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	<title>The Clinic Online &#187; Patricio Araya González</title>
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		<title>La fama es “emífera”</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Mar 2010 12:16:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Chilean News]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. A estas alturas, cuando la sensibilidad social se encuentra al límite tras los temblores y las angustias, cabe preguntarse si habrá una sola persona en Chile que no se haya conmovido con el estremecedor relato que el niño Víctor Díaz hizo sobre la tragedia que sufrió su querida Iloca, devastada por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2010/03/zafrada.jpg" align="right" width=200 /></p>
<p>Por Patricio Araya G.</p>
<p>A estas alturas, cuando la sensibilidad social se encuentra al límite tras los temblores y las angustias, cabe preguntarse si habrá una sola persona en Chile que no se haya conmovido con el estremecedor relato que el niño Víctor Díaz hizo sobre la tragedia que sufrió su querida Iloca, devastada por el terremoto del 27 de febrero, y luego castigada por un feroz tsunami. El pequeño Víctor narra en pocos minutos lo que ya sabíamos, incluso antes del terremoto: que Chile es la tierra de las desigualdades. Y que Iloca apenas aparece en la guía de Sernatur.<br />
Sin embargo, la de Víctor es una historia bien contada. En verdad tiene de todo: llanto, compasión, vergüenza e impotencia, incluso esa picardía ladina, campesina, costeña. Lloramos por Víctor, pero también sentimos vergüenza, y sobre todo, tomamos conciencia de nuestra impotencia ante la adversidad, y más que todo, impotencia por no poder hacer más que mirar la miseria de la que está hecha una buena parte de la vida de miles de chilenos que no tienen más techo que el cielo, y más luz que el sol del atardecer; miles de chilenos que nacen y mueren en caletas como pescadores, como<span id="more-14391"></span> pirquineros en los túneles lúgubres de Curanilahue; miles de nuestros compatriotas que nacen y mueren entre los repollos de sus ferias; miles de los nuestros que nacen y mueren entre la llovizna de harina de panaderías y amasanderías de barrios pobres; miles de hombres, mujeres y niños que se juegan a diario su vida en una esquina sobre un tapete clandestino; miles que nacen y mueren sin el privilegio de gozar de esa mierda a la que llamamos felicidad, y que apenas pueden entender nuestro mísero afán por darle seguridad a nuestros trastos que tanto adoramos.<br />
Pero este Víctor Díaz de apenas ocho años –descubierto por un anónimo periodista de La Tercera TV, y luego explotado hasta la saciedad por el consumismo mediático–, ya sonaba en nuestra memoria colectiva. Nuestra historia reciente ya asesinó –pero no olvidó– a muchos otros Víctor, empezando por Víctor Jara hasta llegar a su homónimo, el dirigente comunista Víctor Díaz (padre de Viviana Díaz, líder de la AFDD).<br />
Tenía que venir la pachamama a remecer nuestra tranquilidad, para que tras la polvareda surgiera un niño anónimo que nos enrostrara nuestro egoísmo, nuestra ceguera y sordera. Tuvo que ser la furia del mar la que nos revelara el país que muchos se niegan a ver: un país fragmentado, cuya riqueza concentrada en un par de afortunados quintiles se sustenta sobre la miseria de la mayoría.<br />
Víctor Díaz es la muestra médica de una droga que nos destruye, pero que “necesitamos” para la buena marcha de la asquerosa economía. Si la precariedad material de un mocoso encantador nos sobrecoge a la hora del té como Oliver Twist, o sólo acabamos riéndonos de sus particulares vocablos, como “zafrada” o “hablamiento”, es que no entendimos nada de lo que nos dijo.<br />
Víctor nos habla desde la inocencia más absoluta de sus ocho años, nos habla desde su aún inconsciente conciencia de clase; lo hace desde su futuro predecible al borde de una lancha donde un día se enfrentará a lo que la vida se digne a regalarle, porque, igual que su padre pescador, también se encontrará de frente con el país real que queda después del chovinismo de creernos justos y buenos. Pobre Víctor. Inocente Víctor.<br />
Recuerdo a mi amigo de infancia, Jorge Posadas, quien a causa de su condición de séptimo hijo varón, lucía con orgullo su calidad de ahijado del ex Presidente Jorge Alessandri. Al pobre “Piruco”, como lo llamábamos, nunca lo quiso conocer su famoso padrino. “El paleta” nunca se paleteó con él. Al menos Piñera fue a conocer al Víctor de moda. Le llevó una escuela de utilería para que se deje de hinchar, y una pelota por si en una de esas, el cabro chico se convierte en otro “Chupete” Suazo y el tío Ruiz-Tagle lo transa a buen precio en los pastos de Pedreros. La tía “Ceci” le hizo añuñui y hasta el comisario le pasó la mano por la cabeza. ¡Qué pendejo más tierno!<br />
Hay un solo problema. Cuando pase el temblor e Iloca vuelva a ser un paraíso anónimo de pescadores, y la escuela de Víctor, y su Susanita, y su amigo ése “que se fue pa’ allá lejos”, con el que se agarraban a cuetes y después se abrazaban de puro gusto, a nadie importarán.<br />
Chile es un país de consumidores desatados, brutales, salvajes. Antes de Víctor, la tele creó y luego sepultó a un mozalbete de apellido Ballero y a otros tantos chicos realitys; lo mismo hizo con un “gorrión” de Conchalí y una niña llamada Kristel, e incluso, los medios –la prensa de derecha, en particular– hace poco inventaron un personaje llamado MEO con el que dejaron la que te cuento al interior de una cosa que se llamaba “Concertación”.<br />
Con toda seguridad, los productores de matinales buscarán a Víctor para subir el rating. No faltará una fundación que lo apadrine y hasta algún gerente de retail le regale una tarjeta con unas quinientas lucas. Víctor es tan inteligente que ya le hizo su guiño a la maldita TV. Ojalá lo aproveche, porque, como dijo el filósofo “Piter Veneno”: “la fama es emífera”.</p>
<p>Video de Víctor Díaz, &#8220;Zafrada&#8221;:</p>
<p><object width="480" height="385"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/tUZOaEZL8As&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/tUZOaEZL8As&#038;hl=es_ES&#038;fs=1&#038;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"></embed></object></p>
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		<title>Marco sin título</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 17:06:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poder]]></category>
		<category><![CDATA[marco enríquez-ominami]]></category>
		<category><![CDATA[título universitario]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/11/birrete2.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Por Patricio Araya G.</p>
<p>El mito urbano le atribuye al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva las siguientes palabras, dichas con motivo de su asunción al cargo: “E eu, que durante tantas vezes fui acusado de não ter um diploma superior, ganho o meu primeiro diploma, o diploma de presidente da República do meu país”. (Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mí país).<br />
Aunque sus asesores no validan estas palabras, de ser ciertas, ellas darían cuenta de que la posmodernidad –aquel generoso paraguas social y moral inventado para preservar al homo sapiens occidental como especie dominante–, no estaría dispuesta a dejar pasar un detalle tan significativo como aquél, para cumplir con la ritualidad del éxito público: una educación formal (léase, un título universitario).<span id="more-11406"></span><br />
Tal vez Lula da Silva nunca haya requerido semejante rúbrica académica. A él sólo le bastó abrirse paso desde el sindicalismo anónimo de la fábrica paulista, hasta la gran politik de Planalto, para consolidarse como lo que es: el Rey Momo de su pueblo. Un auténtico self made man salido de las calles y la favela. Los brasileños lo aman tanto o más que a Pelé. Fue Lula quien consiguió para su país la sede de la Copa del Mundo de 2014 y las  Olimpiadas de 2016. Dos eventos deportivos que podrían llevar a Brasil a las grandes ligas del desarrollo. Ni siquiera Obama, ni la tecnología japonesa, ni la realeza española en persona, pudieron contra el ex obrero en Copenhague cuando el Comité Olímpico Internacional decidió que Río de Janeiro sería la sede de 2016. A eso algunos le llaman suerte, otros, impronta.<br />
¿Podría hoy ser importante para un país tener un presidente universitario, o será suficiente un sello tan arrasador como el de Lula? ¿Acaso un cartón es suficiente garantía como para no llevar el país a la debacle o al desgobierno? Argentina es gobernada por una abogada (Cristina Fernández), lo mismo que Perú (Alan García). Ecuador tiene un presidente economista (Rafael Correa) y Uruguay es gobernado por un médico (Tabaré Vásquez). Por su parte, el presidente boliviano (Evo Morales) es un ex dirigente cocalero. Todos, sin excepción han tenido sus momentos de crisis institucional.<br />
Que Marco Enríquez-Ominami sólo haya cursado una licenciatura en filosofía, y no tenga un título universitario para archivar como antecedente en la Contraloría, sino un mero grado académico que lo habilita para cursar otros estudios superiores, como magíster y doctorado, podría ser un detalle que muchos estarían dispuestos a soslayar. O bien podría ser un gran mérito en cualquier parte del mundo, menos en Chile. Aquí la universidad es valorada al punto de situarla como el epítome de la perfección, el sumun de la inteligencia intelectual, el final del camino, la llave maestra del éxito social, y por qué no decirlo, el abrelatas de una carrera política que bien podría acabar en La Moneda. Al fin y al cabo, todos los presidentes concertacionistas (Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet) se graduaron en la universidad.<br />
Y qué decir de esa martingala con que nos atormentan desde la sala cuna: “tienes que sacar un cartón y ser útil a la sociedad”. Cartón entendido como título universitario. Todo lo demás pareciera ser de segunda categoría. De hecho, en la administración pública impera la cultura distintiva entre profesionales y simples funcionarios, distinción que determina categorizaciones salariales y sociales. ¿Por qué entonces el Presidente de la República tendría que eximirse de una cuestión tan significativa como ésta?<br />
La exigencia de estudios superiores para alguien que en algún momento tendrá que designar a importantes autoridades, como jueces, embajadores, altos oficiales de las fuerzas armadas, directores de todo orden, intendentes y cientos de funcionarios públicos de alta gradación, podría justificarse sólo en el entendido que el jefe siempre tiene que saber (entender) más que el subordinado, o al menos, contar con un staff de asesores muy competentes que lo salven de meter las patas. Con certeza a Marco se le exigirá –como alguna vez dijera Luisa Durán–, algo más que leer un par de libros y hacer una película. Es su deber estar más preparado. El país no es un club de amigos. (¿O sí?).<br />
Entonces, ¿de qué sirve la presión ejercida sobre la juventud para obligarla a obtener en la universidad –y sólo en la universidad–, el mentado pasaporte del éxito social? El sentido común podrá responder esta inquietud desde la perspectiva del consenso: no todos están obligados a ser universitarios, pero el país requiere profesionales; también se necesitan técnicos y obreros. Sin embargo, ese mismo sentido común sostiene la tesis de que el cargo de Presidente de la República, merece algo más que un grado universitario, implica, sobre todo, capacidad de enfrentar escenarios improbables, capacidad de liderazgo y una gran proactividad frente al futuro. Cierto o no, tal vez una persona que haya sido sometida al rigor de una formación académica consistente, esté mejor preparada para emprender la tarea de gobernar un país. Lula es, desde luego, una notable excepción.</p>
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		<title>A Piñera no lo quiere la suegra</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Oct 2009 15:29:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Coalición por el Cambio]]></category>
		<category><![CDATA[Piñera]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. Así como hoy el problema de la derecha ya no es esa Concertación que alguna vez aglomeró el descontento social y político que ella representaba con su apoyo incondicional al dictador, el problema de Piñera hoy día no es Frei. Ni siquiera lo son Arrate o MEO. A la Coalición por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/10/0pinera.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Por Patricio Araya G.</p>
<p>Así como hoy el problema de la derecha ya no es esa Concertación que alguna vez aglomeró el descontento social y político que ella representaba con su apoyo incondicional al dictador, el problema de<br />
Piñera hoy día no es Frei. Ni siquiera lo son Arrate o MEO.<br />
A la Coalición por el Cambio ya no le preocupan la izquierda no admitida en el Parlamento desde 1990, ni aquellas facciones escindidas por decisión propia del conglomerado gubernamental, que podrían haberse ido contra ella en algún momento. De ellas se ha ocupado y despreocupado a su turno la mismísima Concertación, a tal punto, que ésta ha construido (definido) en ellas un “enemigo interno” al que siempre ha controlado, ya sea complaciéndolo con pequeñas prebendas post electorales, o mediante el cinismo de la política como arte de lo posible.<span id="more-10560"></span><br />
Por su parte, la derecha ha utilizado la misma estrategia del enemigo interno de su “adversario” oficialista: los opositores no son los otros, sino los de la misma vereda. Dicha realidad ha sido comprobada varias veces en los últimos años. En Chile ha desaparecido la verdadera controversia, aquella que se hacía en términos dialécticos, donde las ideas tenían colores y olores; sabores y pasiones. Lo de hoy es el consenso funcional. Un auténtico Pacto Von Ribbentrop-Mólotov. La no agresión por antonomasia.<br />
¿Para qué enemistarse con el adversario real pudiendo hacerlo con alguien de la propia trinchera? La fórmula les ha reportado excelentes dividendos a la Concertación y a la derecha. Aunque la razón (la familia siempre perdona) resulte tan riesgosa como la memoria imperecedera del ofendido: ni perdón ni olvido.<br />
Por ello, al candidato opositor le viene como a nadie eso de que no hay peor astilla que la del mismo palo. Frei no pone en riesgo la candidatura de Piñera, como sí lo hace la derecha. Ya en la segunda vuelta del 2006 –y en gran medida durante la primera en diciembre de 2005–, los aliados gremialistas de Piñera le demostraron lo poco y nada que lo querían, y lo mucho que lo despreciaban, en especial, por haberle salido al camino a su carta presidencial de entonces: Joaquín Lavín.<br />
De modo que el principal escollo de Piñera no es político, sino “familiar”. Y peor aún: aquello está lleno de rencores. A Piñera nunca le perdonaron en la UDI haberle aguado la fiesta a Lavín en la presidencial de 2005, cuando sobre éste existían muchas más expectativas y posibilidades. Al entrar al ruedo, Piñera desarticuló la votación de la derecha, lo que al final complicó a Lavín.<br />
En la primera vuelta de 2005, Sebastián Piñera obtuvo 1.763.694 votos, mientras que Joaquín Lavín consiguió 1.612.608 votos. La suma de ambos candidatos (3.377.302 votos) fue superior a la de Michelle Bachelet (3.190.691 votos). En esa oportunidad la derecha tenía una diferencia de 186.611 votos sobre la candidata oficialista. Sin embargo, un mes después Piñera sólo alcanzó 3.236.394 votos contra los 3.723.019 que le permitieron a Bachelet ser presidenta.<br />
La primera conclusión es que al menos 140.908 de esos 186.611 votantes de derecha le dieron la espalada a Piñera en enero de 2006. La segunda, es que en su mayoría aquéllos eran partidarios de Lavín. Partidarios que no lograron superar su bronca contra un candidato que no los representaba, y que evadieron el puerta a puerta que necesitaba Piñera para consolidar la diferencia a favor; partidarios que se largaron de vacaciones –como el recién electo senador Longueira– , o se dieron el gusto de votar por Bachelet sólo para no ver a Piñera en La Moneda. Todos, sin excepción, astillas del mismo palo.<br />
El problema de Piñera no son sus colegas de papeleta. A él no lo quiere doña Tremebunda, aquella ampulosa suegra que habita en la casona de calle Suecia, y cuyo nombre es UDI. Piñera no despierta en los militantes de ese partido toda la simpatía transversal que debería provocar un candidato en su gente a dos meses de una elección. Por el contrario, el cariño de la UDI es forzado, a contrapelo, con la boca chueca. Allí todos están convencidos que esta era la elección de Lavín y no la de Piñera.<br />
Si él pretende ganar, primero tiene que “abuenarse” con la suegra. Tiene que jurarle a esa señora una agenda valórica de peso, y que no está ni ahí con la “píldora del día después”, y comprometerse con ella a no legislar sobre nada que altere su conservadurismo, y que asegure el predominio de sus privilegios. Sólo hay una dificultad: la suegra no lo pesca. ¡No se oye, padre!<br />
Uno podrá enojarse con la suegra por ser metiche, odiarla inclusive, sin embargo, nadie puede ignorarla al límite de considerarla un simple escollo, en circunstancias que es una muralla china. Piñera no es un tipo de sutilizas como para ganarse el cariño de su suegra, ni mucho menos heredó un poco de la diplomacia de su padre. Al cabo, Piñera es menos inteligente y hábil de lo que parece o pretende ser. Todavía no es capaz de atinar con la suegra.<br />
Así nadie puede.</p>
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		<title>Transparencia Internacional</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 11:49:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. ¿Es Chile un país transparente? No. Nunca lo ha sido, ni lo será jamás. Pensar lo contrario es sumar otro enfermizo engaño a nuestra fantasiosa historia de país idealizado, como departamento piloto. En doscientos años hemos perfeccionado –como ningún otro país de la tierra– el misterio, la ambigüedad; las cosas en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/10/transparencia.png" align="right" width=180 /></p>
<p>Por Patricio Araya G.</p>
<p>¿Es Chile un país transparente? No. Nunca lo ha sido, ni lo será jamás. Pensar lo contrario es sumar otro enfermizo engaño a nuestra fantasiosa historia de país idealizado, como departamento piloto. En doscientos años hemos perfeccionado –como ningún otro país de la tierra– el misterio, la ambigüedad; las cosas en la medida de lo posible. Es decir, nos conformamos con la ley del mínimo esfuerzo.<br />
Nos basta ver a un ratero tras las rejas para creer que se ha hecho justicia, a sabiendas que su condena no será cumplida en virtud de unas garantías insólitas. Delegamos nuestra soberanía en ciertos granujas que apenas califican, sólo para sentirnos en democracia. Al fin, vivimos en un lugar a medias, al que llamamos “nuestro país”, o “el terruño”, según sea la gradación alcohólica del momento. Pobre del que ose poner en tela de juicio alguna cosa. De inmediato es motejado como “conflictivo”, “anarquista”, “resentido”.<span id="more-10296"></span><br />
Dejémonos de leseras. No somos ni seremos Finlandia, ni ninguno de esos paraísos terrenales que superaron la barbarie. Somos (éramos) apenas un poco mejorcito que Paraguay o Myanmar. Nos quedamos en el intento de ser lo que tanto admiramos del primer mundo (su cultura), chapoteando en las vías del subdesarrollo, tapando las goteras con los títulos que nos dimos para auto convencernos que lo habíamos logrado todo. Somos una Honduras más “blonda”, con Metro y más celulares, y dentro de poco, con televisión digital. Pero olemos a banana.<br />
Ni siquiera somos transparentes en el plano familiar, íntimo. ¿Por qué entonces esperar que lo seamos en lo público? Y qué decir de nuestra honestidad, que no es lo mismo que nuestra transparencia. Transparencia y honestidad no son sinónimos, aunque parezcan. La primera es un medio, un vidrio que permite observar un objeto, un lugar (una joya, el mar). En lo público, la transparencia devela el comportamiento ético-legal de las instituciones y los estados. Por su parte, la segunda, es un atributo de la moral de los individuos.<br />
Entonces, ¿por qué tendemos a homologar estos términos? Tal vez porque las personas actuamos mucho más en lo público de lo que pensamos. Que una persona o una institución nos parezcan “transparentes”, no significa que sean honestas o éticas. Sólo connota su disposición a mostrar sus cartas, no que su juego sea legal o legítimo; limpio. De modo que la transparencia per se no es un talismán moral. Ella sigue siendo un medio, no un fin. Que observemos el mar desde una colina no nos permite sentir la temperatura del agua. Pero eso nos basta para construir realidades en torno suyo; le atribuimos cierta poesía o miedo; un valor.<br />
Desde pequeños consentimos en colusiones tribales, como “que esto no lo sepa nadie, es un secreto de familia”. Qué decir del embarazo adolescente. Tal vez el secreto familiar más valorado y mejor guardado del Bicentenario. ¡Uf!, en él se hipoteca la honra ancestral de la parentela, su reputación. Nuestros núcleos más férreos están rodeados de un halo sagrado. Estamos llenos de secretos, que de saberse, podrían incluso hacer añicos el abanico de amistades que nos han prodigado su cariño y favores por años. Las familias más empingorotadas –tal como las más vulnerables a la violación que los medios suelen hacer de su intimidad, mostrando su miseria en carne viva– también tienen sus secretillos. Unos más vulgares, otros más “tradicionales”: la típica herencia que todos añoran, cuentas impagas, estafas varias, un tío sinvergonzón, una hija prosti, un sobrino coliflor.<br />
Incluso, frente a los primeros errores cometidos, nuestras madres abonan ese secretismo que idolatramos como códice bíblico: “que tu padre no se entere de esto”. Acaso un buen azote del jefe no sería lo recomendable, antes que convertir a su mujer en nuestra alcahueta. ¡Pobre de ella! Y lo peor es que crecemos dentro de esa honestidad malentendida, a la que ni siquiera nos atrevemos a llamar deshonestidad. No somos deshonestos, somos honestos a nuestra manera, como la religión: a nuestra laya.<br />
De allí pasamos a las trampas y mentiras que cada vez involucran y afectan a más personas (los hermanos, los primos, los tíos, los abuelos, los vecinitos), hasta que llegamos a destino: la institución. Primero a la escuela básica (donde le birlamos el membrillo al compañero pajarón); luego al liceo (¿quién no le copió al mateo del curso?), a la universidad (donde hoy está tan de moda la cultura del “copy-paste”), al trabajo (donde se pone en práctica el “aprendizaje” previo), a la municipalidad (el lugar de lo máximo posible), al gobierno (la tierra prometida).<br />
Podría decirse que la transparencia acaba a los cinco años. En fin, nos acostumbramos a mentir como parte de nuestra rutina diaria. No son grandes mentiras ni tampoco cuestiones que nos avergüencen a morir. Por el contrario, las consideramos parte de nuestro inventario ético (o moral); apenas somos capaces de concebir el auto reproche como una necesaria forma de mejorar frente a los otros. Eso se lo dejamos a los otros. La corrupción no es una cuestión que se dé de la noche a la mañana, de un rato para otro, como un balazo. Es, por el contrario, como la osteoporosis: una epidemia silenciosa.<br />
