SABÍA USTED QUE... El diminutivo de Enajenada es Ena. (Jaime Aguilera) Mándanos tu Sabía Usted Que...

Entrevista de Bachelet trajo más cola que concierto de Ricky Martin

Por The Clinic el 3 de Abril de 2010

THE CLINIC PRESS

Harta cola trajo la entrevista a Michelle Bachelet publicada en nuestra edición anterior. Desde innumerables rebotes en agencias noticiosas internacionales y portales web de noticias chilenos, pasando por una deliciosa página entera en La Segunda chupeteando frases de la entrevista, hasta reacciones políticas, como la respuesta de Juan Carlos Latorre a lo dicho por la ex presidenta en relación a la dosis de responsabilidad de los partidos en la derrota de Frei. Respuestas que generaron otras respuestas de personeros de la Concertación, lo cual sirvió, en todo caso, para enterarnos de que están vivos. A todo esto hay que sumar que la edición se agotó rápidamente en quioscos.
Pero donde la entrevista dio más jugo fue en El Mercurio del domingo pasado. En la página 2 del suplemento Reportajes (ver imagen), cuatro de las siete notas de la sección “Cuenta Que” eran alusivas a la entrevista o bien tenían como punto de partida alguna declaración dada ahí por Bachelet. Y en la conversación con el ministro Rodrigo Hinzpeter incluida en el mismo suplemento, le preguntan qué le parece que la ex-presidenta haya escogido a The Clinic, “un medio que se ha definido de oposición al gobierno”, para dar su primera entrevista, a lo que el titular del interior respondió cualquier weá. Continúa leyendo ›

Entrevista a Bachelet (1): El traspaso

Por Verónica Torres el 3 de Abril de 2010

POR PATRICIO FERNANDEZ Y VERÓNICA TORRES • FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
Dejó su mandato entre medio de los aplausos de la gente en La Moneda. Mujeres y hombres que levantaban pañuelos y lloraban al verla partir. En un Congreso alterado por tres fuertes réplicas y una alerta de maremoto, le entregó el poder a Piñera. Y, muchos concuerdan que el día quedará marcado como uno de los más extraños en la historia del país. Por primera vez desde que dejó la presidencia, Michelle Bachelet reflexiona sobre estos cuatro años que terminaron abruptamente con el terremoto; sobre la derrota de la coalición que representa, las críticas de la derecha y, por supuesto, sobre su futuro: ayudar a la reconstrucción del país desde una fundación que tiene como nombre tentativo Dialoga. Continúa leyendo ›

Entrevista a Bachelet (2): Popularidad y gobierno

Por Verónica Torres el 3 de Abril de 2010

POR PATRICIO FERNANDEZ Y VERÓNICA TORRES
• FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
(Continuación)

¿A qué atribuye su alto nivel de popularidad?
Puede ser una arrogancia hacer una interpretación inmediata sobre los hechos, pero yo diría que tiene varias razones que he percibido. Lo primero, es que siempre me entendí como la Presidenta de todos los chilenos, de los que votaron por mí y de los que no. Segundo, mi opción permanente fue llamar a todas las fuerzas políticas a pensar en el país y no en intereses mezquinos, pequeños, individuales. Lo tercero, la cercanía con la gente, desde la forma de hacer la política hasta la manera de relacionarse personalmente, y lo cuarto, que resume todo lo anterior, fue poner a la gente y sus necesidades en el centro de las preocupaciones. Y siento que eso fue percibido. Continúa leyendo ›

Entrevista a Bachelet (3): Piñera y las platas

Por Verónica Torres el 3 de Abril de 2010

POR PATRICIO FERNANDEZ Y VERÓNICA TORRES
• FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
(Continuación)

La derecha dice que se excedió en las platas. Evelyn Matthei habló de un aumento del gasto fiscal del 18% y Piñera, en febrero, dijo que había un déficit de US$ 7.200 millones. ¿Es cierto
El año pasado gastamos todo lo que nos permitió el Parlamento. Fue todo con leyes de la República, porque establecimos el plan de estímulo fiscal. Me llama la atención que hoy alguien se pueda sentir sorprendido de algo que fue “el” tema durante el año y medio que duró la crisis internacional y su impacto en Chile. Continúa leyendo ›

