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	<title>The Clinic Online &#187; Diamela Eltit</title>
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		<title>Las &#8220;regalías máximas&#8221; de Karadima</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 03:05:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[abuso]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2012/01/las-regalias-de-karadima-calquin-e1327338140316.jpg"><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2012/01/las-regalias-de-karadima-calquin-e1327408793447.jpg" alt="" title="las-regalias-de-karadima-calquin" width="550" height="476" class="alignnone size-full wp-image-98753" /></a><br />
<strong>Ilustración: Marcelo Calquín</strong></p>
<p>El Marqués de Sade describió las grietas perversas alojadas en las instituciones que estructuran el aparato social. Porque, de manera recurrente, en esos espacios se practica exactamente lo mismo que se combate.<br />
La Iglesia Católica es una de esas poderosas instituciones. Junto con su importancia cultural, ha sobrevivido a un conjunto impresionante de crisis que contienen los “pecados” que ha buscado redimir. Los espeluznantes crímenes cometidos por la Inquisición, la codicia, los odios y las intrigas entre las congregaciones, la lujuria, las patologías sexuales de sus sacerdotes y  monjas, el lujo extremo de sus elites eclesiásticas y las conspiraciones para acceder a múltiples poderes están ya inscritos y han dado origen a numerosas producciones culturales no sólo de índole histórica sino también artística. </p>
<p>En Chile, el conflicto entre iglesia y sexualidad fue abordado por Augusto D&#8217;Halmar en su libro “Pasión y Muerte del Cura Deusto” (1924) que es considerada una novela pionera en abordar la homosexualidad en el continente. Y, desde luego, “El Río” (1962) de Alfredo Gómez Morel, y su elocuente y experiencial relato acerca de sacerdotes pedófilos.</p>
<p>El caso Karadima gravita en la esfera “sadiana”. Ya el libro de la destacada periodista María Olivia Mönckeberg, “Karadima, el Señor de los Infiernos” (Editorial Debate, 2011), abordó las infracciones realizadas por el párroco. Ahora la publicación de “Los Secretos del Imperio de Karadima”, de Mónica González, Juan Andrés Guzmán y Gustavo Villarrubia, de Ciper, contiene una iluminadora investigación basada en entrevistas y documentos jurídicos tanto de los denunciantes del sacerdote como también de testigos citados en el juicio. En este texto se organiza un diagrama que recoge la genealogía del poder que acumuló Karadima, un poder fundado en la ecuación más clásica de todos los tiempos: sexo, clase y dinero.</p>
<p>El libro relata las formas en que Karadima se validó y  convocó a las influyentes elites. Más allá de un conjunto inicial de contactos personales, la lectura del libro permite pensar que su poder (teatral, performático) se desplegó a partir del escenario de un crimen. Porque su protección a un prófugo de la justicia, Juan Luis Bulnes, comprometido en el asesinato del general Schneider en 1970, lo habilitó como héroe eclesiástico del pre golpismo. </p>
<p>Bajo su dirección, la parroquia de El Bosque se convirtió en un lugar donde el poder se medía a sí mismo mediante la homogeneidad de las identidades ideológicas. La religión no era sólo expresión de fe sino también moneda de cambio para transacciones  económico-sociales.</p>
<p>La parroquia operó como un espacio de convergencia para la derecha más acaudalada. Pero, junto con prestigiar socialmente su parroquia y luchar por extender sus influencias hacia otros espacios eclesiásticos, Karadima cultivó, a lo largo de los años, sus peculiares controles sobre grupos de “sus” jóvenes que actuaban según las reglas de sumisión que caracterizan a las sectas. Fueron esos jóvenes los elegidos para  multiplicar el poder de su protector.</p>
<p>La lectura del libro permite ingresar a la metodología de este poder que a lo largo de décadas repitió un rígido esquema. Karadima se rodeaba de jóvenes similares (apuestos y provenientes de la alta burguesía) que eran definidos por el prelado como  “regalías máximas”. Estas “regalías” conseguían el ascenso como sacerdotes o bien se mantenían como laicos casados ocupando un lugar preferencial en la parroquia.<br />
Para alcanzar ese estatus, Karadima estableció códigos de obediencia que contemplaban privilegios (viajes, acceso a departamentos, cargos internos) pero también les inoculaba una zona de inestabilidad para mantener así la dominación total sobre su grupo de elegidos.</p>
<p>Sus “regalías máximas”, de acuerdo al testimonio de los denunciantes, mantenían con el sacerdote distintos grados de contactos sexuales que se realizaban en la habitación del párroco mientras las otras “regalías” esperaban su turno en los pasillos. Así, entre la oración, la confesión y el sexo se iba formulando una jerarquía súper influyente que hoy cuenta con cinco obispos “creados” bajo la fórmula Karadima.</p>
<p>Estas prácticas sexuales en las que participaron jóvenes imbuidos por la fe vulneraba una de las condiciones en que se funda la estructura de la iglesia católica: el celibato. La posición de maestro de Karadima (independientemente de la homosexualidad explícita o reprimida  de los jóvenes) configuraba  el delito de acoso y de abuso sexual. Sin embargo, estas infracciones hacia los jóvenes funcionaron exitosamente porque la cúpula de la Iglesia misma mantuvo no sólo pactos históricos de silencio sino además tendió consistentes redes de protección.</p>
<p>Los relatos del libro que recogen el funcionamiento de esta cofradía no dejan de tener un tono marcadamente kitsch y, en parte, la larga dominación de Karadima recuerda los delirantes guiones de los filmes de Pedro Almodóvar que oscilan entre el absurdo y la parodia tragicómica. La cohorte de discípulos jóvenes del cura enfrentados a dirimir permanentemente el rol de “regalía máxima” muestra de manera lateral la competencia incesante entre ellos y posiblemente una estela de resentimiento y rencor por la llegada de “regalías máximas” más jóvenes que ejercían el recambio vital y generacional.</p>
<p>En este sentido, una de las voces más complejas del libro la constituye Verónica Miranda, cuyo esposo, James Hamilton, fue por veinte años amante de Karadima. La presencia de esta esposa en el escenario intensamente católico parece haber sido puramente funcional. Su figura operaba como una mera pantalla para proyectar hacia fuera la comedia burguesa familiar.  </p>
<p>Sin embargo, fue ella la que precipitó la caída de uno de los espacios parroquiales más valorados por la alta burguesía local. En su relato es posible leer una perseverancia que terminó por derribar al pequeño imperio (con rasgos pintorescos) de Karadima. </p>
<p>De manera fina, su testimonio pone en jaque la lealtad de su marido y, especialmente, muestra que el semillero sacerdotal creado por Karadima y que tanto lo prestigió como reclutador de almas, puede contener las mismas prácticas de abuso sexual practicadas por el maestro durante sus agitadas sesiones como director espiritual.</p>
<p>El legado de Karadima a la iglesia de cinco obispos y de  otras “regalías máximas” (sacerdotes y laicos) parece ahora una verdadera bomba de tiempo, Sus protegidos ya están expuestos a una forma de escrutinio público, que, a su vez, no dejará de operar como vigilancia en torno a sus actividades.</p>
<p>Recientemente, Monseñor Ezzati, fiel al mandato compasivo del cristianismo, visitó al monje caído en desgracia y le llevó chocolates, posiblemente para endulzar el “retiro” que cumple en un lugar que le debe resultar realmente deprimente al ex párroco: un convento de monjas. 	</p>
<p>La Iglesia Católica va a sobrevivir a lo que puede ser considerado desde el punto de vista de su historia como un “detalle”, pero no cabe la menor duda que otro escándalo similar va reaparecer una y otra vez por los siglos de los siglos.</p>
<p><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2012/01/las-regalias-2.jpg"><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2012/01/las-regalias-2-615x300.jpg" alt="" title="las-regalias-2" width="615" height="300" class="alignnone size-medium wp-image-98755" /></a><br />
<strong>LOS SECRETOS DEL IMPERIO DE KARADIMA</strong><br />
Juan Andrés Guzmán, Gustavo Villarrubia, Mónica González<br />
Prólogo de Carlos Peña<br />
Ciper / Catalonia /  Udp<br />
2011, 478 páginas</p>
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		<title>Intereses creados</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Dec 2011 03:05:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Diamela Eltit]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/12/intereses-creados.png"><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/12/intereses-creados-e1324326943357.png" alt="" title="intereses creados" width="550" height="435" class="alignnone size-full wp-image-89122" /></a><br />
La democracia chilena opera como una mera fachada. Las políticas asistencialistas de este tiempo devastador cumplen con el propósito de sostener -mediante redes precarias- a los ciudadanos más pobres. Pero el punto más urgente es cómo poner coto a la riqueza, establecer en ese ámbito (ferozmente concentrado) los límites más estrictos para restituirle al aparato social la democracia perdida.<br />
<span id="more-89121"></span><br />
Se enriquecen de manera desmedida a costa de la salud, la educación, la vivienda y cada uno de los servicios básicos. Se enriquecen extenuando los cuerpos materiales, concretos, contingentes de más del 90% de los ciudadanos. </p>
<p>Desde luego el binominalismo (sostenido y auspiciado por la derecha y parte importante de la Concertación), las restricciones electorales, las insoportables politiquerías partidistas, los conflictos de interés alojados en el Congreso Nacional y en los altos cargos del Estado y la posición acrítica de los medios de comunicación  han sido fundamentales para aumentar las máquinas de riqueza que resultan tan destructivas para la integridad de la ciudadanía como una máquina de guerra. Chile sigue encabezando la lista trágica y peligrosa de la desigualdad. La concentración de la riqueza ha sido el territorio salvaje liberado por la política hace ya casi 40 años. </p>
<p>La desigualdad provocada por una acumulación conseguida mediante la aguda, insoslayable y científica explotación transcurre en todas las áreas sociales. No existe en los imaginarios políticos del gobierno y de la centroizquierda concertacionista el deseo ni el diseño de espacios igualitarios.  </p>
<p>La desigualdad recorre la realidad chilena como una peste medieval, arrasa los sentidos, naturaliza la explotación y el silencio, rearma las dominaciones arcaicas, legitima la constancia del abuso.</p>
<p>Los ámbitos culturales y literarios experimentan idénticas formas de desigualdad, no sólo a través del control mediático y editorial  de parte de los reconocidos grupos de poder sino también en lo más pétreo de la desigualdad, como es la “cuestión” de género. </p>
<p>Aunque la desigualdad en materia de género es planetaria, me voy a referir someramente al intenso “caso” chileno desde la especificidad del espacio literario. Pienso en las literaturas que trabajan la exploración y proliferación de signos sin incluir a los bestsellers y su pacto con las leyes del mercado.<br />
Basta recorrer los medios impresos, los blogs literarios (cuál de todos más alucinante, incluyendo la literalidad del de la Sociedad de Escritores, SECH) los espacios críticos mediáticos, los ránquines, para percibir que la trama literaria está pensada en Chile, desde todos los ángulos, como un reducto masculino. Espacio perfecto para profundizar la dominación masculina (como diría Bourdieu).</p>
<p>El canon literario nacional se funda en escritores, salvo la presencia siempre polémica de Gabriela Mistral. Esa lista se repite robóticamente en parte importante de las escuelas y las universidades. Así se sigue inoculando la exclusión y la noción de una literatura como patrimonio masculino desde una estructura política fundada en la violencia. </p>
<p>Más aún, algunas veces las propias mujeres escritoras que comprenden que los espacios para ellas son irrisorios, se alían (contra las mujeres) a estos masculinos literarios pensando (mediante un oportunismo ingenuo) sobrevivir y acaso vivir en el sistema. Lo que no comprenden (o no quieren comprender) es que ellas ocupan un espacio meramente cosmético (subordinado) en estos grupos de “chicos” y le dan el aura democrática que necesitan para seguir cautivos en un imaginario completamente anacrónico y rígido. Porque a la hora de las grandes disputas, de las discusiones, de la negociación o la guerra por el espacio, la batalla es “entre hombres”. Nada ha evolucionado en Chile desde la primeras décadas del siglo XX cuando Neruda, De Rokha y Huidobro se despedazaban por ser “el mejor de todos”. </p>
<p>Pero estamos en el siglo XXI. Las izquierdas chilenas, continúan tan conservadoras como la derecha en materia de género, más conservadoras aún las izquierdas en materias artísticas y literarias. Los escritores, más allá de sus declaraciones de modernidad, de su globalización, de sus viajes por el mundo,  del uso de nuevos soportes tecnológicos, continúan absortos en una forma de tribalismo, profundizan las prácticas antidemocráticas literarias y así colaboran, desde el frente cultural, a la profundización de la desigualdad.</p>
<p>Las mujeres en Chile ganan escandalosamente menos que los hombres y las escritoras también ganan mucho menos que los escritores porque su presencia pública es ultra restringida en: viajes literarios, jurados de concursos, columnistas, participaciones en congresos y eventos literarios, traducciones, en fin, una abierta asimetría en toda las áreas de actividades remuneradas y productivas. Lo que quiero señalar aquí es que el ámbito literario chileno se sostiene y pervive desde una forma de totalitarismo gracias a la infra representación pública de las escritoras.</p>
<p>Desde luego hay gestores culturales, escritores, críticos literarios y lugares que apuestan a modificar este “estado de cosas” y buscan “producir” democracia, lo que es muy positivo, pero son gestos y lugares minoritarios aunque memorables porque están  insertos en la épica de lo que Rancière conceptualiza como  “emancipación”. </p>
<p>El neoliberalismo traza mercados, ordena sumisiones, genera cánones. Las editoriales y los diversos espacios de producción literaria no están fuera de este proyecto, piden la generación de  escrituras que les sean funcionales como, por ejemplo,  el culto acrítico, desmesurado, y cómodo de las literaturas del yo, muy parecidas al yo-yo que el sistema necesita para fragmentar el aparato social. Eso es no es casual ni menos inocente, es un programa político antificcional para así controlar el desborde de la imaginación y acaso prevenir el desorden. </p>
<p>Y no puedo dejar de pensar ahora, como una anécdota liviana de nuestra fértil provincia, en el sorprendente y posiblemente necesario poema que nuestro escritor y amigo  Antonio Skármeta le escribió a la inteligente Camila Vallejo. Como me imagino que el poema era para resaltar el movimiento estudiantil y no por un mero gesto machista alojado en el reducto ambiguo de la galantería a una “musa” o a una “dama” (como diría el presidente Piñera) espero ahora con interés el poema que le escribirá -ojalá lo antes posible-  a Gabriel Boric, el nuevo presidente de la Fech.</p>
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		<title>¿Cuesta abajo?</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 03:05:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Indignados]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/10/WallStreet-01.jpg"><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/10/WallStreet-01.jpg" alt="" title="WallStreet 01" width="500" height="338" class="alignnone size-full wp-image-76728" /></a></p>
<p><strong>Por Diamela Eltit desde Nueva York</strong></p>
<p>En medio de un dispositivo policíaco agresivo y excesivamente numeroso, las marchas del sábado 15, en Nueva York, portaban leyendas que en la diversidad de sus reclamos impugnaban el capitalismo (sintetizado en Wall Street) y sus costos sociales. Al igual que en otros países del mundo, apuntaban a un nuevo pacto democrático que considerara la participación de la ciudadanía, permitiera accesos a beneficios sociales, pusiera a raya la concentración de la riqueza y frenara la especulación financiera. Y el retiro de tropas de Iraq y el fin de la guerra en Afganistán.</p>
<p>En la pluralidad y la complejidad de problemáticas que enfrenta USA, estos movimientos ciudadanos, todavía germinales, denuncian una considerable cantidad de situaciones que afectan no sólo la vida concreta de las personas, como son salud, vivienda y trabajo, sino que generan un grado de incertidumbre en torno a la reelección de Barack Obama pues muchos de sus antiguos partidarios se<br />
desilusionaron ante las promesas incumplidas. </p>
<p>Principalmente las guerras, sus costos simbólicos y materiales, son un motivo de desafección de los que antes fueron sus fanáticos electores. Los simpatizantes y manifestantes que impugnan la indiferencia del sistema y los costos desorbitados de la guerra que, según afirman, deberían ser destinados a paliar las necesidades internas, podrían abstenerse y no votar para un segundo mandato del Presidente Obama y dejar abierto el camino a la derecha republicana.</p>
<p>Este movimiento anticapitalista provoca la adhesión por parte de organizaciones y poderosos sindicatos, aunque todavía no muestra una convocatoria significativa. Pero sí obliga al Presidente Obama a adoptar un discurso más decidido en relación con su universo social, para reencontrarse así con el YES, WE CAN que fue posible por el agudo trabajo político de la población, especialmente los jóvenes, que consiguieron, mediante una sorprendente organización, no sólo la caída republicana, sino llevar al primer ciudadano afroamericano a la presidencia.</p>
<p>Pero el punto neurálgico que afecta hoy a los Estados Unidos es la constatación de tangibles signos de decadencia que podrían derribar al que ha sido considerado como “imperio” del siglo XX. Esos signos de decadencia multiplican las paranoias con su poderoso rival: China, el actual fantasma que ronda toda la política estadounidense. El crecimiento chino, su potencia económica y militar, cruza los estadios discursivos que se abocan a demonizar las políticas y las prácticas comerciales chinas pero, a la vez, los vínculos financieros entre ambas naciones mantienen una necesaria pero tensa convivencia. Y en otro frente, precipitando la caída, la guerra y sus gastos inauditos parecen no tener fin y Pakistán se ha convertido en la sede ya no del aliado fiel de los Estados Unidos, sino en el espacio de la protección institucionalizada a los “enemigos”.</p>
<p>En la inmediatez política, la reelección del Presidente Obama no está enteramente consolidada, pero el probable candidato republicano, Romney, tiene fuertes limitaciones debido a que profesa la religión mormona (concebida como una secta por sus enemigos políticos) en un espacio regido masivamente por un extenso y fanático cristianismo. Pero, más allá del “binominalismo” estadounidense, que se mueve de manera monótona entre demócratas y republicanos, se está instalando el germen de un malestar custodiado por las fuerzas policiales que siguen fielmente su trazado represor.</p>
<p>Pero, por ahora, todo parece estar bajo control. Por ahora.</p>
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		<title>La ciudad rememora sus miedos</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Sep 2011 23:53:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/10/diamela.jpg"><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/10/diamela.jpg" alt="" title="diamela" width="650" height="431" class="alignnone size-full wp-image-75869" /></a></p>
<p>Recuerdo que uno de mis amigos pensó, el 11 de septiembre del 2001 (en esas primeras horas cruzadas por la perplejidad) que el atentado a las Torres Gemelas había sido realizado por chilenos. Para mi amigo las resonancias emotivas, históricas y políticas de ese día específico le pertenecían a Chile enteramente y el impactante ataque a las torres en Nueva York, en una fecha tan elocuente y, más aún, en una hora aproximada, le resultaban una forma de doblaje del 11 de septiembre de 1973.<br />
<span id="more-75868"></span><br />
El cineasta inglés Ken Loach, invitado a participar en una cinta que recogía el aporte fílmico de distintos directores en torno al 11 estadounidense, en un gesto disruptivo y tenso, centró su participación en el 11 chileno.<br />
En suma, lo que quiero expresar aquí es que, desde la convención que adquieren las fechas en los imaginarios sociales, los dos “11” mantienen una forma de correlación, que resuena como hito y memoria para los chilenos, más allá de las notables y notorias diferencias entre ambas catástrofes. </p>
<p>Desde hace ya un tiempo que vivo el 11 de septiembre en Nueva York debido a mi trabajo semestral en la Universidad. Pienso cada aniversario en la asombrosa simultaneidad de las fechas. Ahora, a una década de los atentados en la ciudad, los sucesos y sus estelas re-emergieron de manera poderosa en lo que fue una intensiva conmemoración.</p>