Al cabo, la versión chilensis de esa sacrosanta institucionalidad llamada Transparencia Internacional, no era (no es) tan transparente. ¿Acaso tendría que serlo? Se trata, en rigor, de una cuestión de intención, es decir, de responder al imperativo de erguirse desde el púlpito para señalar la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio, sólo para cumplir con los mínimos estándares de honestidad pública. ¿Llegaremos algún día a prescindir del culto por esas modas que otros inventan y entienden, como aquella de transparentarlo todo? Chile tal vez no necesite la transparencia como parámetro de desarrollo. Nuestro modus vivendi, ¡qué terrible!, seguirá regido por la respectiva adaptación “a la chilena” de todo lo que cruza nuestras fronteras. </p>
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		<title>Girardi financiaría campaña de su hermana con plata del Senado</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/10/02/girardi-financiaria-campana-de-su-hermana-con-plata-del-senado/</link>
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		<pubDate>Fri, 02 Oct 2009 14:44:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cristina Girardi]]></category>
		<category><![CDATA[guido girardi]]></category>

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		<description><![CDATA[Patricio Araya G. No sólo los cinco diputados que investiga la Fiscalía Regional de Valparaíso podrían verse complicados por pagos efectuados a sus asesores. También algunos senadores, como el PPD Guido Girardi Lavín están expuestos a una investigación similar. Al menos dos ex funcionarios de la municipalidad de Cerro Navia, que trabajan en la campaña [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/10/guido.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Patricio Araya G.</p>
<p>No sólo los cinco diputados que investiga la Fiscalía Regional de Valparaíso podrían verse complicados por pagos efectuados a sus asesores. También algunos senadores, como el PPD Guido Girardi Lavín están expuestos a una investigación similar. Al menos dos ex funcionarios de la municipalidad de Cerro Navia, que trabajan en la campaña a diputada por el Distrito 18 de la ex alcaldesa Cristina Girardi Lavín, han sido remunerados en lo que va de año con cargo al ítem “Labor Parlamentaria” correspondiente al senador y vicepresidente del PPD, bajo el rótulo “Asesor Parlamentario”, según informa la Tesorería del Senado en su sitio web, por un monto de más de $500 mil mensuales.<span id="more-10141"></span></p>
<p>Se trata de Luisa Gaona Figueroa, quien durante la administración de la ex alcaldesa Girardi, se desempeñó a contrata en la Oficina del Adulto Mayor del municipio de Cerro Navia. Allí coordinaba las actividades de las organizaciones de ese grupo etario, como paseos, celebraciones y encuentros financiados con presupuesto municipal. Pero, sobre todo, tenía una función más política y estratégica: poner a disposición de la alcaldesa a los ancianos cada vez que ésta lo requiriera para diversos propósitos mediáticos. Los costos de traslado y alimentación de los ancianos eran financiados por la oficina de Gaona.</p>
<p>También figura como “asesor parlamentario” del senador PPD, Luis Molina Gaete, ex funcionario municipal. En realidad es un empleado que desde hace tiempo trabaja para el Girardi, efectuando diversas funciones en Santiago Poniente. Molina ha recibido honorarios fiscales, como demuestra la Tesorería del Senado. Fue remunerado durante los años 2005 y 2006 (al menos) por la municipalidad de Cerro Navia mientras manejaba un camión de la campaña a senador del entonces diputado Guido Girardi, y “certificado” por personal de confianza de la ex alcaldesa Cristina Girardi como un trabajador adscrito al departamento de Relaciones Públicas y Comunicaciones, con cargo a diversos programas municipales, sin que estuviera clara su labor específica. En la práctica, Molina nunca prestó servicio a esa institución.</p>
<p>Ni siquiera la Secretaria de Planificación de la época, Carolina Roe Atria (militante PPD, hoy en el Gobierno Regional de Santiago, y quien salió de Cerro Navia en medio de un escándalo de corrupción hasta ahora no investigado en el municipio, no obstante existir un acuerdo de Concejo en esa dirección), cuestionó el cometido de Molina.</p>
<p>Roe también autorizó otros programas de la gestión de Girardi, cuya finalidades ulteriores solían diferir de sus propósitos originales, como una fastuosa proclamación en 2005 con fondos y personal municipales (alrededor de $7 millones) en favor del entonces diputado Guido Girardi, candidato a senador por Santiago Poniente. La actividad fue enmascarada como “día de la cultura en Cerro Navia”, un show artístico destinado a entretener a los vecinos, donde sólo hubo espacio para un orador: el candidato Girardi. El resto de la programación “cultural” corrió por cuenta de la sonora de Tommy Rey.</p>
<p>En relación a las certificaciones indispensables para el pago de honorarios de Luis Molina Gaete, éstas fueron visadas por el entonces relacionador público de la municipalidad, Jorge Flores Valenzuela, quien a su vez actuó por instrucciones de la jefa de gabinete de Girardi, la estudiante de derecho Carolina Codocedo (hoy contratada en Pedro Aguirre Cerda como experta en Vivienda).</p>
<p>La Tesorería del Senado da cuenta de pagos a estos dos “asesores” en los meses de mayo y junio de 2009. El nombre de Luisa Gaona Figueroa aparece en el subíndice B1 “Pagos efectuados por la Tesorería del Senado según documentos”, con un honorario por 300 mil pesos correspondientes al mes de mayo, cuestión que se repite en junio, sin perjuicio de su actual situación laboral que la mantiene ligada a la campaña de Cristina Girardi. En tanto, el nombre de Luis Molina Gaete aparece en el mes de junio con un pago de $222.222 como “Asesor Parlamentario”.</p>
<p>Como si la generosa plantilla parlamentaria 2009 por el Distrito 18 (que en esta oportunidad incluye a diez candidatos, entre ellos la propia Cristina Girardi y la esposa del senador ex PS Alejandro Navarro, Ana García) no fuese suficiente para complicar los planes del senador Girardi de mantener la hegemonía familiar en la zona, ahora surge esta nueva, que implica dar explicaciones a la Tesorería del Senado. El pasado 12 de agosto la comisión de Régimen Interior acordó que: “…Los gastos en personal corresponden a servicios prestados para el Senador, mediante contrato de trabajo o boleta de honorarios, en los cuales se especificarán las labores realizadas”.</p>
<p>Resulta curioso, al menos, que Luisa Gaona y Luis Molina, puedan certificar competencia como para que el Senado autorice los respectivos pagos, sin cuestionar sus habilidades, y comprobación respecto a la efectiva prestación de servicios al senador Girardi. Tal como ha manifestado la propia Luisa Gaona, ella trabaja para la ex alcaldesa Girardi y no para su hermano senador. La situación puede ser muy compleja para el legislador PPD, quien tendrá que demostrar ante su Corporación cuáles fueron los servicios que justificaron los pagos a Molina y Gaona.</p>
<p>Luisa Gaona mantiene una antigua amistad con la hermana del senador Girardi. Ambas se conocen desde principios de los noventa, cuando la primera era una avezada dirigente poblacional con redes construidas durante la lucha contra la dictadura al interior de lo que fueran Las Barrancas, y la segunda era una tímida e inexperta aspirante a concejala por la naciente comuna.</p>
<p>Antes de su primera incursión política en Cerro Navia, Cristina no figuraba en la memoria del lugar. Fue Gaona quien la presentó a todos los dirigentes sociales, la hizo conocida, y la acompañó a reuniones dentro y fuera de la comuna.</p>
<p>Desde aquella campaña de Cristina Girardi (a principios de los 90) hasta la actual como diputada, el trabajo de su amiga ha sido fundamental, como también lo fue en la campaña que llevó a su padre Guido Girardi Briere (destacado médico broncopulmonar infantil) a la Cámara de Diputados en 2005, ocasión en que Gaona lo “paseó” por los clubes de adultos mayores.</p>
<p>En 1992, Cristina Girardi logró llegar al Concejo Municipal (17,17 por ciento de la votación) y dos años después (producto de un acuerdo al interior de la Concertación) reemplazó al primer alcalde en democracia, el DC Rafael Hernández. Luego fue reelegida como alcaldesa por tres períodos consecutivos bajo al alero del PPD, hasta diciembre de 2008.</p>
<p>“No me alcanza con el sueldo de alcaldesa”, se quejó Girardi en más de una ocasión frente a sus colaboradores. Sin embargo, su intento por llegar al Parlamento tuvo que esperar; de hecho, sufrió dos postergaciones. La primera, en 2001, cuando su hermano diputado la obligó a retroceder debido a encuestas que no aseguraban el triunfo de su “elegido”, el ahora alcalde de Melipilla, Mario Gebauer (PPD), frente al RN Luis Plaza. La segunda, en 2005, cuando el propio Girardi no tenía certeza de obtener el cupo que buscaba para postular al Senado.</p>
<p>Consciente de la importancia de la maquinaria proselitista que durante años funcionó al interior del municipio en beneficio de la familia Girardi, una de las primeras medidas administrativas que tomó el nuevo alcalde Luis Plaza (RN), fue despedir a los encargados territoriales (funcionarios contratados y entrenados durante la administración Girardi para hacerse cargo de cada uno de los ocho territorios en que fue dividida la comuna, en función de la ordenanza de participación ciudadana, un sistema de control político del territorio comunal que permitió asignar recursos de manera focalizada, para luego “pasar” la cuenta). Un verdadero golpe bajo a la campaña de la ex alcaldesa, pues, esos funcionarios poseen experiencia política para penetrar las organizaciones sociales y replicarla en las otras dos comunas del Distrito 18 (Lo Prado y Quinta Normal), cuestión que ahora se torna muy costosa para la familia Girardi.</p>
<p>Gaona podría, al igual que otros dirigentes “duros” que aún le guardan cierta lealtad a la ex alcaldesa (aparte de los ex encargados territoriales), hacer más por ella todavía: reposicionarla en una comuna donde la familia Girardi perdió el poder del municipio a manos del RN Luis Plaza, un alcalde con fuerte arraigo popular, que tiene en sus manos el manual para desactivar el “girardismo”.</p>
<p>En reiteras oportunidades, Plaza ha manifestado que Cristina Girardi gobernó con muchos funcionarios subrogantes. Y no se equivoca, porque él también fue concejal de la comuna. En efecto, muchas veces Girardi delegó su autoridad y gestión en la actual administradora municipal de Pedro Aguirre Cerda, Rosemarie Báez Green, que muchas veces le cubrió las espaldas durante sus frecuentes ausencias, ya sea por licencias médicas, o por viajes al extranjero; la misma funcionaria de confianza que siempre halló las formas y métodos para explicar y cuadrar licitaciones, compras y ventas del patrimonio municipal, sin que su jefa saliera magullada.</p>
<p>La campaña parlamentaria  recién comienza y, al parecer, la Fiscalía Regional de Valparaíso no sacará sus ojos del uso que se les dé a los fondos públicos asignados a los parlamentarios. Los electores del Distrito 18 merecen escuchar una explicación, y no esperar que sean los medios quienes investiguen en las cuentas de campaña. Eso ocurrió en 2006, cuando el nombre del administrador electoral del senador Girardi, Ricardo Farías, apareció vinculado al caso facturas falsas de Publicam.</p>
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		<title>Carta abierta al senador Girardi</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2009 00:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[POR PATRICIO ARAYA Santiago, 7 de septiembre de 2009 Señor GUIDO GIRARDI LAVÍN Senador de la República Presente (Honorable) senador Girardi: En atención al último informe del Ministerio de Salud (2/09/09)*, sobre Influenza Humana H1N1, me dirijo a usted como sobreviviente de dicha pandemia. Créame, no lo hago como un periodista inquisidor ni buscapleitos, ni [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/09/dedo-acusador-257x300.jpg" align="right"width=180/><br />
POR PATRICIO ARAYA</p>
<ol>Santiago, 7 de septiembre de 2009<br />
Señor<br />
GUIDO GIRARDI LAVÍN<br />
Senador de la República<br />
Presente</ol>
<p>(Honorable) senador Girardi:</p>
<p>En atención al último informe del Ministerio de Salud (2/09/09)*, sobre Influenza Humana H1N1, me dirijo a usted como sobreviviente de dicha pandemia. Créame, no lo hago como un periodista inquisidor ni buscapleitos, ni tampoco para ofenderlo –como sí hicieron esos desubicados posteadores que este viernes 4 de septiembre lo insultaron a raíz de su notable columna en “El Mostrador” sobre su periplo nipón–, sino como uno de los sobrevivientes de la gripe humana que según usted mataría miles de chilenos. Por fortuna, no formo parte de los lamentables fallecidos ni tampoco estuve entre los tantos casos certificados.<span id="more-9569"></span></p>
<p>Le escribo desde una de las 31 comunas que integran la 7ª Circunscripción Santiago Poniente que usted representa en el Senado, y aunque no voté (nunca lo haría) por su persona, lo hago para que me responda como depositario de nuestra soberanía. Es su deber hacerlo. Así es la democracia. Creo.</p>
<p>Comprendo lo molesto que pueda estar con todos nosotros, en especial por haber cuestionado su noble preocupación frente a ese mortífero virus que diezmó el país de los tamales y el tequila (tan rico que era todo eso); también entiendo su indignación con esos “ineficientes” funcionarios del Minsal, cuyos “datos erróneos” (en sus palabras) lo indujeron a lanzar la alarma sobre tan devastadora pandemia y su terrorífico saldo de muertes a nivel nacional: ¡¡2 a 3 millones de contagiados y 100 mil muertos!!</p>
<p>Imagino lo ridículo que se siente tras tamaño papelón, es como anunciar un aterrizaje marciano, y después, naniná. También debe estar sentido con la Presidenta Bachelet; es lógico, a nadie le gustaría salir en la tele dando una noticia tan espectacular como ésa que usted nos dio, y después ver a la mismísima Presidenta desmintiéndolo por cadena nacional, dejándolo a uno como un metedor de patas profesional, un exagerado sin remedio. ¡Qué bochorno, senador! Y para mayor abundamiento, cada vez que tiene oportunidad, el ministro de Salud Álvaro Erazo, lo saca al baile cuando se refiere al alarmismo de ciertos irresponsables, en clara alusión a su persona (una pasadita de cuenta permanente de sus amigos socialistas, ¿no le parece, senador?). Usted no merece eso.</p>
<p>En fin, ahora que las estadísticas del Minsal muestran una tendencia a la baja del virus H1N1 en Chile (12.190 casos notificados y 125 fallecidos a la fecha, según el Informe. Pág. 6), y en mi calidad de simple parroquiano de su enorme Circunscripción, le exijo que tenga la bondad (la obligación moral y política) de convocar a los medios de comunicación, y con la misma pachorra utilizada para asustarnos en masa, nos diga –como nunca antes lo ha hecho– que esta vez se equivocó pesado, que la embarró de principio a fin, que jugó con la fe pública sin medir las consecuencias, sobre todo de los más vulnerables a ese tipo de anuncios tan apocalípticos; que su loco afán de salir en la tele superó toda prudencia (eso es muy humano, puede reportarle algunos votitos, incluso le serían útiles a su hermana candidata a diputada, hay que ayudar a la familia, usted sabe de eso, es el jefe, ¿no?); que está arrepentido, ¡eso!, que no volverá a hacerlo; que, como siempre, fueron otros los culpables; incluso, le sugiero que aprovechando que esos funcionarios de Salud que lo empujaron a errar (que no tienen rostro y con toda seguridad deben ser unos “miserables” conspiradores escondidos detrás de un escritorio fiscal, llenos de odio y resentimiento hacia su exitosa persona), diga que fueron ellos quienes, movidos por quién sabe qué ocultas y purulentas pasiones, lo lanzaron a los leones sólo para verlo devorado. Usted tiene que salvarse. Eso siempre resulta. Por último, écheles la culpa a esos alharaquientos de la OMS (ni siquiera se enterarán, ellos apenas saben que existimos). Considere que millones de sobrevivientes merecen una explicación razonable; al fin y al cabo, varios de ellos podrían seguir votando por su familia (los de memoria frágil, por cierto). No es malo. Imagínese lo bien que lo tomarían los habitantes del distrito de la familia Girardi, sus súbditos. Se sentirían tomados en cuenta, respetados.</p>
<p>Hágalo hoy mismo, usted es mucho más que un simple izquierdista anquilosado, obtuso, tuerto, de esos que llevaron a su querida Concertación al marasmo terminal. Usted no es de izquierda (tal vez nunca lo fue ni lo será jamás) ni tiene el fenotipo del izquierdista ideológico duro, tipo Arrate, tal vez el último intelectual político de nuestro tiempo; por el contrario, senador, mucho más que el diletante que aparenta ser, usted es un progresista de nuevo cuño, un hombre del siglo XXI, un open mind de calcetas rojas que entiende y respeta la democracia como pocos, y que la defiende con su vida, que se opone a toda injusticia y que enfrenta sin temor a los poderosos, en suma, un Quijote de la Política moderna, un superhéroe mediático. ¿Por qué perderlo?</p>
<p>Aproveche ese 25 por ciento con que sus “enemigos” de la derecha lo evalúan en buena y haga caso omiso del 42 por ciento que no lo quiere para nada (pág. 50 Encuesta CEP, agosto 2009); del mismo modo, ríase –una vez más– de esos que lo acusan de nepotista (la familia siempre estará primero, no pesque). Es un buen momento, senador. Piénselo, en los últimos días no se ha mandado ninguna de esas que usted sabe. Los chilenos quieren (necesitan) alguna vez verlo en TV reconociendo que se equivoca, que es humano. Eso podría servirle mucho a su hermana candidata. En serio. Después del 13 de diciembre mándese la que quiera de nuevo; desde allí le quedan cuatro años más para arreglarla.</p>
<p>A la espera de su respuesta, le saluda</p>
<p>Patricio Araya<br />
Periodista</p>
<p>* Informe Minsal: http://www.pandemia.cl/pagnew/prensa/REPORTE_02_09_09.pdf</p>
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		<title>Frei: The Meo</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Sep 2009 03:07:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<category><![CDATA[cep]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. C&#8217;est fini, Eduardo. ¡Todo acabó!, como en aquella canción de Hervé Vilard: “Capri, se acabó”. Con un 28 por ciento nadie puede pretender ser presidente de un país sin la ayuda de algún aliado. Igual que en las películas de antaño, que nos anunciaban el final de la historia con las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/09/eduardo_frei.png" align="right" width=180 /></p>
<p>Por Patricio Araya G.</p>
<p>C&#8217;est fini, Eduardo. ¡Todo acabó!, como en aquella canción de Hervé Vilard: “Capri, se acabó”. Con un 28 por ciento nadie puede pretender ser presidente de un país sin la ayuda de algún aliado. Igual que en las películas de antaño, que nos anunciaban el final de la historia con las palabras “The End”, ahora MEO con su 17 por ciento anuncia en el cine CEP el fin de la aventura presidencial de la Concertación. Claro, porque, después de tanta chuleta y escupitajo al interior de la parentela concertacionista, nadie podría considerar cerradas sus heridas de aquí a diciembre, de modo que el trasvasije de votos meístas no será platita segura para don Lalo, lo que sin duda beneficiará a la familia de enfrente. Mucha bronca y poco tiempo para sanar. Tanta fuerza apasionada destruyó la unión.<span id="more-9476"></span><br />
Aun cuando todos sospechábamos (sabíamos) el desenlace del filme “Encuesta CEP” (Agosto, 2009), a todos nos sigue intrigando un poco saber cuánto de ella es realidad y cuánto ficción. En efecto, si ella estuviera basada en hechos reales (candidaturas legítimas y consolidadas sobre las que no caben dudas, en aspectos como la calidad y las habilidades de los propios candidatos, como sus antecedentes personales y políticos, sus proyectos y sensibilidades; sus liderazgos; sus ideas país), su credibilidad sería altísima, y no tendríamos sino que recomendarla por su notable condición de oráculo. Por el contrario, si ella se basa en la ficción (léase, en la novelesca imaginación de aquel mundo político que apuesta sobre seguro, en especial, a cuenta de la confianza de un electorado poco comprometido y de escasa conciencia y exigencia sociales), tendríamos que dudar de sus guarismos, pues, ellos nos conducirían a una espantosa desorientación.<br />
En el primer caso –el menos considerado en los comandos debido a su alta complejidad–, todo indica que lo mejor es esperar que pase el tiempo. Ya vendrán otras generaciones a ocuparse de semejante reto. Queda claro que a los políticos les gusta girar sus emociones con cargo a escrutinios imaginarios. A partir de esta apreciación sólo resta elaborar análisis “novelescos”, ficciones intencionales a modo de despecho público, en especial, como rebelión frente a la prepotencia de la encuesta CEP de decidir quiénes tienen velas para el entierro de fin de año, dejando afuera a los niños fanáticos del yogurt 1+1 (Navarro, Arrate y Zaldívar).<br />
“The Meo” (el Marco, para los amigos; “Marquito” para Camilo, MEO para mí), ese chiquillo malcriado al que para las “primarias” de la Concertación sus tíos lo mandaron a la esquina a ver si llovía mientras ellos se comían el pavo, acabó haciendo lo que muchos allí temían (o esperaban con sadismo): meó al santo de la procesión justo cuando lo levantaban en andas camino a la plaza; al mismo santo que todos, empezando por los coroneles del oficialismo, veneraban con la fe los ciegos, y al que le prendían velitas para conservar pegas y privilegios; poderes y más poderes. ¡Qué bochorno! La meada no se produjo en la calle, sino casa adentro, en familia. De nada sirvieron los coscorrones que recibió el sobrino hinchapelotas. Los trapos ya estaban manchados. A uno puede mearlo un perro callejero, pero cuando la orina es de un familiar, la cosa se fataliza. ¿Alguien podría haber imaginado al interior de la Concertación –a estas alturas Desesperación por la Democracia–, que haberle buscado el odio al hijo de un insigne revolucionario no era lo mismo que darle un codazo a un senador radical? Lo que empieza mal, acaba ídem.<br />
Frei siempre fue el peor candidato para suceder a Bachelet, nunca tuvo las habilidades para capitalizar la popularidad de la primera mujer en alcanzar la más alta magistratura de la nación; al pobre le avisaron muy tarde que no bastaba con sacarse la corbata y la gomina para abrazar al “pueblo” y de ese modo “tan cercano” conocer sus necesidades. Para ello se requiere algo mucho más elemental y menos costoso: querer hacerlo de buenas ganas, sin poses ni obligaciones con la cámara fotográfica, ni muecas con los compañeros de coalición. Antes de él estaban Insulza, Lagos, Alvear, el mismísimo senador Gómez, Paul Vásquez (“El Flaco”), Kramer, Camiroaga, Tironi, el guatón Correa, incluso, uno que tiene muchas ganas y nunca podrá. Sin embargo, su imposición se dio en un escenario que ya no se sostiene por sí solo, el de los acuerdos cupulares, o lo que es peor aún, la unción fue en la penumbra de los pasillos, a medianoche mientras todos dormían. O sea, en la Concertación se hartaron de la “democracia” y de tener que cumplir con las mínimas formalidades de la representación popular. Ya no les parece oportuno ni veraz someterse al veredicto de aquellos a los que no pueden sostener la mano para sufragar. Que MEO se acerque a Frei es mucho más potente en términos políticos, que el senador DC pueda alcanzar la segunda vuelta. Es, en rigor, el fin de una historia mal contada.<br />
