* Emilia Ríos Saavedra, Consejera Política Nacional de Revolución Democrática y Concejala de Ñuñoa.

Confiar en la democracia como algo más que consignas vacías o purismos inconducentes implica hacer un esfuerzo para transformar los discursos y la práctica cotidiana, pues la democracia es una vivencia, que se atrofia cuando no la ejercitamos. Democracia entonces es un ideal siempre realizándose, donde convicciones y pragmatismo son caras de una misma moneda. La capacidad de alcanzar acuerdos sin ideales de fondo es tan inútil para el fortalecimiento de la democracia, como grandes ideales sin la capacidad de hacerlos avanzar. Esta convicción nos obliga a analizar las condiciones efectivas del momento político para ir hacia una democracia profunda que parta desde el territorio y transforme el país.

El momento político

Quienes llevamos años trabajando desde lo territorial, sabemos que estamos ad portas de una elección de crucial importancia: Gobernaciones Regionales, Alcaldías y Concejalías que definirán el futuro de la política en Chile, en un escenario mundial complejo para el avance de los derechos sociales. Esta importancia radica en que es desde el territorio y en lo local donde se juega buena parte del tenor y solidez de la democracia. En estas elecciones se presenta la posibilidad de tomar poder -concreto, cotidiano, visible- para distribuirlo entre las personas comunes que hoy están marginadas de la toma de decisiones. Son estas personas quienes, a lo largo del territorio, no cuentan con experiencias para decir que sí importa que nuestras instituciones estén dominadas por unos u otros. Esta realidad local, multiplicada por todo Chile, es la que constituye el terreno más fértil para que germine la semilla del autoritarismo.

Asimismo, los gobiernos regionales y locales representan la principal plataforma para construir una verdadera alternativa de gobierno. Tenemos la firme convicción de que mientras más regiones y municipios gobernemos, más orgánica y sólida será la alternativa de que el Frente Amplio pavimente su camino a un eventual gobierno. Esto ha pasado en otros países donde las ideas progresistas han crecido desde gestiones locales y regionales exitosas, avanzando en derechos y en el ejercicio cotidiano de la democracia.

Sin embargo, para concretar este objetivo, hoy nos vemos constreñidos por las condiciones estructurales de nuestra democracia. El sistema de elección para las alcaldías se organiza como una elección uninomimal de una vuelta, es decir, quien saca una mayoría simple obtiene la alcaldía. Es un mínimo democrático que las alcaldías se escojan por una mayoría absoluta de los votantes, por lo que la segunda vuelta debería promoverse a nivel parlamentario. Pero, el escenario muestra que dicha aspiración difícilmente podrá concretarse, dado que una segunda vuelta municipal afecta directamente los intereses del gobierno de Chile Vamos. El simple hecho de que se presente más de una candidatura de la centro- izquierda les da una ventaja – espuria y desde una minoría- que no cederán y que en muchos casos será incontrarrestable. Muchas comunas ya están familiarizadas con esta tragedia.

¿Qué hacemos entonces? Podemos desde ya renunciar a la aspiración de liderar gobiernos regionales y locales, dándole el pase a la derecha para que obtenga una mayoría aplastante de las alcaldías del país. O bien, hacemos todo lo posible para hacer viable la obligación política y ética de lograr gobiernos locales para crecer por todo Chile.

Nuestra propuesta

De nada le servirá a Chile ni a nuestros territorios ser los mejores de los perdedores. Por el contrario, tenemos que trabajar para garantizar las condiciones para que podamos competir con miras a ganar. Ello implica necesariamente explorar caminos diversos y amplios, de acuerdos políticos y/o programáticos, con el Frente Amplio de manera prioritaria y coordinada de manera nacional, pero también con otros proyectos políticos o partidos que estén transformando sus formas de actuar hacia un enfoque municipalista. El desafío ahí es liderar el proceso y ser con creces la mejor alternativa de transformación.

En este sentido, se deberán respetar las lecturas que generen los propios territorios de su realidad local, y no imponer restricciones desde el centro, ni mucho menos cerrar posibilidades tácticas -primarias amplias, por ejemplo- cuando lo que se requiere es flexibilidad para trabajar en la diversidad. En cada territorio -donde conviven conflictos, resistencias, historias de vida- en los que las preocupaciones concretas exceden con creces aquellas centradas en las siglas, como si fueran más importantes que las ideas y el compromiso real con la radicalización democrática.

El territorialismo, como principal impulsor de la creación del Frente Amplio, hoy apostará por un proyecto para RD que tenga claridad de que ese es nuestro domicilio, donde estarán nuestras alianzas programáticas y de cogobernanza municipal. Asimismo, hoy estamos seguros de que este periodo político requiere que ganemos espacios que hoy están tomados por la política tradicional, la que en gran medida nos motivó a querer generar una alternativa. Los partidos tradicionales no perderán relevancia solo porque lo deseemos con mucho ímpetu, sino que debemos ir tomando los espacios que ellos mismos han descuidado. Para ello, es la ciudadanía la que finalmente deberá decidir y entregarnos su confianza a través del voto.

En síntesis, el pragmatismo de izquierda, planteado abiertamente, sin eufemismos y con objetivos políticos de fondo, que surgen desde el trabajo permanente en los territorios, esconde poco y por el contrario democratiza el debate estratégico y táctico. Revolución Democrática hoy debe superar las discusiones basadas en “lo que suena bien”, sincerar las posturas y afrontar sin pudores y con sentido de responsabilidad el difícil escenario que nos plantean las próximas elecciones de 2020.

Columna de diputada Catalina Pérez: Lo que esconden los pragmatismos de izquierda

Porque aunque el neofascismo ruge y asusta, y el temor de su instalación como alternativa real en la democracia chilena es real, las nuevas izquierdas tenemos la responsabilidad de pensar no sólo en cómo contenerla, sino que en cómo vencerla.