<p>Desde luego, los ritmos citadinos son diversos y activos. Este 11 coincide con la “semana de la moda”, lo que obliga a que la ciudad misma se convierta en una gran pasarela. Una pasarela que no excluye a algunas de las numerosas galerías de arte de Chelsea, que en una suerte de reconversión se vuelcan a  promover glamorosamente las otras telas, esas que caen de manera deliberada sobre los  cuerpos-huesos de sus modelos. Así, se pone de manifiesto que la moda y una cierta concepción del arte –como signos comerciales– están próximos. O bien se podría pensar que la moda del arte se funde, se confunde, se intercambia. </p>
<p>Por su parte, las tiendas de ropa, las grandes protagonistas de la semana, ofrecen en sus pórticos, degustaciones y descuentos especiales a sus incontables visitantes (en ciertas horas precisas) para dramatizar así sus ventas.</p>
<p>En el histórico barrio chino, en una de sus plazas, en la calle Mott, los numerosos vecinos, como todos los fines de semana,  juegan sobre las mesas y disponen sobre las tablas sus fichas (chinas). Más allá, en otras áreas del lugar,  provistas de micrófonos portátiles, las cantantes entonan singulares y bellas canciones (chinas) acompañadas de sus músicos, al menos contabilizo dos bandas completas. Mientras en el perímetro de la plaza se puede avizorar un penoso contexto, porque apoyados sobre las rejas que la circundan, se despliegan una significativa cantidad de lienzos blancos, en donde cada uno de ellos tiene escrito el nombre de ciudadanos de origen chino muertos por el atentado del 2001.</p>
<p>Y más allá o más acá, depende de dónde se mire, en el Soho se puede ver el exacto afiche con la emblemática cabeza del águila estadounidense que tiene una gruesa lágrima bajo su ojo. La ciudad, entonces, entre su diversidad y su ritmo, muestra los signos conmemorativos del traumático ataque que acabó con la vida de más de tres mil personas.</p>
<p>La calle 42 y su monumental teatralidad tecnológica es una de las sedes turísticas más frecuentes cuando anochece. Sus gigantescas luminarias actúan de pleno las megas estrategias de inscripción y ventas para los diversos productos. En esa precisa calle se cursa uno de los estadios tecnológicos de la nación: el brillo, la precisión fantasiosa de los colores, los nombres centrales de los productos, la seducción visual que requiere el consumo.</p>
<p>La calle misma es un espectáculo. Los visitantes se sientan en las sillas que están allí dispuestas para disfrutar de las luminarias mientras la policía, que cautela el orden público en el lugar, se fotografía con los turistas de las calles. Ellos les prestan sus gorros (de policía) y realizan cada una de las poses (de policía)  que les solicitan. Quizás el momento culminante de estos servidores de la ley se produce cuando en el medio de la acera posa un transexual semidesnudo para su equipo fílmico. La directora se acerca al policía y le pide que simule ante la cámara que detiene y esposa al transexual. El policía accede. Realiza frente a las cámaras la comedia de las esposas mientras el transexual (altísimo, larga peluca rubia, rotundo maquillaje, tacones, barba y bigote) pone su más extrema cara de pánico. Pienso que la calle 42 se vende (bien) a sí misma, ajena a la conmemoración, entregada a la ficción de los cuerpos y a la devoción gráfica de los productos. </p>
<p>Pero los discursos públicos, televisión, revistas y diarios, se vuelcan masivamente a analizar la llamada “primavera árabe”, su génesis y desarrollo, como también acotan los últimos embates de Al Qaeda, retoman la muerte de Osama Bin Laden, repiensan a los talibanes y revisan el complejo y caótico mapa actual de guerra y terrorismo que serpentea por los territorios sin principio ni fin. Muertes sobre muertes, diseminadas en geografías misteriosas que originan una latencia que no termina de comprenderse porque, quizás, como aseguró el brillante intelectual de origen palestino Edward Said en su libro indispensable “Orientalismo”, Occidente construye a Oriente de acuerdo a sus fantasías, deseos y a la repetición monótona de una serie considerable de estereotipos.   </p>
<p>Este particular 11, el barómetro de riesgo terrorista en la ciudad sube sus decibeles ante la posibilidad de un nuevo atentado. Las calles, siempre populosas, se ven mucho más vacías, la policía está por todas partes con las vistosas luces de sus coches y su despliegue no sólo alude a una alerta sino especialmente advierte que Nueva York, una de las ciudades más importantes del mundo, continua siendo vulnerable.</p>
<p>Mary Pratt, la talentosa crítica literaria, profesora de la Universidad de Nueva York, recuerda, durante el almuerzo de ese día, que Susan Sontag afirmó, hace diez años, que el atentado terrorista fue brillante. Comenta que a partir de esa afirmación cayeron críticas inclementes sobre ella, Mary Pratt insiste en que fue mal comprendida porque aludía a una estructura y que Sontag tenía razón, dice también que esos ataques detonaron una pesadilla.</p>
<p>Para la ciudad de Nueva York una década concluye. Como visitante de la periferia, como escritora tercermundista, nada encaja enteramente. Todavía veo el avión en picada contra una de las torres, el incendio a La Moneda, escucho en la radio los bandos militares. Y en medio de un capital enardecido, las toneladas de mercaderías (agotadas de ellas mismas) no terminan de venderse.   </p>
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		<title>La ruta del agua</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Aug 2011 04:05:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[agua]]></category>
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		<description><![CDATA[   ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/08/ruta-del-agua.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-61160" title="ruta del agua" src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/08/ruta-del-agua-e1312764683371.jpg" alt="" width="550" height="361" /></a></p>
<p>Foto: Agencia Uno</p>
<p>Dichato puede ser pensado simbólica y materialmente como el centro medular de la catástrofe chilena en varios sentidos. No solo porque la explosión geográfica lesionó su acontecer sino porque sus habitantes concentran, por la exclusión que los rodea,  rasgos que atraviesan al conjunto de la sociedad chilena.</p>
<p>La visibilidad que obtuvo el pueblo de Dichato después del terremoto auguraba un nuevo comienzo. La devastación del lugar originó las imágenes recurrentes de los noticiarios, fue una de las zonas ultra visitadas por autoridades y personajes que pululan por las programaciones televisivas. De esa manera, ese exacto espacio cumplía con las condiciones que el entonces flamante Presidente de la República se impuso para construir o reconstruir lo que le había prometido al país: un gobierno de excelencia. Una excelencia que con elocuente escenografía inscribió en el cuerpo de sus ministros: el pendrive que les colgó al cuello a cada uno para consolidar así el pacto e impacto tecnológico de su mandato 2.0.</p>
<p>Pero ahora, cuando transcurre el tiempo del abandono que reduce a los habitantes de Dichato a mediaguas (recicladas bajo el cursi nombre de aldeas para disimular así el agravio social), se puede medir la extensa incapacidad general del gobierno que mantiene casi intactos los conflictos de una ciudadanía víctima de diversas catástrofes.</p>
<p>Con una claridad indesmentible, hoy es posible entender la curiosa iconografía pendrive como simples chupetes que el Presidente les colgó al cuello a sus ministros-guaguas para que saciaran su avidez y durmieran toda la noche.</p>
<p>Ahora, el pacto tecnológico fue reemplazado por lo que se denomina el advenimiento de “la política”, el chupete, después de más de un año de gobierno, fue permutado por la irrupción de la herencia pinochetista, formada y adiestrada a lo largo de 17 años de dictadura, refinada por 20 años de Concertación. Esa misma dictadura que repartió a su antojo todos los espacios públicos entre sus adeptos y por eso, hoy, desde esa matriz, la impronta pinochetista reinscribe sus prácticas, envilece crecientemente el espacio parlamentario al masificar diputados y senadores designados. Lo peor es que el grupo Chacarillas es recibido con beneplácito por la oposición que sigue totalmente perdida, cometiendo un sinfín de equivocaciones que ya resultan grotescas y agotadoras.</p>
<p>Porque, en definitiva, no solo continúa al mando del país el empresariado ultra ganancial sino que pasa a primer plano su gran sostenedor: el pinochetismo bien alojado en parte de la derecha chilena (qué pensará hoy el pintoresco analista Patricio Navia). Reaparece entonces ese pinochetismo violento, clasista, excluyente, misógino, homofóbico, familiero y autoritario, cuya gran acción social mega paternalista se resolvió en las damas de rojo y los centros de madres. Ese modelo hoy se ha reciclado en ministros que quieren reflotar esas instancias en un nuevo formato, repartiendo (entre sonrisas santurronas) un pichintún por aquí y otro por allá.</p>
<p>La protesta social ha desencadenado discursos demagógicos por parte de la derecha y de la oposición, sin embargo, más allá de cada uno de los decires, la violencia del modelo sigue intacta, como el binominal, los intereses usureros, la exclusión fundada en el consumo o la impactante avanzada privatizadora. El Congreso Nacional no ha legislado ni un solo aspecto  que realmente apunte a un cambio del modelo y no lo han hecho porque  su preservación es el pacto más intenso entre la derecha y la Concertación para conservar los poderes centrales.</p>
<p>Es un hecho que se avecina una negociación política todavía más extensa entre la Concertación y el gobierno. José Miguel Insulza -cuya reelección en la OEA fue apoyada por el Presidente Piñera- asumió el cometido de una mediación impúdica,  comprometiendo a la OEA que representaba en numerosas imágenes que capturan su sonrisa camaleónica con la derecha, pagando así los favores recibidos. Lo hizo justo en los momentos en que la ciudadanía busca mecanismos para promover cambios en los anquilosados sistemas  cupulares.</p>
<p>José Miguel Insulza, OEA, aterrizó en Chile para operar y mantener el modelo más conocido y agobiante de gobiernos centrados en las cúpulas, un modelo que ha generado una desigualdad sin precedentes, sostenido en la alienación consumista que arruina a vastos sectores de la población. Por eso el viaje OEA de Insulza para fotografiarse con la derecha es deshonesto y aterrador.</p>
<p>Pero, detrás de las cúpulas, ajenos a  fotografías oportunistas, Dichato representa la sede de las falsas promesas, de los olvidos y de la coerción que día a día agobia a los ciudadanía más frágil. Resulta indispensable recordar una y otra vez que Dichato fue arrasado por el tsunami. Que el agua destruyó viviendas y arrebató vidas, que esa agua incontrolable les llevó todo o bien parte importante de los bienes que poseían. Que los embates del agua no les dieron ninguna tregua, que ese impacto, el del agua, los mantiene hasta hoy en unas viviendas que no tienen perdón de Dios. Por esa exacta razón, resulta crucial consignar la actitud del gobierno y su falta de humanidad sin parangón, porque cuando los habitantes de Dichato protestaron por las terribles condiciones de sus vidas, no sólo fueron repelidos por la policía con sus tóxicas bombas lacrimógenas, sino que lo más espeluznante (lo que tenemos que analizar y recordar) es que la principal arma del ataque gubernamental fueron nada menos que carros lanza-agua. Sí, precisamente a ellos, a los que fueron las víctimas principales del tsunami, el gobierno los atacó con la violencia estatal del agua. Qué les parece.</p>
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		<title>El Juicio a los mapuche en Cañete por Diamela Eltit</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Feb 2011 03:33:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chilean News]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Poder]]></category>
		<category><![CDATA[Hector Llaitul]]></category>
		<category><![CDATA[Interior]]></category>
		<category><![CDATA[juicio]]></category>
		<category><![CDATA[mapuches]]></category>
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		<description><![CDATA[En enero, la escritora y columnista de The Clinic, Diamela Eltit, fue a la cárcel El Manzano en Concepción y conversó con Héctor Llaitul y otros comuneros mapuche presos, así como con sus familiares, y luego asistió, durante dos días, al juicio que en Cañete estos mapuche enfrentan por ley antiterrorista y otros delitos. La [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/02/mapuche.jpg"><img class="size-full wp-image-31385 aligncenter" title="mapuche" src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2011/02/mapuche.jpg" alt="" width="459" height="503" /></a></p>
<p>En enero, la escritora y columnista de The Clinic, Diamela Eltit, fue a la cárcel El Manzano en Concepción y conversó con Héctor Llaitul y otros comuneros mapuche presos, así como con sus familiares, y luego asistió, durante dos días, al juicio que en Cañete estos mapuche enfrentan por ley antiterrorista y otros delitos. La siguiente es la crónica de lo que Eltit vio, escuchó, conversó y pensó ahí.<span id="more-31377"></span></p>
<p>Resulta difícil o más bien imposible para mí dar una cuenta precisa del universo que estructura al pueblo mapuche (como el de cada uno de los pueblos originarios) porque su cosmovisión obedece a una historia que tiene una densidad propia, imposible de ser reducida a los paradigmas –digamos– chilenos. Una especificidad que hoy mismo se repiensa y se repiensa porque los propios especialistas mapuche se han volcado a establecer, en las últimas décadas, nuevas pautas de interpretación a su propia historia. Pautas que modifican las lecturas provenientes de la academia nacional. De hecho (sólo para indicar un cambio microscópico) ya no se habla de “mapuches” (para nombrar el plural) sino de “mapuche” siguiendo la organización de la lengua mapudungun.</p>
<p>Pero sí es posible referirse a los dramáticos efectos contemporáneos de la dominación que el Estado y los poderes fácticos han ejercido, material y simbólicamente, sobre los distintos pueblos originarios. Y se puede comprobar cómo se han seguido inoculando terribles prejuicios en la población chilena que se han traducido en marginaciones, cuando no escarnio en torno a sus costumbres y figuras.</p>
<p>De hecho, el pilar que estructura al mundo occidental es el binarismo (alto/bajo, blanco/negro, bueno/malo, por ejemplo) donde uno de los polos se pone sobre el otro y así se produce una inevitable jerarquización que se legitima amparada en la síntesis: superior/inferior.</p>
<p>Esa misma síntesis, fundada en la segregación, organiza a los imaginarios sociales que reproducen, de esa manera, no sólo controles y estructuras de dominación sino también colaboran con los poderes conservadores. Unos poderes que se sostienen, en parte, gracias a las marginaciones, algunas veces ejercidas por los propios marginados, hacia sectores sociales que les resultan ininteligibles, amenazantes o problemáticos.</p>
<p>El pueblo mapuche, ante la incomprensión que provoca su cultura, ha formado parte, en los imaginarios chilenos, del polo signado por la inferioridad. Su devenir ha estado marcado por el riesgo de la inexistencia cultural, una inexistencia cursada a través de la omisión y del paternalismo, heredado del modelo de la hacienda, pero también por los intentos de asimilación (fundamentalmente proveniente por los pensamientos de centro y de izquierda).   En cada uno de los casos, las diversas actitudes redundan en un evidente proceso de marginalización de todas sus experiencias sociales.</p>
<p>Sin embargo, la implementación voraz del hípercapitalismo ha re-puesto a nivel global la prolongada (y épica) resistencia de los pueblos originarios frente a las ocupaciones territoriales, en la medida que la expansión del capital se sustenta en la depredación ambiental y necesita de la expropiación de los territorios asignados a las diferentes comunidades.</p>
<p>Y en este nuevo y poderoso embate contra los pueblos originarios –para removerlos una vez más de sus tierras– el pueblo mapuche no ha cesado de protestar y protegerse ante esta nueva forma de invasión masiva, ahora por parte de las grandes empresas privadas nacionales y trasnacionales. Una invasión implacable que se funda en la exaltación de la compra o en el desalojo (con la complicidad del Estado chileno) de sus tierras para establecer allí mega industrias que ya han producido daños irrecuperables tanto para la salud de los habitantes como también la destrucción irreversible de la flora y de la fauna.</p>
<p>No resulta majadero insistir en que fue el Estado chileno y no la corona española quien consolidó el control territorial sobre el pueblo mapuche. Lo hizo mediante el terrible y destructivo proceso conocido como “La pacificación de la Araucanía”, realizado recién en la segunda mitad del siglo XIX. Hay que recordar –siempre y con toda claridad– que fue el Estado chileno el que despojó a este pueblo de sus tierras e instauró el concepto (elocuente) de “Reducciones” para establecer, con ese término, las nuevas y estrechas fronteras que iban a contener (y a dominar) a todo un pueblo. Ese mismo pueblo que había combatido (e impedido) por siglos (con una perseverancia alucinante) una de las invasiones más sangrientas y letales de la historia de la humanidad, como fue  la que realizó el imperio español en contra de los pueblos originarios.</p>
<p>La República chilena entonces fue la responsable –a fines del siglo XIX– de apoderarse de los territorios sureños para satisfacer así la expansión del latifundio que se erigió sobre las posesiones ancestrales del pueblo mapuche, quiero decir un latifundio cursado literalmente encima de sus tierras.</p>
<p>Hoy, en los albores del siglo XXI, el escenario del latifundio en los territorios ancestrales mapuches ha cedido paso a las industrias, fundamentalmente mineras, energéticas y forestales.</p>
<p>Aunque el pueblo mapuche está marcado por su pertenencia a las geografías sureñas y pese a que comparte sus ritos y demandas por tierras, como todo pueblo está fragmentado y hasta dividido. Estas divisiones se alojan en la diversidad de convicciones y posiciones de sus líderes, pero también deben ser leídas como los útiles procesos de separación, estimulados por los poderes estatales, políticos y económicos, para favorecer así los designios de las elites dominantes.</p>
<p>No puede existir, en el contexto que vive hoy este pueblo, más que una tensión permanente entre las empresas, el Estado chileno y el conjunto del pueblo mapuche. Existe allí un nudo (ciego) que sólo una política avanzada de restitución, realizada con los dirigentes de las comunidades, podría aminorar pero, a la vez, es precisamente el territorio pleno de recursos naturales, lo que augura que los conflictos no van a cesar, al revés, la expansión tecnológica e industrial en la zona presagia más y más rebeldía y más y más castigos para los líderes.</p>
<p><strong>LA CÁRCEL DE LEBU</strong></p>
<p>No resulta simple ingresar a una cárcel para realizar una única visita, la misma que hicimos un pequeño grupo de personas a la prisión de Lebu. En parte porque la libertad (al menos de desplazamiento) adquiere una alta resonancia, porque el visitante (yo misma) se va, sale de allí, y en ese sentido su salida (la mía) profundiza la reclusión del otro, de los otros.</p>
<p>Los comuneros presos reclaman para sí el estatuto de presos políticos. Pero, más allá del reconocimiento oficial (que desde luego no se les ha asignado), son presos políticos. Así lo entienden (vagamente) las autoridades en general y particularmente los gendarmes que los custodian, quienes mantienen un protocolo especial de atención hacia ellos: deferencia o quizás cautela, no sé.</p>
<p>Héctor Llaitul, uno de los líderes de la CAM (Coordinadora de comunidades en conflicto Arauco-Malleco formada en 1998), piensa que habría que contar con una cárcel especial para los comuneros presos, un espacio de reclusión singular que, desde el reconocimiento de la especificidad mapuche, permitiera implementar, en el interior de la prisión, sus prácticas culturales. Se refiere especialmente al acceso a la tierra, para incorporar en la reclusión la cultura que los define, para cursar desde dentro sus identidades. De hecho, en la cárcel de El Manzano, en la ciudad de Concepción donde estaban encarcelados antes, consiguieron el acceso a una porción de tierra y allí plantaron dos canelos (el árbol sagrado de los mapuche) que luego del traslado a Lebu fueron destruidos por los gendarmes. La joven y vivaz compañera de uno de los comuneros presos, me dijo, dos días después de la visita, que los gendarmes que habían sacado los canelos iban a experimentar terribles padecimientos por haber profanado el universo sagrado mapuche.</p>
<p>Una cárcel mapuche porque las detenciones van a seguir, así lo piensa Héctor Llaitul, no sólo porque el Estado chileno cuenta con la más alta tasa de presos políticos pertenecientes a pueblos originarios, sino porque la movilización por la recuperación de tierras no tiene retorno. Pero Héctor Llaitul también piensa que la prisión a la que son sometidos y las condenas que piden los fiscales mediante el doble juicio de cortes civiles y militares –más de un siglo de cárcel para Llaitul– representan una forma de amedrentamiento a todas las comunidades mapuche, para impedir que más comuneros se sumen al proyecto de restitución.</p>