Entrevista a Bachelet (4 y final): Terremoto, maremoto y futuro

Por Verónica Torres el 3 de Abril de 2010

POR PATRICIO FERNANDEZ Y VERÓNICA TORRES
• FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
(Continuación y termino)

¿Qué va a hacer ahora?
A fines de marzo lanzamos una Fundación, que en principio se llamaría Dialoga, que tiene como sentido hacer converger a hombres y mujeres de la Concertación e independientes, donde el motivo principal es aportar a la reconstrucción de Chile y también al Chile del mañana. La idea es poder convocar a distinta gente, que tenga ideas, propuestas, planteamientos, para seguir colaborando con Chile. Porque estoy convencida que no sólo uno puede aportar al país desde el gobierno, sino que también desde la sociedad civil. Continúa leyendo ›

Federico Schopf, poeta y crítico: “Agradezco que Valente siga escribiendo críticas”

Por Macarena Gallo el 1 de Noviembre de 2009

Por Macarena Gallo • Foto: Esteban Gardella
El profesor Federico Schopf acaba de publicar su tercer poemario, “La nube”, después de 24 años de mutismo lírico. Es uno de los principales conocedores de la obra de Parra y Huidobro, y acá se explaya sobre los peligros de la canonización, sobre la onda destructiva del amor humano y sobre la abundancia de homosexuales en el arte. Además, define posiciones en materia política y expresa su admiración por el Mago Valdivia, “un sujeto altamente antipático”.
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¿Por qué se demoró 24 años en sacar su tercer libro de poesía?
-La escritura de poemas depende de los niveles de relación, de experiencias, que el escritor tiene con su propia vida, con su entorno, y yo no tengo apremio, ni ningún tipo de presión, externa ni interna, para publicar regular y profesionalmente.

¿Y para escribir?
-Necesito una conjunción de motivaciones, de elementos. No entiendo la escritura poética como una escritura finalística con la cual haya un programa, algo así como los planes quinquenales de la Unión Soviética.

PARAíSO ABURRIDO

Tiene harto poema de ese tipo de amor que lleva a la destrucción.
-”El amor o la destrucción” es un título intencional que tiene que ver con el poeta español Vicente Aleixandre y su libro “La destrucción o el amor”. Hay la conciencia de que la unión significa la destrucción de la unidad inicial. Y como lo demuestra la historia literaria en muchos textos, por ejemplo la leyenda de Tristán e Isolda, este amor se realiza incluso en la muerte. Habría que pensar que las relaciones humanas amorosas están bastantes perturbadas en nuestros días…

¿Sí?
-Ahora mismo se está discutiendo en el comando de uno de los candidatos si se acepta o no el ordenamiento jurídico de las parejas homosexuales o lesbianas. Y esto provoca una serie de terremotos, catástrofes, en que unas ideologías luchan contra otras.

¿Qué piensa usted?
-Yo estoy a favor de que haya tolerancia y de que puedan casarse si quieren. Me sorprende toda la reacción cavernaria de políticos que no se hacen cargo de estos temas. Por otro lado, desde que existe la historia de la humanidad, evidentemente las pasiones tienen un inicio, un desarrollo y un fin. De manera que, al margen de las convenciones, de los mecanismos ordenadores y represivos de las distintas sociedades, existe una temporalidad de las relaciones amorosas y eróticas: aunque se crean eternas, su núcleo está instalado en la temporalidad.

O sea, el amor no dura para siempre como piensan los católicos.
-La iglesia católica puede decir que el amor es para siempre y creer en el matrimonio para toda la vida, pero yo no puedo caer en esta discusión teológica respecto al amor. La iglesia católica impone criterios que dudo que estén necesariamente de acuerdo a los libros sagrados, como la Biblia.


-Desgraciadamene, vivimos en el tiempo, o afortunadamente, porque justamente ayer pensaba en las relaciones amorosas entre los dioses griegos y llegué a la conclusión de que eran infinitamente aburridas, porque tenían infinitamente el tiempo para llevarlas a cabo, y no tenían la angustia del instante, ni la noción del descubrimiento del encuentro casual, del hallazgo, porque tenían “todo el tiempo del tiempo por delante”, como decía Lihn, para realizar experiencias poco intensas. Habría que pensar que el paraíso es muy aburrido.

