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	<title>The Clinic Online &#187; Alfredo Jocelyn Holt</title>
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		<title>The soul/el alma/ of Chile</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Jun 2011 01:50:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Alfrefdo Jocelyn-Holt]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[crítica]]></category>
		<category><![CDATA[ensayos]]></category>
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		<description><![CDATA[A The Clinic llegó un libro sorprendente, increíble, una joya ultramontana para coleccionistas: “El Alma de Chile”. Prologados por Piñera, reflexionan sobre los aspectos que definirían al país, entre otros, Agustín Edwards, Gonzalo Rojas S., Mario Kreutzberger, el general Fuente Alba, Juan de Dios Vial Larraín, Patricia Matte Larraín, el Cardenal Jorge Medina y Gonzalo Rojas Sánchez. Le pasamos el libro a Alfredo Jocelyn-Holt para que lo leyera y reseñara. Y lo hizo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/06/the-soul-of-chile-Jocelyn-Holt.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-47161" title="the-soul-of-chile-Jocelyn-Holt" src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/06/the-soul-of-chile-Jocelyn-Holt.jpg" alt="" width="595" height="387" /></a></p>
<p>¿A qué gringo o angloparlante que venga a Chile por negocios, o a estudiar, a pescar, o a admirar la Patagonia antes que la chinguen, le podrá interesar un libro titulado The Soul of Chile como este publicado a todo trapo por Editorial Novum? Además, ¿qué onda el libro in the first place?</p>
<p>Veintiséis reflexiones al respecto. De terror la versión traducida; cualquier editor que se digne de su nombre, sepa o no el idioma hereje, persigue a los traductores por estafa y, luego, los azota en la plaza pública. Para qué les cuento las fotos y el diseño. Papel cuché, que siempre me recuerda la laca en los peinados y permanentes, tipo Almodóvar, de las señoras de la generación de mi mamá. Muestras caligráficas de cada uno de los autores (ahí se nota quién sí, quién no… fue a colegio pagado). Mucha bandera y tricolor, no vaya a ser que se le olvide a uno, míja, que es sobre Chile, la Patria, este libro, gracias a Dios. Y de la selecta compañía de autores, bueno, salvo honrosas excepciones, podrían haber estado todos en alguna tallarinata de las “Damas de Rojo” fotografiados en las páginas de vida social de El Mercurio, La Segunda o Caras, si no haciendo la visita de rigor (el pésame que no fue) preguntando por la salud mental de Luis Eugenio, presbítero suicida y capellán de la Orden de Malta (de hecho, al menos tres autores de esta colección de ensayos militan en ese anacronismo viviente).</p>
<p>En fin, la estética a primera vista es propia de creativos de la campaña del “Sí” el ‘88, cesantes todos estos años. Las fotos los delatan, hasta los huasos desfilan. Me hizo recordar a cuando Benjamín Mackenna y la Nena Ossa dirigían los destinos culturales de este país. Que esta publicación cuente con el auspicio del gobierno –preceden retratos y presentaciones de Piñera y Alfredo Moreno– es preocupante. ¿Qué tanto ha cambiado y se ha distanciado del discurso quinchero-cultural la derecha? Por suerte Luciano no aparece.</p>
<p>Algunos de los subtítulos de los ensayos dan una idea de los temas, del sesgo de sus autores y de lo pavorosa (no exagero) que es la traducción: “Soul of Chile alludes to a reality, very rich in content and aspects” (Alicia Amunátegui viuda de Ross con impecable caligrafía de las Monjas Inglesas); “The Week of the Essence of Chile” (Agustín Edwards Eastman, quien figura con chamanto floreado chillón de Doñihue, y ahora último de la APEC, hablando de equinos); “The Navy and the soul of Chile” (Comandante en Jefe de la Armada de Chile, cuadrado con la identidad); “Carabineros represent the Nacional (sic) Soul” (General Eduardo Gordon, doblemente cuadrado); “Celestial Soul –The Little North, Aquatic Soul– The Canals” (Raúl Irarrázaval, Gran Maestre del capítulo maltés local); “The Chilean soul is individualistic” (Carmen Luisa Letelier nunca más desafinada que aquí); “The need to develop potential” (Patricia Matte, feroz de conyugal, más que la “viuda de Ross”, firmando “de Larraín” y eso que ella es Larraín, su apellido materno); “My vocation producing high quality wines” (Aurelio Montes, igual a sí mismo, pasando aviso); “To understand the continental ones” (es decir “Comprender a los continentales”: la visión de Mahani Teave, la pianista rapanui, bonita, pero a juzgar por lo que escribe, mejor que siga con el piano)… Resumiendo: si así pretenden “vender” el país afuera, olvídense o pregúntenle a Luis Eugenio sobre el suicidio versión “la vida después de la vida”.</p>
<p>Dice Piñera en la presentación: “Pocos títulos he visto tan audaces y ambiciosos como el de este libro. Desentrañar lo que es ‘El Alma de Chile’, en un sentido profundo y certero, es una tarea de enorme envergadura. Valiente, por tanto, el que lo intenta. Y genial, quien lo logra”. En verdad, no lo logran: más que audaz el libro es temerario, atrevido y pretencioso.<br />
En el artículo inicial (“The Essence of the Soul of Chile”, algo así como el soul del soul chilensis) Joaquín Alliende se las da de versificador (juzgue usted si rima), pero –precioso dato– deja caer, como sí quiere y no quiere la cosa, que el autor de la famosa homilía de Raúl Silva Henríquez en el Tedeum del 18 de septiembre de 1974 sobre “el alma de Chile” no fue el “Cardenal” sino nada menos que Raúl Hasbún (p. 16), su entonces otro secretario (no solo Luis Eugenio). De modo que cuando a los políticos les da con el cuento del Cardenal (Lagos papá y Piñera suelen citar el sermón) corean a Hasbún (¡!), the true voice que habla; Silva Henríquez, a lo sumo, dijo amén y, luego, los hizo persignar a todos. A los libros malos hay que leerlos, contienen información.</p>
<p>La mayoría de los autores simplemente venden sus propios trastos. Montes su chacolí; el “Dunny” su diariamente necesario periódico dato aviso, “un reflejo fiel del alma nacional en todos sus matices” según propia confesión (p. 63), Paz Ciudadana, los caballos corraleros…; el General Fuente-Alba, en un “combo” de dos por uno, la “seguridad nacional” y cómo el Ejercito es “un factor de encuentro civil-militar” habiendo contribuido con “cien años de paz” (p. 69), así de carepalo y cuadrado con su propio cuento. Lo que es el ensayo de Otto Dörr (angustiadísimo con el deterioro del lenguaje hablado en Chile, el “‘…ón” p‘arriba y el “‘…ón” p‘abajo, la “ch” convertida en “sch” que encuentra feísima, y la coprolalia, el lenguaje caca, que, según él, manifestaría cierta demencia y daño de los lóbulos frontales del cerebro), tuve la sensación que quiso ser algo así como discurso de recepción en la Academia Chilena de la Lengua (de la que, tengo entendido, no es miembro) en vena Goethe-Humboldt, desentonando con una colección como ésta, bastante dispareja como se podrá haber apreciado.</p>
<p>Mario Kreutzberger es anecdótico, recurre a sus recuerdos de cuando todavía era niño e inocente, tierno su artículo (“Recordar es volver a vivir”); Margot Loyola sobre la cueca es, al menos, auténtica, y dice algunas cosas en que vale reparar; Lautaro Núñez bien podría haber publicado su lúcida pieza sobre nuestros pueblos originarios en otro lugar (aquí me temo que se pierde); Gonzalo Rojas Sánchez y Juan de Dios Vial Larraín se van por la fácil y sólo rescatan a personajes señeros un tanto obviamente, por tanto, ambos son prescindibles. Lo mismo cabría decir de las contribuciones de dos Premios Nacionales de Historia (Guarda y Martinic) que no impresionan ni conmueven. Y así otros varios.</p>
<p>La muestra es adivinable. Si usted gusta de los artículos de “Artes y Letras”, en especial los de la época de Jaime Antúnez, se sentirá en terreno familiar. Lo más interesante del libro es que sea una suerte de fósil, representativo de cierto mundo conservador, angustiado, ultranacionalista (ése el común denominador de casi todos los ensayos). Perversamente lamento, eso sí, que se haya publicado después del cierre de la cápsula de tiempo enterrada en Plaza de Armas. Me puedo imaginar a nuestros futuros compatriotas teniendo que descifrar sus contenidos tanto como los gringos que leen la versión en inglés.</p>
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		<title>“¡Gloria al salvador de Chile!”</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Sep 2010 17:38:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Bernardo O'Higgins]]></category>
		<category><![CDATA[bicentenario]]></category>
		<category><![CDATA[Historia de Chile]]></category>
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		<description><![CDATA[San Martín se distinguía de O´Higgins y en menor medida de Carrera (también un ex-oficial español en las guerras napoleónicas), en que era un militar profesional e insisto, un español, no un criollo. Por eso lo suyo, en el fondo, es un intento de “reconquista” de América, de conquista en reverso, esta vez para los sudamericanos, pero con las mismas miras y lógicas geográficas de los primeros conquistadores españoles.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-20364 aligncenter" title="San-Martin" src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/09/San-Martin.jpg" alt="" width="300" height="394" /></p>
<p>Aún a riesgo de ofender la proverbial tontería patriotera chilena —mejor dicho, queriendo, proponiéndomelo, a fin de fastidiarla y sacarla de quicio porque se lo merece y que le duela— digamos lo que siempre se ha sabido pero no se admite por mezquindad y ninguneo. Este país es independiente gracias a José de San Martín. Quién siempre lo tuvo claro fue el mismísimo O`Higgins, ya en Maipú, cuando llegó tarde, pero no tan tarde como para dejar de exclamar, en un gesto de reconocimiento que lo ennoblece, “¡Gloria al salvador de Chile!”. Es que una cosa es O´Higgins; otra muy distinta, sus hinchas que nos vienen hinchando desde aquel entonces. <span id="more-20363"></span></p>
<p>Fue San Martín quien concibió la fórmula que nos sacó de encima, primero a los ejércitos del Perú, y luego, al imperio del Rey español. Su idea es clave, y probablemente no se le podría haber ocurrido a nadie más que a un español.  San Martín lo era. Había nacido en Yapeyú, al sur del hoy día Paraguay, pero partió con sus padres españoles rumbo a la Península, a los siete años, de donde no volvió sino 27 años después, tras una carrera larga en los ejércitos del Rey, y sólo para hacer lo que hizo. Concretamente, continentalizar la guerra contra el imperio, asentándose en Cuyo, preparando la arremetida contra el Chile ocupado, o —también posible— a la espera de que los españoles hicieran el cruce primero. Adicionalmente, fraguando una hábil campaña de desinformación en torno a varios flancos posibles que desconcertó a los españoles en Santiago. Liderando un ejército transandino-chileno, en ese orden —argentino luego chileno— por el predominio de las tropas, la oficialidad y los recursos envueltos. Y llevando a feliz término la extraordinaria hazaña andina, digna de un Aníbal (la historiografía entera se sirve de la analogía clásica para entender lo que hizo). Digna también de antiguos conquistadores de a caballo, igual de españoles, tres siglos antes, que también gustaban ubicarse en un mapa continental de colosales proporciones.</p>
<p>San Martín, en eso, antecede a Bolívar. Se distinguía de éste, de O´Higgins y en menor medida de Carrera (también un ex-oficial español en las guerras napoleónicas), en que era un militar profesional e insisto, un español, no un criollo. Por eso lo suyo, en el fondo, es un intento de “reconquista” de América, de conquista en reverso, esta vez para los sudamericanos, pero con las mismas miras y lógicas geográficas de los primeros conquistadores españoles. Una suerte de reescritura y corrección de ese momento proverbial. Y, al igual que los conquistadores, sin apego a una localidad circunscrita a estas tierras, desligado de presiones, conflictos e intereses atados a un lugar de origen, lo cual le permitiría pensar el asunto en términos estrictamente estratégico militares y a gran escala.</p>
<p>La idea era simple y brillante, por lo mismo más complicada de entender para quienes no compartían ese espectro radial de visión en grande. Había que liberar a Chile primero (una fortaleza o castillo natural, inexpugnable, lo llamó alguna vez) para de ahí proceder en contra del virreinato limeño y terminar con la presencia española en el subcontinente. Cuestión que lo llevó a distanciarse de Buenos Aires con sus interminables rencillas internas y su obsesivo prejuicio a favor de una guerra sin éxito en Alto Perú (hoy Bolivia); acercarse a los británicos (gustaba de rodearse de ingleses y se le tuvo muchas veces de agente de esa potencia) para que le dieran el vamos respecto a Chile y lo secundaran con refuerzos navales; enemistarse con los chilenos, una vez aquí y antes de partir a Lima, porque apoyaba a O´Higgins, personaje resistido, no unánimemente querido; y, en fin, porque aceptó que la proclamación de Independencia chilena en 1818 fuera no sólo respecto del Virreinato peruano sino también, y más crucial, de Buenos Aires.</p>
<p>Esto último, probablemente una concesión coyuntural, táctica, cuyo propósito no fue otro que asegurarse, a cambio, fondos con cargo a un Chile independiente que financiaría la escuadra y le permitiría llegar al Callao, que es lo que terminó por suceder. Nuevamente, hay que tener en cuenta sus miras más en grande. Si hemos de dar crédito a las intenciones del Congreso Continental de Tucumán de 1816 que explican lo que haría desde Cuyo, lo que se ambicionaba era nada menos que la Independencia para las Provincias Unidas de Sud-América. En otras palabras, no romper cierta unidad legada de los españoles, o bien, paradójicamente, restablecer el virreinato original, sin españoles, para los americanos. Propósito que, de haberse logrado, podría haber resultado en una unidad extensísima, que habría abarcado el Perú, el Alto Perú, Chile, y buena parte de los territorios rioplatenses y la ladera oriental de los Andes. Lo cual habría requerido, sin duda, de una gran figura unificadora, probablemente un monarca (incluso indiano), solución que, de hecho, se barajó en dicho congreso.</p>
<p>Esto último concordante con sus simpatías personales, no precisamente republicanas sino monárquicas. Sus apegos además —repito— nunca fueron localistas, y la cartografía que manejaba era de alcance imperial. Pensaba en términos de imperios ya existentes pero ya no viables (el español), de virreinatos que podían devenir en otra cosa (unidades nacionales potentes, no piezas piñufles de un rompecabezas sin posibilidad de rearmarse que es lo que terminó ocurriendo por años después de la Independencia), y de potencias mundiales que no podían dejar de considerarse en cualquier reconfiguración futura, puntualmente, los británicos.</p>
<p>Aunque enteramente en el plano de la especulación, no es descartable que sus inclinaciones hayan sido pro-británicas. Inglaterra estaba detrás de las pretensiones  legitimistas españolas. Aunque retornaran los Borbones al trono no estaba claro que los españoles pudieran volver a manejar un imperio ultramarino. Con todo, había que preservar esta parte del mundo de otras potencias (Francia desde luego) y los ingleses favorecían un neo-imperialismo más laxo, de tipo estrictamente comercial, no militar, favorable a nosotros.</p>
<p>Sin embargo, al igual que Aníbal, terminó derrotado. Lima fue su Cartago, y debió dejarle libre la pista a ese confuso genial, alborotador y agitador infatigable que fue Bolívar, retirándose a la Europa de donde venía, donde vivió 26 años hasta su muerte, sin volver, porque ya nada tenía qué hacer por estos lados.</p>
<p>Con todo, que a causa de este complejo rediseño imperial frustrado, igual ayudó a liberar eventualmente a Chile, algo de eso ocurrió. Aunque, ¿qué tanto? Visto el asunto como lo hemos estado conceptuando, nuestra independencia inicial no fue más que una consecuencia no intencionada de un cuadro inacabado, algo más ambicioso que nunca se materializó. Para San Martín, Chile no era otra cosa que un bastión o plataforma para propósitos infinitamente superiores que nunca se concretaron. La historia enredó aún más el asunto tiempo después. De hecho, se requirieron dos guerras adicionales contra el Perú (contra la Confederación Perú-boliviana y la guerra del salitre o del Pacífico) para afianzar nuestra autonomía algo mediana de tamaño, alcanzada hasta ese entonces. Autonomía de fabricación local, “a la chilena”, conforme a un recetario o “formulario nacional” que, a falta de otro más portentoso, terminó por imponerse.</p>
<p>Curioso, pues, que estemos “celebrando” supuestamente nuestra Independencia. La gente se confunde un poco. Estamos a 200 años del inicio de un proceso bastante más intricado que lo que vulgarmente se supone. Hace 200 años atrás sólo comenzamos a pensarnos en términos republicanos y liberales, de la mano de una oligarquía política notable, sofisticada e ilustrada. En 1818 nos “independizamos” formalmente hasta por ahí no más. Y, a juzgar por lo que seguramente imaginaba San Martín, en efecto, hasta ahí no más. Lo cual es muy chileno después de todo. Este país es, fue, sigue siendo, lo que se pudo.</p>
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		<title>Las imágenes del horror</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 15:10:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[La Calle]]></category>
		<category><![CDATA[Verde]]></category>
		<category><![CDATA[fotografía]]></category>
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		<description><![CDATA[POR ALFREDO JOCELYN-HOLT FOTO: ALEJANDRO OLIVARES Leo en un texto de Alberto Manguel el sugerente dato que, quizá, la más potente imagen del horror producida durante ese siglo del horror que fue el siglo XX —el lienzo gigante de “Guernica”— se la debemos a uno de los artistas más insensibles a la violencia que ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>POR ALFREDO JOCELYN-HOLT<br />
FOTO: ALEJANDRO OLIVARES</p>
<p>Leo en un texto de Alberto Manguel el sugerente dato que, quizá, la más potente imagen del horror producida durante ese siglo del horror que fue el siglo XX —el lienzo gigante de “Guernica”— se la debemos a uno de los artistas más insensibles a la violencia que ha habido. A Picasso, quien, además de ser un fanático de las corridas de toros, solía martirizar con esmerada crueldad a sus modelos-amantes, ridiculizándolas o despertándoles celos enfermizos, hasta hacerlas llorar para luego retratarlas desesperadas. “A mí nadie me importa de veras”, le confesaría a una de ellas. Un tanto paradójico porque lo que suscita el cuadro en los espectadores es justo lo contrario; es piedad empática para con las víctimas. <span id="more-14617"></span></p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/03/terremoto-joselyn-holt.jpg" alt="" /></p>
<p>¿Era un bárbaro Picasso al provocar este combo perverso de amor y odio? Probablemente sí. Los expertos en ritos aztecas sostienen (cito a Balandier) que el impacto dramático de la violencia sacrificial consistía en una suerte de “fascinación asustada”, cómplice y devoradora, de parte de los testigos del ceremonial escenificado, y eso nadie lo sabe mejor que el cristianismo, que viene haciendo otro tanto desde hace dos mil años con la imagen trillada del dios agónico, los ojos en blanco, colgando de la cruz. </p>
<p>¿Qué sería del ministerio del dolor sin aquel sufrimiento coreografiado? Debidamente repetido, en dosis calculadas, puede operar, incluso, como analgésico. Llegado cierto punto de inflexión, la saciedad emocional se traduce en resignación hipnótica. La víctima propicia “muere por nosotros” y, a continuación, a los sobrevivientes se nos conduce al siguiente episodio levítico, al duelo, a la paz del cansancio acabado, la resurrección del cuerpo y del ánimo perdido. Al final, se nos asegurará que todo está más o menos bien; la vida seguirá el curso cotidiano, y a la pesadilla se la recluirá a ese altillo de material ligero —la memoria— con que luego improvisamos el recuerdo flojo. </p>
