SABÍA USTED QUE... Los depresivos comen galletas Tristón. Mándanos tu Sabía Usted Que...

Homo futbolensis

Por Rasmus Sonderriis el 29 de Junio de 2010

Por Rasmus Sonderriis
Algunos aguafiestas dirán que la pasión mundialera es un culto a lo trivial. Se equivocan. Está en juego nada menos que la supervivencia de la humanidad.

Otra especie inteligente podría extrañarse sobre cómo los chilenos, entre otros seres humanos, vivimos un mundial de fútbol. El juego de 22 hombres con una pelota es sin duda una hermosa vitrina de destreza deportiva, pero hay algo que, a primera vista, no tiene explicación. ¿En qué afecta la vida de un chileno cualquiera que gane o pierda su selección? ¡En nada! Entonces, ¿por qué le importa tanto?

Para contestar esto, debemos remontarnos a los orígenes de homo sapiens. ¿Por qué nuestra especie humana prevaleció sobre otras con las que coexistimos durante miles de años? Según se puede averiguar, el homo neanderthalensis, por ejemplo, extinguido hace unos 20.000 años, no era inferior a nosotros ni en tecnología ni en inteligencia. La diferencia parece radicar en una poderosa adaptación evolutiva de nuestros ancestros: ¡la identidad grupal!

Hace al menos 40.000 años, empezábamos a compartir determinados géneros de arte y otros lenguajes simbólicos a lo largo de vastas zonas geográficas, forjando así lazos entre personas que no se conocían. Son obvias las ventajas al momento de pelear con otros grupos organizados solamente a nivel de comunidades cercanas.

Eso no quiere decir que estemos condenados a oprimir irreflexivamente a las minorías. A diferencia de otros animales, cuestionamos la ley del más fuerte. El sentido de la justicia es una virtud humana apremiada por la evolución, porque sirve para generar estructuras complejas de confianza y colaboración. Sin embargo, la identidad grupal permite dejar de lado toda esa objetividad en un conflicto por territorio y recursos. A lo mejor habría más armonía en el mundo si fuéramos igualmente ecuánimes e imparciales en todos los contextos, pero la tribu que no se creyera con más derecho que los demás, habría quedado conquistada y eliminada mucho antes de las primeras civilizaciones. Por otra parte, en el mundo moderno con armas de destrucción masiva y cada vez más interdependencia global, ese mismo instinto – el de suspender el sentido crítico individual para tomar partido por la colectividad a la que nos toque pertenecer– podría llevarnos a la extinción como especie. De hecho, es altamente probable que así lo termine haciendo. La supervivencia de la humanidad requiere urgentemente de respuestas. Desde ese punto de vista, está bien tener las Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia. El problema es que todo eso se contradice con una parte de nuestra propia naturaleza.


Lucha por su país. Y por salvar a la humanidad.

Es ahí donde entra en escena el “homo futbolensis” dotado de otra adaptación evolutiva asombrosa: ¡Un mundial de fútbol! Se trata de una válvula de escape perfectamente diseñada para ventilar nuestros instintos ancestrales sin causar daño. Cuando antes se nos exigía a los hombres, para ser verdaderos hombres, que matáramos a otros hombres de la etnia enemiga para usurpar sus tierras, robar su ganado y raptar a sus mujeres, hoy es suficiente que alentemos a nuestra selección. Para desahogarnos en medio del blablá sobre la hermandad de las naciones, hemos creado un ámbito simbólico y bien demarcado donde el chovinismo es totalmente legítimo. Todos podemos entregarnos al deseo de ganar nosotros e imponerles la derrota a ellos por el simple hecho de ser nosotros nosotros y ellos ellos. Lo vital de esa experiencia explica la rareza de por qué los periodistas deportivos usan el adjetivo “histórico” sobre algo tan carente de consecuencias para el destino de la humanidad como un resultado de fútbol.

Un ejemplo: Los ciudadanos de países ocupados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial celebramos cada vez que Alemania es eliminada del mundial (me incluyo por ser de origen danés). Por supuesto, sabemos que no todos los alemanes eran nazis y que los alemanes de hoy no cargan con la culpa de sus padres y abuelos. Pero en el fútbol da lo mismo. Odiamos sin razón a su selección precisamente para no tener que odiar sin razón a ellos como personas. Incluso son preferibles las barras bravas a las guerras nacionalistas. Al País Vasco, por ejemplo, debería permitírsele tener su propia selección de fútbol para que sus jóvenes se distraigan con el hooliganismo en vez del terrorismo.

