POR PATRICIO FERNANDEZ Y VERÓNICA TORRES
• FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES
(Continuación y termino)

¿Qué va a hacer ahora?
A fines de marzo lanzamos una Fundación, que en principio se llamaría Dialoga, que tiene como sentido hacer converger a hombres y mujeres de la Concertación e independientes, donde el motivo principal es aportar a la reconstrucción de Chile y también al Chile del mañana. La idea es poder convocar a distinta gente, que tenga ideas, propuestas, planteamientos, para seguir colaborando con Chile. Porque estoy convencida que no sólo uno puede aportar al país desde el gobierno, sino que también desde la sociedad civil.

¿Cómo le gustaría usar su capital político? Porque usted podría ser una candidata posible para el 2014, pero también puede preferir que sean otros los candidatos? ¿Qué opción la tienta más?
Cualquiera que esté pensando en el 2014 está en un error. Lo que quiero, o creo necesario, es que surja una enorme cantidad de liderazgos jóvenes y algunos no tan jóvenes, porque si soy antidiscriminación, no voy a discriminar por edad. Lo que importa es que sea gente que represente.

¿Ve algunos liderazgos?
Sí, veo a varios. A la Carola Tohá, Lagos Weber, Alberto Undurraga, Claudio Orrego, Fulvio Rossi, Marcelo Díaz, por nombrar algunos, porque hay muchos. Hay una generación de personas sensibles y capaces. Y a mí me parece que lo más importante, junto con los liderazgos, es este debate profundo, que va más allá del cónclave que va a hacer la Concertación, y que requiere de un estudio muy acucioso de los cambios de nuestra sociedad. Nuestro país ha cambiado muchísimo y en el día a día no somos capaces de percibir eso.

¿Hay cambios que no le gusten?
Si bien se avanzó, aún no se ha logrado modificar el diseño de la sociedad que vimos en los ’80, donde el individualismo era muy relevante. Creo que más allá de que los individuos siempre tienen un tremendo valor y las personas hacen la diferencia, lo que vimos como respuesta al miedo post terremoto, que se tradujo en actos delictivos, expresa el “sálvese quien pueda”. Uno también vio ejemplos maravillosos de solidaridad y heroísmo. Tal vez ese individualismo es algo que uno encuentra más focalizado en algunos sectores, pero diría que hay que empaparse más de este nuevo Chile producto de lo que hemos hecho nosotros. Vi en algún periódico posterior a la segunda vuelta donde decían: “la señora Juanita quiere otra cosa, ya no le basta lo que le ofrecían antes, porque ya tiene todo eso”. Y claro, ahora quiere otras cosas. Y las fuerzas políticas y sociales tienen que hacer ese balance, empaparse de este nuevo Chile, y a partir de eso generar las propuestas de futuro. Creo que tiene que haber muchos liderazgos, yo voy a jugar mi parte, y estoy súper disponible a apoyar con ideas, planteamientos y con propuestas a este Chile que queremos.

TERREMOTO Y TSUNAMI

El tsunami no se advirtió. ¿Cómo sucedió eso?
Cuando vi que mis hijas estaban bien, empecé a llamar a La Moneda y a la Onemi, que es quien informa del terremoto. Todavía no sabíamos grado, epicentro, nada. Y no hubo caso. Con La Moneda logré hablar varias veces, pero se cortaba. Entonces, opté por lo que había hecho siempre ante un desastre: partir a la Onemi de inmediato. Y me demoré 40 minutos, porque no había semáforos. Ahí me enteré del grado del primer epicentro informado en tierra, y no en el mar, y se me dijo que el SHOA no había dado alerta de tsunami. Delante de mí preguntaban y preguntaban y no había alerta. Bueno, había llegado el fax de las cuatro de la mañana, en el intertanto, decía por qué no se ha dado alerta de tsunami y la instancia que tiene que darla insistía que no. En algún momento el general Le Dantec habló con el comandante del SHOA, me pasó el teléfono, y el comandante del SHOA me dijo “mire, si ya no se dio, no se va a dar”. No sé qué hora sería, pero estábamos sumamente inquietos. Ahora la Armada está haciendo sus investigaciones. Yo conozco lo que a mí me tocó vivir ahí, que lo que funcionaba era el HF en la Onemi y el SHOA.

