De vuelta en Chile leo algunas críticas al reportaje relacionado con el denominado “conflicto mapuche” que presenté en Informe Especial. Pretendo responder algunas y comenzaré con una columna publicada en The Clinic titulada “El sobajeo al gobierno que hizo el reportaje de Informe Especial sobre la “Zona Roja” mapuche, cuyo título original es “El Reportaje de Pavlovic, su misión de promoción del ADI Ercilla y el rol de los medios en Chile”, firmado por Gerardo Berrocal.

Las imágenes de la agonía del Cabo Albornoz efectivamente eran exclusivas al margen de quien las haya captado. Dice Berrocal que titulábamos “emboscada mapuche”. Eso no es cierto. Además, esas imágenes no fueron mostradas en IE justamente por una orden judicial solicitada por la familia del funcionario policial asesinado. Si no las mostramos ¿cómo pudimos titularla? En esas imágenes se advierte la huída de personas desde el interior de la comunidad. El autor de la columna dice que la prohibición judicial no impidió que el programa mantuviera su fecha de estreno. Las preguntas obvias son: ¿Por qué tendría que haberlo impedido? ¿Era algo deseado por el crítico?

Más adelante el columnista señala “a poco andar ya se podían confirmar las sospechas, “ataques incendiarios”, “armas de fuego”, “enfrentamientos”, “tomas de parcelas”, “conflicto mapuche”, “zona roja”, era lo que prometía el programa”. Nos quedamos sin saber cuáles eran las sospechas. La incoherencia se mantiene cuando se dice que el programa presentaba lo que prometía… ¿De qué se podía sospechar entonces?

Molesta al columnista el uso de expresiones periodísticas utilizadas en todos los medios de comunicación del país como “ataques incendiarios” o “armas de fuego” o “enfrentamientos”. ¿Cómo deberíamos llamar a los ataques incendiarios, a los enfrentamientos y a las armas de fuego? Los ataques incendiarios son numerosos y los han sufrido modestos parceleros, agricultores, camioneros y maquinaria industrial. Y hay miedo en la gente. Basta con darse una vuelta y conversar con los vecinos de Pidima. Esta es una realidad indesmentible a la que el columnista parece no preocupar. Pero, oiga, los afectados son chilenos de origen mapuche y no mapuche… ¿O es que estas personas no tienen derechos y se puede hacer cualquier cosa con ellas y sus familias?

El columnista dice que “Pavlovic muestra la imagen de quienes son los mapuche buenos, es decir los que han aceptado las políticas del Gobierno de Piñera integrándose al Area de Desarrollo Indígena/ADI Ercilla representados por el Lonko Curinao”. Eso no es cierto. Las referencias a la ADI fueron mínimas. Curinao, a quien le quemaron su casa y enseres, fue mostrado con su mujer como otra víctima más de la violencia. Probablemente Berrocal confunde a Pavlovic con Pedro Cayuqueo quien en la revista Que Pasa dijo hace un mes: “Si la ADI funciona, puede ser la solución para el conflicto mapuche en Ercilla, y la antesala para una solución a nivel nacional, un paso previo al autogobierno. Pero requiere señales del gobierno que ayuden a Curinao, como la devolución de una buena porción de tierras, o retirar las Fuerzas Especiales de las comunidades”.

Pavlovic no tiene ninguna relación con el Gobierno, ni con el Presidente, ni con el Ministro del Interior, ni defiende sus políticas: 0. No es parte de ninguna estrategia comunicacional y se enorgullece de la independencia editorial de IE y de TVN, que aunque, sometida a prueba más de una vez, se mantiene y de la cual ha sido parte e incluso redactor de sus “Orientaciones Programáticas y Editoriales.

El suscrito no identifica a “mapuches malos” con las comunidades Temucuicui, Tradicional y Autónoma y Wente Winkul Mapu. Lo que ha dicho – y que está más que documentalmente probado- es que los campos de Fuentes, Molina y otros, campesinos y agricultores, efectivamente han sido reiteradamente atacados por grupos mapuches radicalizados. Lo que es un hecho de la causa es que los caballos corraleros robados a Hugo Gutiérrez aparecieron en Temucuicui. Allí pudo rescatar a tres de sus animales. En el reportaje sólo pusimos una parte de los muchos y dolorosos testimonios de gente lesionada, vejada y humillada por encapuchados armados, que todos ellos identifican cómo mapuches violentos. Si Berrocal u otro de los críticos se hubiera tomado la molestia de hablar alguna vez con los asediados campesinos chilenos, mapuches y no mapuches, con los agricultores acosados, probablemente tendría más antecedentes para opinar.