<p>Claro que, en nuestros días, dada la velocidad relámpago con que nos solemos manejar, para que el olvido no devenga inmediato ni desechable, hay que prolongar el orgasmo voyerista un poco más. Grado ocho, ojalá con réplicas y estremecimientos varios. Si para volver presente la desgracia, le bastó a Picasso con un mural, una sola mujer despavorida, un caballo herido aullando, una única casa en llamas, y un puro toro imperturbable y, ya antes, era suficiente también una sola imagen de la crucifixión, preferentemente en el altar mayor, eso, hace tiempo, que dejó de convenirnos. Para que no se pierda el efecto, la dosis obliga, ahora último, a centenares, cuando no miles, de imágenes, a las cuales los soportes técnicos de máxima resolución, cuan auxilio viagra, ayudan para qué decir. Permiten que los registros se recarguen y reproduzcan tantas veces lo exija el morbo paparazzi. Acompañadas de, a veces, las mismas palabras una y otra vez repetidas (“dantesco” y “resiliencia”, por ejemplo) a modo de asombro y aliento, sólo entonces se puede asegurar una mínima impresión… twitter abreviada. Usted sabe: somos económicos y hay que guardar energías suficientes para la patriótica reconstrucción que sigue. Estamos en el año del Bicentenario. </p>
<p>En otras épocas en que se han fotografiado terremotos (en Chile tales oportunidades sobran), se ha sido un poco más discreto y púdico. El efecto que producen las fotos antiguas es algo más recatado. Aunque menos inmediatas, quizá algo artificiosas (las personas captadas en cámara a menudo “posan”), las escenas más escabrosas se omiten (presumo que por censura) recurriéndose, en cambio, a ilustraciones a mano, dibujos que amortiguan el efecto de realidad cruda. El blanco y negro, como en “Guernica”, sin embargo, resalta las escenas, como si con esas dos tonalidades elementales se quisiera reflejar cierta disyuntiva maniquea en juego. Con todo, cuidan mucho en guardar distancia con lo que muestran. No hay registros de aficionados, son todas de profesionales y, por lo mismo, no precisan de musiquitas impostadas “en off” para proveerse de solemnidad como en los videos amateur que hemos visto en estos días. Por lo general, se concentran en retratar ruinas cuando ya la catástrofe se ha producido. No en el desastre en curso, y sin esa típica urgencia periodística, la de la noticia en desarrollo (efecto de la televisión), todavía imprevisible su término, que tiende a elevar la angustia en quien mira. Definitivamente, carecen de ese sentido democrático protagónico participativo, con nombre y apellido (la de víctimas que registran su propio infortunio), tan de hoy en día. </p>
<p>Paul Virilio acierta cuando afirma que, en la actualidad, vivimos en una suerte de “museo de accidentes”, de un horror sin muros que lo contengan; galerías enteras de catástrofes acumulativas, que se suceden cuan impromptu, capaces de reproducirse ad infinitum. Vivimos lo propio y revivimos, a la vez, cantidades de otros desastres ya “vistos” en serie que impiden despegarnos de una pantalla virtual en que todo se convierte en espectáculo-realidad. Según Susan Sontag, las fotos son armas de doble filo; “las fotografías son un medio que dota de `realidad´ (o de `mayor realidad´) a asuntos que los privilegiados o los meramente indemnes acaso prefieren ignorar”. Las imágenes no hablan por sí solas, presumen de una supuesta inocencia de cuya manipulación posible no siempre se tiene conciencia. Toda foto o secuencia de imágenes exhibidas suponen montajes, encuadres, perspectivas, políticas editoriales. A las imágenes no basta con sólo mirarlas; hay que saber leerlas, “verlas” por lo que son, es decir, interpretarlas (John Berger). Aunque se plantean como una ventana abierta al mundo, suelen camuflar al factótum que siempre hay detrás; de hecho, siempre hay alguien “detrás” de la foto, es decir, de la cámara. Por cierto, se benefician del horror y del “dolor de los demás” quienes siempre debiéramos saber que se aprovechan en estos casos. Y, de eso, nadie por supuesto, nos advierte. </p>
<p>Me quedo con la no-descripción de Voltaire del terremoto de Lisboa en “Cándido o el Optimismo”. Voltaire no se detiene en el terremoto (y eso que fue terrible), no se regocija en su recreación. Cándido y su acompañante —el Doctor Pangloss, quien cree que a pesar de todas nuestras miserias, vivimos en el mejor de los mundos— lo sobreviven, aunque a uno la Inquisición lo condena a la horca por hereje y al otro lo azotan. En estos días que se caen las iglesias, vigas y tejas, simplemente ándese con sumo cuidado. </p>
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		<title>Genealogía histórica del cuico</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 16:02:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
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		<description><![CDATA[POR ALFREDO JOCELYN – HOLT La cantidad de términos con que solemos referirnos en Chile a sectores altos llama la atención. Pero, así como muchos de estos calificativos van cambiando en el tiempo, suelen también significar o apuntar a fenómenos distintos. Últimamente, tengo la impresión, sólo despistan. A gente como Carlos Larraín Peña, a mediados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>POR ALFREDO JOCELYN – HOLT<br />
La cantidad de términos con que solemos referirnos en Chile a sectores altos llama la atención. Pero, así como muchos de estos calificativos van cambiando en el tiempo, suelen también significar o apuntar a fenómenos distintos. Últimamente, tengo la impresión, sólo despistan. </p>
<p>A gente como Carlos Larraín Peña, a mediados del siglo XIX, se le denominaba “pelucón”, por lo pechoño, conservador y autoritario, características que, por supuesto, a ese núcleo duro siguen siéndole pertinentes. Pero ocurre que los Carlos Larraín de nuestro mundo, en los años 1960 y 70, devinieron en otra cosa. Se volvieron “momios”, es decir, en algo bastante<span id="more-13555"></span> más que pertenecientes a un grupo social determinado, de vieja estirpe conservadora y autoritaria políticamente; de hecho, nuestros momios eran, por definición –recordemos– mucho peor: eran reaccionarios y golpistas. Si hasta se ufanaban de serlo. ¿Seguirán siéndolo? Preguntarse si hay todavía “momios” dando vuelta me parece de mínima cautela política. Con todo, calificar a  Carlos Larraín de “cuico” suena raro. Habiendo tanto cuico de centro-izquierda revoloteando, me cuesta meter en el mismo saco a Larraín. Y eso que a “socialités” como Julita Astaburuaga o Mary Rose Mc Gill –ambas, en su época, “momias”–, se las tipifique, hoy en día, de “cuicas” no me extrañaría. A lo que voy es que el término, en vez de aclarar, confunde.</p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/01/genealigia-histoc2a6urica.jpg" alt="" /></p>
<p>De hecho, la confusión ya estaba presente con el apelativo “momio”. El lío comienza ahí. Eran momios Sergio Onofre Jarpa, Pedro Ibáñez y Andrés Allamand. De eso no cabe duda alguna, pero también esas señoras “pitucas”, muchas de clase media que, junto a sus empleadas (el servicio doméstico siempre ha sido muy extendido en Chile), batían cacerolas vacías en las concentraciones en contra de la Unidad Popular. De lo que podría deducirse que momios convertidos en cuicos es, simplemente, uno más de los travestismos de nuestra época. </p>
<p>Si es que no de todas las épocas. Metamorfosis de este tipo no son extrañas entre nosotros. De igual manera que “momios” mutaron en “cuicos” y “peloláis”, ya antes hubo “pijes”, “futres”, “jaibones”, “paltones”, “pitucos”, “pirulos” y muchos otros. Esto si uno se detiene en epítetos, muchos de los cuales (ojo) terminan siendo asumidos favorablemente. La cantidad de momios que, en su momento, se autodefinían como tales, es elocuente. </p>
<p>Pasa también algo similar cuando se aplican a grupos altos términos sociológicos complejos. Suele hablarse de “aristocracia”, “alta burguesía”, “clase alta”, “ABC1” o simplemente “elite”; pero no significan lo mismo, ni tampoco son atingentes a cualquier momento histórico. Lo que tienen en común estas categorías con los simples epítetos es que tienden a emplearse vagamente, o bien, nos remiten a grupos que se resisten a ser calificados; hablar de aristocracia en Chile o en América siempre ha sido un poco pretencioso. Parte de esta liviandad con que se califica a las personas, sin embargo, sirve para encubrir historias pasadas que intencionalmente se quieren olvidar. Neruda solía reírse de los Errázuriz llamándolos los “reyes del calcetín” o algo así –cito de memoria– porque vendían al menudeo en la Calle del Rey (hoy Estado). Que, de repente, entonces, mucha gente en los años 70 se volviera momia y se sintiera orgullosa de serlo, hay que entenderlo como una clara estrategia para disolver categorías sociales anteriores más estrictas.</p>
<p>En efecto, cuánto hay de ascenso o movilidad social en todo esto, es una incógnita interesante en la que habría que indagar más. Si para ser momio, en las décadas de los 60 y 70, bastaba con ser golpista y aliado a los grandes intereses económicos amenazados por la UP, hoy en día se puede ser cuico aunque vaya a saber uno cómo el susodicho fulano hizo su plata, lo más seguro que demasiado rápido, de lo contrario sabríamos. En otras palabras, se “asciende” al momiaje volviéndose reaccionario y golpista (la dictadura posteriormente los premió), mientras que se “arriba” al cuiquerío convirtiéndose en un mero consumista conspicuo o en plutócrata desvergonzado. Los cuicos, en el fondo, son un momiaje más extendido, al que se le ha maquillado su pasado golpista o han ido moviéndose en la escala social gracias a la “transición concertacionista”. En ambos casos, está “bien visto” lo que hacen. El espíritu de los tiempos valida metamorfosis de esta índole.  </p>
<p>Tan así que el cuico consagrado puede hasta, incluso, ningunear socialmente a medio mundo. Es cosa de ver cómo hasta los siúticos de hoy en día “asiutican” a quienes, en estricto rigor social, no correspondería tachar. Leo en un reciente blog la siguiente afirmación sobre Gabriel Valdés: “Este siútico señor que se hace llamar `Conde´ (una ridiculez en un país pobre y atrasado como Chile) no ha ganado sabiduría con los años…”. Descarada opinión; a uno podrá no gustarle Gabriel Valdés (a mí me carga), pero llamarlo “siútico” es no entender nada. Sospecho que tamaña confusión viene del libro bestseller de Óscar Contardo, “Siútico”. Uno lo lee y saca una sola clara conclusión respecto al término. En un país “siútico”, todo el mundo es “siútico”, ergo nadie es “siútico”, sin perjuicio que se puede tildar impunemente a cualquiera de tal. La confusión perfecta. Hay chipe libre para denigrar, a la vez que garantía segura para que, si lo acusan a uno, el epíteto no valga nada. Sospecho que “siútico” y “cuico”, en este sentido, son sinónimos. </p>
<p>Si en el pasado todo el mundo, más o menos, sabía quién era quién, de un tiempo a esta parte, hemos llegado al punto en que nadie lo sabe, y quizás, a nadie le importe. Todo cambia, todo fluye. Por eso la indefinición sobre quien es o no cuico se vuelve pieza fundamental del fenómeno. Para ser cuico basta con tener plata o aparentar tenerla. Son líneas de crédito las que definen al cuico. Así de fácil, así de “democrático express”. </p>
<p>Antiguamente el asunto era más complicado, como lo hace ver Hermógenes Pérez de Arce en su texto. Existían sutiles diferenciaciones que sólo los entendidos entre sí “entendían”, como los japoneses o los ingleses, las sociedades más clasistas en este orden de cosas. En plena dictadura debí recurrir a estas distinciones a modo de salvavidas. Estando en una fiesta de cumpleaños de un compañero de curso en la Escuela de Derecho, un desconocido  comenzó a remedar la manera como yo hablaba. Pasado un rato, cuando se me acabó la paciencia, le dije que había ido y preguntado al dueño de casa si él (el desconocido) era huevón o no, confirmándose mi primera sospecha. Por supuesto, se ofendió y quiso agredirme físicamente, pero logré que simplemente discutiéramos. En medio de la discusión a punto de pasar a mayores, alguien me sopló al oído que tuviera cuidado, que era el nieto del mandamás de la CNI (no era el “Mamito” en todo caso). Al final de la fiesta, a punto de irme, el personaje en son de “amistad” y con varios tragos de más, se me acercó y pidió que lo encaminara. Claro que sí, encantado, le respondí desconfiado, pero ¿a dónde iba, “para arriba o para abajo”? Previsiblemente, contestó: “para arriba”, ante lo cual le señalé que lo sentía, yo iba “para abajo”. Años después, saliendo de una reunión del Instituto Libertad, un conocido político RN y figura de la dictadura con quien no quería verme asociado, me ofreció llevarme en auto, y de nuevo recurrí a la táctica infalible: “Gracias, ¿vas para arriba o para abajo?” De más está señalarlo, pero los cuicos siempre van “para arriba”</p>
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		<title>Elección 2009: La Concertación de la Q.E.P.D(escansamos)</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Dec 2009 16:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR ALFREDO JOCELY-JOLT Ilustración: Ajab ____ Dicen que después de la batalla todos son generales. Así que reproducimos este texto de Jocelyn-Holt, publicado en la edición de papel de este pasquín, en la víspera del reciente combate electoral, la primera vuelta de las presidenciales. Sometemos al escrito, de esta manera, a la prueba de lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/11/frei-cadaver-web.jpg" align="right" />POR ALFREDO JOCELY-JOLT<br />
Ilustración: Ajab<br />
____<br />
<em>Dicen que después de la batalla todos son generales. Así que reproducimos este texto de Jocelyn-Holt, publicado en la edición de papel de este pasquín, en la víspera del reciente combate electoral, la primera vuelta de las presidenciales. Sometemos al escrito, de esta manera, a la prueba de lo en parte consumado, asumiendo que es de interés para los que esperan la batalla final de enero.</em><br />
____</p>
<p>Si tuviera que definir esta elección diría que es crucial porque pone fin a la Concertación tal como la hemos entendido estos últimos veinte años. Cualquiera sea el desenlace, es muy posible que muchos poderosos hasta ahora no se repongan aunque sobrevivan. Las peleas internas que hemos visto en el comando de Frei –en resumidas cuentas, sobre quién maquilla al muerto— me liberan de cualquier otro comentario más sesudo. Con todo, ¿qué se espera de esta defunción, quién hereda qué de este finado hace años con cáncer terminal?<span id="more-12709"></span> Hay distintas maneras de responder a la pregunta.Si Aylwin fue el patriarca de este familión, Frei el hijo mayor, Lagos el tío pesado amigo de los banqueros, y la Bachelet, la segunda señora buena onda (ya antes, secretaria de repartición pública), no cuesta mucho imaginarse qué pasará ahora con la sucesión. Piñera, sin duda, es el gerente o el albacea, no muy claro con sus cuentas, mezcla de intruso y viejo pascuero que reparte lo que queda. Frei II, el hijito de su papá que reclama de nuevo la herencia, lo que a todas luces, si uno se atiene a las capacidades genéticas ya heredadas y conocido lo que hace una vez en acción el sujeto, es de una voracidad desproporcionada de su parte. En cambio, Marco –según Patricio Navia, el “hijo ilegítimo” de la segunda señora buena onda–, a mí me parece que calza (si hemos de seguir con este argumento contado así) más bien con el hijo indiscutible, legítimo, aunque largamente postergado de los repartos anteriores. Siempre ninguneado –por ser joven, frívolo, “ni ahí” con todo, o bueno para nada, un auténtico espécimen de su generación&#8211;, Marco, por lo visto, ha ido creciendo con el tiempo, se pegó un estirón, al punto que se le ve dispuesto a entrar al viejo ropero (La Moneda tiene ese aspecto) y ver qué hay allí con qué vestirse para enfrentar los desafíos de la empresa en litigio sucesorio, en quiebra, con deudas impagas, maquinaria obsoleta, en fin, un negocio hace rato de mala muerte. Por último, tenemos a Arrate. Curioso Arrate, da la impresión de ser un tío buena persona (a diferencia del tío pesado ése, el amigo de los banqueros) quien, años atrás, migró a Montevideo (fue embajador en Buenos Aires, pero es como muy uruguayo de pinta), y recién ahora reaparece en escena. Un poco tarde, aunque todavía joven de espíritu, si bien algo canoso (no “casposo” como el tío pesado, ahora medio calvo ). Supongo que “Años Dorados” Arrate en esta vuelta no aspira más que a un legado, a una cuarta de libre disposición, a fin de que le paguen una pensión digna a su gente –la izquierda sindical, jubilada–, y a sentarse a tomar mate y escuchar viejos longplays.<br />
Pero, volvamos a lo puntual que nos interesa, ¿qué es lo que se juega en esta elección? O ¿qué va a pasar si gana quien gana?<br />
Si gana Piñera el panorama se vislumbra entre abochornado y tórrido amenazante. La Concertación perderá La Moneda (su razón de ser desde hace años), sus líderes se culparán y acuchillarán entre ellos, y lo más probable es que tengan que inventarse un nuevo cuento mentiroso, muy distinto al que han estado acostumbrados a creerse pero esta vez en calidad de derrotados, sin brújula, habiendo perdido su supuesta fina sintonía con el país. Una Concertación derrotada confirmará cuán desconcertada viene siendo desde hace rato. En definitiva, si pierde la Concertación, muchos jerarcas tendrán que irse para la casa o al submundo privado, donde muchos de ellos estarán en su salsa. Uno que otro se cambiará de bando y comenzaremos a hablar del “concertacionismo-piñerista”, lo que va a quedar de la DC, del Mapu, del “Partido Transversal” y una gigante planilla de empleados fiscales a contrata. Ese “ocho vidas” de Patricio Aylwin seguramente servirá de nuevo de puente, al igual que cuando fue aliado de Sergio Onofre Jarpa  y otros golpistas allá por los años 1970. El padrino de confirmación de toda esta operación, paradójicamente esta vez, será Gabriel Valdés en calidad de amigo de “Pepe y la Picha”, los papás del flamante nuevo presidente del directorio de monedabrand.cl. (¡otro más que suma “el Chatito de Oro”!).<br />
Si gana Piñera tendremos, además, mucho de lo que ya tenemos pero elevado al cubo, sin atisbo alguno de vergüenza. Desde luego, un gobierno de derecha de escaparate, con rebajas al por mayor para quienes quieran cambiar su auto usado (marcas año 1990-2009) por uno nuevo, full equipo; casas Copeva pero mejoradas, con “departamento piloto” y sauna (húmedas ya lo son); cajeros automáticos a la salida de los jardines y guarderías infantiles para que desde niños se vayan acostumbrando al mundo que se les viene (si aumenta la inversión, con líneas de ahorro, crédito e incentivos para los nenes: si dicen “Tatán”: $ 50.000; si dejan el chupete: $ 100.000; si controlan el esfínter: $ 200.000 —y así sucesivamente); con muchos más “malls”, pero “todo a 1.000 pesos”, como en las micros; con cerros arrasados para “developments”, sin ni un arbusto nativo siquiera, salvo quizá frente a algún centro comunal con mástiles a los costados en calidad de “monumento ecológico-patrimonial al Árbol Caído”; el litoral central plagado de torres feas (Cochoa y San Alfonso del Mar multiplicados por cien o más); servicios de guardias privados, venta de alarmas, botones de pánico, y cámaras de vigilancia (el acuerdo “en off” a que llegó el candidato con los militares en retiro en las tres recientes reuniones que sostuvo con ellos); escuelas subvencionadas dadas en concesión perpetua a “Legionarios” de la educación; universidades privadas en cada barrio, incluidos los de menores ingresos, regentadas por jesuitas (y así vamos ampliando la cobertura educacional más acá de la “Cota Mil”); extensión de una cadena de clínicas, tipo Las Condes, a todas las ciudades de Chile con más de 50 mil habitantes; “farmafias” en las cuatro esquinas de cruces principales en poblaciones como Santa Julia, San Gregorio y La Victoria; enseñanza obligatoria del Catecismo vía twitter en todas las escuelas públicas del país (concesión a José Antonio Kast); bono-aguinaldo para cada madre soltera con más de tres hijos que se case (concesión a la Conferencia Episcopal); pasajes en Lan Chile y estadía gratis en algunos de los múltiples Chilelandia theme-parks que se construirán para los más aventajados alumnos de la enseñanza pública, quienes profundizarán en la inspirada obra del “filósofo” del nuevo régimen, Paulo Coelho (“Un hombre tiene que escoger. En esto reside su fuerza: en el poder de sus decisiones… Sólo quien es feliz puede repartir felicidad… Cuántas cosas perdemos por miedo a perder.”). No sigo más, seguro que entendieron cómo viene el asunto si gana el Tatánico.<br />
