Ayer el ministro Vidal llevó su conocido estilo de opereta al máximo, interpretando un episodio que retrata muy bien lo bajo que ha caído la actividad política en estos años.

En la mañana declaró por el vergonzoso caso de malversaciones en Chiledeportes, donde se le preguntó por el motivo para que Juan Michel -que enfrenta 9 cargos por malversaciones de caudales públicos- hubiera sido elegido como director regional de ese organismo. Vidal contestó que la designación de Michel -que ocurrió en 2005- fue ciento por ciento política y no técnica. Dijo que en esa época, cuando era ministro del Interior de Ricardo Lagos, recibió varias llamadas del entonces presidente de la DC, Adolfo Zaldívar para que pusieran a Michel en el cargo. “El presidente de la DC me llamó, cumpliendo con su tarea. A él le interesaba que el cargo de director metropolitano de Chiledeportes se mantuviera en la DC”, explicó el ministro.

Ante estas afirmaciones la abogada del Consejo de Defensa del Estado, Soledad Lagos, le preguntó si el nombramiento de Michel había sido por razones técnicas o políticas. “Políticas 100%”, reafirmó Vidal. Las declaraciones abrieron ayer un fuerte debate respecto al cuoteo político de los cargos públicos: un tipo de situaciones que todos los políticos saben que ocurre, pero que resultan difíciles de explicar en público. Por una parte el gobierno salió a defender la prerrogativa de la Presidencia de poner en los cargos de gobierno a personas de su confianza política. Por otra, la alianza prometió algo que en principio suena razonable: “nuestro gobierno será de los mejores, sin cuoteo”.

Lo que sí empieza a estar claro es el cuoteo, que se podría entender para cargos de ministro o subsecretario, resulta muy difícil de justificar para puestos como el de Michel, al que podrían haber postulado muchos chilenos mejor capacitados que Michel. O al menos más honestos. Más difícil de justificar, aún, en estos tiempos en que el desempleo se eleva y muchas personas sienten desprotegidas por no tener los contactos y las redes que da, justamente la política. Y mucho más difícil de explicar, además, en época electoral cuando Frei intenta su segundo mandato. En estos contextos las frases de Vidal suenan más descaradas que honestas. Y sin duda servirán a la oposición para mostrar que la Concertación ha estado demasiado en el poder y espera que los chilenos acepten como normales sus peores prácticas.

Esa percepción la reafirmó el mismo Vidal a la salida del tribunal cuando decidió agarrarse con el eterno reportero de Radio Agricultura Ricardo Coya, ex rostro de TVN durante la dictadura. Todo esto ante la atónita mirada de su jefa de prensa, la periodista Deborah Baily, ex miembro del directorio del diario La Nación.

El vidalazo se desató cuando Coya le preguntó por lo que acababa de decir en el juzgado acerca del couteo político.

-¿Entonces hay cuoteo político?- preguntó el periodista.
-Igual que en el Gobierno Militar, ¿se acuerda Usted? Fíjese que el Ministerio de Bienes Nacionales, durante los 17 años del gobierno militar, siempre estuvo a cargo de un carabinero -le contestó Vidal.
-…Yo le estoy diciendo por ahora -retrucó Coya.
-Y yo le estoy respondiendo lo que yo quiero -lo cortó Vidal, levantando las cejas. Y cuando el otro quiso seguir, aplastó:
-No. Se acabó. ¡Se acabó!

Cuando terminó la improvisada rueda de prensa, Coya le preguntó a Vidal por qué “decidió tirarme el Gobierno Militar encima”. Vidal le respondió:

-A ti siempre te lo tiro encima (…) No quiero explicártelo delante (de los demás). Yo recuerdo haberlo visto a usted en la Operación Neltume.
-Nunca estuve en Neltume. Con posterioridad a eso, que es distinto.
-Exactamente, con 7 miristas asesinados. Si yo me acuerdo -se sonrió Vidal, mientras se iba.
-Si tiene algún cargo, ministro, están los tribunales, si es muy simple -le alcanzó a decir Coya.

Vidal le respondió apuntándolo, a lo Lagos:

-No, se lo hago a usted, políticamente.

Cada uno puede ver esas imágenes como guste. Pero son indudables dos cosas: Vidal decidió eludir las responsabilidad sobre la elección de Michel, poniendo como ejemplo la dictadura, que terminó hace 20 años.

Y dos; las acusaciones que le hace al periodista, no las hace ante tribunales. Son simplemente una pachotada ante una pregunta legítima. A todo ese espectáculo, Vidal lo llama crítica política, lo mismo que hizo Escalona que llamó “crítica política” a las chuchachas que le echó, por la espalda al radical José Antonio Gómez.

Está claro que la política agoniza y que Vidal, que ocupa un legítimo cargo de confianza de la presidenta, ayuda a eso.