Todas las narraciones de amedrentamiento, disparos, incendios y amenazas, apuntan a la presencia de sujetos vinculados a comunidades mapuches muy determinadas. Pero a ciertas personas parece interesarles menos la verdad que una buena historia perlada de montajes, conspiración judicial, racismo e inocencia total de los involucrados. Berrocal se refiere despectivamente a las familias que han padecido ataques incendiarios: habla de la “victimización de los pequeños parceleros, entre los que se cuentan incluso personas de Angol” como si la condición de esas personas no importara. Pero, ¡claro que importa! Tal parece que usa el criterio norteamericano del daño colateral: serían víctimas de un proceso más relevante relacionado con la recuperación territorial y las aspiraciones políticas de ciertos sectores mapuches y, en consecuencia, no tendrían mucho que reclamar ni la prensa hacerse eco de sus angustias. Pero ¡ellos tienen derechos y son víctimas reales de lo que está sucediendo en la Araucanía!

Berrocal dice que en el reportaje “se inculpa de antemano a los mapuche” de la quema de la escuela de Chequenco. Eso no es cierto. Se dio cuenta del hecho y se informó que el moderno establecimiento ha sido incendiado varias veces. (Resulta sintomático que Víctor Queipul, Lonko de la comunidad de Temucuicui Autónoma haya dicho recientemente: “Nosotros queremos tierras. Mis papás fueron opositores a educarme, para que no me transformara en huinca. Ellos decían que un mapuche tenía que vivir en la tierra, criando animales, sin ser mandado por nadie. Así vivo yo, y así viven los peñis. Acá no hay que andar buscando colegios”. Más de alguien podría entender este tipo de cavernícola mensaje como una incitación a quemar escuelas huincas). Luego de registrar los restos humeantes del establecimiento, mostramos lo que realmente pasó la mañana de ese día y a unos pocos kilómetros de Chequenco, es decir, el operativo policial frente a la toma de dos parcelas. Pudimos registrar visualmente a siete personas encapuchadas y armadas con escopeta y fusil que luego dispararon contra la policía.

Aparentemente esto no debía decirse ni mostrarse. Lo políticamente correcto habría sido fabricar un panegírico avalando las posturas más extremas y dejando como únicas víctimas a comuneros enfrentados con el Estado chileno.

A Berrocal parece darle lo mismo que anden tipos armados tomándose parcelas y sembrando el miedo en la gente. Distinto sería su discurso si los testimonios de las víctimas apuntaran a casas quemadas por el comando Hernán Trizano, a disparos o amenazas hechos por ese mismo comando, o atribuibles a la violencia y a la represión policial. Pero hasta el momento las únicas evidencias sobre la acción del Comando HT provienen del mismo sujeto Temer quien agredió al agricultor Urban y que hace unos años amenazó en un diario a dirigentes indígenas. De acuerdo con los antecedentes recogidos en el ámbito judicial esta organización ilícita no ha tenido involucración en acciones de violencia contra agricultores y parceleros. Tampoco se ha denunciado ataques del CHT a las comunidades indígenas. De hecho, las únicas denuncias de agresiones contra indígenas han sido planteadas por los propios comuneros afectados. En una publicación anárquica se denunciaba recientemente los ataques de Mijael Carbone, perteneciente a la Comunidad Temucuicui tradicional, a dirigentes de la Comunidad Temucuicui Autónoma.

Hasta el momento los mismos dirigentes que inculpan al CHT sólo nos pudieron señalar que ellos creen que hay hijos de agricultores y ex DINA que estarían actuando en el CHT, declaración que por cierto apareció en el programa. Las investigaciones penales sobre este CHT no han arrojado resultado alguno, ni una brizna de evidencia. Pero el Ministerio Público ha recogido decenas y decenas de testimonios proporcionados por mapuches y no mapuches que involucran a miembros de determinadas comunidades en la toma de predios, en ataques a agricultores, en atentados incendiarios, esto sin mencionar los abundantes testimonios gráficos. ¿Es que todo esto es montaje? ¿Todos los fiscales son corruptos en la Araucanía? ¿Están todos pagados por las forestales y las transnacionales? ¿Los periodistas están todos vendidos? El flamígero discurso pro mapuche, partidario, incondicional, unilateral y carente de evidencias, se torna delirante…

Berrocal nuevamente se equivoca y/o miente cuando, en relación con el ataque incendiario contra el Lonko Curinao, dice: “el programa también encuentra a los culpables. La comunidad Autónoma Temucuicui, que en palabras del propio Pavlovic, estarían identificados por el Lonko Curinao”. Lo cierto es que Curinao hizo varias declaraciones inculpando a la Temucuicui Autónoma. No fue Pavlovic. En la revista Qué Pasa se dice que “Curinao viajará a Santiago para interponer una demanda judicial contra la Comunidad Autónoma Temucuicui, y un recurso de protección. Lo va a ayudar gente de la ONU”. En otra parte de sus declaraciones afirma: “Se va ir muy duro contra esa gente”.