<p>Piensa también Héctor Llaitul que el Estado chileno está enteramente coludido con las empresas y, en ese sentido, la ley antiterrorista es nada más que un simulacro de criminalidad que se ejerce contra ellos para encubrir la ávida expansión capitalista que se ha dejado caer sobre sus tierras. Héctor Llaitul piensa que la ley antiterrorista en realidad fue aplicada sólo con la finalidad de contener al pueblo mapuche y su puesta en marcha, en otros casos (anarquistas, okupas) es sólo una mera retórica. La ley antiterrorista, insiste Llaitul, está concebida en contra del pueblo mapuche y está allí para permitir los avances de los intereses financieros que se parapetan tras esa ley.</p>
<p>Héctor Llaitul piensa –para decirlo de alguna manera– “territorialmente”, en ese sentido, los mapuche que viven en Santiago, según él, deberían volver a sus tierras porque sólo allí se despliega la identidad. Él piensa que la migración hacia Santiago es un exilio que debe terminar. Héctor Llaitul ve la causa que encabeza, ligada enteramente a prácticas de salvataje medioambiental, dice que nadie mejor que ellos representarían esa postura en la medida que la relación con el cuidado de la naturaleza es parte constitutiva del ser mapuche.</p>
<p>Héctor Llaitul define su movimiento (CAM) como una práctica política de recuperación de tierras que se realiza fuera del Estado, su postura, dice, es anticapitalista porque el capitalismo atenta contra la cultura integral del pueblo mapuche.</p>
<p>Mientras Héctor Llaitul habla, su hijo menor va y viene, las guaguas pasan de brazo en brazo. Un joven comunero se comunica con su hija de meses. La vocera del movimiento, Natividad Llanquileo, despliega su extraordinario carisma. En Natividad Llanquileo, la inteligente y perspicaz joven, se puede advertir el tiempo de una dirigencia activa que va a marcar todo su porvenir. Dos días después veré a Natividad hablando en mapudungun con su madre. Me presentará a su mamá quien me hablará en mapudungun. No entenderé sus palabras. Los familiares de los presos dicen que los carabineros y los detectives estudian mapudungun para espiarlos, que muchos de ellos están aprendiendo la lengua, dicen que asisten a clases en la Universidad.</p>
<p>Los familiares tienen dificultad para visitar a los presos, el dinero no les alcanza para el transporte, es difícil, dicen. Están completamente concentrados en  los pormenores del juicio, hablan de montajes, recalcan la prisión preventiva nada menos que de un año y ocho meses, se refieren a las torturas, abominan de los testigos protegidos, se quejan por la suma de incoherencias jurídicas y se ríen también de algunas de las tesis que sustentan los policías, les causa risa la cantidad de errores que cometen.</p>
<p><strong>EL JUICIO EN CAÑETE</strong></p>
<p>Comparece como testigo de la fiscalía un miembro de la  Policía de investigaciones, PDI. El primer día. Es el primer día que asisto al juicio en la ciudad de Cañete. El testigo, un joven fornido policía, ha sido uno de los encargados de interpretar las llamadas entre los comuneros y el comprador de madera para configurar el delito de robo. Dice que forma parte de un equipo de trabajo, ese equipo que ha grabado y grabado un porcentaje inaudito de llamadas telefónicas. Cuando lo interrogan los defensores de los comuneros, no consigue esconder su molestia. Por su parte, los fiscales interrumpen con tecnicismos cada una de las preguntas de la defensa, sin cesar. Una interrupción y otra.</p>
<p>“Qué tenís que hacer mañana tú”, se escucha en una grabación entre el supuesto cargador de madera y el supuesto comprador. En todas las conversaciones que se exhiben durante esas horas, nunca se habla de manera directa (quiero decir, clarito como el agua), son hablas fragmentarias, que no incriminan. Me parece que el análisis es completamente conjetural cuando el detective explica los alcances de la conversación. Yo no soy una especialista, pero sí pienso que aunque se hubiese robado madera, las conversaciones grabadas no prueban en ningún punto el robo, porque las interpretaciones del detective poco o nada tienen que ver con el contenido material de las conversaciones.</p>
<p>Los abogados defensores trabajan prácticamente gratis, vienen de Concepción a colaborar en este largo juicio, viven en Cañete la mayor parte de la semana. El defensor público demuestra, con sus intervenciones, un alto grado de preparación. Lo hace bien, pienso. Llegan Lonkos y llegan guaguas con sus jóvenes madres y se ubican en el espacio asignado. Cuando ven a las guaguas, los comuneros que están dentro de una oficina vidriada cambian completamente su actitud (en general distante) y le hacen señas a las guaguas con afecto. Después vuelven a su condición.</p>
<p>Los dos días del juicio (los dos días a los que asisto con una credencial que me otorga The Clinic) me provocan alarma, en parte porque las intervenciones de teléfonos son impactantes. Incluso está intervenido el teléfono de una niña de trece años. No dejo de pensar cuántos teléfonos están intervenidos en el país, cuántos.</p>
<p>Los detectives que comparecen pertenecen a los servicios de inteligencia, han espiado a los comuneros. Materialmente los espiaron. También analizan datos. Las comunidades han sido allanadas con una violencia inusitada, malvada, cuentan los familiares. Se llevan todo, dicen. Los habitantes de las comunidades están asustados. En una de las grabaciones telefónicas se escucha claramente ¿a Llaitul? decir: “están entrando a las comunidades”.</p>
<p>El detective declara que vio a un grupo de comuneros encapuchados y armados vigilando la sustracción de madera, le pregunta el fiscal que quiénes serían esas personas, el detective contesta: “todos los que están acá”, más adelante se retracta y dice: “algunos de los que están acá”. Me pregunto cómo los reconoció a través de la capucha. Pero es un detalle, pienso, no vale la pena pensar, pienso.</p>
<p>En los recesos, los familiares y concurrentes conversan, Natividad Llanquileo revisa insistentemente su celular (debe estar intervenido, pienso), dice que viajará a Santiago. Más tarde la veo brevemente en la casa de una querida amiga mía donde tomamos once. Se va a Santiago, Natividad, para participar en una reunión con el flamante Arzobispo Ezzati. Los familiares, los abogados dicen que los comuneros se sienten abandonados, ausentes de toda atención de la opinión pública, dicen que después de la prolongada huelga de hambre se produjo un vacío. Hablan de soledad.</p>
<p>Los abogados, los familiares, especulan que el juicio deberá resolverse los últimos días de enero, que a finales de enero, después de los alegatos, los jueces van a  fallar. Los familiares y un activista francés que ha presenciado todo el juicio piensan que van a condenar a Llaitul y a uno de los hermanos Llanquileo, que ese es el objetivo mayor del juicio. Lo que consideran más aberrante y angustioso es que han sido juzgados bajo una doble condición: justicia militar y justicia civil, simultáneamente, condición de la ley antiterrorista, con muchos testigos encapuchados y, pese a que la ley, después de la prolongada huelga de hambre que mantuvieron, fue recaratulada y se les juzgaría sólo bajo los presupuestos de la justicia civil, para ellos, el juicio que va a alcanzar un dictamen en unos días conservó la estructura de la ley antiterrorista y, por lo tanto, está viciado. (Jurídicamente la figura es más compleja, pero aquí establezco sólo una aproximación).</p>
<p>Las acusaciones que rondan a los comuneros son múltiples: asociación ilícita, ataques a carabineros, ataque a un fiscal, porte ilegal de armas, robo de madera, entre otros cargos.</p>
<p>Mientras escribo estas notas pienso que cuando se publiquen, posiblemente ya habrá salido la resolución de los jueces y no puedo dejar de recordar, ahora mismo, que cuando estaba sentada, tras la sala vidriada, en un espacio adyacente, oyendo las escuchas y, mientras oía a los detectives hablar de la madera, de la madera, de la madera que le habría sido robada a la gran empresa forestal, me dieron ganas de pararme de mi asiento. Sí, me hubiese gustado quebrar el protocolo, entrar a la sala, acercarme al presidente del tribunal y de manera tranquila, pero segura, recordarle el famoso (y sabio) refrán que dice: “el que le roba a un ladrón tiene cien años de perdón”.</p>
<p>Por supuesto se trató de una imagen. Poderosa. Sincera.</p>
<p>Volvimos a Santiago.</p>
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		<title>Circo y terrorismo</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Sep 2010 04:24:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/09/circo-y-terrorismo.jpg" alt="" title="circo-y-terrorismo" width="300" height="441" class="alignright size-full wp-image-20636" />
<ol>Foto: Alejandro Olivares</ol>
<p>La intensificación de las máquinas mediáticas, ya se sabe, no sólo está allí sólo para controlar qué, cómo y cuánto se informa, sino que en su interesada selección va paulatinamente envileciendo las tramas sociales. Máquinas miméticas, que se replican las unas en las otras hasta convertirse en una mera repetición que excava entre los escombros de la noticia buscando ese elemento, generalmente cursi o morboso o insulso, que les permita alimentar el paso del día ante una noticia que, definitivamente, ya fue despedazada al punto de ser distorsionada de sí misma.<span id="more-20635"></span></p>
<p>Intensificadas máquinas mediáticas, siempre políticas, nunca inocentes ni menos ingenuas sino más bien filtros y dispositivos de poder que están dispuestos certeramente para cumplir con mandatos que cooperan ya con la coerción o con el debilitamiento de las fuerzas sociales para beneficiar la expansión del capital. Los controles de estas máquinas mediáticas que producen realidad y  administran la información le pertenecen a la derecha, la misma derecha que históricamente, a partir de los núcleos familiares, ha manejado en gran medida el país negociando (a regañadientes) cambios culturales y beneficios sociales con los partidos políticos.</p>
<p>En medio del reality minero, cuando ya el drama ha sido convertido en un moderno circo romano, se advierte de antemano el futuro de su olvido. Sin embargo, este presente permite ver hasta qué punto se han extremado las formas, las conductas o los signos que, en definitiva, consiguieron avasallar los dilemas que históricamente han experimentado los trabajadores de la minería del cobre. </p>
<p>Entre las múltiples situaciones que se han detonado a partir del derrumbe que mantiene cautivos a los mineros, quizás uno de los episodios más curiosos lo haya protagonizado Farkas (siempre latente precandidato a la presidencia de la República), una intervención en la tragedia que tal vez puede resultar paradigmática para pensar cómo ocurren los excesos y hasta dónde es legítima la obtención de un beneficio personal. </p>
<p>Haciendo gala de su dinero, Farkas regaló “compasivamente” a cada una de las familias de los mineros $5.000.000. Sólo que ese regalo fue público, personal y, más aún, estruendoso. Precisamente por la condición de reality que ha alcanzado la mina, el regalo de Farkas fue cubierto y hasta sobrecubierto por todos y cada uno de los medios de comunicación. De esta manera Farkas se hizo presente en el escenario nacional con la misma mecánica que ha construido su presencia pública: regalando dinero a diestra y siniestra, ya mediante exageradas propinas, ya lanzando billetes hacia las multitudes, cumpliendo así puntillosamente su rol de millonario excéntrico dotado de su “look” de campeón de lucha libre. </p>
<p>Desde luego, no se trata de criticar el hecho de que las familias reciban donaciones, pero la pregunta es cuánto dona Farkas y en qué medida sus donaciones representan, en realidad, simples inversiones en su propia imagen, que benefician directamente el buen curso de sus negocios. O dicho de otra manera, hasta qué punto el millonario invierte un (modesto) capital en familias mineras que le rentan muchísimo más que su aporte, pues le permiten acceder a una inmensa cobertura mediática que resulta monetariamente invaluable.</p>
<p>Regalar dinero, ingresar al mundo mediático como Pedro por su casa, millones más, mientras atrás la represión policíaca se ensaña contra los estudiantes estrenando sus nuevos balines impregnados con pintura o las emprende contra los hinchas futboleros y ya es claro como el agua que esa fuerza policíaca se prepara para reprimir, empleando la máxima violencia, cualquier manifestación que vulnere el orden piñerista. </p>
<p>Y más atrás todavía, la situación irresuelta de las “aldeas” (que es el término curioso que renombra a los antiguos campamentos), espacios ya abandonados por las máquinas mediáticas y que, sin embargo, continúan experimentando cotidiana y duramente la mediagua del retroceso, la carencia y el hacinamiento.   </p>
<p>Y afuera de las tramas mediáticas, la ley antiterrorista amenaza con más de cien años de cárcel a uno de los comuneros mapuches, Héctor Llaintul. Comuneros presos bajo la infame ley antiterrorista promulgada por la dictadura y activada por la Concertación, una ley que los enfrenta simultáneamente a cortes civiles y cortes militares para añadir años sobre años a sus condenas. Cortes de justicia que admiten testigos encapuchados que prestan testimonio quebrando las lógicas jurídicas que se oponen a las capuchas.</p>
<p>El Estado chileno ha sido, de manera constante, amonestado por sus políticas indígenas en los espacios internacionales. No sólo se acumulan muertos mapuche por la violencia policíaca en los más de 20 años de transición a la democracia, sino que habría que recordar como símbolo de la violencia contra los comuneros al joven Matías Catrileo, baleado por la espalda, sin que su homicida haya recibido un día de cárcel. </p>
<p>En el norte, las cámaras, las radios, los parlamentarios, los personeros de gobierno, los chefs, Farkas, se instalan en la superficie de la mina para exhibir sus imágenes y ser reconocidos. En el sur el hambre es el arma mapuche. En la capital la policía cerca los espacios estudiantiles, allana a los okupas, intercepta teléfonos buscando terroristas. Sí, un Chile que se pone a tono con los dilemas del mundo y genera sus propios terroristas. Jóvenes, mapuche, total, da lo mismo. </p>
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		<title>¡ADELANTO EXCLUSIVO! La nueva novela de Diamela Eltit: Impuesto a la Carne</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Aug 2010 21:10:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El próximo lunes 9 de agosto llega a librerías la última novela de Diamela Eltit, cuyo lanzamiento se realizará el jueves 19 de agosto a las 19:30 en el Centro Cultural de España; la presentación estará a cargo de Álvaro Matus y Nelly Richard. Aquí, en exclusiva, los primeros capítulos de “Impuesto a la carne”. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>El próximo lunes 9 de agosto llega a librerías la última novela de Diamela Eltit,  cuyo lanzamiento se realizará el jueves 19 de agosto a las 19:30 en el Centro Cultural de España; la presentación estará a cargo de Álvaro Matus y Nelly Richard. Aquí, en exclusiva, los primeros capítulos de “Impuesto a la carne”.<br />
___</p>
<p>Nuestra gesta hospitalaria fue tan incomprendida que la esperanza de digitalizar una minúscula huella de nuestro recorrido (humano) nos parece una abierta ingenuidad. Hoy, cuando nuestro ímpetu orgánico terminó por fracasar, sólo conseguimos legar ciertos fragmentos de lo que fueron nuestras vidas. La de mi madre y la mía. Moriremos de manera imperativa porque el hospital nos destruyó duplicando cada uno de los males.<span id="more-18871"></span><br />
</em><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/08/libro-diamela.jpg" alt="" title="libro-diamela" width="263" height="400" class="alignright size-full wp-image-18872" />Nos enfermó de muerte el hospital.<br />
Nos encerró.<br />
Nos mató.<br />
La historia nos infligió una puñalada por la espalda.</p>
<p>***</p>
<p>Desde que nacimos mi madre y yo fuimos maltratadas por los médicos y sus fans. El aislamiento se instaló como la condición más común o más normal en nuestras vidas. Recuerdo, con una obsesión destructiva, en cuánto nos sentimos despreciadas y relegadas cuando se desencadenó una impresionante manía hospitalaria fundada en la pasión por acatar los síntomas más oprobiosos de las enfermedades. La costumbre de ensalzar y hasta glorificar las enfermedades (como parte de una tarea científica) marcó el clímax de la medicina y coincidió con nuestro precario nacimiento.<br />
De inmediato la nación o la patria o el país se pusieron en contra de nosotras.<br />
En contra de nosotras, ¿hace cuánto?, ¿unos doscientos años?<br />
Sí, ya han pasado, quizás, ¿doscientos años?<br />
Sí, doscientos años que estamos solas tú y yo, me dijo mi mamá.<br />
Lo repitió cada día.<br />
Solas tú y yo.<br />
Lo decía con su voz más aguda y convincente hasta que el dramatismo lírico de su tono consiguió perforar un tercio de mi cabeza.<br />
No tenemos a nadie, sólo cuentas conmigo, murmuró mi mamá.<br />
Gritó: Solas las dos.<br />
Su grito resonó y se expandió por el canal más sensible e histerizado de mi oído y después de herir mi audición, ella susurró de manera consistente: Solas en el mundo.<br />
Su murmullo asoló mi espalda y luego repasó el milimétrico contorno de mi cara. Mi madre reiteró sus palabras mientras ensayaba una medición completa a mi cuerpo. Y así, en medio de una escalofriante simetría, hoy nos pertenecemos: rebeldes, unidas, curvadas, teatrales. Ahora mismo deambulamos entumecidas y hasta frígidas por los bordes de este mundo que nos resulta tan sorprendente e invasivo. Vagamos realmente devastadas ante la obligación de disimular nuestros dolores en medio de un horizonte increíble de enfermos dispuestos a delatarnos o inmolarnos ante los fans nacionalistas que cultivan su adoración por el buen estado general de la salud.<br />
Parecemos dos viejas pirámides.<br />
Nos presionan una cantidad adictiva de años.</p>
<p>***</p>
<p>Estamos en permanente estado de alerta porque nuestras vidas se deslizan a través de una línea multitudinaria de cuerpos, una larga geografía colmada de pacientes sumisos. Una ostentosa fila de pacientes severos o terminales que conforman el entorno de lo que ha sido nuestra difícil existencia.<br />
Un mundo enfermo.<br />
Una realidad horizontal que nos amenaza a mi madre y a mí.<br />
A las dos.<br />
¿Qué va a pasar contigo si me muero?, te vas a quedar sola en el mundo, me dijo mi madre en medio de un sollozo.<br />
Entonces dejamos de dormir. Fuimos insomnes crónicas porque aprendimos a llorar juntas todas las noches. Pasamos noches enteras abrazadas, sollozando ante la posibilidad de que mi madre muriera y yo me quedara sola en el mundo; viva, incierta, camuflada como un batracio. Sí, convertida en un batracio (latiendo de manera sutil) a la espera de la resurrección de mi madre.<br />
Llorando juntas porque mi mamá tuvo que lidiar con una pétrea, desafortunada historia que se puso de antemano en contra de nosotras.<br />
Empezó justo cuando el primer médico se hizo presente.<br />
Un médico blanco, frío, metálico, constante.<br />
Eso me dijo mi mamá: Un médico frío, metálico, constante. Blanco.<br />
Con una precisión documentalista, mi madre me contó que el médico, el primero que se apoderó de nuestros organismos, la miró despectivo o no la miró, sino que se abocó a la estructura de sus genitales y al conjunto tenso de los órganos. Lo hizo con una expresión profesionalmente opaca, distanciada. Y luego se abalanzó artero para ensañarse con ella de un modo tan salvaje que en vez de examinarla la desgarró hasta que le causó un daño irreparable. Mi pobre mamá se sentía morir molecularmente y ese médico provisto de todo su poderoso instrumental le arruinó el peregrinaje ambiguo del presente y toda la esperanza que había depositado en su futuro.<br />
Por culpa del médico quedamos solas en el mundo mi mamá y yo.<br />
El médico le realizó una terrible intervención mientras le ordenaba: No grite, no grite, cállese ahora mismo.<br />
Y mi mamá, medio muerta por la hemorragia, se entregó a su desangramiento. En esas horas tétricas para nosotras, mi madre me dijo que el médico cuando supo que iba a sobrevivir me miró (por primera vez) como si yo fuera una producción de la medicina, un simple y prescindible insumo o una basura médica. Me observó con una indiferencia infame. Después me midió, me pesó e hizo una incursión antropométrica.<br />
Me miró con una soberbia técnica.<br />
Pero habíamos nacido.<br />
Mi madre nació anarquista.<br />
Las dos nacimos anarquistas.<br />
Por la sangre.<br />
***</p>
<p>Mi madre aseguró que cuando yo nací, ella también nació de nuevo.<br />
Nació caóticamente.<br />
Pero justo en ese momento empezó la trágica costumbre de estar solas en el mundo, aisladas, entregadas a los caprichos (en perpetua renovación) del cuerpo médico y de sus fans. Porque ambos (los médicos y sus fans) nunca iban a abandonar nuestros órganos ni menos la costumbre de producirnos cortes transversales en áreas estratégicas de nuestra piel. Un cuerpo (médico) que se abocaría a tratarnos con una cantidad alarmante de medicamentos hasta construir en torno a nosotras un campo magnético.<br />
