Por El Pais de España

Hoy es viernes, quizá has quedado ya para salir a cenar con alguien por primera vez. Estupendo. Gran oportunidad para empezar a conocer a una persona. De conocerla bien. Esto es particularmente cierto si esperas que el sexo forme parte del menú. Es el único plato que no aparece en la carta, pero, lo sabemos, está ahí, bien clarito, escrito con tinta excitante e invisible. Cenar con alguien implica mucho más de lo que parece.

Venus O’Hara por Guy Moberly

Durante una cena, es interesante observar la forma de comer de tu acompañante, porque se dice que tales modos y maneras revelan cómo somos en la cama. Por ejemplo, si comemos de forma lenta o rápida, si lo disfrutamos o saboreamos, si nos regodeamos o no en los sabores o si somos mañosos manejando boca, dedos, manos o cubiertos; si me lo como entero o si dejo restos en el plato… Si alguien te desagrada mientras come, malo, malo, malo…

Sea como sea, normalmente, a la hora de los postres y cafés, ya sabemos bien si tenemos ganas de terminar la velada ahí no más o de continuar la noche hasta la eternidad… Sin embargo, en esta situación hay otra matiz a considerar… siempre se produce un último momento de duda: si ellos insisten en pagar la cuenta cuando llega el momento, ¿es eso señal de que esperan que la noche acabe con sexo? Uhm.

En verdad, es agradable ser invitada, pero tras algunas experiencias, yo soy de la opinión de que, de entrada, deberíamos pagar nuestras propias cenas. Recientemente en la prensa internacional se publicó una carta de una abuela a su nieta con consejos sobre sexo. La carta de 16 puntos, que incluye varios temas como la importancia de los preliminares, la prevención de las ETS, y las posturas sexuales, también trata las invitaciones en restaurantes:

“Cuando sales con un hombre nuevo, no te sientas obligada a tener sexo con él sólo porque te ha pagado la comida. Para evitar esto, paga tú misma tu parte. Os estáis conociendo. No eres una persona sin techo que necesita alimento gratis”.

A pesar de ser un consejo muy sabio, lo que encuentro divertido e interesante es que cuando la abuela estaba en edad de cortejo, ¡los hombres tenían la obligación formal de pagarlo todo, todo! No obstante ahora es distinto. Pero hay matices: incluso con el creciente número de mujeres que trabajan y disponen de recursos para pagar por ellas mismas, muchos hombres terminan pagando. Me pregunto si para algunos esto ha conducido a la creencia de que invitar a una mujer a cenar, puede significar algo más. ¿Lo has pensado? ¿Es como si se convirtiera en una inversión financiera en el sexo? Con dinero por medio, y al igual que en todas las inversiones, ¿se espera un retorno o ganancia después de un tiempo?

Venus O’Hara por Guy Moberly

Según me cuenta un amigo, así es para él. De hecho, su inversión máxima en invitaciones se reduce a dos cenas. Puede ser que sean tres si le gusta mucho la mujer, asegura, pero por lo general, si la noche no acaba encamados tras la segunda, prefiere que esa sea la última y entonces va a poner sus ojos y su billetero en otra persona. Otros de mis amigos no dejan nada al azar en cuanto al dinero y usan lo que habrían gastado en esas dos cenas para pagar a una prostituta. Directos al grano. Para ellos, eso no es sólo una garantía de retorno, también se trata de una apuesta que nunca se suele perder.

Por supuesto, si te invitan, el coste debería ser irrelevante. En mi caso el hecho de ser vegetariana significa que la posibilidad de que pida un entrecote carisimo es inexistente. Recuerdo una cena hace años en un restaurante vegetariano, todo iba perfecto hasta después de pedir la cuenta. Mi cita de aquella noche me dijo que no podía creer que la cena hubiera sido tan cara cuando ni siquiera había carne en el menú. Me aseguraba que la próxima vez invitaría yo, pero al observar esa reacción, ya decidí que no habría una próxima vez.

Para mí, la mejor manera de explotar las oportunidades de una primera cita y evitar posibles confusiones es quedar para tomar un café. Ligero y directo. La ventaja es que se tarda menos en averiguar si hay feeling o no. Luego, si te invitan a cenar, lo ideal sería sólo aceptar la oferta cuando sabes seguro que quieres aprovecharla al máximo y pedir ese plato invisible, el sexo del menú …