MISTRAL LESBIANA

Usted también es crítico literario. ¿Por qué en Chile se da tanto la canonización literaria.
-En Occidente, en cada una de las lenguas literarias se han instalado figuras que han sido canonizadas. No creo que el canon sea estático, sino que en él se sustituyen unas figuras por otras. Todas las canonizaciones solemnizan, estatizan, inmovilizan a los autores a determinadas poses y significaciones: falsifican la imagen y obra de los sujetos canonizados, las transforman en dimensiones autoritarias, representativas de ideologías que no representan.

¿Y en Chile concretamente?
-En Chile se han dado por necesidades patrióticas, por un nacionalismo que supone una carrera de caballos para ver qué país tiene los mejores poetas o los mejores jugadores de fútbol; ideas de un país ancladas en el nacionalismo decimonónico que todavía tiene vigencia en Hispanoamérica, en que se instalan protestas oficiales porque alguien llamó no sé qué a la Presidenta de Chile en Perú.

Conchuda.
-Eso. En Chile se dan dos ejemplos máximos de canonización, Mistral y Neruda. Neruda escribió poesía del realismo socialista y es mala poesía, cosa que sus pontífices actuales se niegan a reconocer, es decir, ¡sobreviven los aduladores de la figura sagrada! Les molesta que uno comprenda a Neruda también como un poeta precario, en crisis, que tiene una acción crítica con la sociedad.

¿Y qué pasa con la Mistral?
-Se la inmovilizó en la figura de la maestra ejemplar, de la mujer preocupada de la educación, de una persona con gran entereza respecto a su soledad. Yo pienso que uno de los factores que posibilitó su premiación fue que obtuvo el Nobel inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué?
-Todos los contendores de la lucha estaban demasiado mezclados con la guerra. De manera que los jueces tuvieron que buscar afuera, y ahí apareció ella, que tenía fama como funcionaria de las Naciones Unidas, autora en esa época de dos libros, “Desolación” y “Tala”…; o sea, yo podría ser candidato al Nobel con mis tres libros. Entonces, se la canonizó y hasta hay libros que hablan de “Santa Gabriela” o “Divina Gabriela”, y el poder de las ideologías ha sido tal que recién 50 años después de su muerte se ha reconocido algo que siempre se sabía.

¿Qué?
-Su carácter homosexual, su amor por la mujer. Su relación con la secretaria siempre se supo, pero no se había dado a conocer. Resulta inadmisible que hayan todos estos ocultamientos, porque el arte está lleno de homosexuales y de lesbianas.

Pero Chile es un país pacato.
-Ése es el tema. El problema de la pacatería chilena es que va más allá de la doctrina oficial de la iglesia católica.

ANÉCDOTA CON VALENTE

Este año su amigo Enrique Lihn cumpliría 80 años. ¿Qué recuerdos tiene de él?
-Lihn fue muy ninguneado durante su vida. No sólo por razones de competencia literaria, sino por la incomodidad que producía su figura en el mundo de la cultura, debido a que operaba, como él mismo decía, “bajo ninguna bandera”. Era como un suicida capaz de decir lo que pensaba al margen de las consecuencias que eso podría tener. Para la mayoría de quienes lo elogian hoy, era un pesado. A mí me gustaba porque decía lo que pensaba. Habían muchas disputas en esa generación.

¿Entre quiénes?
-Por ejemplo, desde que fui amigo de Enrique, Jorge Teillier me regalaba los libros sin dedicatoria.

¿Por qué habrá sido?
-Porque en una disputa amorosa muy confusa que hubo, no es que yo haya optado por Lihn, sino que la realidad dejó a Teillier sin su señora, y yo no era ni la esposa de Teillier ni de Lihn.

El cura Valente ha dicho recientemente que en Chile hay una escasez de vates nuevos. ¿Qué piensa usted?
-Hay que admitir primero la capacidad crítica de Ignacio Valente y la continuidad que tuvo en el ejercicio crítico para lograr una perspectiva de la producción cultural y poética en Chile.