Dice Berrocal, “Pavlovic no ve una salida política”, sino que es un problema de “privilegios que estarían aplicando los jueces a los mapuches…debiera haber una solución judicial y no política” Nuevamente, hay que decir que esto no es cierto. Es el Fiscal Ljubetic quien habla de un supuesto sesgo pro mapuche en los jueces y que los estándares probatorios son mayores que en los casos que involucran a chilenos no mapuches. Personalmente pienso que, así como no debe haber tolerancia para los abusos o crímenes policiales, tampoco debiera haber una solución política cuando hay de por medio asesinatos y ataques indiscriminados contra familias mapuches o no mapuches. Hay que cumplir la ley. Tan simple como eso. Y si hay problemas con la ley, cambiarla por la vía legal.

En relación con el pueblo mapuche y sus derechos creo haber sugerido abiertamente la conveniencia de debatir el reconocimiento constitucional de la nación mapuche y la reserva de escaños en el Parlamento tal cual ocurre en Nueva Zelanda.

En relación con el rol de los medios, Berrocal se despacha frases tan vitriólicas como carentes de contenido. Habla, por ejemplo, de una “campaña promocional a la creación de grupos paramilitares en la zona de Ercilla”. Otra tontera más. El Canal se limitó a informar sobre la situación originada entre parceleros que hablan de armarse para enfrentar los ataques. Ese es un tema noticioso no una campaña promocional. Probablemente a Berrocal no le habría gustado que se divulgara una información como esa y seguramente a personas del Gobierno tampoco les gustó.

Finalmente, – ya en una pendiente de desmadres tópicos – habla de “falsedades, prejuicio y racismo para buscar limpiar la imagen del Gobierno y justificar la vulneración de los derechos esenciales del ser humano”. La retahíla de improperios se enriquece con “medios que son meras agencias de publicidad, encubrimiento de intereses corporativos”, “vanos operadores políticos”, “mercenarios de sus patrones” y una sarta de iniquidades e infundadas acusaciones que sería largo desmenuzar y desvirtuar punto por punto. Lo que puedo decir es que, si hay individuos u organizaciones que se preocupan del respeto de los derechos de determinadas personas de una etnia, debieran preocuparse también de los derechos de muchas personas, chilenos inocentes, mapuches y no mapuches, injustamente agredidos por violentistas de cualquier pelaje. Si son policías quienes cometen abusos, vamos tras ellos y TVN desde el restablecimiento democrático lo ha hecho en innumerables ocasiones, pero no miremos al costado cuando son parceleros de la Reforma Agraria o agricultores o camioneros los que viven a salto de mata en la Araucanía. Me parece que el país debe discutir las demandas mapuches, incluso las más extremas, el reconocimiento constitucional, la recuperación de tierras por vías pacíficas y, en lo posible, consensuadas.
En nuestro reportaje hablaron los campesinos asediados, los agricultores atacados, los mapuches de la dos Temucuicui y de la Wente Winkul que se sienten perseguidos por el aparato represivo del Estado chileno, los fiscales, el Alcalde Ercilla y la única autoridad de gobierno fue el Gobernador de Malleco en una cuña de menos de veinte segundos.

El programa sí abordó la complejidad de los problemas. De hecho fuimos a Nueva Zelanda para mostrar como allí se estaban resolviendo civilizadamente las demandas económicas, sociales, culturales y políticas de los Maoríes. Nada de esto fue considerado en la crítica a la que respondo. Más bien parece sugerirse que hay sólo una visión que debe prevalecer y es la de quienes promueven una agenda informativa unívoca, obvia y probadamente sesgada que se presenta en prolíficos medios alternativos como “la verdad”, pero la verdad es más elusiva: todo indica que hay un historial de despojos en la Araucanía que ha afectado al pueblo mapuche, que hay un reclamo respetable y urgente por tierras y derechos sociales, económicos, culturales y políticos, que se han producido abusos policiales, pero, las evidencias también muestran que decenas de chilenos, mapuches y no mapuches, han sufrido atentados injustificados y criminales, que los policías han sido agredidos más de una vez cuando son enviados a cumplir órdenes judiciales, que las vías pacíficas, responsables y democráticas pueden conducir a soluciones políticas de los incordios mayores que perturban a la sociedad chilena. Promover la violencia y justificarla sólo contribuye a la crispación política.