Neftali Carabantes es abogado y secretario general de la Universidad Central

Es difícil encontrar a alguien en el Vaticano con mejor trayectoria en la lucha contra los abusos a menores por parte miembros del clero, que el arzobispo Charles Scicluna. De lo anterior dan cuenta sus investigaciones en contra el padre Maciel en México o los casos de abusos y encubrimiento masivo de los obispos en Chile.

Por ello, en momentos en que la Santa Sede se encuentra en plena lucha contra la pederastia, no causa sorpresa que el Papa haya decidido “recuperar” a Scicluna, reincorporándolo en Roma a la Congregación para la Doctrina de la Fe como secretario adjunto, órgano clave para investigar y castigar las denuncias de abusos que llegan de todo el mundo.

Nuestro país fue testigo de las fuertes críticas que recibió el Papa Francisco por acusar a las víctimas de abusos del sacerdote Fernando Karadima de fabricar calumnias contra el prelado Juan Barros, quien, como se sabe, prestó declaración en calidad de imputado en las indagatorias por presuntos delitos sexuales que investiga la Fiscalía en la Región de O´Higgins. No obstante, en un giro saludable, el Papa Francisco decidió acudir a Scicluna, y a Jordi Bertomeu, quienes llevaron a cabo una histórica investigación en nuestro país, que terminó con la renuncia en pleno de todos los obispos chilenos. El último informe de la Fiscalía –a octubre de 2018- indica que en Chile las denuncias por abuso sexual por parte del clero, ascienden a la cantidad de 124 causas vigentes, con 178 personas investigadas, entre ellas 8 obispos y 222 víctimas.

Ahora bien, cabe preguntarse ¿tiene alguna relación Scicluna con la demora en los nombramientos de los Obispos e incluso del nuevo Arzobispo de Santiago?

Quizás, la enorme y bien ganada confianza que deposita el Papa Francisco en Monseñor Scicluna, sea una de las causas indirectas que sigue provocando la evidente demora en los nombramientos pendientes de Obispos en Chile. ¿Qué advirtió Scicluna en paso por Chile?

Como todo el mundo sabe, en ocasiones, las demoras son normales e históricas. El tema tampoco debiese pasar por falta de cuadros para ocupar el puesto de Obispo. Sabido es que vienen nuevas generaciones de sacerdotes que nada tienen que ver con sus antecesores, que están rompiendo paradigmas de los perfiles tradicionales, con trabajo en las calles, no necesariamente al interior de templos; y no es difícil encontrarlos en facebook, youtube, twitter, signos inequívocos de una verdadera renovación de la vida consagrada. También es efectivo que el Papa debe gozar de las mayores seguridades al momento de tomar una decisión.

Complejiza el cuadro el nuevo perfil delineado por el Papa Francisco, al establecer que los nuevos Obispos debían ser “pastores con olor a oveja”. Fácil resulta comprender entonces, que el Papa Francisco no quiere obispos enclaustrados y dedicados a redactar tratados de teología o coleccionar antigüedades sacrosantas, sino que, está buscando pastores que simplemente caminen delante, al medio y atrás de su rebaño.

La Nunciatura Apostólica es el centro del sistema formal de nombramientos, recayendo en el Nuncio la obligación de enviar información y particularmente ternas debidamente priorizadas a la Santa Sede con los candidatos a Obispo.
A estas alturas es insoslayable y no controvertido que los graves sucesos de abusos y delitos cometidos por integrantes del clero en Chile, han incidido en la demora de los nombramientos. No olvidemos que las víctimas de abusos golpearon una y otra vez las puertas de la Nunciatura y lamentablemente no fueron escuchados. A contrario sensu, Charles Scicluna en su paso por Chile trabajó sigilosamente con deliberada y total independencia de la Nunciatura. Además, no solo investigó denuncias de abusos, se reunió con las víctimas, y determinó responsabilidades, sino que fue aún más lejos al señalar que “la Iglesia debía colaborar con la justicia civil, pues el abuso de menores no es solo un delito canónico, sino un delito civil”, distanciándose radicalmente de la verdadera muralla investigativa que ha implicado históricamente el Secreto Pontificio.

A juzgar por todo lo ocurrido, el Papa tiene el justo derecho a preguntarse ¿si antes no recibí la información fidedigna de los graves sucesos ocurridos en Chile, por qué ahora debo confiar que los candidatos propuestos son los idóneos?

Sin duda el Papa querrá dar una señal al mundo con los nuevos nombramientos de Obispos en Chile y el Arzobispo de la capital, cuyos ojos están puestos en nuestro pais. Falta mucho camino por avanzar en materia de establecer la obligación de denuncia y el asumir por parte de la Iglesia la responsabilidad patrimonial que le corresponde en materia de reparación a víctimas; en tanto, la historia se encargará de señalar que Monseñor Scicluna no solo se erigió como el cazador de los abusadores y la bestia negra de los encubridores al interior de la Iglesia chilena, sino que, además logró desentrañar el real estado de una fracción minoritaria del clero chileno, que por suerte, ya inició el camino del retiro.