¿Y respecto a la escasez?
-No es sorprendente que haya escasez de poetas, sino que haya tanto poeta que no logra una escritura poética. La afirmación de Valente tiene el valor de un pronóstico cierto. El espacio del comentario público de la cultura se ha restringido enormemente a partir del Golpe de Estado. No hay dimensión crítica en los estudiantes. En ese sentido, habría que agradecer que Valente siga escribiendo críticas. Sin embargo, siempre he lamentado que su punto de vista haya estado limitado por la extensa forma de religiosidad cristiana, sobre todo desde su limitancia con el Opus Dei… Yo tengo una anécdota bien divertida con Valente.

¿Cuál?
-Él hizo comentarios positivos de mis escasas producciones poéticas; y cuando salió mi libro “Escenas de Peep-Show” (1985) también fue así, pero comparó la representación del amor que allí aparecía -que es a mi juicio el amor que se da en sociedades de libre mercado, de consumo, en la sociedad alienada- con la representación del amor que aparecía en un poeta, cuyo nombre se me olvida, un poeta cristiano que alababa el amor cristiano, la familia y el amor de los hijos.

¿Y?
-Y meses después fui invitado a una conferencia en Concepción y la gran noticia era que este poeta en un acceso había tomado un hacha y ultimado no sé si a un hijo o a su señora, terminando preso, de manera que este poeta del amor cristiano hizo lo menos cristiano del mundo: destruir su familia.

EL MAGO VALDIVIA

¿Vio los partidos de Chile?
-Lamentablemente, no pude porque estaba haciendo un trabajo. A mí me gusta mucho el fútbol. Llegué a ser suplente del equipo oficial en el colegio. Veo el fútbol porque pienso que hay allí una inteligencia, que no es reflexiva, sino una inteligencia muy vinculada al movimiento corporal. No es solamente instinto. Hay un sujeto altamente antipático, que es titular, que es Jorge Valdivia…

El Mago.
-Lo vi cuando jugaba en Concepción y era un tipo impredecible, casi un genio en el movimiento. Él tiene una inteligencia instantánea, extraordinaria, una conexión entre la mirada y el movimiento. Ahora, por supuesto, si él lee a Heidegger no entiende nada y muy probablemente las páginas editoriales de los diarios no le interesen. Es un caso semejante a Maradona, un balurdo como se puede ver.

¿Y qué le parece que Bielsa lo tengan casi como un santo?
-Esos son errores. Pero ha sido pega de la publicidad. Evidentemente es un muy buen entrenador. Y al equipo de Chile, que no es un gran equipo, Bielsa ha sabido articularlo para que sea efectivo.

Usted que vive a pasos de la Plaza Italia, ¿fue a celebrar la clasificación?
-Yo no celebro triunfos ni salgo a la calle. Me parece que son alienaciones, sustitutos, compensaciones de la gente. La parte lamentable es todo el nacionalismo que hay en estas celebraciones. Todos se creen chilenos de corazón con sus banderas chilenas.

¿Cómo ve la carrera presidencial?
-No tengo candidato aún. Pero, tanto en la primera como en la segunda vuelta, mi voto será para que no ocurra lo peor, para que no salga Piñera. Con el sistema binominal, jamás saldremos de esta jaula porque está hecho para que candidaturas alternativas no lleguen a tener representación. De manera que las tres alternativas no son alternativas.

Brenda Elsey, historiadora gringa del fútbol chileno: La república amateur

Por Juan Pablo Barros el 18 de Octubre de 2009


POR JPB

Lleva años investigando la historia de nuestra pasión deportiva, entendiéndola como una verdadera escuela política de la clase trabajadora. Su libro “Ciudadanos y deportistas: Los políticos de clubes de fútbol en Chile, 1893-1973” está a punto de ser publicado por la Universidad de Carolina del Norte. No juega fútbol, y piensa que eso le pesó cuando buscaba historias orales entre los dirigentes amateurs. La miraban como si estuviera “peinando la muñeca”, dice. Cuando fue por primera vez al estadio pensó que era casi como ir a Beirut en los ‘80. Pero una vez ahí le sorprendió desagradablemente que no vendieran cerveza. Estas son algunas de sus conclusiones sobre los pequeños clubes de barrio. Un mundo en extinción Continúa leyendo ›