Si gana Frei, sin embargo, el panorama no se ve mejor. Se mantiene la Concertación pero con balón de oxígeno, dieta para desdentados, tratamiento de diálisis en los sótanos de palacio, y periódicas cirugías estéticas a Camilo Escalona, Marcelo Schilling, Caco Latorre y otros de igual medio pelaje. De cuando en cuando, Aylwin (el tipo es inmortal), Lagos, Bachelet e Insulza, estos últimos tres trotamundos cuando recalen por estos lados (“despegamos, somos globalizados, el mundo también nos requiere”), serán llamados a darle su aliento a un hombre –me lo imagino– cada vez más con cara de piedra pómez (de origen volcánico, porosa, con una densidad menor que el agua, ergo, flota) y un manejo silábico progresivamente más reducido, necesitado de cualquier ayuda, la que venga, de donde venga. Estoy solamente haciendo una prognosis a partir del comportamiento que ha tenido últimamente el candidato.<br />
Pobre Frei, si gana, igual pierde. Empezó tan decidido, desplazando a Lagos e Insulza, tan en contra de un Transantiago no estatal, a favor de una nueva constitución, crítico de una DC “ni chicha ni limoná” (sus propias palabras), en contra de esa parejita insondable (“el Gute y la Sole”) y sus innumerables “efe” tentáculos, hombre brumoso con cara curtida a hachazos, mirando el horizonte desde Rapa Nui, para convertirse en lo que hemos visto: un indeciso gusto a nada, crítico de la farándula hoy, mañana bailando en casas de reposo de la tercera edad, diciendo sí al aborto terapéutico, diciendo no a lo que ayer dijo que sí, el “sucesor de Allende” que donó su sueldo a la Junta Militar, displicente de todos (como oliendo mal) pero menos de sí mismo, supongo que por eso de que no hay hediondo que se huela. Si gana Frei, igual pierde. Si gana Frei, igual, cuatro años después, tendremos a un Piñera insaciable, a Longueira, Lavín, Bachelet, MEO o el que sea pechando por su cargo. Frei es pírrico. No es que sea fome (eso lo sabíamos, no necesitaba decirlo), el problema con Frei es que simplemente ya se la farreó.<br />
Si gana MEO, será –supongo– como ha sido también hasta ahora su campaña, un salto al vacío, un ejercicio acrobático de “parkour” callejero, saltando, brincando cual ninja, vallas, muros, de edificio en edificio, sin desnucarse y deslumbrando a medio mundo. Una, más que posible, posibilidad; lo que es la otra: convirtiéndose en ex-guerrillero de palacio, con banda terciada al pecho, la bandolera en el baúl, subido de kilos, debiendo archivar su iconoclasia natural. Si gana MEO, ¿qué hará?, ¿con quién gobernará?, ¿cortará el cordón umbilical?, ¿mandará a Carlos de embajador a París y a Max a La Habana?, no lo veo abrazándose con Escalona y el “diputado designado” Schilling, pero ¿cómo si no? Preguntas legítimas. Tengo enormes esperanzas cifradas en Marco desde hace años (marcaré por él, sólo por él, nunca antes he votado). Sin Marco hace rato que Piñera habría arrasado. El país necesita tipos inteligentes y cultos como Marco, también de cuando en cuando de estos saltos de audacia mayor, pero no sería el historiador que soy si no reparara que esas muestras de temeridad, intrepidez, arrojo, y atrevimiento, en un país como el nuestro, son más propios de artistas, poetas y rebeldes, rara vez de políticos, y menos en tiempos calmados, y aún así, como en los casos de José Miguel Carrera, Bilbao, Joaquín Edwards Bello, la Mistral, Huidobro, Matta y Miguel Enríquez, su padre, debiendo exilarse, concitando la ira castigadora de la tribu, o terminando prematuramente no todo lo bien que se merecían.<br />
De Arrate, a quien también estimo mucho, ya dije lo que tenía que señalar, salvo explicarlo una pizca más. Arrate, o mejor dicho el PC,  obtuvieron lo que querían: que los convidaran a la mesa, que les reconocieran su “plus” en cada elección presidencial que ha habido estos 20 años. Atendible deseo, pero tardía su resolución, a la hora del café, sospechosamente electoralista de parte de Bachelet. En una de éstas, Frei pierde, y si gana, igual pierde. Si la Concertación está muerta, ¿de qué les sirve sumarse ahora? El PC agregándose a la mesa sin antes cambiar el sistema binominal –la estructura misma que ha estado causando la exclusión del pluralismo&#8211; es patéticamente mezquino. Arrate convirtiéndose en generalísimo de la campaña de Frei a medio camino no me gustó. Olía a comunismo antimirista, a sugerencia “escalonista-bacheletista -ex RDA” de última hora, a pacto oportunista debajo de la mesa. Los pensaba más serios.<br />
Cualquiera sea el resultado, la Concertación está ¡por fin! muerta, ésta es la elección más decisiva para el curso futuro del país desde el plebiscito de 1988. Voten o no voten, pero que sea en conciencia, sin odio, sin violencia, y sin miedo. Alternativas no faltan, más bien, sobran.</p>
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		<title>Estatuas y negociados en Chile: Papita para micifuz</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Nov 2009 12:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR ALFREDO JOCELYN-HOLT Quienes celebran el rechazo del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) de levantar la estatua gigante de Juan Pablo II en Bellavista no debieran bajar la guardia. Tamañas proporciones –un millón de dólares sólo en la estatua, su nulo valor estético según cuanta opinión versada se ha hecho oír, y la solapada manera [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/11/estatuas-y-negociados-en-ch.jpg" align="right" />POR ALFREDO JOCELYN-HOLT<br />
Quienes celebran el rechazo del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) de levantar la estatua gigante de Juan Pablo II en Bellavista no debieran bajar la guardia. Tamañas proporciones –un millón de dólares sólo en la estatua, su nulo valor estético según cuanta opinión versada se ha hecho oír, y la solapada manera como se la presentó al público— hacen dudar que los promotores de proyecto tan descomunal vayan a deponer sus armas. Sólo un ingenuo podría creer que los enormes intereses envueltos bajo el manto de tanta “santidad” van a quedarse quietos.<span id="more-11920"></span></p>
<p>Es que la “proporción”, como vienen sosteniendo los críticos desde un comienzo, es la clave. La estatua de casi 14 metros (equivalente a un edificio de cinco pisos) podrá parecernos monstruosa, pero ¿no será que dichas proporciones obedecen a un plan soterrado más colosal?  </p>
<p>La Universidad San Sebastián (USS) tiene la intención de construir otro acorazado titánico al costado poniente de la iglesia enana del ex convento de las monjas Clarisas, en pendant con el “portaviones” de la USS ya levantado en Pío Nono. En ese mismo paño se encumbra, desde hace poco, un edificio de viviendas de también insólita altura. Dos otras obras gigantes se han estado edificando, hacia el oriente, detrás de la Escuela de Derecho; esta vez, sedes de la Universidad Andrés Bello y del instituto AIEP. Dados los lazos entre estas dos entidades y la USS –el nexo es Luis Cordero, dueño de intereses inmobiliarios en cada una de estas instituciones “académicas”– es más que claro que la estatua papal cumple objetivos simétricos con lo que se tiene en mente. </p>
<p>Cuando se comenzó a arrasar con el barrio El Golf también se giró en torno a un “hito”, punta de lanza también “religioso”: la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. De hecho, fue Monseñor Sodano, personaje discutible, quien pusiera la primera piedra del proyecto de Bellavista (¿$ANTAVI$TA?); el mismo personero vaticano que pontificara, años atrás, en nota también especulativa, que a Latinoamérica había que vislumbrarlo como el continente de la esperanza “evangélica” futura. Ante semejante propósito, no es extraño que se montaran “vigilias” a favor de la estatua, o bien, que Recoleta se hincara (¿“postrara”?) a los pies del principal proyecto jumbo-inmobiliario de toda su maldita historia. Conste que “La Chimba”, desde siempre, se ha visto como un lugar de puterío y perdición al que hay que “salvar”. Los “caminos del Señor” son misteriosos; donde hay pecado hay indulgencias lucrativas. Vieja historia, bien sabida.</p>
<p>¿Con el dictamen del CMN se termina la polémica y comienza el peregrinaje del papa-móvil por los valles y cerros eriazos todavía disponibles? </p>
<p>Dicha suposición Felipe Assadi la tacha de plano. A su parecer (La Tercera, 12/11), la estatua “no era más que una pantalla que, con la ilusa idea de ocupar la imagen del Papa, taparía la construcción de un zócalo semi hundido con un par de salas multiuso y estacionamientos subterráneos por parte de una institución privada”. Descartada la estatua, nada garantiza “que no se realice la plaza” y los estacionamientos; “lo que realmente es grave, es que la torta podría ser construida igual, aunque esta vez sin la guinda”. Obviamente, el proyecto aspira a un cielo e$$trellado de otras magnitudes. Gusto a “developer” chileno agresivo. Sé de uno que se sube a una avioneta, en sus ratos de ocio, e inspecciona a baja altura el Valle Central, de punta a rabo, tomando nota de franjas enteras de terrenos “por explotar” para, luego que aterriza, proceder a pujar su compra.</p>
<p>Y esto me lleva a otro punto. El secretario ejecutivo del CMN, tras el reciente dictamen, sale diciendo: “Por la vía administrativa, no existen recursos de apelación. A lo sumo, existe un recurso de reconsideración” (El Mercurio, 12/11). Un expediente que ha sido usado a favor de solicitantes inicialmente rechazados por el Consejo. Concretamente, se me viene a la mente el caso de la larga y confusa disputa a causa de la calificación inicial de “Santuario de la Naturaleza” de las Dunas de Concón, entre la empresa Reconsa y las autoridades municipales. Litigio que involucrara la rebaja de hectáreas afectas para construir un negocio inmobiliario de proporciones gigantescas (21 edificios con 1.500 departamentos por US$ 800 millones). En 1993, que es cuando se planteó inicialmente el problema, el entonces ministro Secretario General de la Presidencia, Edgardo Boeninger, me consta, no trepidó en llamar a miembros del CMN y presionar a favor de la empresa Reconsa, entre cuyos dueños figuraban Edmundo Pérez Yoma y Carlos Figueroa, poderosos futuros ministros de Defensa y del Interior de la administración Frei Ruiz-Tagle. Al final, la disputa se resolvió rebajando el terreno inicialmente “protegido”. Los resultados están a la vista. </p>
<p>En otras palabras, habiendo intereses de tamañas proporciones (las de la estatua papal son una piñuflería), no es extraño que existan poderosas “trenzas” transversales y políticas. Ante semejante cuadro ¿qué se puede esperar de las autoridades públicas? </p>
<p>Está visto que el CMN, en el pasado, ha sido superado. La U. de Chile, que podría verse afectada (su Escuela de Derecho, “asediada” por todos los lados, ya lo ha sido), no es confiable. Su historial reciente apunta a claudicaciones sistemáticas frente a intereses privados. El MOP-CIADE bajo la administración del rector Luis Riveros es un claro ejemplo; recordemos que el CIADE constituía una entidad “privada” que operaba bajo el paraguas de la universidad. Otro tanto es el caso del ex ministro Patricio Rojas quien, a juzgar por lo que ha ido apareciendo, usaba a la UCH como pantalla para dudosos negocios personales. Conste que Rojas, recién ahora, después de más de una década de haber usufructuado de su calidad “funcionaria”, ha sido “despedido” por el rector Víctor Pérez aunque sin auditoría pública. Pérez ignora por completo los mínimos procedimientos jurídicos de cómo se administra esa casa de estudio; se acaba de fallar en su contra en el caso de Roberto Nahum, ex decano de Derecho, por no proceder conforme a ley habiéndolo estigmatizado por “plagio intelectual” sin sumario ni debido proceso. Por último, no es ningún secreto que universidades privadas, como las aquí envueltas, operan con “grúas” y “desde dentro” de instituciones públicas; la reciente Toma de 40 días en Derecho volvió evidente esas presiones en conjunto con La Moneda. En definitiva, con la U. de Chile no se puede contar. Lo digo con el dolor de mi alma.</p>
<p>La mención de La Moneda tampoco es gratuita. Acabo de señalar como  Boeninger presionó al CMN en el caso de las Dunas de Concón en 1993. Sólo dos de sus miembros mantuvieron su rechazo frente a Reconsa; el representante de la FFAA, cosa inédita, no asistió a la sesión en que se discutió el tema (evidentemente por verse involucrado el próximo ministro de Defensa). De ahí que no sea disparatado preguntarse: ¿qué podría ocurrir si los ocupantes de La Moneda cambiaran de signo político? La defensa de los intereses de Reconsa corría por cuenta de un abogado-empresario cercano a  Piñera. Los vínculos del candidato de la Alianza con el autor del actual proyecto en disputa –Cristián Boza&#8211; son ampliamente conocidos. Si por el contrario vuelve Frei nada impide que se opere análogamente a lo ocurrido en 1993. La transversalidad de la política chilena hace rato que hace indiferenciable quién está o no en el poder. </p>
<p>No quiero ser aguafiestas, pero no descarto que el proyecto de Bellavista en su totalidad, tarde o temprano, termine por llevarse a cabo. Hay bastante más en juego que un adefesio escultural. La historia de estatuas “falsas” –ídolos que hacen las “veces de” cualquier otra cosa– son incontables. García Márquez relata que “el monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas”. El “Caupolicán” de Nicanor Plaza en el Cerro Santa Lucía no es tal; fue hecha para conmemorar a “El Último Mohicano” en el Central Park de Nueva York. Las dos estatuas de calle Ejército, la del Diego Portales “pedestre” y la de Santo Tomás, se deben a obsesiones vanidosas de sus dos gestores, ambos de triste recuerdo, a la sazón también rectores de instituciones pretensiosamente “académicas”. En fin, no nos equivoquemos; lo que se ve no es tal y cual. Por tanto, bajar la guardia ahora sería una soberana estupidez.</p>
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		<title>&#8220;Primeras damas&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 04:52:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/11/primeras-damas.jpg" align="right" /><br />
POR ALFREDO JOCELYN-HOLT<br />
___________<br />
A primera vista, el tema –las señoras de los presidentes o de los candidatos a presidente– es de revista de peluquería. Es sexista y  farandulero. Sorprende que después de haber elegido a Bachelet a la presidencia en vez de preguntarnos acerca de la relación del poder con la mujeres, de la bajísima presencia femenina en el Congreso, y por qué las mujeres siguen percibiendo ingresos comparativamente más bajos en todo orden de cosas, estemos preocupados de cómo Cecilia Morel administra su economía doméstica en tiempos de crisis (aunque su respuesta fue reveladora), o bien, indagando sobre qué tan buena o mala “química” existe entre las cónyuges de los presidenciables. Preocupaciones de esa índole le dan la razón a Diamela Eltit cuando afirma que se trata de una figura “anacrónica e indigna”. Sin ir más lejos, en su caso (una de nuestras intelectuales más sobresalientes), el papel de apéndice o costilla desprendida cobra ribetes absurdos. “En política yo me comprometo con opciones [apoya a Arrate] y no con maridos”, ha precisado.<span id="more-11209"></span></p>
<p>El asunto, sin embargo, es porfiado. Bachelet podrá no tener a su lado un “primer damo” o “significant other” (los yanquis son muy imaginativos con sus siutiquerías), pero igual tiene “mamá”, y ese dato no ha pasado desapercibido para el Gobierno ni el Comando Frei. A juzgar por cómo la presentan, de ella poco menos que depende el “traspaso” del apoyo de La Moneda para salvar a la Concertación y al candidato en caída libre (“Frei es el continuador de mi hija”, afirma doña Ángela). Karen Doggenweiler, por su parte, ha sido objeto de presiones, dada su doble calidad de figura de televisión y mujer casada con Marco Enríquez; no está claro si fue porque, además de esa extra-cobertura y visibilidad que le daba a ME-O, ella al parecer “se las trae” políticamente por sí sola. ¿Es que ese es el peligro? ¿Por eso la quieren encasillar inocuamente al igual que las señoras Morel y  Larraechea? Estas dos, especialmente la última (experiencia no le falta), perfectas en su papel “clásico” o convencional. </p>
<p>Factores simbólicos (¿y qué más simbólico que este asunto?) siempre han sido significativos en las elecciones. La Presidencia de la República es un derivado quiltro de las monarquías. Que se le proyecten muchas de sus cualidades y comportamientos no constituye novedad alguna. En Chile hemos tenido cuatro hijos de presidentes que han accedido al puesto (Frei, de repetirse el plato, sería el  “quinto”) y existe una serie de otras conexiones que vuelven incluso más endogámica y dinástica a la institución. Casos de mujeres poderosas que se perfilan como herederas políticas de sus maridos (suerte de “regentas”) no es algo exótico; en Argentina vienen practicando esta modalidad desde hace rato. La sucesión de viudas en ciertos cargos electivos es también una socorrida práctica. Por último, que en EEUU o en Francia, no así en países con regímenes parlamentarios, se recurra al expediente publicitario “popular” de la mujer que acompaña “de la mano” al mandatario (la Bruni no lo puede hacer mejor), confirma el punto.</p>
<p>Parecieran haber, incluso, otras proyecciones simbólicas en juego. No se ha investigado suficientemente pero la dictadura militar promovió una imagen prototípica de mujer –asistencial (“damas de rojo”), fiel y sumisa— muy de acuerdo a patrones de comportamiento corporativo de señoras de oficiales. Fueron ellas –cuenta la leyenda— quienes le pidieron a sus maridos que se pusieran los pantalones durante los postreros días de la Unidad Popular, ergo, sin ellas la historia habría sido distinta. Suele decirse que Pinochet ronda aún en el subconsciente nacional; y ¿Lucía Hiriart, no? </p>
<p>Lo que es la señora Bachelet es un atado de símbolos, cual de todos más equívocos (muy propio del capital simbólico). Madre soltera, víctima de la dictadura, doctora de niños, primera mujer presidenta, ella misma su “primera dama” como también “La Hija del General”, “hija de su mamá” (la acompañó voluntariamente en su exilio en la RDA), una “madre” para Chile, y últimamente, una suerte de “Virgen del Carmen” (ha sostenido Rafael Gumucio Rivas) en ascenso estratosférico permanente: reina y no gobierna, de ahí que esté más allá del bien y del mal, las encuestas en eso no mienten. Quien descifre ese nudo hermenéutico se anotará un poroto seguro.   </p>
<p>Pretender, además, que la compañía femenina de los gobernantes de turno, en especial de los presidentes, sea un puro accesorio, minimiza la larvada historia de cómo las mujeres han accedido meritoriamente o no a fuentes de poder, los castigos que han recibido por ello, y cómo su ausencia, incluso, suele suplirse. ¿Si O´Higgins no hubiese tenido el pasado “huacho paterno” que tuvo y que, en su vida personal repitió, importarían tanto su madre y hermana, ambas anodinas? La obsesión y reticencia pudorosa, paradójicamente concomitante para con los amoríos de muchos primeros mandatarios, hace pensar, de nuevo, en el parangón monárquico: la presidencia de la república supone códigos de conducta virtuosa estrictos, pero también pareciera ser que no se concibe a un hombre en el poder (el poder es, de por sí, licencioso) sin su debida satisfacción sexual. </p>
<p>Es más, a menudo los “vacíos” de poder que circunstancialmente se producen (los presidentes enfermos, Woodrow Wilson y Pedro Montt  por ejemplo) generan especulaciones de toda índole que recaen en su entorno familiar inmediato. Las cosas que se han dicho de Sara del Campo, la mujer de Pedro Montt, por Vicuña Fuentes y Gonzalo Vial (¿cuánto de ello chisme o mala leche?, ¿cuánto, verdad?), refuerzan la sospecha que esta “institución apéndice”, la de la “primera dama”, es mucho menos insignificante de lo que se cree. Lo que pasa es que sabemos poco al respecto. Tratándose de mujeres, además, el asunto es doblemente oscuro. La imagen de mujeres cercanas al poder o “detrás del trono” produce curiosos efectos porque se supone que no deben poseer poder alguno cualesquiera sean las circunstancias envueltas. Un supuesto absurdo que, sin embargo, “corregimos” ya sea demonizando a mujeres en dichos escenarios, o bien, albergando la sospecha (no del todo infundada aunque vulgar) que ni el presumiblemente más invulnerable de los hombres está del todo solo.</p>
<p>Debiéramos, quizás, aprender de la crítica que se les hiciera a las monarquías absolutas en su momento. Crítica en gran parte –recordemos– al desmesurado poder que podían llegar a esgrimir  “validos”, consortes o cortesanas. Por eso el parlamentarismo posterior objetó el personalismo que rodeara a la Corona, y de ello surgió la solución sensata que las señoras de los primeros ministros  importaran cero.<br />
El parlamentarismo hizo otras cosas que también merecen atención: dictó constituciones que aseguraban la separación de poderes y una responsabilidad política periódica (en consecuencia los cónyuges no tienen mucho tiempo para figurar). </p>