¿HF?
Es una radio, un sistema de radio. Y finalmente, funcionaron algunos teléfonos. Yo estaba muy inquieta. Por eso, cuando me preguntaron los periodistas -leí en el diario que había sido a las 05:40, fue en directo, en todo caso- dije “de acuerdo a las informaciones de la Armada no hay alerta de tsunami, sin embargo, yo quiero pedirle a la gente que si vive al lado del mar y hay réplicas fuertes que vaya a los cerros”.

Le costó a la Armada reconocer responsabilidades.
Creo que el almirante rápidamente hizo un reconocimiento, tomó las decisiones e inició la investigación pertinente. Y el epicentro fue frente a Cobquecura, pero eso se supo a las seis de la mañana, cuando hubo varias olas. Más allá de lo que a cada uno le tocó vivir en sus distintas partes, creo que fue un terremoto de la magnitud más compleja que ha tenido Chile y no lo digo porque me haya tocado enfrentarlo. Hemos tenido el terremoto más grave del mundo, en Valdivia, pero era ahí y los alrededores. Acá teníamos seis zonas afectadas con catástrofe, seis regiones, una extensísima costa con terremoto y tsunami, y de una dimensión que no sé si hasta el día de hoy está absolutamente calculada, y una sensación de inseguridad brutal. Un desastre de la naturaleza que puso a prueba las capacidades del país, que las tenía adecuadas para un desastre de los habituales.

¿La Onemi no dio abasto?
No, no dio abasto. Porque más allá de la Onemi, lo que es la referencia al nivel de las localidades es mínima, las Oremis son 2 ó 3 personas. Ahora, bien reforzado con las Fuerzas Armadas, porque desde que fui ministra de Defensa, en las inundaciones del año 2002 y 2003 innové y envíe a la Onemi a gente del Estado Mayor. Y desde esa época hasta ahora cada vez que hay algo están los encargados, los enlaces del Estado Mayor de la Defensa Nacional. Cuando llegué a la Onemi ya estaban varios de ellos ahí sentados, trabajando de un comienzo, con Carabineros, con la PDI, con otras instancias de organizaciones civiles, la Cruz Roja. Me había dado cuenta con el terremoto de Tocopilla, y después con Chaitén, que el sistema sismológico era bastante precario y el vulcanológico también. Y por tanto, entregué recursos para dotar a sismología, que era de la Universidad de Chile, con el equipamiento necesario, pero aún no les ha llegado. Le pregunté a los sismólogos por qué este cambio en el epicentro. Claro, si se hubiera sabido a las 4 de la mañana que era en el mar, probablemente aunque el SHOA no hubiera dado la alerta de tsunami la habrían dado otras personas, y la verdad es que los sismógrafos no transmiten si no hay luz. Y los que van a comprar, que yo pasé la plata, son independientes y van a permitir estar en perfectas condiciones. Pero todavía no llegan.