El oficio de la entrevista

Por Alvaro Díaz el 14 de Marzo de 2009

Por Alvaro Díaz

Lo primero que debo aclarar es que sólo hago entrevistas por dinero. Jamás se me ocurriría importunar a una persona y robarle un par de horas de su vida para que corra el riesgo de exponer sus vanidades y torpezas si no fuera porque alguien me paga. Por eso mismo, para mí las entrevistas son un oficio. Diría que intento hacer siempre la misma entrevista, corregida por la experiencia, pero la misma. Debo puntualizar que me dedico a los retratos, y que considero esta labor más cercana a la fotografía que a la literatura. En efecto, me es sencillo describir las entrevistas como fotografías: las mías, idealmente, privilegian el punto de vista y prescinden de maquillaje y efectos de lentes o de iluminación. Pongo la cámara en automático, encuadro y dejo que el retratado haga la mayor parte del trabajo. Y como las fotografías, unas se ven mejor que otras. Puedo asegurar que, desde que ejerzo el oficio en conciencia, nunca he hecho una entrevista descollante, pero tampoco una rematadamente mala. Me quedan relativamente buenas, y por eso me piden una que otra y puedo pagar algunas cuentas con ellas. Mis entrevistas pagan las cuentas y no el dividendo, como me gustaría. De todas maneras, están dentro de las mejor pagadas de un mercado que ofrece migajas. ¿Por qué me detengo en miserias? Simplemente para describir un universo donde la preparación de los entrevistadores con suerte pasa de una ojeada por Google. Me ha sucedido corrientemente, como entrevistado –valga la aclaración, corro en los dos bandos, pues me ha tocado promover programas de televisión y, últimamente, una película- que el periodista no sabe quién demonios soy, ni siquiera cómo me llamo. Lo que podría ser la madre de las afrentas se explica, primero, porque pertenezco a la calidad de entrevistados poco apetecibles y permanentemente disponibles, segundo, porque se supone que me conviene a cualquier costo que me entrevisten dado mi mendiga necesidad de prensa, y tercero, porque la ridícula suma con que se encuentra el entrevistador escrita en su cheque al final de mes por hacer ésta y otras cien funciones justifica la más descarada de las desconsideraciones.

Bajo la ética del dinero hago funcionar otras éticas. Como rara vez me llaman para sacarle una verdad urgente a un personaje que esté en la cresta de la ola noticiosa, dada mi incapacidad de descubrir bajo la manga implacables antecedentes que destruirían a una persona que minutos antes me dejó entrar a su casa, me ofreció un café y me presentó a sus hijos, busco entrevistados atemporales, unos más conocidos que otros, pero lejanos a la urgencia. Lo primero que me aseguro es de que tengan tiempo para conversar, que quieran ser entrevistados, no para exponer latamente sus proyectos e ideas tan necesarias de ser tomadas en cuenta y a la vez tan desconocidas por los necios, sino para ser sometidos a una entrevista, es decir, para hablar de su propio devenir sin planificaciones. Debo detenerme en un asunto un tanto triste, aunque probablemente más vulgar de lo que sospecho: corrientemente hablo solo, y una parte de lo que hablo son respuestas a una entrevista imaginaria. A veces soy contundente, otras sensato, otras tremendamente divertido. Siempre ponderado, lúcido, interesante. Es una especie de entrevista definitiva, que todos leerán, comprenderán y considerarán, donde expongo aquello que no se entiende de mí, y a través de la cual consigo el perdón y la veneración. La ampliación al resto de la especie humana de este sicótico comportamiento me ha llevado a establecer que todos, en mayor o menor medida, quieren dejar en claro quiénes son ante el resto, y que uno puede ser un pertinente vehículo para lograrlo. Los problemas llegarán cuando la manifestación verbal de lo que ha rondado durante años en la cabeza del entrevistado no sea el magnífico relato que supuso, sino una narración incompleta, errada en puntuación y sintaxis, la tardía constatación frente a una grabadora de que el libreto nunca es igual a la interpretación. Mi idea de entrevista va en busca de aquello “en lo que se le va la vida” al entrevistado, lo que distrae sus pensamientos la mayor parte del tiempo. Por eso aborrezco las entrevistas a los actores jóvenes –y a algunos viejos – que por no tener nada que contar, se lanzan contra la iglesia, los conservadores, la hipocresía, el nacionalismo y todos esos monstruos de fácil puntería que pueblan sus dramatizaciones, pero que rara vez sobrepasan en tiempo y jerarquía como preocupaciones al odio contra el gásfiter, a la combinación precisa de unos zapatos comprados en Buenos Aires o a la pugna con un vecino por la poda de unas ramas que dan a la calle.
Para no desviarme por completo del camino, puedo señalar como parte de mi ética que jamás dejo al entrevistado leer su entrevista antes de salir publicada, que rara vez le hago caso a los editores, sobre todo a las instrucciones tipo “pregúntale qué opina de legalizar el aborto o la marihuana”, que yo traspaso mi material al computador, dado que al volver a escuchar la voz del entrevistado y el ritmo de la entrevista puedo calificar intenciones, y por que me avergüenza que alguien más escuche mis mal planteadas preguntas, mis interrupciones y mis forzadas adulaciones. Y por último, que respeto el deseo del entrevistado por no hablar de ciertos temas personales. Si esos temas son los que convocan la entrevista, la suspendo en el acto y ahí queda. Como ejemplo puedo citar una entrevista que le hice a la modelo Carla Ochoa para la revista Fibra. Mi idea original no era indagar en su privacidad, pues el saqueo que diarios, revistas y programas de televisión habían hecho de sus cotidianas desventuras la habían convertido en un yacimiento de bajísima ley. Sólo quería saber que opinaba como espectadora de aparecer en medio del escándalo a cada rato, que decía su entorno inmediato de tanta exhibición. Algo funcionó mal, y luego de revelarme que en el departamento de sus padres no cabían los osos de peluche gigantes que su novio Miguel Piñera le había regalado enfermizamente para conquistarla, se puso a llorar. Me dijo que yo era una mala persona y que se sentía intimidada. Le ofrecí terminar ahí la entrevista, a lo que accedió y se fue. Esa fría mañana caminé un largo rato Vitacura abajo masticando mi desencanto. Nadie en su sano juicio quiere hacer llorar a otra persona, menos a un frágil pajarito que no tenía la menor conciencia de lo que un puñado de truhanes, entre los que fugazmente me encontraba, hacía con su vida.