Nos intoxicaron la cabeza, nos intoxicaron los hombros y nos intoxicaron incluso los dedos de los pies. Pero nosotras incitamos a nuestros órganos hacia una posición anarquista y así conseguimos imprimirle una dirección más radical a nuestros cuerpos.<br />
El primer médico, el portador de la medicina, el mismo que nos iba a acechar sin pausa alguna, se presentó decorado con su atuendo (médico) para intentar que la rebeldía de mi madre se desangrara encima de la camilla.<br />
La camilla tenía una horrible capa de óxido en una de sus ruedas.<br />
La sangre hemorrágica fue demasiado abyecta para nosotras.<br />
Mi madre no olvidó la sangre y se dedicó a rememorarla hasta este minuto. La recuerda porque no puede dormir mi mamá pensando en su luminoso y vívido sangramiento y durante sus prolongados estados de vigilia evoca la cara de repugnancia del médico cuando un chorrito de su sangre manchó soezmente su mejilla médica e inyectó de sangre uno de sus ojos. El médico, ese que se encargó de nosotras, nuestro médico, se limpió la sangre (aun las huellas más insignificantes en las que el rojo pasaba completamente inadvertido) con una furia neuronal que a mi madre de veras la escandalizó y, en cierto modo, le provocó una violenta ola de rubor.<br />
Nacimos (porque mi madre, ya lo dije, nació de nuevo gracias a mí) bajo el control estricto de los fans del hospital. Ellos, los fans, se habían entregados con fervor a sus funciones burocráticas o cumplían fielmente sus labores de meras infraestructuras o de escoltas o de vigías o de entretenciones para el plantel médico.<br />
Los fans actuaban con un júbilo místico mientras desplegaban toda su eficacia para conseguir que nuestro médico conservara su lujo, su guarida y la ocasión de ser quien era: un médico de pies a cabeza.</p>
<p>***</p>
<p>Sería largo y agobiante detallar aquí los rituales por los que tuvo que atravesar mi pobre madre en el hospital y los efectos malsanos de su hemorragia en las sábanas. Resultaría inútil describir la impotencia aguda que ella sintió cuando el equipo de nuestro médico me puso un metal para medir el exacto perímetro de mi cabeza.<br />
Un metal helado, me dijo mi mamá, sospechoso, tóxico, que podría haberte matado con sus bacterias.<br />
Mi madre todavía habla y habla de esa semana, la primera de nosotras. Una semana de nuestra vida convertida en un espectral teatro médico, un laboratorio teatral reforzado por un desatado ímpetu farmacológico. Una semana en que no paré de llorar y ella dice que pensó en matarme o donarme o abandonarme porque no la dejaba dormir. Después, así lo repite hasta el día de hoy mi mamá, el sueño se transformó en una quimera para nosotras. Todavía cerramos los ojos con una intermitencia nerviosa que evoca las peores escenas de trastornos inducidos por un insomnio crónico. Una verdadera película de terror. Nuestro insomnio.<br />
Pero cómo no se iba a enfermar mi madre con tantísima sangre que perdió o yo con un metal que me apretó la cara y me hundió, eso lo puedo demostrar, parte importante de mi tabique nasal. Según mi madre (ella miente o exagera o escamotea la cronología de los sucesos cuando le conviene), fui yo la que indujo al médico con mis chillidos, yo la que luchó por desencadenar un principio abstracto y letal para nosotras, y yo, desde luego, la que sufrió los peores ahogos que me llevaron al sector más crítico y sórdido del hospital. Allí empezó mi sordera y entonces mi madre empezó a gritarme (siempre) con una voz distorsionada por el cansancio. Mi pobre madre que dormía como una gacela en cautiverio porque yo estaba sorda y eso podía traerle no sólo gastos considerables, sino nuevos síntomas que se negaba a explicitar. Por eso me gritaba día y noche, porque no quería o no se resignaba a tener una hija medio sorda. Medio sorda porque yo, en realidad, escuchaba todo.<br />
Era mi madre la que me decía: Tú nunca me escuchas, nunca.<br />
Pero sí, mamita, sí, le contestaba, te escucho, no me grites, no me grites de esa manera. Y más gritaba ella, hasta culminar en unos aullidos ensordecedores.<br />
Me aferré a mi madre de una forma que podría considerarse maníaca o excesivamente primitiva. Lo hice porque desde nuestro nacimiento (marcado por signos de una abierta rebeldía) estuvo claro que éramos dos seres o dos almas solas en el mundo.<br />
La patria o el país o el territorio o el hospital no fueron benignos con nosotras.<br />
Mi madre (que ya era anarquista) se permitió disfrutar de un éxtasis prolongado cuando comprendió que éramos dos mujeres solas en el mundo.</p>
<blockquote><p><strong>IMPUESTO A LA CARNE</strong><br />
Diamela Eltit<br />
Seix Barral, 2010, 192 páginas<br />
Precio de referencia: $9.900.</p></blockquote>
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		<title>Sí o sí</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Aug 2010 04:40:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>De la misma manera que el divorcio recorrió de forma ultra polémica los imaginarios en torno a la familia hasta la primera mitad del siglo XX, hoy el matrimonio homosexual genera las más escandalizadas resistencias por parte de sectores puritanos o filiados al pensamiento derechista. </p>
<p>Sin embargo, habría que pensar que este exacto matrimonio (más allá de cualquier resistencia) ya está instalado en las superficies sociales de un número significativo y creciente de naciones y va a proliferar de la misma manera que lo hizo el divorcio.<span id="more-18461"></span> El matrimonio homosexual ya llegó para quedarse como un derecho, como una forma y como un deber. Y este Chile extremadamente abierto a los negocios del mundo y a las acumulaciones desenfrenadas de dinero, sin lugar a dudas retardará hasta la caricatura (como lo hizo con el divorcio) la puesta en marcha de estas uniones y liderará, a nivel mundial, la intolerancia y el  kitsch que caracteriza a parte importante de nuestras elites.</p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/08/gays-argentinos.jpg" align="right" />Pero este nuevo vínculo estatal abre una serie de preguntas que, desde luego, no pueden ser resueltas de manera definitiva. Más bien invita a establecer un ejercicio cultural en torno a cómo se representan a sí mismas las nuevas subjetividades familiares en el marco del neoliberalismo y de la globalización capitalista.</p>
<p>Los jóvenes no votan en Chile, y estos mismos jóvenes son los que no se casan con el ímpetu que desearían los poderes que controlan los discursos públicos. La ruptura entre esos discursos públicos y la realidad de las prácticas de vida es impactante. Los jóvenes no se casan y no tienen los hijos que la demografía les pide. Y entre las parejas casadas, el número de divorcios es notorio, cuando no notable. </p>
<p>La derecha, que en materias familiares y sexuales es siempre abismalmente voluntarista, entiende que su modelo (ideal) de familia (legalizada por el Estado) está en franco peligro, pero responde con bonos a las parejas de escasos recursos que cumplan 50 años de matrimonio en circunstancias que la dimensión de la crisis ya amerita bonos y premios a personas que duren casadas, al menos, cinco años.     </p>
<p>Las respuestas en torno a por qué no se casan las nuevas parejas han sido pensadas en relación a un “empoderamiento” de la mujer moderna que le permitiría prescindir de un matrimonio que, en último término, la perjudica como sujeto independiente. Pero también habría que agregar que el matrimonio civil ofrecía en el pasado numerosos beneficios materiales a los contrayentes pertenecientes a las clases medias (hay que recordar que los vínculos legales no han sido especialmente frecuentados en los sectores populares), beneficios que abarcaban salud, vivienda, educación, pensiones para los hijos y otros. Ese Estado (benefactor) fue severamente dañado por el neoliberalismo y actualmente tiene poco que ofrecer y, en ese sentido, habría que considerar que los actuales ciudadanos de las capas medias están librados a sus propias estrategias de sobrevivencia familiares.</p>
<p>Seguramente esta caída del matrimonio como institución (fundamental) para garantizar la legalidad de la familia recorre todo el mundo occidental, y es posible que el debilitamiento del llamado “Estado de Bienestar” haga de ese Estado un signo tan inoperante que ya no convoque ni amedrente.<br />
Y no deja de ser interesante observar que ese mismo Estado que ha perdido su hegemonía para “producir” familia, ahora se disponga a legalizar bajo su contrato matrimonial a aquellos ciudadanos históricamente no sólo discriminados, sino también rechazados. </p>
<p>Justamente cuando el Estado pierde progresivamente su poder vinculante, se abre al matrimonio homosexual en lo que podría ser entendido como una compensación a sí mismo y, de paso, una restitución al mercado que encuentra nuevos nichos de consumidores.</p>
<p>Pero, desde otra perspectiva, el eje en que se organiza la totalidad de la sociedad es heterosexual. Los discursos, las estructuras  simbólicas se ordenan y actúan desde el binarismo hombre-mujer, masculino-femenino. Sin embargo, la realidad cultural de los cuerpos (homosexuales, bisexuales, transexuales, entre otros) excede esa rígida nomenclatura y de paso desestabiliza las categorías asignadas. Así, las llamadas “minorías sexuales” adquieren, a través de matrimonio, un reconocimiento a sus subjetividades, pero especialmente se pone de manifiesto ante la esfera social que existen más cuerpos-géneros de los que las normas y las disciplinas sociales promueven. </p>
<p>Sin embargo, el matrimonio (como cada instancia social) es heterosexual, está allí para procrear no sólo hijos, sino también bienes y discursos desde la potencia del binarismo y específicamente desde la dominación masculina. </p>
<p>En ese sentido una pregunta crítica o teórica podría apuntar a que las minorías, apelando a sus diferencias y creatividad, deberían generar una institucionalidad otra, audaz y propositiva, y renunciar a una forma en la cual se han cursado históricamente opresiones y sanciones. Aunque, desde otra óptica, el matrimonio homosexual tensa al matrimonio heterosexual y, en cierto modo, pone en jaque sus presupuestos. O, para decirlo en los términos del teórico francés Jacques Derrida, lo deconstruye. Así, este nuevo vínculo devela el matrimonio como un contrato económico-político y relega a un segundo plano el romanticismo que ha velado su categoría jurídica.</p>
<p>Pero, más allá de las necesarias preguntas, hay que considerar que la ciudadanía debe poder elegir pluralmente sus destinos. Y desde la complejidad sexual que portan las distintas subjetividades las personas pueden escoger casarse o pueden elegir no casarse nunca en su vida. Qué importa. Al fin y al cabo, se trata de una decisión enteramente personal e inalienable.</p>
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		<title>¿Donde vas?</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jul 2010 05:29:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<category><![CDATA[António Lobo Antunes]]></category>
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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Acaba de llegar a librerías chilenas un lote de libros del escritor portugués António Lobo Antunes (1942). Diamela Eltit ofrece aquí una lectura de la obra del autor, situándolo en la tradición de William Faulkner y relevando su gran novela La Muerte de Carlos Gardel, “un texto impactante a partir de diversos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/07/donde-estas-eltit.jpg" align="right" />POR DIAMELA ELTIT<br />
<em>Acaba de llegar a librerías chilenas un lote de libros del escritor portugués <strong>António Lobo Antunes</strong> (1942). Diamela Eltit ofrece aquí una lectura de la obra del autor, situándolo en la tradición de William Faulkner y relevando su gran novela <strong>La Muerte de Carlos Gardel</strong>, “un texto impactante a partir de diversos narradores que acuden hasta la novela para acompañar la agonía de un joven drogadicto”.</em><br />
______<br />
Toni Negri, el pensador italiano, depositó en las oleadas migratorias una utópica carga política. Vislumbró en los desplazamientos –las multitudes, como las denominó– las energías capaces de producir un descentramiento que podía alterar los controles imperiales. Para Negri, la globalización es un dispositivo que suspende las filiaciones geográficas, moviliza las lenguas y las subjetividades mostrando, a la vez, lo singular y lo múltiple.<span id="more-17531"></span></p>
<p>El análisis de Negri (más allá de las consistentes críticas que genera) homologa la globalización no sólo con el concepto de multitud sino también con el de desterritorio: piensa masivas zonas de expatriación plagadas de cuerpos que portan sólo sus lenguas y sus culturas, unos cuerpos sin territorios nacionales, enclavados en un paisaje ajeno.</p>
<p>Negri politizó así el derrotero de la realidad global y le otorgó a la multitud un flujo sin fronteras. Aunque sus planteamientos apuntan al campo de las ciencias sociales, permiten también establecer algunas preguntas culturales porque la literatura se inscribe desde diversas y hasta sorprendentes formas migratorias.</p>
<p>Habría que pensar el viaje multitudinario de la letra (ese desplazamiento masivo o inesperado de los libros) en un sentido contrario al propuesto por Negri, un viaje sin más cuerpo que la letra que se encarna en otra y en otra hasta formar ese espeso texto que llamamos literatura. Un viaje pre globalizador o, en otro registro, incluso pos globalizador. Sí, porque la literatura ha ejercido en su milenario transcurso un viaje doble: tanto por los tiempos históricos como también por las localidades.</p>
<p>William Faulkner, el escritor sureño, Premio Nobel de Literatura (1949), habitante de Oxford, un pueblo del estado de Mississipi, convirtió el sur en el escenario recurrente de su obra. El espacio ultralocal fue su sede para hablar de la complejidad (siempre densa, siempre impredecible) de lo humano. Sus personajes definitivamente sureños, parcos, agobiados, se constituyeron, mediante el despliegue de técnicas narrativas, en perdurables modelos estéticos. Así, desde el máximo localismo, Faulkner forjó literariamente un aura –como diría Walter Benjamin– que impulsó su obra hacia esferas internacionales.<br />
Heredero de la tradición abierta por James Joyce y Virginia Woolf, la audaz búsqueda formal de Faulkner lo llevó a unir en un mismo libro (“Las palmeras salvajes”) dos relatos no concluyentes, o a convertir las voces monologantes (“El sonido y la furia”) en tramas para extender y acaso entender las siempre atormentadas o complejas relaciones familiares.</p>
<p>De sur a sur habría que pensar en cómo y en cuánto leyó la novelista Carson McCullers (de manera brillante) la propuesta de Faulkner y cómo le imprimió un sello poderoso en su inquietante novela “La balada del Café Triste”. Y cómo lee Cormac McCarthy la violencia y la soledad en las periferias. O de sur a norte, en ese traspaso de la doble frontera  –no sólo del límite geográfico sino además lingüístico–, el mexicano Juan Rulfo, desde su “conexión” faulkneriana. apeló a una literatura vanguardista (“Pedro Páramo”) en la que depositó tanto las inflexiones de la lengua popular agrícola como la fuerza avasalladora de una poética.</p>
<p>En el interminable viaje libresco hay que consignar al escritor portugués António Lobo Antunes repensando, desde su propia perspectiva, dos libros de Faulkner: “Mientras agonizo” (los hijos que martillan el ataúd para la madre moribunda) y el ya citado “El sonido y la furia” para escribir una novela conmovedora: “La muerte de Carlos Gardel”.</p>
<p>El escritor portugués generó un texto impactante a partir de diversos narradores que acuden hasta la novela para acompañar la agonía de un joven drogadicto. Consistentes monólogos de unos personajes-narradores que, ante el imperativo de la muerte joven, recuerdan sus propias infancias, la de cada uno de ellos. La infancia de los que se reúnen para acompañar la agonía del joven adicto y allí, uno a uno, memorizan ese instante en que sus vidas precoces sufrieron el embate del dolor. Ese preciso instante en que la ingenuidad y la confianza estallaron atrozmente ante un signo de desamor o ante la vergüenza o frente a la humillación, sentimientos que se inscribieron como sensaciones hostiles para quedarse impregnadas para siempre en un sector de la mente. En ese sector en que se aloja la doliente y vívida memoria del niño enclavado en el adulto. “La muerte de Carlos Gardel” podría considerarse una novela de la memoria, y también puede entenderse como una novela de la melancolía. Pero especialmente como una novela del lenguaje.</p>
<p>António Lobo Antunes, uno de los escritores europeos más connotados de la actualidad, ocupa un sistema de escritura articulado desde la función poética. Se podría decir que construye una escritura-masa que se repite de libro en libro, de manera constante y certera para hablar de Portugal o de Angola (la antigua colonia portuguesa) apelando siempre a los mismos recursos, voces que asoman, se interrumpen, se cortan, fluyen o dejan de fluir de manera inesperada o fragmentada. Porque Lobo Antunes transita la escritura más que las tramas o, dicho de otra manera, sus tramas elusivas se enclavan en la escritura como espacialidad para dar espacio a una sucesión siempre sorprendente de emociones. Habría que leer “Manual de inquisidores” o “El esplendor de Portugal” o “El orden natural de las cosas”. Y seguir leyendo.</p>
<p>De novela en novela, la propuesta de António Lobo Antunes se ha solidificado. Sin duda, la lectura más consciente o más urgente de este autor permitirá, en su viaje, una nueva migración de la letra que será escrita en ese libro del porvenir: siempre el mismo y, a la vez, radicalmente otro.</p>
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		<title>Literaturas de la sobrevivencia</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jun 2010 05:45:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Una de las obras literarias más elocuentes para pensar el dilema de cómo sobrevivir en medio de una sociedad aplastante, frágil, cercada por la crueldad, es “El Lazarillo de Tormes” (1554). Una novela clave para entender una época en la que se inició la caída del poderoso imperio español. “El Lazarillo” establece [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/06/literaturas-de-la-sobrevive.jpg" align="right" />POR DIAMELA ELTIT<br />
Una de las obras literarias más elocuentes para pensar el dilema de cómo sobrevivir en medio de una sociedad aplastante, frágil, cercada por la crueldad, es “El Lazarillo de Tormes” (1554). Una novela clave para entender una época en la que se inició la caída del poderoso imperio español.</p>
<p>“El Lazarillo” establece el relato “desde abajo”, se ubica en el lugar de la subordinación y, más precisamente, en el espacio de la servidumbre para leer desde allí los signos que están inmersos en la trastienda de las representaciones sociales. Detrás de esas representaciones, el adolescente Lázaro padece doblemente su destino: la pobreza y el maltrato.<span id="more-16636"></span> La explotación de la que es objeto por parte de sus diversos amos la sortea mediante una serie de estrategias ingeniosas que lo consagran como uno de los “pícaros” más consistentes y citados de la literatura universal.</p>
<p>Esta novela de autor anónimo toma las clásicas figuras que pueblan la cultura para demostrar que la bondad como atributo está lejos de habitar las superficies sociales. Los ciegos, los nobles empobrecidos o los curas alojan en su interior un inamovible e implacable “teatro de la crueldad” (como diría Artaud) que Lázaro recibe pero también repele a través de sus argucias. Y, muy especialmente, denuncia mediante el accionar de su agitada sobrevivencia.</p>
<p>La decadencia de España se lee en su doblez, en ese lugar que ocultan los discursos oficiales, una decadencia que sí es visible para los subordinados que presencian las múltiples miserias de sus amos. Una caída que está alojada en la contracara de sus figuras emblemáticas, que se encarna en las prácticas de los soldados o de los curas o de los nobles empobrecidos. Y entre la miseria de esas prácticas, surge un desgaste que se inscribe en los engaños masivos y en la búsqueda infatigable y carente de ética del (difícil) dinero.</p>
<p>Lázaro de Tormes se erige literariamente como el gran sobreviviente, aquel que lee la sociedad de su tiempo y sortea la violencia que lo daña y que lo oprime. Su asombrosa circulación social sigue hoy vigente como un modelo para comprender no sólo la historia de España sino especialmente las paradojas que caracterizan lo humano. El libro transita con humor e inteligencia la tragedia sociopolítica y es ese humor (ácido) el que marca su filiación a la picaresca, a una escritura que satiriza los desmanes y pone de manifiesto las inconsistencias masivas en las que se sostienen los hilos del poder.</p>