En términos de ficción, la señal más potente de la última encuesta CEP, es que Piñera tiene el camino despejado para llegar a La Moneda. No sólo eso. La Concertación se lo permitirá sin resistencia posible. Tras la CEP, Frei ni siquiera podrá repetir la arenga de Lagos después de la primera vuelta de 1999: “Escuchamos la voz del pueblo”, porque, entre otras consideraciones, esta vez el pueblo no habló, apenas lo hicieron 1.505 chilenos sin rostro, y con toda certeza, sordos. The End.</p>
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		<title>“Pelotón”: el reality de la blancura militar*</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2009 13:01:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Karen Doggenweiler]]></category>
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		<category><![CDATA[Rafael Araneda]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. “¡Sí, mi instructor!”, “¡A su orden, mi instructor!”. Estas son las dos frases más breves, pero más asertivas con que los “reclutas” de “Pelotón” –el reality militar de TVN que cada noche concita y excita la atención de millones de chilenos con sus más de 30 puntos de rating–, “calientan” la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/08/20090413021716_militares-maletero.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Por Patricio Araya G.</p>
<p>“¡Sí, mi instructor!”, “¡A su orden, mi instructor!”. Estas son las dos frases más breves, pero más asertivas con que los “reclutas” de “Pelotón” –el reality militar de TVN que cada noche concita y excita la atención de millones de chilenos con sus más de 30 puntos de rating–, “calientan” la pantalla y asumen su fingida formalidad pseudo castrense cada vez que tienen que cuadrarse frente al ex capitán de fragata, René O’Ryan, quien decidió cambiar mar por tele.<span id="more-8515"></span></p>
<p>“Pelotón: la fama está en juego”, como todo reality, se sostiene en dos pilares fundamentales: un relato verosímil de unas vidas comunes y corrientes, y un hechizo de la realidad constituido por la magia de la edición televisiva. Un pacto social del binomio TV-audiencia, tras el cual es posible construir realidades al arbitrio del emisor y la obsecuencia del receptor, y donde también cuentan la extrema dependencia de la televisión abierta que tienen los habitantes más pobres, y la hegemonía del rubro entretención sobre otros.</p>
<p>Detrás de la millonaria inversión que supone la realización de un programa de esta naturaleza yacen ciertas estrategias, algunas muy conocidas, como aquella legítima de hacer que el negocio prospere. Pero, eso no es todo. Tras observar por algunos momentos la relajada vida que llevan los participantes en la casona-estudio, cabría preguntarse qué tan rigurosa puede ser la disciplina militar en ese encierro lleno de cámaras. La respuesta es simple: allí no hay tal rigor militar. Ésa no es la idea. De lo contrario, varios de los “chicos realitys” no habrían ingresado.</p>
<p>Más Locademia que West Point</p>
<p>Muchos años después de concluida la II Guerra Mundial, los sucesivos gobiernos alemanes debieron hacer grandes esfuerzos para conseguir que la juventud vistiera de nuevo el uniforme de unas fuerzas armadas devastadas por el horror del nazismo hitleriano. No ha sido fácil, poco a poco los alemanes modernos han ido curando sus heridas.</p>
<p>“Pelotón: la fama está en juego”, no es un eslogan antojadizo. Sin duda hay algo más en juego, y no es la fama, sino el prestigio, y no el de sus protagonistas; he aquí una estrategia “piola” de reposicionamiento de las fuerzas armadas chilenas en el ámbito de la sociedad civil, que viene digitada quién sabe de qué parte. Desde luego aquí es posible percibir una clara y manifiesta intención de blanquear un pasado funesto que cuestiona el prestigio del mundo castrense, vinculándolo de manera permanente y sin matices a una dictadura extinta. Ya lo hizo Carabineros cuando cambió el color negro por el verde en sus patrullas; también lo hizo en su momento la Policía de Investigaciones al deshacerse de sus autos Amazon celeste y gris y sus Opala del terror, y acaba de hacerlo otra vez con la imposición de su nueva imagen institucional (PDI); en esta ocasión el motivo es diferente.</p>
<p>En “Pelotón” hay demasiadas coincidencias dando vueltas como para ignorarlas. La locación elegida en Calera de Tango está lejos de ser una instalación militar; el instructor René O’Ryan –a diferencia del sargento retirado elegido para el primer “Pelotón”– es un oficial que renuncia a la Armada para asumir un rol protagónico en un programa de televisión; los “reclutas” son fieles representantes de la nueva chilenidad, los hay de alcurnia, de pueblo, étnicos, ambiguos; se trata de una entidad militar indeterminada, asimilable al Ejército, a la Marina o la Fach; y en ella no se maltrata a los internos.</p>
<p>¿Por qué “Héroes” (Canal 13) no eligió militares o marinos para representar a O’Higgins o a Prat? Tal vez porque la representación de un personaje histórico-heroico hecha por un actor profesional resulta creíble; en cambio, el instructor O’Ryan era “el hombre” que se necesitaba, alguien de la familia, pues “con una larga y vasta trayectoria dentro de las Fuerzas Armadas (…) líder nato, buen carácter y buen trato” (TVN), es puesto en escena para escenificar a sus pares, y al revés del actor que vivencia al personaje histórico, los representados por O’Ryan buscarán asimilarse a su puesta en escena; querrán, sin duda, verse reflejados en un instructor de “buen carácter y buen trato”, un oficial que no tortura, que es amable, galante con las damas; un tío a cargo de una base que parece campamento de boys scouts; una base pluralista donde nadie está preso ni tampoco es discriminado por lo que piensa o hace, un lugar donde se aceptan las diferencias y donde no hay atisbos de crueldad.</p>
<p>En “Pelotón” la doctrina de seguridad nacional ha sido reemplazada por unas estrategias rascas para deshacerse del próximo competidor tirando una cuerda o trepando unos juegos de madera. La vida militar fluye tierna y cercana, relajada; incluso, se percibe un contubernio cívico-militar cercano al síndrome de Estocolmo (incentivado por cierto a través de sendas campañas publicitarias de las escuelas matrices). “Pelotón” no es West Point, no tiene esa marcialidad que abruma ni la doctrina prusiana sale hasta en la sopa, no hay grados ni saludos, ni diferenciación social, allí conviven una ex feriante como Katherine Orellana y un ex corredor de Wall Street como Juan Cristóbal Foxley; en Pelotón, como se aprecia, las formalidades se hallan reducidas a la sorna; nada es serio, con suerte este reality militar es una Locademia, simpática, buena onda; un motel televisado. Eso deben estar pensando en los cuarteles de verdad. ¡Qué envidia! En buena, eso sí.</p>
<p>Hay una pregunta pendiente: ¿bastará este esfuerzo mediático para saldar la justicia que reclaman los ofendidos por los militares de verdad?</p>
<p>*Columna publicada en Revista Punto Final (7 de agosto de 2009)</p>
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		<title>Bullying político</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/08/06/bullying-politico/</link>
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		<pubDate>Thu, 06 Aug 2009 17:28:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<category><![CDATA[maría antonieta saa]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/08/saa.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Patricio Araya G.</p>
<p>Lejos, lo peor que puede hacer una familia con tal de convencer al vecindario sobre su desmesurado cariño y buenas relaciones, es posar para una fotografía que incluya a toda la parentela: a los exitosos y a los fracasados; a los proletas y a los empingorotados. Eso nunca resulta. Un amigo me llamó para contarme que su hermano, quien reside hace muchos años en Estados Unidos, hace unos meses tuvo la genial idea de comisionar a su hijo “gringo” para llevarle al regreso de su viaje a Chile, una “fotografía<br />
familiar”, que “incluyera a todos”; un botín tercermundista para poner sobre su piano de Houston. El problema se suscitó cuando algunos tíos díscolos (hermanos del “tejano”) se negaron a retratarse con algunas cuñadas gordinflonas y esa parvada insufrible de sobrinos malcriados; en resumen, la mentada familia no era ni la sombra de lo que imaginaba ese antiguo pariente. Por el contario: se odiaban. Pero la nostalgia pudo más, y un hermano “operador” se las dio de lobista y consiguió que, con la excepción de una rama familiar, al fin los cínicos de siempre posaran como futbolistas para el de pariente “petrolero”.<span id="more-8362"></span></p>
<p>En la Concertación no lo hacen diferente, sino mejor; allí son más apasionados que los parientes de la historia. De hecho, cada vez que estos niños concertacionistas están frente al tío fotógrafo, en vez de peinarse o arreglarse la corbata, secretan abundante saliva y preparan la musculatura abdominal; allí la costumbre es la chuchada fácil y el empujón espontáneo. Todo un lujito. Una finura imitable. Ya lo vimos en alguna oportunidad cuando el senador y presidente del Partido Socialista Camilo Escalona, luego de insultar en público a su par del Partido Radical Social Demócrata José Antonio Gómez, no dudó en hacer la respectiva mueca que lo retratara como un demócrata feliz, tras una elección primaria trucha en que su conglomerado “eligió” a Eduardo Frei como candidato presidencial, dejando una estela de pelambres que aún no acaba. Al cabo, la fotografía de rigor y los vídeos en Youtube hicieron furor en los medios. Todo un acierto periodístico que graficó de manera indesmentible la mala onda que hay dentro del oficialismo, y la excesiva labilidad emocional de algunos dirigentes.</p>
<p>Hace un par de días, la escena se repitió casi calcada. Esta vez fue la profesora de Castellano María Antonieta Saa, quien descargó todo su repertorio de parabienes en contra del propio senador Gómez, tratándolo de “chantajista” frente a la “osadía” de los radicales de levantar la voz al interior de la Concertación, llegando a plantear la idea de abandonar esa coalición debido a la poca bola que les daban en el comando presidencial.</p>
<p>Ambas salidas de madre tienen como denominador común un hecho que a estas alturas resulta imposible de soslayar: el bullying político o matonaje organizado. En otras épocas el fenómeno se conoció como asesinato político o magnicidio. Para el caso, se trata de la misma violencia. Una violencia que siempre intimida y permea la piel de la democracia de cualquier país, violencia que produce pánico y desincentiva a otros a entrar a lo público, violencia que desacredita lo poco y nada de bueno que puede tener la actividad política, violencia cuyo norte es el cupo asegurado o la pega mal habida, en suma, una violencia interesada en desplazar al otro de su legítimo sitio, que tiene en su forma más mediática y “divertida” esa connotación social del bullying escolar: es malo pero se le acepta.</p>
<p>Cuando la diputada María Antonieta Saa (quien está en la Cámara desde 1998), explica su exabrupto diciendo que el destinatario de su actitud coprolálica era su colega y vicepresidente radical Fernando Meza, a propósito de su escuálida representatividad y magro aporte en votos para el abanderado Eduardo Frei, se complica, pues, por mucho arrepentimiento que exprese en los medios, y más allá de la recomendación del propio Frei de “tomarse un Armonyl”, en el fondo de su corazón sigue vivo el afán de agredir a cualquiera que pise el pasto de su casa.</p>
<p>El bullying político tiene diversas formas. Va desde el empujón infantil o la zancadilla chistosa, hasta la acción delictiva a secas; pasa –con toda facilidad e impunidad– de la mera falta al crimen mismo. Ya hemos visto, aparte de estos mal educados de Escalona y Saa, a otros connotados parlamentarios acusando a colegas suyos de pedófilos, también a un alcalde como Luis Plaza (Cerro Navia) anunciando a viva voz que no dejará entrar a “su comuna” al ungido por su ex partido RN (el actual diputado Nicolás Monckeberg), tras lo cual es posible predecir una batalla fundamentalista de temer. También es matonaje político el nepotismo, la designación a dedo, la anulación de la participación ciudadana, y la repetición del plato fiscal. Acciones todas que violentan la soberanía popular.</p>
<p>En los meses de campaña que vienen de aquí a diciembre, con toda certeza, seremos testigos de mucho más bullying político, y peor aún, de mucha más violencia verbal y de la otra. Sin embargo, nunca hay que confundir la denuncia seria o la fiscalización oportuna con el montaje para desprestigiar sin argumentos al rival. El matonaje político no puede ser el protagonista de la vida cívica. Las ideas merecen oportunidad y respeto.</p>
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		<title>Cuando el vocero es weBon</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/07/29/cuando-el-vocero-es-webon/</link>
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		<pubDate>Wed, 29 Jul 2009 14:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[eduardo frei]]></category>
		<category><![CDATA[Karen Doggenweiler]]></category>
		<category><![CDATA[marco enríquez-ominami]]></category>
		<category><![CDATA[sebastián bowen]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. Pegarse un balazo en el pie. El abrazo del oso. Un salvavidas de plomo. No hay peor astilla que la del mismo palo. Cagarse en defensa propia… Tal vez existan cientos de frases más como éstas para referirse a la estupidez por antonomasia de autoinfligirse daño. Eso hizo el senador Eduardo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/07/bowen.jpg" align="right" width=180 /><br />
Por Patricio Araya G.</p>
<p>Pegarse un balazo en el pie. El abrazo del oso. Un salvavidas de plomo. No hay peor astilla que la del mismo palo. Cagarse en defensa propia… Tal vez existan cientos de frases más como éstas para referirse a la estupidez por antonomasia de autoinfligirse daño. Eso hizo el senador Eduardo Frei cuando eligió como coordinador de su comando a un joven sin experiencia política alguna, como el ex Techo para Chile, Sebastián Bowen, cuyo principal baluarte es un montón de mediaguas levantadas para tapar la extrema pobreza, trabajo hecho al amparo del ministerio ignaciano de vivir la pobreza hoy día para entender mañana la riqueza que les corresponde por derecho propio.<span id="more-8087"></span></p>
<p>Todo mal. Como muchas de las decisiones de los últimos años en la Concertación, donde el resultado del ejercicio ensayo-error es negativo; tanto, que se ha institucionalizado la excusa del error endémico y reiterativo. Incluso el concepto de delito común se ha relativizado, bajándolo a la categoría del mero error, de la falta nimia, infantil, involuntaria. Ya hemos escuchado miles de excusas al amparo de “errores” o “faltas” para justificar el uso de bienes fiscales o rendiciones de cuentas electorales o para salvar de acusaciones por malversación de caudales públicos, desde una señora que repartía frambuesas en el auto ministerial, a connotados tribunos que terminaron enredados con empresas brujas, hasta autoridades comunales cuestionadas por la Contraloría por miles de millones de pesos perdidos. Entendible. Sobre todo si su contexto es el “piolismo”, aquella distorsión de la democracia que sirve para restarle gravedad a todo lo malo en virtud de la buena marcha del Estado y el prestigio de sus instituciones. Errar es humano, perdonar es divino, dicen.</p>
<p>Hace algún tiempo el columnista Patricio Navia cuestionó el rol del ex vocero de gobierno Francisco Vidal, comparando sus comentadas salidas de madre con la rigidez de los voceros norteamericanos, que sólo se limitan a leer comunicados oficiales, y no a debatir con los medios, evitando de esta forma meter la pata. En verdad eso esperaría uno de un vocero. Pero, en la práctica, las cosas en nuestro país se hacen de otra manera, todo se enreda; de la noche a la mañana un “coordinador” se las da de vocero y deja la embarrada. Lo que hoy tenemos es un exceso de voceros, tantos, que el riesgo de meter la pata es enorme. Pero entretenido.</p>
<p>El desembarco con bombos y platillos de Sebastián Bowen en el comando de Frei, mucho más que el súbito propósito inclusivo de darle a cada uno su vela en el entierro, se hizo para demostrar que la reciente patada en el traste a la juventud meísta, no era sino una cuestión personal contra MEO®, y no una decisión de sacar de una a la cabrería concertacionista. Los viejos se echaron para atrás y dejaron que el niño Bowen los mandara. Por un rato. Hasta que la cagó. Todo de nuevo. Punto para MEO®.</p>
<p>La ruta del cagazo</p>
<p>Poco antes de la debacle de estos días que sacó de escena a Bowen, los genios de la comunicación freísta, previendo que lo del ex Techo era cuestión de días, rescataron de las cenizas del Chaitén a la locuaz y sensual sicóloga escalonista Paula Narváez –dotada de una innegable vocación exhibicionista y pugilística–, con el objeto de contener a este niño. Pero algo salió mal. Si Bowen solito era un riesgo inminente para los intereses comunicacionales del candidato oficialista, ya sea por su tibieza mediática o por su nula performance política, con su nueva compañera de fórmula estratégica, lejos de restarse de los medios, dejando que ella asumiera la vocería, se sintió en confianza para cruzar el límite del “coordinador” que se suponía ser, para convertirse él en vocero (otro más, entre tantos otros en el comando).</p>
<p>Y la oportunidad se presentó sola, sin que nadie ni nada la provocara. Bueno, no tanto, porque el vicepresidente DC Andrés Palma puso el carbón en la parrilla, cuando cuestionó en radio Cooperativa la impronta de la conductora de televisión Karen Doggenweiler en la campaña presidencial de su marido. Entonces la ex chica del reality de Chaitén tiró el primer fósforo encendido al carbón, lanzando con este gesto un certero peñascazo al comando de MEO®, cuyas esquirlas dieron en otro ventanal, mucho más poderoso y sensible: las oficinas de TVN, lugar de trabajo de la periodista-esposa. “Entendemos que evidentemente cuando hay un personaje que es un rostro importante de un canal, el cómo eso puede influir en una campaña política yo creo que merece revisión institucional de parte de TVN”. El resto lo hizo el niño Bowen. “Es complejo para una institución, y lo tienen que resolver, tener un rostro emblemático de su respectiva pantalla, al mismo tiempo rostro emblemático de una respectiva campaña. Es algo que TVN va tener que definir”. (Ambas citas son de El Mercurio). Y, en menos de lo que canta un gallo, el propio Frei sin haber abierto la boca estaba metido al medio de la pelea, por obra y gracia de sus incontenibles voceros. Pensar que por harto menos otros pierden pegas mejores.</p>
<p>De nada sirvieron los salvavidas que le lanzaron del comando al coordinador-vocero. La sangre ya había llegado al río. Su destino ya estaba en manos de otros muy influyentes. Por su parte, la sacada al baile de la esposa de MEO® sólo le reportó beneficios al matrimonio, y en particular a ella y a su ascendente imagen en clave de futuro político propio, de hecho, en un dos por tres Karen apareció con un look a lo Evita en el canal de Piñera tuteándose con los miembros de Tolerancia Cero, donde manejó los tiempos televisivos, escuchó, respiró, pensó, y contestó lo que quiso y dejó al respetable con ganas de seguir viéndola en esa nueva esfera, alejada del griterío farandulero de estos últimos años, después de ser la niña símbolo del 24 Horas de los noventa. De paso, Doggenweiler marcó una diferencia sustancial con las otras “aspirantes” a Primera Dama (con la excepción de la médico internista y candidata a diputada Ana García, pareja del senador Navarro): es joven, profesional y para nada empaquetada.</p>
<p>Todo de nuevo. El ejercicio ensayo-error vuelve a sus números rojos. “GRACIAS SEBASTIÁN BOWEN POR FAVOR CONCEDIDO”. MEO Y Karen.[1]</p>
<p>[1] MEO es una creación intelectual de este servidor.</p>
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		<title>Doña Juanita responde: &#8220;No estoy ni ahí con los candidatos&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2009 04:29:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[eduardo frei]]></category>
		<category><![CDATA[marco enríquez-ominami]]></category>
		<category><![CDATA[Piñera]]></category>
		<category><![CDATA[Señora Juanita]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. Tras leer en La Segunda de este viernes 24 de julio las cartas escritas por los tres candidatos presidenciales más engordados por las encuestas a doña Juanita, decidí llamarla para saber su opinión. Y la encontré en medio de sollozos. -¿Quién es usted, es candidato a algo, o es cobrador? -No. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/07/anciana.jpg" align="right" width=180 /><br />
Por Patricio Araya G.</p>
<p>Tras leer en <a href="http://www.lasegundadigital.com/modulos/catalogo/EdActual.asp">La Segunda</a> de este viernes 24 de julio las cartas escritas por los tres candidatos presidenciales más engordados por las encuestas a doña Juanita, decidí llamarla para saber su opinión. Y la encontré en medio de sollozos.</p>
<p>-¿Quién es usted, es candidato a algo, o es cobrador?</p>
<p>-No. Soy periodista.</p>
<p>-¿Qué quiere?</p>
<p>-Parece que llamé en un mal momento…<span id="more-8020"></span></p>
<p>-No se preocupe, estoy viendo tele.</p>
<p>-¿Alguna película?</p>
<p>-No. “Primer Plano”.</p>
<p>-¿Y su llanto, a qué se debe?</p>
<p>-Tengo pena porque estos desgraciados están haciendo pedazo a la Anita Alvarado, por lo de la cabra chica de ella que metió un mino a la cama, y usted sabe…</p>
<p>-¿Qué pasó?</p>
<p>-Schís. No sea fresco, ponga la tele en su casa, ¿o acaso no le prestan el control? Bueno, ¿para qué me llama?</p>
<p>-Me gustaría saber qué piensa de las cartas que le escribieron los candidatos presidenciales.</p>
<p>-¿Qué cartas, qué candidatos?</p>
<p>-Bueno, los más conocidos… –Me interrumpe: Oiga, ¿podría llamarme después, mire que me estoy perdiendo “Primer Plano”, está re bueno, están haciendo bolsa a la Anita Alvarado… ¿Supo que la hija de la geisha se mandó el medio numerito en “Pelotón”?&#8230;</p>
<p>-No. Cuénteme.</p>
<p>-¿Va a seguir?</p>
<p>-Oiga, doña Juanita… ¿cuándo podemos hablar sobre las cartas de los candidatos?</p>
<p>-No estoy ni ahí, más encima no me gusta ná mucho leer. Mejor léalas usted y después me cuenta.</p>
<p>-OK. En eso quedamos</p>
<p>-Ya, poh. Y ahora cabréese, no ve que me estoy perdiendo el cahuín de la Angie Alvarado.</p>
<p>-Buenas noches, señora Juanita.</p>
<p>-Chabela nomás.</p>
<p>¡Qué fuerte! Una niña hija de una conocida meretriz “debutando” en el reality de la señora de MEO y luego la madre devorada en carne viva en “el escándalo de la semana” del programa estelar de la farándula criolla del canal de Piñera. Así es la farándula. Así es la política. Así son los medios. Un gran circo. En fin.</p>
<p>Frei, Piñera y nuestro MEO le “hablan” a una “señora Juanita” imaginaria a través de un diario. Cabe preguntarse si tras este intento epistolar no se esconden sus respectivas incapacidades de convocar a miles de señoras Juanitas para convencerlas en vivo y en directo, como antes. Qué lejanas se ven aquellas grandes concentraciones de antaño donde los candidatos tenían que aperrar frente a la chusma; había que ser harto gallo para subirse al proscenio y micrófono en mano explicarle a la muchedumbre algo más que un eslogan simplón. Ahora basta una carta picante hecha por un ghostwriter; no importa mucho el contenido, y qué decir de la ideología. Lo que hoy tenemos son candidatos escribiéndole a un elector fenotípico, una suerte de “imbécil nacional” al cual venderle la pomada.</p>