Eso sí, un mundial tiene sus limitaciones, porque el hecho de nacer en un país determinado dista mucho de ser la única base de identidad grupal. La sociedad moderna y liberal nos da acceso a un verdadero shopping mall para escoger nuestras propias pertenencias colectivas, como lo reflejan las llamadas “tribus urbanas”. Esto también está repercutiendo en el ámbito del fútbol de clubes. Antes los hombres se hacían hinchas del club de su barrio o ciudad, es decir, reproduciendo el patriotismo a una escala más local. Pero hoy, los clubes más pudientes en Europa, como Real Madrid, FC Milán, Manchester United etc. tienen más seguidores en Asia, África y América Latina que en su propio continente. En una remota zona rural de Etiopía, he visto a hombres bailando con sus lanzas alzadas en un rito de celebración, cantando “¡¡¡Arsenal, Arsenal!!!”, para reafirmar su pertenencia a la tribu global de apoyo a ese club de la liga inglesa. A su vez, a los hinchas tradicionales del mismo club, habitantes del norte de Londres, nos les parece importar que su equipo se presenta en la cancha con jugadores de todo el mundo, menos de Inglaterra. A la FIFA le cuesta acomodarse a este tipo de identidad autodefinida. Todavía trata de oprimirla con normas sobre un número mínimo de jugadores connacionales, pero lucha contra la corriente. La FIFA debería dejar de resistirse a algo que está derrumbando las barreras raciales y nacionales para entrelazarnos más como humanidad.

La pasión deportiva tiene mucho en común con la religión, a la que, según algunos, está sustituyendo. En términos de la evolución, la creencia en fenómenos manifiestamente inverosímiles, digamos, en una virgen que se embaraza con un ser sobrenatural para tener a un hijo que camina sobre el agua etc. cumple una función muy parecida a la de ser hincha de algún equipo de fútbol. Es la creencia por la creencia, desvestida de toda lógica. Parece insensato, pero tiene un valioso “efecto placebo”. Tratándose de un fanatismo ciego y muy difícil de fingir, el creyente/hincha convence a los correligionarios de que su lealtad al grupo es incondicional, precisamente porque va más allá de la razón. A cambio, ve reafirmado su sentido de pertenencia y hasta el por qué de su existencia. No se sabe nada sobre la fe de los Neanderthal, pero si fueron como muchos jóvenes de hoy, negándose a la religión institucionalizada para definir su propia vida espiritual en base a la reflexión individual, o más aún, si fueron ateos racionalistas, eso los podría haber aniquilado. Es posible que fueran incluso superiores en las pichangas contra homo sapiens, pero de nada les servía eso si no alentaban fervientemente a su equipo.

¿Cuánto vale para Piñera su capital político?

