Turismo sexual en Argentina

Los cientos de hombres chilenos que viajan a Argentina todas las semanas, atraídos por el cambio favorable, tienen ahora una motivación mucho más potente que el tango, los libros y los bifes de chorizo: mujeres. Por el momento, la fiebre se difunde de boca en boca, pero podría convertirse en un verdadero fenómeno.

Por Evaristo Barrera

Joaquín llegó a la ciudad de La Plata con las clásicas ideas del chileno acomplejado de clase media. Lo habían invitado unos primos lejanos porteños y, visto que el pasaje y la comida están botados, no dudó en pegarse un fin de semana en Argentina. Sus expectativas más encumbradas consistían en un gran bife con papas fritas, cedés de Charly García y el último libro de Jorge Lanata.

El viernes transcurrió entre abrazos familiares y lamentos de sus primos, por la malaria económica que sufren hace años. El sábado, Joaquín se hartó de bifes y compró todos los libros y discos que tenía pensados. Por la noche salió a dar una vuelta, sin mayor convicción, hasta que se topó con la puerta de un cabaret. “Ni en sueños había pensado en meterme con alguna mina; siempre me dijeron que las argentinas eran pesadas, inabordables”. Temeroso, entró al lugar. “Se llama Residencial 12; está en Diagonal 74, entre las calles 4 y 5. Me atendió una madame de unos cincuenta años, muy distinguida; tanto que le pregunté si ella también atendía. ‘No, hijo’, me sonrió.
La presentación de las niñas es igual que en Chile: salen de una en una y dicen su nombre. Pero allí nos sirvieron gaseosas en vaso de vidrio y un snack: maní y papitas fritas. Y las minas eran muy superiores a lo que uno ve en Santiago. Todas altas, con sus dentaduras perfectas, perfumadas con Carolina Herrera y con ropa inte-rior de lujo. En Chile, de diez minas se salvan dos. En Argentina se nota que se cuidan, que van al gimnasio, que se cuidan la piel con cremas caras. Además, al despedirse eran coquetas y se levantaban la mini para mostrar el colaless”.

Deslumbrado por la belleza de las mujeres, Joaquín pensó que tendría que pagar mucho dinero. Pero casi le baja un ataque de risa cuando le dijeron los precios: “No lo podía creer; pedían 20 pesos (cuatro lucas) los 15 minutos; 30 pesos (seis lucas) los 30 minutos, y 40 pesos (ocho lucas) la hora. Por 35 pesos elegí a dos chicas estilo señorita Jeanette, que vestían finas transparencias . Una medía 1,70 y la otra 1,75, por lo menos y, además, estaban paradas sobre unos tacos enormes.

La sorpresa no se extinguió con el costo ridículo. Siguió con la atención: “Ellas se encargaron de todo; luego le di a cada una el equivalente a una luca de propina. Estaban tan contentas que me dieron un beso en la mejilla”.

En la caminata de regreso a la casa de sus primos, Joaquín calculó el costo de su vertiginosa noche: 8.500 pesos. Casi nada. Ni corto ni perezoso, a la tarde siguiente volvió a las andadas para cumplir todas sus fantasías de una vez. “Esta vez iba dateado por mis primos y me fui derecho al “Monna Lisa”. Los precios eran igual de ridículos, con la diferencia de que allí había mayor variedad, había negras, mulatas, rusas, orientales, de todo”.

De vuelta en Santiago, Joaquín contó sus aventuras en la oficina y dejó la escoba. La sola ecuación “mujeres argentinas + precios bajísimos” convenció a varios de sus colegas de que era el momento de pedir unos días libres y cruzar la cordillera. El más atarantado fue Ariel, quien, después de contar en su casa que se iba a Talca a ver a unos proveedores, tomó el bus hacia Mendoza al día siguiente. No llevaba mucha plata, apenas lo que había sacado del redbanc la tarde anterior.

Lo pasó increíble. Se pasó dos días completos jugando al millonario petrolero rodeado de su harem. Lo de Ariel era una revancha: “El 93 fui a Buenos Aires y me metí en un cabaret. Era el apogeo de la paridad del dólar y todo estaba por las nubes. Dos minas me engrupieron y, al final, sin tocarles ni el brazo, tuve que pagar cuatrocientos dólares por unos tragos que más encima estaban aguados”. Esta vez la atención cambió por completo. Ariel estuvo con cuatro mujeres en menos de dos días y gastó 25 mil pesos en total. “Fue impresionante para mí. Estuve con unas rubias de esas que aquí sólo se ven en la televisión. Uno les daba un dólar de propina y quedaban felices”. El único problema fue que una nevazón lo dejó varado en Mendoza, y al volver tuvo que seguir con las mentiras, y esta vez en dos versiones, una para la casa y otra para el trabajo.

Al igual que Joaquín, Ariel llegó a la oficina atrope-llándose para contar sus aventuras. El siguiente en enganchar fue Pedro, un estudiante universitario que escuchó la historia por casualidad. También reunió a la carrera todo el dinero que pudo, compró un pasaje a Mendoza y esperó impaciente la llegada del fin de semana.

“Viajé un sábado a Mendoza y volví un lunes. Compré el diario Los Andes, vi los clasificados, llamé por teléfono y fui a una casona antigua en la calle San Juan. Era climatizada, con calefacción en todas las habitaciones, que eran gigantescas. Llegué antes de las diez de la noche, lo que para ellas es temprano, así que estuve solo. Había siete niñas, con ene ofertas y combos: dos por una hora a 60 pesos (doce lucas), enroques, cuartos de hora, medias horas, y así. Eran simpáticas y jóvenes –la mayor tendría unos 27 años–, tenían buenos cuerpos, pinta de universitarias. Me quedé con una flaca de un metro setenta. Me preguntó mucho por Chile y quedó medio enganchada para venir a Santiago, porque aquí podría ganar mucho dinero. Lo pasé la raja, la mina era piola y, por supuesto, maestra en la cama. Hasta me fue a dejar a la puerta”.