<p>Pero no, a nosotros nos “gusta” este esquema autoritario paternalista (matriarcal oculto). Concebimos nuestra sociedad peregrinamente como “una gran familia” presidida por “papás”, “mamás”, “papá y mamá”, “hijos de”, “señora de”, “la otra mujer”, un esquema con resonancias infantiles subconscientes profundas, como si fuera un cuento, una fábula que, igual, encubre complicadas motivaciones (no hay nada más complejo que una fábula infantil) sin que se repare en las irracionalidades, algunas idiotas, en que incurrimos. Nada, por supuesto, que se “descubra” o “devele” en un reportaje periodístico al abordar estos temas. Nunca en los reportajes de revistas de peluquería o sus equivalentes en libro. A propósito, el libro de André Jouffé, “Primeras Damas” (1999) –ojo, escrito cuando era agregado cultural en París durante los primeros gobiernos concertacionistas–, es pésimo. Pierden el tiempo leyéndolo. Recomiendo, en cambio, la biografía de Antonia Fraser, “Marie Antoinette” (2001); es insuperable. La de Stefan Zweig sobre el mismo tema no lo hace nada mal tampoco.</p>
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		<title>Presentación del libro El Díscolo, de Patricio Navia</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 03:40:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR ALFREDO JOCELYN-HOLT &#8220;&#8230;Lo mejor de este libro son las conversaciones, el ping-poneo ágil, rápido, al callo e informado, entre dos tipos sumamente inteligentes. Navia le pregunta, al inicio, cuáles son sus modelos históricos. Marco responde -ojo cómo responde: &#8216;Me declaro un admirador de José Miguel Carrera… por su rebeldía, por el desapego al poder [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/10/el-discolo.jpg" align="right"width=180 /><br />
POR ALFREDO JOCELYN-HOLT</p>
<blockquote><p>&#8220;&#8230;Lo mejor de este libro son las conversaciones, el ping-poneo ágil, rápido, al callo e informado, entre dos tipos sumamente inteligentes. Navia le pregunta, al inicio, cuáles son sus modelos históricos. Marco responde -ojo cómo responde: &#8216;Me declaro un admirador de José Miguel Carrera… por su rebeldía, por el desapego al poder y a su compromiso irrestricto con sus ideales…&#8217;. Navia vuelve a la carga: pero no habrá un líder más reciente, alguien con monumento, que admires. Marco: &#8216;Miguel [Enríquez] decía: `El día que le hagan un monumento a alguien, se jodió´.&#8217;  Con lo cual dice que admira a Miguel porque Miguel no admira a nadie. Este libro es complejo&#8221;.</p></blockquote>
<p><span id="more-10455"></span><br />
__________</p>
<p>Agradezco la confianza que han tenido para conmigo Random House-Mondari, Patricio Navia y Marco Enríquez.</p>
<p>Le tengo un enorme respeto al Pato como analista político; sus comentarios y libros son claros y agudos. Ha puesto en la discusión temas claves: la necesidad de movernos hacia un mundo menos elitista, más meritocrático, concordante con un nuevo tipo de clase media emergente en Chile, que paradójicamente habría que vincular tanto con la Concertación como con los cambios económico-sociales iniciados por la dictadura. Tesis provocadoras, incisivas, las suyas, que sirven para diagnosticar y tirar líneas posibles hacia posturas políticas concretas, basadas en sustento empírico (encuestas) como también desde su novedosa perspectiva de  observador, comprometido a la vez que semi-distante, dada su doble calidad de emigrante chileno, profesor en los Estados Unidos, a la vez que híper- presente en Chile. </p>
<p>Lo que es con Marco Enríquez, actual candidato a la presidencia, me une una amistad de varios años, y aún cuando he sido cómplice en varias de sus iniciativas pasadas (el documental Chile, los héroes están fatigados, Chile Medios y el tema del cambio de régimen constitucional), quiero que quede claro que no he tenido compromiso alguno con su campaña. No porque no la comparta, al contrario, si no porque me avengo más con reflexiones críticas que llamados a la acción. Es en dicha calidad que he leído atentamente las conversaciones entre Navia y Marco, y conste que nadie, ni ellos dos ni de la editorial, me han pautado. A este libro lo entiendo como bastante más que una actividad de campaña. Un libro serio, valioso, no sólo coyuntural que, en calidad de primer lector, y a nombre de todos ustedes si me lo permiten, agradezco. </p>
<p><strong>*   *   * </strong></p>
<p>    “Todo lo grande que se ha hecho en América y sobre todo en Chile, lo han hecho los jóvenes… Bolívar actuó a los 29 años. Carrera, a los 22; O´Higgins, a los 34, y Portales, a los 36”. Lo dice  Vicente Huidobro en 1925. El mensaje, más allá de su obvia exageración y autobombo (Huidobro por aquel entonces tenía 32 años), es potente. Tarde o temprano, el relevo es inevitable. “Entre la vieja y la nueva generación [continua Huidobro] la lucha va a empeñarse sin cuartel. Entre los hombres de ayer sin más ideales que el vientre y el bolsillo, y la juventud que se levanta pidiendo a gritos un Chile nuevo y grande, no hay tregua posible. Que los viejos se vayan a sus casas, no quieran que un día los jóvenes los echen al cementerio.”</p>
<p>En nuestro contexto actual esta declaración de guerra generacional cobra sentidos distintos a los de otros momentos en que se ha planteado el mismo desafío. En los años 60 y 70 del siglo pasado todavía se podía seguir pensando en una lucha clara, sin tregua, entre viejos y jóvenes. Miguel Enríquez y muchos otros de su generación concebían dicho relevo en esos términos. Desde los años 80 a esta parte, sin embargo, el asunto se complica. Sabemos que fuerzas poderosas de cambio y transformación &#8211;revolucionarias en el mediano plazo&#8211; pueden provenir de jóvenes no épicos ni utópicos, más bien realistas e insensibles (los Chicago, la antítesis de lo que tenía en mente Huidobro), así y todo, jóvenes en edad, y, para peor, en alianza con golpistas autoritarios (la derecha nacionalista y los militares).</p>
<p>Rodrigo Cánovas, por su parte, nos ha advertido cómo toda una generación de escritores nacidos entre 1950 y 1964, es decir, que para el golpe tenían entre 9 y 23 años, manifiestan en sus obras un profundo sentimiento de orfandad y rebeldía. En palabras de un personaje de Carlos Franz en Santiago Cero, “Llegamos tarde, cuando ya se habían repartido todos los papeles… La tranca de mi generación es que nos vendieron erotismos de segunda mano. Nadie pensó en nosotros, en nuestra talla”. El grupo Los Prisioneros, también de esos años 80, confirmaba esta orfandad frustrada en clave sector bajo: en este “baile de los que sobran” no había nada que hacer, a muchos no les cabía más opción que “chutear piedras”. Luego, vino el golpe-anti-golpe &#8211;el Plebiscito de 1988 y los consensos también autoritarios aunque sin desapariciones, degollamientos ni torturas—y se nos vendió la pomada de que ahora sí que Chile volvía a su carril, con crecimiento y equidad, doblando la página, mirando el futuro, de la mano, claro está, de dos “papás”, abuelos postizos, uno “bueno”, el otro “malo” (Aylwin y Pinochet, figuras que fueron jóvenes hacia fines de los años 30), debidamente coludidos por ese “genio” técnico pragmático, frío-cerebral &#8211;Edgardo Boeninger&#8211; “huérfano” a muy temprana edad, que en días pasados, el establishment mediático-político ha comenzado a canonizar.</p>
<p>No escapará a nadie, supongo, que con estos dos pasos marciales adelante, uno o incluso dos hacia atrás de ahora último, lo único que está claro es que oferta de progenitores posibles, en el entretanto, no nos han faltado. Han sobrado. Frei Ruiz-Tagle llegó a la presidencia porque era “hijo de su papá”, la alternativa era Arturo Alessandri Besa, hijo, nieto y sobrino “de…”. Respecto de Lagos, conforme, importó poco su padre, bastó con ser hijo único y de “mamá” centenaria; él, igual, se comportó como padre o director de liceo emblemático para con el resto del país. Bachelet, “la hija del general”, también, convirtiéndose en lo que ha terminado siendo, una “mamá para Chile”, muy comprensiva, y por eso la quieren el 70% de los encuestados.</p>
<p>Francamente, si para corregir y suplir el sentimiento de orfandad, ya patente en los 80, se nos ha estado sobresaturando con nuevas paternidades postizas, Huidobro (con justa razón) debe estar revolcándose en su tumba. Error que vuelve a cometerse en este libro, valioso en muchos sentidos salvo, quizás, éste. Pretender convencernos, como hace Pato Navia, que Marco Enríquez &#8211;como nadie, con una enredadísima genealogía a cuestas&#8211;, sea además de “díscolo” y descarriado, un “hijo ilégitimo” de Bachelet, a quien, sin embargo, no le cabrá más alternativa que reconocerlo al día siguiente de la elección, habiendo pasado a segunda vuelta, es ridículo y agotador. La señora Bachelet no es el monte Aconcagua, ni incluso el cerro El Plomo o el Tupungato.</p>
<p>Descartado este confucionismo huacho-genealógico, de teleserie barata muy de nuestros días, pasemos a hablar de lo muy bueno que es este libro. Porque lo es. En su factura se parece a Conversación con Allende de Regis Debray de 1971 con la salvedad que ese libro con Allende se grabó y en parte filmó después del triunfo popular, y era a menudo críptico; mucha chachara materialista histórica para mi gusto. Precede a éste que estamos presentando, al igual que el de Debray, una atingente introducción de Navia en que se subrayan y anticipan algunos puntos que salen del intercambio posterior con el candidato.  Navia contextúa el “fenómeno” Marco: su rupturismo díscolo, su carácter y apoyo creciente, sorpresivo, el porqué no sería o no podría ser populista en un mal sentido tipo Chávez o Evo Morales (aunque a Navia no le importa que fuera populista en un buen sentido, como “voz de la gente” que aspira a ser incluida, así de vago), lo cual lo lleva a preguntarse si Marco es “mensajero” o “portavoz”, ése supuestamente su dilema fundamental: ¿Marco, síntoma de una Concertación que le llegó la hora, o bien, líder que puede transformar la política chilena del futuro, ampliando y profundizando bases, alguna vez existentes aunque ahora agotadas para el oficialismo, y que, igual, nos pueden llevar a un Chile más progresista, equitativo, superando los logros de estos últimos 20 años?</p>
<p>Navia suena a veces, en esta introducción, a analista distanciado que usa esta oportunidad para ahondar en sus propias tesis (el Chile de Machuca versión II); otras veces, suena a asesor de Marco, planteándole estrategias como en un “position paper” para que se defina. Al igual que lo que pasa con Debray y Allende, muchas de estas inquietudes son más importantes para Navia que para un político como Marco. Los políticos, de la talla de Allende o de Marco Enríquez, desbordan el juego táctico encasillador. Saben, intuyen, cosas que sus analistas asesores apenas sospechan. Cuando Patricio Navia le pregunta si él es un derechista o un izquierdista disfrazado, Marco le responde genialmente: “Lo que te voy a decir tiene que ver con el amor. Me lo enseñó mi mamá [Manuela Gumucio es su mamá, y además mamá legítima, no la Bachelet, dejémonos de cuentos], pero yo lo aplico también a la política. Pienso que hay que ser impredecible. De lo contrario no puedes hacer las cosas. Así también pasa en la vida de pareja. Cuando eres predecible, de algún modo murió la magia. Para perdurar, hay que generar encanto. La seducción es la puerta de entrada para todo… El día en que eres predecible, te atajan.” Evidentemente, Marco está donde está porque los analistas se olvidaron de que existe un fenómeno, de vieja data conocido, que se llama carisma, así de simple y complejo.</p>
<p>En efecto, lo mejor de este libro son las conversaciones, el ping-poneo ágil, rápido, al callo e informado, entre dos tipos sumamente inteligentes. Navia le pregunta, al inicio, cuáles son sus modelos históricos. Marco responde &#8211;ojo cómo responde&#8211;: “me declaro un admirador de José Miguel Carrera… por su rebeldía, por el desapego al poder y a su compromiso irrestricto con sus ideales…” Navia vuelve a la carga: pero no habrá un líder más reciente, alguien con monumento, que admires. Marco: “Miguel [Enríquez] decía: `El día que le hagan un monumento a alguien, se jodió´.”  Con lo cual dice que admira a Miguel porque Miguel no admira a nadie. Este libro es complejo.</p>
<p>Es más, agrega, si uno como político, como presidente, anda pensando en monumentos, se acaba la magia. “Es como si quisieran ser ex Presidentes más que Presidentes, como si estuvieran más preocupados de la historia que de las urgentes necesidades de hoy… hay mucho monumento a personas que nadie recuerda y que no dejaron un buen legado… El desafío de cada Presidente es construir su propio legado, no colgarse del legado de otros… desconfío de esos líderes con aire de héroes. [Aquí viene el punto que me interesa destacar] Eso… viene de los Gumucios, que son grandes despreciadores de la elite”. Con esa sola acotación última descoloca a Navia, a Carlos Peña, Eduardo Engel, Pablo Halpern, Eugenio Tironi y compañía limitada que llevan años despotricando en contra de la elite tradicional y de sus miembros sobrevivientes sin entenderlos, sin comprender su papel y aporte fundamentales.</p>
<p>Vamos al grano. Hablemos en clave histórica política dura. Este país, querámoslo o no, sigue siendo tradicional, anacrónicamente tradicional incluso. Con güelfos y gibelinos, montescos y capuletos, tribales de por medio. Si por un lado hay un Piñera Echenique, y por el otro, un Frei Ruiz-Tagle, ¿por qué no, y con mayor razón, un Gumucio Rivas Vicuña (era hora), o bien, un Enríquez Frödden? Familias de la vieja elite, una suerte de pipiolismo recurrente, o provenientes de la alta burguesía profesional que &#8211;curiosamente&#8211; creen y no creen en la elite (ése es su chiste), son parte del piño pero también, y sobre todo, han producido una cantidad considerable de personajes individualistas, singulares, que trascienden su clase como Miguel y Marco Antonio Enríquez Espinosa, Rafael Agustín Gumucio, Marta Rivas, y como antes, otras familias de ese mismo tipo que produjeron a otros tantos: a José Miguel Carrera, Pedro Félix Vicuña, José Manuel Balmaceda, Joaquín Edwards Bello, Vicente Huidobro, Roberto Matta Echaurren, Carlos Altamirano Orrego, y ahora Marco Enríquez Gumucio?</p>
<p>De hecho, Marco confiesa en este libro que uno de sus propósitos fundamentales es “terminar con el Chile clasista”. Habría que preguntarse cuál ha sido el peso histórico, cuál ha sido la contribución al progresismo político y cultural de este país de parte de individuos que provenientes de círculos de alto privilegio, renunciaron a la pretensión clasista al menos, y para todos los efectos, al hacer esta opción harto valiente, se “declasaron” o los “desclasaron”, soportaron la ira de la tribu, y, sin embargo, no se arrepintieron. No como esos mapus &#8211;“hijitos de su mamá y papá”, claro que sí&#8211; la mayoría de los cuales, sin embargo, eran y siguen siendo mentalmente de clase media; unos pequeños burgueses, alguna vez resentidos contra el más rancio latifundismo, pero que, luego, travestismo mediante, terminaron convirtiéndose &#8211;¡vaya vaya, ironías de la vida!&#8211; en “moneymoneyliberales”. Supongo que la plutocracia es una forma avanzada de resentimiento.</p>
<p>Conste que Marco, en cambio, se sigue planteando de este otro modo, pipiolo, auténticamente liberal, no sólo en términos sociales, también doctrinarios, y vean de nuevo cómo se refiere al respecto: “Me parece positivo pensar que tengo domicilio ideológico [conocido] en varios asuntos, pero… no quiero dormir todos los días en una misma casa [Está hablando en términos figurativos]. No tengo temor a experimentar, a equivocarme”. Marco, a Dios gracia, no es Lagos. No es soberbio ni condescendiente, y eso que bien podría serlo.</p>
<p>Tampoco es como sus otros dos contendores. Aunque proviene de un núcleo duro, beato-pechoño-conservador al igual que Piñera y Frei, optó curiosamente por ser moderno, laico, ilustrado, cosmopolita, cero timorato, de nuevo, un auténtico liberal. En eso se distingue claramente de sus otros dos contendores. “Piñera y Frei &#8211;dice&#8211; siguen jugando al candidato monárquico. Creen que la Presidencia es una cuestión monárquica… El candidato DC y el de la derecha tienen algo que los describe en el peor sentido. Son coloniales. Tienen esa mentalidad de que `somos del barrio y sabemos que hace tiempo que cae la gotera, pero vivimos bien´. Habiendo vivido en el extranjero, yo creo que la gotera se puede corregir”. Vicuña Mackenna hablaba así.</p>
<p>Lo que, a juicio de Marco, se necesita, por tanto, es un cambio, una alternancia. Navia es  insistente al respecto, de ahí que le pregunte al candidato, ¿y por qué no la derecha, por qué ella no es la alternancia? Marco responde: “… la derecha de algún modo ya está cohabitando. Ya está en el poder. No veo ningún cambio entre la Concertación y la derecha”. En el fondo, el asunto tal como lo presenta, es efectivamente muchísimo más complejo que quien está o no en La Moneda. Es el país el que ha cambiado. Al igual que le ocurriera a Pinochet y a sus huestes, ad portas del plebiscito, los actuales ocupantes parecen no haberse dado cuenta cuánto ellos mismos  han cambiado este país. En la historia es frecuente que uno no sepa para quien trabaja. Según el viejo Marx, los hombres hacen la historia, pero no saben la historia que hacen. Ese desconocimiento rotundo le costó a la dictadura su prolongación. Fue un autogol lo que decidió el juego. Ganó la Concertación el 88 porque entendió cuánto la dictadura había cambiado al país. En aquella época los Tironi hacían su pega, sabían lo que hacían. Marco recoge esa idea original de los equipos asesores de la Concertación. Lo dice con todas sus letras: “La Moneda no puede estar habitada por alguien que no entienda ese Chile que demuestra un cambio cultural”. Navia concuerda, “… en la práctica, después de veinte años, la Concertación se parece mucho a Pinochet. No en las violaciones a los derechos humanos. Pero sí en esa actitud de `nosotros somos dueños del Estado…´ Veo Buenos días a todos y Pelotón [en Brooklyn], y entiendo mucho más lo que está pasando en Chile que viviendo en el barrio alto de Santiago.”</p>
<p>El país, la historia, y en consecuencia, la manera cómo hay que relacionarse con el electorado, han cambiado considerablemente de un tiempo a esta parte. En otro momento en el libro, Marco cuenta una muy buena anécdota, una parábola iluminadora de cómo él percibe lo que hay que hacer para llegar al electorado nacional. “Me acuerdo de una discusión dentro de mi comando. Yo les dije: `Vámonos a Pitrufquén´ `¡Pero estás loco!´, me dijeron, `Ahí no hay votos´ Pero hablándole a Pitrufquén le hablas a todo Chile. Otro día me subí a un barco mientras Frei era proclamado en el Congreso en Valparaíso. Le hablé a unos pescadores y a unos cisnes. Frei le estaba hablando al país. Pero al hablarle a unos pocos, yo le estaba hablando a todo el país. Creo que eso es parte de la revisión de una idea de fondo también. Esa idea de que tú podías hablar a todo Chile ya no funciona. Tienes que hablarle a segmentos. Hablando a un segmento le hablas a todos”. Sospecho que Marco maneja lógicas de publicidad y marketing ultrasofisticadas, los nuevos santos evangelios, que tienen mucho que ver por su paso y el de su gente más cercana por medios de comunicación masivos. He ahí Karin Doggenweiler, la Manuela, Fucatel, la productora Rivas &#038; Rivas, Chile Medios, sus amigos, el Rafa Gumucio Araya, The Clinic, y tantos otros. No estoy en el comando, pero me los puedo imaginar.</p>
<p>Desde ahí, desde esa afinidad con los medios, se percibe otra realidad-país, otro mapa en constante reformulación, y mucho de ello tiene que ver, exige, obliga a palpar sensibilidades, y muy importante, ensayar y errar, ensayar y corregir. La repetida insistencia de Marco de que él se puede equivocar apunta a un diagnóstico sociológico tardomoderno concordante con lo anterior. Él está consciente (como ningún otro candidato me parece) que estamos funcionando hace rato en un mundo “líquido”, fluido, informe, disolvente, inestable, en permanente transformación –por ahí cita a Zygmunt Bauman aunque en otro contexto&#8211;. No hay nada más acuático evangélico que andar tendiendo redes en medio del mar. Por eso quizá Navia está tan entusiasmado con Marco. Y no es que, al señalar que se puede equivocar, esté tratando de exculparse anticipadamente, justificar su relativa juventud (como se podría entender algo ingenuamente el comentario), si no más bien que él está súper-consciente que el suyo, y el de nosotros &#8211;aunque muchos probablemente estemos menos sensible al fenómeno&#8211; es un mundo nuevo y distinto, joven, precisamente porque se renueva constantemente a partir de su flexibilidad. “Soy distinto a los dos candidatos conservadores, porque soy una alternativa más transparente intelectualmente. De partida, soy libre. No tengo problema en confesar una debilidad intelectual.”</p>