¿Porque no salieron antes los militares?
Salieron. Lo que pasa es que aquí hay discusiones que son mitos. El año 60 fue la última vez que se hizo un Estado de Excepción de Catástrofe, porque existe otra categoría que es la Zona de Catástrofe, que es la que permite que los militares salgan a hacer tareas humanitarias, y eso se ha hecho siempre desde los 60. Nadie ha necesitado Zona de Excepción para que salgan los militares, y salieron de inmediato. Estaban ahí, yo tuve reuniones el mismo sábado, el domingo. Pero claro, Chile es un país largo, había seis zonas, había que mandar de Calama, de Puerto Montt, nosotros decretamos de inmediato Zona de Catástrofe. Toda esta patilla, y mito de que yo habría tenido temor de sacar a los militares a la calle… ¡pero si yo los he sacado todas las veces! Como ministra de Defensa fui la que moví para que fueran a Haití, he trabajado en todos lados con ellos, no tengo ningún prejuicio, nunca, y tengo muy buenas relaciones con el mundo militar. Pero la Zona de Catástrofe permite todo, salvo restringir libertades y derechos civiles. Eso se llama Toque de Queda y en Santiago no hicimos eso, se resolvió el problema del orden y seguridad pública sin eso porque con las fuerzas que existía fue posible.
Pero hubo generales que salieron con declaraciones incómodas, como el de la FACH, hablando que tenía listas sus naves, y no entendía por qué no se le pedía movilizar.
No voy a volver sobre lo anecdótico. Dije que logré salir a las 9 de la mañana desde un helicóptero. Quiero insistir en lo profundo de esto, y en las vulnerabilidades que hay en un país cuando tiene una tragedia de estas dimensiones. Fallaron las comunicaciones, me demoré 40 minutos en llegar de aquí a la Onemi, los pilotos se demoraron en llegar horas; lo que había listo era un avión que partía a Isla de Pascua. Lo que quiero decir es que hubo un daño de comunicaciones tremendo, aquí no hubo falta de voluntad, nadie faltó a su deber, todo el mundo hizo lo más que pudo. Lo que tenemos que generar ahora, más allá de una evaluación profunda, es pensar por el país que somos, sísmico y largo, cómo se sigue avanzando. La infraestructura se logró reparar, pero tuvo daño importante. El país no se aisló, menos de 48 horas después empezó a llegar ayuda de todas partes, instalamos un puente aéreo, marítimo y terrestre, de todos lados. Por supuesto, como siempre cuando son millones las personas afectadas hay gente a la que le llega antes y después. Se hizo todo lo que se tenía que hacer, se tomaron todas las decisiones oportunamente y en la medida que la información lo permitía.
Usted salió en helicóptero a recorrer. ¿Qué impresiones se llevó?
Llegué a Talca porque la información que tenía decía que el epicentro había sido en Maule. Primero se dijo que era cerca de Cauquenes y luego Cobquecura. Antes de ir, había hablado con Jaime Tohá, con varios intendentes… Y bueno, una de las cosas más impresionantes fue cuando nos decían “no hubo tsunami”, y de repente nos llega el aviso, a través de un observador de meteorología, que en Juan Fernández hubo tsunami y por aquí, por acá, rebuscando, logré hablar con el cabo del retén de Juan Fernández y el alcalde, que estaba ahí, y supe todo, que se había destruido todo. Entonces, cuando hablé con el señor del SHOA le dije “pero cómo está diciendo esto, si hubo un tsunami en Juan Fernández, hablé con el cabo, con el alcalde y está todo el pueblo destruido, toda la parte de abajo, las casas, y hay desaparecidos”.
Y ahí hicimos una evaluación con la información que se tenía y que era poca, porque no había. Y la información era la que venía con la radio. Pero en la radio había de todo, desde información que estaba confirmada, hasta se dice tal cosa. El lunes desde Concepción se decía que en el incendio famoso de una tienda comercial, La Polar, habían muerto 19 personas. Ya estaban los militares en la calle. No sabía si habían muerto en un incendio, si habían disparado. Finalmente todo eso era falso.

¿De qué hora hablamos?
10 de la mañana, todavía no había confirmación de nadie de tsunami. Había sospechas, porque las radios decían cosas. El jefe de la PDI me dijo “creo que algo pasó en Constitución, porque me logré comunicar con el cuartel y me dicen que está en el borde del río, y hay un metro de agua adentro”. Yo, que iba a Concepción, me fui a Constitución, y ahí llegaron los bomberos, entramos al gimnasio municipal y había tres cuerpos, porque la morgue del hospital estaba copada. Recorrí en el carro de bomberos, vi los destrozos, los carabineros tratando de rescatar gente de las casas; me reuní con el alcalde para ver qué pasaba y en qué podíamos ayudar. Seguía temblando fuerte. Luego fuimos con el radiopatrulla, hasta el borde del río, toda la zona que había sido devastada. Recorrimos en helicóptero. Era realmente muy impresionante, tanto lo del terremoto, como lo del tsunami.

