POR PATRICIO FERNANDEZ Y VERÓNICA TORRES • FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
Dejó su mandato entre medio de los aplausos de la gente en La Moneda. Mujeres y hombres que levantaban pañuelos y lloraban al verla partir. En un Congreso alterado por tres fuertes réplicas y una alerta de maremoto, le entregó el poder a Piñera. Y, muchos concuerdan que el día quedará marcado como uno de los más extraños en la historia del país. Por primera vez desde que dejó la presidencia, Michelle Bachelet reflexiona sobre estos cuatro años que terminaron abruptamente con el terremoto; sobre la derrota de la coalición que representa, las críticas de la derecha y, por supuesto, sobre su futuro: ayudar a la reconstrucción del país desde una fundación que tiene como nombre tentativo Dialoga.

Partamos por el cambio de mando, ¿cómo fue ese día?
Fue como un día más de trabajo acelerado. Llegué temprano a La Moneda, nos sacamos las últimas fotos con los ministros y los subsecretarios, los escoltas, la gente que trabaja conmigo. Hubo una despedida muy bonita, pero todo lo que había pasado le dio una característica particular. Cuando un gobierno se termina, los gobernantes, imagino, van teniendo el tiempo de dejar todo bien cerrado y traspasarlo al gobierno que viene; pero nosotros, a causa del terremoto, trabajamos hasta el último día con la intensidad de los cuatro años. Incluso sin almorzar, con una actividad muy fuerte, y bajar de eso a un día protocolar, que tenía otro ritmo, aunque intenso también, es lo que lo hacía curioso.

Afuera de La Moneda, ¿qué le gritaba la gente?
Bueno, cosas que la gente dice, “¿por qué no se quedó?”, en fin. Y bueno, les contestaba, porque la democracia es así, porque no mando la ley y porque no creo en las leyes hechas a la medida de nadie.

Esas las hacen en Venezuela…
Ja, ja, ja… Las hacen en varias partes…

Fue muy impresionante ver a las mujeres con pañuelos blancos, levantando su foto, pidiéndole que por favor volviera el 2014. ¿Se imaginó alguna vez una imagen como esa?
Yo quiero decir que desde que empezó a quedar claro que el gobierno se iba, ese clima me tocó verlo permanentemente en terreno. Incluso en el terremoto, donde la gente estaba y está asustada, triste, sin saber lo que venía, igualmente la presencia de la Presidenta ahí era algo lleno de ánimo y entusiasmo. Las mujeres en todas partes no me hablaban del terremoto, me decían “gracias por estos cuatro años”… Y, efectivamente, me regalaron pañuelos blancos, me decían “se los paso para que se despida” y la verdad es que tengo guardados como 15 pañuelos que me regalaron. Todos muy bonitos, con dibujos, flores. También había hombres mayores y jóvenes. Le diría que fue impactante, emotivo y comprometedor con la gente…

¿La primera réplica la agarró en el auto camino de Valparaíso? Convengamos que ese día debe ser uno de los más raros de la historia de Chile.
Sí, me tocó una réplica en tierra y otra en el auto. Cuando estaba llegando con los honores hasta la puerta del Congreso veo inquieta a la gente que estaba haciendo pórtico y que se movían para todos lados… entonces se escuchó a los escoltas decir “está temblando”. Pero yo no sentía el movimiento, porque el auto iba andando e iba saludando a la gente. No veía el edificio moviéndose, pero cuando subí al estrado, Jorge Pizarro me dijo “hay alerta de tsunami. Estemos pendientes por si hay que evacuar”. Era un clima muy raro, pues. Además, todo el mundo creía que seguía temblando. Yo no alcancé a ver lo que otros vieron, a los presidentes que querían arrancar, eso me lo han contado.

Algo pasó con la piocha de O’Higgins.
No tenía el ganchito. Lo que pasa es que las bandas son personales, porque las personas tienen tamaños y anchuras distintas. Y yo a él (Piñera) le había dicho hace tiempo que se mandara a hacer una banda, porque la que me podía quedar bien a mí, a él le podía quedar mal. Imagínese si yo me hubiera puesto la del presidente Lagos: me habría caído por el suelo, porque soy chica… Yo me había estudiado el protocolo de la ceremonia y sabía que tenía que firmar, sacarme la piocha, dejarla en la mesa, sacarme la banda y después el presidente del Senado le ponía la banda a él, pero no estaba la banda, ja,ja,ja. Alguien después me dijo ¡qué tanto hablaban! y yo le decía “Sebastián, ¿tienes tu banda por ahí? Porque ahora viene…”

Cuando usted sale de ahí, ¿cómo sigue el día?
Decidimos irnos a almorzar todos juntos: ministros, subsecretarios, jefes de servicio, y ex jefes de servicio que lo único que querían era estar en el cambio de mando. Pero a nosotros nos dieron muy pocas entradas para el Congreso, tan solo veinte.

¿Quién daba esa entrada?
El presidente del senado, Jovino Novoa, él las distribuyó

Les dieron bien poquitas.
Por lo tanto, mucha gente que quería estar con nosotros ese día no pudo estar.