<p>Es libre en otros sentidos también. “Nunca he tenido proyección. De hecho, no tengo propiedades. No tengo nada. Incluso desde que entré en la Cámara de Diputados y me preguntaron por mi patrimonio y mis propiedades, dije cero, cero.” En eso es muy hijo de su padre, Miguel.</p>
<p>Así es. Piñera, en cambio, es un acartonado, basta mirarlo. Su lenguaje corporal es tieso. El está hasta más incómodo que nosotros mirándolo, contando sus tics, sus manías, sus interminables clichés. Todo, además, lo mide en gestión, en eficiencia y en utilidades. No se puede equivocar. Si se equivoca pierde plata, si lo pillan tiene que pagar multas, o dar largos rodeos explicativos que no convencen, incluso años después de que lo pillaron y volvieron a pillar, como en el caso del Banco de Talca. Lo que es Frei, el “Moai que habla”, tampoco reconoce errores. Entró y salió de su gobierno, nos recuerda Marco, como si nada, sin que se le moviera un pelo. Si hasta despeinado sigue engominado. “A Frei no lo he visto reírse –dice Marco&#8211;. Lo he visto odioso [se refiere al incidente con Karen Doggenweiler y TVN]. Lo he visto poco simpático”. Lo mismo podría decirse de Aylwin y su mueca permanente, y de Lagos &#8211;aunque calvo, tan engominado como el insensiblemente hidráulico de Frei&#8211; cuyo ego tampoco le permite mostrar vulnerabilidades. Y eso que Pinochet y hasta el almirante Merino tenían un humor socarrón, huasamaco, que les sirvió para mantenerse en el poder.</p>
<p>Pero Marco va más allá. Se refiere a una constante pétrea, inmóvil, de quienes nos han estado gobernando últimamente. “Creo que los otros dos candidatos tienen algo de esclavos, de Prometeo encadenado, algo del tipo que está acostumbrado a que le coman los ojos y les regeneren los ojos. No les importa, porque mientras están ahí, en esa faceta regenerativa del dolor, no están incómodos. Un poco lo de Sartre, están felices. La Concertación tiene algo de Prometeo, es como si dijeran: `Sabemos que vamos mal, pero no importa. Cada día nos duele más, cada día nos rompemos más huesos, pero no importa´. Como esas películas de ciencia ficción, como Terminator, que se iba regenerando las heridas. Y eso genera insensibilidad. De hecho, Terminator 4 termina solo. Tiene un momento de humanidad y se arruina.”</p>
<p>Un pequeño paréntesis: Marco Enríquez es el primer candidato presidencial chileno que habla así, que usa estas metáforas tan elocuentemente. Y lo sabe, dice: “Yo soy un convencido de que el lenguaje construye realidades”. También es el único político que se puede dar el lujo de hablar de filósofos. Los ha leído –me consta, es un gran lector en un país en que casi nadie lee&#8211;, y a tal punto es versado que se los hecha al bolsillo y no se cae. “Cuando tú lees filosofía, básicamente lees textos que te dicen pesadeces”. Descartes es un pesado. Heidegger, un agresivo. Hegel y Nietzsche, afirma, unos crudos sin piedad. Por eso hay que leerlos. Ni Obama habla así. Lo digo como un cumplido.</p>
<p>Pero volvamos a lo que estaba señalando. A pesar de las críticas que hace a la Concertación, curiosamente, vuelve a sorprendernos. Es fiel a sí mismo, es impredecible. Va y nos dice lo siguiente: “No me cabe duda de que soy heredero de lo bueno y de lo malo, yo soy heredero de la Concertación, no me pierdo”. Pero este reconocimiento le sirve, le permite, distanciarse, y romper las cadenas. La Concertación, en cambio, es prisionera de sí misma. “Parte del problema de la Concertación es que no se enfrenta a sus propias contradicciones… Para serte franco, pienso que estamos en un proceso de mutación muy brutal. Eso lo reconocen los mismos dinosaurios de la Concertación. Pero los think tanks [supongo que incluye al CEP y a Libertad y Desarrollo como también a Cieplan, a Expansiva, Project America, y a Chile XXI] están manteniendo el mismo rostro y por ahí no hay renovación. Y los cabros más jóvenes que son diputados parecen viejos chicos… En la Concertación, la especulación intelectual está completamente castigada”. Ante lo cual, no solo se distancia, marca una diferencia sustancial. “De hecho, cual es mi mérito en verdad –se pregunta en este diálogo&#8211;. Sólo el hecho de que estoy dispuesto a perder. Aquí nadie quiere perder nada”. No, él es parte de esa historia concertacionista, la hace suya, y se distancia, a fin de volver a potenciarla. Sólo arriesgándose, corrigiéndose, se puede salir del entuerto. Este me parece uno de los puntos clave de su programa. Obviamente que no un programa típico, aunque he escuchado a altos dirigentes de Océanos Azules, esos “díscolos” del programa de Frei, soslayar ideas parecidas. Algo anda en el aire y en esa onda.</p>
<p>Marco Enríquez lo atribuye a que “hoy todo es mucho más confuso”. ¿De nuevo Zygmunt Bauman? Es posible. Pero también, me atrevería a sugerir, el gobierno de la señora Bachelet, y el sentimiento de defraudación que produjo a destiempo el de Lagos. Gobiernos que, a pesar de cometer errores mayúsculos que en otros lugares bajo sistemas parlamentarios les habría costado el cargo, igual sobrevivieron. En una de éstas porque la “cariñocracia” de la que habla tan lúcidamente respecto a la Bachelet Patricio Navia es también una forma de reconocer sin reconocer los errores. Algo sumamente confuso, concuerdo, pero que no le ha significado una muerte súbita. En palabras de Marco: “La gente quiere alternancia. Lo expresa de forma irracional, buscando los límites de la reelección, colgando en la plaza pública la imagen de un diputado por no sé qué motivo. La gente está pidiendo sanciones. Está buscándolas. Está en la plaza de la Bastilla. Ahí está. Y los que nos llevaron a la Bastilla son los dirigentes partidarios… Los chilenos comienzan a ser más sabios. En veinte años han aprendido. El día que voten por mí, me van a abandonar enseguida. Me dirán: `Voto por ti y ahora te las arreglas solo´, lo que es muy distinto al voto histórico de decir `voto por ti, te voy a acompañar en tu lucha, y no quiero frustrarme´. Hay mucha gente que le dice a la Concertación: `Voté por ti y estoy dolido. Me siento defraudado…´ Ahora la gente espera decepcionarse de sus líderes. Ya nadie va a decir, como en la época de Allende, que éste es un gobierno de mierda pero es mi gobierno. La gente vota por ti, pero no tiene esa lealtad de acompañarte en todo.”</p>
<p>¿Qué pasaría entonces &#8211;es lo que está sosteniendo&#8211; si de antemano reconociéramos anticipada y públicamente que no hay nadie que esté a salvo de equivocarse? “Yo les estoy diciendo [a la gente] que voy a cometer errores, que voy a tener aciertos pero también derrotas, la gente sabe que no la estoy tratando de engañar. Conmigo no se van a frustrar.” En Brooklyn donde vive, parte de su tiempo Navia, esto se llama “chutzpah”, audacia, temeridad. </p>
<p>El sistema, además, puede y admite fragmentarse. A menos que nos movamos a un régimen parlamentario, este es el desafío crítico en que pende cualquiera sobrevivencia futura de la Concertación en el gobierno. Sólo así cabe entender, y debiéramos encajar, el fenómeno mal llamado “díscolo” con que suele asociarse a nuestro diputado ex PS. El sistema, de hecho, se desbordó. La candidatura de Marco es una clara constatación que el fenómeno ya alcanzó a las opciones presidenciales. No es que haya uno, dos, o unos cuantos más diputados o senadores disparatados, que votan cruzado, uno que otro alcalde por ahí, que se salen o abandonan la coalición oficial, no habiendo disciplina alguna que los vuelva al redil. El sistema binominal también fracasó. No es cierto que siga habiendo dos grandes mayorías. Hay que moverse a esquemas más flexibles, atraer a fuerzas que llevan años siendo excluidas. Marco: “Los partidos son completamente cínicos porque no reflejan la realidad de Chile. Están ordenados por el binominal en dos grandes coaliciones. Pero amarrados a la fuerza. Dentro de las coaliciones, los partidos se odian. Se insultan. Se insultan incluso ante las cámaras”.</p>
<p>Efectivamente, estamos ante una crisis de representación partitocrática. Por eso los jerarcas de los partidos valen cada vez menos, también sus asesores estratégico-comunicacionales. Estos últimos también son bien “díscolos” a su manera, si uno lo piensa. Están en tantas cosas que, al final, no están en ninguna parte. Están “en” y “con” el gobierno, pero también son part o full time lobbystas, cuestión que va a volver ocurrir en el futuro gobierno de esta derecha renovadanacionalista, empezando por su posible presidente Piñera; harán galas de su espíritu público al comienzo, pero igual, seguirán siendo lo que han sido siempre: “empresarios”; al punto que, seguramente, no van a ser ni siquiera necesarios los lobbystas.</p>
<p>Marco, de nuevo, da en el clavo a mi juicio. “Ese desprecio de Lagos por Lorenzini [a quien no lo saludó, y eso que era el Presidente de la Cámara, uno de los primeros díscolos que se opuso al gobierno, a la vez que había sido elegido con una de las más altas mayorías en su distrito] refleja un poco el desprecio de los técnicos por los políticos que compiten en elecciones. A mi me molesta esa actitud de los ministros, en especial de los ministros de Hacienda, que parecen despreciar a los políticos”. Los políticos, según Marco, van a ser cada vez más díscolos. Y ese es un lío que va a afectar cada vez más, especialmente, a Hacienda.</p>
<p>Es muy llamativo que Marco ponga el dedo en los ministros de Hacienda. Está claro que es desde ahí donde, hace rato, se pretende gobernar este país. Últimamente más que nunca. Es Velasco Brañes, no la señora Bachelet, quien gobierna. Ella simplemente se pone para la foto, y, como se sabe que es buena onda, y se la supone inofensiva, recauda votos porcentuales gigantes en las encuestas que el CEP, a su vez, se encarga de computar. Según Marco, “Cuando se trata de compasión, los chilenos aceptan todo”. De nuevo la “cariñocracia” que señala Navia. Ella es muy compasiva. En cambio, si se supiera y transparentara exactamente lo que hace e impone Hacienda en todas las carteras de gobierno (no solo las estrictamente económicas) y con qué criterios (obvio que transparentado no por Chile Transparente, la organización menos transparente en Chile) apuesto lo que quieran que el apoyo que actualmente tiene La Moneda dejará de medirse en términos de compasión. Si hiciéramos responsable políticamente a la figura más política del gabinete, Velasco, más incluso que a la Jefa de Estado, el aplausometro, de seguro, que revelaría un apoyo infinitamente más tibio. Hacienda veta proyectos, pone cortapisas, dice qué puede o no entrar en un programa electoral presidencial. Por eso Halpern, amigo de Velasco, está en el comando de Frei, y éste no lo puede no consultar.</p>
<p>Espero que esté  quedando claro que éste no es un libro de campaña. Es infinitamente más complejo y menos formateado que ese bodrio de El libro de Lagos de Patricia Politzer. Suelo medir la calidad de libros según un par de criterios, creo que infalibles: si subrayo, si dejo a un lado cosas importantes e igual no me importa, si en una sola página leo más de una idea, si me recuerdo de algo y luego lo cito más tarde, si me da lo mismo no haber conocido al autor (o al entrevistado también en este caso), dicho de otro modo, si el libro se basta por sí solo, en fin, si es o no imprescindible. El Díscolo anota alto en cada una de estas categorías. En algunas páginas del manuscrito puse signos de exclamación hasta tres veces, algo inusual.</p>
<p>Si lo comparo con lo que aparece en los diarios de esta provincia (¡por Dios que están malos los diarios últimamente!), no hay comparación. Cuando los libros dicen cosas políticas que los periódicos no llevan es muy significativo. Pasó lo mismo hacia fines de los años 90 cuando aparecieron libros como el de Moulian (El Chile actual), y varios otros. Marco y el Pato están conscientes de ello. De hecho, Navia está más osado que nunca en este texto, infinitamente más puntudo y brillante que en sus columnas para La Tercera. Marco se lo hace ver: “Con  todo respeto, y no es por agredirte, pero éste es un país donde el pensamiento crítico no tiene voceros. ¿Cuáles son los diez líderes de opinión que tiene este país? ¿Dónde ejercitas el pensamiento crítico? ¿En La Tercera? ¿Con una columna de cuántos caracteres? Patricio: Cuatro mil caracteres. Estoy de acuerdo. Marco: Claro. Tus adversarios son siempre los políticos. Ustedes los analistas, los intelectuales, no se tocan. Nunca los he visto atacarse entre ustedes. Porque hay espacio sólo para probar las tesis de que los políticos son miserables. Sólo para eso hay espacio en los medios. Nunca he visto un debate sangriento entre ustedes como lo hacen con los políticos. [Una pequeña corrección: ello ocurría antes en Rocinante por ejemplo] Patricio: es verdad. Marco: Además son cuatro gatos. Patricio: Tienes razón, hay una colusión total y absoluta de los columnistas que escribimos de política. Marco: El pensamiento crítico está coludido.” Ojalá en los medios donde todavía me piden artículos, pautan y no siempre me publican lo que han pedido (The Clinic es una excepción) lean al menos la página 146. Las noticias y cables en estos días han estado destacando este libro y lanzamiento, pero vean cómo titulan: “Enríquez destaca figura de Ricardo Lagos en libro que será lanzado…”, “Marco Enríquez es, políticamente, hijo de Bachelet y Lagos…” Obviamente, quienes confeccionaron esas calugitas, no han leído el libro.</p>
<p>Libro que, por supuesto, se puede leer de muy distintas formas. Este texto es tan sugerente que admite varias otras miradas. Alguien distinto, yo mismo, podríamos haber destacado otros ángulos. Cierta cautela, cierto lado más “presidenciable” (aunque no sé que significa eso) en las respuestas del candidato. Uno podría detenerse en las propuestas programáticas concretas que han formulado Marcos y sus equipos, las hay y son llamativas, pero para ser franco, el “programa” de este señor es de otra índole, y eso es lo que lo hace potente. Podrían destacarse algunos puntos delicados, y ver hasta qué grado Marcos responde o bien responde pero no suficientemente a juicio del lector. Pienso que un aspecto ausente podría haberse tocado: cómo Marco (el primer presidenciable) se desmarca de la Guerra Fría. Michelle Bachelet es todavía una figura muy encuadrada en ese esquema. Sospecho que la relación de Marco con Europa, y no con los Estados Unidos, es un punto de diferencia político y cultural digno de profundizar.</p>
<p>Con todo, me parece que lo más logrado es haber centrado el libro en torno al futuro de la Concertación. Esa es la gran pregunta, la gran incógnita, en esta elección. Y ha sido Marco quien la ha puesto en evidencia haciéndola peligrar. Hay cuatro candidatos, los cuatro, incluyendo Piñera aunque más oblicuamente, asociados a sensibilidades de centro-izquierda. Piñera viene de la DC, de esa DC zigzagueante, que puede votar a favor de grandes cambios y después aliarse con Sergio Onofre Jarpa, que puede votar NO en su momento y luego asociarse con Carlos Larraín, Evelyn Matthei, Alberto Espina y Fernando Barros. Tres de estos candidatos están claramente identificados con la Concertación, aunque ha pasado mucha agua debajo del puente, y se han querido desperfilar de ese tronco, pudiendo o no pudiendo, incluido Frei, el Frei de antes que llegaran Tironi y Halpern a engominarlo de nuevo. Marco lo reconoce: “Es una gran pregunta: si voy a pasar a la historia como el que disolvió a la Concertación”; a la que responde: “Que pierda la Concertación no es mi objetivo. Si pierde es porque la gente votó por otro camino”. También podría haber dicho que se la farrearon. </p>
<p>Lo segundo y último que volvería a destacar del libro es la inteligencia de Navia y Marco. Los que pertenecemos al mundo de la cultura, dice Marco Enríquez, sabemos que ese mundo puede “contribuir mucho más al desarrollo de Chile de lo que hoy estamos dejando”. En efecto, hablando, pensando en voz alta, con irreverencia y también lucidez, haciéndose escuchar dentro de tremendos límites tapabocas que nos imponen. Señala Marco: “En definitiva, pienso que para ser Presidente en Chile se necesita más que nunca a alguien muy inteligente. Para mí, la inteligencia está asociada con gente que se plantea preguntas y que se atreve a dudar”. Eso un atributo de gente joven, de viejos-jóvenes, de jóvenes que no quieren envejecer; no vaya a ser que el día menos pensado, “los jóvenes los echen al cementerio.” A Huidobro le habría gustado Marco Enríquez.</p>
<p>Felicito a la editorial, a Navia y a Marco. Muchas gracias.</p>
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		<title>Agustín Edwards Mac Clure biografiado por Gonzalo Vial: El oficio del taxidermista</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 20:09:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
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		<category><![CDATA[agustín edwards mac clure]]></category>
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		<description><![CDATA[POR ALFREDO JOCELYN-HOLT El libro de Gonzalo Vial es un distractor de atención. Lo que verdaderamente interesa es la historia de El Mercurio estos últimos cincuenta años, no los anteriores cuarenta bajo Edwards Mac Clure. ___________ Se cuenta que en el Antiguo Egipto, cuando el embalsamador alcanzaba su máximo dominio de la técnica, y se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/09/agustin-edwards-mac-clure.jpg" align="right"width=180 /><br />
POR ALFREDO JOCELYN-HOLT</p>
<p>El libro de Gonzalo Vial es un distractor de atención. Lo que verdaderamente interesa es la historia de El Mercurio estos últimos cincuenta años, no los anteriores cuarenta bajo Edwards Mac Clure.<br />
___________</p>
<p>Se cuenta que en el Antiguo Egipto, cuando el embalsamador alcanzaba su máximo dominio de la técnica, y se le encomendaba un faraón difunto (uno de esos grandes soberanos digno de pirámide apoteósica) era costumbre enterrar al maquillador junto a su señor. Podía ser que el cadáver requiriera de asistencia de último minuto rumbo al más allá –tener que, quizás, ajustarle la mandíbula, mantener fresca y estirada la piel, encajarle de nuevo un ojo caído–. <span id="more-9685"></span>Consciente de semejante honor, el taxidermista se esmeraba en hacer un buen trabajo –podría tratarse de su última gran obra en vida– extrayendo todo lo que oliera a podredumbre o a entraña corruptible, llenando de aserrín las cavidades torácicas internas y dejando sólo el pelaje envoltorio superficial. Mira, mira, qué plácido se ve el “tatita”, dejémoslo dormir en paz.</p>
<p>Los taxidermistas son también como esos vendedores de lotes en “parques del recuerdo” donde invertir a futuro, llevar a la familia el fin de semana y, de paso, “visitar” a los abuelitos, por supuesto que agusanados después de un rato, pero ¡shhhh…! no arruinemos la ilusión, mira, mira, qué bien cortado y regado está el pasto, todo verde, en orden, y eso que no parece sepulcral. Un legítimo deseo. La vida, llena de humanas imperfecciones, puede querer verse a sí misma y perpetuarse en imágenes favorables, vestida con su mejor traje dominguero, recién planchado e inmaculado. Tratándose de un “tatita faraón”, candidato a santo, prohombre, héroe de plaza o patriarca modelo, con mayor razón. </p>
<p>VIAL NO ES REMBRANDT</p>
<p>Pero, ¿dónde rayamos la línea propiamente histórica entre la mitificación que suelen demandar el oficialismo de turno, los hijos agradecidos que ponen la plata, las segundas o terceras generaciones de nietecitos orgullosos de su prosapia pompa-fúnebre, los secuaces del líder político fundador, y lo que cierta necesidad mínima de rigor desmitificador recomienda de la indagación histórica para que ésta siga siéndonos útil? </p>
<p>Uno lee la biografía de Agustín Edwards Mac Clure de Gonzalo Vial y se lo pregunta. En efecto, ¿por qué el actual Agustín, director de El Mercurio, le encomendó semejante tarea a Vial? Una pregunta para nada insidiosa. El autor reconoce, en las primeras líneas de su libro incluso, no haber logrado la altura suficiente que merecía el personaje. Extraña manera, autoconfesa, de prevenirnos que lo que viene no vale tanto la pena a no ser que el propósito sea intencionalmente ideológico coyuntural, como siempre ocurre con Vial.   </p>