<p>En Chile esa literatura picaresca fundada en la sobrevivencia reaparece con sus propios signos territoriales durante el siglo XX. Su posición, al igual que “El Lazarillo de Tormes”, también le pertenece al subordinado, sin embargo, su trasgresión, su goce y su liberación radica en resistir las normativas dictadas por la burguesía. Entre las producciones más emblemáticas está la novela “El Río” de Alfredo Gómez Morel, que textualiza lo que Marx denominó como el lumpenproletariado. Pero, en otro registro y emergiendo desde un espacio diverso, está la extensa obra de Armando Méndez Carrasco.</p>
<p>El autor de “Chicago Chico” (1962) y “El Cachetón Pelota” (1967), sus libros más leídos y quizás más radicales, se ubicó en un espacio intermedio –ni adentro ni afuera del sistema– o, pensando desde otra perspectiva  –adentro y afuera simultáneamente–. Mientras en “Hijo de ladrón”, de Manuel Rojas, los personajes viven agobiadoramente sus (des) pertenencias sociales, en la obra de Méndez Carrasco todas las energías sociales están puestas en personajes que frecuentan un incesante nomadismo farrero. Una farra interminable que se cursa en la noche más plena y limítrofe. Y allí, en esa noche brillante y filosa, se extrema un despilfarro emotivo que se esmera en pulverizar las escasas economías. El poeta, el oficinista (habitante del último escalafón) y el lumpen coexisten con la madre abnegada y la prostituta poseída por un ímpetu insoslayable. Nada es definitivo. Todo intento normalizador se desploma ante la visión del umbral de un bar. Las intenciones de redención se caen a pedazos frente al placer que provoca una borrachera lúcida que intensifica el tiempo de esas vidas ya no mínimas sino, al revés, maximizadas por un jolgorio extasiado. Una juerga irresponsable que permite olvidar. O, más bien, esa intensidad barriobajera le da sentido a vidas (la cáfila hampona) que se niegan a ser expropiadas por un sistema (burgués) que exige responsabilidad pero sólo devuelve dosis masivas de angustia.</p>
<p>La escena narrativa propuesta por Méndez Carrasco está habitada por esa irresponsabilidad paródica y desafiante que también puede ser leída políticamente como una matriz resistente ante el imperativo de una filiación al trabajo como único horizonte de lo humano. Su picaresca radica en una sobrevivencia regida únicamente por el goce y por el dinamismo de conversaciones que se cursan alrededor de una botella. Es esa botella la que ordena la legitimidad de las frases de los concurrentes y, desde allí, la legitimidad de sus vidas. La idea de un futuro o de las seguridades no alcanzan a los personajes porque están dominados por pulsiones que apuntan a un presente interminable.</p>
<p>Aunque las novelas “Chicago Chico” o “El Cachetón Pelota” alcanzaron numerosas ediciones, Armando Méndez Carrasco fue subvalorado por la crítica. El “establishment” literario no pudo comprender su proyecto narrativo autosustentado desde su propia editorial Juan Firula.</p>
<p>El ocio y el realismo de un genuino barriobajo, la fragilidad de un mundo que pendía de un débil eslabón social, pero que, sin embargo, pasaba sus noches a plenitud, fue mal recibido y más aún desdeñado. Aunque también cabe la hipótesis que este desdén crítico se debiera a la falta de redención de sus personajes. A una porfiada rebeldía que permutó la casa propia por el tugurio y que convirtió el cuerpo, el cigarrillo y el vino en poéticas de sobrevivencia.</p>
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		<title>Diemela Eltit: Esperando a Godot</title>
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		<pubDate>Sat, 15 May 2010 22:19:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Poder]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
		<category><![CDATA[oposición]]></category>

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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Ilustración: Leo Camus. Cómo sobrevivir a “la sociedad del espectáculo”. O cómo vivir en un tipo de sociedad pauteada de manera milimétrica para favorecer el consumismo como única fuente para sortear o diferir la legítima angustia que ocasionan las obligaciones y las rígidas representaciones sociales. Por supuesto no es el consumo (siempre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>POR DIAMELA ELTIT<br />
Ilustración: Leo Camus.</p>
<p>Cómo sobrevivir a “la sociedad del espectáculo”. O cómo vivir en un tipo de sociedad pauteada de manera milimétrica para favorecer el consumismo como única fuente para sortear o diferir la legítima angustia que ocasionan las obligaciones y las rígidas representaciones sociales. Por supuesto no es el consumo (siempre necesario), sino su exceso, el despilfarro, la inoculación del gasto y la deuda como programas vitales hasta generar la plataforma consumista que se necesita para cercenar los discursos públicos y despojarlos de todo tipo de pensamiento crítico. De esa manera se favorece la fragmentación, el clisé y el más abierto oportunismo mediático.<span id="more-16191"></span></p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/05/esperando-diamela-eltit.jpg" alt="" /></p>
<p>Palabras como futuro, cambio, personas, alma, desfilan por los discursos públicos como los grandes dispositivos de la nada. Así se extiende y prolifera socialmente un vacío poblado de palabras que parecen fundamentales y que están dispuestas como garantías para instalar un habla despojada de dirección, discursos que sólo producen seudohablas que tranquilizan, cooptan y adormecen.</p>
<p>Desde luego, estos discursos vacíos o vaciados circulan por todos y cada uno de los países manejados por el programa del libre mercado. Sin embargo, el caso chileno es extremo porque el experimento neoliberal tuvo exactamente aquí su centro privilegiado -un verdadero laboratorio ideológico económico- desde la dictadura hasta hoy, inscribiendo con esmero un progresivo e intenso programa de despolitización y de impregnación de lugares comunes que se extienden por los espacios hasta convertirse en una regla totalitaria.</p>
<p>Espectáculo que algunos de los líderes y representantes sociales reproducen con fidelidad y más que hacer política –polis y democracia– se pliegan a actuaciones que resultan incluso más burdas y estereotipadas que las que caracterizan  a las  teleseries. Esta sociedad fundada en un espectáculo pobre (de recursos) es especialmente visible cuando algunos de los dirigentes ejercen el poder desde mecanismos que apelan a una simpleza demoledora, discursos engañosos, distorsionados y distorsionadores, plenos de ambigüedad, usados maliciosamente como armas para constituir sus poderes y sus lugares.</p>
<p>Como un simple ejercicio y para recorrer el panorama local habría que pensar, por ejemplo, en el senador Girardi, quien es, desde hace años, la constante figura que se ubica fielmente en los segundos planos televisivos. Parado o sentado siempre al lado de…, y allí, instalado en su segundo plano, sus ojos huidizos buscan las cámaras de manera voraz. O accede a los ansiados primeros planos cuando se hace parte de anomalías ligadas a la salud y allí anuncia 100.000 muertos por la gripe AH1N1 o usa abiertamente a los enfermos pobres sólo para saciar su sed mediática. Girardi está al acecho, todo el tiempo, a la espera de su turno, divagando entre posiciones confusas, yendo de de un lado para otro, junto con Auth que renuncia a la presidencia de su partido en aras de los nuevos liderazgos pero repone su candidatura a la velocidad de un rayo. La dupla Girardi y Auth, entre otros, lo único que renuevan son los mismos hilos para mantener sus poderes comunes mediante asociaciones con otros dirigentes que se les parecen demasiado y cuyos nombres se pueden presagiar aún antes que las uniones se consoliden.</p>
<p>Espectáculo al que se suman las llamadas “generaciones del recambio”, como Fulvio Rossi, por ejemplo. Una figura que busca encabezar los actuales escenarios pero cuyas únicas entrevistas en profundidad están relacionadas con los avatares de su vida privada y sólo desde allí puede aludir a su plataforma política. Rossi ha usado el lugar social de su esposa como escalón para alcanzar un espacio nacional, pero, en último término, hay que señalar que sus estrategias para adquirir notoriedad son un tema que le pertenece a él. No obstante, lo que resulta más complejo de este senador rubio y de ojos claros, como él mismo se describe ante la prensa, es que como presidente subrogante del PS afirmó recientemente (con motivo de la posible alza de impuestos) que Sebastián Piñera encontrará en el Partido Socialista un aliado para cambiar Chile.</p>
<p>Y esa sí es una afirmación insólita porque precisamente la coalición que permitió el triunfo de la derecha (más allá del fundamental traspaso de votos del transversalista Enríquez-Ominami), fue el conglomerado denominado Alianza por Chile, y el senador Rossi, con su entusiasta posición, parece querer sumar al PS a la Alianza por (cambiar) Chile, lo cual sería un cambio, no se sabe si de Chile, pero al menos instalaría un tipo de aliados que hasta ahora parecía, cuando no imposible, al menos difícil.</p>
<p>El punto entonces es cómo abrir fisuras en esta sociedad del espectáculo, cómo pueden elaborarse sitios políticos más creíbles, más confiables y más consistentes. Cómo arrebatarle a la derecha su deprimente monopolio discursivo en la medida que es la derecha la que selecciona y define los lugares y la calidad de las hablas. Sí, porque es la derecha la que escoge, con un frío cálculo, quién ejerce estas seudo hablas y silencia a quien no es funcional a su proyecto. La derecha es la que construye su propia disidencia y por eso aloja entre las páginas de sus periódicos o en las imágenes televisivas a las voces que pueden discutirla sin dañarla en absoluto. Entonces, cómo sortear el sombrero safari de Auth, la pasión por los segundos planos de Girardi, el habla vacía de Enríquez-Ominami, los errores políticos y la devoción por su físico de Rossi, lo digo sólo por pensar en algunos actores que aspiran a ejercer liderazgos.</p>
<p>Porque el desafío parece radicar hoy en lugares desde donde construir escenarios discursivos solventes y plurales que apunten de manera aguda a los problemas que atraviesan a nuestra sociedad. Sitios que hagan de los diversos saberes y de los pensamientos críticos, prácticas necesarias, en constante renovación para producir una imagen semejante a la que escribió la poeta estadounidense Muriel Rukeyser: “te veo a través de una puerta/ la puerta zarpa,/ y todos los barcos se mueven hacia el mar real”.</p>
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		<title>El terremoto como espectáculo</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Apr 2010 15:20:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chilean News]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[terremoto]]></category>

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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Hoy, el terremoto chileno 2010 muestra, con una claridad meridiana, cuáles son los cuerpos masivamente damnificados, señala qué habitantes se debaten entre las ruinas después del temblor y se destaca, una vez más, la sobreexposición extrema que experimentan los ciudadanos que ocupan los escalafones sociales más débiles y cómo son capturados en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/04/saqueo.jpg" align="right" />POR DIAMELA ELTIT<br />
Hoy, el terremoto chileno 2010 muestra, con una claridad meridiana, cuáles son los cuerpos masivamente damnificados, señala qué habitantes se debaten entre las ruinas después del temblor y se destaca, una vez más, la sobreexposición extrema que experimentan los ciudadanos que ocupan los escalafones sociales más débiles y cómo son capturados en las pantallas de televisión, que han convertido el terremoto en espectáculo. </p>
<p>Asistimos a lo que Bourdieu califica como violencia simbólica cuando los representantes de los medios, ubicados en los terrenos más afectados, hablan con sus voces falsamente convulsionadas ante un riesgo inexistente. Se ejerce una forma de violencia doble –tanto contra las víctimas como contra los televidentes– cuando esos medios, ubicados en “terreno”, sobrevuelan las lágrimas y el dolor de las personas para vender ese dolor y esas lágrimas a los auspiciadores de los noticiarios y a la avidez por el rating.<span id="more-15111"></span> </p>
<p>Para vender el dolor, una y otra vez, dejando de lado que esa persona damnificada o que ha perdido atrozmente a su familia es un sujeto completo, que tuvo una vida completa y que le es expropiada mediante una cruel fragmentación a través de las pantallas televisivas no con fines humanitarios sino para poblar comercialmente las anécdotas de una catástrofe. </p>
<p>Violencia simbólica, como dijo Bourdieu, cuando a esa misma persona, que posiblemente ha experimentado uno de los golpes más fuertes de su vida, se le obliga a agradecer porque le llevan comida, carpas o ropa para soportar su estado de intemperie. Se les obliga a agradecer ante las cámaras los gestos “solidarios” de funcionarios civiles o militares que cumplen una obligación por la que reciben un (quizás insuficiente) salario. </p>
<p>O bien los damnificados están obligados a dar las gracias a los funcionarios o al voluntariado de empresas de construcciones de emergencia que abastecen a los sectores más pobres de la sociedad. Una obligación que resulta abyecta porque esas personas que perdieron familiares o parte importante de sus bienes no han alcanzado a internalizar sus catástrofes y ese agradecimiento es completamente inoportuno, pues cada una de las víctimas del terremoto o del maremoto habitan el centro mismo de sus tragedias. Ellos viven el lugar más interno del sufrimiento y en verdad que no corresponde que agradezcan nada o a nadie después de lo que les ha sucedido. </p>
<p>Porque son los medios y sus pautas los que obligan, mediante la exaltación banal de una solidaridad mal entendida, a agradecer una y otra vez. O bien montan escenarios pintorescos como los regalos en cámara a un carabinero que rescató a una mujer atrapada de un edificio en Concepción que se derrumbó. Sin embargo, las compañías constructoras de esos edificios caídos o dañados no están en el centro de esos mismos noticiarios. Esas compañías permanecen en la opacidad noticiosa porque a sus dueños, gerentes o responsables de una construcción abiertamente infractora, no se les llenan los ojos de lágrimas ni menos pueden ser manipulados emocionalmente frente a las cámaras de televisión. </p>
<p>De esa manera, la televisión involucra a mujeres, hombres, niños o ancianos pobres, y así es como es posible leer la dimensión de subordinación que adquieren las víctimas, porque este terremoto más que abrir preguntas públicas o dar una cuenta lúcida de la terrible y peligrosa precariedad en que viven millones de chilenos, convierte la obligación social de una comunidad en mera caridad. </p>
<p>A partir de las imágenes proyectadas por las pantallas de televisión observamos un conjunto de comentarios estereotipados atravesados de una no convincente pesadumbre que está allí para ejercer una mirada compasiva hacia la pobreza (siempre que se porte “bien”). Una mirada “desde arriba”, esa mirada histórica que convierte al otro en menos y le expropia su subjetividad y todo su saber. </p>
<p>Nuevamente (y quizás hoy más que nunca) el sujeto popular es cosificado y expropiado de su ser. Su presencia en las imágenes públicas es meramente funcional, sólo es posible bajo el prisma de la caridad, una caridad que ennoblece al que la ejerce, liberándolos así no sólo de culpas sino también de obligaciones políticas. Los empresarios chilenos (una parte importante de ellos hoy gobiernan nuestro país) lavaron su imagen en la oportuna o más bien oportunista Teleton. Lo hicieron mediante la entrega de sumas insignificantes en relación a sus desmedidas ganancias y a sus increíbles capitales pero que, en la fiebre de un sentimentalismo que ya resulta intolerable, convenció a parte de la ciudadanía que se iban a resolver todos los problemas mediante cantos y lágrimas de cocodrilo.  </p>
<p>Porque lo que este terrible y extremo terremoto ha puesto en evidencia es la escasa (por no decir nula) capacidad reflexiva de los discursos públicos chilenos, la falta de pluralismo, la derrota discursiva del conjunto de la televisión chilena y la inoculación de una emotividad primaria que propicia una cultura alienante, fundada en el eslogan y las frases clisés. </p>
<p>Por las redes o en las publicaciones alternativas han circulado artículos interesantes y pertinentes. En muchos de ellos se ha escrito de manera brillante (Álvaro Ramis, entre otros) sobre cómo este terremoto ha mostrado el fracaso del modelo económico que nos rige. Un modelo que se sostiene sobre una realidad extremadamente vulnerable, engañosa, fundada en una desigualdad de tal magnitud que al primer remezón deja ver que en Chile la pobreza está ahí, ahí mismo. </p>
<p>Una pobreza recubierta por una quebradiza capa cosmética que no logra ocultar que la mayor parte de nuestro pueblo –o la mayor parte de nuestros pueblos– después de doscientos años de vida republicana apenas sí se sostienen en pie. </p>
<p>Y eso sí que es triste. Y en verdad que sí da ganas de llorar de impotencia.</p>
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		<title>“La ceremonia del adiós”</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Mar 2010 04:44:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Poder]]></category>
		<category><![CDATA[Bachelet]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
		<category><![CDATA[traspaso de mando]]></category>

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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT A la manera de una reiterada profecía, o en medio de la sensación de habitar el inicio de un sueño terrible y destructivo, o en la exactitud que portan las fechas y los números, se pone fin a uno de los gobiernos más singulares de la historia política de Chile. Resulta difícil, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/03/bechelet.jpg" align="right" />POR DIAMELA ELTIT</p>
<p>A la manera de una reiterada profecía, o en medio de la sensación de habitar el inicio de un sueño terrible y destructivo, o en la exactitud que portan las fechas y los números, se pone fin a uno de los gobiernos más singulares de la historia política de Chile. <span id="more-14364"></span></p>
<p>Resulta difícil, cuando no imposible, establecer un análisis en torno al gobierno de Michelle Bachelet en medio de estos días confusos, sísmicos, regidos por la manipulación y la espectacularización mediática de terribles dramas humanos. Y resulta también difícil, cuando no imposible, elaborar el gesto y la imagen de Michelle Bachelet traspasando su mando a la derecha política. Y, desde luego, resulta igualmente difícil observar cómo en los días finales de su mandato se está realizando una interesada escritura política que aspira a la implacable destrucción de una imagen presidencial que subió y subió (como una burbuja financiera) hasta alcanzar una popularidad que no dejaba de ser completamente sospechosa. </p>
<p>Frágil. </p>
<p>Una popularidad producida y censada mediáticamente que, frente al menor “temblor” o a la última contingencia, podía precipitarse hacia un abismo. </p>
<p>Frágil. </p>
<p>Resultan difíciles estos días agrietados o damnificados por una naturaleza que ha mostrado ferozmente su poder y su latencia. Y desde luego parece extremo y delicado cuestionar o interrogar la incesante producción de un sentimentalismo colectivo que se resuelve en patria y más patria y en llamados a un orden militar (y guerrero) en medio de un cataclismo humano que no resiste en su interior ninguna normativa rígida. </p>
<p>La histeria sicosocial del pillaje y la histeria también sicosocial de una asistencia moralizante y disciplinar que sólo intenta diluir o deshacer las aristas políticas son dos caras de la misma moneda. El “transversalismo” de los acuerdos o, ahora mismo, el transversalismo para la reconstrucción de la patria, buscado y ensoñado por Sebastián Piñera (como cualquier transversalismo) no existe. Es nada más ni nada menos que una metodología de captura y de dominación económica y política de la derecha. El sentimentalismo “light”, ausente de componentes críticos, es también una metodología de apropiación derechista de los imaginarios públicos. </p>
<p>El poder simbólico para construir o destruir imágenes lo posee la derecha chilena (que controla precisamente parte importante de las imágenes públicas) y eso es lo que el equipo de la presidenta Bachelet pareció olvidar en el curso de estos últimos años. Su equipo pensó (se trata la mía de una hipótesis incierta) que en la medida que la popularidad de la Presidenta creciera como espuma (especulativa) su imagen sería inamovible y representaría un inigualable futuro político para sus afines. Y por eso el último año de su gobierno quizás fue el más débil desde el punto de vista político, porque (es la mía una incierta hipótesis) se entregó a las encuestas y dejó de lado aquello que precisamente marcó su diferencia con la era concertacionista: la participación ciudadana activa, la incorporación política de los jóvenes, la paridad de género (más allá de las pensiones y otros beneficios muy positivos), que constituían un importante caudal democrático. Ese proyecto propositivo y necesario quedó atrás Y, como signo, quizás lo más incomprensible fue la ausencia de repudio de la Presidenta frente al asesinato del comunero mapuche Matías Catrileo por parte de un policía del Estado chileno. ¿Por qué? ¿Acaso bajaría la espuma de su encuesta? </p>
