POR CLAUDIO PIZARRO • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES
Hace 35 años comenzó en el rubro de la demolición con picotas, palas y carretillas. Ahora es uno de los empresarios más grandes del sector, con un patrimonio de un millón y medio de dólares y con más de 40 trabajadores a su cargo. Sino fuera por los terremotos, admite, estaría prácticamente quebrado. Cosas del destino que lo tiene con más pega que el gabinete de Piñera.

¿Cuando empezó en el rubro de la demolición?
-Hace 35 años, con un camioncito Chevrolet del año 57, comencé a sacar escombros de casas particulares y de las personas que hacían jardines. Después, si necesitaban ladrillos o tierra de hoja, se los trasladaba. Con el tiempo me ofrecí en empresas cargando áridos.

Todo era más rústico, me imagino.
-Claro, no había máquinas, todo se hacía con picotas, chuzos, palas y carretillas. Ni existían los camiones tolva. En esos años trabajaba con dos cabros, les pagaba a diario por cada vuelta que hacíamos. Teníamos que cargar y descargar a pulso. Era puro ñeque.

¿Cuando le empezó a ir mejor?
-Años después un amigo me sacó una cuenta del Banco del Estado, comencé a pagar mis impuestos y me dieron crédito para comprar un camión más grande, un kamac. Después me compré una retroexcavadora y dos camiones más. Mis hijos fueron creciendo, uno es ingeniero y el otro constructor, y ahora son socios míos. Ellos ven la parte administrativa y yo aporto la experiencia.

¿Por qué le gusta la demolición?
-No sé, quizá sea porque soy campesino de Curicó y siempre trabajé a puro ñeque. Entonces me vine a Santiago y me quedó gustando el tema de las máquinas y el contacto con la gente. Es entretenido. Soy amigo de mis trabajadores, almuerzo con ellos, me tomo mis cervecitas con ellos y ahora le doy trabajo a más de 40 personas. Somos una de las empresas más grandes del rubro y tengo un patrimonio de un millón y medio de dólares… Así que tan mal no me ha ido.

Menos ahora después del terremoto. ¿Lo han llamado harto?
-Sí, llevamos tres semanas trabajando todos los días. Lo primero que hicimos fue botar la cúpula de la iglesia de la Divina Providencia. Estamos copados de pega, no damos abasto, y hemos tenido que subcontratar a 20 personas que tienen camiones. Si nos falta tiempo para ir a ver más pegas.

¿Qué porcentaje se ha incrementado el trabajo?
-Alrededor de un 100%. Para nosotros ha sido bueno porque estábamos saliendo de una recesión y estaba casi toda la construcción parada. Prácticamente nos estábamos manteniendo. Antes del terremoto se cobraba un mínimo para sobrevivir, ahora, en cambio, los precios van a llegar a su valor real. No es una cuestión de aprovecharse pero vamos a cobrar el precio que había antes que se estancara el mercado. Imagínese que tengo 6 demoledores profesionales que ganan alrededor de 800 mil pesos y la planilla quincenal de la empresa es de 10 millones de pesos.

¿Estaba muy apretado?
-Claro, nos estaban pillando las letras, los compromisos, porque nunca he tenido capital y todo lo que tengo lo compro a crédito. Si el terremoto nos cayó del cielo. Si no fuera por el otro terremoto, el de Tocopilla, donde demolimos 800 casas hace dos años, no hubiéramos sobrevivido todo este tiempo. Estaría quebrado. Claro que es lamentable por la gente que ha perdido todo, pero desgraciadamente es mi pega y si no la hago yo la va hacer otro. Así es este negocio.

¿Quienes son sus clientes ahora?
-Por el apuro que tienen, las municipalidades. Nos han llamado de La Reina, Santiago y Ñuñoa. Ahora vamos a botar una copa de agua en Manuel Montt con Eleodoro Yáñez. También tenemos hartos pedidos de provincia. Nos han llamado de Talca, Concepción, Lontué, Rancagua y Curicó. Yo creo que vamos a emigrar para el sur. Se nos viene harta pega encima.

¿Cuánto cuesta echar abajo una construcción?
-Depende, hay diferentes precios. Nosotros cobramos por metros cúbicos. Por ejemplo, si usted tiene una piscina y la llena, teniendo el ancho y el largo, puede sacar los metros cúbicos. Nosotros hacemos lo mismo. Pero el valor es tentativo porque hay algunas casas que cuando se demuelen recuperamos el cobre, el pino oregón, el roble, entonces es un aporte y el precio disminuye.

¿Y en estos casos?
-Ahora no se salva nada porque como la mayoría de las casas son de adobe, tienen las maderas podridas y no se puede recuperar nada. No podemos meter a los viejos a sacar cosas porque las viviendas se están cayendo solas. El terremoto no da para eso. Cuando las inmobiliarias compran una manzana entera ahí salvamos puertas, ventanas y todas esas cosas. Ahora no.

¿Son mejores las construcciones ahora o antes?
-Yo no soy experto en eso porque lo que hago es demoler y hacer excavaciones. Los constructores son los que parten para arriba. Habría que preguntarles a ellos.

¿Cuál es la técnica que se usa para demoler en caso de terremotos?
-Cuando se trabaja en lugares peligrosos se amarran algunos muros con piolas por ambos lados y se cortan con sierras hidráulicas que utilizan cadenas diamantadas. Son como las motos que cortan leña. Se hace por parte. Pero para hacerlo se necesita una grúa y asegurar las cosas amarrándolas.

¿Y en el caso de edificios altos, de más de 20 pisos, como el de Concepción?
-Hay gente de la competencia que ha demolido edificios de ocho pisos, echan una máquina encima y empiezan a picar hacia abajo pero, cuando hay riesgo de volcarse, es muy difícil. En este momento uno de mis hijos se está contactando con una empresa norteamericana que demuele con explosivos para trabajar en Concepción. Así que estamos haciendo las gestiones con ellos para trabajar en conjunto. Estos gallos atacan los pilares de fierro y el edificio cae como torta.

¿No hay tecnología en Chile para demoler con explosivos?
-Que yo sepa, no. Por eso se está gestionando con gente de afuera para que vengan a trabajar en casos críticos como el edificio de Maipú o el de Concepción. Es gente especialista en el tema.

¿Que pensó, como demoledor, cuando vio el edificio de Concepción en el suelo?
-Yo creo que hubo una falla estructural. Pero todavía hay que ver si fue un problema de la constructora, de cálculo de los ingenieros, si les faltó fierro o no pusieron el concreto adecuado. Eso se tiene que investigar.

¿Y qué opinión tiene de la frase del presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Lorenzo Constans, cuando dijo que hay edificios que están inclinados y el ejemplo más claro era el de la torre de Pisa?
-Me reservo la opinión.

¿Temen encontrarse con un finadito por ahí?
-Por el momento no ha sucedido. A lo mejor en provincia puede ser. Sería una experiencia dura porque todavía debe haber gente debajo de los escombros.