<p>Vial, desde luego, se especializa en historias por encargo, mandadas a hacer. Vial no es Rembrandt; si fuésemos en exceso generosos con él, quizás Boldini. Escribió una historia del Senado para la cámara alta, otra de la Sudamericana de Vapores para Ricardo Claro; una biografía de Prat para la Armada, y otra de Pinochet, quien fuera su otrora ex-jefe (Vial fue ministro de Educación de la dictadura). Ayudó a redactar, además, dos otras dos publicaciones oficialistas: el marco histórico para la Comisión Rettig y el Libro Blanco. Este último, texto fundamental que sirvió para justificar la primera y más brutal cacería de la dictadura, urdido anónimamente cuando todavía ardían las brasas en La Moneda, basado en documentos falsos (nadie salvo sus autores los ha podido revisar después) sobre un supuesto complot previo, el “Plan Zeta”, que el golpe habría abortado. </p>
<p>Un pecado para nada de juventud. A la fecha Vial tenía 43 años; había sido un frontal opositor, director de dos revistas de trinchera (Portada y Qué Pasa) en contra de Allende y de la Unidad Popular, y tenía detrás suyo, además, todo un historial de compromiso duro católico-nacionalista que nunca ha pretendido ocultar. Su displicencia es proverbial. Frente a críticas que sabe que no puede responder (y eso que tiene fama de polemista), asume un aire pontifico-mercurial, impermeable, más allá del bien y del mal. Simplemente, no contesta. Una pose con que pretende parecer “independiente” aunque la suya jamás haya sido una postura individualista, solitaria, carente de redes o padrinazgos en qué apoyarse. </p>
<p>Él sabe que su punto de vista doctrinario (el nacional-católico integrista) nunca ha sido representativo de la derecha tradicional. La vieja elite, de la cual es muy despreciativo, ha sido siempre más liberal y cosmopolita que conservadora franquista, y la jerarquía eclesial, tanto más a la izquierda y “progresista” que la derecha. Por eso, un tanto huérfano, recurre a alianzas  tácticas. Con Pinochet porque es un antimarxista furibundo; con el gobierno de Aylwin porque la  Comisión Rettig sirvió para asentar el consensualismo Boeninger-Correa funcional a una transición frenada y pactada; y, por último, con la empresa de El Mercurio porque ahí (en especial La Segunda) se apiñó el grupo Portada (Cristián Zegers, Hermógenes Pérez de Arce y él mismo). </p>
<p>UN HISTORIADOR CERO ANALÍTICO</p>
<p>Pero su simpatía para con El Mercurio es más profunda, afín a un espíritu compartido, conservador y autoritario. El Mercurio muestra una línea continua, sin quiebres dinásticos, que se consolida y potencia bajo la dirección unipersonal de Edwards Mac Clure durante 44 años (1897-1941); luego le sigue un período más corto, el de Edwards Budge, hasta 1956; para, finalmente, recabar en un reinado aún más largo, el de Edwards Eastman (1956 a hoy día), en que una de las principales fortunas chilenas decimonónicas se esfuma, aunque el diario y mayorazgo permanecieran anacrónicamente bajo ese único dominio personal, el del actual Agustín. Anacrónico porque no se ha debido al mismo tipo de sustento financiero poderoso anterior sino a evidentes condiciones políticas favorables a cierto propósito oligopólico comunicacional que concibiera tempranamente Edwards Mac Clure fundando y extendiendo la red de periódicos y publicaciones desde Valparaíso a Santiago, y desde ahí, al resto del país. Base que se potencia y exorbita con lo que políticamente viene después. ¿Qué hubiese sido de la empresa El Mercurio sin la dictadura militar, la censura sistemática, la desaparición de otros medios, en fin, la falta de competencia? Y eso que la empresa se dice tan favorable a lógicas de mercado.  </p>
<p>Por supuesto, Vial no se hace cargo de esa historia; se limita únicamente al período todavía libre de suspicacias en tal sentido. El Mercurio, por cierto, tampoco se ha mostrado abierto a que se haga una historia como las hay respecto a casi todos los demás grandes diarios de equivalente peso y prestigio. De hecho, ha impedido celosamente cualquier estudio de ese tipo. Los vetos que ejerce frente a quienes lo auscultan u osan criticarlo no debieran ser, a estas alturas, ningún misterio, si no fuera de que es prácticamente imposible volverlos públicos dado que el mercado comunicacional chileno es oligopólico y “el decano” aún inspira respeto sacrosanto entre los otros medios, para qué decir los gobiernos de turno. La dictadura, seamos francos, a pesar de todas sus proyecciones y continuidades últimamente, se ha desdibujado más que la línea editorial mercurial.  </p>
<p>Pues bien, ahí es donde entra y hace su trabajo Vial. Él escribe un mamotreto de 450 páginas, justo cuando el diario puede que esté atravesando una encrucijada sucesoria; cuando se han ido acumulando, aunque tímidamente, críticas a El Mercurio (v. gr. Sunkel, Uribe, Monckeberg, Echeverría, Agüero); y, cuando diarios como éste pasan por graves problemas a nivel mundial (fin de grandes empresas familiares, baja de lectores, competencia de otros medios y soportes, crisis económica, pérdidas por 6 millones de dólares el año recién pasado…). En el fondo, se recurre a un historiador convencional, anecdótico, cero analítico, que no va a hacer ninguna pregunta difícil; por el contrario, con su desparpajo olímpico va a pasar por alto cualquier escollo o cuestionamiento incómodo, y puede concentrarse en una “época de oro” donde todo iba relativamente viento en popa, guardando, por supuesto, las apariencias de un trabajo en serio, con el rastrilleo correspondiente de papeles en archivos familiares, siempre una fuente sospechosamente parcial. </p>
<p>Nada, en todo caso, que se compare a lo que Gay Talese hiciera respecto al New York Times, Ricardo Sidicaro sobre La Nación de Buenos Aires, Sir Harold Evans sobre el Times de Londres, o, ya en un plano estrictamente de historia de dinastías plutocráticas, que se equipare a las investigaciones de Peter Collier y David Horowitz sobre los Rockefellers, William Manchester sobre los Krupps, Ron Chernow sobre los Warburgs, o Niall Ferguson sobre los Rothschilds, por solo mencionar a algunos. Dudo que Vial haya oído siquiera hablar de este tipo de libros de historia, y si supiera de ellos, no los leería.</p>
<p>Mi impresión, por tanto, es que el libro de Vial es un distractor de atención. Lo que verdaderamente interesa es la historia de El Mercurio estos últimos cincuenta años, no los anteriores cuarenta bajo Edwards Mac Clure que es lo que nos entrega Vial y El Mercurio-Aguilar.</p>
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		<title>Fobia lúdica</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Aug 2009 05:37:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR ALFREDO JOCELYN &#8211; HOLT Vicente Undurraga, el editor de cultura de The Clinic, me sugiere que escriba sobre mi relación con los juegos para este número, sin saber que los detesto, desde siempre. Desde que, siendo bien chico, me di cuenta que mis dos hermanos menores, unos pendejos, cuando les disparaba, con no mala [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/08/fobia-ludica.jpg" align="right" /></p>
<p>POR ALFREDO JOCELYN &#8211; HOLT</p>
<p>Vicente Undurraga, el editor de cultura de The Clinic, me sugiere que escriba sobre mi relación con los juegos para este número, sin saber que los detesto, desde siempre. Desde que, siendo bien chico, me di cuenta que mis dos hermanos menores, unos pendejos, cuando les disparaba, con no mala puntería (de hecho, me esmeraba en apuntar justo a sus órganos vitales), no caían verdaderamente muertos. Mi segunda gran decepción en la vida en este orden de cosas ocurrió cuando uno de mis tíos abuelos que me enseñó a jugar ajedrez (debo haber tenido ocho años) efectivamente se murió. <span id="more-9005"></span></p>
<p>Mi tío era un tipo elegantísimo, muy distinguido de pinta, y por lo que he venido a saber después, pesado como nadie, aunque conmigo, era especialmente cariñoso (yo era el nieto regalón de mi abuela, y mi abuela se hacía respetar). Había sido “naci” en su juventud, y tenía un fuerte sentido del lugar social que le correspondía a cada uno. Según la Lidia, una vieja “mama” que trabajó en mi casa por más de cincuenta años, mi tío Emilio era tan orgulloso que cada vez que se topaba con empleados que usaban el  ascensor de los dueños de departamentos donde él vivía, y no el de servicio, armaba un escándalo de “Dios mío”.<br />
Vivía en la calle del Dieciocho, en una auténtica Cueva de Alí Babá, rodeado de gobelinos, alfombras persas, marfiles y unas envidiables columnas barrocas salomónicas (enrolladas o retorcidas) traídas desde Lisboa donde había sido embajador. Un ambiente literalmente sacado de una película de Luchino Visconti en que él –claramente de otra época– bien podría haber sido personaje. Una época re-que-te muerta, de eso me di cuenta tiempo después. A unos pocos años de enseñarme a jugar ajedrez, cayó enfermo y uno de sus hijos (un huaso bruto menos fino que su padre) me elevó de un ala y me lo mostró tendido en el ataúd (mi primer muerto), esto para  que me hiciera “hombre” de una vez por todas. Muerto mi tío Emilio no tuve con quién jugar al ajedrez; vengo de una familia no muy “intelectual”, lo cual curiosamente NO lamento, por eso el sinfín de historias tontas que podría contar. </p>
<p>Mi otro gran primer contacto con juegos era en las vacaciones en el campo de una de mis bisabuelas. Tampoco un lugar que me fue propicio para este tipo de entretenimientos. Las señoras jugaban canasta o sacaban solitarios, tan absortas que si uno se acercaba demasiado, dos más dos, me mandaban a dar un recado a alguien, nunca faltaba a quién, y yo, en aquel entonces, tenía fama de muy obediente. Los hombres de mi familia, en cambio, se dedicaban a los rodeos, a la brisca y a la hípica en Santiago el día domingo (de seguro que una excusa para no ir a misa o escaparse a la ciudad), pero eso con la reforma agraria se terminó de cuajo. Tampoco ayudó que un hermano de mi madre que corría en vacas se cayera del caballo, y pasara seis meses inconsciente.<br />
Otro de mis tíos, primo de mi madre (no exagero, tuve muchos tíos, quizá  demasiados) llegó a ser “juez de riendas”, pero ya, desde los 12 años cuando le fui ganando los argumentos (cosa no muy difícil), me di cuenta que era tonto de remate. Teniendo yo ya más de cuarenta años, a modo de venganza, me llamó por teléfono para subirme y bajarme porque ¡cómo se me había ocurrido decir en público y tan “livianamente” que mi bisabuela era una “vieja de mierda”! Lo más sorprendente, para mí, no fue que me retara sino que usara un adverbio; nunca imaginé que su manejo gramatical fuera tan versado. </p>
<p>Mi paso por colegios en EEUU tampoco me entrenaron mucho en juegos y deportes. En primavera se practicaba el “baseball”, pero como yo era extranjero y medio torpe, me ubicaban atrás, en el “right field” donde normalmente no llegan las pelotas si el bateador es diestro, o bien, me destinaban al “left field” cuando el bateador era zurdo. Si se producía lo altamente improbable, es decir, que la pelota volara azarosamente hacia mi lado, me hacía el “gringo” y que no entendía nada; el profesor de gimnasia,  un fascista igual que mis tíos, estallaba en ira al producirse, a causa mía, el “home run”. En invierno, en cambio, nos obligaban a hacer lucha libre, pero yo, ya precavido de la situación, algo bárbara y retorcida que me esperaba, le susurraba al oído a mi compañero de colchoneta que no se esforzara tanto porque igual iba a ganar. Nada de esto, por supuesto, me afectó en cuanto a notas; mi ropa siempre brillaba impecable gracias a la Lidia.</p>
<p>Podría extenderme mucho más. Sobre porqué no me gustan los juegos de cartas, porqué no apuesto nunca (evito los casinos, la Bolsa y las iglesias), o porqué han tratado tres o cuatro veces de enseñarme a jugar bridge y no aprendo, y eso que en una de esas tantas veces, la última, mi entusiasmo era mayor que de costumbre: recién había leído una novela de misterio y la clave final suponía saber jugar bridge. Presumo que es por falta de suficiente sentido gregario (incluso familiar) y porque detesto aprender reglas o seguir instrucciones. Tampoco me convence el subtexto viril implícito en algunos de estos juegos, y porque hace rato prefiero competir conmigo mismo, y no contra el azar o contra alguien más experimentado o pillo que yo, como uno de esos tantos tíos quienes, sabiendo que uno no es tonto, les encanta ganar abusando de su edad o haciendo trampas; salvo, eso sí, mi estético tío abuelo, Emilio Saavedra Balmaceda, quién –aunque nacionalsocialista e insoportable&#8211; me enseñó el ajedrez y el buen gusto por las cosas bien hechas (las tapicerías, estatuas, grabados, estanterías de libros y porcelanas) que hacen pasable el juego mortal de la vida.* </p>
<p>*Mi tío jamás se hubiese imaginado un homenaje a su memoria en un medio como The Clinic; lo habría encontrado izquierdoso y vulgar. Sin embargo, dudo que El Mercurio, el único medio que él reconocería a estas alturas, me publicaría una nota como la anterior quedándose, pues, sin homenaje mi tío Emilio. Ironías de la vida y de la historia: nadie sabe para quién trabaja.</p>
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		<title>Boeninger buena onda, cha cha cha</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Jul 2009 11:55:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Edgardo Boeninger]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/04/jocelynholt1.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Si usted amable lector es de los que ya lo saben o sospechan perdonen que sea tan obvio en mis reparos frente a aquellas memorias de políticos escritas por sí mismos o en colaboración con periodistas. Género empalagoso que, aunque ocasionalmente aporte uno que otro dato desconocido, casi nunca ofrece obras memorables. Pecan de parciales y de una superficialidad insufrible; se afanan demasiado en querer promocionar los supuestos logros y “paso por la historia” de su protagonista, cuando no son apologías interesadas u oficiales. Entendible intención de quienes producen semejantes tomitos envasados que así como se los recalienta, se engullen y olvidan. Suelen mandarlos a hacer o se escriben para fines electorales, pero, vamos, somos muchos los que hace rato nos jubilamos de la ingenuidad. Cuesta creer en historias que sólo recogen testimonios favorables, autocomplacientes, de la mano propia o asistida de sus protagonistas.<br />
<span id="more-7964"></span><br />
Exactamente lo que vuelve a ocurrir con el libro-entrevista de Margarita Serrano, La igual libertad de Edgardo Boeninger. Obra encomendada por CIEPLAN, donde Boeninger actualmente opera, visada por Eugenio Tironi, jefazo del “think-tank”, socio (demás está decirlo) de la señora Serrano en el rubro lobby-comunicacional. Presentación así de “entrenzada” y ya uno, más o menos, puede adivinar lo que viene.</p>
<p>Primero, Boeninger se resiste (“soy un tipo fome… no encuentro que [mi vida] sea de interés para nadie más que para mí”). Dificultad que se despeja rápidamente tras consultar a su señora (“Me fue mal… La Martita considera que debo hacerlo”), y de ahí en adelante, no paran las sesiones, el cuénteme su vida, de su alma, sus amores y penas, soy toda oídos, con “onces” y grabadora prendida. “Llegó muy puntual manejando su auto. Ahora tomamos té y un trozo de queque –mi nana se apuró en prepararlo ante la idea de tener aquí al señor Boeninger en persona&#8211;. Él se repitió, porque es bastante goloso y no tiene el complejo de hacer dieta.” Ya antes se nos ha intimado sobre su gusto por el buen vestir (“A la primera sesión llegó con chaleco de cachemira rojo. Deportivo-elegante… ¿Se comprará él la ropa? Es de las pocas cosas que no le he preguntado”, anota la esmerada entrevistadora, supongo que para dar justo ese toque suficiente de realismo televisivo que aumenta el rating y atrapa al recién sintonizado).</p>
<p>Luego vienen las “confesiones” de su infancia melodramática: niño rico pobre, abandonado por su madre, tras lo cual deja el colegio Grange, con padre loco que lo amenaza con matarlo (termina pegándose un tiro), viviendo de ahí en adelante en una pensión donde su dueña, “más polola que mamá”, lo acoge… “Pero contento. Con buena memoria y advirtiendo que su vida comienza a los doce años, porque no existen recuerdos previos”. Falso, por supuesto, porque en página 128 relata cómo en The Grange le pegó un puñetazo a José Donoso quien seguramente fue y lo reportó a uno de los “prefects”, es decir, nada que no supiéramos ya antes de ese acusete precoz. A esas alturas de la lectura, confieso que resignado, y habiendo varias veces recogido el librito del basurero &#8211;razones puramente profesionales me instaban a seguir&#8211; sólo pensaba en cuánto The Clinic me va a pagar por esta reseña.</p>
<p>Digamos que no mucho más, proporcionalmente hablando, que la Universidad de Chile donde soy profesor jornada completa, institución que Boeninger presidiera tres veces como rector. Nombramiento y gestión más que nada política porque Boeninger (él mismo lo reconoce) no es ningún intelectual. De hecho, sus dotes como profesor siguen siendo un misterio. Sus escasos libros, bodrios. Se conoce mejor su paso previo por la Municipalidad de Santiago a cargo de vialidad (los recorridos de las micros y la señalética de las calles, sus logros más perdurables). Su tesis en Economía la hizo a dúo, en tres semanas, justo a tiempo para ser elegido decano de esa misma facultad dónde él era todavía alumno, y cuyo título no recuerda (!!) Sí, usted leyó bien, los datos provienen de este tomito. </p>
<p>Hace rato que la Universidad de Chile y sus rectores son unos chantas. En no poca medida porque, desde que Boeninger es decano y tres veces rector, la han vuelto una máquina politiquera, si bien personalmente no reconoce que él haya sido, en aquella etapa de su vida, aún un político (no militaba en ningún partido). ¿Confuso? Bueno, sí. De hecho, la dictadura lo sacó a patadas de la rectoría y eso que se había estado convirtiendo en baluarte de la oposición a la UP. Un poco antes del Golpe, Jaime Guzmán y su amigo Jaime Celedón a quien lo suponía de izquierda (ja, ja, ja) quisieron, incluso, ungirlo en figura máxima de la centro-derecha.</p>
<p>Por supuesto, Boeninger y la Serrano no se detienen mucho en su gestión en la Universidad salvo para hablar de cómo ganó las elecciones y cómo iba a bailar apretado con la Martita a “Las Brujas”; su primer matrimonio con “la Pollito” terminó en desastre, muy duro fue distanciarse de los amigos en común. Lo verdaderamente “político” vendría después. ¡Se hizo, por fin, DC, justo cuando se prohibió la política en el país! Pero, igual, él sentía que “tenía fuero”, era cosa de codearse con algunos de los macucos del barrio, gallos pesados, maceteados &#8211;Aylwin, Silva Henríquez y Gabriel Valdés&#8211; quienes le proporcionaban las pegas para sobrevivir. Y, bueno, claro, ¿cómo no?, de ahí en adelante, la vida le siguió sonriendo. Siguió jugando ping-pong y bailando apretado con la Martita, y, sobretodo, apostó bien (en su años mozos se mantenía a flote jugándole a los caballos), abandonó a Valdés y se arrimó a Aylwin y al “Gute”. Del “Carmengate”, por cierto, no sabe nada de nada, y si lo supo, lo olvidó. Con otros operadores, igual que él, pero de la izquierda más dura aunque no comunista, hizo migas (él siempre fue muy “liberal”), tan así que terminó siendo el cerebro gris de Aylwin, junto a Enrique Correa, en La Moneda. Dios los crea y el diablo los junta. </p>
<p>La señora Serrano y Boeninger, desde luego, no cuentan así de percusionado el cuento. La versión melosa que ofrecen es más “soft”, a media luz los dos. CIEPLAN y Tironi, recordemos, ponen la lucas y están a cargo de la orquesta. Al son del disco platino de esos años, “A la Medida de Lo Posible”, el dúo Boeninger y Correa estaban a partir de un confite con Pinochet: “En rigor, Pinochet fue leal al gobierno. No hizo nada efectivo por fregar al gobierno en esos cuatro años… Nunca influyó en nada… Además, en ese tiempo no era tan odioso como terminó siendo después, cuando se empezaron a revelar los crímenes y su complicidad obvia en ellos”. ¿Cómo? ¿No se sabía nada de los abusos de derechos humanos? ¿No se supone que no se movía ni una hoja sin que lo supiera? </p>
<p>Al parecer, Aylwin y sus dos orejeros, olvidaban todo cuando “el Tata” les susurraba la melodía al oído, en medio de “boinazos” y demases. Cuenta Boeninger como el General le dijo a Aylwin: “Presidente, a usted le conviene que yo siga como comandante en jefe, porque le mantengo en orden a la gente y… estos niños son bastante bravos”. Cuando leí estas máximas edificantes –gansteriles, dirán otros&#8211; fue una de las tantas veces que tiré el tomito al papelero. </p>