<p>Michelle Bachelet no explicitó, con el énfasis que el tema se merecía, que Chile no estaba “tan bien” como externamente semejaba y que ese bienestar no podía ser entendido sólo como una plataforma de negocios que beneficiaban desmedidamente a los sectores más pudientes y apenas ayudaban a frenar la línea de pobreza. No lo hizo. En cambio Michelle Bachelet apostó a conjugar el actual modelo neoliberal con un conjunto de políticas de asistencia social hacia los sectores que el mismo modelo lesionaba. En ese sentido, su mandato fue el más “social” de los 20 años concertacionistas, pero el terremoto (signo geográfico, político y simbólico) mostró la dimensión de la debilidad política que porta un presente manejado fundamentalmente por los poderes múltiples de una derecha que siempre tuvo o mantuvo el control sobre la Concertación. </p>
<p>Ya Ricardo Lagos había experimentado una “demolición” por parte de empresarios y dueños de los medios de comunicación (que, según dicen, lo aplaudieron de pie). Y es en ese sentido que el último año del gobierno de Michelle Bachlet resulta, en parte, completamente incomprensible porque se trataba del año exacto en que le iba a entregar de manera fatal y  decidida el poder a Sebastián Piñera. </p>
<p>Pero es necesario señalar que Michelle Bachelet contó con valiosos atributos personales para enfrentar su mandato: su carisma. Su inteligencia y su fortaleza emocional. Estos atributos van a ser (es una hipótesis) los que más adelante conseguirán restituir lo que genuinamente le pertenece: haber sido la portadora del proyecto más audaz e interesante de la Concertación, como es la apuesta por la ciudadanía y sus voces, la democratización de los cuerpos y las funciones sociales. </p>
<p>Porque más allá o más acá de la doble tragedia -el terrible terremoto, el traspaso del poder a un empresariado representado por gerentes ávidos que se dejarán caer sobre el aparato público-, Bachelet es la gobernante que ha demostrado las mayores capacidades de los últimos 20 años. Sólo que la venció la democracia imperfecta en la que habitamos y optó, traicionando a su propia inteligencia, por un banal carrusel de la fama que hoy está en riesgo y la historia (que no necesariamente es justa) debe restaurar.</p>
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		<title>Con pena y sin gloria</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2010/02/08/con-pena-y-sin-gloria/</link>
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		<pubDate>Mon, 08 Feb 2010 03:43:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Poder]]></category>
		<category><![CDATA[cambio de mando]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Diamela Eltit]]></category>
		<category><![CDATA[Piñera]]></category>

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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT A pesar de que la Concertación dispuso a sus figuras emergentes más calificadas: Carolina Tohá, Claudio Orrego y Ricardo Lagos W. como responsables de los discursos públicos con el fin de revertir los resultados de la segunda vuelta electoral, la coalición de derecha terminó por conseguir el control del gobierno después de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>POR DIAMELA ELTIT</p>
<p>A pesar de que la Concertación dispuso a sus figuras emergentes más calificadas: Carolina Tohá, Claudio Orrego y Ricardo Lagos W. como responsables de los discursos públicos con el fin de revertir los resultados de la segunda vuelta electoral, la coalición de derecha terminó por conseguir el control del gobierno después de más de cincuenta años.<span id="more-13697"></span></p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/02/con-pena-pero-sin-gloria-diamela.jpg" alt="" /></p>
<p>Luego de los resultados electorales, los primeros discursos (formales) de ambas coaliciones transitaron la ruta de la cautela. Apelaron a la grandeza de sus coaliciones, al amor a Chile, al corazón, al espíritu y a la apuesta a un futuro tanto para conservar el poder (la Alianza) como para recuperarlo (la Concertación) después de una etapa reflexiva. Pero también la Concertación quiso mantener su unidad interna mediante constantes menciones a la necesidad de permanencia del conglomerado para impedir así los tradicionales vaivenes, caos y deserciones que acompañan a la pérdida de los poderes centrales. Y hay que considerar que deben afrontar un habitar más incierto como minorías opositoras, pues no cuentan con medios de comunicación independientes ni con soportes económicos de la envergadura de sus contrincantes de derecha.</p>
<p>En principio, los primeros discursos públicos pusieron de relieve el imperativo (binominal) de gobernar juntos (Alianza y Concertación), sólo que esta vez le correspondió a la derecha contemplar al parlamento concertacionista como oposición, pero también como interlocutor para sacar adelante sus proyectos. Así, en un clima que podría denominarse como amistoso, y con componentes retóricos de índole patriótica, se consolidó la noticia del próximo traspaso de poder político más relevante de la época posdictatorial.</p>
<p>Por otra parte, Marco Enríquez, cuyos votantes se volcaron en un 37% a Piñera, reapareció en las pantallas para apelar a su propio futuro, manifestó que no iba a ocupar cargos de gobierno en la derecha y continuó con su discurso centrado en el “yo”, se empeñó en repasar una a una las afrentas de las que, según él, ha sido objeto. Descalificó duramente al ex Presidente Ricardo Lagos y reiteró sus palabras recurrentes como “coraje” y “moral” y afirmó que él aceptaría que la presidenta Michelle Bachelet se sumara a su referente de “futuro” y de “cambio” (ambos términos en disputa con el gobierno de Piñera).<br />
Pero más allá de esta escenografía discursiva que alude a la posibilidad y acaso la necesidad de acuerdos múltiples, existen zonas problemáticas que no dejan de inquietar. La latente posibilidad de privatizar parte de CODELCO, una represión más fuerte aún a los comuneros mapuches, la caída de las condiciones de empleo y los derechos de los trabajadores ya muy erosionados por la aplanadora neoliberal. Los jóvenes (pobres) podrían ser un objetivo político-policíaco para establecer no sólo controles sino represiones para evitar conflictos sociales ligados a un tipo de orden que caracteriza al sector más autoritario y militarizado de la derecha. Y, desde luego, el control radical de los temas relacionados con el cuerpo y la sexualidad que, por el tramado cultural existente, discriminan, reprimen y hasta marginalizan a la mujer e impiden su inserción con derechos plenos en la sociedad chilena. </p>
<p>En esa misma línea de preocupaciones, inquietan las trabas y la discriminación a las minorías sexuales que continúan transitando por los bordes del sistema y que, debido a la dimensión de la estigmatización que son objetos, en muchas oportunidades experimentan la violencia en el interior de sus propias familias que hostilizan a mujeres y hombres homosexuales y transexuales por el despliegue de sus subjetividades.<br />
En suma, las preocupaciones tienen que ver (entre otros temas) con la propiedad del cobre, la problemática de los comuneros mapuches, con los derechos de los trabajadores, con la emancipación de las minorías que no consiguen romper su subordinación porque se produce una complicidad del conjunto de los sistemas dominantes para mantenerlos cautivos y controlados y evitar así un cambio cultural que no comparten ni comprenden.</p>
<p>Pero también el proyecto-Piñera ha hablado primordialmente de la “mano dura” a la delincuencia y el fin de lo que se denomina “puerta giratoria”.<br />
Y este objetivo meramente represivo es también muy complejo porque el creciente aumento del delito en gran medida (no en su totalidad) tiene relación con la desigualdad social, la marginalización de la población en general y de los jóvenes en particular. La delincuencia afecta a todo su grupo familiar y, por lo tanto, es un problema social en permanente y acelerada expansión que sin duda ya representa el gran flagelo para las sociedades más desiguales del siglo XXI.  </p>
<p>En ese sentido, si se cumple el rígido programa de la derecha chilena, la gran obra del recién electo Presidente Piñera va a ser la construcción de cientos de cárceles a lo largo y ancho del territorio, mientras los delitos económicos se seguirán solucionando con multas irrelevantes. </p>
<p>Habrá que examinar cuidadosamente cómo se licitarán entonces las nuevas cárceles que serán necesarias para aplicar “la mano dura”. La misma “mano dura” que pondrá fin a una “puerta giratoria” que será cambiada por los candados ultra metálicos de lo que podría ser de un implacable y anti humanitario porvenir.</p>
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		<title>Medea y el caso de Jeannette Hernández: La ruta de la sangre</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Jan 2010 15:30:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Ilustración: Max Bock La chilena Jeannette Hernández, que aparentemente mató a su pequeño hijo y dejó gravemente herido a su otro hijo adolescente, parece rescribir (teatralmente) una parte del guión denso y ultra destructivo de Medea. ____ Resulta impactante observar cómo ciertas ficciones -míticas o literarias- son capaces de re-producir realidad y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/01/medea.jpg" align="right" /><br />
POR DIAMELA ELTIT<br />
Ilustración: Max Bock<br />
<em>La chilena Jeannette Hernández, que aparentemente mató a su pequeño hijo y dejó gravemente herido a su otro hijo adolescente, parece rescribir (teatralmente) una parte del guión denso y ultra destructivo de Medea.  </em><br />
____<br />
Resulta impactante observar cómo ciertas ficciones -míticas o literarias- son capaces de re-producir realidad y más aún, pueden proporcionar instrumentos para analizar y hasta comprender los engranajes de situaciones fundadas en trasgresiones difíciles de tolerar por el conjunto de la sociedad.<span id="more-13392"></span></p>
<p>Desde esta perspectiva, la literatura griega es un espacio privilegiado para pensar las zonas más intrincadas o revueltas que conforman la naturaleza humana. Esos espacios en donde el sentido común se contamina y se enferma ante la fuerza incontrolable de los sentimientos más primitivos, o bien donde el ejercicio del poder adquiere un halo maligno que profana y destruye.</p>
<p>El antiguo mundo griego fue el que pensó las ciudades y puso en marcha una forma inédita y radical de democracia. Pero también entendió el teatro (la dramaturgia y la representación) como un poderoso dispositivo estético-político que aunaba a sus ciudadanos. Esa experiencia teatral -fundacional y fundamental- fue la que legó la cultura griega al mundo occidental a través de un conjunto magistral de textos que no han perdido un átomo de vigencia. </p>
<p>La gran tragedia griega, plagada de divinidades y derrumbes, puso de manifiesto que el drama por excelencia lo constituye la tragedia familiar, y desde ese abismo se desprenden sus personajes más tormentosos y conflictivos, como Edipo, el esposo de su propia madre, el asesino de su padre, y la brillante pero subordinada Medea, que se venga del abandono de su esposo mediante un conjunto de cruentos crímenes que incluyen a sus dos hijos.</p>
<p>Los asesinatos, las traiciones y las trasgresiones familiares tocan los puntos más sensibles de la comunidad. Perturban, porque en cada persona yace incubado el horror a que se desencadene una tragedia irreversible que horade y destruya todo el porvenir de sus lazos familiares. Porque la familia es la primera unidad social, un espacio en el cual se generan, ocurren y transcurren los indispensables afectos pero también los más dramáticos desafectos</p>
<p>Pero las tragedias (familiares) ya no se representan en la polis griega, sino que hoy están alojadas en la crónica policial. Forman parte de los espacios delictuales que horrorizan a la ciudadanía que ven en la página roja (de sangre) los excesos familiares.</p>
<p>Jeannette Hernández aparentemente (en la medida que el juicio aún no concluye) mató  a su pequeño hijo y dejó gravemente herido a su otro hijo adolescente. Los noticiarios que cubren profusamente el juicio se refieren al “síndrome Medea” para referirse a la peluquera Hernández. Y tienen razón en la medida que Medea, uno de los personajes más poderosos generados por el teatro griego, la inteligente esposa de Jasón, urde un plan fino y definitivo para causar la muerte social de su oportunista esposo. Un esposo que la ha abandonado y ha ordenado su expulsión de la ciudad, utilizando con ella argumentos calculadores y retorcidos, para casarse con la hija del poderoso rey de Corinto. </p>
<p>La ira de la extranjera Medea, que ha sido cómplice y hasta artífice de los éxitos de Jason y que es temida por sus reconocidas dotes intelectuales y su capacidad retórica, causa una destrucción de proporciones: mata al Rey, a la hija del rey y a sus propios hijos y luego huye en un carromato de fuego, dejando vivo a su esposo Jason, que ya no podrá ejercer el poder que deseaba después de esa desgracia inconmensurable.   </p>
<p>La chilena Jeannette Hernández parece rescribir (teatralmente) una parte de ese guión denso y ultra destructivo. Pero lo rescribe en el siglo XXI con los cuerpos actualizados por las nuevas tecnologías y aún por la realidad globalizada que vivimos. </p>
<p>Pensando de manera somera, es posible examinar cómo la Tragedia Griega (con mayúscula) opera diluida hoy en la crónica policial chilena. Jeannette Hernández trabajaba en una peluquería que le pertenece a un transexual. Ese cuerpo en tensión con los signos centristas recuerda a Tiresias, el crucial personaje de Edipo Rey que, junto con ser vidente, ciego, es también hermafrodita. Pero quizás lo más relevante en esta tragedia local que nos recuerda a Medea, sea la figura de “La rancherita”, a quien el marido de Jeannette dedicaba parte importante de su tiempo y su energía para que ella “triunfara” en el mundo del espectáculo y se hiciera “famosa”. </p>
<p>Más aún, fue el marido de Jeannette el que diseñó la campaña para que la cantante se transformara -es un decir- en una “reina” del canto. El marido le confesó a su esposa Jeannette que había besado a “La rancherita” mientras seguía ideando estrategias para organizar su carrera a través de redes computacionales.  </p>
<p>En ese contexto ocurrió  la muerte del hijo menor de Jeannette y las severas lesiones que dejaron no sólo herido a su hijo mayor sino también con secuelas neurológicas irreversibles.</p>
<p>Para los imaginarios sociales el crimen cometido por Jeannette Hernández resulta monstruoso, y desde luego lo es. Pero ya sabemos que las madres en todas partes del mundo seguirán matando a sus hijos, sumidas en oscuras, complejas y múltiples significaciones. Continuarán matando a sus hijos porque esa Medea escrita por Eurípides en el siglo V a.C. aún no concluye de elaborar el rencor que le inspira su subordinación, despertenencia y desarraigo.   </p>
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		<title>¿Tiempo de morir?</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jan 2010 00:37:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Un ciclo político parece a punto de cerrarse. Un tiempo que une varias décadas de una historia que transcurrió mediante la administración sistemática de la violencia del Estado hasta llegar a consolidar la violencia del mercado. Lo que pretendo afirmar aquí es que cada sistema genera una cultura, que es en definitiva [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>POR DIAMELA ELTIT</p>
<p>Un ciclo político parece a punto de cerrarse. Un tiempo que une varias décadas de una historia que transcurrió mediante la administración sistemática de la violencia del Estado hasta llegar a consolidar la violencia del mercado. <span id="more-12925"></span></p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/01/funeraltodosloscerdos-copia.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo que pretendo afirmar aquí es que cada sistema genera una cultura, que es en definitiva esa cultura la que posibilita procesos de subjetivación y de representaciones sociales. La dictadura militar se fundó culturalmente en un modelo autoritario, jerarquizado, estrictamente cupular. Un modelo autoritario que ha persistido, en gran medida a lo largo de la transición porque parte de la estructura misma de la transición se funda en el viejo eje que escribió para sí la dictadura: el binominalismo como condición crónica para el fortalecimiento político de la derecha.</p>
<p>Y hay que agregar el ultra mercado (sin límites ni concesiones) implantado en Chile como el feroz instrumento de dominación sobre una ciudadanía obligada a la deuda como condición de vida. La relación determinista entre vida y deuda ya se ha naturalizado. El poder del ciudadano radica en el acto de comprar (la erótica del consumo) pero, a la vez, su sumisión se cursa en la necesidad de endeudarse (el sistema usurero que lo sobreexplota y reprime sus reclamos).  </p>
<p>La Concertación, más allá de sus logros múltiples en materia de  libertades públicas e ingreso en los sistemas sociales básicos, no pudo o, quizás, no quiso romper las relaciones híper contaminadas que ha mantenido con la derecha. Se puede pensar que la Concertación nunca consiguió, en lo medular, despegarse de su cuerpo siamés porque ese cuerpo siamés (Alianza-Concertación) fue producido por la dictadura misma como un tentáculo póstumo para garantizar, a largo plazo, una arquitectura política que permitiera el curso más fluido para los capitales.</p>
<p>La derecha se ha preparado para un nuevo ciclo. Es posible que Piñera sea el que retome el poder presidencial por la vía democrática o para ser rigurosa por la vía relativamente democrática (por el binominalismo) después de más de cincuenta años. Si ese hecho llega a suceder, habrá mucho tiempo para pensar la caída de la Concertación y las versiones serán un festín para los analistas. Pero sin duda el autoritarismo cupular concertacionista (una cúpula que no se repensó y sólo esgrimió el espectáculo de sus pugnas y deseos primitivos)  habrá sido el mayor signo de su deterioro.</p>
<p>Un deterioro que podría ser considerado suicida, como no entender, por ejemplo, que sencillamente Eduardo Frei (por sí mismo) no está en condiciones políticas de llevar adelante una candidatura en los escenarios del siglo XXI.</p>
<p>Pero, el problema –digamos- de fondo-fondo radica en el modelo económico cómodo (especialmente para la derecha) pero frágil que implementó la Concertación, sin audacia alguna, repartiendo superficialmente sus excedentes, dejando a medio decir sus mensajes, persiguiendo una delincuencia cada vez más cultural y masiva, sin asumir de manera honesta (que sería el único mecanismo para reparar este flagelo) que Chile cuenta con una de las distribuciones del ingreso más desiguales del mundo y que se requiere de una intervención de proporciones al modelo económico. </p>
<p>Quizás el movimiento más interesante sea ahora la disputa por los votos y el comportamiento del electorado ante la inminencia de la primera derrota concertacionista en 20 años. Jorge Arrate se concentró en la izquierda como paradigma mientras Marco Enríquez apostó a la ruptura entre las fronteras izquierda y derecha y le habló transversalmente a una forma indeterminada de progresismo. Desde esa estrategia, Marco Enríquez consiguió una votación muy notable y constituye  hoy el centro de la captura de votos, en parte porque la filiación de esos votos no termina de clarificarse. </p>
<p>Quizás el punto más significativo o complejo para Enríquez lo constituyó la migración automática de Paul Fontaine (asesor económico de Enríquez) al comando de Piñera. Fontaine no sólo le endosó el concepto de progresismo al propio Piñera,  sino –y esto sí me parece a mí bastante significativo y curioso- tomó el programa económico que había elaborado para Marco Enríquez (y me imagino que con Marco Enríquez) y se lo entregó tal cual a Piñera ante las cámaras de televisión del país. Pero, más allá de este insólito caso puntual, los votos parecen no definidos  a pesar que la aplicación de una aritmética básica señale que el repunte de Frei en las urnas sea una tarea cuando no irremontable al menos casi imposible y, por ello, sólo las épicas podrían conseguir cambiar el curso de los acontecimientos.  </p>
<p>Para algunos de nosotros resulta difícil políticamente enfrentar este “futuro” y este “cambio” con Piñera. Pero, desde otra perspectiva, este horizonte para muchos de nosotros también  nos resulta demasiado conocido. Y lo es porque al lado de Piñera aguardan disciplinadamente “Los Coroneles” UDI para recordarnos que los negocios son obra y gracia de su Dios Opus. Y demostrarnos que poseen la capacidad de capturar los imaginarios de los pobres de la tierra, que en el colmo de la dominación que experimentan, proyectan erradamente en los “coroneles” el conjunto de sus fragilizadas esperanzas.</p>
