Hay una dictadura. Luego vienen veinte años de democracia. Luego, aparecen un boom de series que meten el dedo en ese pasado quebrado: “Los 80”, o los “Archivos del Cardenal” o “12 días”.

Marcelo Ferrari, director de “12 días”, que hoy transmite un capítulo sobre el atentado a Pinochet, explica:

-Suele ocurrir que se necesita alguna distancia. El cine chileno ha hecho algunos ejercicios de visitar y revisitar la dictadura, y lo que ahí pasó. Porque se necesita cierta distancia para mirarlo con un ojo más claro. A veinte años de recuperar la democracia la televisión puede mirar con cierta distancia. No digo que sea así como que ahora sí que sí hay objetividad pero sí se puede mirar con ciertas capas. Hay una cosa súper curiosa: ciertos críticos -muchos de ellos de derecha- dicen: “Y siguen con películas de la dictadura, siguen con eso”. Y, si uno mira, no es tan así. Yo creo las grandes películas de las dictaduras están por hacerse. No están hechas.

-¿Por qué?
-El tema de la dictadura propiamente tal, la opresión, el régimen de locura, de crimen organizado, no sé. No hay una película que de cuenta de eso. Hay películas que dan atisbos, dan matices.

-¿Está la figura Pinochet obsoleta?
-Pinochet, afortunadamente, ya es un personaje de la historia. Aún cuando queden algunas personas que vibran frente a esa imagen con un pensamiento cercano a ese pensamiento fascista, es un personaje que no opera en el sentido de que ya está en otra. Podrá generar un escozor pero los que son pinochetistas tienen que callárselo.

-¿Sí? ¿No lo ves presente en la derecha chilena?
-Hoy en día la derecha está en otra cosa. Pero estoy súper sorprendido por las reacciones de algunas personas por la emisión de los Archivos del Cardenal. Hay un par de personajes de la derecha que creo que se desubicaron de los tiempos que estamos viviendo. Me provocó una especie de deja vu terrible cuando escuché esos comentarios de lo que esta serie, lo único que hacía, era ensalzar a cierto sector político. Yo creo que hay un pedazo de la derecha que sigue anclado en una concepción no democráctica y sin reconocer ciertas verdades.