En Chile, Pedro le pasó la posta a unos amigos de la universidad. Éstos dejaron a sus pololas en San-tiago con la chiva de que iban a Argentina para comprar libros de ingeniería baratos. Felipe se puso con su viejo Charade y Sergio pagó la bencina. Setenta y dos horas más tarde estaban de vuelta en Santiago. Según Felipe, el cuento es en serio: “Mujeres como las que en Chile andan con los famosos se acuestan contigo por cinco mil pesos. En un momento, me dieron ganas de decirles que se dejaran de joder, que ganaban una miseria, y que se vinieran con nosotros y acá trabajaran de modelos”.

El siguiente afectado por la fiebre fue Fernando, el hermano mayor de Sergio. Separado, de 41 años, padre de dos hijos, Fernando se sentía una verdadero derrotado con las mujeres. Cuando le contaron sobre la “ganga” argentina, casi se fue de espaldas. Ese mismo día decidió darse una alegría y pidió licencia en el ministerio donde trabaja. A la mañana siguiente se encontró en un vuelo con destino a Buenos Aires.

“Lo normal, cuando uno viaja al extranjero, es pedirle al taxista del hotel que te oriente si buscas mujeres. Pero siempre te llevan al lugar más caro, donde hay puros ejecutivos y tipos así. Yo me metí en un cibercafé de la calle Florida y en una página web llamada “gemidos.com” encontré una oferta de mujeres impactantes. Prostitutas de lujo, de las que en Santiago cobran 80 y 100 mil pesos por sus servicios, en Buenos Aires te pedían 80 pesos (16 lucas), y eran mucho más bonitas. Llamé por celular a una y hablamos varias veces. Me recibió en un dúplex en el Barrio Norte, a todo trapo. Era una preciosura y me trató como a un príncipe. Me dio no sé qué pagarle tan poco, así que le di 30 dólares (21 mil pesos) y quedó muy agradecida”.

Entre el viaje de Ariel a La Plata y el de Fernando a Buenos Aires hubo apenas dos semanas de diferencia. Mientras, el cuento de El Dorado sexual se difunde incontenible de boca en boca: ya son cientos los viajes que se traman en estos momentos. Arriendos de furgones para viajar a Mendoza, despedidas de soltero en masa en Buenos Aires, escapadas furtivas a granel, son algunos de los planes en el tintero. Para las Fiestas Patrias no será raro ver a decenas de hombres solos trepando la cordillera en secreto…

Números a la baja

Hasta el año pasado, una prostituta bonaerense salía cara. En la calle el costo se empinaba por los 30 o 40 dólares, y en locales establecidos no bajaba de 100, aunque podía trepar hasta los 300 dólares. La flotación libre tiró los precios al suelo, según cuenta Yessenia, una profesional del sexo argentina que decidió emigrar a Chile: “Es increíble cómo cambió todo.

Antes ganaba hasta 5 mil dólares mensuales; ahora, de golpe ganaba menos de mil”. Yessenia es una de las tantas prostitutas de lujo que se publicitan en los diarios chilenos, y que cobran un piso de 90 mil pesos. “Pido eso porque las chicas chilenas no saben tratar al cliente. Siempre están apurando o poniendo restricciones. Yo sé que parece caro, pero los hombres que atiendo siempre vuelven, porque saben que conmigo son reyes”. No quiere ni hablar de la situación de sus colegas en Argentina: “Yo, con una atención en Santiago hago lo mismo que con cinco días de trabajo en Buenos Aires, ni comparar. No entiendo por qué no han llegado más chicas argentinas; acá el campo es muy nuevo, y la competencia, mala. Si se vienen, se quedan con todo el mercado. Somos más lindas, nos cuidamos mejor que las chilenas, hacemos mejor el amor. Además, los hombres acá son tan lindos: te tratan con respeto y siempre te dejan buenas propinas”.

Según estudios publicados en Argentina, la prostitución en ese país ha crecido casi un 75% desde que comenzó la crisis económica. En el famoso apartado 59 del diario Clarín, hasta 1999 era común encontrar unos cien avisos de mujeres, hombres y travestis que ofrecían sus servicios. Hoy, no bajan de trescientos. Las ofertas son múltiples y muestran con claridad la situación: hay embarazadas, sexo oral por 5 pesos argentinos (mil pesos chilenos), modelos de televisión que acompañan al cliente todo un día por 120 pesos argentinos (24 mil pesos chilenos), y que culminan la jornada con sexo sin restricción. Se da, incluso, que modelos publicitarias famosas se ofrecen para acompañar a ejecutivos en viajes de negocios o fines de semana en la playa. Hasta hace dos años, sólo lo hacían con millonarios, y a un costo no menor de dos mil dólares el día. Hoy sus tarifas se precipitaron hasta los cincuenta mil pesos chilenos la jornada.

Comentarios
Sabía ud que... EL CANTANTE MÁS DURO ES PEDRO PIEDRA. (MARIO HERRERA) -------------------------------- Sabía ud que... ESTOY CONDENADO AL ÉXITO, PERO APELÉ. -------------------------------- Sabía ud que... EN LA ESCUELA MILITAR SE APRENDE SOBRE LA MARCHA. -------------------------------- Sabía ud que... MI HIJO ME PREGUNTÓ QUÉ ERA ESTOICO Y LE RESPONDÍ: “UN JUGADOR DEL BARCA DE LOS 90”. -------------------------------- Sabía ud que... LA UDI Y LA GARRA BLANCA ESTÁN CONTRA EL COMANDANTE. --------------------------------