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		<title>A 20 años de su muerte: Beckett hoy, ahora, aquí mismo</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2009 12:33:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Mañana, 22 de diciembre, se cumplen 20 años de la muerte del irlandés Samuel Beckett, uno de los escritores más descarnados, radicales y grotescos del siglo XX. Famoso por su obra “Esperando a Godot”, Beckett es sobre todo el autor de un puñado de novelas y relatos que Diamela Eltit invita a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/12/beckett-abrir.jpg" align="right" /><br />
POR DIAMELA ELTIT<br />
<em>Mañana, 22 de diciembre, se cumplen 20 años de la muerte del irlandés Samuel Beckett, uno de los escritores más descarnados, radicales y grotescos del siglo XX. Famoso por su obra “Esperando a Godot”, Beckett es sobre todo el autor de un puñado de novelas y relatos que Diamela Eltit invita a leer en estos tiempos “regidos por el mercado y por la pérdida progresiva de valor del sujeto”.</em><br />
____<br />
Según los expertos, la publicación del Quijote (en el siglo XVII) marca el nacimiento de la novela moderna porque el narrador se separó de sus personajes y jugó consigo mismo. Se tensó, se disgregó. Así la literatura dispuso del narrador como una figura técnica y complejizó sus operaciones conceptuales amplificando los sentidos.<span id="more-12727"></span> </p>
<p>A partir del Quijote se puede hablar de experimentación, no sólo por la disposición del narrador sino también por la audacia de un texto múltiple que puso de relieve los modelos literarios de su época (la novela bucólica, la novela de caballería) y trastocó las lógicas al dejar un capítulo inconcluso mientras iba trazando un panorama que daba cuenta de los conflictos sociales que recorrían su tiempo: la Inquisición, el empobrecimiento de la población, la crueldad, la expulsión de los judíos de España.</p>
<p>Después del Quijote se desencadenó un desafío cada vez más audaz para la literatura, a la vez que transcurría un tiempo histórico agudo y desgarrador en el que se iba a precipitar la caída de las monarquías como sistema hegemónico y se produciría el ascenso de la burguesía al poder. El centro lo constituía un horizonte que progresivamente era marcado por la revolución industrial y las nuevas tecnologías que originarían al sujeto serial reconfigurado por la monotonía de las máquinas. </p>
<p>A lo largo del siglo XIX la explosión tecnológica reformuló enteramente la realidad: la invención de la fotografía, el cine, la luz eléctrica, el ferrocarril, el telégrafo o el teléfono pusieron en marcha una era inédita para las comunicaciones, y en esa realidad “electrizada” explotaron los nuevos paradigmas sociales regidos por las imágenes que hasta hoy nos acompañan. En medio de un estallido vertiginoso, la literatura y el arte ingresaron de lleno a reformular los límites. Los géneros literarios alteraron sus fronteras y se produjeron textos que sorprendieron, molestaron o escandalizaron a las mentalidades más conservadoras.</p>
<p>Uno de esos momentos culturalmente álgidos y cruzados por una radical incomprensión se produjo con el estreno de la obra “Ubú Rey”, de Alfred Jarry (en 1896), un texto caótico fundado parcialmente en un Macbeth grotesco que iba a deslizarse entre la parodia y la crítica al poder. “Ubú Rey” apelaba a un  lenguaje que ya se había retirado de todos los protocolos en que transcurría la dramaturgia de su época. El escándalo de Ubú fue tan elocuente que algunos espectadores furibundos ante un lenguaje teatral que les resultó impropio, intentaron incendiar la sala. Jarry había escrito su obra como juego escolar cuando tenía quince años y luego de su estreno, esa obra escrita por un adolescente iba a marcar un antes y un después para los discursos artísticos. </p>
<p>Alfred Jarry es un escritor clave. Considerado el padre de la patafísica y una de las influencias más ineludibles para el arte contemporáneo, para la filosofía y el anarquismo, es también uno de los antecedentes indispensables para lo que más adelante iba a ser denominado como “teatro del absurdo”.<br />
Después, James Joyce, con la publicación de “Ulises” (en 1922) volvió a revolucionar los signos narrativos cuando se planteó la literatura como una reescritura o un campo de citas de los textos fundacionales de la tradición literaria. Sólo que la cita generaba un texto nuevo, cruzado por la audacia de la estructura que permitía la diversidad de los estilos, apelando a lenguajes que pasaban por una frialdad completamente aséptica o bien se deslizaba hacia la desesperación o la impureza. Joyce volvió a escenificar al narrador como un elemento crucial que teatralizaba de manera incesante la literatura misma y las técnicas narrativas.  Virginia Woolf y Joyce se disputan la autoría del monólogo interior, que es uno de los sustentos de la narrativa contemporánea.</p>
<p>Entre Joyce y Jarry o, quizás, desde ambos, Samuel Beckett, irlandés como Joyce, irrumpió en la escena literaria para llevar la literatura a otro límite: al borde más tembloroso o más peligroso de una precariedad abismante que buscaba la disolución de los signos.</p>
<p>Es posible que Samuel Beckett no pueda ser comprendido sin sus prestigiosos y radicales antecesores. Sin embargo este autor se detuvo en un tramo diverso y que quizás hoy -cuando la propuesta de Beckett es avasallada por los mercados editoriales del realismo y la fabulación- alcanza su máxima potencia social. </p>
<p>A mi juicio, Beckett incursionó en lo que hoy se denomina como lo post humano, este nuevo momento cultural regido por el mercado y signado por la pérdida progresiva de valor del sujeto. Este espacio abismal en el que incluso la muerte pierde su trascendencia porque los cuerpos son desechables y carecen de procesos de subjetivación, más aún aquellos que transitan por las orillas ultra frágiles del sistema, como los cesantes, los dementes, los drogadictos, los delincuentes, prostitutas,  indigentes, migrantes ilegales, homosexuales pobres, los travestis, mendigos, los ancianos pobres, los enfermos graves sin coberturas médicas, entre otras marginalidades. </p>
<p>De manera progresiva la obra de Beckett buscó romper la cadena de los significados como verdades lineales y clausuró hasta la asfixia la trama y la trasparencia de la comunicación. Sus personajes se suspenden en sitios que no alcanzan a nombrarse con claridad pues no pertenecen a ninguna parte, sólo están vivos por un mero efecto orgánico y sus hablas se asemejan a un delirio intervenido desde una forma curiosa de afasia. Sus personajes no tienen lugar porque ya no existe una comunidad para ellos. “Molloy”, una de sus novelas más importantes, nos habla de un cuerpo que se arrastra en pos de una madre terrible que no tiene nada que ofrecer más que el delirio del hijo como espectáculo de una herida sin retorno en su siquismo. “Esperando a Godot”, traspasado de un humor raro, ácido, es ya un clásico de la marginalidad y del sinsentido o una pieza teatral que habla del abandono de Dios o de la repetición monótona de lo mismo después que la esperanza ha sido clausurada. </p>
<p>A diferencia de Joyce, que a pesar de la fragmentariedad todavía piensa en el yo como unidad, Beckett avanza hacia la desagregación de un lenguaje que ya no es capaz de contener lo humano como signo diferenciador. Lo humano para Beckett pende de un hilo o francamente es una ficción del propio lenguaje que en realidad ya se ha precipitado hacia una nada social. </p>
<p>El empecinado rigor de su obra le permitió a Beckett obtener el Premio Nobel de literatura en 1969. Aunque su propuesta ha sido arrasada por el optimismo neoliberal, su trazado conceptual sigue vigente, anclado en los multitudinarios cuerpos divagantes, sometidos a la crueldad del desvalor y de una implacable inexistencia.</p>
<blockquote><p><strong>Fragmentos de “MALONE MUERE” (1951):<br />
“Chorros de semen que iban a darme en plena cara”</strong><br />
_____<br />
<em>“Ahora mi sexo, quiero decir el mismo tubo, y especialmente la punta, por donde saltaban, cuando yo era virgen, chorros de semen que iban a darme en plena cara, uno tras otro, pero tan inmediatos el uno del otro que parecían un único chorro continuo, mientras aquello duraba, y por donde pasaba todavía un poco de pis de vez en cuando, en otro caso habría muerto de uremia, ya no espero verlo nunca más a simple vista, no es que me importe, ya lo he visto bastante, nos hemos mirado ya suficientemente a los ojos, lo digo por decir. Pero no es eso todo y no son sólo mis extremidades las que se alejan de aquí, cada una sobre su eje. Porque el culo, por ejemplo, al que no se puede tildar de ser el fin de nada, a menos que se quiera ver en él el fin de los labios, si se pusiese a cagar a esta hora, y me chocaría, creo que las virutas se verían salir en Australia”</p>
<p>***</p>
<p>“Nacer, he aquí mi actual idea, es decir, vivir el tiempo suficiente para saber qué es el gas carbónico libre, y luego dar las gracias. Eso siempre ha sido, en el fondo, mi sueño. Tantas cuerdas y nunca una flecha&#8230; Sí, he aquí que soy un viejo feto por el momento, canoso e impotente, mi madre ya no lo soporta, la he podrido, está muerta, va a malparir por gangrena, quizá papá también sea de la partida, iré a dar en pleno osario dando vagidos&#8230; Por otra parte, poco importa que haya nacido o no, que haya vivido o no, que esté muerto o sólo agonizante, haré lo que siempre he hecho, en la ignorancia de lo que hago, de quién soy, de dónde soy, de si soy”.<br />
</em></p></blockquote>
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		<title>Arrate en el Debate: Pero se mueve*</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Oct 2009 04:01:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT Foto: Alejandro Olivares ¿Cómo sería posible imprimirle otros movimientos a este siglo nuevo y corregir algunas de sus insensibles faltas sociales? Se podría partir por denunciar lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llama “el poder hipnótico de la dominación”, que se realiza mediante violencias simbólicas que se vuelven imperceptibles aún para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/10/arrate-en-el-debate.jpg" align="right" /><br />
POR DIAMELA ELTIT </p>
<ol>Foto: Alejandro Olivares</ol>
<p>¿Cómo sería posible imprimirle otros movimientos a este siglo nuevo y corregir algunas de sus insensibles faltas sociales? Se podría partir por denunciar lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llama “el poder hipnótico de la dominación”, que se realiza mediante violencias simbólicas que se vuelven imperceptibles aún para sus víctimas. Sucede así porque el conjunto de los poderosos discursos sociales naturalizan la violencia para conseguir mantener sus dominaciones y conservar íntegros los controles sobre la población.<span id="more-10350"></span></p>
<p>Y se efectúa, desde luego, una forma de violencia simbólica cuando se produce lo que el mismo sociólogo denomina “efectos de realidad”, es decir, no es que determinadas situaciones sean reales ni menos verdaderas, sino se genera esa condición mediante la intervención de los poderosos discursos públicos. Los medios de comunicación y sus intereses económicos y corporativos tienen un lugar preponderante para conseguir el éxito de estas construcciones.</p>
<p>La desigualdad económica y social chilena nos habla de una concentración de bienes sin precedentes. Pero esa concentración de bienes posee, entre sus múltiples haberes, numerosos medios de comunicación del país: televisión, radios, periódicos que velan porque esa concentración se mantenga. Los medios producen “efectos de realidad” para capturar no sólo a los auspiciadores sino también a sus lectores o espectadores. Porque los “efectos de realidad” están diseñados para favorecer al capital, para incrementar las ganancias y gratificar a los grandes consorcios de los cuales los medios forman parte.</p>
<p>La violencia simbólica que ejercen actualmente la mayoría de los medios de comunicación  muestra una marcada inclinación a favorecer un capitalismo intensificado. Un buen ejemplo lo constituye el debate presidencial y su violenta “reescritura” por parte de algunos medios que lo promovieron, lo cubrieron y lo calificaron.</p>
<p>Sólo uno o dos días después del debate se precipitó una abierta y marcada intención por desarticular el escenario político que un conjunto mayoritario de chilenos presenciamos. La violencia simbólica que se ejerce y el “efecto de realidad” que ha buscado construir parte de los medios, radica en hacernos creer que no vimos lo que vimos, sino que vimos lo que los medios (a través de sus disciplinados comentaristas u opinólogos) dicen que vimos.</p>
<p>¿Qué dicen los medios que vimos?</p>
<p>Un debate innecesario, anecdótico, incorrecto y hasta inmoral en la medida que Frei mencionó que el candidato-empresario Piñera fue sancionado internacionalmente  por sus malas prácticas en relación con sus acciones de Lan. Hay que consignar que el empresario-candidato pagó sin chistar la multa asignada por su irregularidad. De manera multifocal, las publicaciones dicen que se trata de un debate que no cambia las composiciones y los porcentajes que los mismos medios han construido.</p>
<p> Un comentarista dominical  aseguró que el candidato que yo apoyo (en política yo me comprometo con opciones y no con maridos), Jorge Arrate, parecía un profesor de liceo. Lo señaló con un matiz profundamente irónico, clasista y despreciativo hacia los miles de miles de profesores chilenos de enseñanza media de colegios municipalizados de los que yo misma he formado parte. Pero indicó también, agraviando el intelecto de la teleaudiencia, que Arrate “no dijo nada”, es decir  que Arrate no planteó que hay que renacionalizar el cobre, que las pymes deben tener mercados propios, que el BancoEstado tiene que volver a ejercer sus funciones de Banco “del” Estado, que Televisión Nacional tiene que ser financiada por el Estado, que la ciudadanía homosexual y transexual debe tener los mismos derechos plenos que los ciudadanos heterosexuales. Dijo eso y mucho más. Pero capaz que en la reescritura veloz de los hechos por parte de estos medios se produzca “un efecto de realidad” y nos convenzan que Arrate no afirmó que es socialista y que representa la opción de izquierda para las próximas elecciones.</p>
<p>Y para completar este interesado “efecto de realidad” que favorece a la sensibilidad neoliberal, capaz que se termine por afirmar que Arrate ni siquiera estuvo presente en el debate.  </p>
<p>____<br />
<em>* “Pero se mueve”, frase adjudicada a Galileo Galilei (en alusión al movimiento de la Tierra que había debido negar), después de ser juzgado por los tribunales de la Inquisición en el siglo XVII.</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>“Yo soy, envejeciendo, una asiática”: ¿Qué haremos con el lesbianismo de la Mistral?</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Sep 2009 04:51:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR DIAMELA ELTIT ¿Qué haremos con el lesbianismo de Mistral?, ¿cómo podremos ingresar su deseo y el tránsito de su deseo en los espacios públicos, sin escándalos y sin ofensas? La publicación de sus cartas con Doris Dana, una correspondencia de amor, de locura y de muerte (como diría Horacio Quiroga) rompen la ambigüedad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/09/c2bfque-haremos-con.jpg" align="right" /><br />
POR DIAMELA ELTIT</p>
<p>¿Qué haremos con el lesbianismo de Mistral?, ¿cómo podremos ingresar su deseo y el tránsito de su deseo en los espacios públicos, sin escándalos y sin ofensas? </p>
<p>La publicación de sus cartas con Doris Dana, una correspondencia de amor, de locura y de muerte (como diría Horacio Quiroga) rompen la ambigüedad de un extenso, constante rumor, porque Gabriela Mistral escribe cartas de amor a la joven americana y, más aún, parte importante de esa correspondencia está escrita por un masculino: “yo estoy consternado, sí,  consternado.” O bien “Olvidaste enteramente que soy un enfermo”. O “soy arrebatado, recuérdalo, y colérico”.<span id="more-9682"></span> Mistral en parte de sus cartas es “hombre” o se hace “hombre” mediante la teatralización que permite la escritura. Pero, incrementando la complejidad, ese “hombre” que escribe se firma fielmente: Gabriela. </p>
<p>El doblez mistraliano que se observa en este epistolario -él/ella- extrema la problemática entre sexo y género y nos recuerda que el amor y la escritura son también juegos. En el intenso juego del amor se pueden adoptar variadas identidades, de la misma manera que la escritura permite extremar o rehacer o inventar el “yo” según la necesidad del texto. La carta de amor es un juego por partida doble. </p>
<p>Para los que admiramos la obra de Mistral y reconocemos su valiosa y épica biografía, nada puede sorprendernos porque la poeta chilena adoptó múltiples identidades, máscaras y travestismos culturales a lo largo de su trayectoria. Incluso transitó el “juego” heterosexual, erótico, ardiente o urgente que está enteramente escrito en sus cartas al poeta Manuel Magallanes Moure. </p>
<p>Esta correspondencia amorosa de Gabriela Mistral se desarrolla en el tramo final de su vida, cuando se han consolidado los máximos honores literarios y se avizoran, a la vez, los máximos horrores físicos que más tarde van a ocasionar su muerte. </p>
<p>Las cartas permiten pensar que Doris Dana, una bella e ilustrada joven estadounidense de 28 años, es la que busca y planifica el encuentro con la poeta chilena que ya tiene 60 años. Ella es la que la enamora y ella la que la acompaña (a su manera) hasta la muerte de Mistral. </p>
<p>La narradora francesa Marguerite Duras declaró: “Tengo 72 años, estoy físicamente arrasada por el alcoholismo, pero todavía me asedian muchachos y muchachas porque quieren tocar a la escritora”. Doris Dana asedia a Gabriela Mistral, la toca hasta que consigue su amor. Pero la plenitud amorosa rápidamente se desmorona, experimenta tensiones y transformaciones. </p>
<p>Gabriela Mistral quiere que Doris sea su secretaria, que vivan juntas, que viaje con ella, que la asista en sus asuntos. Es necesario señalar que las relaciones amorosas de la poeta estuvieron ligadas a mujeres que ejercieron oficialmente como sus secretarias. En ese sentido no se diferencia de la relación tradicional entre los escritores  latinoamericanos y sus esposas que, en su gran mayoría, han cumplido la tarea simbólica de “secretarias” atendiendo los temas financieros, sociales y literarios de sus  maridos. Pero la poeta chilena es nómada, incapaz de adscribirse a una geografía. Doris Dana, al parecer, tiene una vida o quiere una vida ajena a las secretarías totales  y prefiere vivir parcialmente en Nueva York. Las crisis, las distancias, los reproches se multiplican hasta que Mistral cede y acepta que Dana también posea una identidad.</p>
<p>¿Cuáles son las constantes que señala esta correspondencia? Ambas mujeres están siempre enfermas, débiles, exhaustas, con los pulmones, el hígado o el corazón transidos, son hermanas en sus males, amigas en el intercambio incesante de síntomas. Y cómo no, el dinero, las cuentas de cheques conjuntas, los balances. Y para Mistral, en sus últimos años, la obsesión de comprar una (nueva) casa, esa casa que no es capaz de habitar y que no obstante ensueña&#8230; La casa como metáfora de un hogar que le permita alcanzar la estabilidad emocional y una pertenencia a la que en realidad nunca accedió.</p>
<p>Quizás ésta sea la correspondencia menos literaria de la escritora, seguramente porque Dana no frecuenta el mundo latinoamericano, pero aparecen menciones del horror de la poeta ante  la elección de Carlos Ibáñez o su malestar ante la arrogancia de Alone.</p>
<p>El elemento ultra dramático que contiene esta correspondencia radica en el deterioro y la confusión mental que progresivamente invade a la poeta. Escribe sus últimas cartas (particularmente los años 1954, 1956) cuando ya la enfermedad ha derribado la lucidez de su escritura.</p>
<p>Gabriela Mistral y Doris Dana han muerto. Lo más humano de ellas -los celos, las posesiones, la angustia- han cesado, porque: “hasta ese hondor recóndito la mano de ninguna bajará a disputarme tu puñado de huesos”. </p>
<p>Pero ¿qué haremos con el lesbianismo de Gabriela Mistral? </p>
<p>Respetarlo y, por qué no, alabarlo. </p>
<blockquote><p>NIÑA ERRANTE<br />
Cartas a Doris Dana<br />
Gabriela Mistral<br />
Lumen, 2009, 480 páginas.</p></blockquote>
<blockquote><p><strong>FRAGMENTOS ESCOGIDOS:<br />
“YO SERÉ LO QUE TÚ QUIERAS QUE SEA”</strong></p>
<p>“&#8230; ¡Qué estúpido ha sido el que más te quiere, Doris mía! ¡Perdóname, vida mía, perdóname! ¡No lo haré más! Y tú guardarás el control de ti, y haz fe en tu pobrecillo, que es un ser torpe, vehemente y envenenado por su complejo de inferioridad (el de la edad).<br />
Duerme, mi amor, descansa. Yo procuraré ser menos brutal y necio. Yo te debo el lavarme de estos defectos. Yo te debo la felicidad por cuanto he recibido de ti&#8230;<br />
Duerme, mi amor, Dios te cure de tu dolencia. Perdona el que te he herido, por no creerme amado, por pensarme postergado en tu corazón.<br />
Te beso, tuyo”. </p>
<p>***</p>
<p>“&#8230; Por favor cuídate para mí. La vida tuya tanto como la mía están en tus manos. Yo soy una gota de agua dentro del hueco de tus manos. Yo seré lo que tú quieras que sea, yo viviré por ti y el tiempo que quieran mi corazón flaco y tú, tú, Doris mía”. (15 de abril, 1949).