¿Le dio pena dejar el gobierno con un buen pedazo del país en el suelo?
Me dio una tristeza profunda que no se me quita todavía. Luego nos fuimos bordeando la costa, donde había una vaguada costera que nos impidió ver cada una de las caletas. Fuimos viendo grados de destrucción de cada uno: Pelluhue, Dichato, todos. Dichato fue una cuestión conmovedora. En Concepción me reuní con el intendente y el comité de emergencia en el aeropuerto, tal como lo hicimos en Talca. Yo había mandado tempranito a la subsecretaria de Hacienda, que es de allá, y el subsecretario del Interior; el ministro Vidal y Bitar fueron a la Sexta región y se quedó a cargo de todo el ministro del Interior, en la Onemi. Y ahí vimos todas las medidas y las cosas que había que hacer. Pero la verdad es que requerimos de gente que se ponga a pensar muy en serio cuáles son los niveles de comunicación suficientes en un país con nuestras características. Hoy la gente dice “si hay que tener sistemas satelitales”. Pero hay parte de Chile donde los teléfonos satelitales no funcionan, me consta, en mi práctica personal y como Presidenta.

¿No tenían teléfonos satelitales? Cuando llegó Hillary Clinton, parecía que traía algo como un Atari.
No, yo tenía, siempre hemos tenido, pero siempre arrendamos para las ocasiones que es necesario tener, no hay un grupo de celulares satelitales. Pero lo que quiero decir es que no nos contemos cuentos de piratas: yo, como ministra de Defensa, cuando tenía vacaciones en Caburga, allá no funcionan los sistemas satelitales, de repente no. Y como Presidenta, lo mismo. Tuve que inventar otro sistema, nada que ver, para poder tener contacto con el mundo. No hay la solución mágica, “¿cómo no se le había ocurrido a todos estos idiotas?”. Aquí hay que buscar, y funcionan cosas como súper prácticas y chicas. Yo cuento como anécdota que del teléfono más antiguo y chiquitito del escolta pude hablar con Obama, con el Rey Juan Carlos, con la Hillary en Concepción, donde no entraba ningún otro tipo de llamada.
Uno de sus temas era el empoderamiento de la sociedad civil. Empezamos con los pingüinos y terminamos con los saqueos en la calle. ¿Qué reflexión hace de eso?
No veo ninguna línea de relación entre una cosa y otra. Creo que hay dos cosas muy distintas: una es un movimiento estudiantil que tenía un objetivo legítimo, mejorar la calidad de la educación pública en Chile, más allá que algunos de ellos pudieran ejercer ese derecho de manera inadecuada, a través de actividades violentas, yo creo que la gran mayoría de los estudiantes la ejercían de una manera pacífica. Y el derecho en una democracia, ya que hemos hablado tanto de la preocupación de tantos por las libertades políticas y civiles, es que justamente la gente puede expresarse, siempre que lo haga respetando el derecho de los demás. Distinto, muy distinto, del saqueo, y como se pudo comprobar, de elementos que no tienen nada que ver con la sobrevivencia, que se generó en grandes urbes y que creo que nos tiene que hacer pensar como sociedad, qué pasa en esas grandes urbes que se generan fenómenos de esa naturaleza, que más allá de que la fuerza pública o militar tenga que reprimirla, qué pasa que se genera; cuánto hay ahí de frustración, de marginalidad, o en algunos casos de delincuencia.