Por Rasmus Sonderriis el 23 de Marzo de 2010

Por Rasmus Sonderriis

“La demora en la venta de LAN no ha sido de mi voluntad” declara Piñera sobre su primera promesa electoral incumplida. ¿Pero qué es lo que le ha trabado la lengua para pronunciar la palabra “véndanse”? Chile tiene una bolsa abierta todos los días hábiles con gran liquidez y miles de inversionistas de todo el mundo dispuestos a aprovechar la oportunidad de una buena oferta. Eso sí, para vender rápido habría que bajar el precio. ¿Y cuánto?
Según la opinión técnica-profesional de analistas bursátiles consultados por The Clinic, para subastar las acciones de LAN dentro de una semana, habría que bajar el precio con alrededor del 1% al 1,5 %. Eso sí, de vender directamente en la bolsa, Piñera debería tributar unos 50 millones de dólares más que si encuentra un comprador para toda su empresa Axxion, que figura como dueña de los papeles de valor.
En otras palabras, Sebastián Piñera tasó su promesa electoral en un valor menor al 1,5% de su propiedad sobre LAN más unos 50 millones de dólares, un monto sustancial por cierto, pero una ínfima parte de su patrimonio total. Según el presidente de RN, Carlos Larraín: “Que la venta de LAN se atrase 10, 15 ó 30 días, es de quinta importancia.” Es decir, la plata que vaya a ganar o perder Piñera con esa venta es de cuarta, tercera, segunda o primera importancia. Simplemente no se explica de otra manera.
En estos momentos el Presidente Piñera tiene un gran incentivo monetario, aunque no político, para restringir aún más la competencia en la aviación civil chilena. Por eso, los opositores más paranoicos conciben de una tesis siniestra: que el mandatario tenga intenciones de aprovechar sus nuevos poderes para hacer subir el precio antes de vender. La mera expectativa de esto es suficiente para producir un aumento en el valor asignado por el mercado. Si en los días que vienen suben las acciones de LAN, incluso sin que sea provocado por la intervención directa del magnate, esa será la sospecha que salpicará, justa o injustamente, el comienzo de su presidencia. Él acusará a sus críticos de ser mezquinos y malpensados, pero no puede estar sorprendido por las aprensiones que su actuar ha causado incluso en sus propias filas.
Cualquiera diría que ser un presidente exitoso trasciende lejos la posesión de unos pesos más o menos para alguien con tanta fortuna como Piñera. Pero la venta de sus acciones era de las pocas promesas que no dependía de ninguna acción por parte de terceros: ninguna voluntad del Congreso, de aliados o de algún gremio, sino solamente una decisión personal y un modesto sacrificio en dinero. Por suerte, no podemos deducir que el gobierno del Presidente Piñera sea deshonesto, pero dado el daño evidente que este “atraso” ya ha causado incluso a su propia alianza durante sus primeros días en el poder, ya es posible afirmar que el nuevo mandatario está dispuesto a sacrificar capital político a cambio de pesos en efectivo.

Sismos y sexo

Por Rasmus Sonderriis el 13 de Marzo de 2010

Por Rasmus Sonderriis

¿Qué tiene en común algo tan terrible como un terremoto con algo tan rico como el sexo? Pues, más que pura fuerza, intensidad y movimiento oscilatorio. Como ahora muchos hemos sentido en carne propia, más allá de las explicaciones científicas, no se sabe realmente qué es ninguno de los dos hasta probarlo. Eso sí, deben ser muy pocos que han vivido ambos fenómenos a la vez. Ya que el terremoto no se anuncia, tendría que pillarle a uno por casualidad justo en el acto sexual, y la excitación tendría que ser desbordante, a punto de su culminación, para querer seguir adelante en medio de tanta destrucción y sufrimiento. Por eso, las únicas personas que quizás pudieran haberlo pasado bien en esta ocasión fueron los accionistas de fábricas de cemento, y no los amantes.


Foto: Alvaro Díaz

Sin embargo, a mí me tocó estar con mi familia en una casa de madera en campo abierto. Fue tan fuerte como en Santiago, pero en ese edificio pequeño y liviano no podría existir mucho peligro. Aunque el bienestar de mi familia fue sin duda mi principal preocupación durante el par de minutos que duró, también me permití apreciar los extraordinarios movimientos del suelo, mirar los cerros, contemplar las nubes de polvo, prestar oídos al bullicio y decirme a mí mismo: “¡Qué increíble! ¡Qué fuerza más impresionante! ¡Qué grande haberlo experimentado!” Además, como estuvimos abrazados como familia, fue un momento romántico, sobre todo después, recordando los fuertes instintos maternales que demostró mi mujer en sacar rápidamente de su cuna a nuestro hijo pequeño. Por el corte de luz, pasaron muchas horas en que nada sabíamos de la desgracia y desesperación que se vivía más al sur.
Hoy se están desarrollando tecnologías de construcción con resortes gigantes y medidores de temblores conectados a computadores que prometen compensar y neutralizar los sismos más violentos al punto de no sentirlos. Será aburrido, pero sin duda preferible a pasar por un “terror-moto”, y claro, muchísimo mejor que arriesgar vidas y bienes inmuebles. Pero somos criaturas del siglo XXI. Podemos aspirar a cada vez más control sobre la naturaleza. Llegará el día en que podrá predecirse cada terremoto con la misma exactitud que los eclipses solares. Entonces, todos nos prepararemos para disfrutarlo desde algún punto seguro y bien acolchonado. Como el país con más terremotos fuertes en el mundo, habrá un masivo “turismo sísmico” a Chile. Recordemos que los eclipses solares también eran temidos como la peste en épocas pasadas, pero hoy generan toda una industria de locos de diversa índole que viajan de eclipse a eclipse. No faltarán quienes querrán aprovechar también los movimientos telúricos para hacer fiestas, tomar drogas y tener sexo. Algunos verán en eso la destrucción reemplazada por la autodestrucción. Pero hay que ser muy recato para no ver en el desenfreno de los sentidos un mal menor que los estragos que hoy causan los terremotos.

