El poema de Ricardo Claro antes de conocer a la DINA

INSPIRADO EN BÉCQUER

POR RICARDO CLARO

Cerrados sus ojos
pálido el rostro
en negro ataúd
reposan sus restos.

Entraba la gente,
unos comentando,
otros con respeto,
hasta que ya tarde
se hizo el silencio.

A media luz
unos pocos parientes
con fervor rezaban.

En aquel instante
reflexión me vino:
¡Qué tristes se quedan los deudos!

Del siguiente día
la claridad nació.
Sus restos llevamos a Iglesia cercana.

Después de la Misa,
responsos rezaron,
y los trasladamos,
¡su último viaje!,
hecho a paso lento.

Por fin el cortejo
llegó al Camposanto
y sus restos,
en el frío mármol,
encerrados fueron.

En aquel instante,
reflexión me vino:
¡Qué tristes se quedan los deudos!

Publicado en The Georgian, anuario del colegio Saint George, de 1951, y recogido en la tesis “El Inquisidor, el estilo de Ricardo Claro Valdés”, de los periodistas María Fernanda Baldrich, Juan Manuel Salamanca, Daniel Castell y Ricardo Ahumada.

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