Aprovechando un viaje a Polonia decidí que era mi deber de ciudadana universal conocer Auschwitz, símbolo del terror, del genocidio y del Holocausto. Ya había estado antes de visita en un campo de concentración Nazi, en Dachau cerca de Munich, y mi ADN que no es judío, cree desde lo más profundo de mi ser que la única manera en que no se repita la historia es conociendo y recordando las atrocidades cometidas por los humanos y tratar de pasar estas experiencias a los hijos. Por lo tanto, un viaje a Polonia debía obligadamente incluir una visita al principal campo de exterminio Nazi que le costó la vida a 1.100.000 hombres, mujeres y niños, de un total de 1.300.000 que fueron llevados allí entre 1940 y 1945.

Para los polacos continúa siendo una herida abierta la confusión de algunos, de llamarlo campo de concentración polaco, ya que no lo fue y se encargan de recalcarlo a menudo. De hecho, el hoy Museo y Memorial Auschwitz-Birkenau, comandó hace no mucho la creación de una app especial: “Remember”, que ayuda a no cometer el error de utilizar el término “campos de concentración polacos” o “campos de muerte polacos”. Está en 16 idiomas. Allí se recalca que  fue construido por el estado alemán en territorio polaco ocupado, el que fue incorporado a la fuerza al Tercer Reich.

Auschwitz-Birkenau se ubica en la ciudad medieval de Oswiecim (que los alemanes pronunciaban Auschwitz y por eso su nombre), a unos 66 km de Cracovia.

El hoy museo y memorial es solo una parte de los más de 40 campos y subcampos de concentración que conformaban todo el complejo, una verdadera fábrica de muerte. El principal, el “main camp” conocido como “Auschwitz I” fue establecido en barracas polacas pre-guerra y podía albergar entre 15 mil a 20 mil prisioneros. La segunda fase del complejo lo constituye el campo de Birkenau (que albergaba a unos 90 mil prisioneros), también conocido como “Auschwitz II”. Este comenzó a ser construido en 1941 cerca del pueblo de Brzezinka, a tres kilómetros de Oswiecim. En sus tres años de operaciones cumplió varias funciones, para transformarse en el principal y más eficiente centro de exterminio de judíos. Allí murió casi el 90% de las víctimas, más de un millón de personas. La mayoría eran judíos. Gran porcentaje de los más de 70 mil polacos que murieron en el complejo, lo hizo en Birkenau. También murieron unos 20 mil gitanos, cientos de prisioneros de guerra rusos y de otras nacionalidades.

Hay que disponer de, por lo menos,unas 5-6 horas para recorrer ambos complejos. Y se debe ir mentalmente preparado para estar todo el día y quizás algunos días posteriores a la visita, con el corazón literalmente apretado. Es imposible no sentir el peso de la historia y una sensación de abrumadora desolación desde que se ingresa por la conocida entrada que en lo alto exhibe el lema tan visto en películas “Arbeit macht Frei” (el trabajo libera), irónico por decir lo menos.

Para llegar tomé un bus desde la estación central que me dejó directo en el museo memorial, unos 40 minutos después de salir. Los buses salen a intervalos de entre 40 minutos  a una hora, y muchos me dijeron que llegara temprano, ya que las entradas se agotan. Así que partí temprano y estaba en la entrada antes de las 09:00 horas.

Si bien la entrada es gratis, se sugiere pagar alguno de los tours guiados que son hechos por personal oficial del museo y los hay en muchos idiomas. Encontré esto una mejor alternativa a un tour de agencia turística ya que tienden a ser bastante más impersonales. En cambio, muchos de los guías del museo son voluntarios que forman parte de la tragedia del exterminio nazi.  Antes y después del tour guiado, uno puede estar el tiempo que quiera en los dos campos de concentración, separados por unos 3 km que son cubiertos en bus.

Poco menos de una hora después de haber llegado, se forma mi grupo (de no más de 15 personas) y cada uno recibe audífonos y hace el recorrido con un guía que va narrando la historia y habla despacito a un micrófono, por respeto a los otros grupos y para quienes deseen hacer su propio recorrido en silencio.

Los 1.3 millones que fueron llevados a Auschwitz-Birkenau sufrieron muertes horribles, una gran mayoría en cámaras de gas. A Birkenau llegaban en tren, hacinados cual ganado en pequeños vagones y muy eficientemente, la línea del tren termina su recorrido en el campo de Birkenau mismo. Allí, los hombres, mujeres, niños y ancianos eran separados por sexo, edad, y estado de salud. Los más sanos eran separados para trabajos forzados, en tanto los niños eran mantenidos con sus madres para que no lloraran y, junto con los ancianos, eran los primeros candidatos a las cámaras de gases. Algunos eran llevados allí apenas se bajaban del tren, otros debían esperar días antes de morir. El guía nos explica que a los judíos se les engañó varias veces en su trayecto a los campos de concentración. Las cámaras de gas, por ejemplo, eran para “sanitizarlos”, para que no se contagiaran con alguna enfermedad. También se les dijo que llevaran sus artículos personales y cada persona podía llevar consigo hasta 25 kilos de equipaje. Es por esto que hoy se pueden ver las maletas, con los nombres de sus dueños, ya que “todo se les iba a devolver más adelante”, otra mentira.  Esa fue una de las fotos que no pude tomar ya que el nudo en la garganta y la pena de visualizar a esas familias marcando sus pertenencias con la esperanza de un “más adelante”, es desgarradora. También se les dijo que llevaran sus utensilios de cocina ya que los iban a necesitar para cocinar después de ser “re-ubicados”, otra mentira.

El guía nos muestra la entrada al block 19, la temida “Krankenhaus”, la enfermería, donde obviamente se trataba de no ir ya que era una muerte segura.  Conocimos los dormitorios de las mujeres, donde dormían de 4 por corrida, siendo la más segura la de más arriba ya que solo las que aún estaban en buenas condiciones físicas podían encaramarse. Asimismo, nos cuenta que en Auschwitz II, Birkenau, siempre hubo serios problemas de agua y muchos morían por las enfermedades que se esparcían como plagas por las barracas.

En otras partes del museo memorial no se puede tomar fotos, por ejemplo, en la gran sala que contiene cerros con toneladas del pelo de las víctimas y que está protegida por un grueso vidrio y se mantiene ahí para los escépticos que hasta el día de hoy niegan que haya existido un holocausto.

En las cámaras de gas, nuestro guía nos cuenta que se requerían entre 6 y 7 latas de veneno (el pesticida a base de cianuro Zyklon-B) para matar a una pieza llena de personas… tomaba 15 minutos morir y muchas horas, incluso días en colocar a los miles de cuerpos en los crematorios. Para que no cundiera el pánico, se les decía que era un proceso de desinfección para evitar enfermedades.

Los Nazis lograron aniquilar a 6 de los 11 millones de judíos que existían en ese momento. El año pasado, dos millones de personas visitaron el antiguo campo de exterminio nazi de Auschwitz, en lo que ha sido el año con más visitas desde que el lugar fue transformado en museo en 1947. La historia no debe repetirse… no debemos olvidar. Quizás la app “Remember” sea un buen inicio para al menos no cometer errores semánticos sobre la autoría de estos crímenes.

Puedes ver más sobre este sitio de memoria en: https://correctmistakes.auschwitz.org