Voto en el extranjero: ¿Cálculo equivocado?

Por Rasmus Sonderriis el 1 de Diciembre de 2009

Por Rasmus Sonderriis
¿La Concertación se está dejando engañar? Si Piñera hoy quiere dar sufragio a los chilenos residentes fuera del país, tiene que ser porque sus análisis predicen que a la larga el voto extranjero favorecerá a la derecha. ¿Qué es lo mucho que puede aprender la Concertación sobre este tema incluso de un pobre y aguerrido país africano? Continúa leyendo ›

E-rumour: ¿Los daneses matamos delfines por diversión?

Por Rasmus Sonderriis el 5 de Noviembre de 2009

Por Rasmus Sonderriis

“¿Cuántos delfines tuviste que masacrar para hacerte hombre?” me preguntó un chileno al saber que yo nací y crecí en Dinamarca, de padres daneses. Él había visto en foto y video – ¡¡¡con sus propios ojos!!! – que los daneses hacemos eso.

No entendí nada. ¿Delfines? No existen en los mares daneses.
“¿Delfines de circo?” pregunté, incrédulo.

“No, no”, él me aseguró. “Delfines salvajes. Aunque no tan salvajes como los daneses…”

Crecí en el campo, y matar a un animal para comerlo no me parece menos civilizado que comprar la carne empaquetada en el súper. Pero nunca había escuchado sobre bife de delfín, por lo que tampoco entendía el por qué.

“No, poh”, insistió la persona. “Los daneses… ustedes… ¡matan a los delfines por deporte!” Entonces me explicó que los daneses jóvenes organizaban anualmente una sangrienta masacre gigantesca de delfines como rito de iniciación masculina y pura diversión. Y no le pareció nada graciosa mi reacción de risa.

Al tipo le cuestioné su lectura correcta de fuera cual fuera su fuente de información:
“Todo pasando en Dinamarca, pero matanzas de delfines al menos es no es una práctica conocida. Es más, ¡no hay delfines!”
Un mes después, recibí esto por email que me dejó “plop”: Continúa leyendo ›

Mi Vida en Zurdistán

Por Rasmus Sonderriis el 28 de Junio de 2009

Vivir ahí desarrolló mi imaginación infantil y juvenil. En el país mental de la izquierda anticapitalista, hasta los cuentos más rebuscados son creíbles. Hoy, aprovechando mis conocimientos como nativo de Zurdistán, ofrezco una guía sin ficciones a una geografía ideológica que, si bien es una zona de desastre permanente, tiene su buena gente y, sobre todo, exóticas creencias, costumbres, lengua e incluso cocina.

Por Rasmus Sonderriis


Entrada al restaurante Surdistán

El otro día almorcé en un restaurante con el llamativo nombre de “Surdistán”. Podría ser un juego con “Kurdistán”, país soñado para pueblo que lucha, y “Sur”, que para los entendidos hace contraste con “Norte”, es decir, pobres contra ricos, buenos contra malos. Pero según la ambientación, el nombre había de ser una variante ortográfica de “Zurdistán”, terruño filosófico de “los zurdos”. Continúa leyendo ›

Por Rasmus Sonderriis el 18 de Junio de 2009

Rasmus Sonderiis, danés afincado en el Cajón del Maipo con su mujer etíope y su hijo chileno, es colaborador permanente de The Clinic. Esta semana apareció en la edición 298 de nuestro semanario su artículo Zurdistán, el país mental de la izquierda capitalista. Bajo este párrafo publicamos las imágenes que, por asunto de espacio, quedaron fuera del papel. Continúa leyendo ›

Marco Enríquez-Ominami ¿Más interesado que Piñera?

Por Rasmus Sonderriis el 25 de Mayo de 2009

La propuesta económica de Marco Enriquez-Ominami plantea estorbar la economía productiva para enriquecer a personas como él mismo.

