“Cambia todo cambia
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo…”

Fue uno de los estribillos que con mucha pasión y alegría entonamos en varias oportunidades durante este fin de semana del 5 y 6 de enero mientras vivíamos con emoción la apertura del primer Sínodo de Laicos auto convocado.

Después de meses de trabajo comprometido por parte de Red Nacional de Laicos y Laicas de Chile, se da a luz este encuentro tan significativo, que sin duda marcará un hito en el caminar de nuestra Iglesia de este último tiempo.

Fuimos invitados a iniciar un proceso participativo de diálogo y escucha del estado actual de la Iglesia donde compartimos los sueños y esperanzas que tenemos.

Fue un espacio de encuentro, donde juntos hicimos memoria del caminar que hemos ido realizando desde nuestras comunidades compartiendo dolores, frustraciones y esperanzas.

Dos días de honda escucha, donde constatamos que es posible caminar juntos desde nuestras diferencias pues veníamos de los más diversos rincones de nuestro Chile, de distintas espiritualidades y variados servicios al interior de las respectivas comunidades. La mayoría laicos y laicas, aunque también nos hicimos presente algunas religiosas, religiosos y sacerdotes. Es urgente ponernos en camino y juntos construir una Iglesia verdaderamente sin exclusiones.

Es muy esperanzador constatar que hay muchos hombres y mujeres que desean una Iglesia diferente y están comprometidos en sus lugares y comunidades locales aportando en esa línea. Deseamos recuperar esa voz profética y liberadora de la Iglesia de Jesucristo, que pone a Jesús en el centro: al Maestro que da de comer a los hambrientos, que sana a los que sufren, que se mezcla con los publicanos, que incluye a todos los que están excluidos, desplazados; a ese Jesús que construye desde lo pequeño, lo oculto.

Cambia todo cambia…implica desinstalarnos, escucharnos, convertir nuestra mirada. Queremos mirar la realidad con los lentes con que la miró Jesús; los lentes de la justicia y la verdad, los lentes de la compasión ante el sufrimiento de tantos hermanos que aún no han sido reparados en su dolor, los lentes del profetismo para denunciar tantas injusticias de nuestro país hacia los más pobres y vulnerables.

El Espíritu sopló con fuerza, encendió la llama; no la apaguemos, no seamos sordos a esas voces que arriesgaron su palabra, no nos tardemos en apreciar, en valorar la gran riqueza de lo que allí se expresó, dialogó y reflexionó.

¡Otra Iglesia está siendo posible, a seguir haciendo camino!

Por Hermana Eugenia Valdés O. rscj