ENTREVISTAS BUENAS Y MALAS

Para algunos, una entrevista buena es aquella donde el entrevistado queda mal. En este caso es necesario el lucimiento del periodista, cuyo arsenal va calibrado en busca del entredicho. Este método funciona con los sinvergüenzas, pero está anclado en la inconducente teoría del complot, bajo la premisa que todos son malos menos yo y mis amigos. Para otros, las entrevistas no son más que un medio para levantar a alguien, hacerle un homenaje en vida y conseguir el auspicio de su empresa. Son sospechosos perfiles de empresarios innovadores y preclaros que, paralelo a sus negocios, hacen gala de su destreza comandando un yate. Para mi una entrevista buena es aquella donde el entrevistado aparece como lo que es. Hay entrevistados que, por su desmedida intención de aparentar, quedan de inmediato al descubierto. Esto sucede, incluso, cuando se cuenta con la complicidad del entrevistador. Es el caso del ex presidente argentino Carlos Menem. Mientras en su país le seguían un juicio por tráfico de armas, acá Pedro Carcuro en el programa De Pe a Pa le celebraba hasta sus gases. El más incauto podía percatarse de que estábamos frente a un bribón de marca mayor, pese a los esfuerzos del relator deportivo por encubrirlo como galán maduro, vividor y hombre de una sola palabra. El mismo Menem, años después, fue entrevistado por su despechada esposa Cecilia Bolocco, en el fallido La noche de Cecilia. Fue un espectáculo humillante. El retrato involuntariamente certero de un matrimonio concertado por el feble espejismo de la conveniencia y destruido por los hechos. Menem aparecía como un viejito patético que no sabía qué decir frente a preguntas como “¿por qué no vino al bautizo de su hijo Máximo?”. Así, tratado en tercera persona por una mujer que sencillamente lo odiaba y que desplegaba frente a las cámaras su cruel venganza.
A ratos tengo la certeza de que no hay que ser muy inteligente para entrevistar bien. Es más bien el talento de parecer interesado o deseoso de comprender cosas sencillas lo que hace hablar a los entrevistados. Hace poco en el cable, en un late show mexicano para ser más precisos, entrevistaban al cantante Pedro Fernández, quien desde niño ha protagonizado un montón de películas. Mientras repasaban las imágenes de “La mochila azul”, el entrevistador, cuyo nombre desconozco, le preguntó como lo había hecho para llorar con tanto entusiasmo, y Fernández se despachó una declaración tan inesperada como estremecedora: “Es que junto antes de filmar la escena –dijo- el director me contó que mis padres, que venían a verme al set, habían muerto en un accidente automovilístico. Después de filmar me dijo que todo era mentira para hacerme llorar”. James Lipton, un desagradable y zalamero actor que nunca actuó, conduce Desde el Actor´s Studio, programa clásico de entrevistas a estrellas de Hollywood. Básicamente son planificados y blancos repasos biográficos, pero es esa misma ausencia de peligros la que permite a los invitados exponerse a sus anchas, sin cautelas. Es así como Kim Bassinger y Peter Falk se descubren como maravillosas personas, Tom Hanks como un ser sensato, Sidney Lumet como un obsesivo por los lentes que coloca en su cámara y Spike Lee como un pelotudo. En una dimensión local, las entrevistas de Cristián Warnken consiguen algo similar en el plano del conocimiento: el que tenga ideas se tomará todo el espacio que requiera para desplegarlas. El que no, naufragará angustiado por el exceso de tiempo. En una entrevista a un diario argentino, Jaime Bayly se ufanaba de adular a sus entrevistados al punto de hacerlos explotar de vanidad. Una teoría graciosa, aunque la realidad la convertía en una astuta disculpa, pues de sus conversaciones quedaba en evidencia el lambisqueo a figuras de segunda orden, no así la sensación de haberlos hecho caer en una planificada trampa.