</p></blockquote>
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		<title>El Cisarro y los niños en la historia: Cuando el río suena&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Aug 2009 04:15:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cisarro]]></category>
		<category><![CDATA[delincuencia infantil]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/08/diamela.jpg" align="right"width=220/><br />
POR DIAMELA ELTIT</p>
<p>A lo largo de la historia, una de las figuras más misteriosas y oprimidas por el universo social ha sido el niño. Producido, escrito y descrito por  el poder de las instituciones –la familia, la escuela, la iglesia, el trabajo- su presencia social estuvo ligada a la categoría de objeto y no de sujeto. Administrado por las ideologías se construyó el niño “oficial” que poco o nada tenía que ver con la realidad social masiva de la infancia, marcada por el trabajo precoz de carácter esclavista, los abusos sexuales y la violencia física. Pero el racionalismo del siglo XVIII abrió un nuevo escenario y los tiempos se encargaron de desalojar la violencia explícita (escolar, familiar) como condición “natural” y, más aún, deseable para una buena formación social.   <span id="more-9241"></span></p>
<p>Hoy el niño es configurado según los dictámenes de los grupos dominantes: la burguesía y su correlato económico el capitalismo. Fue este sistema el que hacia finales del siglo XX decretó que el niño tenía derechos específicos y de esa manera alcanzó el estatuto de sujeto cuando se puso límites particularmente a la familia que ostentaba el absoluto control del alma y del cuerpo del niño. </p>
<p>Esos derechos fueron establecidos por el sistema justo cuando el mercado globalizado diseñó y atrajo hasta sus redes al “niño consumista”, ese niño que ya no aspiraba a los juguetes de madera o de cuerda ni menos a heredar la ropa usada de sus hermanos. </p>
<p>El ultra mercado primero generó y luego capturó el deseo del niño y lo transformó en un  cliente preferencial. Se abocó tanto al lujo como a la copia del lujo, y no desechó aún la falsificación de las marcas: celulares, computadoras, ropas, vajillas, muebles, accesorios de alto diseño, son las ofertas que rondan y modelan los imaginarios infantiles.</p>
<p>La instauración efectiva de los derechos del niño coincide con su ingreso masivo al ultra mercado como consumidor pleno y es ese consumo el que rompe su categoría de objeto y lo califica como un sujeto con derechos, en la medida que incrementa de manera notable las ganancias.</p>
<p>Mientras los derechos de los niños se erigen como centro en un mundo que se desea humanista, la ley se deja caer sobre el (otro) niño para ficharlo y penalizarlo lo más precozmente posible,  a ese (otro) niño que no compra sino que roba y rompe el pacto que cautela la propiedad privada.  </p>
<p>Pero ese (otro) niño a su vez es asaltado, “a cámara armada”  permanentemente por la televisión y los discursos públicos que lo usan y lo exhiben para sembrar el pánico social, subir el rating y satisfacer a plenitud a los auspiciadores. </p>
<p>Ese (otro) niño es mostrado como un mero objeto social; mudo, desconocido, carente de subjetividad, en suma  un “mal” salvaje que profundiza el terror de la mirada (burguesa) hacia los sectores populares donde se puede inferir que “hasta los niños son criminales consumados”.  </p>
<p>Sin ética alguna, la suma de voces han convertido al niño delincuente en un paradigma social despreciable y, de esa manera,  reproducen y multiplican no sólo la inequidad (Chile es uno de los doce países más desiguales del mundo) sino fomentan en la población marginalizada un comprensible resentimiento.</p>
<p>El Cisarro, actual y fugaz protagonista noticioso, es enteramente una víctima social, no sólo por sus condiciones familiares y culturales sino que se ha constituido en un cuerpo explotado por los espacios mediáticos, por la derecha política, por la `policía, por el gobierno y por el Estado. De manera vergonzante han usado y abusado de su imagen para establecer pedagogías falsas, amenazantes o zalameras. </p>
<p>El Cisarro, un niño de 10 años, existe como imagen porque su captura provocó la solidaridad de sus pares, los “otros” niños que buscaron devolverlo al espacio de la calle. Fue ese gesto y esa gesta infantil -que cita los operativos de liberación  de los presos políticos- la que propició el escándalo. Existe en el Cisarro un eco político que perturba y atrae a la opinión pública.</p>
<p>Pero el Cisarro ya está escrito. Hace mucho tiempo lo narró de manera impecable Alfredo Gómez Morel en su novela de formación del niño delincuente: El Río. Un río que suena, resuena y nos trae las mismas dramáticas piedras casi cincuenta años más tarde.</p>
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		<title>COSTOS Y CASTAS: “Chile, el paraíso más enfermo del consumo”</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2009 12:57:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[clases sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Diamela Eltit]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Diamela Eltit / Foto: Alejandro Olivares El sociólogo francés Pierre Bourdieu puso en entredicho la legitimidad del sistema democrático cuando demostró cómo y en cuánto los capitales simbólicos pesaban a la hora de ejercer y repartir los poderes. Precisamente este sociólogo remarcó la importancia de lo que denominó como “currículum silencioso” mediante el cual [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Diamela Eltit / Foto: Alejandro Olivares</p>
<p>El sociólogo francés Pierre Bourdieu puso en entredicho la legitimidad del sistema democrático cuando demostró cómo y en cuánto los capitales simbólicos pesaban a la hora de ejercer y repartir los poderes. Precisamente este sociólogo remarcó la importancia de lo que denominó como “currículum silencioso” mediante el cual se cursan las influencias de clase, familia y/o dinero que permiten el control constante de las hegemonías.<br />
Esta escritura con letra invisible es la que aniquila toda posibilidad de una fluida y trasparente movilidad social fundada en la “meritocracia”. Porque el “currículum silencioso” apunta a espacios pactados de antemano y posibilita una genética social que forma castas de poder. </p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/07/diamela.jpg" width=500 /></p>
<p>Las actuales castas chilenas se atrincheran en barrios (preferencialmente Vitacura y La Dehesa) y comparten su adicción por las (mismas) modas, restaurantes, marcas, tiendas, usos verbales, balnearios. Lo hacen buscando una exclusividad de alto precio que los distinga de la contraparte que más temen: lo que ellos llaman “el roterío”.<br />
Pero nuestras castas son bastante siúticas. Ya en la novela “Martín Rivas” publicada en el siglo XIX es posible detectar sus rasgos. La clase alta no es más que un conjunto de tics sociales rígidos y bastante dudosos: miméticos hacia realidades internacionales pero aferradas a un provincianismo estrecho, traspasado de ecos agrícolas. No obstante sostienen sus hábitos por el poder que otorga el flujo cómodo del dinero.<span id="more-7647"></span><br />
En general, la influyente derecha chilena aliada a una parte de la iglesia católica se estructura en estos tics y cuenta con el apoyo del mundo militar por su vocación a un orden maníaco (cercano a la mística religiosa) y por supuesto todo el remanente arribista de una ciudadanía aspiracional, proveniente de las capas medias que quieren pertenecer a un mundo en el que son percibidos como meros subordinados.<br />
Pero hoy tenemos que considerar la casta concertacionista. La Concertación a veinte años de control del poder estatal no ha conseguido producir una cultura propia y se ha plegado al imaginario sociocultural de la derecha. Muchos de sus dirigentes (no todos), pertenecientes a clases medias profesionales, habitan los mismos barrios que la derecha, veranean en parecidos o idénticos balnearios, cultivan la devoción por colegios particulares similares, entre otras características.<br />
Aunque la Concertación mantiene un discurso aparentemente diverso a la derecha, parte de su dirigencia (no toda), transita los espacios derechistas, celebra las marcas derechistas y maneja sus influencias y familias de modo derechista.<br />
De esa manera, aunque vivimos un régimen político binominal, heredado de la dictadura, existe entre la Concertación y la Alianza una serie de acuerdos tácitos que estrechan aún más el horizonte binominal. Y hay que pensar que la llegada al Congreso se desea como una condición vitalicia, un espacio de garantías económicas y dominaciones sociales semejante al antiguo modelo de la Hacienda.<br />
Y, como si fuera poco, los legisladores, aunque voten diferenciadamente, se unen para sostener sus privilegios económicos y, más aún, se presagia parte de un Congreso de tipo monárquico donde los hijos perpetúen la influencia de sus padres.<br />
La derecha representante del capital, cuida los intereses empresariales e inversionistas y los multiplica desde el Congreso, impidiendo leyes que lesionen las inauditas ganancias. El único proyecto político que tiene la Concertación, por su parte, radica en mantener a raya la línea de la pobreza y controlar la cesantía y para conseguirlo cuenta con la ayuda de los miles de presos a lo largo del país que bajan los índices de desocupación.<br />
Porque la Concertación no ha puesto límite a las ganancias, ha dejado hacer y deshacer a la riqueza (a la derecha) y de esa manera se ha generado una desigualdad sin precedentes en la historia chilena.<br />
Fuera de las castas, distanciados de sus privilegiados barrios, millones de chilenos habitan una situación cruzada por una fragilidad económica verdaderamente escalofriante. Millones de ciudadanos están sometidos a trabajos débiles que los empujan a la deuda y los transforman en víctimas perpetuas de la usura, esa usura multitudinaria que mantiene el ascenso de todo el sistema comercial y de servicios.<br />
Los mismos ciudadanos, en sus horas libres, son sometidos y domesticados por programas televisivos de calidad infrahumana, abiertamente distorsionadores de la realidad. Programas plagados de situaciones morbosas donde los denunciantes (generalmente habitantes de clases medias o mundos populares) son abusados por las cámaras. Sí, son abusados mediante la banalización intencionada de sus problemas (médicos y sociales) y sólo son expuestos como rating, como simple entretención pública.<br />
El conjunto del mundo televisivo y particularmente ciertos conductores de noticiarios y animadores de televisión son cómplices de esta situación porque promueven la espectacularización del delito (el crimen vende, decía Marx), de las enfermedades, de las confesiones personales, de las tragedias familiares y sociales mediante (falsos) gestos de horror y un cúmulo de frases estereotipadas.<br />
La crisis globalizada del neoliberalismo ha sido objeto de una perceptible censura por parte de los medios de comunicación chilenos. No se explica con detalles que es la peor crisis que ha afectado al capitalismo desde los años 30 del siglo XX, tampoco se discute su causa que es la infinita especulación de los privados en medio de un escenario económico desregularizado. Los Estados, a nivel global, han tenido que proveer de sumas increíbles a las empresas privadas y a los bancos para que no colapse todo el sistema económico mundial.<br />
No se dice que en Chile tenemos uno de los mercados más abiertos del mundo, fundado en las exportaciones que caen y van a seguir cayendo por la crisis. En medio de la crisis, el Estado chileno apoyó no sólo a la ciudadanía más pobre sino también a las empresas privadas. Lo hizo con nuestras riquezas (el cobre) y nuestro dinero como contribuyentes. En suma, nosotros nos sostenemos a nosotros mismos, pero también sostenemos a las empresas e inversionistas para que no quiebren.<br />
Pero las casas comerciales han convertido la crisis y la cesantía en un espectáculo festivo. De manera constante las promociones nos muestran alegremente que la farra consumista no ha terminado. Y, en el paraíso más enfermo del consumo, se ha abierto un constante y considerable espacio para que los desocupados puedan adquirir mercancías, acumulando las deudas y duplicando los intereses hasta que encuentren un nuevo trabajo.<br />
¿A qué ética social estamos apelando cuando las casas comerciales sustentan masiva, alegre y abiertamente sus ventas (usureras) en las futuras, inminentes cesantías?<br />
En fin. “Vendrán días mejores” escribió el poeta Rimbaud, justo un día antes que le cortaran la pierna.</p>
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		<title>El hombre sin atributos</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2008/11/09/el-hombre-sin-atributos/</link>
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		<pubDate>Sun, 09 Nov 2008 03:05:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[george w. bush]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Diamela Eltit, desde EE.UU. En medio de uno de los escenarios más turbulentos de las últimas décadas, se pone fin en Estados Unidos a un gobierno que es considerado un verdadero desastre. Desde cualquier punto de vista, Bush o “W” (según el cineasta Oliver Stone) deja, a nivel nacional e internacional, una estela de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2008/11/bush.jpg" align="right" />Por Diamela Eltit, desde EE.UU.</p>
<p>En medio de uno de los escenarios más turbulentos de las últimas décadas, se pone fin en Estados Unidos a un gobierno que es considerado un verdadero desastre. Desde cualquier punto de vista, Bush o “W” (según el cineasta Oliver Stone) deja, a nivel nacional e internacional, una estela de desgracias: en términos económicos estalla una de las peores crisis bursátiles de la historia de Estados Unidos que debe ser atenuada con el dinero de los contribuyentes para salvar consorcios y bancos. Pero, sin duda, su legado más terrible es lo que él mismo denominó como la guerra del siglo XXI; la invasión a Afganistán y la ocupación en curso de Irak (puesta en marcha mediante informes falsos) con miles de miles de ciudadanos irakíes muertos y pérdidas económicas y patrimoniales inconmensurables. Y, desde luego, Guantánamo como un sitio material y simbólico “sin Dios ni ley”, pleno de imágenes fragmentadas de prisioneros políticos encadenados en el interior de un espacio que rompe todos los pactos en materia de derechos humanos. Los mismos derechos humanos que fueron invocados por “W”<br />
para capturar y retener sin juicios ni legalidad alguna a los prisioneros. <span id="more-2359"></span></p>
<p>Bush y sus generales consiguieron producir un debate público acerca de la legitimidad de la tortura. Su gobierno justificó la tortura mediante torcidos argumentos que remiten a temas de seguridad nacional. Pero, finalmente, el punto es si una sociedad democrática -bajo cualquier circunstancia- puede acudir a la tortura para obtener información. Y la respuesta de una sociedad democrática debe ser: NO. Debe ser así porque no existe ninguna circunstancia que permita que agentes de inteligencia torturen para obtener información. </p>
<p>Tejano, petrolero, hijo de su papá, Bush liberó hasta el paroxismo los movimientos bursátiles que precipitaron la actual crisis, pero, por otra parte, se entregó a la “agenda cristiana radical” y promovió todo tipo de trabas para opciones como el aborto, un territorio político ya ganado por antiguas y agudas luchas culturales. </p>
<p>Contrario al matrimonio de parejas homosexuales, buscó lo imposible: impedirlos en un país que ha tenido un avance notorio en materias de derechos civiles para las minorías. Aún así, su “agenda cristiana radical” ha tenido éxito puesto que McCain que es “pro choice” en materia de aborto, eligió como su vicepresidenta a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, madre post 40 años de un hijo que ella sabía de antemano que nacería con síndrome de Down y cuya hija adolescente de 17 años será madre en breve. Precisamente Palin representa esos valores –digamos- Bush, el mismo Bush que peleó su candidatura con McCain en el 2000 y lo acusó de ser en realidad el padre biológico de la niña huérfana que adoptó en Bangladesh. Y esta calumnia le costó su opción política puesto que las diversas iglesias cristianas le retiraron su apoyo. Así triunfó Bush el 2000 (desde luego hay que considerar que es un hijito de su papá). Pero, claro, ahora McCain en su propaganda aseguró que Obama es socialista, musulmán y amigo de terroristas, lo que para el ciudadano común estadounidense, mayoritariamente cristiano, es realmente una mezcla difícil de soportar. </p>
<p>Aunque hay que destacar que Bush, más allá de los incontables problemas económicos, militares y gubernamentales que ha tenido que afrontar, es bastante “humano” y hasta relajado. Ha sido uno de los Presidentes de Estados Unidos que más vacaciones tomó durante su gobierno y nunca, en ningún momento, ha dejado de jugar con sus perros. Más aún, mientras caían las Torres Gemelas con miles de personas en su interior, viajó de emergencia en un avión -especialmente acondicionado para su seguridad y protección- acompañado por su esposa y sus privilegiados canes. </p>
<p>Por supuesto es un alivio que “W” deje de ser“W”. Pero lo realmente grave es que este hombre sin atributos haya conseguido dos mandatos para imponer el caos y el terror en los albores del siglo XXI.</p>
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		<title>Gótico, acciones y política</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 05:31:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diamela Eltit</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Diamela Eltit (Desde EE.UU.) Wall Street sube y baja. Sube y baja en medio de un sostenido aullido mediático, como si una diva estuviera severamente enferma o, quizás, cometiendo la peor de sus acciones. Porque son las acciones de Wall Street las que oscilan de manera sostenida y arrastran en su vaivén y en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2008/10/tvtv.jpg" align="right" />Por Diamela Eltit (Desde EE.UU.)</p>
<p>Wall Street sube y baja. Sube y baja en medio de un sostenido aullido mediático, como si una diva estuviera severamente enferma o, quizás, cometiendo la peor de sus acciones. </p>
<p>Porque son las acciones de Wall Street las que oscilan de manera sostenida y arrastran en su vaivén y en su caída (tal como la letra de un tango) a otras bolsas y los especialistas alertan al “main Street” a prepararse para los tiempos venideros pero sin especificar –porque nadie sabe-cuál será el espesor de los tiempos venideros. Una incerteza espectacular o convertida en espectáculo por la sed comercial de los medios de comunicación que hablan rápido, rápido, porque el tiempo televisivo es oro o petróleo y casi no se les entiende por la velocidad “a chorro” que tienen sus expresiones. Pero sí gestos que indican que algo terrible está ocurriendo o a punto de ocurrir, de tal magnitud que el Estado (¿marxista acaso?) ha tenido que intervenir y se ha hecho dueño de los bancos y de los principales consorcios inversionistas. <span id="more-1988"></span></p>
<p>Esta intervención (¿acaso marxista?) ha sido necesaria para evitar el colapso total del capitalismo que auguró precisamente Marx y que ha encendido una luz roja mundial obligando a todos los países poderosos a prepararse “estatalmente” para mitigar esta crisis que se va a desencadenar sí o sí. </p>
<p>Esto ha ocurrido básicamente por culpa de los “bankers” (mezcla de bancos y gangsters) y una des-regularización que hizo crecer la espuma con la que se alimenta la especulación. En tanto el aullido bursátil se cursa de manera paralela y, aún más, simultánea con los dos próximos eventos, desde luego estelares: Halloween y la elección presidencial es Estados Unidos. </p>
<p>Las vitrinas newyorkinas no dejan de exhibir un gótico-Disney como, por ejemplo, las tiendas de artículos de cocina recorridas por gigantescas y toscas tarántulas de plástico que trepan de manera ostensible sobre platos, ollas y todo tipo de vajillas. Y, en medio de la apretada multitud que circula por Union Square, una mujer asiática, cubierta por una túnica blanca y calzando unas sandalias casi imperceptibles, camina en plena vía pública cargando sobre sus espaldas un contundente esqueleto de plástico de tamaño natural proyectando, desde luego, una imagen desconcertante que rompe la indiferencia ante las modas y los estilos callejeros y concita la mirada asombrada de cada una de las personas que nos cruzamos en su camino. Una versión estrambótica pero que mantiene un tipo de conexión con el clásico Cristo cargando su también clásica cruz. La noche de brujas se ha apoderado de una cantidad impresionante de vitrinas que se vuelven simétricas al miedo ante el desplome de Wall Street. </p>
<p>Y como si fuera poco se extiende la pasión ante la próxima elección presidencial. Por ahora Barak Obama lleva la delantera, sus puntos son mayores o mejores que los de McCain. La responsabilidad de la mala fortuna del candidato republicano la tendría el Presidente George Bush y su gobierno que es evaluado como el peor de la historia de los Estados Unidos. </p>
<p>Sin embargo, más allá de las alentadoras encuestas a favor de Obama, los especialistas se preguntan sobre el comportamiento “final” del electorado, debido a la cuota de racismo que recorre a parte de la población. No sólo es la candidatura demócrata sino la posibilidad de un Presidente no blanco para el imperio americano. </p>
<p>En los imaginarios de los analistas resurge Rusia como “el enemigo”, sólo que esta vez Putin se presenta como aliado de Chávez. Incluso Obama en el segundo debate manifestó que consideraba esta unión como muy adversa para USA, mientras McCain cuando le preguntaron en un programa de radio por Rodríguez Zapatero, el jefe del gobierno español, pensó que se referían a los zapatistas mexicanos y contestó que él no estaba dispuesto a conversar con terroristas. </p>
<p>“Los Estados Unidos tosen toda la noche y no nos dejan dormir” escribió Allen Ginsberg. El Aullido, su poema más iluminado.</p>
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