<p>Rescatándolo, sí, de inmediato porque, por intuición profesional, sé que no hay culpable que, tarde o temprano, no se incrimine y cuente quiénes son sus cómplices más compinches. Boeninger, digamos las cosas como son, no es el ángel de la guarda que se nos quiere pintar. Además, de no haber recogido el libro del tacho de basura, me habría perdido los panegíricos que hace José Joaquín Brunner de su persona, o él mismo de Carlos Peña, rector muy también a la medida suya. Por algo Dios los crea y el diablo los junta.</p>
<p>Todos (Tironi incluido) figuras fáusticas, calculadoras, que han abusado del mundo académico para, luego, descender al inframundo desalmado del poder y sus laberínticas “razones de  Estado”. Boeninger, el primero, modelo eximio de esta genealogía pérfida.</p>
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		<title>Contra el engendro de la derecha chilena: Otra derecha</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 2009 12:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Poder]]></category>
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		<description><![CDATA[Que Piñera está estancado, de eso, supongo, no hay ninguna duda. Otra cosa es el por qué del asunto. ¿Porque no convence que la suya sea una derecha moderna, liberal y progresista? No pequemos de ilusos. Hay docenas de razones que explican mejor por qué Piñera está chantado y su candidatura no crece en expectativas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/04/jocelynholt1.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Que Piñera está estancado, de eso, supongo, no hay ninguna duda. Otra cosa es el por qué del asunto. ¿Porque no convence que la suya sea una derecha moderna, liberal y progresista? No pequemos de ilusos.<br />
<span id="more-7590"></span><br />
Hay docenas de razones que explican mejor por qué Piñera está chantado y su candidatura no crece en expectativas ciudadanas: Porque, siendo la derecha pinochetista, Piñera se ha terminado por identificar con ese sector duro en esta vuelta, sin más techo que el 44% insuficiente que éste le puede otorgar. Porque por mucho que se haya aliado al pinochetismo, él viene del mundo democratacristiano, y por tanto no genera confianzas en la UDI, partido con el cual tiene una larga trayectoria de desencuentros. Porque el empresariado nunca lo ha considerado uno de ellos; no le gustan sus formas inescrupulosas de operar. Porque no tiene don de gente y el electorado percibe y retribuye de igual manera esa falta de sensibilidad. Porque piensa como un tecnócrata, pero la Concertación cuenta con equipos enteros de tecnócratas, a estas alturas probados, no por probar. Porque Piñera no tiene asesores, tiene empleados. Porque el país es sensato y no está dispuesto a entregarle a un hombre riquísimo más información privilegiada y poder del que ya tiene. Porque nadie cree seriamente en su vocación pública; es un hombre de negocios, un especulador, no un político. Porque es tan individualista y egocéntrico que difícilmente puede encarnar un proyecto colectivo, menos una propuesta nacional. Porque infunde menos respeto y confiabilidad que Frei y es mucho menos joven y audaz que Marco Enríquez. Porque se nota que es maquetado, la antítesis de alguien auténtico. Porque lleva demasiados años figurando y por tanto no es señal de novedad ni de cambio alternativo. Porque sus tics y “bracitos cortos” (como agudamente ha hecho ver Pamela Jiles) llaman más la atención que su supuesta inteligencia, ésta última más viveza que lucidez o genialidad. Porque no es carismático, gasta demasiado esfuerzo en serlo y no le resulta. Porque es y no es Berlusconi versión local. Y, así, docenas más de motivos que podríamos enumerar.</p>
<p>Está bien, el tipo genera más anticuerpos que adhesiones convencidas. No es el mejor candidato para desalojar a la Concertación de La Moneda. En un país tan de centro-izquierda, además, ¿cómo no se le ocurrió a su sector una alternativa mejor que pudiera competirle a ese mundo, a esa mayoría, a ese Chile, a la Concertación? ¿Por qué la derecha tiene una vocación de perdedora? Lleva más de 50 años no pudiendo llegar a la presidencia de la república con todas las de la ley. Puede administrar al país desde el Ejecutivo, lo hizo, pero asistiendo a militares en dictadura. Puede producir un giro gigante, una conversión histórica trascendental, en cómo nos pensamos y estructuramos económicamente, pero no sin autoritarismo, prepotencia, ni atropellos sociales mayúsculos. Puede sentar las bases de la institucionalidad y trazar el rayado de la cancha (Constitución de 1980 y el neoliberalismo) a la vez que neutralizar consensualmente a sus oponentes en el gobierno estos últimos 20 años, pero no desbancarlos ni aprovechar más la ventaja de la paternidad del sistema. ¿Es que la derecha se contenta simplemente con empatar, nunca ganar? ¿Cree que lo que ha estado ocurriendo estas dos décadas es el mejor escenario al que puede ambicionar? De ser el caso, lo más probable es que Piñera siga chantado. A pesar de sus ganas y empuje, terminará siendo igual que Büchi, Alessandri Besa, Lavín, y sí mismo la vez pasada, otra vez más. </p>
<p>El problema con la derecha es que está entrampada en su propia historia reciente. Se sabe poderosa, consolidada, con partidos fuertes, relativamente bien disciplinados (se los quisieran otros países latinoamericanos, Argentina no tiene una derecha organizada), pero es incapaz de dar el pequeño salto electoral que le falta para hacerse de ese eje y botín que es el Estado. Ganas puede que le sobren. Figúrense lo que podrían llegar a hacer desde La Moneda: privatizar empresas públicas, acogotar más a la educación pública tanto escolar como universitaria a la par que favorecer iniciativas privadas en ese rubro, desregular el mercado, bajar impuestos y así incentivar la inversión, usar fondos públicos para propósitos electorales (no hay gobierno que no haya intentado ser el “gran elector”), frenar propuestas radicales respecto a las mujeres, grupos étnicos y minorías… Ganas obviamente no le faltan. Pero ¿qué tan novedoso sería un gobierno de ese tipo comparado con lo que ya logró la dictadura militar? ¿Es que un gobierno de derecha presidido por Piñera pretende ser igual al de Pinochet pero con gente de derecha que en 1988 votó que “NO” o que, en estos últimos años, se han estado volviendo “aliancistas-bacheletistas”? </p>
<p>Cuesta imaginar, además, a una derecha triunfante, presidiendo el país desde La Moneda, a su vez menos conservadora, pechoña, nacionalista, militarista y autoritaria. Si no se ha posicionado en esas otras posibles coordenadas todos estos años fuera del Estado, ¿por qué habría de reubicarse conforme a dichos patrones una vez dentro y en control del Estado?; un ente de por sí, por definición, represivo, coercitivo, controlador, intrusivo y militarista. ¿Alguien, en su sano juicio, cree sinceramente que nuestra derecha, la entrampada en su propia historia reciente, empatada consigo misma, de repente, desde ese Estado, va a fomentar la sociedad civil y sus más caros propósitos: la liberalización de las costumbres, la tolerancia, el pluralismo, y la defensa de minorías? La experiencia histórica reciente de la Concertación demuestra que las fuerzas políticas de gobierno más bien se derechizan en nuestro espectro político. Nada hace pensar que Piñera desde La Moneda haga revertir esa tendencia. </p>
<p>Entendámonos bien, el problema con la derecha chilena no es que sea de derechas (valga la tautología) sino que sea ésta y no otra la derecha que tenemos. Se puede ser de derecha, no hay nada intrínsecamente malo en ello. Es inevitable y perfectamente legítimo que existan personas de derecha, pero, otra cosa, que éste sea el engendro que se nos ofrece. ¿Por qué no disponemos de una derecha más moderada, menos reaccionaria? Igual de progresista, pero en un sentido más lato, no sólo económico. Secular y anticlerical, no pechoña. Abierta a ideas y con más mundo, no timorata. A tono con los tiempos actuales, menos pasada de moda. Cercana a líneas editoriales de The Economist o incluso del ABC de Madrid y no de El Mercurio o del Osservatore Romano. En definitiva, ¿por qué no una o varias derechas como las que hemos tenido varias veces en el pasado histórico de este país? Derechas en que se “fusionan” liberales con conservadores ultramontanos anti autoritarios, o bien, en que liberales hacen “alianza” con conservadores anticlericales como a fines del siglo XIX y principios del XX. Derechas en que liberales y radicales forman coaliciones de gobierno como ocurrió a mediados del siglo XX. Derechas que se oponen a dictaduras y a militares. Derechas progresistas y republicanas, críticas del presidencialismo omnímodo, autoritario e interventor. Derechas, por sobre todo, parlamentaristas.</p>
<p>Lo significativo no es que Piñera no represente esa otra posibilidad –esa derecha alternativa— sino que a nadie se le haya ocurrido convocar y hacer de esa corriente potencial algo más que una posibilidad teórica. Presumo que varias razones lo impiden. El presidencialismo autoritario binominalista es todavía capaz de frenar lógicas y estrategias coalicionistas o fusionistas que normalmente estimulan el surgimiento de agrupaciones o fuerzas alternativas más modestas y plurales, por lo mismo que no mayoritarias. La derecha, desde 1973 a la fecha, es triunfalista; cree que con su programa histórico autoritario y económico, le basta y sobra, aún cuando su trayectoria política lo desmiente; no le ha permitido ganar La Moneda. Por último, lo que hemos estado argumentando: la derecha no es una alternativa porque prefiere cifrar su exitismo en lo que ha logrado, empatando estos últimos veinte años, y no en lo que, con cierta audacia, le permitiría empinarse y verdaderamente triunfar. En suma, Piñera es un pésimo candidato, por suerte. Si gana será nefasto para el país. Si pierde, en cambio, habrá más posibilidades de que surja una nueva derecha.</p>
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		<title>Chile versus Perú: ¡Al desbordaje muchachos!</title>
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		<pubDate>Sat, 30 May 2009 06:41:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Arturo Prat]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Perú]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Alfredo Jocelyn-Holt Hace tiempo que dejé de contar las veces que me han preguntado, como historiador, (a) por el conflicto histórico entre Chile y Perú, (b) por la figura de Prat (cada 21 de mayo), y (c) por si vamos a ir a una guerra alguna vez de nuevo. Si tanto inquietan estos temas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/prat-port.jpg" align="right" width=190>Por Alfredo Jocelyn-Holt</p>
<p>Hace tiempo que dejé de contar las veces que me han preguntado, como historiador, (a) por el conflicto histórico entre Chile y Perú, (b) por la figura de Prat (cada 21 de mayo), y (c) por si vamos a ir a una guerra alguna vez de nuevo. Si tanto inquietan estos temas, presumo que es porque no hay claridad al respecto o las respuestas que se han dado no apaciguan viejos temores y dudas. <span id="more-6204"></span></p>
<p>Sobre Prat las dudas siempre recaen en si es tan fantástico o no como lo pintan. Pregunta un poco tonta, me perdonarán, porque no tiene sentido andar cuestionando figuras que rehúsan salir de la primera plana histórica. Si Prat sigue siendo tan prominente, a pesar de los chistecitos de mal gusto (que lo empujaron, que se resbaló, que fue el único que no almorzó… hay peores), es porque seguramente no es un cualquiera. Otra cosa muy distinta es que a los militares y a la derecha suela pasárseles la mano convirtiéndolo en un “santurrón” de piedra o estampita poco creíble. Se puede ser un “héroe” verdaderamente extraordinario sin tener que elevarlo a calidad de estatua, timbre de correo o animita a la que se le prenden velas. El problema, por tanto, no es Prat sino la torpeza infinita y acartonada de los nacionalistas furibundos que abundan y no jubilan. Hay que salvar a Prat de la Armada de Chile, de sus descendientes, de Renovación Nacional, de la estética “billete y plaza de provincia”, de Germán Becker, de Gonzalo Vial, de El Mercurio y La Segunda, de Radio Agricultura, de los canales de televisión (especialmente el 13), y de las tareas para la casa.  </p>
<p>Respecto a si vamos a ir a la guerra contra el Perú en el futuro, ¿qué duda cabe? Mientras el nacionalismo militarista persista entre nosotros y también entre los peruanos, las posibilidades siguen siendo altísimas. Otra cosa muy distinta es que si se llega a producir dicho escenario, podamos lograr incendiar de nuevo el espíritu patriótico; a Vicuña Mackenna le costó harto entusiasmar. No es seguro que los jóvenes estén dispuestos a que los hagan bolsa como siempre ocurre en estos casos, y, por último, que volvamos a ganar la guerra por enésima vez. </p>
<p>Y ya que estamos haciéndonos preguntas difíciles, ¿ganamos efectivamente la guerra las varias otras veces? A mi juicio, no es tan evidente. Los nacionalistas siempre se equivocan. Hagamos, pues, un breve recuento de todas esas veces. </p>
<p>En primer lugar, Almagro, cuando volvió al Cusco con “los de Chile” (unos rotosos fracasados, hediondos, con bala pasada tras recorrer el desierto), dejó la mansa tendalada (la primera guerra civil en Perú); pero su bando, al final, terminó perdiendo frente a Pizarro. En aquel entonces –cuentan los manuales de historia chilenos en donde Chile siempre “gana”– el D.T. del equipo “peruano” era Pedro de Valdivia. Por donde uno lo vea, pues, estamos ante un empate: 1 a 1.</p>
<p>El segundo round fue un poco más complicado. Me refiero a la Guerra de Independencia del Perú que libramos desde Chile (v. gr. Escuadra Libertadora zarpando desde aquí, pagada por Chile, de nuevo lo que resaltan los manuales). Conste que en aquella ocasión nuestro entrenador fue un transandino, aunque de ascendencia y formación militar española: don José de San Martín. Su segundo a bordo, un escocés medio pirata, Lord Cochrane, con quien San Martín no se entendía mucho. Su hombre de mayor confianza y de cuidado –Bernardo Monteagudo– era medio boliviano y medio argentino. Y, bueno, O´Higgins, ustedes bien saben, a lo sumo se quedó cuidando la retaguardia en calidad de reserva: “niño huacho en Chile”. Al final, el round lo ganaron Bolívar y Sucre. El primero, un caraqueño muy viajado (un “globetrotter” que iba a todos los maratones, incluso montado en mula, el caballo sólo aparecía para las pinturas), y el segundo también venezolano aunque se las pasó ganando batallas en Ecuador, Perú y Bolivia (por eso fue Mariscal), siendo en estos últimos dos países, además, presidente. Si el cuento le comienza a sonar a olimpiada, o mejor, a juegos panamericanos, usted está en lo correcto, no es casual. </p>
<p>Chile, en verdad, ganó y no ganó ese segundo round. Le salió súper cara la aventura, y para aquella época, cosa no menor, en valores oro. Ahora bien, es cierto que nos independizamos de Lima, nos pudimos concentrar en nuestro rinconcito con buena vista, entre cordilleras y junto al mar, pero también hay que tener en cuenta que en esa conflagración surgió un notable futuro D.T. de Bolivia y Perú, el general Andrés de Santa Cruz, que conduciría a nuestros vecinos al tercer round, y a más quebraderos de cabeza aquí en Santiago. Lo que me lleva a concluir que, de nuevo, estamos ante un segundo empate. Más aún si finalmente a O´Higgins lo exiliamos a Perú, cuestión que ha llevado a algunos nacionalistas a creer que es ahí cuando comienza la decadencia de Chile (sic).</p>
<p>En efecto, nuestros principales historiadores han sostenido que la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana fue nuestra “segunda Independencia”, lo cual deja en evidencia que la “primera” no la ganamos. Esta otra y segunda, yo creo que tampoco; en consecuencia… ¡muy bien, correcta su respuesta, usted ya lo adivinó!&#8230; empate de nuevo. ¿Pero cómo?, aullarán los nacionalistas que nunca faltan. ¿No entramos en Lima por segunda vez, y no rematamos el asunto en Yungay? Claro que sí, pero con ayuda de peruanos. Ésta es también una guerra civil entre ellos (así la ven); involucró también a argentinos; y, también, nos volvieron a dar duro. Por de pronto, se ha sostenido que un complot ideado por Santa Cruz produjo inestabilidad en Chile, al punto que se despacharon nada menos que a Portales. Y con eso último, ahora sí que sí, comenzó de verdad la decadencia de Chile, la cual sólo pudo revertirse gracias al “portalianísimo” general Pinochet pero más de cien años después. Por último, si hubiésemos ganado esta tercera guerra ¿por qué no se fijaron ahí mismo nuestras fronteras “legítimas” según lo confirman los mapas, el uti possidetis, y ese “aura tan chileno” del Norte Grande? En fin, ¿por qué no fue un knock out definitivo y tuvimos que pasar al cuarto round? </p>
<p>Concedo que en lo que respecta a la Guerra del Salitre –que algunos atrasados en su terminología historiográfica insisten en seguir llamando “del Pacífico”&#8211;, para muchos el lío, llegados a este punto, se torna más simple, aunque, para mí, de nuevo es muy confuso. Efectivamente, entramos en Perú por cuarta vez (si contamos a Almagro), nos apoderamos de dos provincias (Tacna y Arica) ampliando en más de un tercio nuestro territorio, nos hicimos del monopolio mundial del salitre; y, desde que éste falló, el cobre nos ha estado sosteniendo hasta el día de hoy –últimamente para nada mal–.</p>
<p>Vale, pero veámoslo desde otra perspectiva. ¿Por qué nos fuimos del Perú si éramos tan gallitos, toda una potencia del Pacífico sur, y habíamos liquidado a tanto cholo feo? ¿Por qué nos contentamos con devolvernos de nuevo al bonito aunque pobretón Valle Central con espléndida vista al mar, cuando podríamos haber reconstituido el antiguo Virreinato del Perú transformándonos en una suerte de EEUU de Sudamérica? Algo así lo pensó San Martín alguna vez. ¿Es que Perú y Bolivia son ingobernables incluso por militares y gerentes chilenos? Pregunta admito que retórica porque, después de todo, es obvio que ni los Incas ni los españoles se atuvieron a semejante diagnóstico; por el contrario, dominaron a esos países confiriéndole incluso una mayor estabilidad durante varios siglos más que la “república” y “democracia” que les hemos propuesto como solución estos casi 200 años ha. </p>
<p>No, no “ganamos” la Guerra del 79 tampoco. De nada sirve pensar la historia en términos de ganadores y perdedores. De hecho, lo reconocemos oblicuamente, simbólicamente, como si no quiere la cosa, como lo solemos hacer los chilenos. He ahí Prat. Un personaje  humana y civilmente extraordinario (así lo pienso). Un dignísimo y máximo ejemplo de lo que puede llegar a ser un estudiante de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, quien –al asistir a su examen final para poder titularse como abogado– aceptó dejar afuera de la sala su sable con el ujier porque sabía perfectamente cuando y donde hay que abstenerse de la fuerza bruta deponiendo las armas. El Prat que a mí me gusta. Así y todo, estoy consciente y lamento que se prefiera más al otro Prat. Al oficialista, al de la “victoria moral”. Al que la mitomanía y el nacionalismo siempre tan chilenos y perversos han querido convertir en “victorioso” porque “sacrificándose”, inmolándose cuan kamikaze suicida, así se supone que “ganó”. Las guerras mal entendidas de nada sirven. </p>
<p>Dedico estas “inquisiciones” (quiero pensar que en sentido borgiano, no de Torquemada) y los comentarios al pasar, en primer lugar, a nuestros nacionalistas más furibundos; y, en otrosí, con todo mi cariño, a mis alumnos en toma de la Escuela de Derecho, ya que testarudamente no quieren que se les haga clases. Dios los guarde de sí mismos.</p>
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		<title>La última arremetida del Pinochetismo</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2009 05:51:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Pinochet]]></category>
		<category><![CDATA[pinochetismo]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/04/jocelynholt1.jpg" align="right" />El jueves pasado, La Segunda publicó una nota donde reproducía parte de las impugnaciones que un grupo de “expertos” le hacen a la propuesta de modificación del MINEDUC a los objetivos y  contenidos  para la educación básica y media. Tales “expertos” -del Instituto Libertad y Desarrollo, la P. Universidad Católica y la U. Adolfo Ibáñez- objetan, por ejemplo, que se hable de “dictadura” en vez de “régimen militar”, o de “resistencia mapuche” en vez de “Guerra de Arauco”. Alfredo Jocelyn-Holt -que debuta como columnista de The Clinic-, les responde con todo: cuestiona su condición de “expertos”, no sin ironía repasa las principales objeciones que hacen y concluye tajante: “Mi impresión es que ésta es la propuesta que tiene el Comando de Piñera para el día que lleguen a La Moneda y al MINEDUC”. Y agrega: “Llama la atención lo pegados que se quedaron en el pinochetismo censorio”. Además, opinan cuatro connotados historiadores. <span id="more-5135"></span></p>