<p>Las cartas de Frei, Piñera y MEO tienen un denominador común de doble faz: son simplonas en su estilo literario y hábiles en lo político. “La Segunda” les facilita la tarea, poniéndoles al frente a un destinatario amorfo (o lo que antes se llamaba “pueblo”) e ignorante, dotado de una escasa comprensión lectora, a quien hablarle desde la simplicidad disfrazada de empatía, es decir, hablar mucho sin decir nada, y peor aún, vestirse con ropa ajena. Frei le habla a “Mi querida doña Juanita” travestido como la propia presidenta Bachelet, llegando al descaro de representarle las ganancias políticas de ésta. MEO la llama “Estimada doña Juanita” y le adjunta el cupón SIGA PARTICIPANDO. Piñera es agarraguirre: le escribe a “todas las Juanitas de Chile” y les pide una oportunidad para cambiarles la vida.</p>
<p>En términos políticos, ninguno de ellos explica a qué partido pertenece ni en qué lado de la cancha juega su equipo. Tampoco se refieren a sus financistas ni le cuentan a la pobre vieja qué pretenden hacer con sus respectivos patrimonios mientras las oficien de presidente. Todos ellos practican esa virtud posmoderna del individualismo: ellos son ellos mismos, cada uno tiene su ismo. Freísmo, Piñerísmo, Meísmo. (También existe el Zaldivarismo, el Navarrismo y el Arratismo… y el Jilismo, cuya candidata debería escribirle urgente una carta a don Lucho). En todo caso ninguno de los candidatos epistolares se reconoce parte de un conglomerado. Ni los conglomerados los reconocen a ellos. En eso están empatados.</p>
<p>-¿Aló?</p>
<p>-¿Quién habla?</p>
<p>-Yo, poh, la Juana, yo misma, la Damajuana, así me dicen.</p>
<p>-¿Terminó su programa?</p>
<p>-Más fome la hueá… puras fotos nomá…parecía fotonovela.</p>
<p>-O sea que no vio nada.</p>
<p>-¡No importa! En la semana lo veo en TVN, allí lo van a repetir hasta que se aburran.</p>
<p>-¿Qué cosa van a repetir?</p>
<p>-El polvo de la cabra chica, poh.</p>
<p>-OK.</p>
<p>-Mire, lo llamé pa decirle que estoy emputecida. En primer lugar, quiero que sepan esos fulanos que me carga que me manden cartas por los diarios. ¿De cuándo acá les dio por escribir cartas a los perlas? ¡No sean frescos! Apuesto que ni a sus señoras les mandan una. Mish. Yo no leo. ¿Escuchaste, MEO? No leo ninguna de las leseras que escriben los periodistas en los diarios y en las revistas. Son todos unos vendidos. </p>
<p>–Ahora yo la interrumpo.</p>
<p>- Eso sí que no se lo aguanto.</p>
<p>-Son todos iguales. ¿Me va a decir que fueron los candidatos los que escribieron esas cartas? Demás que se las hicieron los periodistas que trabajan con ellos, ¿o no?</p>
<p>-No lo sé. Puede ser.</p>
<p>-¿Usted cree que un huevón de alcurnia como son los candidatos van a tomarse el tiempo de hacerle una carta a una galla de pueblo como yo, media lesa, media ignorantona, pa explicarle lo que quieren hacer en su gobierno? ¿O es que usted cree en el Viejo Pascuero?</p>
<p>-Mire, doña Damajuana, yo estuve leyendo las cartas que le hicieron con tanto cariño estos caballeros y las encuentro muy tiernas, muy cercanas, ¿qué quiere que le diga?</p>
<p>-Son puro blablá.</p>
<p>-Pero, léalas. Le van a encantar.</p>
<p>-Sabe que más, no estoy ni ahí con los políticos.</p>
<p>No logré convencerla. Doña Damajuana nunca se interesó en tamañas misivas. </p>
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		<title>Río Las Minas</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/07/23/rio-las-minas/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Jul 2009 20:35:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alicia Larraín]]></category>
		<category><![CDATA[Ana García Sciaraffia S]]></category>
		<category><![CDATA[Cecilia Morel]]></category>
		<category><![CDATA[Diamela Eltit]]></category>
		<category><![CDATA[Karen Doggenweiler]]></category>
		<category><![CDATA[Marta Larraechea]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. “Invito a Karen Doggenweiler, a Marta Larraechea, a Cecilia Morel, y a Alicia Larraín a explicitar su posición respecto a la píldora y el problema de salud pública que implica para las mujeres chilenas la práctica del aborto clandestino en nuestro país, que representa las mayores tasas de aborto en toda [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/07/minas.jpg" align="right" width=200 /><br />
Por Patricio Araya G.</p>
<p>“Invito a Karen Doggenweiler, a Marta Larraechea, a Cecilia Morel, y a Alicia Larraín a explicitar su posición respecto a la píldora y el problema de salud pública que implica para las mujeres chilenas la práctica del aborto clandestino en nuestro país, que representa las mayores tasas de aborto en toda América Latina (…) Este es un tema que incumbe a todas las mujeres, por eso me extraña que las parejas de la mayoría de los otros candidatos presidenciales no hayan manifestado públicamente su opinión respecto a él”.</p>
<p>Con estas palabras, la doctora Ana García Sciaraffia (pareja por más de 20 años del senador Alejandro Navarro, con quien tiene cuatro hijos), sacó de una al baile a casi todas<span id="more-7902"></span> las otras “candidatas” a Primera Dama; lo hizo carta en mano a fines de junio en el frontis de la Contraloría General de la República para manifestar su rechazo al dictamen que impedía la distribución de la píldora del día después en los consultorios. A García sólo le faltó nombrar en esa oportunidad a Damiela Eltit (esposa del también candidato presidencial Jorge Arrate) para haber completado el equipo de First Ladies que planean desembarcar en La Moneda junto a sus hombres todopoderosos.</p>
<p>De todas ellas, la más mediática es la periodista de TVN Karen Doggenweiler, quien a través de sus apariciones en pantalla como conductora de un reality, “estaría beneficiando” –según el comando de Eduardo Frei– a su esposo MEO. La más “piola” es la refinada mujer de Adolfo Zaldívar, Alicia Larraín; la más locuaz, “florerito” y “popular” sin duda es Martita, la única del team que conoce el palacio de Toesca por dentro; mientras que la señora de Piñera, Cecilia Morel, no se expone ni se esconde, ella es nomás. Por su parte, la escritora y docente de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Damiela Eltit, no se involucra en el quehacer político de su marido Jorge Arrate, ni tampoco planea hacerlo, así al menos se lo dijo a radio Cooperativa. Hasta ahora la doctora Ana García, quien fue directora del hospital de Tomé, se había mantenido ocupada en la crianza de sus hijos, pero decidió sacar la voz en un tema de género. Se trata, en rigor, de mujeres con distintos perfiles y aportes, cuyo denominador común es ser la mujer de, en ningún caso, de candidatas en quienes delegar ni un céntimo de la soberanía nacional. Lo que elegiremos en diciembre es un Presidente, no una Primera Dama. A no olvidar el detalle.</p>
<p>Ahora que las veleidades de la política han sacado al baile a la esposa de MEO, cabría preguntarse qué tan efectivo y paradójico resulta ser el 74 por ciento (julio, Adimark) de apoyo que concita la figura de la Presidenta Michelle Bachelet en un país a lo mero macho. Desde ya se torna endeble sostener en pie esa masiva adhesión a una mujer que dirige los destinos patrios y a la vez denostar las competencias y derechos civiles de las esposas de aquellos que pretenden sucederla y, en consecuencias, de anularlas en lo cívico, convirtiéndolas en meros objetos de decoración y acompañamiento protocolar. Un argumento más para quienes desconfían a rajatabla de las encuestas de opinión. O una confirmación de nuestro doble estándar de mentir en público y sincerarnos en privado. Es decir, Bachelet no sería tan popular y los chilenos mantendríamos una endémica desconfianza en la gestión femenina.</p>
<p>Este no es el lugar ni la ocasión para discutir por qué las mujeres entraron con tanta tardanza al escenario político, pero vale la pena provocar la discusión respecto a la premura con que ciertos sectores (los comandos presidenciales, por ejemplo) y determinados actores (en este caso el ex diputado y ministro DC, Andrés Palma), incapaces de hacer un gallito de ideas de verdad, no dudan en apuntar al corpiño que tienen enfrente y desatar su frustración funcional. Es cierto que hay mujeres muy inteligentes, inteligentes, no tanto, tontas, lesas, insufribles y olvidables; honradísimas o corruptas, pero por cada una de ellas también estamos nosotros con nuestro catálogo inacabable de estupideces y tropelías, y de aciertos.</p>
<p>En el exordio de la doctora Ana García “…es un tema que incumbe a todas las mujeres, por eso me extraña que las parejas de la mayoría de los otros candidatos presidenciales no hayan manifestado públicamente su opinión respecto a él”, hay un desafío a las mujeres a ocupar el lugar que se han ganado en la discusión social, un reto a validarlo con argumentos de peso, de modo que resulta muy oportuno esperar de ellas, más que su silencio complaciente, un río de ocurrencias.</p>
<p>A estas alturas de la fomedad de campaña presidencial que tenemos con candidatos que apenas las calientan a ellas, uno se pregunta si acaso no sería mejor una mujer como sucesora de otra. En verdad, un río de minas que atraviese con su caudal toda la ciudad, igual como hace el río Las Minas, en Punta Arenas, hacia el Estrecho de Magallanes, resulte mucho más saludable que esa trenza de rancios que prometen hartarnos antes de lo imaginable; un río de minas donde puedan navegar las ilusiones diversas de igualdad y mejor justicia, un río revuelto en el que al fin ganemos todos. A mí me gustan las minas las veinticuatro horas del día, todo el rato, como dicen los jóvenes; no vivamos contra ellas, sino con ellas. En una de esas Palmita, a ti hablo, te toca en enero un puerta a puerta con la señora de MEO. Somos cóncavo y convexo. El mundo es una construcción cómplice que requiere de dos hemisferios.</p>
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		<title>Transparencia intencional: Las cifras del distrito 18</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jul 2009 18:48:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cerro Navia]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Plaza]]></category>
		<category><![CDATA[Nicolás Monckeberg]]></category>
		<category><![CDATA[renovación nacional]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. Mucho más que de una acción política encaminada a corregir una injusticia, la performance del alcalde RN de Cerro Navia, Luis Plaza, de renunciar con bombos y platillos a su partido en señal de protesta frente a la designación del diputado Nicolás Monckeberg, como candidato por el distrito 18 –en desmedro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/07/luis-plaza-sanchez.jpg" align="right" width=180 /></p>
<p>Por Patricio Araya G.</p>
<p>Mucho más que de una acción política encaminada a corregir una injusticia, la performance del alcalde RN de Cerro Navia, Luis Plaza, de renunciar con bombos y platillos a su partido en señal de protesta frente a la designación del diputado Nicolás Monckeberg, como candidato por el distrito 18 –en desmedro de su jefe de gabinete Mario Desbordes–, es una demostración inconsistente, pero efectiva, de cómo plantarse en los medios de comunicación, sin más mérito que ser uno más de los que por estos días cierra la puerta por fuera, amurrado por no conseguir lo que quiere, y no como lo esperable por parte de la ciudadanía: dar un golpe bajo al autoritarismo cupular.<span id="more-7562"></span></p>
<p>El lloriqueo público del alcalde bien podría ser una auténtica inconsecuencia política, sobre todo si se considera su doble estándar. Plaza nada dijo cuando él mismo obtuvo el beneplácito de la dirigencia de Renovación Nacional para postular a su cargo, ocasión en la que se benefició de todo el soporte institucional y recursos económicos disponibles; tampoco se quejó cuando el propio Sebastián Piñera lo visitó en su lecho de enfermo y le reiteró su apoyo irrestricto, ni mucho menos trepidó en abrazarse con él a la hora del triunfo. Detrás de la actitud del edil, no se percibe una voluntad real de patear la mesa de los caciques, que de izquierda a derecha, deciden –como siempre ha sido– quién es quién en cada elección.</p>
<p>Por el contrario, ahora Luis Plaza aspira a ser él quien determine el nombre del abanderado de Renovación que compita en diciembre por el distrito 18. O sea, se entusiasmó; se tentó. Con sus 148.312 habitantes, Cerro Navia representa el 41,58 por ciento del universo electoral del distrito. De allí que el apoyo del alcalde de turno sea tan importante para llegar al Parlamento. Ello también explicaría el reclamo de tanto protagonismo mediático.</p>
<p>A propósito de la publicitada renuncia del nuevo jefe comunal de Cerro Navia a su militancia partidaria, habría que preguntarse si su pataleo obedece o no al noble propósito de sincerar la discusión, esto es, darle paso a la mentada participación ciudadana, permitiendo que sean los verdaderos interesados quienes elijan a sus representantes, porque, en rigor, la designación a dedo de candidatos a cualquier cosa allí, siempre se ha hecho de manera excluyente. Del mismo modo, preguntarse si tanto escándalo no busca sino posicionarlo como el adalid de la nueva justicia del poniente capitalino, que por cierto, es un rol que reporta muchos beneficios.</p>
<p>También resultaría interesante saber qué cosa tan importante se juega en ese distrito, compuesto por una comuna antigua (Quinta Normal) y dos nuevas (Lo Prado y Cerro Navia) que surgen en 1981 a partir de una decisión política emparentada con la segmentación social y el control de la ciudadanía, y cuyo efecto más caótico es haberse constituido en “bolsones de pobreza”; de hecho, sus principales características son el hacinamiento, la falta de fuentes productivas, los magros resultados en educación y la precaria atención de salud, un verdadero caldo de cultivo para ese binomio funesto de la asistencialidad y el clientelismo que tan caro se paga en las urnas.</p>
<p>Entonces, ¿por qué un distrito “popular” (léase “pobre”, discriminado, postergado) resulta tan apetecible para los “afuerinos” (léase “cuicos”, apernados, emparentados, que poco y nada saben de semejante realidad)?, ¿por qué ése distrito se ha convertido en el botín al que algunos acceden por derecho propio, o en el premio de consuelo de ciertos perdedores de cosas mayores?, ¿cuál es su peso específico?, ¿cómo votan sus habitantes, y qué se puede esperar para las próximas elecciones parlamentarias?</p>
<p>Tal vez la elección que se avecina, sea la ocasión ideal para que todos los candidatos que consigan poner su nombre en la papeleta de diciembre, se decidan a transparentarlo todo, desde quién y por qué los nominó, quién paga su campaña y por qué, y sobre todo, qué los trajo desde tan lejos a vincularse con gente “tan pobre y pedigüeña”. Por de pronto, sus electores merecen algo más que las nubes borrascosas de sus candidatos, algo más asible que sus conocidas promesas de campaña. Desde ya podrían utilizar como epígrafe de sus respectivos eslóganes una frase que debería ser genérica: TRANSPARENCIA INTENCIONAL.</p>
<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/07/imagen-21.jpg" width=500 /></p>
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		<title>El (tercer) padre de MEO</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/07/05/el-tercer-padre-de-meo/</link>
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		<pubDate>Sun, 05 Jul 2009 23:28:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[marco enríquez-ominami]]></category>

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		<description><![CDATA[Por PATRICIO ARAYA Apenas dos días después de cumplir mis primeros doce añitos en este mundo, ni siquiera sospechaba que esa bolsita rugosa que comenzaba a notarse en mi entrepierna, contenía las municiones con que un día tendría que acertar en el blanco de una desconocida. Tampoco imaginaba entonces lo poco y nada de vida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/07/marco_enr_quez_ominami_320.jpg" align="right" width=180/><br />
Por PATRICIO ARAYA</p>
<p>Apenas dos días después de cumplir mis primeros doce añitos en este mundo, ni siquiera sospechaba que esa bolsita rugosa que comenzaba a notarse en mi entrepierna, contenía las municiones con que un día tendría que acertar en el blanco de una desconocida. Tampoco imaginaba entonces lo poco y nada de vida que le restaba al gobierno de un médico que mi madre había ayudado a elegir tres años antes. El otoño del 73 llegaba a su fin. A escasos kilómetros de nuestra casa, una joven idealista daba a luz al fruto de su amor primerizo y revolucionario, al que llamó Marco Antonio. Treinta y seis años después, nuestras vidas se cruzarían en el ciberespacio, emparentándonos de manera extra escrotal. Uno, desde el periodismo; el otro, encaramado sobre sus dos dígitos, camino a La Moneda, afanado en conseguir un par de líneas propias en la leyenda de su padre mártir.<span id="more-7348"></span></p>
<p>Nunca fui revolucionario (nunca pude serlo, y jamás he militado, ni siquiera estoy inscrito en la Junta de vecinos). Cuando quise dármelas de revolucionario, las revoluciones ya no existían, se las había devorado el mercado, es decir, todo lo revolucionario se había convertido en objeto, no en el objetivo que sospechaba debía perseguir –a esas alturas el Che Guevara y Calvin Klein ya estaban homologados en los pechos estampados de la juventud consumista–; lo mismo me sucedió con el comunismo y todos los ismos posibles (incluso con el reciente meísmo). Queda claro entonces que semejantes distancias (la etaria, la política) son suficientes para certificar mi imposibilidad material de hallarme en el tiempo y el espacio de haber unido genes e ideales con una revolucionaria de antaño, como la bella Manuela Gumucio, la madre de Marco.</p>
<p>Alejado de toda intención de disputar la paternidad biológica y adoptiva del candidato presidencial de los “desconcertados”, un día cualquiera, sin pensar siquiera en mi escroto, me convertí en su tercer padre, bautizándolo en la pira sacra del teclado como MEO. Desde entonces, dejó de llamarse como quiso su madre y sus dos padres: Marco Antonio Enríquez-Ominami Gumucio. MEO es más corto, sale de un chorro, o sea, de una. Mucho más que la sigla formada por sus iniciales paternas, MEO es una marca comercial (sobre la que no caben más reclamaciones que el orgullo de haberla inventado). Una marca con la que asentarse en el mercado de la política chilena y con la que es posible simplificar las cosas, los tratos. Ya quisiera Piñera acertar con una marca tan impactante como aquélla. El candidato aliancista podría usar su marca LAN, pero eso no sirve de nada, es decir, aunque lo vincula, no lo relaciona. SPE tampoco sonaría bien. Qué decir del senador Frei. EFRT suena como Empresa de Ferrocarriles Rentables y Tránsfugas. Na’ que ver. En fin, MEO es una buena palabra, nunca pretendí otra cosa con ella más que ahorrar unos cuantos caracteres; a algunos les molesta, la encuentran vulgar, irrespetuosa, líquida; a otros, como mis amigos Eugenio Tironi y Sergio Melnick, les encanta, tanto que ya la utilizan en sus columnas como si a ellos se les hubiese ocurrido. Por allí supe que el propio MEO hasta se rió cuando la escuchó; en cambio, a su segundo padre (el japonés), no le hizo ninguna gracia. Esta mañana me desperté escuchando a Polo Latero y Kony Obama hablando de MEO. También otros columnistas y cronistas que se refieren al diputado de esta manera. Es divertido ver la fuerza que ha tomado el meísmo.</p>
<p>¡Vuela, MEO, vuela!</p>
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		<title>La hora de Longueira</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/06/22/la-hora-de-longueira/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2009 18:47:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[encuestas]]></category>
		<category><![CDATA[pablo longueira]]></category>
		<category><![CDATA[Piñera]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. Hasta antes de saberse los resultados del Estudio Nacional de Opinión Pública (más conocido como Encuesta CEP, mayo-junio 2009), el optimismo invadía (rebalsaba), el mundo aliancista, el pesimismo asolaba (aterraba) a la familia concertacionista, y la esperanza se posaba como paloma mensajera en el balcón del meísmo, y la incertidumbre campeaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/06/longueira-vs-pinera.jpg" align="right" width=180 /><br />
Por Patricio Araya G.</p>
<p>Hasta antes de saberse los resultados del Estudio Nacional de Opinión Pública (más conocido como Encuesta CEP, mayo-junio 2009), el optimismo invadía (rebalsaba), el mundo aliancista, el pesimismo asolaba (aterraba) a la familia concertacionista, y la esperanza se posaba como paloma mensajera en el balcón del meísmo, y la incertidumbre campeaba en las candidaturas de Arrate, Navarro y Zaldívar. Minutos después de la conferencia de prensa convocada por el CEP, las cosas cambiarían de tono, y de rumbo. En las horas siguientes todos se sentirían ganadores. Incluso, los de la Primera B.<span id="more-6885"></span></p>
<p>En clave bielsista, la previa de la llamada “madre de todas las encuestas”, corresponde al primer tiempo de un partido clasificatorio, mientras que la entrega de sus resultados, equivale a la charla técnica del entretiempo, y lo que viene de aquí en adelante (los reacomodos estratégicos de las campañas), al segundo tiempo del match. En consecuencia, desde hoy en adelante, veremos a los diferentes DT asumir nuevos riesgos, toda vez que los resultados obtenidos hasta el momento, en el mayor de los casos, no son los esperados. Así también, es probable que veamos saltar al gramado electoral a otros “jugadores”, a esos que en política se les conoce como “candidatos tapados”.</p>
<p>Previo a la encuesta CEP todo era euforia en el comando aliancista, Piñera ganaba mirando para atrás. Tal era su seguridad, que incluso anunciaba crear nuevos ministerios y cerrar otros. La confianza del presidenciable opositor llegó a la osadía de atravesar la vereda para presentar condolencias en un velatorio falangista, de donde salió en medio de insultos y maldiciones varias, sin mayores magulladuras. Por su parte, en la casa de los concertados, su crédito –aquel potro elegido entre gallos y medianoche, a codazo limpio– se desinflaba como globo de cumpleaños, y su muerte se pregonaba en todas las esquinas; sólo se discutía qué hacer con el cadáver. Y entonces la solución vino desde el iluminismo cosista de la Concertación: un funeral vikingo a teatro lleno, con todo el elenco estable en escena, desde el niño Bowen hasta el bisabuelo Patricio. Ya en el foro, el populacho desalentado por las heridas de su gladiador y su inminente derrota, exigía al de Caleu en la arena. Mientras, en el comando M&#038;M (MEO y MAX) se frotaban las manos como cabros chicos ansiosos, a sabiendas que lo peor ya era historia y que todo lo que venía por delante era ganancia. Y, por último, los candidatos de la Primera B (Zaldívar, Arrate, Navarro) alucinaban con la mera idea de aparecer nombrados como alternativa presidencial, antes del NS/NR.</p>