O del modelo de sociedad o no.
También… Por eso digo que como sociedad tenemos que hacernos esa pregunta. Porque, fíjese, creo que las comparaciones pueden ser odiosas, pero hay una cosa que me llamó poderosamente la atención y por eso no es sólo un problema de modelos de sociedad, porque también tiene que ver con prácticas de vida, porque lo que vimos en la televisión en Concepción, en Talcahuano, y en Santiago, no se vio en Maule, o en ciudades un poco más pequeñas, en los pueblos. Y probablemente tiene que ver con que en los pueblos más chicos la estructura social, la manera de tejer redes entre la gente, lo hace capaces, ante la desgracia, de funcionar más a través de la solidaridad que a través de lógicas individuales. Allá la gente… hubo algunos robos, pero lo que más hubo fue susto. De hecho cuando llegué a Curicó, el general no había decretado toque de queda, y la gente me pedía mí que lo decretara, y él me dijo “pero es que no se justifica, Presidenta”. Y le dije: “pero es que la gente está tan aterrada, que están durmiendo afuera de las casas, porque tienen miedo de que los asalten, entonces por qué no le decreta toque de queda como apoyo al momento emocional que está viviendo”. Y se decretó. Incluso el general Ramírez, me contaba que, con toque de queda y todo, la gente estaba en las calles, hacía fogata, armados, y que él tenía reuniones con las juntas de vecinos, con cien personas, y les decía: “¿a quiénes de ustedes los han venido a asaltar?”. A ninguno, le decían. “¿Quién conoce a alguien que lo hayan asaltado? Ninguno. Entonces ¿por qué es esto?”. “Es que estoy aterrado, es que mi familia, es que tengo dos hijas y si viene una horda y me la viola, porque alguien comentó”.
Me parece que más allá que es un proceso natural, que cuando hay una tragedia o un desastre la gente tiende a la necesidad de querer que todo se haya hecho perfecto, de inmediato, y que el que no lo hizo es culpable, y todo aquello, los niveles de liderazgo no significan ser caja de resonancia de los temores, de los terrores, y de las angustias de la gente. Por el contrario.

¿Estamos hablando de Jaqueline van Ryselbergue?
Estamos hablando de los medios de comunicación, estamos hablando de liderazgos de cualquier tipo. Liderazgo significa ser capaz de conducir, contener, y no ser caja de resonancia.

Pero en el caso de ella, que la acusó directamente…
Ella acusó al intendente, acusó a todo el mundo. Creo que los liderazgos tienen que hacer su trabajo. Primero, aquí no es un trabajo de gobierno nacional y los otros esperan ver qué reciben. Aquí, cada instancia tiene sus estructuras de emergencia, tiene que hacer su trabajo, tiene que estar con su gente. Y tiene formas de vincularse a través de los medios. Yo por lo menos nunca le mando recados a nadie por los medios, si tengo algo que decirle a alguien lo llamo por teléfono o lo invito a una reunión y se lo digo personalmente. Pero más allá de ella, hoy como intendenta va a ver qué significa gobernar efectivamente en amplia escala y cómo es bueno e importante poder trabajar bien con los alcaldes, que son las autoridades responsables de su localidad, y creo que va a ser una experiencia muy enriquecedora para la ex alcaldesa.

ESTA PRESIDENTA

¿Qué aprendió en estos cuatro años gobernando Chile?
Aprendí mucho más de la naturaleza humana. Porque a veces de los seres humanos se ve sólo una parte y uno en este cargo tiene la posibilidad de verlas todas. Conocí Chile de punta a cabo, pero no sólo la geografía, este cargo te permite entrar a la casa, al alma de las personas. Porque las personas buscan refugio o acogida en los presidentes, o en esta Presidenta. Y eso fue algo, realmente, muy muy valioso. Yo lo valoro porque a mí esas son el tipo de cosas que me importan. Porque la gente me importa, yo quiero a las personas; y cuando la gente me expresa cariño siento que ellos se dan cuenta del cariño que yo siento por ellos, y el cariño es genuino.

¿Es entretenido ser presidente?
Tiene cosas maravillosas, y tiene cosas que no se las daría nadie.