Por Patricio Araya G., periodista
Que unos cuantos pelagatos eufóricos (bueno, menos de 300, en todo caso), confabulados por quién sabe qué razón, hayan alzado sus manos este sábado 24 de enero, en la sede del ex Congreso –en el marco del XXX consejo nacional del PPD–, para nominar al senador DC Eduardo Frei Ruiz-Tagle, como su abanderado presidencial –sumándose a similar procedimiento utilizado días antes por democratacristianos y socialistas–, no es sino la máxima expresión de la mezquindad cupular de unos pocos, y en modo alguno, representa la opinión de las mayorías inconsultas.
Así, sin más, entre los estrechos pasillos de su democracia tuerta, resulta que los pepes, las antonietas, los ramones, las ximenitas, los ricarditos, las carolinas, el guido, y toda esa tribu obsecuente de agitadores-agoreros, no encontraron nada mejor que usar de papel higiénico esa gabela de la manoseada soberanía popular, y de un solo golpe, pasársela por su posteridad, alzándose con el privilegio de decidir quién –según ellos– es el mejor abanderado oficialista para suceder a la Gordi. ¡Qué vergüenza! Imposible imaginar semejante práctica antidemocrática en algún país que se precie evolucionado. Estamos, ni más ni menos, que en presencia de un acuerdo oligopólico, ajeno a la voluntad masiva de los electores. Esta columna no es contra Frei, ni a favor de Gómez; es contra la pudrición que afecta a la política, es a favor del juego democrático decente, civilizado, moderno. Continúa leyendo ›