<p>Tras la revelación de la “verdad” de la CEP esperada por todos, es posible constatar algunos cambios de aquí a la elección del sucesor de Bachelet: a los de la Primera B les salió el raspe “siga participando”. That’s All! Piñera, en tanto, perdió su privilegiado lugar en la grilla (soltó las riendas y la fusta a la vez, o sea, pecó de exceso de confianza), ya no está solo, a su lado acaba de realistarse Frei, rescatado de la morgue, menos asustado y mejor asesorado (Enrique Correa y mi amigo Tironi). Un poco más atrás, viene MEO, el potrillo más vital del corral, agarrado con dientes y uñas de sus dos dígitos prometedores, esperando completar las firmas que le den boletos para la final de campeonato.</p>
<p>Sin embargo, este rebaraje del naipe electoral, no significa que Frei llegue a la elección presidencial mirando para atrás a Piñera y a MEO; así como tampoco significa que MEO superará la prueba de gobernar sin más ayuda que la de sus amigos internautas y su esposa mediática y la filantropía millonaria de Max Marambio. El efecto ulterior de la CEP está por verse, por desatarse. Así como antes de ella, a Frei se le veía camino al cadalso, hoy su lugar pareciera ocuparlo Piñera, y así como al primero le tenían preparado un funeral de estado y dos potenciales reemplazantes (el ministro de Hacienda Andrés Velasco y el ex presidente Lagos), al segundo ya le tienen el suyo, el más voceado y deseado en la derecha: Pablo Longueira.</p>
<p><strong>Campañas versus Encuestas</strong></p>
<p>¿Quién mueve a quién, el perro a la cola o ésta a aquél? Si ese ethos político contingente, deliberante, que se ha ido consagrando poco a poco desde enero de 2006 (segunda vuelta presidencial Piñera-Bachelet) hasta el presente, tuviera que recibir un nombre propio, se llamaría “Elecciones 2009”; en él entran todas las expresiones de quienes añoran una vela en el entierro de fin de año, desde las ultras izquierdas y derechas, pasando por el centro precario, hasta ese subgénero de moda: los díscolos.</p>
<p>Como nunca antes, dicho ethos obedece de manera tan sublime y disciplinada a la liturgia de las encuestas, confiando a ciegas en ellas, esperando sus guarismos con la ansiedad de los enamorados; creándose entre ambos una complicidad tenebrosa. A tal punto, que ya no se sabe quién determina a quién. Sólo se sabe que es una cuestión de dos grupos minúsculos, pero muy poderosos: los políticos y los encuestadores. En rigor, serán estos dos actores quienes decidan mediante dos muestras futuras quién sigue en carrera y quién se va para la casa.</p>
<p>Si bien es cierto que el elector común y corriente ya ha sido informado que de acuerdo al último sondeo del CEP, Frei se acerca a Piñera y que Marco no alcanza la segunda vuelta, también ha sido notificado de la poca o nula importancia de su voto ideológico. Si hasta hoy su cultura electoral le indicaba que el acto de votar era una cuestión importante para él y para el país, y que se decidía en el terreno de una campaña cara a cara, eso cambió para siempre. La participación ciudadana masiva ha sido reemplazada por un pensamiento en masa, incluso, por un pensamiento acrítico, obsecuente. Desde ahora en adelante, en especial desde este 18 de junio, serán las encuestas, y sólo las encuestas, las que decidirán en qué dirección se mueve el ethos político, y el futuro del país. Y en función de ellas y sus cifras, es muy probable que los comandos decidan –a lo Bielsa– quién entra y quién sale del campo. Y si en algún momento se vislumbró la posibilidad de reemplazar a Frei en la gran final, ahora ese riesgo lo corre Piñera, porque como dicen en sus huestes, &#8220;caballo alcanzado, caballo ganado&#8221;. Es la hora de Longueira.</p>
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		<title>El enfermo imaginario</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/06/11/el-enfermo-imaginario/</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2009 12:58:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[ah1n1]]></category>
		<category><![CDATA[guido girardi]]></category>

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		<description><![CDATA[Por PATRICIO ARAYA, desde Teatro La Comedia Por si no lo creen, de tanto buscarle el cuesco a la breva, al fin la gripe AH1N1 atacó al senador Girardi; la duda es quién buscó a quién, si fue el virus que decidió replicarse en su organismo, o si fue el tribuno que quiso hacerse partícipe [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/06/girardi1.jpg" align="right" width=180 />Por PATRICIO ARAYA, desde Teatro La Comedia</p>
<p>Por si no lo creen, de tanto buscarle el cuesco a la breva, al fin la gripe AH1N1 atacó al senador Girardi; la duda es quién buscó a quién, si fue el virus que decidió replicarse en su organismo, o si fue el tribuno que quiso hacerse partícipe de esta moda “simpática” de los ABC1. Eso es vivir en carne propia la pandemia. ¡Qué gallo más jugado!<br />
La buena noticia para Girardi es que –de ser cierto su contagio– no tendrá que contarse entre los cien mil muertos con que él mismo nos amenazó hace un mes. Su red de protección social (alguna clínica pirula, su pulenta isapre, el buen Tamiflú, la buena calefa, los terribles seguros de salud) lo librará de una muerte segura. Y de sus gastos.<br />
Girardi es genial, siempre se las arregla para estar en primera fila. Cuando no lo vemos de edecán de la presidenta Bachelet, irrumpe en los medios con alguna imbecilidad superlativa, como su histriónica ideación de sentirse enfermo. Cabe recordar su repentino tumor cerebral –y del cual se curó de súbito– cuando se vio cuestionado por ciertas facturas, por citar un ejemplo.<span id="more-6537"></span><br />
Dicen que no hay peor enfermo del que no quiere mejorarse, pero también es cierta esa esquizoide manía de sentirse enfermo, hipocondríaco; o hacerse el enfermo, como Argán, aquel famoso enfermo imaginario del célebre Molière. Girardi no está enfermo, sino preocupado. De no cumplirse su catastrófico pronóstico de 3 millones de contagiados y sus consecuentes cien mil muertes (apenas van dos fallecidos), la cosa se le podría complicar.<br />
Este es un año de elecciones y su apellido volverá estar inscrito en una papeleta. Su hermana Cristina va como candidata del PPD por el distrito 18 (Cerro Navia, Lo Prado, Quinta Normal), de modo que un poco de credibilidad no le vendría mal a ese famoso clan familiar. ¿Qué mejor que contarse entre los contagiados por la gripe porcina? ¡Eso te da ene credibilidad, Guido!, deben haberle recomendado sus asesores. Además, es el primero, tal vez el único parlamentario que viva esta suerte de observación participante. Es un privilegio poder hablarle a sus parroquianos desde semejante adversidad. ¡Qué tremenda e imperdible cercanía con los más pobres! ¡Qué oportuno! Menos más que el senador no se perdió la gira europea; la suertecita. Dios sabe por qué hace las cosas. ¡achís!</p>
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		<title>Felipe Camiroaga: ¡Eres un chanta!</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/06/08/felipe-camiroaga-%c2%a1eres-un-chanta/</link>
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		<pubDate>Mon, 08 Jun 2009 13:15:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Animal Nocturno]]></category>
		<category><![CDATA[Clara Rojas]]></category>
		<category><![CDATA[felipe camiroaga]]></category>

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		<description><![CDATA[Por PATRICIO ARAYA G. Lo único verdadero que te escuché decir anoche es que eres un pésimo lector. Todo lo que vino después tiene que ver con tu cara de palo, tu arrogancia y esnobismo; con tu mediocridad. Para desventura tuya, mientras hacía zapping, me topé contigo en pantalla. Allí estabas, libro en mano, confesando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/06/camiroaga.jpg" align="right" width=180 /><br />
Por PATRICIO ARAYA G.</p>
<p>Lo único verdadero que te escuché decir anoche es que eres un pésimo lector. Todo lo que vino después tiene que ver con tu cara de palo, tu arrogancia y esnobismo; con tu mediocridad. Para desventura tuya, mientras hacía zapping, me topé contigo en pantalla. Allí estabas, libro en mano, confesando tu escaso hábito de lectura; bien por ello, un poco de honestidad en televisión no es malo.</p>
<p>Desde ya me irrita que tipos como tú –con escasa instrucción formal– anden por la vida ejerciendo una profesión que no tienen. Y por cierto, me molesta escuchar que personas sin ninguna formación profesional, se refieran a sus conversaciones televisivas –la mayor de las veces sólo trivialidades o cuchicheos de happy hours– como “entrevistas”, tal como haces tú. Déjame decirte que una entrevista es una cuestión mucho más compleja que una simple conversación. No en vano uno se pasa años en una escuela de periodismo aprendiendo a desarrollar una entrevista; pero, en fin, contigo sería inútil llegar a un acuerdo para que te abstuvieras de continuar usurpando el rol de un profesional.<span id="more-6451"></span></p>
<p>Pero, lo que hartó mi paciencia y motivó esta columna –y que le da sentido a mi crítica–, es tu imperdonable deshonestidad respecto a tu “entrevista” a la ex secuestrada de la Farc, Clara Rojas. Justo sintonicé tu programa cuando hacías la introducción a lo que segundos después desataría mi rabia incontenible. Tras confesar tu escasa vocación lectora, mostraste en pantalla el libro “Cautiva”, escrito por Rojas, asegurando que lo habías leído de manera excepcional; enseguida mencionaste un par de aspectos que te habían impresionado, hasta que la ex rehén entró en escena.</p>
<p>De allí en adelante, todo mal. Resulta que todas las preguntas tu mentada “entrevista” –apoyadas por sendas didascalias de fondo– no fue más que un asqueroso plagio de un reportaje realizado por el diario El País (España) y reproducido en el cuerpo de Reportajes de La Tercera del 12 de abril pasado (páginas 20 y 21), y que tuve la suerte de leer en su momento. Mi indignación fue tan grande, que decidí conectarme a internet y buscar en l<a href="http://papeldigital.info/ltrep/">atercera.c</a>l (papel digital,suplemento Reportajes, ediciones anteriores) la entrevista del periodista Pablo Ordaz –que a esta alturas no debe tener ni idea que un chanta como tú se gana los porotos a costa suya– para comprobar que lo mío no eran meras alucinaciones provocadas por el insomnio senil.  </p>
<p>Una cosa me quedó clara: nunca leíste el libro. Y lo otro, qué lata imaginar que detrás de ti hay un editor periodístico que tampoco está haciendo bien la pega. Me pregunto qué habrá pensado Clara, haberla traído de tan lejos para repetirle las mismas preguntas que le hicieron con ocasión del lanzamiento de “Cautiva”. Mal Felipe Camiroaga. Muy mal. Y lo peor está por venir: tus televidentes matinales seguirán siendo engañados durante semanas con tu “asertiva entrevista a Clara Rojas”.</p>
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		<title>Camilo Está lona y Pepe Out!!</title>
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		<pubDate>Fri, 29 May 2009 02:02:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[camilo escalona]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
		<category><![CDATA[Pepe Auth]]></category>

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		<description><![CDATA[Por PATRICIO ARAYA, desde EL Fortín Prat ¿En qué estarán en estos momentos los líderes de la Concertación? Por de pronto, sus rostros visibles, léase, los presidentes de los partidos, con excepción del senador José Antonio Gómez –quien no pesca la campaña de su vencedor en la primaria trucha y se declara estresado–, todos andan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/pepe_auth1.jpg" align="right" width=180 />Por PATRICIO ARAYA, desde EL Fortín Prat </p>
<p>¿En qué estarán en estos momentos los líderes de la Concertación? Por de pronto, sus rostros visibles, léase, los presidentes de los partidos, con excepción del senador José Antonio Gómez –quien no pesca la campaña de su vencedor en la primaria trucha y se declara estresado–, todos andan por allí, haciendo de las suyas. Camilo, ninguneando al enfant terrible (L’enfant gâté, como les gustará decir a los concertacionistas “franceses”) y haciéndose el cucho con los rumores de pasillo, medio en broma medio en serio, que piden que Lagos salte al ruedo; Juan Carlos “Caco” Latorre, en la ídem, cual vigía, mirando pasar el tren mientras alienta al candidato enfermo, agónico, a sabiendas que ya no resiste, y que ya hay voces al interior del oficialismo que hablan de “otro candidato”, en alusión al ministro de Hacienda Andrés Velasco; y Pepe, sonriendo todo el día, pensando en el 2014. Como se verá, todo un prodigio de la ingeniería política moderna; tal vez de ella estén ocupados los cerebros vitales de ese conglomerado. Se supone.<span id="more-6181"></span><br />
Cuando a un presidente de partido político, como Camilo Escalona –tal vez el más influyente en el gobierno de Michelle Bachelet– se le “caen” sus pingos (aquellos créditos llamados a continuar tan magnífica obra) antes de subir al ring, lo honorable sería lanzar la toalla al centro del cuadrilátero y reconocer la derrota prematura. Nadie puede ser tan obstinado y persistir en semejante porfía como si ésta fuera impropia.<br />
Eso de echarle la culpa de la debacle a terceros, siempre trae problemas al liderazgo que se desea preservar. Y Escalona los viene teniendo hace ratito. Desde que se la jugó por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza –quien nunca se convenció de abandonar su seguridad económica en Washington, para aventurarse a una cuestión incierta en Santiago–, hasta cuando tuvo que apoyar con la boca chueca a Eduardo Frei como candidato único de la Concertación. Y, después, cuando lo hicieron bolsa por los públicos insultos al retador radical. O como siempre, cuando le enrostran su estalinismo trasnochado.<br />
Insulza ni siquiera alcanzó a ponerse los guantes y en medio de las negociaciones agarró su bolso y se marchó a casa, lo que incomodó mucho al timonel socialista, porque se quedó con las manos vacías, y sin la posibilidad de recomponer su relación con el ex presidente Ricardo Lagos; en realidad, Insulza nunca lo pescó ni Lagos lo perdonó.<br />
Tras el desistimiento del “Panzer”, el entrenador Escalona acudió a toda prisa donde el líder de la DC, Juan Carlos Latorre, y le habló al oído de la conveniencia de ungir de una a Eduardo Frei, el candidato de la camisa abierta y la esposa locuaz. “Caco” aceptó de inmediato, y en un dos por tres, la Concertación tenía su hombre, no sin antes dejar de lado a un pingo que prometía: el presidente de los radicales.<br />
Lejos de terminar allí, los problemas de Camilo aumentaron más todavía cuando mientras acicalaban al flamante neo Eduardo en el camarín para lanzarlo a pelear con Piñera, la hinchada afuera comenzó a gritar por otro púgil salido de la cantera, más joven, menos visto, un tal MEO, en cuyo favor empezaron a subir las apuestas.<br />
Como era de suponer, lo mal habido nunca termina bien. Nadie, ni mucho menos Escalona, imaginaba que aquello de que “no hay peor astilla que la del propio palo”, fuera a dejarse caer en el peor momento sobre la coalición gobiernista para desordenar la mesa recién puesta; tampoco nadie contaba con que Marquito, el otrora niño símbolo de la Concertación noventera, el sobrino malcriado, hinchapelotas, irrumpiera en medio de la parranda para robarse la película y el protagonismo del tío Lalo. ¡Qué bochorno, Camilo! Nadie puede perder tantos rounds seguidos y seguir pensando en el triunfo.<br />
Pensar que era tan fácil haber dejado afuera a ese cabro chico insoportable, sólo bastaba haber puesto su nombre en la papeleta de la primaria fulera, y después mandarle un codazo como el que le dieron a Gómez, y listo. Eso era todo. Pero, dale Escalona con hacerle trampas a la democracia.<br />
Ríndete Camilo. ¿O vas a cargar con el peso de la derrota a manos del sobrino incómodo? Deja la soberbia de lado. Aprende del porrazo de Lo Espejo y agacha el moño. No sólo tu amigo “Caco” sino muchos en la Concertación, ya admiten que Frei no da más, que ni la juventud que trajo el niño Bowen lo salva. &#8220;Ritalín&#8221; MEO es incansable, igual que el de la locomotora. Camilo, te recomiendo urgente un viaje a Caleu. Ve allí como el hijo pródigo y dile a tu padre que –una vez más– erraste el camino, o que apostates mal, qué importa, él lo entenderá. Tú eres sabio. Mira que entre perderlas todas y darle un aventón al que alguna vez despreciaste, no tienes dónde elegir. Eso sí, te doy un dato: él te querrá lejos, muy lejos, igual que al Pepe y al Marcelo; y a unos cuantos. Ya podrán volver. Algún día.</p>
<p>Y el otro… ¿qué onda?</p>
<p>Y si Camilo está lona, el otro, su socio, el Pepe, está Out! Hace mucho rato que el ex modelo y nodriza parisina de MEO, no sabe más que sonreír, no aporta ideas y no sabe cómo neutralizar a Piñera, ni mucho menos a ese pendejo que lo hacía sudar por Champs Elysées; el pobre no corta ni pincha en el PPD, como se dice. No existe. Pepe sólo espera que el calendario deje correr los años hasta 2014 y surja entonces un candidato más potente al que apoyar. La verdad es que Camilo y Pepe evocan a Leoncio el León y Tristón, ese par de monos perdedores de nuestra infancia.<br />
Atinen, cabros!!</p>
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		<title>¿Statu quo, transición o desalojo?</title>
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		<pubDate>Mon, 25 May 2009 12:22:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Bachelet]]></category>
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		<description><![CDATA[Por PATRICIO ARAYA Que las imágenes “hablan”, no cabe duda. La de este 21 de mayo de la Presidenta Bachelet flanqueada por sus pares de ambas ramas del Poder Legislativo en la testera del Congreso, durante la rendición de su última cuenta pública, desde ya es histórica y como tal sugiere algunas lecturas, ciertas interpretaciones. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/bacheletudis.jpg" align="right" width=180/>Por PATRICIO ARAYA</p>
<p>Que las imágenes “hablan”, no cabe duda. La de este 21 de mayo de la Presidenta Bachelet flanqueada por sus pares de ambas ramas del Poder Legislativo en la testera del Congreso, durante la rendición de su última cuenta pública, desde ya es histórica y como tal sugiere algunas lecturas, ciertas interpretaciones. Esta es la primera vez desde 1990 que un mandatario concertacionista encabeza una ceremonia oficial en el hemiciclo, acompañado de dos representantes de la oposición en su calidad de máximos directivos de la Cámara y del Senado (los UDI Rodrigo Álvarez y Jovino Novoa); del mismo modo, con ocasión del cambio de mando en marzo próximo, esta misma escena se repetirá e incluirá a un cuarto personaje, que bien podría integrar un eventual tridente aliancista.<span id="more-6040"></span><br />
En esa misma testera nuestra historia reciente se ha dado sus gustitos. Hace diecinueve años Pinochet y Aylwin cerraban allí una etapa de la historia y abrían otra, una que no obstante ser anunciada por sus mentores como “transición a la democracia” (una cuestión que en poco tiempo prometía restablecer la institucionalidad democrática y sanar las heridas del pasado), nunca concluyó del todo, por el contrario, nuestra “democracia de baja intensidad” (aquella institución un poco rancia que cohabitan oficialismo y oposición, y observada desde la gradería por los marginados e ignorados de siempre) no ha superado ninguno de los vicios que ella misma denostaba en sus albores: sectarismo, exclusión, corrupción, intolerancia política, odios, revanchismos; pequeñeces.<br />
Sabemos que dicha “transición” no cumplió por completo el propósito de asegurar el pleno ejercicio de derechos y deberes ciudadanos, en el contexto de un Estado democrático pos dictatorial, por el contrario, ella devino en una entelequia de doble faz: la democracia de los acuerdos y la justicia en la medida de lo posible. En consecuencia, lo que hoy tenemos es un sistema de componendas aceptado a regañadientes por la ciudadanía en pro de la buena convivencia, que al cabo, se torna pernicioso contra la misma democracia que pretende preservar; una realidad circular, viciosa, pero no inmodificable. De seguro esto fomenta en algunos la desidia, la inacción, el statu quo, el gatopardismo, ese lugar común del discurso del cambio para que todo siga igual; mientras que en otros alimenta el deseo de un cambio inmediato, radical, un desalojo urgente, un ¡ahora nos toca!; y en otros más alucinados todavía, la idea de que ése cambio sea mucho más duradero, tanto que alcance para darle sentido y longevidad a su proyecto ulterior.<br />
Entonces, ¿cabría interpretar esa escena de Bachelet y los parlamentarios gremialistas en la testera, como un gallito entre Concertación y oposición por quién estará allí el próximo año dando cuenta al país del estado de la hacienda, y por lo tanto, como una voz de alerta de la mandataria a su abanderado, y un guiño cómplice de los tribunos de la UDI al candidato aliancista? Si la respuesta es afirmativa, entonces las alarmas en el comando oficialista deben estar sonando a todo dar, mientras que en la vereda de enfrente el champán aguarda en la nevera.<br />
¿O será que dicha escena puede ser el inicio del sueño cumplido de desalojar al fin a la Concertación? Puede ser. ¿Acaso esas sonrisas tensas y abrazos tibios bajo el mármol, equivalen al comienzo de una nueva transición, un puente entre dos sistemas de gobierno, uno que no cumplió todo lo que prometió y otro que promete cumplir todo lo que pueda? Una transición menos traumática que un cambio violento, que podría llevar al país del mero crecimiento económico al desarrollo con oportunidades igualitarias. ¡Quién sabe! ¿O es que el vestido verde esperanza de Michelle sea el símbolo de la continuidad? Por último, ¿no será hora de que sea el país, la ciudadanía, quien decida –alguna vez– su destino, y piense en una tercera posibilidad, o en una cuarta?<br />
Sobre lo que no cabe duda es que nunca antes y nunca tanto, una fotografía como la de este 21 de mayo, fue tan elocuente; tan sugerente.</p>
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		<title>El ¿genoma? de la Concertación</title>
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		<pubDate>Wed, 20 May 2009 02:23:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>

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		<description><![CDATA[POR PATRICIO ARAYA Me reuní con un “desconcertado”, para que me explicara qué es el ADN de la Concertación, de qué está formado su polímero, cuáles son sus bases, cuál su filosofía, su leit motiv, qué la diferencia en su conjunto de una de sus partes, el PPD, un partido “funcional”, no ideológico; pragmático. Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/concertacion.jpg" align="right" />POR PATRICIO ARAYA</p>
<p>Me reuní con un “desconcertado”, para que me explicara qué es el ADN de la Concertación, de qué está formado su polímero, cuáles son sus bases, cuál su filosofía, su leit motiv, qué la diferencia en su conjunto de una de sus partes, el PPD, un partido “funcional”, no ideológico; pragmático. Y también para resolver una pregunta de sentido común: ¿los Presidentes de la República han sido a su turno los jefes supremos de la Concertación, sus líderes?<br />