<p>Por Alfredo Jocelyn-Holt</p>
<p>Es muy llamativo, pero cada vez que la derecha se pronuncia sobre educación sigue siempre la misma estrategia. Primero arma un escándalo mediático, luego presiona algo más silenciosamente. Ejemplo clarísimo: la histeria con que La Segunda publicitó la semana pasada un documento incendiario de un panel de supuestos “expertos” de LyD, UAI y PUC, crítico del ajuste curricular que está por presentar el MINEDUC al Consejo Superior de Educación en estos días.</p>
<p>A juicio de dichos “expertos” la enseñanza de Historia en Chile está en grave peligro. </p>
<p>Es “tendenciosa”, “sesgada” y no se compadece con “la búsqueda seria de la verdad”, de la que, por supuesto, ellos graciosamente nos intentan iluminar en este magistral documento —una “pièce de résistence” créanmelo—  donde se afirma que es mejor no incentivar una contraposición de interpretaciones históricas en la sala de clase (se presta para vaguedades) pudiéndose apuntar derechamente a una “objetividad” más cabal, sin discusión. Es decir, enseñando la Historia como si fuera tan “científica” como la Aritmética (2 + 2 son siempre = 4) para así no confundir al alumno y sus profesores en el seguro trayecto de Secundaria Pagada o Subvencionada + Preuniversitario + PSU + Carrera Profesional = Bingo. Hasta ahí el planteamiento teórico epistemológico de los “expertos”.</p>
<p><strong>“PREDECIBLES”</strong></p>
<p>La letra chica en cuanto a contenidos y tachas propuestas es aún más esclarecedora. Para tiempos prehistóricos, afirman, no sería conveniente hablar de “evolución” de la Humanidad, prefiriendo –en una de éstas— una versión más tipo “generación espontánea”. Tampoco debería enfocarse la historia de Grecia y Roma en torno a ideas como “democracia” o “república”; fuera de que huele sospechosamente a “educación del ciudadano”, toma demasiado tiempo que bien podría destinarse a temas onda History o National Geographic Channels, como Alejandro Magno y el Imperio Romano de Oriente. Exigen detenerse largo y tendido en el Cristianismo y en el Medioevo, no sólo en tanto procesos o fases culturales sino realidades religiosas; con canto gregoriano detrás, además, la historia se vuelve incluso acústica, meditativa. Lo que es a Santo Tomás de Aquino y su pensamiento edificante, insisten que debiera prestárseles una atención VIP en el curriculum nacional. Y mejor ni hablemos de “conquista” de América, sostienen, no a menos que se diga que también fue un “encuentro”. Tampoco se nos ocurra hablar de “resistencia mapuche”; eso sería anacrónico (suena demasiado a ataques a predios de la Papelera). En fin, mejor nos consensuamos, lo dejamos simplemente en “Guerra de Arauco” y sanseacabó muy luego. Sospecho que se han estado inspirando en añosos manuales de Sergio Villalobos Rivera detrás de este último punto. </p>
<p>Sigamos, pues, con este cuento –como ustedes pueden apreciar— súper motivador y novedoso. Para antes de 1810, subrayan lo inapropiado que es referirse al dominio español como “colonial”; a cambio, desempolvan un apolillado término historiográfico de la España franquista: “sociedad indiana”. A su vez, cuando se llega a la Independencia proponen que no olvidemos a los “Forjadores de la Patria” (textualmente el término que utilizan y que echan de menos en el currículum actual), ni tampoco a quienes sustentaban ideas monárquicas. Muy ecuánime, muy godo. Amunátegui, Barros Arana y Vicuña Mackenna se encresparían.</p>
<p>Respecto al siglo XIX son predecibles. No les gusta que se califique a la Constitución de 1833 como “autoritaria”, y encuentran que se pone demasiado énfasis en el liberalismo, subestimándose el peso del conservadurismo. Curiosa argumentación, porque tradicionalmente los grandes historiadores conservadores (Alberto Edwards, Encina, Eyzaguirre y Mario Góngora) en este punto decían justo lo contrario: quebraban lanzas a favor del carácter “autoritario” del legado portaliano y constitucional de 1833 a la vez que le dedicaban mucha tinta al “frondismo liberal” para plantear cuán pernicioso había sido. De lo que infiero que los conservadores de LyD, UAI y PUC que redactaron este texto, o padecen amnesia (conservadores amnésicos sí que es una confusión) o peor, son hasta más reaccionarios que sus antecesores más finos. En lo que sí concuerdan es que hay que machaquear, con todo, en “lo nacional”. La historia de Chile sería la historia de una “unidad nacional”, de una “comunidad nacional” y esto habría que taladrárselos en la cabeza a los niños lo antes mejor (en Tercero Básico). Por suerte, no optaron por la tesis dura de Gonzalo Vial, ex ministro de Educación de la dictadura, que sostiene que hay que enseñar sólo Historia de Chile, nada de Historia Europea.</p>
<p><strong>“DICTADURA” O “RÉGIMEN MILITAR”</strong></p>
<p>Políticamente hablando, creen además que el currículum es demasiado permisivo, modernista y descreído. A su juicio, por ejemplo, la Ilustración debiera enseñarse de manera distinta; por de pronto, admitiendo que “la gran mayoría de los pensadores clásicos de la Ilustración y el liberalismo eran fervientes cristianos” (sic). A los jóvenes no habría que ni decirles de que poseen un “derecho a disentir”; por el contrario, habría que inculcarles un sentido de “responsabilidad”, insistirles en el valor de la familia, y hablarles de “deberes” más que de “derechos”. No debiera emplearse el término “derechos humanos” porque nuestra Constitución (la de Pinochet) se refiere únicamente a “derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana”. Expresiones altamente cuestionables, como cuando el currículum alude a “mecanismos legales para la defensa de los derechos laborales”, debieran tacharse porque son peyorativas para con los empresarios “que son quienes dan trabajo”. De igual modo, debieran borrarse todas las referencias a “derechos sociales, colectivos o de minorías” (solo se deben admitir derechos individuales), aún cuando postulan de que se hable de “cuerpos intermedios en las que las personas son parte”, un evidente desliz corporativista de triste recuerdo. Es más, les parece “tendencioso” e “ideologizado” enfocar la Revolución Industrial a la luz de la “mecanización, disciplinamiento, sociedad burguesa y de conflictos entre clases sociales”. Y llegan a sostener, incluso, que la crisis económica de los años 1930 no debiera tratarse jamás como “Gran Crisis del Capitalismo”. ¿Qué fue entonces? Respuesta: “Una Gran Depresión”. Réplica: ¿Vale decir, una patología superable con medicamentos comprados en las muy capitalistas neoliberales “farmafias”? </p>
<p>En efecto, en la medida que nos movemos hacia el presente, la cosa se pone bien peliaguda, y bastante más “relativista” curiosamente. Para empezar, nuestros “expertos” estiman que no se resalta suficientemente el papel de “gran malo” de la URSS en relación a la Guerra Fría en Latinoamérica (de EEUU, por supuesto, no dicen nada). Cuando se trata la Reforma Agraria, según ellos, habría que subrayar que fue un “atentado a los derechos de propiedad legalmente constituidos” (obvio, fue una expropiación). A su vez, la violencia política de los años 1960 habría que equipararla o calificarla como “antecedente de la violencia de Estado” durante la dictadura. Por cierto, no correspondería denominar “dictadura” al que, en propiedad no es más que el “Gobierno del General Pinochet” o, en su defecto, “régimen militar” que es como les gustaría que apareciera ante la historia. Y, por último, les carga también el sesgo “ecologista” que vislumbran en el actual currículum; de seguro, les suena a “resistencia huinca-mapuche” contra centrales hidroeléctricas, nucleares, etc.</p>
<p><strong>EXPERTOS ENTRE COMILLAS</strong></p>
<p>Y, bueno, ¿quiénes son estos expertos entre comillas? Por Libertad y Desarrollo: Cristián Larroulet quien, si bien es experto en políticas públicas, en historia no se le conoce contribución alguna. Lo mismo sus investigadores: Sebastián Soto, María de la Luz Domper y Pablo Eguiguren, quienes a lo más sacan periódicas columnas de opinión en La Segunda y otros medios, del tenor “Aguas turbias para TVN”, “¿Más que solo un feriado?”, “¿Por qué estudiar una carrera técnica?”, “¿Qué hacemos con Enap?”. Por la Pontificia Universidad Católica de Chile: Carlos Frontaura, abogado gremialista, a quien le leí hace varios años una tesis sobre Francisco Bilbao que me pareció pasable, incluso filo-radical (Partido Radical), quizá porque entonces no era tan gremialista. Por la Universidad Adolfo Ibáñez: ahora sí que historiadores: Paola Corti, Diego Melo y Rodrigo Moreno, aunque por los títulos de los artículos que han publicado, juzgue usted lector: “La conversión de San Patricio”; “El monacato cartujano como opción ermitaño-cenobítica en los siglos XI y XII”; “Ceremonial y diplomacia en el palacio Califal de Madinat al-Zahra”; “El sentido misional en San Gregorio Magno” y otras contribuciones parecidas. Y, por último, el peso más pesado de la UAI, una de sus decanos: Lucía Santa Cruz Sutil, a quien, por supuesto, conozco mucho: miembro de directorios de Nestlé, Banco Santander Chile, Compañía de Seguros Generales y de Vida La Chilena Consolidada, Fundación Minera Escondida…; autora de libros como La Buena Mano (género culinario); periodista, editorialista de El Mercurio; conocida figura mediática (en temporada alta aparece casi todos los sábados fotografiada en las páginas de la Vida Social de El Mercurio); y amiga personal de Charles, Prince of Wales. Años atrás, recuerdo, como la Lucía nos contó a un grupo de historiadores —Sofía Correa Sutil y Gabriel Salazar entre otros— por qué no podía ser historiadora; textualmente nos dijo: “porque tenía que ayudar con las finanzas familiares”, comentario que nos dejó al resto (que, dicho sea de paso, no vivimos para nada mal ejerciendo este noble oficio) un tanto perplejos. </p>
<p><strong>PINOCHETISMO CENSORIO</strong></p>
<p>Evidentemente el documento es más político y de trinchera que una crítica seria encaminada a mejorar nuestra educación. Mi impresión es que es la propuesta que tiene el Comando de Piñera, entre mangas, para el día que lleguen a La Moneda y al MINEDUC. Ahora bien, si es así, llama la atención lo poco “avanzados” y “renovados” que están en estas materias, por no decir lo pegados que se quedaron en el tiempo, en el pinochetismo censorio, nacional-corporativista si no lisa y llanamente católico-tradicional franquista en estricto rigor historiográfico. El currículum nacional es efectivamente un asunto delicado y clave. Si la propuesta en comento llegara a prosperar en un futuro gobierno de derecha, apuesto lo que quieran, que no habrá profesores de historia ad-hoc que se atengan a la doctrina con que se pretende impartir la asignatura. Los profesores como Mario Banderas (“¡Usted, no lo diga!”), ex rector de los colegios Tabancura y Apoquindo, ya tuvieron su momento. El país, independientemente de cómo se resuelvan las elecciones presidenciales pendientes, está en otra. Y los anacronismos históricos, que es de lo que más padece este documento, tarde o temprano generan líos.</p>
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		<title>Los 10 hitos de la década según Jocelyn Holt</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Dec 2008 04:32:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alfredo Jocelyn Holt</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Reportajes y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[10 años]]></category>
		<category><![CDATA[The Clinic]]></category>

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		<description><![CDATA[Le pedimos al historiador, autor de El peso de la noche y El Chile Perplejo, entre otros, que definiera los hechos históricos más importantes que explican la década. Esta es su selección, en una sucesión en orden cronológico. “The Clinic es como el Play Boy, muy fácil de deslegitimar”, dice. 1) Las críticas a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2008/12/holt.jpg" align="right" />Le pedimos al historiador, autor de El peso de la noche y El Chile Perplejo, entre otros, que definiera los hechos históricos más importantes que explican la década. Esta es su selección, en una sucesión en orden cronológico. “The Clinic es como el Play Boy, muy fácil de deslegitimar”, dice. <span id="more-3090"></span></p>
<p><strong>1) Las críticas a la transición antes de la detención de Pinochet.</strong> </p>
<p>Parten con la publicación en 1997 de “Anatomía de un Mito”, de Tomás Moulian, “El Chile perplejo” y una serie de ensayos que se publican al margen de los medios de comunicación y cuyos autores fueron marginados. Dejan en evidencia que la cohabitación Aylwin/Pinochet implica una transición pactada, que acepta todo el legado de la dictadura, en cuanto a modelo económico y Constitución: se mantiene la municipalización de las escuelas, las universidades se privatizan en nombre de la modernización y, en general, se derrumban todos los pilares establecidos en los acuerdos previos y durante el Plebiscito del 88. </p>
<p>Esta crítica no surge con la detención de Pinochet, sino que viene de antes. Su primer indicio es el libro de Moulian, que alcanzó las 24 ediciones. La discusión tiene su reflejo al interior de la Concertación con el debate entre los autocomplacientes y los auto-flagelantes. </p>
<p><strong>2) La detención de Pinochet.</strong> </p>
<p>Es una confirmación de la consensualidad, aunque oficialmente se la presenta como una evidencia de que el país está dividido. Los Gobiernos de la Concertación, tanto Frei e Insulza como el candidato Lagos, traen de vuelta a Pinochet para ser juzgado, pero no condenado. Es el segundo gran pacto de la transición. Con la detención quedan en evidencia las falencias del sistema judicial y además que la tortura será un tema del que nadie se hará cargo.</p>
<p><strong>3) Alianza entre el transversalismo concertacionista y el gran capital con Lagos.</strong> </p>
<p>Es la decisión de los poderes fácticos, del gran capital, de los empresarios, de apoyar a Lagos, lo que se ratifica cuando le dan más apoyo a Bachelet que a Piñera en las elecciones. Esta alianza queda clara en Lagos, a quien le importa mucho más ir a hablar al CEP con los empresarios que cualquier otra cosa. En adelante hace amistad con Ricardo Claro y con Agustín Edwards, cuyo diario lo transforma en su Presidente. Hernán Sommerville lo dejó muy claro cuando dijo que los banqueros amaban a Lagos o cuando Carlos Altamirano dijo que el de Lagos era el mejor Gobierno de derecha en la historia. Lagos, luego de esto, ya no fue el primer presidente socialista tras la caída de Allende. </p>
<p><strong>4) El aumento de la corrupción en el gobierno de Lagos.</strong></p>
<p>El MOP Gate saca a la luz esa área gris limítrofe entre las instituciones públicas que manejan enormes proyectos y los intereses económicos, los lobbistas, los consultores. Viene de cuando Lagos era ministro y hubo acusaciones que involucraron en actos de corrupción a gente muy cercana a su familia. Es gravísimo, ya que afectó a la Presidencia de la República y deja claro que el Gobierno de Lagos fue el más corrupto en la Historia de Chile, incluso más que el del mismo Pinochet. El enriquecimiento de los personeros de la Concertación fue extraordinario: pasaron de no tener nada a ser hombres ricos que se codean con empresarios y directores de empresas. </p>
<p><strong>5) Santiago se vuelve una Megápolis.</strong> </p>
<p>Lo refleja, por ejemplo, la desaparición del barrrio El Golf, uno de los mejores barrios residenciales de Sudamérica, en pos del denominado Sanhattan. Santiago se vuelve una megápolis, con pretensiones de gran ciudad globalizada, pero con consecuencias sobre la calidad de vida de la gente. Aumenta el parque automotriz, los planes urbanos se desbandan, las obras públicas transforman la ciudad, aparecen las autopistas, al punto que Santiago concentra el 50% de la población electoral. Esta modernización refleja urbanísticamente la segregación económica brutal que existe. </p>
<p><strong>6) La rebelión pingüina y las falencias en la educación.</strong> </p>
<p>Refleja el diagnóstico crítico de la transición en el ámbito educacional. Un millón de escolares mantienen un paro de dos meses en todo Chile con un inmenso respaldo popular. Que lo hayan liderado los adolescentes demuestra que los padres no se la pueden porque están aún aterrados con la dictadura o están en un dilema: apoyan a la Concertación, pero no lo que ésta hace por ellos. </p>
<p>La rebelión pingüina demostró que el “ni ahísmo” de la juventud era falso. Uno de los pilares de la transición era desmovilizar a la población. Eso aquí se revierte. </p>
<p><strong>7) El fracaso del Transantiago y le tecnocracia.</strong> </p>
<p>La inoperancia de los tecnócratas del Chile jaguar quedó de manifiesto con el Transantiago, que implicó el fracaso de los gobiernos de Lagos -en cuanto a la implementación- y el de Bachelet, que incluso trató de mantener cierta distancia del primero. </p>
<p>La soberbia tecnócrata, derivada de la creencia de que pueden controlarlo todo, deriva del tiempo de los Chicago Boys, de quienes los economistas de la Concertación fueron sus mejores alumnos. Su inoperancia, ya evidente con temas como la mala distribución del ingreso, llegó a su cúlmine con el fracaso del Transantiago. </p>
<p>El empeño en el plan demostró además la insensibilidad social de los gobiernos de la Concertación, que siempre se vendieron como sensibles y de la misma señora Bachelet, que no interrumpió sus vacaciones de tres semanas pese al descalabro. </p>
<p><strong>8) La farandulización de la TV.</strong></p>
<p>La TV es el medio más poderoso y había que evitar que se volviera crítico, al estilo de las visiones de quienes atacaron duramente el modelo de la transición a fines de los 90. Esto fue facilitado por el carácter oligopólico de la TV chilena,en que TVN se restó de ser un canal nacional y el canal 13 dejó de ser un canal universitario. Por eso la TV cayó en la banalización, con Piñera bailando con la Matthei, Francisco Cuadra acostado con la Moria Casán y finalmente con un candidato como Farkas, salido de la misma farándula.</p>
<p><strong>9) Los resultados de las Municipales 2008.</strong></p>
<p>Son las elecciones más importantes de la década. Evidencia que los partidos ya no se pueden manejar cupularmente, un rasgo que sostuvo a la Concertación desde sus inicios y de lo cual derivaba la importancia del transversalismo.</p>
<p>Los díscolos adquirieron gran poder y los alcaldes nose quisieron identificarcon ningún partido. Esto dará paso a un nuevo escenario, que podría implicar nuevos esquemas electorales, el fin de binominalismo y cambios constitucionales. </p>
<p><strong>10) La crisis de 2008 y su impacto en Chile.</strong> </p>
<p>Aunque es prematuro definir cuál será el impacto, es evidente que para una economía globalizada como la chilena, dependiente de los mercados externos y con problemas de distribución del ingreso tremendos, las consecuencias serán mayores. Sólo para el próximo año ya se paralizaron 400 proyectos de construcción. Eso generará desempleo y grandes presiones. </p>
<p>Lo que pone en cuestión la crisis, finalmente, es el modelo neo liberal chileno, escasamente regulado y sin intervención de platas estatales. Hoy el gobierno no está ni en La Moneda ni en el Segundo Piso si no en Hacienda, cuya cabeza es Andrés Velasco, la última carta tecnócrata.</p>
<p><strong>Su visión del pasquín:</strong></p>
<p>&#8220;Creo que The Clinic es una válvula muy controlada y nunca llegará a ser una alternativa a los grandes grupos e intereses. El gran pecado original de The Clinic es ser pro concertacionista, lo que le impide ser más crítico. </p>
<p>No pueden ser tan consensuales y tranversales, creo que deben afinar bien lo que no les gusta de la Concertación ni de la Alianza, lo que implica definirse frente al gran capital, la tecnocracia y el modelo político y económico. Otro punto es que son muy fáciles de deslegitimar. The Clinic es como el Play Boy, de vez en cuando llevan artículos muy buenos, pero nada más. Siempre he considerado que esa es su gran debilidad. Si fueran menos caprófilos les iría mucho mejor. De hecho cuando leo The Clinic me tengo que saltar el 90%. Es muy difícil mantener el ingenio de las portadas, cuya calidad no se compadece con la mala calidad de los chistes de adentro&#8221;.</p>
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