POR BERTRAND RUSSELL
(Gentileza revista Hueders)*
ILUSTRACIONES: MAX BOCK
En un país trabajólico y calienta-sillas como Chile, tiene valor de consejo terapéutico una defensa del tiempo libre como ésta del filósofo Bertrand Russell, que desmenuza la “moral esclavista” que rige el mundo. Este texto está incluido en “contra el Trabajo” (Tumbona Ediciones), edificante libro que incluye textos antilaborales de Séneca, Samuel Johnson, Nietzsche, Adorno y Cioran.
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Antes que nada, ¿qué es el trabajo? Hay dos clases de trabajo; la primera es modificar la disposición de la materia que se encuentra en o cerca de la superficie de la Tierra, a partir de otra materia dada; la segunda, ordenar a otros que lo hagan. La primera es desagradable y está mal pagada; la segunda es agradable y muy bien pagada.
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En los últimos números nuestros lectores han debatido sobre una campaña atea en Londres que reza: “Probablemente Dios no exista, deja de preocuparte y disfruta la vida”. Sin duda, este libro de Bertrand Russell aportará al debate.
Bertrand Russell es un destacado filósofo y matemático inglés que dominó la escena intelectual de la post guerra. Tenía una pluma ágil y clara y mucho del humor de otros grandes intelectuales y artistas británicos. Así armado, Russell entró en el debate social de su época promoviendo el pacifismo, la educación sexual, el respeto por las mujeres y combatiendo el oscurantismo religioso. En este punto no tenía dudas y el presente libro “Por qué no soy católico”, es una muestra. Russell realiza aquí una contundente y notable defensa del ateísmo. Su crítica a la Iglesia, que apunta sobre todo a la estructura burocrática a través de la cual reparte ignorancia y miedo, no puede ser desdeñada. Pero tan interesante como eso es su actitud frente a la muerte, o más bien, frente al miedo que todos los mortales sentimos: “Yo creo que cuando me muera me descompondré y no sobrevivirá nada de mi ego. No soy joven y amo la vida, pero me despreciaría si temblase de terror ante un pensamiento de aniquilación. La dicha es igualmente valedera aunque tenga que tener un fin, y el pensamiento y el amor no pierden su valor porque no sean eternos”. Continúa leyendo ›