“Anota”. –Me ordenó. Eso hice. Para mi sorpresa terminé tomando nota de una larga lista de nombres ligados a ese conglomerado –unos más que otros–, desde fundadores emblemáticos a simpatizantes recientes; desde lobbyistas como el ex MAPU Enrique Correa (hoy en su propia consultora y más bien alejado del seno concertacionista) a Pablo<span id="more-5952"></span> Halpern (megaexperto en comunicaciones y hombre clave en el gobierno de Frei y en su actual campaña), por nombrar algunos. “Te pregunté qué es el ADN de la Concertación, no quiénes la integran”. –Le reclamé, después del primer nombre. “Es lo mismo”. –Me dijo.<br />
El propósito era contar con un elemento más sólido y permanente que permitiera entender qué es la Concertación, qué le ha permitido gobernar el país durante dos décadas a través de cuatro mandatarios consecutivos, qué la sostiene en el poder, qué la diferencia de la derecha y de la izquierda de los últimos años de donde provienen algunos de sus más connotados representantes, al cabo, buscaba dar con un elemento menos rudimentario que una simple y previsible lista de nombres –una especie de Lista de Schindler, de unos “elegidos” que sobrevivieron a la dictadura–, que con el paso del tiempo se van sumando y restando de sus filas, algo que le diera sentido a la frase “las personas pasan, las instituciones quedan”. Pero, nada. Sólo nombres.<br />
“O sea, que no hay tal filosofía ni liderazgo presidencial alguno, ¿alguien sabe ahí entonces para dónde va la micro, qué hay del mentado “pueblo” como alter ego de su lucha durante la dictadura, qué hay de “la gente” a la que tanto prometieron, de la participación ciudadana, de la democracia, de las grandes alamedas… del arcoíris de octubre?”. –Insistí. “Esas son puras huevadas, sentimentalismos baratos que no sirven para nada, demodé total, cachai?; aquí lo que cuenta es el poder y quién lo alcanza, cómo lo consigues, cómo lo mantienes, cuánto te sirve y para qué lo utilizas, a quiénes puedes intimidar con él, quién te “timbra” para la pega de tu vida o para un boleteo salvatore, por último”. –Ahora entendí. </p>
<p><strong>Santos propios</strong></p>
<p>La Concertación, aquel lugar donde confluyeron las dos principales facciones militantes previas a la dictadura (los que se quedaron en el país, unos a rostro descubierto, otros en sus escondrijos, y los exiliados), y a las que a fines de los ochenta se sumó una parte significativa de la sociedad civil no militante que anhelaba retornar a la democracia, hace mucho rato que dejó de ser ese referente político, moral y social que logró aglutinar el descontento y la esperanza en una sola voz.<br />
Aquella instancia ciudadana que en 1988 llegó a contar con 17 partidos políticos y que hacía gárgaras con las palabras “pluralismo” e “inclusión”, para en las décadas siguientes reducirse a los cuatro actuales (PS, PPD, PRSD y PDC), hoy ya no es una entidad ideológica como pretendían sus fundadores, ni tiene ese carisma que la vio crecer bajo su arcoíris, ni tampoco tiene la necesidad de un manual de comportamiento corporativo, tal vez porque el enemigo a derrotar fue vencido y la victoria arrasó con la mística, lo cierto es que ni siquiera es una institución declarativa, cuya misión y visión figuren en algún sitio de la red. De lo anterior se colige que la idea de crear un partido funcional como el PPD, al cabo, se transformó en el modus operandi de toda la Concertación, no un ethos donde pensar el país, sino una sede social para negociarlo todo. No una coalición liderada desde la primera magistratura, sino una asociación de fútbol amateur con algunos equipos más influyentes que el resto.<br />
Por su parte, los cuatro Presidentes consecutivos de la Concertación han ido distanciándose cada vez más de los partidos y de sus bases –de su militancia disciplinada–, para erguirse como mandatarios unipersonales, “apolíticos”, que ejercen su poder prescindiendo de otros, acotando sus decisiones más importantes a un círculo de hierro, cuyo objetivo principal pareciera ser la mantención de su influencia actual y futura. Los partidos tampoco lo hacen nada de mal, llegando al paroxismo de las agendas propias y paralelas a la del jefe. Es decir, cada uno con su santo. Alucinados en el famoso “cupo” para algo.<br />
Se trata, por un lado, de una gran familia, “de donde puedes irte y volver cuando quieras, con o sin rencores, créelo”, y por otro, de un grupo de amiguis circunstanciales –esto es más real, lo anterior es medio mamón–, ni siquiera grandes correligionarios con pasado común, sólo conocidos aquí o allá en el exilio, cuando más, con mucho o escaso sentido de la lealtad política o humana, ¡qué importa!&#8230; aliados en ocasiones y acérrimos enemigos en otras, unidos por la necesidad del amamantamiento fiscal; células de poder que manejan fondos públicos, una descomunal agencia de empleos, una generosa e inacabable caja pagadora, funcionarios que se distribuyen por todo el país controlando la maquinaria estatal; una nomenklatura donde es posible hallar desde doctores en todos los ámbitos del conocimiento hasta maestros chasquillas expertos en asesorías gastronómicas, muchos de ellos con escasa o nula instrucción académica; muchos egresados de, o con carreras a medias. Muchos ex de todo: ex GAP, ex MAPU, ex MIR, ex humanistas, ex comunistas, incluso, ex pinochetistas; mucho travestido. El denominador común de la gran mayoría de estos concertados es su convicción mesiánica de sentirse imprescindibles. En justicia, también allí hay gente muy valiosa; poca. Hombres y mujeres que se pierden en el tráfago de componendas que se tornan indispensables.<br />
“En serio, ¿no hay al menos un lema deportivo o un himno religioso?”. –Persistí. “Sí. Hay uno… Señor, no te pido que me des, ponme donde haiga”.</p>
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		<title>Meo y Leo</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2009 04:52:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[la noche]]></category>
		<category><![CDATA[marco enríquez-ominami]]></category>

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		<description><![CDATA[POR PATRICIO ARAYA G., desde La Calera Lo primero que hice en esta vida fue mear, en realidad, era meconio, una mezcla de todo, como las aves; lo hacía en ese charco amniótico donde comenzaron a dividirse mis primeras células, tras ser concebido a la salida de una fonda, un fogoso septiembre porteño del siglo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/marco-calera.jpg" align="right" />POR PATRICIO ARAYA G., desde La Calera</p>
<p>Lo primero que hice en esta vida fue mear, en realidad, era meconio, una mezcla de todo, como las aves; lo hacía en ese charco amniótico donde comenzaron a dividirse mis primeras células, tras ser concebido a la salida de una fonda, un fogoso septiembre porteño del siglo pasado; después seguí meándome en todas las camas de mi familia, en los pantalones propios y en los prestados, hasta que crecí y aprendí a bajarme el cierre frente al urinario. Tras superar mi debilidad miccional, aprendí a leer, y desde entonces leo. Leo todo lo que puedo, todo lo que me gusta y muy poco de lo que me desagrada, esto último lo hago por obligación; incluso leo los comentarios de las columnas que escribo en The Clinic. Y sobre todo, meo.<span id="more-5829"></span><br />
Hasta ahora no había pensado en la relación indisoluble que existe entre estas dos acciones tan humanas: mear y leer. Hay muchos que van al baño sólo a leer; algunos también meamos. Podemos pasar horas ahí, acalambrándonos el traste, hasta las uñas. De allí solemos salir más cultos, más informados y más livianos; menos líquidos. Meo y leo todo el día, es lo único que me sale de corrido, en abundancia, sin culpa. Si no contara con el espacio y la libertad para conjugar esos dos verbos fundacionales de mi vida, no sé qué haría. Moriría ignorante y envenenado.<br />
MEO y LEO<br />
El valle de Aconcagua es maravilloso, está rodeado de cordones cordilleranos de la costa y es atravesado por vientos que suben del mar por el curso del río Aconcagua en dirección a la cordillera de los Andes; es fértil, cálido, y sobre todo, generoso; muy acogedor; allí han echado raíces muchos inmigrantes orientales, asiáticos y europeos, todos han hecho fortuna y generado herencia humana y material. A fines de marzo, el diputado socialista Marco Enríquez-Ominami (MEO), eligió la comuna de La Calera, ubicada en el corazón del valle, para lanzar su aventura presidencial.<br />
Allí se reunieron ocho mil almas atraídas por una oferta irresistible. No fueron por MEO ni por la pléyade de intelectuales que lo avalaban aquélla jornada veraniega; tampoco fueron a escuchar su slogan winner: “No quiero hacer campaña con promesas y terminar gobernando con explicaciones”. Sin duda esos aconcagüinos no fueron a oír promesas electorales, ni tampoco están interesados en las consecuentes explicaciones. Entonces, ¿por qué estaban allí esa noche de fines del verano? Simple. Ese público alegre, integrado en su mayoría por jóvenes mujeres y niños hinchapelotas, sólo quería desatar su fanatismo por su banda preferida, por aquella agrupación de melenudos cumbiancheros hijos del mismo valle, llamada La Noche, y por su líder, Leonardo Rey, LEO. Allí estaban, MEO y LEO, ahora convertidos en sustantivos propios, no en los verbos que sostienen mi existencia.<br />
Hace poco la periodista Macarena Gallo entrevistó a LEO en este mismo medio, ocasión en que el líder de La Noche confesó su lejanía con el mundo político. Veamos sus respuestas, no muy diferentes a las de Miriam Hernández a la hora de justificar su participación en la campaña de Joaquín Lavín el año 2005.<br />
¿Estás inscrito en los registros electorales?<br />
-No. No me interesa ni me llama la atención. Ni ahí con los políticos, la política.<br />
Sin embargo, ustedes tocan para muchos políticos…<br />
-Sí. Le vamos a todos. Yo ni siquiera sé que es la UDI o el PPD. ¡No tengo idea!<br />
¿Piensas inscribirte si hay voto voluntario?<br />
-No me interesa y no voy a participar en eso. A mí nunca me han ayudado en nada los políticos. Todo lo que tengo y logrado ha sido por mi propio esfuerzo.<br />
Qué lejos estamos hoy de aquellas campañas de antaño, donde los Víctor Jara, los Quilapayún, incluso, Los Quincheros con su apoyo a la dictadura, se diferenciaban con toda claridad del rol de la gallina y el vacuno en el bistec a lo pobre. La gallina sólo se involucra, colabora con los huevos, no le va en ello la vida; la res, en cambio, pone su carne, o sea, se inmola, muere, se sacrifica, se compromete. Cosa que no hace LEO con MEO. Ni Miriam con Joaquín, como sí hacían los músicos setenteros, convencidos, comprometidos, como se usaba en la época de Miguel Enríquez, el padre de MEO; Víctor Jara pagó con su vida ese compromiso.<br />
En la posmodernidad no hay tal ideología, el compromiso es etéreo, lábil y apenas supera la formalidad de un contrato para entretener (distraer) a la audiencia, para atraerla al proscenio del divertimento, no al ágora donde se debaten ideas. Ergo, hoy los políticos aseguran la concurrencia a sus shows de lanzamiento llevando ciertos números artísticos que sean del gusto masivo, un poco de circo barato para el populacho. Ellos, al cabo, aportan el pan duro, añejo, sin miga, sin contenido; los resultados al final dependen de cuestiones tan sólidas como la simpatía del candidato, de lo mino que sea. ¿Quién estará involucrado y quién comprometido?<br />
Mejor sigo leyendo. Y meando.</p>
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		<title>Flores de Dawson, flores de Bach: ¿cuestión de olores?</title>
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		<pubDate>Thu, 07 May 2009 20:21:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Flores]]></category>

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		<description><![CDATA[Patricio Araya G. desde Isla Dawson ¿Por qué no bajarse de la microbia cuando un pasajero se relaja por el esfínter rectal y su hedor escurre por el pasillo? ¿Quién puede obligar a otro a oler tan nauseabunda asquerosidad? Eso pensó hace algún tiempo el senador ex PPD, Fernando Flores Labra, y sin más compañía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/fernandoflores.jpg" align="right" />Patricio Araya G. desde Isla Dawson</p>
<p>¿Por qué no bajarse de la microbia cuando un pasajero se relaja por el esfínter rectal y su hedor escurre por el pasillo? ¿Quién puede obligar a otro a oler tan nauseabunda asquerosidad? Eso pensó hace algún tiempo el senador ex PPD, Fernando Flores Labra, y sin más compañía que el gesto solidario de un par de sus actuales amigos (entre ellos, el ex diputado ex PPD, Jorge Schaulsohn), se bajó de la microbia concertacionista cuando ésta se detuvo en plaza Italia. Olía mal la cosa, parece. Dos puntos quedaron claros a partir de esa (inteligente) decisión: primero, Flores es sensible a los olores, le cargan los pedos; segundo, por Plaza Italia pasan todas las micros, más de alguna le sirve.<br />
Sus parientes, las Flores de Bach, “unas esencias naturales utilizadas para tratar diversas situaciones emocionales, como miedos, soledad, desesperación, estrés, depresión y obsesiones”, pero que no sirven para desodorizar ambientes enrarecidos, como el que el senador percibió al interior de su ex<span id="more-5667"></span> tienda oficialista, bien podrían servirle para otro propósito: curar las dolencias emocionales que produjo en sus antiguos aliados su reciente decisión de cruzar la calle para ingresar al imperio Tantauco, o bien, para tratar la obsesión omnímoda de su nuevo emperador. Las flores de Bach no servirán mucho para deshacerse de la hediondez provocada por una indigestión de casi veinte años, pero sin duda son muy útiles para neutralizar los miedos y la desesperación de los que quedaron en la otra orilla. Eso debe estar pensado el Flores de Dawson.<!--more--><br />
Si de travesías difíciles se trata, como la de cambiarse de bando político de una, e irrumpir con bombos y platillos en el parto de la nueva “Coalición para el cambio”, liderada por el presidenciable Sebastián Piñera y sus boys, Fernando Flores tiene mucha experiencia. Tras el golpe de Estado, fue hecho prisionero y puesto en caravana con dirección al sur, donde lo soltaron –como oveja patagónica– en un terreno baldío en medio del Estrecho de Magallanes, llamado Isla Dawson, una especie de Siberia chilena, rodeado de vientos continentales e incertidumbres perniciosas, acompañado sólo de unos pocos que sobrevivieron al fuego de septiembre, con quienes pasó hambre y frío y toda clase de humillaciones a manos de sus carceleros, hasta su liberación tres años después, no sin antes hacer unas pasantías por otros campos de concentración, como Ritoque y Tres Álamos. De allí partió al exilio y regresó años después, mejor equipado, y con la rentable leyenda de ser “el niño símbolo” de la isla Dawson.<br />
Ya en Chile, se trasladó al norte para ocupar el cupo senatorial que le heredó su ex amigo Sergio Bitar en la Primera Circunscripción (Tarapacá, Arica y Parinacota), para luego de ser electo con la camiseta tricolor del PPD renunciar a la Concertación y fundar Chile Primero, “un nuevo referente social y político, distinto de la Concertación y la Alianza, y alejado de las definiciones dogmáticas de &#8220;izquierda&#8221;, &#8220;centro&#8221; y &#8220;derecha&#8221; (¿?), según reza su sitio. La última escala de su infinita travesía está calientita. Este miércoles, haciendo oídos sordos a los gritos de su historia de carnero desterrado, y cerrando los ojos que antes orientó en un camino “distinto a la Concertación y la Alianza”, y ultimado por una dolorosa decisión, acaba de desembarcar en Normandía, la tierra prometida de la derecha criolla, donde campea un patrón ansioso de vacacionar por cuatro años en Cerro Castillo. Uf!! cansa tanto viaje.<br />
La pregunta que muchos de sus ex compañeros de reclusión y de sus ex aliados políticos en libertad se estarán haciendo, es si este Flores es el mismo de Dawson, o no. Por cierto que no es el mismo. Aquél Flores de Dawson era un hombre (un joven) idealista, militante, comprometido, respetuoso de la dignidad y los sueños de los otros, que blandía la espada para derrotar la injusticia social y laboral; ex ministro de Economía (1972) y Hacienda (1973) del Presidente Allende. El de hoy es un Flores que la pensó bien y decidió que lo mejor es no pedir sino estar donde haya, que se achanchó, que engordó en el fundo de la democracia relajada, prometiendo a diestra y siniestra a sus súbditos algo que ahora confiesa como incumplido: &#8220;Dejamos pasar oportunidades, la educación no funcionó, las desigualdades se acrecentaron, hablamos de emprendimiento y se confunde con proyectos de estudio (&#8230;) Pero a mi juicio lo más grave es que hemos creado una cultura de la mediocridad que se extiende por todas partes&#8221; (emol.com).<br />
El Flores de hoy es un convencido de que si no puedes contra tu enemigo, únete a él, y que no trepida en declarar que se siente “contento por haber estado preso”, como si ese trance fuera una fiesta de cumpleaños, no midiendo que esa frase es una bofetada a sus muertos de Dawson y a los de otros campos de concentración; y anticipándose al rechazo que genera su cambio de actitud, anuncia que “no está dispuesto al chantaje moral”, en clara alusión a los que le enrostrarán su pasado allendista. “Me siento orgulloso de haber sido ministro del Allende”, dijo para las cámaras en el podio donde lo instaló su nuevo líder durante la ceremonia de lanzamiento de la “Coalición para el cambio”, a la que prometen integrarse otros “desconcertados”.<br />
Confiemos que las flores de Bach surtan el efecto terapéutico de sanar a los ofendidos por el prisionero de Dawson, que los acompañen en su orfandad, en sus miedos de saber que cualquiera de estos días aparece un fulano prometiendo el oro y el moro para luego darte la espalda; esperemos que las primas del Flores de Dawson curen nuestra angustia de no saber a qué hora pasa la única micro que nos sirve a todos. Y claro que no es una cuestión de olores, es una cuestión de honores ¿o no, Flores?</p>
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		<title>MEO… y las palabras</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2009 08:09:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[marco enríquez-ominami]]></category>
		<category><![CDATA[presidenciales]]></category>

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		<description><![CDATA[Patricio Araya G. desde el Jardín Marco Enríquez-Ominami (MEO), ¡te caché!, descubrí tu gran debilidad, o mejor dicho, descubrí tu exceso de habilidad: lo tuyo, sin duda, es el monólogo, el soliloquio ensordecedor, delirante, omnisciente como un narrador sabelotodo; un hablador apabullante, sin contención. El domingo te estuve viendo en “Estado Nacional” –y sobre todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/marcofinal.jpg" align="right" width=180>Patricio Araya G. desde el Jardín</p>
<p>Marco Enríquez-Ominami (MEO), ¡te caché!, descubrí tu gran debilidad, o mejor dicho, descubrí tu exceso de habilidad: lo tuyo, sin duda, es el monólogo, el soliloquio ensordecedor, delirante, omnisciente como un narrador sabelotodo; un hablador apabullante, sin contención. El domingo te estuve viendo en “Estado Nacional” –y sobre todo escuchándote–, y me di cuenta que no necesitas al entrevistador, tú puedes autoentrevistarte. El lunes te escuché en “Lo que queda del día”. Lo mismo. <span id="more-5607"></span></p>
<p>¿Acaso tu concepción fue tan urgente que no te hicieron un par de oídos donde instalarte unos tímpanos? Tú preguntas, tú respondes; luego vuelves a preguntar, y sin tomar más aire, sin esperar siquiera que tu interlocutor (por llamarlo de alguna manera) responda, ahí le entras, compadre, como diría Cantinflas. Tú argumentas y contra argumentas al unísono; de tu boca fluyen litros de saliva que acaban convirtiéndose en un líquido denso, arenoso, áspero, en el que se espesan tus palabras atolondradas, hasta ripiadas en muchas ocasiones, todo un brebaje de licuadora Oster (de esas hay una en mi casa) con el que alimentas la “conversación”. No importa si al frente tienes uno o más contertulios, eso es un detalle. A ti lo que te sale solito es el bla blá; son las palabras.</p>
<p>Con toda seguridad leíste a Neruda: &#8220;&#8230;todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan&#8230;Me prosterno ante ellas&#8230; las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito”.</p>
<p>MEO, la cuestión no es si te incluyen o no en la papeleta de diciembre, o si Escalona se estará preguntando a estas alturas por qué Ominami no te extravió en París cuando eras un pendejo travieso, era tan fácil, nadie te conocía, sólo Manuela y los amigos de Miguel, o por qué te obsesionaste con La Moneda si él ya eligió al sucesor de Michelle. Y ése es un asunto sobre el que Camilo no admite más discusiones, él ya te dejó afuera de la papeleta de las primarias una vez y nada le cuesta darte otro codazo, como se le dio a Gómez.</p>
<p>“&#8230;Amo tanto las palabras. Las inesperadas&#8230;las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen&#8230;vocablos amados&#8230;brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío&#8230;Persigo algunas palabras. Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema”.</p>
<p>Tu problema MEO, no es que quieras junto a ti a los que respetan la democracia y el mercado a rajatabla, ni siquiera es tu escasa experiencia política, porque, en rigor, ¿qué significa tener “experiencia política”? No lo sé, creo que nadie lo sabe.</p>
<p>“&#8230;Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas”.</p>
<p>Aquello que solemos entender como “experiencia política” no es sino una manera eufemística que utilizamos para referirnos a esa familiaridad insana, promiscua, que se va produciendo con los años, entre una actividad (a la que llamamos Política) y sus cultores (a los que llamamos Políticos), algo así como un contubernio; una turbiedad.</p>
<p>“&#8230;Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperelijo, las liberto&#8230;Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalo de la ola”.</p>
<p>Tu drama tampoco es Frei o Piñera, (ni Navarro con su moto marca MAS, o Zaldívar con su sorna terrateniente, ni qué decir del tatita Arrate con sus canas almeydistas); Don Lalo tiene “experiencia política” reciente y un poco de plata fondeada, Tatán tiene harta plata conocida y desconocida y un poco de “experiencia política” como tribuno.</p>
<p> “&#8230;Todo está en la palabra&#8230;Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció”.</p>
<p>Tu problema son las palabras, tus palabras; tienes demasiadas MEO; tantas, que las enredas; tantas, que apenas se te oyen; tantas, que se desordenan, se atropellan unas a otras en la fila para salir de tu boca; tantas, que apenas te das a entender.</p>
<p> “&#8230;Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces&#8230; Son antiquísimas y recientísimas&#8230;Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada&#8230;Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos”.</p>
<p>Razón tenía Neruda entonces al advertirnos sobre esa tremenda (única) herencia que nos dejaron los conquistadores: las palabras.</p>
<p>“&#8230;Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo”.</p>
<p>No las desaproveches, MEO. Fíjate que Frei no es muy habilidoso usándolas, a él hasta le faltan un poco, diría yo.</p>
<p>“&#8230;Todo se lo tragaban con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas&#8230;Por donde pasaban quedaba amasada la tierra”.</p>
<p>Te has dado cuenta que siempre el pobre senador se ve forzado a los adverbios de modo para darle un poco más de profundidad a sus decires: “estoy extraordinariamente contento”. Eso es porque él se maneja mejor con la regla de cálculo que con el diccionario.</p>