UN MÉTODO

Como ya anunciaba, trato de hacer siempre la misma entrevista, una fotografía con los controles de la cámara en automático. Lo que cambian son los entrevistados y su contexto, y como no hay uno igual a otro, no hay problema. Estructuralmente es muy sencilla: primero, pregunto por lo más actual, lo que supuestamente nos convoca. La idea es salir rápidamente de lo que el entrevistado ha tenido que responder en varias partes y de manera maquinal. Si es un artista, será su último trabajo, si es un político, la pugna de la semana. Luego, la parte que más me gusta, le pido un relato detallado de su vida, principalmente de la niñez y adolescencia, del momento de la formación. Qué hacían sus padres, donde vivía, si tenía amigos, cómo le iba en el colegio y con el sexo opuesto. Es habitual que los entrevistados hagan una descripción rápida de este período, deteniéndose exclusivamente en los datos, que son lo que menos importa. Pero cuando se les da pie y tiempo para que reúnan los retazos e intenten armar algo, la cosa se pone interesante, pues no hay discursos aprendidos sobre el pasado inocente. Me gusta preguntar por tías, casas, profesores y mascotas, entre otras vaguedades. Las colecciones, por ejemplo, son un buen punto para detenerse, pues alguien que mantiene y agranda una rigurosa colección hasta el presente es un ser inquietante, que lucha contra la idea de desprendimiento que dicta la sabiduría. Tras cartón, vuelvo a preguntar por sucesos contemporáneos, pero esta vez ligados al pasado recién evocado. Sin duda que los triunfos y fracasos actuales se vinculan con el aprendizaje y la ceguera obtenidos de triunfos y fracasos anteriores. Para el final dejo los temas peliagudos, si es que los hay. Esto, por una asunto de confianza ganada y porque, tras haber conversado multitud de cosas, se pueden poner en perspectiva, dejan de ser manchones aislados de una vida corriente o ejemplar, pues forman parte de esa vida y la condicionan. Un paso por prisión o tribunales, una situación familiar caótica, un episodio de furia o una resonante derrota no pueden quedar fuera, pero tampoco pueden convertirse en el centro del asunto, como si todo el tiempo gastado sólo fuera una excusa para llegar a la evocación de situaciones dolorosas, una vil emboscada.
Creo que las entrevistas son, además de una forma de ganarse la vida, una manera de acercarse y comprender a los otros a través del noble ejercicio de la conversación, y que de capitán a paje hay un principio fundamental que está más allá de cualquier consideración: todos tienen sus razones.

(Publicado originalmente por la revista Dossier de la Universidad Diego Portales)