Por Rasmus Sonderriis

En la carrera presidencial hasta hoy, el gran sospechoso de confundir los intereses del país con los suyos propios ha sido Sebastián Piñera. Aún cuando al candidato de Alianza por Chile realmente le preocupa solamente el bien de su país, en cualquier ámbito en que tenga una parte de su enorme fortuna invertida siempre existirá la duda. ¿Es probable, por ejemplo, que un Presidente Piñera busque intensificar la competencia en la aviación civil? Continúa leyendo ›

“La suertocracia”: régimen del destino

Por Rasmus Sonderriis el 22 de Diciembre de 2008

“De todas las formas de gobierno, la democracia es la peor. Excepto todas las demás,” dijo Winston Churchill. Pero al viejo británico le faltó imaginación. Estaba comparando sólo con las “cracias” que él conocía – aristocracia, autocracia, teocracia. Como siempre sucede, la humanidad inventará algo mejor. ¿Y por qué no la “suertocracia”, gobierno por lotería?

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Los monitos Simpson como objetos de pedofilia: CRIMEN DE PENSAMIENTO

Por Rasmus Sonderriis el 11 de Diciembre de 2008

Se presentó un candidato a la injusticia más ridícula de todos los tiempos esta semana en Australia: Alan John McEwan, residente de Sydney, fue hallado culpable por grabar en el disco duro de su computador una sátira de la conocida serie de animación “los Simpson”, en la que los personajes incurrían en actos libidinosos. No, esto no es sobre derechos de autor, tampoco sobre la libertad para satirizar. Es un caso de (respira profundo): “¡pornografía infantil!” ¡Porque claramente las caricaturas de Lisa y Bart Simpson son representaciones de menores de edad! Continúa leyendo ›

Trasandinos mutuos

Por Rasmus Sonderriis el 13 de Noviembre de 2008

¿Tiene algo que ver Chile con Argentina? Vistos desde lejos, son países al menos comparables. Tienen una frontera larguísima, el mismo idioma e historias parecidas. Incluso los unos siempre se refieren a los otros como “trasandinos”. Sin duda que son pueblos hermanos. Pero la idiosincrasia del gaucho es tan diferente de la del huaso como… bueno, tal vez precisamente como hermanos. ¡Como dos hermanos muy, muy distintos! Continúa leyendo ›

Desafíos de la humanidad y un chiste intraducible

Por Rasmus Sonderriis el 6 de Noviembre de 2008

Por Rasmus Sonderriis

Iba a publicar sobre el desastre en Argentina, las elecciones en Estados Unidos o los grandes desafíos de la humanidad, pero: ¿cómo yo podré escribir algo más inteligente sobre esas cosas que tantos serios y sensatos expertos y comentaristas?

Por ahora me conformo con algo tal vez trivial, pero donde no tendré tanta competencia. Voy a contarles sobre el amárico, idioma de la etnia amara y lengua nacional de Etiopía. A algunos les fascina el arte vanguardista, a otros su colección de estampillas. Yo rayo con el amárico. Continúa leyendo ›

Policías son ayudantes de los Narcotraficantes

Por Rasmus Sonderriis el 16 de Octubre de 2008

Por Rasmus Sonderriis

No es común que la televisión chilena humanice a los narcotraficantes, pero Megavisión hizo un aporte con el retrato de Giovanna, una joven madre peruana que por querer educar mejor a sus hijos y cuidar a su mamá enferma se tentó a pasar droga por la frontera. Ahora estará muchos años en una cárcel miserable sin ver crecer a sus hijos. ¡Vaya moraleja!

La “Guerra contra las drogas” debería rebautizarse “La guerra para aumentar el lucro con las drogas”, y no lo digo yo, lo dicen los propios guerreros antidroga, cuya vara para medir el éxito de su lucha es precisamente un aumento en el precio de la mercancía ilícita (reflejando su mayor escasez). Es decir, nuestras fuerzas de orden están dedicadas día y noche a aumentar las ganancias de los delincuentes más hábiles e inescrupulosos, ya que cada incautación de estupefacientes es un fuerte subsidio a favor de los maleantes que siguen en circulación. Está oficialmente admitido que nunca se podrá detener el flujo de la droga, sino sólo encarecerla. En otras palabras, la máxima aspiración de nuestra ley es tomar partido a favor de algunas pandillas por sobre otras. En eso gastamos tantos miles de millones. ¡Es cómo morderse en la cola como un perro estúpido! Continúa leyendo ›

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