<p> “&#8230;Pero a las bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes&#8230;el idioma”.</p>
<p>Tú, en cambio, eres seco para las palabras, incluso, las utilizas para confundir a los demás, y esto te acarrea un problema mayor, provocado nada menos que por tu vasta palabrería (y en eso coincides con Piñera de principio a fin): te quedas sin contenido, te falla la enjundia, cachai?, te queda flaca la sopa, eres como una cazuela de ave insípida, o como esas empanadas de queso que se desinflan cuando las muerdes.</p>
<p>“Salimos perdiendo&#8230;Salimos ganando&#8230; Se llevaron el oro y nos dejaron el oro&#8230;Se llevaron todo y nos dejaron todo&#8230;Nos dejaron las palabras&#8221;.</p>
<p>Habla al fin, MEO, no pongas pelos en tu sopa, ponle palabras, carne, sabor; más queso a tu empanada. Supera la fase de la candidatura testimonial, mira para atrás ese 14% que dan las encuestas. Si planeas desordenar la política chilena para luego rearmarla a la usanza del nuevo siglo, empieza por derribar las puertas patricias, apolilladas, desteñidas; incéndialas si fuera necesario. Te sobran palabras. ¿O careces de ideas?</p>
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		<title>La Ruta de Girardi</title>
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		<pubDate>Mon, 04 May 2009 05:01:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas y Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[guido girardi]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. desde La Esperanza Cada vez que ignoramos esa sentencia de que “un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”, no hacemos sino reverenciar ideas como la de Eric Hobsbawm (Historia del siglo XX), quien nos habla de nuestra poca afición para hacernos de recuerdos, debido a que vivimos en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/05/guido-girardi.gif" align="right" />Por Patricio Araya G. desde La Esperanza</p>
<p>Cada vez que ignoramos esa sentencia de que “un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”, no hacemos sino reverenciar ideas como la de Eric Hobsbawm (Historia del siglo XX), quien nos habla de nuestra poca afición para hacernos de recuerdos, debido a que vivimos en un “presente permanente”, ignorando el pasado como si éste no hubiese existido; o sea, somos de memoria frágil, livianita, se nos olvida todo, y con bastante rapidez, incluso, olvidamos desde lo más emotivo hasta las cosas más terribles, por más remoto o reciente que sea. El senador Guido Girardi Lavín está consciente de esta debilidad humana; él sabe que puede irrumpir en medio de la plaza, como un bocón, y anunciarnos el fin del mundo para el día siguiente, y que pasado mañana, cuando sigamos aquí, habremos olvidado su pregón apocalíptico. No todos. Por fortuna. <span id="more-5580"></span></p>
<p>Girardi es (cree ser) un maestro de los medios de comunicación, él sabe qué tecla tocar para poner en funcionamiento toda una sala de edición, él sabe pulsar REC, sabe que puede convocar a la prensa cuando se le dé la gana y que ésta pondrá en circulación su perorata y que no faltará el que agarre papa, no importándole mucho dónde, cuándo y qué decir, sino sólo poner a rodar la nieve, sin medir sus consecuencias; mejor aún, Girardi descubrió que se puede hacer rinrrinrraja y no ganarse el coscorrón del que está detrás de la puerta. Lo suyo ya debería resultarnos familiar, o al menos, deberíamos estar curados de espanto con este señor, y no comprarle sus naranjas sin jugo, pero nuestra incapacidad para coleccionar recuerdos nos traiciona y cada vez le facilitamos más el trabajo.</p>
<p>Con su espectacular anuncio de 100 mil potenciales muertos a causa del inminente arribo de la ahora Gripe A (H1N1) a nuestro país, una vez más Girardi recorre su conocida ruta comunicacional, veamos: primero, el exordio, léase el anuncio fanfarrón, o la comisión de la falta, según corresponda (proselitismo postal financiado con fondos públicos; facturas falsas de Publicam; su llamado a una subsecretaria quejándose por una infracción de tránsito; aprovechamiento mediático del caso Felipe Cruzat respecto al tema trasplantes, donde se alza como adalid de la donación de órganos; apropiación del tema de la colusión de las farmacias, cuando en realidad fue la abogada Melissa Hohmann quien hizo la denuncia inicial a la Fiscalía Nacional Económica; o los miles de muertos por la famosa gripe); segundo, defiende lo indefendible (en el caso de la gripe porcina, Girardi habla de millones de contagiados, mientras la Organización Mundial de la Salud este domingo 3 de mayo habla de 787 casos a nivel mundial –en 17 países– con un saldo de 19 muertes, 18 de las cuales corresponden a México –con 506 casos confirmados, esto es, 62% de la epidemia–, y una en Estados Unidos –un bebé de origen mexicano); tercero, el senador se esfuerza en justificar lo injustificable (utiliza los medios de comunicación para alarmar a la población nacional, la que en pocos días agota el stock de antivirales y mascarillas, e insta al gobierno a subir de 350 mil dosis de antivirales disponibles en Cenabast a 5 millones, y a disponer todas las camas públicas y privadas para contener la supuesta demanda de 2 a 3 millones de contagiados); cuarto, endosa la responsabilidad a otros (en el parte de la ruta 68 el culpable fue su chofer; en las cartas, su adlátere Ricardo Farías; en las facturas falsas, de nuevo Ricardo Farías; en el caso donación de órganos culpa a un funcionario municipal –de Cerro Navia, con toda certeza– de no hacer bien la pega al no consignar en su licencia de conducir su condición de donante; en el caso de los 100 mil muertos, ahora la culpa sería del Ministerio de Salud, que le dio datos erróneos); quinto, asume su rol de víctima en la historia, habla de confabulación (“los poderosos” lo quieren “bajar”); sexto, paga mínimos costos políticos y patrimoniales (desaparece unos días de los medios, y luego, cuando el asunto se ha disipado, reaparece con más fuerza que antes, hablando de todo y de todos, con toda su consabida demagogia… que nació en Cerro Navia, que su preocupación son los más pobres, que quiere nacionalizar el agua, que está por una energía limpia, etcétera. Hasta que lo veamos meter la pata de nuevo. Lo más que le hemos escuchado a modo de confesión es que “fue una torpeza” (lo de la ruta 68). Ergo, él es un senador que va de torpeza en torpeza, o sea, es torpe. Esa es su ruta, su modus vivendi, por allí transita de esta forma. Hasta el 2013.</p>
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		<title>¡Ay, Girardi, te fuiste al chancho!</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Apr 2009 12:42:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[girardi]]></category>
		<category><![CDATA[gripe porcina]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Patricio Araya G. desde el Pánico Mira Guido, te puedo perdonar que te guste salir en la tele, eso es comprensible, por lo demás, los chilenos ya estamos habituados a ese enjambre de polillas que enloquece bajo las luces de la televisión, entre las cuales está tú; no te preocupes, eres humano, débil, tentado, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/04/chancho.bmp" align="right" />Por Patricio Araya G. desde el Pánico</p>
<p>Mira Guido, te puedo perdonar que te guste salir en la tele, eso es comprensible, por lo demás, los chilenos ya estamos habituados a ese enjambre de polillas que enloquece bajo las luces de la televisión, entre las cuales está tú; no te preocupes, eres humano, débil, tentado, farandulero, etcétera, por último, estás aprovechando tus años de fama y poder (hasta el 2013, se supone).<span id="more-5518"></span><br />
Otra cosa muy diferente es que con el objeto de aparecer en cámara, estés dispuesto a sembrar el pánico y aterrar sin asco a la población. ¿O es que acaso estás siendo víctima de la influencia de los chanchos? De esos chanchos inescrupulosos, ruines, dispuestos a todo, incluso, dispuestos a desatar el pánico colectivo. Acabo de leer en terra.cl tu siniestro augurio respecto a la gripe porcina: “el virus lamentablemente va a llegar así como llega la influenza corriente (…) porque esta influenza si es tan contagiosa, tranquilamente puede contagiar a dos o tres millones de personas en Chile y si mata al cinco por ciento, en caso de que afecte a dos millones, fácilmente podríamos tener 100 mil muertos”.<br />
La cagaste, esta vez sí que te fuiste al chancho. ¿Cómo tanto? Fíjate que esta mañana escuchaba a un alto directivo de la OMS (entrevistado en vivo por TVN desde Suiza) y el tipo, a diferencia tuya, muy prudente, no se atrevió a connotar el término pandemia más allá de lo que ya hemos escuchado por estos días: que es una cuestión de preocupación mundial sobre la cual debemos mantenernos alerta. Más encima, eres exagerado. El portal de la OMS afirma que “la morbilidad suele ser alta, y la mortalidad baja (1%-4%)” y no de 5% como aseguras tú. En esto hay que ser muy cuidadoso, Guido. En el caso que nos guiáramos por tus guarismos, y no por los de la OMS, tu error sería responsable de la muerte de 20 mil chilenos.<br />
Pero, ¿sabes qué es lo que más me molesta de este nuevo numerito tuyo? Tu arrogancia. Claro, porque cuando hablas de “100 mil chilenos”, lo haces en tercera persona plural, o sea, hablas de “ellos”, es decir, tú te excluyes (y supongo que también haces lo propio con tus hijos y toda tu parentela y amigos). ¿Qué te hace suponer que semejante pandemia te dejaría fuera de su fatalidad? ¿No has pensado en los miles que ya deben estar rezando para que formes parte de esos 100 mil eventuales “elegidos”?<br />
Un antiguo profesor universitario solía repetirnos una frase de Borges: “en rigor, la única obligación que tenemos los seres humanos, es morir”. Guido, ¿te sientes liberado de esa obligación? Tranquilízate, hombre; deja que el gobierno maneje el asunto. </p>
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		<title>La columna de Pato Araya: &#8220;La cultura borracha&#8221;</title>
		<link>http://www.theclinic.cl/2009/04/01/la-columna-de-pato-araya-la-cultura-borracha/</link>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2009 02:14:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[carrete]]></category>
		<category><![CDATA[universitarios]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/03/fotoweb.jpg" align="right"<br />
Las imágenes que hace algunos días vimos en televisión de miles de universitarios apiñados sobre una locomotora, en las dunas de Ritoque (entre Concón y Quintero), no sólo recrean en nuestra retina esos trenes que atraviesan la India, atestados de viajeros, también deberían servir para alertarnos sobre algo que, al parecer, no estamos viendo: nuestra juventud “ilustrada” se está evadiendo, y perdiendo. Y, lo peor, es que lo están haciendo en nuestras narices, sin que hagamos nada. Las fiestas “mechonas”, como ésa, o las otras celebradas en Cartagena, se han transformado en la botillería de acceso a la vida académica, una especie de ritual del que nadie puede salvarse.<br />
La mirada obtusa de ciertos medios de comunicación y de algunos directivos de las universidades involucradas, sobre el “carrete” de estos neouniveristarios, es abismante; casi ninguno se aventura en<span id="more-4920"></span> la crítica, o en la condena, o en la simple preocupación frente a un hecho que, más allá de la connotación social que alcanza, bien podría tener repercusiones a largo plazo. Lejos de ser una forma “simpática” de introducirse en una nueva etapa de la vida, en el contexto de un paseo a la playa por un día, estos muchachos no sólo acaban obteniendo en esas jornadas el carnet de consumidores profesionales, también entran en un espiral de consumo irreversible que atenta contra su propia vida, encendiendo todas las alarmas sobre la calidad de su rendimiento estudiantil y su futuro desempeño profesional. No obstante, para la televisión esto es “simpático”, “anecdótico”, y no amerita mayor análisis; para los señores académicos, esto es “cosa de chiquillos”.<br />
¿Qué impulsa a los universitarios chilenos a “tomarse” o “pitearse” el mundo? Tal vez sea el mero exceso de oferta de “chelas” y de pasto seco, o la necesidad de exorcizar la pena frente a la comprobación de que el ingreso a la universidad no es garantía de nada en esta vida, o la urgencia de ser felices y exitosos. ¡Quién sabe! Cualquiera sea la respuesta, no podemos evadir el fondo del asunto: el consumo de alcohol y drogas por parte de muchos universitarios, debería hacernos reflexionar; en especial, cuando dicho consumo termina instalándose como algo inocuo, sin mayores riesgos, lejos del daño irreparable que produce a nivel neuronal. O sea, termina siendo aceptado. No rechazado.<br />
La ingesta excesiva de alcohol y drogas nunca debería obtener la legitimación social que muchos pretenden granjearle; así como tampoco lo debería hacer la violencia, en cualquiera de sus formas (verbal, física, sicológica). Sin embargo, hoy es posible comprobar una estrecha relación entre ambos factores. Cuando el consumo y la violencia acaban desarticulando la vida de algún joven, pocos se hacen la pregunta de dónde partió esa funesta relación. Los adultos (los padres) deberíamos ser capaces de anteponernos a estos escenarios hipotéticos. Una forma de lograrlo, es encender la alarma cuando corresponda, no cuando se incendie la casa, sino cuando compremos la primera caja de fósforos.<br />
No facilitemos con nuestro dinero el acceso al consumo de nuestros hijos; démonos el tiempo de conversar con ellos, de explicarles que el mundo no se termina el 2012, y que el copete nunca se terminará, y que siempre los podrá esperar, y que todos aquellos que se pusieron la meta de acabar con él, perdieron la batalla y hoy yacen en un cementerio, y que los que creyeron que eran revolucionarios porque se fumaron un caño, sólo lograron deshacerse de algunos traumas y hacerse de otros, y que jamás ganaron una sola neurona en esa gesta, y que todavía no se dan cuenta de las tantas que perdieron. No les hagamos creer que es “choro” emborracharse. No aceptemos que pongan en riesgo su vida y su felicidad con la simple excusa de la libertad, cuando ni siquiera están preparados para ganarse el pan que se comen. No hagamos lo de la avestruz, seamos valientes y sinceros. No nos hagamos peregrinos de la cultura borracha.</p>
<p>PATRICIO ARAYA GONZÁLEZ<br />
Periodista</p>
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		<title>La columna de Patricio Araya: TV chilena, ¿por qué no cambias?</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 13:09:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Demonizar a la televisión chilena por su excesiva vocación farandulera, bien podría ser una simplificación del problema. Su principal demonio no es la farándula –subgénero de la entretención que tantos frutos rinde a la gerencia comercial de los canales–, ésta es apenas parte de su sustento; su verdadero demonio es su imperdonable centralismo, lo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/03/fotoweb.jpg" align="right" />Demonizar a la televisión chilena por su excesiva vocación farandulera, bien podría ser una simplificación del problema. Su principal demonio no es la farándula –subgénero de la entretención que tantos frutos rinde a la gerencia comercial de los canales–, ésta es apenas parte de su sustento; su verdadero demonio es su imperdonable centralismo, lo que le impide acometer el cambio cultural indispensable para su postergado desarrollo.<br />
Cuando el realizador audiovisual Patricio Muñoz utiliza el término “centropolitana”, para referirse a la producción televisiva manufacturada con estándares metropolitanos, no hace sino alertarnos sobre la desmedida relación causa-efecto entre la gran ciudad capital y la televisión. Dado que Santiago es el polo de desarrollo más importante del país –por su capacidad de acaparar población y recursos, y que el modelo de desarrollo imperante concentra la actividad económica en este tipo de ciudades–, se entiende el escaso interés de los canales capitalinos para invertir en regiones.<span id="more-4791"></span><br />
También hay que considerar que la televisión abierta es, por esencia, comercial; ella no es una industria benéfica ni su interés se centra en lo antropológico, por el contrario, el valor pecuniario con que se miden el éxito o el fracaso de sus programas, suele prescindir de los televidentes como sujetos destinatarios con capacidad de elección. Las audiencias son valoradas en términos cuantitativos y no cualitativos; lo que importa es cuántos ven qué, no qué y cómo perciben un determinado programa.<br />
La televisión tiene que cambiar, el país ha cambiado y ella no ha enfrentado el desafío del desarrollo de la misma forma. Es cierto que la televisión chilena ha modernizado su tecnología, lo que aún no ha hecho, es cambiar su relato, éste sigue siendo inspirado en una historia monotemática, que habla de unos habitantes de una ciudad ubicada al centro de un país largo y estrecho. Ella tiene el deber de acometer el desafío no sólo de entretener e informar, también de educar, y debe hacerlo mediante el compromiso de incluir a todos los chilenos en ese propósito.<br />
Hace algunos años propuse a un importante canal nacional trasladar algunos de sus programas en vivo a regiones, y desde allí transmitirlos al resto del país con el objetivo de poner en pantalla a millones de chilenos marginados por las pautas santiaguinas, quienes no se sienten interpretados por la televisión hecha desde la capital. La respuesta fui el mutismo absoluto. En otro intento por relevar la importancia de la televisión en el desarrollo de las regiones, hace algunos meses volví a reunirme con ejecutivos de otro medio, a quienes les hablé de la urgente necesidad de establecer una nueva forma de vincular a la televisión con sus audiencias regionales, y de lo imperativo que se hace instaurar un nuevo relato, más inclusivo e integrador, que se haga cargo de los intereses culturales y sociales de cada región, las que permanecen ignoradas por el modelo centropolitano. En la ocasión expliqué que el proyecto consiste en la realización de los programas en vivo de ese canal desde las 15 regiones del país, mediante el establecimiento de alianzas estratégicas entre éste y aquellos medios locales y regionales que posean las competencias técnicas y los conocimientos de las respectivas zonas, de sus modos de vida, de su cultura e intereses. De nuevo, el mutismo no se hizo esperar.<br />
“Cuando se analiza el estado de la televisión actual, la gente en regiones hace una crítica respecto del centralismo de la oferta televisiva, estamos convencidos que el paso de la televisión analógica a la televisión digital es la oportunidad de tener más y mejor televisión para todos, tanto desde el punto de vista técnico como de la diversidad de contenidos que puedan estar en la pantalla abierta&#8221;, manifestó a mediados de 2007 el subsecretario de Telecomunicaciones, Pablo Bello.<br />
La aparición de CNN Chile ha demostrado que la idea no es tan descabellada ni irrealizable; esa cadena ha abierto nuevos espacios de participación a medios regionales en la generación de sus contenidos, coincidiendo con el gobierno. &#8220;Santiago no es Chile. Lo que estamos haciendo como Gobierno en Concepción, es enfatizar que el país también está en regiones y queremos que esa identidad diversa se refleje en la pantalla”, enfatizó el subsecretario Bello.<br />
La preocupación existe a nivel gubernamental, sólo falta que los canales se atrevan e inicien una verdadera transformación de sus contenidos, desterrando la autorreferencia enfermiza de mirarse el ombligo y volver cada cierto tiempo a poner en pantalla lo ultra visto. También los canales deberían sincerar sus propósitos para no cazarse los dedos en la puerta; ninguno de ellos debería embelesarse con la promesa de la supuesta cobertura total del territorio nacional, sin que tengan la posibilidad de concretarla, de lo contrario, deberían conformarse con lo que muchos de ellos son: canales regionales, y sobre todo, metropolitanos; peor aún, santiaguinos. Hoy resulta insostenible un modelo de televisión como el actual, con la latera excusa de que “es lo que la gente quiere ver”, donde, aparte de la farándula capitalina que dicta la pauta del entretenimiento, sólo vemos delincuencia como insumo de los noticiarios, y sobre todo, mucho fútbol (extranjero, sobre todo).<br />
Tampoco es aceptable seguir viendo programas sin más contenidos que la incansable exhibición de videos caseros con situaciones jocosas, y continuar pagando millonarios sueldos por semejante barbaridad, sin que para ello medie un auténtico esfuerzo por producir programas que incluyan a todos los chilenos en sus temáticas; se trata, ni más ni menos, que de una alevosa ofensa a la inteligencia de los televidentes, y una dramática comprobación de la escasa creatividad. Tampoco debería ser aceptable que los canales se “esmeren” en copiarse unos a otros, cada vez que alguno acierta con una idea. Ya basta de insistir con esa fijación enfermiza de querer replicar un “Buenos días a todos” en todos los canales; a TVN le resultó. Busquen en otro lado; en regiones, por ejemplo.<br />
La televisión chilena debe poner en pantalla un catálogo más fresco y renovado de rostros, de temas y de modos de vincularlos; no hacerlo es continuar sirviendo la cultura minimalista de la capital, cuyas temáticas han saturado a cerca del 60% de chilenos que habita en regiones, y que ya no merecen ser tratados como extranjeros en su propia tierra. Existen unos spots de Colún sobre “la gente del sur”, cuya emotividad estremece hasta al más indolente. ¿Por qué no los hicieron en Santiago? Porque Santiago no tiene el monopolio de la magia, ni el viento del sur; porque Santiago no es Chile. Por eso.</p>
<p>Patricio Araya G.<br />
Periodista</p>
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		<title>La columna de Pato Araya: &#8220;¿”Tolerancia Cero”… O Intolerancia Total?&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2009 13:48:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Chilevisión]]></category>
		<category><![CDATA[Paulse]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace algunos años, cuando daba mis primeros pasos en el periodismo, tuve la suerte que este mismo medio publicara en su famosa huincha a pie de página, una pregunta mía que decía: “¿Sabía usted que Tolerancia Cero significa intolerancia total?”, en clara alusión a lo que yo sentía que era ese programa de Chilevisión en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/03/fotoweb.jpg" align="right" />Hace algunos años, cuando daba mis primeros pasos en el periodismo, tuve la suerte que este mismo medio publicara en su famosa huincha a pie de página, una pregunta mía que decía: “¿Sabía usted que Tolerancia Cero significa intolerancia total?”, en clara alusión a lo que yo sentía que era ese programa de Chilevisión en esa época: un grupo de panelistas militantes del status quo, conservadores, intolerantes a los cambios; una pandilla de bullangueros organizados para rechazar todo aquello que excediera su margen de influencia y control. El paso de los años no ha hecho sino acrecentar en mí esa furibunda duda, en especial si consideramos que esos niños continúan hablándonos desde el patio de su colegio o desde el café de su universidad gringa. Tal vez sea hora de retomar la pregunta y someterla a una discusión, o al menos, a un análisis más actual, porque –como es de suponer– los años trascurridos y las experiencias acumuladas, y las opiniones de los panelistas, han obrado cambios fundamentales en mi manera de percibir e interpretar la realidad social. Creo.<span id="more-4671"></span></p>
