en dictadura y la presión que ejercieron para que existiera una nueva Constitución, que desembocó en el plebiscito del 88, hubiésemos recobrado la democracia de un día para otro; o lo hubiésemos hecho como sucedió el 11 de marzo del 90, con Pinochet sacándose la banda presidencial y entregándosela a un presidente electo como Patricio Aylwin. Por eso, creo que hay que destacar la transición que tuvimos, con todas sus limitaciones y reconociendo también el aporte que hizo la Concertación. La película de mi primo hermano va más en una línea de una caricatura en que Guzmán es el ideólogo de un sistema opresor, más que en la de mostrar, con sus luces y sombras, a un personaje político importante para la historia de Chile del siglo XX.

Tu tío hablaba de la democracia protegida…

-Sin duda y nosotros, después de 45 años del Golpe, podemos tomarnos un café y hacer un juicio muy crítico del pasado, pero cuando recordamos el nivel de tensión que existía… A las Fuerzas Armadas les tocó una misión compleja, pero espero que nunca más tengan que asumir. Las Fuerzas Armadas no están para gobernar, no deben ser deliberantes, están al servicio del poder civil y la defensa de la Patria.

¿La crítica a la transición es anacrónica?

Hay que tener cierta imparcialidad y tratar de dejar a un lado las pasiones, para hacer un juicio justo. Yo no pretendo que eso se haga ahora. Estamos muy encima. Pero desde el escenario del odio que había a mediados de los ochenta, de la imposibilidad alguna de construir algo en conjunto, al presente, en que hay alternancia en el poder, donde conviven en el Congreso Nacional bancadas con visiones distintas de la historia de Chile, con proyectos políticos diferentes dentro de un marco democrático común, yo veo un avance que costó muchas vidas, mucho dolor y que, sin lugar a dudas, las próximas generaciones tienen que tener presente.

¿Hablaste alguna vez con tu tío de estos temas?

-Jaime Guzmán, a diferencia de lo que aparecía en televisión, era un hombre especialmente cercano, muy amigo de sus amigos, apasionado por el fútbol y el tenis. Era árbitro, tenía un humor especialmente irónico. Imitaba a Pinochet, a Alessandri, a Allende. Tenía una sensibilidad muy especial por la música y el arte y guardo muy buenos recuerdos de conversaciones que tuvimos sobre política. Todavía me impresiona que haya decidido ir como candidato a senador a un año del triunfo del NO, por Santiago Poniente, un distrito que nadie quería. Que fuera capaz de decir ese discurso en el Congreso Pleno, intuyendo que podía costarle la vida. Que se diera cuenta en el Campus Oriente de que lo seguían y que se haya devuelto un rato a la oficina de la secretaria del decano, y que bajara después, pensando que se habrían ido, como un ciudadano común y corriente, sin llamar a nadie, sin pedir protección.

No pidió escoltas…

-No. Era un hombre sobrio, con convicciones muy claras y con una visión de la vida espiritual que, claro, en los días actuales nos suenan retrógradas, pero que fue capaz de congregar a un grupo de personas que no tenían por qué haberse involucrado en política y eso tiene un valor. Así como en la Democracia Cristiana hay hombres señeros como Bernardo Leighton, el mismo Radomiro Tomic; Gladys Marín, que generó un liderazgo tan importante en el Partido Comunista. Figuras que forman parte de la historia de sus colectividades y que hay que aceptar como tales, porque han sido capaces de tomar banderas en tiempos difíciles y eso amerita, a lo menos, respeto.

¿Él te habló de su convicción de los derechos humanos durante la dictadura? Hay gente que dice que los defendió y otros que lo consideran el autor de un sistema que permitió su violación sistemática.

-Jaime Guzmán tuvo un compromiso con los derechos humanos y es cosa de ver sus declaraciones, sus escritos. Quizá, nos hubiese gustado que hubiese hecho mucho más; pero, así como les exigíamos a quienes tenían influencia política que hubiesen tomado esos desafíos, me hubiese gustado habérselo pedido a otras instituciones como el Poder Judicial o a las mismas Fuerzas Armadas. Las responsabilidades son compartidas, aunque suene duro decirlo. Esta era una sociedad con mucho miedo, donde había un sector del país que sentía que un proyecto totalitario se quería instalar en Chile. Entonces, nunca va a ser suficiente aquello que hicieron personas como Jaime Guzmán para morigerar las acciones absolutamente fuera de la legalidad que llevaron a cabo agentes del Estado. Pero eso no justifica que lo hayan matado.

En este contexto ¿qué te parece lo que está pasando con el Ejército, Carabineros?

-Es lamentable en el caso de Carabineros, porque hay un actuar que toda la población rechaza. Me gusta la reacción que hemos tenido como país, de ser capaces de denunciar cualquier abuso. En este caso (Catrillanca) hay situaciones graves, contrarias a cualquier respeto de los derechos humanos y otras graves como las que ha señalado el actual Comandante en Jefe del Ejército, pero el gobierno ha tomado un liderazgo clave, reconociendo lo sucedido y enfrentando los problemas cara a cara, con mucha entereza. Eso, ha sido, siento yo, un sello del Presidente Piñera.

Al cierre de esta entrevista, se conoce la noticia de la aprobación, en primera instancia, de la extradición de Raúl Escobar Poblete a Chile. Por Whatssapp, Francisco Moreno opina que sería una gran noticia que se concretara, “porque él no ha estado ni un solo día preso desde que le disparara a quemarropa a Jaime Guzmán, en 1991”.