<p>Qué duda cabe, ya no nos refugiamos sólo en esas tribus urbanas –desde las más encopetadas hasta las más rasquipuntis– que a principios de los noventa anunciaban su protagonismo en todos lados, utilizando sus modismos culturales y sus lenguajes verbales y simbólicos para agredirse unas a otras, para hacerse desaparecer o anularse en la calle y en los medios. Todo ese desenfreno (una versión chilena del destape español posfranquista) devino en el paroxismo de sentir que tenemos el monopolio de la verdad (¡qué previsible!), que podemos administrarlo y desautorizarlo a nuestro antojo, y volver a validarlo, sin que siquiera medie un ápice de disenso (¡qué absurdo!). En rigor, se trata de un ethos de hablantes, no de oyentes, que no logran ponerse de acuerdo en nada, y que a la vez, se duermen convencidos de haber persuadido a los otros; un mundo de insultantes, no de conciliadores; de arrogantes, no de humildes. Y hemos armado nuestra rabia, con bates, pistolas, ácidos y navajas; y lo peor, estamos dispuestos a usarla para saldar la controversia. Pasamos del odio global al odio atomizado.</p>
<p>Estamos en medio de un escenario –o múltiples escenarios– donde coexisten otros innumerables monopolios (radicalismo por antonomasia), como el de aquellos que tienen la fuerza coercitiva como atributo de su poder (el Estado), o aquellos que han hallado en la acumulación de riqueza su manera de interpretar la diferencia, o aquellos que entienden la cultura como un desfile de batucadas y prebendas, o aquellos que están convencidos que los cambios sociales se pueden hacer sentados en un sofá viendo las noticias, o acribillando a sus enemigos ideológicos con el clic del mouse. Siempre, en todo caso, desde un lugar calientito y limpiecito, nunca desde la calle húmeda y hostil; siempre desde una trinchera segura, nunca desde la valentía o el mero deseo de convertirse en leyenda; siempre desde la privacidad personal o grupal, nunca desde una voluntad revolucionaria, masiva; siempre desde el blá blá que aturde los análisis, nunca desde una doctrina sólida; siempre desde la vitrina empotrada en las instituciones, jamás desde la piel ni desde la indigencia. Siempre lo mismo: intolerancia total.</p>
<p>La mayor y mejor demostración de nuestra falta de tolerancia nacional, de nuestro precario cariño como hijos de la misma tierra, es que nuestra intolerancia pública y privada se ha radicalizado –tal vez como nunca antes, incluso mucho más que en los setenta, cuando nos dividíamos en “momios” y “upelientos”, para luego convertirnos en “pinochetistas” y “comunistas”, y devenir dos décadas después en “fascistas-derechistas” y “concertacionistas-resentidos”, siempre apartando con el codo a los “ni chicha ni limonada”, y despreciando a los marginales estructurales–, agudizando de manera irreconciliable las nefastas diferencias que dividen a la  población, a los grupos de opinión e influencia, a la mujer y al marido. Desde las “clásicas” discrepancias religiosas, políticas y económicas que connotan el mundo social, hemos ido extrayendo otras un poco menos selectas, más sofisticadas, pero igual de virulentas y despreciables que aquéllas, como los odios de las garras bravas de los apasionados del fútbol, desde donde hemos aprendido a odiarnos de manera más mediática, más explícita, confesa, pintados con los colores de nuestros fanatismos.</p>
<p>Ya no nos odiamos por las banderas partidistas que flameábamos en las concentraciones políticas de antaño, o por el lado del muro que nos catalogaba de capitalista o comunista; ahora nos odiamos por la ropa que llevamos, por el auto que conducimos, por la casa que habitamos, por la pega que tenemos o no tenemos, por la playa donde nos bronceamos, por la amante que podemos o no pagar, por la universidad pirulais o la escuela municipal que nos toca; no obstante odiarnos desde la individualidad, caemos en la confusión de estar odiándonos en masa. Cómo hacerlo si ya no existe ese modo de organización social al que llamábamos “pueblo”, ni tampoco esos megarrelatos ante los cuales nos rendíamos embobados. Lo que hoy tenemos es la suma de grupos que cada mañana salen de sus respectivos ghettos (condominios o poblaciones) a acarrear alimentos a la madriguera, para volver al atardecer, o al anochecer –según la buena o mala suerte– a encerrarnos en ellos, atormentados por la nueva doctrina social de la seguridad ciudadana.</p>
<p>Pero, ¿quién ha inventado y luego fomentado este modus vivendi? Con toda seguridad, los sociólogos tienen miles de respuestas para resolver esta interrogante. Nosotros –los periodistas, la gente de carne y hueso– sólo tenemos incertidumbres, y desde ellas tal vez nos esté permitido teorizar. La paradoja podría ser atroz: los medios de comunicación –no el gobierno, no la sociedad civil, no la Iglesia ni las fuerzas armadas–, son los responsables. Ellos –los Mass media– son las “fábricas de opinión”, los atizadores del fuego social –más que interpretadores de la realidad–; sus propietarios –los dueños del capital–, son quienes levantan o bajan el dedo de lo que se puede o debe decir; nosotros, los periodistas –los obreros que vendemos o regalamos nuestra la fuerza de trabajo– somos quienes damos la cara, quienes recibimos el escupitajo o el palmetazo.<br />
Esta respuesta provisoria quizás sirva para entender por qué algunos programas de opinión (como “Tolerancia Cero”) generan tantas expectativas en el público televidente, y por qué éstos, en general, se han transformado en insumos, no para el análisis de la realidad, como podría sostenerse, sino como (en) parte del problema, toda vez que sus panelistas suelen caer en la tentación de sentirse protagonistas (al estilo del autodesactivado Hermógenes Pérez de Arce), y no en analistas; sin embargo, la respuesta no alcanza para satisfacer la pregunta entre líneas: ¿qué intereses representan y defienden los panelistas de los programa de televisión?<br />
Cada vez que se conforman los equipos que debaten en cámara, ¿se está buscando púgiles dispuestos a salir con los ojos hinchados y sin dientes, a causa de sus encarnizadas luchas, o sólo se busca niñitos ABC1 que nos hablen de su vida en Chicureo, o de sus mediáticas y poseras andanzas por los submundos de la pobla y la pobreza indigna?, como suelen hacer Paulsen y Villegas, en “Tolerancia Cero”. ¿O acaso sólo se busca mantener la homeostasis del sistema?<br />
Ello explicaría la frenética búsqueda de un quinto jinete “de peso” y de “derecha” para instalar en la grilla de largada de “Tolerancia Cero”, que en estos momentos llevan a cabo los productores de Chilevisión, tras la partida del periodista Alejandro Guillier a la señal 2 de TVN, con lo que, de paso, esperan inclinar la balanza que descompensó la renuncia de Sergio Melnick, en agosto de 2008, y así poder darle un poco de brillo a la latera conversa dominguera en que se ha transformado el programa, en especial, con la tibia participación del economista Felipe Morandé (enviado especial del dueño del canal). Ojalá que cuando a fines de marzo veamos de nuevo en pantalla a Fernando Villegas, Felipe Morandé, Fernando Paulsen y Matías del Río, y al mentado quinto panelista, podamos modificar nuestra opinión. Y ver a alguno de ellos transformarse en un intolerante de verdad, capaz de mojarse el potito.</p>
<p>Patricio Araya G.<br />
Periodista</p>
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		<title>¡Soy donante!</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Mar 2009 19:19:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde que me enteré que un curioso periodista osó hurgar en el portadocumentos de un conocido senador, para certificar su vociferada condición de donante, y luego comprobar que ni su cédula de identidad ni su licencia de conducir, podían avalar tan generoso propósito, decidí socializar mi efectiva disposición a donar mis órganos, que tomé en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/03/donante1.jpg" align="right" />Desde que me enteré que un curioso periodista osó hurgar en el portadocumentos de un conocido senador, para certificar su vociferada condición de donante, y luego comprobar que ni su cédula de identidad ni su licencia de conducir, podían avalar tan generoso propósito, decidí socializar mi efectiva disposición a donar mis órganos, que tomé en silencio, sin tanto cacareo, cuestión que llevo impresa en mi carnet de chofer.<span id="more-4589"></span></p>
<p>Sí, yo también soy donante, igual que muchos chilenos. Total –pensé– después de muerto, mis parientes sabrán y decidirán qué hacer con las sobras. No obstante, quisiera dejar por escrito que sólo dono mis órganos un minuto antes que se conviertan en vísceras malolientes; desde ya les pido que traten de rearmar mi anatomía para presentarme con cierta dignidad en alguna otra parte, y que si deciden usar algún órgano interno –lo más seguro–, por favor, que no se note desde afuera que me falta.</p>
<p>En realidad, uno dona lo que puede, dinero, por ejemplo, o una mesa vieja, pero siempre el acto de la donación tiene que ver con externalidades, no con nuestra vida; por razones obvias, nadie dona una parte de su cuerpo, de manera que el “soy” donante, más bien debería interpretarse como “seré” donante. Se trata, en rigor, de una voluntad actual con efectos futuros, que bien podría depender de terceros, quienes con el pretexto de la insoportable pena o determinadas creencias o egoísmos aberrantes, podrían subrogar la meditada decisión que algún día tomamos, cualquiera haya sido nuestra motivación.</p>
<p>Mi deseo de que en el futuro sean otros quienes dispongan de mis despojos, fue más simple que la supuesta declaración notarial del tribuno de marras. Sólo respondí Sí a la mujer que me lo preguntó al momento de sacar mi licencia de conducir. Sí, soy donante, o lo seré. Cuando uno declara su intención de donar sus órganos, en verdad firma un Pagaré: debo y pagaré. Moriré y donaré.</p>
<p>Tengo mis razones –muy poderosas y secretas– para donar lo que quede de mi cuerpo roto. Más bien es una declaración de buenas intenciones, eucarística, algo así como buscarse un lugar en el selecto grupo de hombres y mujeres elegidos por algún dios, o el azar, para salvar y preservar la especie humana, según la mitología que nos han inculcado desde la niñez. Tal vez lo hice a sabiendas que nunca apareceré en la tele, ni antes ni después que me desposten semivivo.</p>
<p>Me pregunto qué sucederá el día en que deba consumarse la voluntad de algunos conocidos donantes, como aquél senador, u otro famosillo. ¿Acaso los beneficiados con tan aristocráticos trasplantes quedarán inmaculados por el solo hecho de recibir alguna parte de tan ilustres donantes? Tal vez no. Creo que muchas preferirían morir antes que recibir el corazón de algún político de malos sentimientos, o los pulmones de quién sabe que aspiracional empedernido, de esos trepadores sociales buenos para los codazos. </p>
<p>¿O será que para algunos, ese desenfrenado afán por las luces de la fama y el poder, se vuelve una tentación tan irresistible, que incluso después de muerto, se torna irrenunciable? ¿Por qué entonces ir por la vida armando un circo de todo lo que se hace o se deja de hacer? Eso se llama Megalomanía: “Estado psicopatológico caracterizado por delirios de riqueza, poder, u omnipotencia –a menudo el término se asocia a delirios de grandeza y una obsesión compulsiva por tener el control de todo, incluyendo emociones, relaciones de pareja, familia, trabajo y entretenimiento–.A veces es un síntoma de desórdenes maníacos o paranoides, depresiones múltiples, grandes complejos de inferioridad que conllevan a desórdenes paranoides, en donde el sujeto aquejado de esta perturbación, tiende a ver situaciones que no existen o a imaginarlas de una forma tan creativa que sólo él termina creyéndoselas, y las puede emplear para manipular sentimientos y situaciones de cualquier tipo. Los ejemplos más comunes son de emperadores, monarcas y dictadores” (Wikipedia).</p>
<p>Dono lo que no me sirva, que quede claro. No dono mi fortuna (que es más bien escasa, un par de libros y cierta capacidad analítica), porque eso no tiene valor pecuniario alguno, ni mis pergaminos (que son re pocos, porque los títulos en Chile casi no tienen valor; un buen apellido y una red de amigos poderosos pesa más que cualquier esfuerzo académico), ni mis privilegios (que no pasan de ser un par de mañas consentidas por mi familia, como leer el diario sin que me manden por el pan, o un par de permisividades que confieso con cierta vergüenza… una chela de vez en cuando para acompañar el pescado frito, o una tomatera con un par de amigotes borrachines, de los que no he podido deshacerme en años, algo así, o un arrollado al plato en La Piojera, escuchando a sus cantores arrabaleros, como mucho), ni tampoco dono mis miedos (porque esos sí que son inservibles, de hecho, ellos me han impedido ingresar a los submundos de la mafia y la corrupción, de donde he sido llamado en más de alguna ocasión). Tampoco dono mis electores, ni mi sillón, ni mi dieta parlamentaria, como sí hizo una desagradecida diputada en favor de su obvio sucesor, porque nunca he sido elegido para cargo alguno, ni mucho menos he podido engordar mi billetera a costa de unos incautos que cada cierto tiempo se dejan obnubilar por mi discurso anacrónico. O sea, que quede claro, uno dona lo que tiene de sobra, o aquello a lo que le tiene poco cariño. Nadie dona a su mujer ni a su marido, ni siquiera a la odiosa suegra, ni a la cuñada prostituta ni al sobrino coliflor ni al tío estafador ni al yerno fracasado, porque a esa manga de infelices se le considera de modo especial y carnal, se les añora cuando dejan de respirar y se les recuerda con bondad inmerecida cada cumpleaños, o en Navidad.</p>
<p>En serio. Dono todo lo que se pueda donar sin perder el decoro ni la vida, desde mis órganos cuando ya esté R.I.P –los que sirvan, por supuesto, ni hablar de mis retinas, que con suerte me sirven para distinguir un barco de una mosca– hasta mis fracasos, que son muchos e inconfesables (aunque nadie esté interesado en ellos… he perdido todos los concursos públicos en los que he participado, nunca siquiera me han llamado porque no milito en ninguna parte, no tengo contactos y los que podría haber hecho, valían callampa; no tengo amigos ni frecuento ciertas redecillas de poder en el establisment; tampoco me interesa… he participado en cientos de concursos literarios, y los he perdido todos; según un amigo, la culpa ha sido de la mala suerte. “Lo tuyo es el infortunio de haberte encontrado con puros jurados mediocres, que ni siquiera leen tus trabajos”, me ha dicho, a modo de consuelo, aunque a las claras se nota que ese infeliz me estima–; dono todas mis deudas –no son muchas–; dono la lista de mis enemigos –esa sí que es vasta e impura y se acrecienta día a día–; dono mis faltas de oportunidades –que superan con largueza a las escasas ocasiones en que encontré la puerta abierta… o la ventana–; dono mi desidia infinita y mis desdichas que me acompañan desde siempre, y los quebrantos de años de desamor e indiferencia innecesarios.</p>
<p>Lo dono todo, porque lo que me hace falta para vivir lo que me queda, ya lo tengo. Dono todo lo que no me sirve, como en realidad hacen todos los que dejan este mundo con la idea de ser recordados como generosos y buenos cristianos (o musulmanes o judíos o agnósticos o ateos), ¿para qué podría servir un hígado o un corazón o unos pulmones cuando no se tiene vida, o la frustración cuando no se tiene éxito? Dono todo aquello que se ha vuelto un estorbo en mi vida, porque he llegado a la convicción que ya no necesito esa mochila horrenda con la que he ido encorvando mi espalada y mi tranquilidad; hace rato perdí la batalla contra el sistema, es decir, nunca logré entenderlo, ni mucho menos, conseguí adaptarme a él, porque, entre otras consideraciones, tampoco me interesó; al cabo, fui derrotado por los poderosos y oportunistas de siempre. Ya no vale la pena seguir luchando contra el sistema, ni contra los que lo sostienen, ni siquiera a favor de los que padecen sus injusticias, porque ellos mismos se han adaptado a él, incluso, desde sus desventuras, lo defienden.</p>
<p>Soy donante de espíritu, o algún día lo seré de carne y hueso.</p>
<p>Patricio Araya G</p>
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		<title>Ochenterio del Recuerdo</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2009 06:28:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Araya González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los años ’80 están de vuelta, de moda… ¡Qué lata! Desde que irrumpieron hace algún tiempo, no han querido marcharse, se niegan a volver a su morada del olvido, aquella cripta en medio de su Ochenterio del Recuerdo, desde donde regresaron para atormentarnos con sus miedos y promesas incumplidas, con su tristeza de antología y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.theclinic.cl/wp-content/uploads/2009/03/maluend.jpg" align="right" />Los años ’80 están de vuelta, de moda… ¡Qué lata! Desde que irrumpieron hace algún tiempo, no han querido marcharse, se niegan a volver a su morada del olvido, aquella cripta en medio de su Ochenterio del Recuerdo, desde donde regresaron para atormentarnos con sus miedos y promesas incumplidas, con su tristeza de antología y su alegría inconclusa. Qué patético comprobar cómo los chilenos utilizamos nuestro pasado siniestro para volver a torturarnos con su recuerdo maloliente. Desde que irrumpió la moda ochentera, la televisión no se ha detenido en su afán de servirnos a diario ese nauseabundo pastel, que tanto asco e indigestión nos causó hace dos décadas. Será acaso que los chilenos decidimos organizarnos e ir todos juntos al psiquiatra, o es que por fin hemos cerrado ese proceso que los sociólogos denominaron transición a la democracia, y con el cual los políticos festinaron hasta el hastío, o hasta persuadirnos con la mal llamada reconciliación hecha a la medida de lo posible. La moda ochentera, o la urgencia de desvestir nuestros recuerdos empolvados para lucirlos como karma en la imposibilidad de sanarnos en masa, nos ha obligado a volver sobre el pasado para darle a éste la oportunidad de reencantarnos. <span id="more-4420"></span></p>
<p>Para muchos, los ochenta fueron unos años horrendos, que se llevaron nuestros años veinte, nuestros besos húmedos y nuestras ilusiones pecosas, y nos dejaron el recuerdo mudo del pánico de sentirnos siempre en ascuas. Esos años no merecen nuestra nostalgia, sino nuestro rechazo. Mientras unos se desgarraban de dolor e impotencia a causa de su derrota setentera, otros se alzaban ufanos con su endeble victoria. Eso fueron los ’80. No la buena onda que le atribuyen los medios, en especial, la televisión, o los que ven en esa moda retro la forma de ganar unos míseros pesos. </p>
<p>¿Para qué recurrir entonces a ese baúl atestado de malos recuerdos ahora que, al parecer, nos encaminamos a otro sitio de la historia? La respuesta tal vez la tenga –una vez más– el mismísimo mercado. Esta vez parece ser el marketing o el merchandasing el patrón que dicta la pauta, o la moda. ¿Estamos haciendo una revisión histórica de esos años, o es que a alguien se le ocurrió lucrar con la sola evocación de un pasado “simpático”, desastrado, melancólico? Lo más probable es que detrás de esta moda yace la mente fría de algún genio interventor de la realidad, alguien que vio en el rasgo consumista de los chilenos, la posibilidad de vender su pomada, sacando del sótano unos modismos y luego poniéndolos en circulación como bienes de consumo masivo. Somos el país que todo lo compra, consume y desecha.</p>
<p>Los ’80 parecen tan lejanos en el tiempo, sin embargo, la TV se encarga de acarrearlos cada noche hasta nuestra alcoba con sus imágenes idealizadas, con sus historias mal contadas. Dicen que una buena terapia para quien ha protagonizado un choque en automóvil, es volver a manejar lo antes posible, es decir, enfrentar el temor de lo traumático. Tal vez será por eso que a alguien se le pasó por la mente la “brillante idea” de enfrentarnos con nuestro trauma ochentero. De acuerdo.</p>
<p>Estamos en medio de un proceso sanatorio. Los españoles la hicieron más cortita que nosotros: muerto el perro, venga el destape, el desenfreno de saberse y sentirse libres de su tiranía franquista; lo nuestro ha sido más terrible: el perro continuó ladrando, amenazando nuestra algarabía democrática con sendos ejercicios de enlace y boinazos, que nos hicieron presa del pánico de sentir lo poco y nada que podía durar nuestra fiesta; y siguió amenazándonos con sus bravatas desde su escaño vitalicio.</p>
<p>Tal vez por ello desempolvar el álbum ochentero sea lo que necesitamos para sanarnos de nuestra enfermedad nacional: el miedo. Y, en eso estamos, enfrentando el terror que nos provocan Antonio Vodanovic y Raquel Argandoña, quienes continúan pasándonos sus corvos por la herida, con su sonsonete ochentero.</p>
<p><strong>Los años ochenta y la TV</strong></p>
<p>Los españoles también han vuelto la vista atrás para revisar su franquismo. “Amar en tiempos revueltos” (TVE), se hace cargo de hojear su pasado desde una perspectiva histórica, revisionista, analítica, no desde una mirada sólo amable y anecdótica, como la serie “Los ‘80” (UC TV) que vimos hace poco (y que anuncia segunda temporada), o como lo hace la reciente “Mis años grossos”, (Chilevisión), en tono de comedia.</p>
<p>Los españoles lo hacen sin miedo, sin adornos ni ambigüedades, muestran la crueldad de esos años en todo su ancho y alcances sociológicos. “Los ‘80” y “Mis años grossos”, en cambio, lo hacen desde una perspectiva muy diferente: ninguna de ellas entra a la historia real, por el contario, la evaden. Sus guiones sólo la rodean, lanzando  tibios versos que no buscan herir susceptibilidades; es cierto que dan cuenta de la miseria material causada por la crisis económica del momento, y que afecta a sus protagonistas, pero se echa de menos un vistazo a la crisis moral que desarticuló nuestra vida como nación democrática; ambos relatos caen en la facilidad de lo que está a la mano decir con imágenes cinematográficas, a través de una magistral dirección de arte, no en la valentía de aclararles a los más jóvenes, que lo melancólico no siempre va de la mano de lo verdadero.</p>
<p>Se trata de realidades consensuadas, cuyos relatos buscan la complicidad del televidente, su aceptación, no su cuestionamiento. Pareciera ser que los realizadores van tras la gratificación de sus audiencias, y de que éstas se sientan interpretadas en “buena onda”, es decir, no pretenden abrir el debate, sino cerrarlo en torno al consenso de un modelo social y económico –impuesto a la fuerza, en todo caso–, que acabó por congratular a muchos, con la mera excusa de “vivir en democracia”; al cabo, ese sacrificio histórico que significó la dictadura, queda sublimado por el tono de la comedia y la magia de la desmemoria. Claro, porque cada vez que echamos mano a la frase “todo tiempo pasado fue mejor”, no hacemos sino desentendernos de lo malo e incómodo, para quedarnos con lo bonito y lo grato de una época, por muy miserable que haya sido. En suma, los ochenta son un carro alegórico de su propio tiempo, no de otras décadas, sino de sus escondrijos y vergüenzas.</p>
<p>Patricio Araya G., periodista</p>
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